Estados Unidos-China: Una historia que puede explicar el futuro

Por Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero

La guerra del opio contra los británicos o la invasión japonesa a Manchuria no pasaron desapercibidos en la historia china; desde 1949, el gigante asiático se perjuró nunca más encontrarse subyugado ante el enemigo foráneo. Ello debe quedar claro: China no representa solamente un modelo económico socialista que utiliza las herramientas del capitalismo para alcanzar sus objetivos de desarrollo y prosperidad. China es mucho más.

El gigante asiático ha jugado siempre de la misma manera desde su apertura económica a fines de los años 1970’: responder al mundo con lo que mejor tiene y, en paralelo, ser consecuente con su fin. Nadie puede negar que, a nivel comercial, haya sido el principal proveedor de bienes del mundo en las últimas décadas. También el mayor comprador. En el mientras tanto, no ha hecho nada diferente de lo realizado por el resto de las principales potencias que aspiraron a dominar el planeta en la historia moderna: sus políticas se pueden ver reflejadas en la producción en masa británica durante las revoluciones industriales, la innovación alemana que le permitió una supremacía militar para atravesar las ‘grandes guerras’, la carrera espacial soviética, o la globalización tecnológica con rostro estadounidense de la segunda mitad del Siglo XX. China tiene un poco de todo ello, visualizado en las patentes, los desarrollos en telecomunicaciones, el fortalecimiento de su aparato militar, o el avance satelital. Con una potente proyección exógena, que se complementa con una lógica endógena al servicio del país.

Es por ello que las palabras altisonantes de Trump para castigar los negocios de las empresas chinas no hacen mella en el gigante asiático. Explotar vulnerabilidades, realizar actos maliciosos o desarrollar un sofisticado sistema de espionaje, son parte de una retórica que no dará resultado. Por ‘las malas’, China no modificará sus políticas de Estado. Pero el presidente de los Estados Unidos tiene su racionalidad: por las buenas tampoco se ha logrado perforar la senda de crecimiento político, económico y militar chino. Los ejemplos sobran en el corriente siglo: desde los pedidos de Bush hijo para que cesen las políticas de Dumping, los requerimientos de Obama para lograr una revaluación del Yuan, o las mismas presiones de Trump para que se terminen los subsidios a los conglomerados corporativos ‘campeones nacionales’ por parte del gobierno. Nada ha dado resultado. Solo tibios cambios marginales que no han frenado las aspiraciones chinas.

Más aún, para China, deshacerse en cualquier momento de los 1.189 billones de dólares en bonos del tesoro estadounidense, fortalecer medidas de control burocrático a los flujos comerciales, o jugar con el tipo de cambio a su antojo, son solo herramientas accesorias para ser utilizadas, solo en caso de ser estrictamente necesario, para sopesar una coyuntura financiera desfavorable provocada por el adversario norteamericano. Nada más que eso. En este contexto, y mientras Estados Unidos busca mantener su preeminencia bajo la permanente presión de la coyuntura económica internacional, China ha comenzado un sendero de crecimiento que solo finalizará cuando logre ser la gran superpotencia global dominante que pueda abastecerse de todos los recursos necesarios para que su población posea una digna calidad de vida. O por lo menos ese es el discurso del Partido para transitar, junto al ‘hombre nuevo’, el camino hacia un comunismo pleno.
Por ahora, el pragmatismo que impera en Beijing apunta a alcanzar la autosuficiencia tecnológica del 70% de los componentes y materiales claves para el año 2025. Por ello no reniega de la “cortina de hierro tecnológica”: por ejemplo, los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi), aprovechando la prohibición de todas las redes sociales y de motores de búsqueda extranjeros, reemplazan en China a los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon). Y a su vez, el gigante asiático intenta seducir a los países participantes de la Nueva Ruta de la Seda para convencerlos que utilicen su tecnología. En este sentido, el caso de Huawei es emblemático: con su red 5G intercontinental tienen planeado crear más de ocho millones de empleos en China para el año 2030. Por lo tanto, que mejor discursivo anti-estadounidense que presentar las interpelaciones de Occidente al gigante de las telecomunicaciones chino como un obstáculo al derecho a “desarrollarse y prosperar”.

Más aún, Trump hace caso omiso a un escenario Win-Win, donde bien sabe que Huawei destina un tercio de su presupuesto anual de 11.000 millones de dólares a comprar componentes estadounidenses. La realidad es que las luminarias del dilema estadounidense se centran en las 4024 solicitudes de patentes presentadas internacionalmente por Huawei durante el año pasado, convirtiéndola en la más innovadora corporación a nivel global. En las sombras, lo que realmente le preocupa es su ‘necesaria cooperación’ – obligada para todas las compañías chinas por ley desde el año 2017 – con los servicios de inteligencia del país. No es por nada que los halcones de Washington ya han exigido, por esta o y otras razones, que China tenga flexibilidad para modificar su legislación. A una propuesta utópica, una respuesta distópica por parte del gobierno chino: no aceptarán de ningún modo una injerencia en los asuntos internos ni en las políticas de Estado dictaminadas desde Beijing.

Será que entonces la conveniencia del gobierno de los Estados Unidos se encuentre, por un lado, en continuar aprovechando, con mucho cuidado y regulación, los beneplácitos de los intercambios comerciales y financieros que les provee una globalización bajo el formato que ellos han creado décadas atrás. Para las injusticias inter-estatales, tanto por izquierda como por derecha, siempre existe el dialogo, el consenso sobre la determinación de los precios, el financiamiento, las mejoras de productividad, las posibilidad de exportar a escala, etc.

