Venezuela, solo un espejo de las miserias del mundo

Por Pablo Kornblum

Tenemos un presidente electo y uno provisorio. Una cuasi guerra civil entre una población polarizada. Un aparato de control coercitivo como objeto deseado por los políticos oficialistas y opositores. Una situación macro y microeconómica crítica para la mayor parte de la ciudadanía. Violencia, pobreza, resquebrajamiento social. Eso es Venezuela hoy.
Pero Maduro y Guaidó son solo peones del tablero geoeconómico y geopolítico global. La principal reserva petrolera del mundo es su activo vital, la cual se la disputan Estados Unidos, el enemigo actual, y China y Rusia, los aliados circunstanciales. Ello puede mutar. Como ya lo hecho en el traspaso del siglo XX al XXI, cuando Hugo Chávez llegó al poder.
La lógica economicista con eje en la obtención de los recursos estratégicos, principalmente el ‘oro negro’ que permite dinamizar las enormes economías domésticas, tiene como objetivo principal generar riqueza para sostenerse en el poder. En Estados Unidos, Rusia o China, como en Venezuela, también hay una elite que quiere perpetuar el statu-quo.

La diferencia con el país sudamericano es que las grandes potencias poseen un poderío económico que les permite brindar unas mínimas condiciones de dignidad para una gran parte de sus poblaciones, lo cual evita que se potencien tensiones sociales con la consecuente necesidad de tener que utilizar el poder de coerción. En este sentido, la represión no está muy bien vista – con excepción de que al reprimido se lo acuse, como ocurre comúnmente, de terrorista – en esta época de democracias que, aunque imperfectas, deslegitimadas, e incompetentes para con el bien común, han sido profundamente instaladas como el deber ser político bajo la dialéctica globalizadora.
La venta de armamento es el otro eje de la disputa. Junto con sus recursos naturales, es la principal industria para los rusos. Los chinos, por su parte, son veloces aprendices: con el segundo presupuesto militar del mundo desde hace años, son claramente un poder a temer. Y por supuesto, ambos conllevan ambiciones geopolíticas. El histórico patio trasero de los Estados Unidos no es solo la región bendecida con los mayores recursos naturales del planeta: posicionamiento marítimo, ocupación territorial, cercanía amazónica, viabilidad logística y proyección Antártica. Demasiado tentador para dos estadistas, como Putin y Xi, que visualizan el expansionismo como ‘el deber ser del volver a ser’. Los imperios nunca se han ido, sostienen. Solo han estado adormecidos por algunas décadas. Con una impronta más belicista los euroasiáticos, y más paciente los orientales, ambos tienen el mismo objetivo globalista maximizador. Donde también ya llegara el momento que se cruzarán entre ellos.
Bajo este contexto global, el rol de las elites económicas y políticas venezolanas fue funcional a las demandas norteamericanas durante todo el siglo XX. Cuando hay crisis y malestar, las culpabilidades (y o complicidades), son tanto exógenas como endógenas. Un país literalmente dependiente de las exportaciones de petróleo que generaba una ingente riqueza, pero concentrada en pocas manos. Aquello no era sustentable: las personas quieren vivir mejor, y las demandas a los gobiernos han sido crecientes a lo largo de la historia. Si las elites no dan respuestas, corren el riesgo que aparezca un verdugo con ideas revolucionarias. Más aún si cuenta con el poder que otorga el aparato militar para generar un cambio estructural. Y un día el comandante se convirtió en presidente.
Chávez fue un gran estadista. Tuvo el beneplácito de comenzar a gobernar en un contexto de incremento exponencial de los precios de las materias primas. También generó una política redistributiva que mejoró, a través de un mercado internismo creciente, la calidad de vida de las mayorías postergadas. Pero el consumo no es inversión. Y mientras el gasto público se incrementaba exponencialmente, la productividad sufría permanentemente los coletazos de la ineficiencia. Al tiempo que la deuda externa se acumulaba, su muerte encontró inconcluso el proceso sustitutivo de importaciones. La crisis financiera global y la retracción de la demanda de materias primas, con su consecuente caída en los precios, fue un golpe letal para el gobierno naciente.
Maduro no es Chávez. Además de que la mayoría de los gobiernos, después de un periodo de tiempo considerable, se ven desgastados en sus capacidades institucionales y en su cohesión política interna. La elite opositora, guarnecida pero expectante a que los vientos vuelvan a serles favorables, dio cuenta de ello y aprovecho para dificultarle financiera y operativamente el quehacer diario. Siempre se puede estar mejor, sostienen. Y la mejor forma de volver más rápidamente al poder es operar mediáticamente para propiciar un caos mayor, sobre todo a partir del poder económico que todavía conservan después de una centuria de ingente acumulación. El resto fue esperar que los continuos errores de política económica del actual gobierno de Maduro potenciaran el espiral inflacionario y el desabastecimiento de productos e insumos, con el consecuente deterioro generalizado de la situación socio-económica. Al actual presidente solo le queda resguardarse detrás de su aparato coercitivo. Violencia verbal y física en la picota. Es a todo o nada.
En definitiva, la búsqueda de poder y la acumulación de riqueza continúan siendo los pilares por los cuales se rige elmundo en que vivimos. Las inequidades inter y intra-nacionales son solo la consecuencia de la permanente puja de intereses bajo la actual lógica sistémica. En este sentido, lo que ocurre en Venezuela se replica en toda la geografía global, en sus diversas formas y matices según el momento histórico. Solo falta visualizarlo acertadamente para que comprendamos y reflexionemos sobre quienes realmente dominan; y quiénes son los dominados. En el mientras tanto, millones de venezolanos, como las mayorías desahuciadas y desoídas del planeta, lejos se encuentran de obtener una solución superadora para sus vidas.