Pero por otro lado, al mismo tiempo y tal como lo hace China, Estados Unidos deberá continuar desarrollando y potenciando – con igual o mayor velocidad que su oponente – la carrera tecnológica civil y militar; simplemente para que cuando la escasez de recursos o un dilema geopolítico de gravedad se tornen inmanejables, los encuentre lo suficientemente preparados para enfrentar un potencial deshielo de esta nueva ‘guerra fría’. Porque la posición china es y será clara, y se puede resumir en una frase: “Negociar, seguro. Luchar, en cualquier momento. Intimidarnos, ni en sueños”.

Estados Unidos – China y una guerra que excede lo comercial

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, 9 de Mayo de 2019.

https://www.ambito.com/eeuu-china-y-una-guerra-que-excede-lo-comercial-n5030571

El presidente Trump ha dejado en evidencia que no soporta la paciencia confuciana de uno de sus contendientes en esta guerra fría tripartita (el otro es Rusia). Tiene su lógica: la lentitud de los cambios estructurales que promueve china tiene relación con su objetivo de mantener el statu-quo económico – claramente favorable para los asiáticos -, hasta que se encuentren dadas las condiciones científico-tecnológicas y militares adecuadas para avanzar geopolíticamente con la fortaleza suficiente de su músculo bélico; aquel que le permita torcerle definitivamente el brazo a los Estados Unidos.

Es por ello que Beijing ha decidido aminorar el golpe de un juego del cual se ve perdedor, por lo menos en el corto plazo, adoptando medidas de ‘buena voluntad’: la baja de aranceles a los vehículos importados, la reanudación de la compra de soja, el no devaluar el Yuan, o la presentación de un proyecto de ley para prohibir la transferencia forzada de tecnología, se encuentran entre los más destacados. El as en la manga quedará para más adelante y solo en caso de que sea necesario utilizarlo: China es el principal tenedor de bonos de deuda estadounidense, lo que implica que puede movilizar Wall Street y el resto de los mercados globales con meros movimientos premeditados de compra/venta.

Sin embargo, Trump apuesta a algunos datos económicos, tal cual lo sentenciaba su antecesor Clinton, para reforzar su apuesta arancelaria. Él sostiene que la tendencia creciente del PBI (+2,9% en 2018), la desocupación más baja en décadas (3,8%), apropiados niveles de inflación (2,4%), y la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos, entre otros, en gran parte se deben a sus políticas de agresivo proteccionismo. A pesar de que hay cierta veracidad en su declamación, que por supuesto tiene aristas más variadas y complejas, sus palabras son una herramienta potente para fidelizar al electorado con vistas a las elecciones presidenciales del año entrante.

Con tres líneas discursivas precisas sostiene un ‘enemigo’ para una sociedad que, mayoritariamente, acepta fervientemente la dicotómica pelea entre el bien y el mal. Los 500.000 millones de dólares al año de déficit comercial, el ‘robo’ de la propiedad intelectual, o el subsidio a las empresas estatales son hechos fácticos que no se le pueden discutir a Trump. Más aún, la ‘demonización’ china es el verdadero valor agregado: el déficit comercial es sinónimo de falta de trabajo y pobreza estadounidense, el robo tecnológico le brinda a China un diferencial en una potencial guerra a futuro, y las políticas de control gubernamental son un sinónimo de comunismo avasallante.

Por su parte, las críticas de los neoliberales, las que entre otras cuestiones afirman que los consumidores estadounidenses van a terminar pagando más caros los productos, a Trump le tienen sin cuidado: desde Washington responden que los movimientos tendrían un ‘dolor a corto plazo’, pero la situación cambiaria positivamente a futuro. El BREXIT es un ejemplo de ello: el gran susto que promovió el liderazgo europeo y los mercados, con el soporte de los principales medios de comunicación, no hizo mella en una transición hasta el momento ordenada. La historia ha demostrado que los países no quiebran, que las economías se acomodan – el Reino Unido ya se encuentra realizando acuerdos comerciales y financieros con terceros actores -, y que lo realmente importante es la solidez técnica y moral de las instituciones gubernamentales.

¿Por qué entonces, por ejemplo, no esperar de encontrar otros proveedores u otros mercados del sudeste asiático, donde se pueda terciarizar la producción y realizar los negocios que se pierden con China? Es razonable que siempre existan costos; más aún que los procesos de adaptación lleven tiempo. Pero no es nada que no se pueda solucionar. Mientras tanto y para contrarrestar este potencial escenario, Xi prometió la “abolición de las reglamentaciones, subvenciones y prácticas no justificadas que alteran la competencia y los mercados”. Aquellos que abrazó desde que China instauró el ‘socialismo de mercado’ en la década de 1980’, y terminó de afianzarlos en el año 2001 cuando, con su membrecía, aceptó cumplir con las regulaciones impuestas por la Organización Mundial de Comercio.

Está claro que la ingenuidad de Xi es meramente especulativa: solo espera, con calma y entereza, que amaine una tormenta que tiene varios frentes (como la extradición pedida por los Estados Unidos para la directora de Huawei en Canadá; o mismo los roces con la Marina de Guerra estadounidense en el Mar del Sur de China), para luego, cuando el politburó lo considere oportuno, poder retomar la iniciativa y continuar sus planes de crecimiento y desarrollo, hasta convertirse en la principal potencia económica, política y militar del mundo.

Análisis de inversiones tecnológicas chinas en Argentina

Pablo Kornblum para el portal Iprofesional

https://www.iproup.com/innovacion/3734-inversion-emprendimiento-desarrollo-tecnologico-Huawei-Xiaomi-Alipay-y-mas-asi-avanza-China-en-Argentina

Se hace muy difícil cuantificar exactamente qué porcentaje de inversiones chinas se encuentran abocadas a la tecnología. Esto es porque además de las empresas que se podrían denominar ‘tecnológicas’ (como por ejemplo Huawei), se encuentran las que no son estrictamente del rubro pero que desarrollan y utilizan los avances de última generación para sus operaciones diarias. Por ejemplo, dentro de las inversiones que realizó el ICBC cuando ingresó en el mercado Argentino, se encuentran las que incluyeron derivaciones tecnológicas indirectas para la puesta en funcionamiento de los sistemas informáticos apropiados.

En cuanto a los montos, también es algo difícil de mesurar. Una cosa son las promesas discursivas en las reuniones bilaterales entre jefes de Estado o funcionarios de primera línea, otro es lo que luego realmente se acuerda en las reuniones operativas de los cuadros técnicos, y finalmente se encuentran las diferencias que se ponen de manifiesto a la hora de efectivizar las inversiones. Más aún, cabe destacar que ‘los fracasos’ en la puesta en marcha muchas veces no tienen que ver con una cuestión del acuerdo en sí, sino más bien de cambios en la coyuntura económica o política endógena o exógena de ambos Estados.

En cuanto al resto de América Latina, no hay grandes diferencias en los objetivos que tiene China en relación a los que presenta en nuestro país; lo que implica que existe un trabajo diplomático ‘horizontal’ de Beijing que deriva en acuerdos económicos y proyección geopolítica en pos de sus intereses. En este sentido, la búsqueda de recursos naturales estratégicos (Petróleo en Venezuela, Litio en Bolivia, Minería en Argentina, etc.), la realización de obras de infraestructura, y un avance en términos de adentramiento tecnológico (TCL, Midea, Lenovo y Shanghai SVA, entre otras, han invertido o han adquirido empresas en toda la región), no distinguen fronteras.

El acercamiento con China será, por un lado, conveniente en mayor o menor medida según el posicionamiento que tome la Argentina a la hora de llegar a un acuerdo; el otro tema se centra en la eficiencia/eficacia en tanto la utilización de los préstamos y las inversiones. ¿Servirán los 9.000 millones de dólares del SWAP acordado con China? ¿Incrementará la producción minera las inversiones que realizó la empresa Shandong Gold, la cual desembarcó en San Juan en el 2017 cuando adquirió el 50% de la mina Veladero por US$ 960 millones? ¿Podrá dinamizar las golpeadas economías regionales el corredor que unirá 538 KM entre Bs. As. y La Pampa, y demandará una inversión de US$ 1.175 millones por parte de la compañía China Construction America? Todas son conjeturas que dependerán de las políticas gubernamentales de largo plazo que realice el gobierno nacional. Lamentablemente, la historia indica que en las decisiones del ejecutivo suele primar la coyuntura y no las políticas de Estado; por lo que claramente la incertidumbre a futuro es mayor que las certezas que podamos concluir.

El otro punto clave serian las problemáticas derivadas de las inversiones en tecnologías sensibles. Esta discusión, que se da no solo en Argentina sino en todo el mundo, implica la ‘inmiscuisión’ de la segunda potencia política, económica y militar de la tierra en un escenario donde históricamente ha primado la Doctrina Monroe bajo el paragua de los intereses estadounidenses. Para citar un ejemplo, los acuerdos para la construcción de la central nuclear ATUCHA V han implicado la decisión de optar por un proyecto de tecnología desconocida que cierra su círculo operativo y de conocimiento a proveedores de terceros Estados; pero que a su vez abre el interrogante respecto del aporte que realizarán tanto China como Argentina, como así también pone en duda la eficacia en el resultado final.

El otro ejemplo que hace mucho ruido es la instalación de la estación espacial en la localidad de Bajada del Agrio en Neuquén. Se trata de un acuerdo que firmó Cristina Kirchner (que incluyen 50 años de exención impositiva en un área de 200 hectáreas), que se encuentra manejado completamente por una agencia que depende del Ejército Popular Chino. A pesar de que el presidente Macri logró una adenda a ese acuerdo para que China aclare que se trata de una estación espacial de ‘uso pacífico’, la antena instalada generó malestar en los Estados Unidos por su eventual uso dual y la posibilidad de interceptar satélites. En definitiva, se ha creado un potencial conflicto de intereses geopolítico fronteras adentro de Argentina entre las dos principales Fuerzas Armadas del planeta (con consecuencias impredecibles – inclusive en términos militares – para con nuestro país).

Consecuencias para Sudamérica de la situación venezolana

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/las-consecuencias-sudamerica-la-situacion-venezolana-n5018930

Más allá de las declamaciones, lo que hoy se encuentra en la picota del escenario venezolano es la factibilidad (o no) de la intervención militar estadounidense. En este sentido, Trump acusa a Maduro de sostener una dictadura comunista que hambrea a su población. Una discursiva sencilla e históricamente efectiva; más aún en una época de liderazgos duros, donde la oposición doméstica – sobre todo en cuestiones internacionales, donde el nacionalismo es aún más profundo y abarcativo en la mayoría de las capas sociales – es meramente declamativa.