Comisiones de la India 2019

Pablo Kornblum para la Revista Acción

http://manuelalfieri.wixsite.com/mundanas/single-post/2019/01/23/India-gigante-en-disputa

Los comicios de 2019 le podrían devolver el poder al Partido del Congreso Nacional de la India (CNI), hoy a manos del Partido Popular Indio (BJP). Ello refuerza dos cuestiones fundamentales: por un lado, la complejidad que presenta una cultura alejada de la lógica de los patrones occidentales, cuantitativamente enorme y con especificidades diversas según cada región, provoca una dificultad para con el sustentar un escenario de gobernabilidad para un Partido que llego hace 5 años al poder desafiando el statu-quo. Por otro lado, la globalización y la inserción de ingentes consumidores al mercado global, han generado mayores demandas al Gobierno de parte de una población con exigencias crecientes que no están siendo satisfechas.

En términos domésticos, los dilemas actuales giran en torno a las altas tasas de desocupación juvenil, la caída del precio de los alimentos en un país mayoritariamente dependiente de la agricultura, y una política monetaria contractiva para evitar la evasión fiscal, entre otros. Sin embargo, las descriptas temáticas coyunturales solo enmascaran problemáticas estructurales: corrupción bajo estructuras estatales que no proveen servicios públicos adecuados, beneficios exorbitantes a las castas privilegiadas, derechos cercenados a las mujeres, o tensiones religiosas no resueltas, son algunas de las variables que mellan en la posibilidad de generar un salto cualitativo en la calidad de vida de las mayorías.

Bajo la impronta liberal en términos comerciales y financieros, la India como 6ta economía del mundo (crecimiento económico mayor al 7% anual en los últimos años) se muestra como un mercado interno deseado, a lo que se adicionan tentadoras capacidades productivas y de recursos humanos para quienes entienden que desde la India hacia el Oriente se encuentra el escenario ‘vedette’ para con la acumulación de capital en el siglo XXI. En este sentido, su proyección geoeconómica de tinte históricamente regional esta virando a la par de la multilateralidad global, siempre apoyado en su posesión de armas nucleares ante adversarios que entienden a la India como una potencia celosa de su autonomía estratégica y su diplomacia del desarrollo.

¿Se mantendrá Maduro en el poder?

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/se-mantendra-maduro-el-poder-n5012404

Esa es la gran pregunta. Se sabe de la penosa situación económica – que como siempre ocurre, implica culpabilidades tanto endógenas como exógenas -, sumado a un contexto institucional con ribetes dignos de una montaña rusa. Pero además, Maduro no posee plan B. El mejor escenario en caso de su destitución sería el asilo, con potencial extradición, o la prisión perpetua. Para él, sus seguidores y su familia. Ya lo dijo. Va a combatir hasta el final.

Sin embargo, el presidente de Venezuela posee dos variables claves – sino las más importantes – a su favor. Por un lado, el apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas. A la mejora sustancial en términos económicos y para con su status social, se le adiciona una política de fuerte adoctrinamiento ya proveniente de la época del ya fallecido presidente Chávez. Una combinación letal que se torna fundamental para mantener de pie al gobierno.