Sin embargo, cuando se intenta ahondar un poco más en la temática en cuestión, se debe entender que a la actual administración estadounidense poco le importan si existen diferencias o matices: sea un marxismo centralista y programado a la cubana; un capitalismo de amigos bajo una lógica chavista o sandinista, o el progresismo populista de Evo Morales. Ideología, planificación o diversidad en la avidez al consumo, no son relevantes. El real enemigo es cualquier Estado al sur del Rio Bravo – cual poseedor de vastos recursos naturales -, que tiene una alianza estratégica con China o Rusia. El ser ‘de izquierda’ es una variable más en el juego global, una excusa simplista para seleccionar el objetivo.
El ataque ha comenzado. El ‘Poder Blando’ de la presión mediática es quien ya se encuentra operando desde un primer momento; simplemente para mellar sobre el prestigio, que bien se sabe se termina cuando hablan las armas. El próximo – y porqué no el último – eslabón que podría actuar como obstáculo de un conflicto bélico es, como ha ocurrido en el transcurso del último siglo, el hacer ‘desangrar’ económicamente al enemigo: obstaculizar las cuentas bancarias, dificultar la producción y logística de la industria hidrocarburífera, y quebrantar las alianzas comerciales/financieras al máximo para golpear el corazón del gobierno chavista. Mejor dicho el bolsillo, aquel que le ha permitido sostener la lealtad inquebrantable de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y las milicias bolivarianas.
Difícilmente exista otra manera de generar el desmembramiento interno, ese punto de quiebre que cambie la balance endógeno de todo el aparato de poder. Más allá del adoctrinamiento y el estatus ganado en las últimas dos décadas, el poder económico y político del aparato de coerción (manejo de la importación y distribución de alimentos, el sistema cambiario, PDVSA, el Arco Minero) no permite una fácil ruptura del statu-quo. Podrían ser los oficiales de rangos medios o bajos de las FANB quienes fracturen lealtades, al ser ellos los que sufren en cercanía las penurias del venezolano común, además de que se ponga en juego la variable aspiracional para con el escalar profesionalmente bajo otro gobierno que ‘limpie’ a la actual comandancia. Pero ello dependerá que alcancen una masividad suficiente para evitar sus propias ‘desapariciones forzadas’ por parte de los Servicios de Inteligencia y los Comandos contrainsurgentes adiestrados por el régimen.
Por lo tanto, nos encontramos ante un peligroso contexto que podría alcanzar un desenlace inédito para nuestra región. En este sentido, desde los procesos independentistas nunca ha habido una injerencia militar interna directa de los Estados Unidos en Sudamérica. Aunque la cooptación de intereses civiles y militares en su ‘patio trasero’ durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado haya dejado una impronta potente en nuestra región (aunque con versiones diversas según quien la evalué), la situación actual es diferente: no solo la globalización, la tecnología y la cultura moderna conllevaron a que todo se encuentre más vivo, a flor de piel, visualizado, discutido – lo que hace que el apoyo externo tuviera que ser más marginal y suavizado, como ha sido el caso de los derrocamientos de Lugo en Paraguay o Zelaya en Honduras -, sino que además los intereses de China y Rusia ahora son claros y concisos.
Recursos Naturales, ampliación logística, posicionamiento geoestratégico. Los mares y ríos, el litio, la minería, el petróleo, el Amazonas y la Antártida. Además de la provisión de cazabombarderos, sistemas de misiles, armamento liviano, tanques, buques de guerra, redes de ciberdefensa. Todo demasiado interesante para las potencias desafiantes. No cabe duda que los tentáculos chinos y rusos, ya bien adentrados en toda nuestra región, indefectiblemente provocan que los gobiernos sudamericanos deban balancearse como quirúrgicos equilibristas ante los intereses cruzados de Oriente y Occidente.
Es por ello que el alineamiento cuasi total con los Estados Unidos a través del Grupo Lima pareciera ser más una mera imposición desde el norte, que un real deseo de destronar a Maduro. Ni los cientos de miles de migrantes venezolanos desparramados por toda la región habían logrado más que algunas escasas y tibias declaraciones diplomáticas. Menos aún el pensar en intervenciones militares, aunque sean de sus más acérrimos enemigos en la actualidad, como lo son Brasil y Colombia: soldados de estos países ingresando con armas en territorio venezolano es un punto de no retorno en la relación a futuro. Los gobiernos pueden cambiar, las dinámicas políticas son impredecibles. Hasta las relaciones comerciales y financieras se podrán volver a solidificar. Pero los lazos ciudadanos, la mancomunidad, y los vínculos ligados a lo cultural y lo afectivo, serán embebidos por un daño irreparable y seguramente no deseado, ni por un ferviente extremista como lo es el presidente Bolsonaro.
Aunque como lo hemos visto hasta hora Trump ha sido más un perro que, estratégicamente, ladra pero no muerde, no se puede descartar una real decisión estadounidense de recurrir a la opción belicista: ese camino que abriría una puerta peligrosa para nuestra Sudamérica. A futuro, cualquier otro gobierno calificado de ‘tinte populista’ por los halcones de Washington, podría ser motivo de una invasión militar para restaurar el orden. Aquel que, contrariamente a lo declamado, seguramente generará una inestabilidad que provendrá de los intereses contrapuestos de China y Rusia. Ambas potencias no querrán perder sus asentados privilegios: el obtener materias primas, cobrar sus préstamos, expandir su poder e injerencia. En fin, un conflicto de potencias, pero en casa. Siria, Ucrania o Nigeria dan claros ejemplos de ello.
Pero hay algo más. Por un lado, el desastre institucional, político, humanitario y económico que provocaría una intervención extranjera estadounidense, donde casi nunca han solucionado nada a través de la injerencia militar directa. Recordemos que mismo el – prácticamente en exclusividad – exitoso Plan Marshall, se ha dado a través de un ingente financiamiento, pero manteniendo en el poder socio-institucional al enemigo vencido, como ha sido por ejemplo el caso del emperador del Japón. El resto ha sido fracaso tras fracaso.
Pero sobre todo está el futuro. Los recursos estratégicos de nuestros hijos y nietos. Ya no solo sería el control a través de sus ‘Gran Hermanos’ a nivel virtual, donde las potencias ya poseen el control de nuestra información a través de los satélites, las comunicaciones, internet. Ahora sería además el directo dominio de los bienes más preciados, la economía real, la vida misma. En este sentido, los alimentos, el agua dulce, los recursos ictícolas o la biodiversidad desde Maracaibo a la Antártida, con su correspondiente formación de capital humano e infraestructura necesaria, no se utilizarán en pos de una mejor calidad de vida de los niños sudamericanos; sino más bien de los objetivos foráneos. Porque como lo mencione previamente, cuando el de afuera decide, la historia ha demostrado que poco le interesa el de adentro.