El otro punto es el apoyo internacional explicito de dos de las principales potencias del mundo, tanto en términos económicos como militares: China y Rusia. Con una lógica expansionista en pos de asentarse fuertemente en una zona del mundo históricamente ajena, pero con un enorme potencial; ya sea tanto por sus objetivos geopolíticos, como geoeconómicos. En este sentido, la doctrina Monroe que obligaba a los países al sur del Rio Bravo a seguir fielmente las demandas de Washington ha sido perforada: en la actualidad, la cambiante dinámica global es potenciada por la complejidad que entremezcla un pragmatismo inteligente con una ideologización traccionada por los partidos de extremas; nutridos estos por votos mayoritariamente provenientes de gobiernos centristas incapaces (por acción u omisión) de proveer respuestas para con las necesidades de las mayorías.
En cuanto a Rusia, Putin es un presidente que no le rehúye al conflicto bélico; más aún, no vería con desagrado una ‘península Coreana’ en la frontera brasileña-venezolana, cuyo marginal costo político de los acallados opositores domésticos, se diluiría por la lejanía que implican los diez mil kilómetros de distancia de Moscú.
Por el contrario, no solo le brindaría un protagonismo más que interesante – porque no con reminiscencias de la gloriosa etapa soviética en Bahía de Cochinos -, sino que también potenciaría sus objetivos económicos vinculados a las materias primas (en Venezuela sus inversiones en el sector hidrocarburífero han rondado los 6000 millones dólares en 2018, mientras las exportaciones de trigo alcanzaron las 600.000 toneladas), pero sobre todo para con la industria militar rusa (la compra de los rifles de asalto Kalashnikov y la adquisición del sistema satelital Glonass por parte de Venezuela han sido parte de los acuerdos de cooperación firmados el año pasado), uno de los bastiones de su macroeconomía. Ya lo ha hecho en Siria: la mantención de Bashar al Assad en el poder es claramente un éxito ruso de provisión armamentística, sosteniendo a un aliado en una zona geográfica de gran relevancia en términos logísticos y de recursos para con los vínculos asiáticos, europeos y norafricanos. Además de ser una región por la cual también quiere transitar China bajo su nueva ruta de la seda.
Pero el gigante asiático también tiene entre sus objetivos el realizar una ruta similar en Latinoamérica en el corto plazo. Unir Nicaragua a través de la construcción del canal, llegando hasta la Venezuela y el Ecuador de los recursos hidrocarburíferos, hasta posarse sobre las materias primas – como la soja o la carne de res – provistas en cuantía desde Brasil y Argentina. Y porque no más allá mirando hacia la Antártida.
Por ende Venezuela no se encuentra excluida de esta lógica economicista de provisión de recursos estratégicos y objetivos de largo plazo: los 28 acuerdos de cooperación en áreas vitales firmados el año pasado entre ambos Estados (en diversos sectores como el petróleo, la minería, la tecnología, la educación o la cultura) dan cuenta de ello. Como suelen hacer en todo el mundo, sin inmiscuirse en la política doméstica venezolana. Salvo que interfieran en sus negocios.

Seguramente no querrán perder los 23.000 millones de dólares que le han otorgado a Venezuela para refinanciar sus deudas y reforzar el maltrecho aparato productivo petrolero. Tampoco los 70.000 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa que han destinado a la economía real de su socio sudamericano. Menos aún que se desactive la acordada empresa mixta Petrozumano, constituida entre Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la China National Petroleum Corporation (CNPC). No podemos dejar de mencionar que de cada tres nuevos barriles de petróleo que se demandan en el mundo, dos son de China. Es entonces totalmente racional que uno de los principales países con reservas petroleras, como lo es Venezuela, tenga relaciones estratégicas con el principal consumidor del mundo.

En definitiva, aún con el paso de los siglos, la obtención y construcción de poder, junto con una ingente y sustentable acumulación de riqueza, continúan siendo los pilares de cualquier gobierno que desea mantener el statu-quo. La Venezuela actual no es la excepción. Para Maduro, un blindaje interno y externo era necesario para sostenerse en el Palacio de Miraflores. La entrega de ambos objetivos a estos actores mayúsculos, le permiten al oficialismo tomar aire y diseñar, por lo menos en el corto plazo, los próximos pasos a seguir para continuar enfrentando los embates de una oposición eminentemente obsesionada por terminar las casi dos décadas de chavismo en Venezuela.