Venezuela, solo un espejo de las miserias del mundo

Por Pablo Kornblum para el Blog del equipo Bulat.

http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/Venezuela+solo+un+espejo+de+las+miserias+del+mundo

Tenemos un presidente electo y uno provisorio. Una cuasi guerra civil entre una población polarizada. Un aparato de control coercitivo como objeto deseado por los políticos oficialistas y opositores. Una situación macro y microeconómica crítica para la mayor parte de la ciudadanía. Violencia, pobreza, resquebrajamiento social. Eso es Venezuela hoy.
Pero Maduro y Guaidó son solo peones del tablero geoeconómico y geopolítico global. La principal reserva petrolera del mundo es su activo vital, la cual se la disputan Estados Unidos, el enemigo actual, y China y Rusia, los aliados circunstanciales. Ello puede mutar. Como ya lo hecho en el traspaso del siglo XX al XXI, cuando Hugo Chávez llegó al poder.
La lógica economicista con eje en la obtención de los recursos estratégicos, principalmente el ‘oro negro’ que permite dinamizar las enormes economías domésticas, tiene como objetivo principal generar riqueza para sostenerse en el poder. En Estados Unidos, Rusia o China, como en Venezuela, también hay una elite que quiere perpetuar el statu-quo. La diferencia con el país sudamericano es que las grandes potencias poseen un poderío económico que les permite brindar unas mínimas condiciones de dignidad para una gran parte de sus poblaciones, lo cual evita que se potencien tensiones sociales con la consecuente necesidad de tener que utilizar el poder de coerción. En este sentido, la represión no está muy bien vista – con excepción de que al reprimido se lo acuse, como ocurre comúnmente, de terrorista – en esta época de democracias que, aunque imperfectas, deslegitimadas, e incompetentes para con el bien común, han sido profundamente instaladas como el deber ser político bajo la dialéctica globalizadora.
La venta de armamento es el otro eje de la disputa. Junto con sus recursos naturales, es la principal industria para los rusos. Los chinos, por su parte, son veloces aprendices: con el segundo presupuesto militar del mundo desde hace años, son claramente un poder a temer. Y por supuesto, ambos conllevan ambiciones geopolíticas. El histórico patio trasero de los Estados Unidos no es solo la región bendecida con los mayores recursos naturales del planeta: posicionamiento marítimo, ocupación territorial, cercanía amazónica, viabilidad logística y proyección Antártica. Demasiado tentador para dos estadistas, como Putin y Xi, que visualizan el expansionismo como ‘el deber ser del volver a ser’. Los imperios nunca se han ido, sostienen. Solo han estado adormecidos por algunas décadas. Con una impronta más belicista los euroasiáticos, y más paciente los orientales, ambos tienen el mismo objetivo globalista maximizador. Donde también ya llegara el momento que se cruzarán entre ellos.
Bajo este contexto global, el rol de las elites económicas y políticas venezolanas fue funcional a las demandas norteamericanas durante todo el siglo XX. Cuando hay crisis y malestar, las culpabilidades (y o complicidades), son tanto exógenas como endógenas. Un país literalmente dependiente de las exportaciones de petróleo que generaba una ingente riqueza, pero concentrada en pocas manos. Aquello no era sustentable: las personas quieren vivir mejor, y las demandas a los gobiernos han sido crecientes a lo largo de la historia. Si las elites no dan respuestas, corren el riesgo que aparezca un verdugo con ideas revolucionarias. Más aún si cuenta con el poder que otorga el aparato militar para generar un cambio estructural. Y un día el comandante se convirtió en presidente.
Chávez fue un gran estadista. Tuvo el beneplácito de comenzar a gobernar en un contexto de incremento exponencial de los precios de las materias primas. También generó una política redistributiva que mejoró, a través de un mercado internismo creciente, la calidad de vida de las mayorías postergadas. Pero el consumo no es inversión. Y mientras el gasto público se incrementaba exponencialmente, la productividad sufría permanentemente los coletazos de la ineficiencia. Al tiempo que la deuda externa se acumulaba, su muerte encontró inconcluso el proceso sustitutivo de importaciones. La crisis financiera global y la retracción de la demanda de materias primas, con su consecuente caída en los precios, fue un golpe letal para el gobierno naciente.
Maduro no es Chávez. Además de que la mayoría de los gobiernos, después de un periodo de tiempo considerable, se ven desgastados en sus capacidades institucionales y en su cohesión política interna. La elite opositora, guarnecida pero expectante a que los vientos vuelvan a serles favorables, dio cuenta de ello y aprovecho para dificultarle financiera y operativamente el quehacer diario. Siempre se puede estar mejor, sostienen. Y la mejor forma de volver más rápidamente al poder es operar mediáticamente para propiciar un caos mayor, sobre todo a partir del poder económico que todavía conservan después de una centuria de ingente acumulación. El resto fue esperar que los continuos errores de política económica del actual gobierno de Maduro potenciaran el espiral inflacionario y el desabastecimiento de productos e insumos, con el consecuente deterioro generalizado de la situación socio-económica. Al actual presidente solo le queda resguardarse detrás de su aparato coercitivo. Violencia verbal y física en la picota. Es a todo o nada.
En definitiva, la búsqueda de poder y la acumulación de riqueza continúan siendo los pilares por los cuales se rige el mundo en que vivimos. Las inequidades inter y intra-nacionales son solo la consecuencia de la permanente puja de intereses bajo la actual lógica sistémica. En este sentido, lo que ocurre en Venezuela se replica en toda la geografía global, en sus diversas formas y matices según el momento histórico. Solo falta visualizarlo acertadamente para que comprendamos y reflexionemos sobre quienes realmente dominan; y quiénes son los dominados. En el mientras tanto, millones de venezolanos, como las mayorías desahuciadas y desoídas del planeta, lejos se encuentran de obtener una solución superadora para sus vidas.