¿Cómo ser parte del juego global? La Argentina y un mundo en transición

Comentario de Pablo Kornblum para el diario La Nación – Enero 2019

https://www.lanacion.com.ar/2211884-como-ser-parte-del-juego-global-la-argentina-y-un-mundo-en-transiciondilemas-de-la-geopoliticaargentina-en-el-mundo-post-cumbre-del-g20

Pablo Kornblum, magíster en Economía de la Universidad de Sidney y doctor en Relaciones Internacionales, evaluó positivamente el G-20 y la actitud del país de “hablar con todos”. Sin embargo, asegura que para materializar lo acordado durante la cumbre -la promesa, al cabo del encuentro, de un total de inversiones por 8000 millones de dólares- hace falta un seguimiento de lo pactado y trabajar para mantener las condiciones internas mínimamente estables.

“Los grandes inversionistas, los que invierten en el país, son los que piensan a largo plazo, y buscan estabilidad. No podemos disociar la política exterior de la doméstica: si cambia el Gobierno y se decide no cumplir con lo que se prometió antes, es un gran problema para la Argentina”, señala Kornblum.

Para el experto, un tema que debería resolver mejor la Argentina es cómo se inserta internacionalmente, si bien el papel que puede cumplir un país no está solamente definido por las intenciones del Estado, sino también por sus capacidades materiales y por una estructura internacional determinada. “Creo que hay una definición latente de que la Argentina quiere continuar siendo el granero del mundo, lo que deja con una falencia todo lo relacionado con la industria. Ha habido una liberalización comercial en las importaciones y eso afectó la industria nacional. Hoy las pymes industriales pequeñas no pueden competir con el extranjero”, explica.

“Argentina vive del campo y por lo tanto tiene que profundizar lo que tiene -agrega Kornblum-. Mostrarse como un país dispuesto a satisfacer las necesidades del mundo. Por ejemplo, demostrar que los productores locales van a poder brindar a China lo que necesita, con las medidas fitosanitarias correspondientes, con un envasado adecuado. Esto se complementa con un país estable y una buena diplomacia”.

El anti Bolsonaro: López Obrador va por el aborto en México

Comentario de Pablo Kornblum para la Revista Noticias – Enero 2019

https://noticias.perfil.com/2019/01/15/el-anti-bolsonaro-lopez-obrador-va-por-el-aborto-en-mexico/

Pablo Kornblum, especialista argentino en Economía y Relaciones internacionales, contextualiza: “AMLO es un cambio de paradigma, político y cultural, y por eso también la propuesta de la amnistía a estas mujeres, que durante el gobierno del PRI hubiera sido impensable”.

La inflación Argentina en 2018

Por Pablo Kornblum para agencia AA Turca de Noticias.

https://www.aa.com.tr/es/econom%C3%ADa/un-amargo-2018-para-argentina-en-materia-econ%C3%B3mica/1351405

La inflación argentina cerrará en torno al 47% el corriente 2018, muy por encima de los propios pronósticos del gobierno de principios de año.
La causa fundamental ha sido la devaluación del Peso argentino de casi el 100% en relación al dólar estadounidense. En este sentido, no podemos dejar de retrotraernos a la raíz de esta problemática: un gran nivel de endeudamiento con su consecuente incapacidad de pago; la utilización de herramientas estrictamente monetarias para multiplicar el dinero – en detrimento de la economía real – bajo un claro proceso de liberalización financiera; una apertura comercial indiscriminada que provocó un fuerte desbalance entre exportaciones estancadas e importaciones crecientes; y un escenario internacional adverso, con tasas de interés en ascenso y una guerra comercial/financiera que provocó temor en los inversionistas globales.
Ahora bien, entrando ya en el terreno del proceso devaluatorio en sí, es evidente que una pérdida de valor del Peso argentino de semejante magnitud derivaría, al menos parcialmente, en incrementos de precios sostenidos y generalizados. Por un lado, gran parte del aparato productivo (industrial sobre todo, pero también agrícola y de servicios), como así también de bienes de consumo masivo, conllevan insumos importados, lo que ha derivado en un automático traslado a precios. Por otro lado, la devaluación encontró más activos a los exportadores (que en la Argentina suelen ser grupos concentrados monopólicos y formadores de precios), ya que reconocen una rentabilidad más atractiva en el extranjero; lo que ha provocado, como consecuencia indirecta, una presión alcista de los precios del mercado doméstico.
No podemos dejar de mencionar el ‘efecto contagio’ que se ha producido en vastos sectores de la economía nacional que requirieron de la compra de material extranjero para producir: invariablemente impactaron en toda la cadena de valor. Ni que hablar el impulso devaluatorio sobre las materias primas estratégicas: el ejemplo del petróleo es realmente relevante, ya que su incremento frecuente de precios, siguiendo el valor internacional, ha mellado en toda la economía Argentina. Finalmente, un punto no menor es el ‘efecto imitación’, combinado con la tradicional puja distributiva y la necesidad de mantener el salario real sin perder poder adquisitivo. La relación de los trabajadores con sus pares de otros rubros, o mismo la incapacidad de compra por parte de vastos sectores de la población, han generado tensiones sociales y, como mínimo, inevitables reaperturas de paritarias.
En definitiva, la devaluación y sus efectos colaterales han provocado un crecimiento de precios descontrolado en la Argentina durante todo el año 2018. Solo cabe mencionar – y destacar – el ‘tapón de contención’ que ha permitido mitigar el círculo vicioso inflacionario: el ingente financiamiento del FMI (léase el apoyo de Estados Unidos para evitar un caos regional – sobre todo dado que el acuerdo se realizó antes de mitad de año, cuando Lula marchaba primero en las encuestas y Maduro comenzaba a buscar desesperadamente el apoyo ruso y chino -) y seguidamente el Swap con China (menos oneroso pero no menos importante, en un escenario donde la potencia asiática desea continuar expandiendo sus tentáculos en Sudamérica en pos de abastecerse de recursos estratégicos y posicionarse como un ‘aliado de confianza’ de Argentina), han generado cierta morigeración de la devaluación y por ende de los incrementos de precios. Evidentemente, las dos grandes potencias económicas mundiales, bajo una impronta geopolítica vigorosa, han ayudado a la Argentina a que el proceso inflacionario no sea aún más grave de lo que fue en el año que está por concluir.