Comisiones de la India 2019

Pablo Kornblum para la Revista Acción

http://manuelalfieri.wixsite.com/mundanas/single-post/2019/01/23/India-gigante-en-disputa

Los comicios de 2019 le podrían devolver el poder al Partido del Congreso Nacional de la India (CNI), hoy a manos del Partido Popular Indio (BJP). Ello refuerza dos cuestiones fundamentales: por un lado, la complejidad que presenta una cultura alejada de la lógica de los patrones occidentales, cuantitativamente enorme y con especificidades diversas según cada región, provoca una dificultad para con el sustentar un escenario de gobernabilidad para un Partido que llego hace 5 años al poder desafiando el statu-quo. Por otro lado, la globalización y la inserción de ingentes consumidores al mercado global, han generado mayores demandas al Gobierno de parte de una población con exigencias crecientes que no están siendo satisfechas.

En términos domésticos, los dilemas actuales giran en torno a las altas tasas de desocupación juvenil, la caída del precio de los alimentos en un país mayoritariamente dependiente de la agricultura, y una política monetaria contractiva para evitar la evasión fiscal, entre otros. Sin embargo, las descriptas temáticas coyunturales solo enmascaran problemáticas estructurales: corrupción bajo estructuras estatales que no proveen servicios públicos adecuados, beneficios exorbitantes a las castas privilegiadas, derechos cercenados a las mujeres, o tensiones religiosas no resueltas, son algunas de las variables que mellan en la posibilidad de generar un salto cualitativo en la calidad de vida de las mayorías.

Bajo la impronta liberal en términos comerciales y financieros, la India como 6ta economía del mundo (crecimiento económico mayor al 7% anual en los últimos años) se muestra como un mercado interno deseado, a lo que se adicionan tentadoras capacidades productivas y de recursos humanos para quienes entienden que desde la India hacia el Oriente se encuentra el escenario ‘vedette’ para con la acumulación de capital en el siglo XXI. En este sentido, su proyección geoeconómica de tinte históricamente regional esta virando a la par de la multilateralidad global, siempre apoyado en su posesión de armas nucleares ante adversarios que entienden a la India como una potencia celosa de su autonomía estratégica y su diplomacia del desarrollo.

¿Se mantendrá Maduro en el poder?

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/se-mantendra-maduro-el-poder-n5012404

Esa es la gran pregunta. Se sabe de la penosa situación económica – que como siempre ocurre, implica culpabilidades tanto endógenas como exógenas -, sumado a un contexto institucional con ribetes dignos de una montaña rusa. Pero además, Maduro no posee plan B. El mejor escenario en caso de su destitución sería el asilo, con potencial extradición, o la prisión perpetua. Para él, sus seguidores y su familia. Ya lo dijo. Va a combatir hasta el final.

Sin embargo, el presidente de Venezuela posee dos variables claves – sino las más importantes – a su favor. Por un lado, el apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas. A la mejora sustancial en términos económicos y para con su status social, se le adiciona una política de fuerte adoctrinamiento ya proveniente de la época del ya fallecido presidente Chávez. Una combinación letal que se torna fundamental para mantener de pie al gobierno.