La Política Exterior Argentina durante el año 2018

https://www.lanacion.com.ar/2205057-balance-politica-exterior-2018

La política exterior argentina estuvo signada por un eje principal en el año que estamos concluyendo: desde el lugar que se la mire, la economía ha sido el foco y objetivo de los funcionarios dedicados a la temática.

En este sentido, el sector financiero ha sido la vedette, donde la necesidad de financiamiento urgió el recurrir al FMI (vía Trump), al SWAP con China, y a todo aquel país en el mundo que desee colocar sus divisas en nuestro país: ya sea a través de la preferible Inversión Extranjera Directa, pero también bajo aquellos instrumentos que permitan aceitar la cuestionada ‘bicicleta financiera’. Por supuesto, también se ha esperado el siempre soñado ‘milagro exportador’ que permita dar vuelta nuestra ya  crónica balanza comercial deficitaria.

Lamentablemente, los ojos con los que nos posicionamos ante el mundo conllevan dos grandes dilemas. Uno es diferenciar la discursiva de la realidad: por un lado, el financiamiento (24.000 millones de dólares entre el FMI y el SWAP chino) solo sirven para evitar la caída y estabilizar, al menos en el corto plazo, la macroeconomía; por otro lado, la capacidad exportadora es escasa en relación a la apertura importadora (-6000 millones de dólares en lo que va del año); y finalmente, la IED es insuficiente (no llegarían a los 5000 millones de dólares al concluir el 2018) y relativamente baja en relación al resto de los mercados de la región.

Por otro lado, y como complemento necesario de análisis, no podemos desentendernos de la fragilidad de la economía doméstica: sin un claro norte institucional y una política económica que reactive definitivamente el mercado interno, las fortalezas que se puedan lograr en el plano exterior serán, en el mejor de los casos, marginales para contribuir al desarrollo conjunto de nuestro país.

Un despertador para nuestra sociedad

Por Pablo Kornblum

https://www.pagina12.com.ar/159238-un-despertador

Levantarse a la mañana. Ir a trabajar o buscar trabajo. Pocos son los privilegiados que no salen de su casa bien temprano y regresan antes que anochezca. Menos aún quienes se acuestan sabiendo que tendrán una vida con eximia educación, excelente salubridad, y una infraestructura hogareña apropiada para disfrutar amplios momentos de ocio. Una utopía que, a esta altura del Siglo XXI, no debería ser tal.
No solo se vive mal, con carencias de bienes y servicios asequibles, sino que además nos enmarcamos en un camino de inseguridad y segregación. Hay un halo de tensión permanente, de conflictos de intereses que se alejan lentamente de la mancomunidad y la cooperación en cada rincón de la esfera global. Evidentemente, la insaciable búsqueda de poder y riqueza no se ha aplacado.
Probablemente sea una combinación de dos factores: por un lado, una sociedad falta de educación e información objetiva. Ello conlleva a que los de abajo, los más necesitados y los excluidos, no puedan comprender, analizar, y digerir el contexto en el cual se encuentran inmersos, lo que obstaculiza la generación de políticas de acción colectiva que permitan revertir su situación. Del otro lado, la propia condición humana, su biología para con la necesidad de autosatisfacción, y por sobre todo la vorágine por el reconocimiento y la acumulación, conllevan a que las elites, quienes detentan el poder y miran al resto desde arriba, quieran mantener, a como sea, el statu-quo.
Solo esta descripción de la lógica colectiva permitiría aceptar el actual escenario inmoral. Sino sería inaceptable que, por ejemplo, el Ministro del Interior Italiano sostenga que no permitirá de ningún modo que ingresen más inmigrantes norafricanos a sus costas, aunque sea escapando de la miseria y la violencia social. O que el destituido presidente español Rajoy no realice ningún mea-culpa luego de que se haya probado la conveniencia entre los empresarios, beneficiados con licitaciones espurias, y los funcionarios del PP, quienes han recibido dadivas para su beneficio propio y las campañas políticas de su partido.
El vector central para con la racionalidad elusiva son las corrientes culpabilidades cruzadas. Las guerras comerciales son mala voluntad, las tercerizaciones son necesarias para competir, los flujos financieros requieren libertad para generar las tan preciadas inversiones y sus consecuentes fuentes de trabajo. Que los esfuerzos deben ser de los individuos para salir adelante, pero las cargas deben ser colectivas para soportar las cada vez más frecuentes crisis macroeconómicas. Ni que hablar de la castigada microeconomía del ciudadano de a pie: aquel que, anestesiado por una confusión desgastante, deambula por una vida de esfuerzo sin un claro horizonte de, aunque sea, alguna mejora marginal esperanzadora.
La fatalidad llega cuando la exclusión toca la puerta. El avance de la tecnologización y robotización de los procesos productivos emerge a una velocidad muy superior a cualquier escenario de desarrollo de capital humano totalizador. Y en un proceso de achicamiento de las funciones del Estado, garante de los derechos colectivos – sobre todo de las mayorías empobrecidas -, los círculos viciosos de la violencia y la marginalidad se potencian peligrosamente.
Quedan la utilización de los medios de comunicación, la justicia, y el poder de coerción para mitigar los males que nos aquejan. Este colectivo siente el apoyo de las clases de soporte (el 15%/20% de la clase media-alta que trabaja para el 1% que representan las elites), las cuales se han visto embebidas en una encarnizada lucha de ‘pobres contra pobres’, aunque siempre con el inconsciente temor de caer en el 80% que representa el ‘planeta miseria’; aquellos sin acceso al conocimiento y al capital financiero, destinados a depender toda su vida de la histéricamente inestable voluntad de terceros. Igualmente, el común denominador del 99% es encontrarse lejos de las elites dominantes que, como titiriteros, ejercen todo su poder. En definitiva, la mayoría son pobres de riqueza; algunos, simplemente pobres de alma.
Para terminar con la subversión de los pocos que intentan realizar un verdadero cambio estructural, el control social termina siendo el medio y el fin.
Con lógicas capciosas, como puede ser el coaccionar violentamente contra aquellos que ‘siembran el terror’ cuando reclaman por una mejor calidad de vida en las calles, o contra todos los inmigrantes que viene a ‘robar’ y causan los permanentes hechos de inseguridad. Pero también a través del sometimiento discursivo en torno a los ‘beneficios invariablemente necesarios’ de obedecer los dictámenes de los Organismos Internacionales de Crédito, o una política macroeconómica ‘seria’ en pos de una distribución profundamente regresiva de los recursos en el corto plazo, para ver la ‘luz al final del túnel’ más adelante.
En pos de liberarse de este escenario realmente antidemocrático embebido en la mentira y el engaño, no hay otra salida que una profunda educación y formación plural. Que imperativamente debe encontrarse complementada con los recursos suficientes para alcanzar una base alimentaria adecuada y una salubridad enraizada apropiadamente desde la concepción. Y sobre todo, un amor altruista que permita cortar las cadenas del individualismo que, aunque provengan de mandatos egoístamente difusos, conllevan una clara intencionalidad socio-política. Solo así podremos comprender donde nos encontramos parados. Pero sobre todo, nos llevará a tomar las mejores decisiones en pos de un mundo realmente inclusivo que genere una calidad de vida digna para todos.