El otro punto es el apoyo internacional explicito de dos de las principales potencias del mundo, tanto en términos económicos como militares: China y Rusia. Con una lógica expansionista en pos de asentarse fuertemente en una zona del mundo históricamente ajena, pero con un enorme potencial; ya sea tanto por sus objetivos geopolíticos, como geoeconómicos. En este sentido, la doctrina Monroe que obligaba a los países al sur del Rio Bravo a seguir fielmente las demandas de Washington ha sido perforada: en la actualidad, la cambiante dinámica global es potenciada por la complejidad que entremezcla un pragmatismo inteligente con una ideologización traccionada por los partidos de extremas; nutridos estos por votos mayoritariamente provenientes de gobiernos centristas incapaces (por acción u omisión) de proveer respuestas para con las necesidades de las mayorías.
En cuanto a Rusia, Putin es un presidente que no le rehúye al conflicto bélico; más aún, no vería con desagrado una ‘península Coreana’ en la frontera brasileña-venezolana, cuyo marginal costo político de los acallados opositores domésticos, se diluiría por la lejanía que implican los diez mil kilómetros de distancia de Moscú.
Por el contrario, no solo le brindaría un protagonismo más que interesante – porque no con reminiscencias de la gloriosa etapa soviética en Bahía de Cochinos -, sino que también potenciaría sus objetivos económicos vinculados a las materias primas (en Venezuela sus inversiones en el sector hidrocarburífero han rondado los 6000 millones dólares en 2018, mientras las exportaciones de trigo alcanzaron las 600.000 toneladas), pero sobre todo para con la industria militar rusa (la compra de los rifles de asalto Kalashnikov y la adquisición del sistema satelital Glonass por parte de Venezuela han sido parte de los acuerdos de cooperación firmados el año pasado), uno de los bastiones de su macroeconomía. Ya lo ha hecho en Siria: la mantención de Bashar al Assad en el poder es claramente un éxito ruso de provisión armamentística, sosteniendo a un aliado en una zona geográfica de gran relevancia en términos logísticos y de recursos para con los vínculos asiáticos, europeos y norafricanos. Además de ser una región por la cual también quiere transitar China bajo su nueva ruta de la seda.
Pero el gigante asiático también tiene entre sus objetivos el realizar una ruta similar en Latinoamérica en el corto plazo. Unir Nicaragua a través de la construcción del canal, llegando hasta la Venezuela y el Ecuador de los recursos hidrocarburíferos, hasta posarse sobre las materias primas – como la soja o la carne de res – provistas en cuantía desde Brasil y Argentina. Y porque no más allá mirando hacia la Antártida.
Por ende Venezuela no se encuentra excluida de esta lógica economicista de provisión de recursos estratégicos y objetivos de largo plazo: los 28 acuerdos de cooperación en áreas vitales firmados el año pasado entre ambos Estados (en diversos sectores como el petróleo, la minería, la tecnología, la educación o la cultura) dan cuenta de ello. Como suelen hacer en todo el mundo, sin inmiscuirse en la política doméstica venezolana. Salvo que interfieran en sus negocios.

Seguramente no querrán perder los 23.000 millones de dólares que le han otorgado a Venezuela para refinanciar sus deudas y reforzar el maltrecho aparato productivo petrolero. Tampoco los 70.000 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa que han destinado a la economía real de su socio sudamericano. Menos aún que se desactive la acordada empresa mixta Petrozumano, constituida entre Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la China National Petroleum Corporation (CNPC). No podemos dejar de mencionar que de cada tres nuevos barriles de petróleo que se demandan en el mundo, dos son de China. Es entonces totalmente racional que uno de los principales países con reservas petroleras, como lo es Venezuela, tenga relaciones estratégicas con el principal consumidor del mundo.

En definitiva, aún con el paso de los siglos, la obtención y construcción de poder, junto con una ingente y sustentable acumulación de riqueza, continúan siendo los pilares de cualquier gobierno que desea mantener el statu-quo. La Venezuela actual no es la excepción. Para Maduro, un blindaje interno y externo era necesario para sostenerse en el Palacio de Miraflores. La entrega de ambos objetivos a estos actores mayúsculos, le permiten al oficialismo tomar aire y diseñar, por lo menos en el corto plazo, los próximos pasos a seguir para continuar enfrentando los embates de una oposición eminentemente obsesionada por terminar las casi dos décadas de chavismo en Venezuela.

¿Cómo ser parte del juego global? La Argentina y un mundo en transición

Comentario de Pablo Kornblum para el diario La Nación – Enero 2019

https://www.lanacion.com.ar/2211884-como-ser-parte-del-juego-global-la-argentina-y-un-mundo-en-transiciondilemas-de-la-geopoliticaargentina-en-el-mundo-post-cumbre-del-g20

Pablo Kornblum, magíster en Economía de la Universidad de Sidney y doctor en Relaciones Internacionales, evaluó positivamente el G-20 y la actitud del país de “hablar con todos”. Sin embargo, asegura que para materializar lo acordado durante la cumbre -la promesa, al cabo del encuentro, de un total de inversiones por 8000 millones de dólares- hace falta un seguimiento de lo pactado y trabajar para mantener las condiciones internas mínimamente estables.

“Los grandes inversionistas, los que invierten en el país, son los que piensan a largo plazo, y buscan estabilidad. No podemos disociar la política exterior de la doméstica: si cambia el Gobierno y se decide no cumplir con lo que se prometió antes, es un gran problema para la Argentina”, señala Kornblum.