Simplemente cumplir con el lema de la Cumbre

Por Pablo Kornblum

https://www.infobae.com/opinion/2018/11/25/simplemente-cumplir-con-el-lema-de-la-cumbre/

https://www.clarin.com/opinion/cumplir-lema-oficial_0_2PU5CNvqi.html

No caben dudas que el ojo de la política mundial se situará en Buenos Aires a partir del 30 de noviembre. En esta oportunidad, la presidencia argentina para con la cumbre del G-20 estableció tres prioridades de vital relevancia, bajo el lema de “construir consensos para un desarrollo equitativo sostenible”.

La primera prioridad es ‘El futuro del trabajo’. En este sentido, la situación global es preocupante para la mayoría de los trabajadores. La lógica financiera en detrimento de la economía real, los mercados internos concentrados que solo desarrollan capacidades de consumo limitadas, las tercerizaciones a nivel global que conllevan a una tendencia a la baja de los salarios medios, y los escenarios de recesión frecuentes, se complementan con una dinámica incierta: la robotización y la inteligencia artificial, que si bien generan una cierta bonanza en la escueta mano de obra calificada, excluyen a las mayorías desfavorecidas en su formación y con poca accesibilidad a los empleos de calidad.

El segundo punto es la ‘Infraestructura para el desarrollo’. Ha sido evidente que a lo largo de la historia, los desarrollos de infraestructura edilicia, sanitaria, educativa o medio ambiental, solo para señalar algunos ejemplos, son vitales para alcanzar la dignidad y sustentabilidad socio-económica de los pueblos. Pero si como ocurre en la mayoría de los países de del mundo, las inversiones dependen de un escenario de permanente déficit y su derivado ajuste fiscal, la rentabilidad es obscena para las elites económicas, el financiamiento deriva en un proceso de insostenible endeudamiento – cuando no con una consecuente dependencia geopolítica -, o existe un claro proceso de enmascaramiento de lavado de activos o corrupción, se torna imposible trasvasar proporcionalmente la ingente magnitud de activos monetarios requeridos para lograr la deseada dinámica de obras necesarias que permitan alcanzar el bienestar social.

Finalmente, ‘Un futuro alimentario sostenible’, es la urgencia por sobre la urgencia. Lo menos relevante sería realizar una reducción economicista, la cual sostendría que un niño desnutrido no solo no podrá educarse, sino que además acarreará una salubridad endeble toda su vida, con efectos nocivos para con su productividad económica. El eje central debiera ser el daño moral que representa un niño con hambre, y que no tiene razón de análisis ni justificación: ni que los incrementos de precios de las materias primas alimentarias se deliberan en mercados globales bajo la presión (o mejor dicho opresión) de los monopolios formadores de precios, ni que la escasez se deriva de la preferencia por la producción de combustibles más rentables, o mismo que el problema se centra en la incapacidad gubernamental para hacer frente a una pobreza alimentaria extrema proveniente de una distribución ineficiente e ineficaz de la riqueza.

Sin embargo, pocas de las problemáticas previamente mencionadas encontrarán respuestas en la próxima Cumbre del G-20: los líderes globales se pelean, en realidad, para mantener su legitimidad doméstica a través de un sistema de puja de intereses dinámico y asimétrico; pero sin abandonar nunca, más allá de las diferentes preferencias de roles gubernamentales más activos o pasivos para con las acciones económica, el sustento sistémico que se deriva de una lógica de estabilización macroeconómica y financiera basada en las directrices neoliberales de los principales Bancos Centrales y Organismos Internacionales de Crédito.

Cuando se les cuestiona que ello repercute, claramente de manera negativa, en las políticas socio-económicas propositivas, los gobernantes se especializan en responder embebidos en una racionalidad elusiva con frecuentes culpabilidades cruzadas: que las guerras comerciales son perjudiciales, a pesar de que cumplen en determinadas ocasiones un rol de protectores de la infraestructura nacional; que las tercerizaciones son necesarias para competir, aunque afecten los empleos en ciertos países; o que los flujos financieros requieren libertad para generar el tan preciado dinamismo económico doméstico, a pesar de que puedan ir en detrimento de la producción alimentaria en la economía real, la cual suele tener una menor rentabilidad aunque sea socialmente prioritaria.

A pesar de lo expuesto, esperemos que esta vez la declaración final no quede, como casi siempre, en una discursiva confusa, falaz y vacía de contenido. Y no solo para darle veracidad al lema de la Cumbre; sino, y principalmente, para poder brindarle una real esperanza de futuro a las mayorías necesitadas del planeta.