Para el experto, un tema que debería resolver mejor la Argentina es cómo se inserta internacionalmente, si bien el papel que puede cumplir un país no está solamente definido por las intenciones del Estado, sino también por sus capacidades materiales y por una estructura internacional determinada. “Creo que hay una definición latente de que la Argentina quiere continuar siendo el granero del mundo, lo que deja con una falencia todo lo relacionado con la industria. Ha habido una liberalización comercial en las importaciones y eso afectó la industria nacional. Hoy las pymes industriales pequeñas no pueden competir con el extranjero”, explica.

“Argentina vive del campo y por lo tanto tiene que profundizar lo que tiene -agrega Kornblum-. Mostrarse como un país dispuesto a satisfacer las necesidades del mundo. Por ejemplo, demostrar que los productores locales van a poder brindar a China lo que necesita, con las medidas fitosanitarias correspondientes, con un envasado adecuado. Esto se complementa con un país estable y una buena diplomacia”.

El anti Bolsonaro: López Obrador va por el aborto en México

Comentario de Pablo Kornblum para la Revista Noticias – Enero 2019

https://noticias.perfil.com/2019/01/15/el-anti-bolsonaro-lopez-obrador-va-por-el-aborto-en-mexico/

Pablo Kornblum, especialista argentino en Economía y Relaciones internacionales, contextualiza: “AMLO es un cambio de paradigma, político y cultural, y por eso también la propuesta de la amnistía a estas mujeres, que durante el gobierno del PRI hubiera sido impensable”.

La inflación Argentina en 2018

Por Pablo Kornblum para agencia AA Turca de Noticias.

https://www.aa.com.tr/es/econom%C3%ADa/un-amargo-2018-para-argentina-en-materia-econ%C3%B3mica/1351405

La inflación argentina cerrará en torno al 47% el corriente 2018, muy por encima de los propios pronósticos del gobierno de principios de año.
La causa fundamental ha sido la devaluación del Peso argentino de casi el 100% en relación al dólar estadounidense. En este sentido, no podemos dejar de retrotraernos a la raíz de esta problemática: un gran nivel de endeudamiento con su consecuente incapacidad de pago; la utilización de herramientas estrictamente monetarias para multiplicar el dinero – en detrimento de la economía real – bajo un claro proceso de liberalización financiera; una apertura comercial indiscriminada que provocó un fuerte desbalance entre exportaciones estancadas e importaciones crecientes; y un escenario internacional adverso, con tasas de interés en ascenso y una guerra comercial/financiera que provocó temor en los inversionistas globales.
Ahora bien, entrando ya en el terreno del proceso devaluatorio en sí, es evidente que una pérdida de valor del Peso argentino de semejante magnitud derivaría, al menos parcialmente, en incrementos de precios sostenidos y generalizados. Por un lado, gran parte del aparato productivo (industrial sobre todo, pero también agrícola y de servicios), como así también de bienes de consumo masivo, conllevan insumos importados, lo que ha derivado en un automático traslado a precios. Por otro lado, la devaluación encontró más activos a los exportadores (que en la Argentina suelen ser grupos concentrados monopólicos y formadores de precios), ya que reconocen una rentabilidad más atractiva en el extranjero; lo que ha provocado, como consecuencia indirecta, una presión alcista de los precios del mercado doméstico.
No podemos dejar de mencionar el ‘efecto contagio’ que se ha producido en vastos sectores de la economía nacional que requirieron de la compra de material extranjero para producir: invariablemente impactaron en toda la cadena de valor. Ni que hablar el impulso devaluatorio sobre las materias primas estratégicas: el ejemplo del petróleo es realmente relevante, ya que su incremento frecuente de precios, siguiendo el valor internacional, ha mellado en toda la economía Argentina. Finalmente, un punto no menor es el ‘efecto imitación’, combinado con la tradicional puja distributiva y la necesidad de mantener el salario real sin perder poder adquisitivo. La relación de los trabajadores con sus pares de otros rubros, o mismo la incapacidad de compra por parte de vastos sectores de la población, han generado tensiones sociales y, como mínimo, inevitables reaperturas de paritarias.
En definitiva, la devaluación y sus efectos colaterales han provocado un crecimiento de precios descontrolado en la Argentina durante todo el año 2018. Solo cabe mencionar – y destacar – el ‘tapón de contención’ que ha permitido mitigar el círculo vicioso inflacionario: el ingente financiamiento del FMI (léase el apoyo de Estados Unidos para evitar un caos regional – sobre todo dado que el acuerdo se realizó antes de mitad de año, cuando Lula marchaba primero en las encuestas y Maduro comenzaba a buscar desesperadamente el apoyo ruso y chino -) y seguidamente el Swap con China (menos oneroso pero no menos importante, en un escenario donde la potencia asiática desea continuar expandiendo sus tentáculos en Sudamérica en pos de abastecerse de recursos estratégicos y posicionarse como un ‘aliado de confianza’ de Argentina), han generado cierta morigeración de la devaluación y por ende de los incrementos de precios. Evidentemente, las dos grandes potencias económicas mundiales, bajo una impronta geopolítica vigorosa, han ayudado a la Argentina a que el proceso inflacionario no sea aún más grave de lo que fue en el año que está por concluir.