ANÁLISIS – Argentina aprovechará cumbre G20 para contactos, pero economía quedará de lado

Pablo Kornblum para Sputnik, 27 de Noviembre de 2018

* G20 * ARGENTINA * ANÁLISIS *
Buenos Aires, 27 nov (Sputnik). – La crisis económica que atraviesa Argentina no tendrá un impacto en la cumbre de presidentes del grupo de los 20 países industrializados y emergentes (G20) que acogerá la ciudad de Buenos Aires el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, analizaron dos especialistas para Sputnik.”La situación económica adversa de la Argentina no genera ningún tipo de incidencia para con la cumbre del G20″, sostuvo el economista y doctor en relaciones internacionales Pablo Kornblum.

Una reflexión parecida aportó la economista Noemí Brenda, del Centro de Investigaciones de Historia Económica Social y de Relaciones Internacionales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Argentina atraviesa una recesión larga que podría ser prolongada “porque está inmersa en un plan de ajuste recesivo con contracción fiscal monetaria que repercute sobre el nivel de actividad y el empleo”.

En ese sentido, los asistentes a la cumbre “saben cuál es la situación económica porque el país tiene un acuerdo vigente de Stand-By (de contingencia) firmado en junio con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y reprogramado en octubre en montos y en desembolsos”, recordó Brenda.

SEDE DE LA CUMBRE

El país sudamericano desempeña un papel organizativo en esta instancia para la que propuso algunos ejes de debate, como el futuro del trabajo, la infraestructura para el desarrollo y un futuro alimentario sostenible.

“Las propuestas sobre las prioridades que fijó el país como ejes centrales de debate en el encuentro se vinculan con problemáticas de tinte global, y no particularmente hacen referencia al país organizador”, profundizó Kornblum, director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales.

Su desempeño como anfitriona “es como un premio que le da el G7 por el realineamiento con las economías de EEUU y de Europa Occidental y para destacarse en el conjunto de países de América Latina”, acotó la economista de la UBA.

Así, Argentina adquirirá “un posicionamiento más visible en el escenario internacional y también más contactos de primera mano con funcionarios de los países que participan, ya que no es frecuente que el nombre de Argentina esté presente”.

A la cumbre también asistirán los titulares de numerosos organismos financieros y multilaterales, de los cuales Argentina “está necesitada”, recordó Kornblum.

Por ello se mostrará “servicial y sustentará, sin ningún tipo de reflexión sobre las implicancias internacionales a nivel macro o micro que puedan ocasionar, todas las propuestas que las instituciones transaccionales sugieran pensando en las potenciales inversiones o acuerdos comerciales que se puedan lograr”, retomó el especialista.

Como anfitriona, Argentina podrá usufructuar la presencia de mandatarios internacionales “para organizar reuniones con el resto de los políticos y empresarios de las principales potencias, lo que seguramente derivará en acuerdos y promesas entre las partes”.

Que esos pactos se concreten “dependerá del futuro económico y financiero global, la dinámica de la economía argentina en el corto plazo y el cumplimiento por parte del país de los acuerdos preexistentes y los logrados en la cumbre, entre otras variables, de las cuales la historia reciente y las perspectivas a futuro de corto plazo no han sido muy alentadoras” concluyó Kornblum.

COOPERACIÓN

Aunque el propósito explícito de la cumbre no es atraer inversiones a Argentina, las cuales en 2017 representaron el 2 por ciento del Producto Interior Bruto, el país sudamericano sí está interesado en conseguir capitales para la explotación de recursos naturales, como la minería o los hidrocarburos no convencionales, además del agro.

“Es interesante el G20 para mostrar Argentina como destino de turismo y como lugar en el que estudiar medicina o en el que desarrollar servicios como los de informática”, destacó Brenda.

El papel de Argentina estará eclipsado, en cualquier caso, por el ámbito de cooperación que marcará el desarrollo de la cumbre y por las tensiones comerciales entre China y EEUU, pese a que “no habrá condena explícita a los proteccionismos o una exhortación a levantarlas”, a juicio de la especialista de la UBA.

“No se va a resolver la guerra comercial, China y EEUU son potencias gravitantes en el orden mundial y no parece que vayan a resolver estas cuestiones hegemónicas que son de largo plazo”, finalizó.

El G20 está integrado por Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, EEUU, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea. (Sputnik)

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