China: profundizar la cercanía que quedó del kirchnerismo

Entrevista a Pablo Kornblum – Diario La Nacion

http://www.lanacion.com.ar/1984102-china-profundizar-la-cercania-que-quedo-del-kirchnerismo

El vínculo comercial y financiero entre la Argentina y China se intensificó cuantiosamente en los últimos años y el gobierno de Mauricio Macri intentará mantenerlo y expandirlo. Pero Pekín representa hoy dos incógnitas para el país. Por un lado, en términos económicos, una ralentización del crecimiento del gigante asiático podría tener un impacto en nuestro país debido al nivel de interdependencia alcanzado. Por el otro, si se habla de política, el fuerte acercamiento reciente con Estados Unidos dejaría el país en el medio de dos potencias con rivalidad en aumento.

Así lo describió a LA NACION el director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), Pablo Kornblum. “El esquema que empezó con el kirchnerismo continuó porque se trata de una relación pragmática. Lo que puede hacer que la relación gire es el vínculo con EE.UU.”, sostuvo. “[Donald] Trump busca en China un enemigo y la Argentina quedaría frente a una dicotomía de tener que elegir un aliado”, agregó.

Sin embargo, hay una ventaja, según el analista: “Como somos un país todavía alejado del mundo, no estamos en el eje de la tormenta de la geopolítica de la pelea entre EE.UU. y China. Podemos jugar pragmáticamente con uno u otro”.

La Casa Rosada acordó con Pekín reducir el déficit comercial -en rojo para la Argentina- principalmente apelando a la llegada de más turistas chinos. Pero para Kornblum se necesitará más que eso. “Tiene que haber un cambio de paradigma, que no creo que haya. Se quiere profundizar el modelo agroexportador y de a poco ir avanzando en otras áreas de la economía, pero que éstas sean lo suficientemente competitivas para el mercado chino es una utopía, demoraría años”, explicó.

Con la estrategia de encontrar nuevos mercados, el Gobierno ya busca en el sudeste asiático, pues China se convirtió en el motor de la región. “Ahí hay mini-Chinas”, ejemplificó Kornblum. Y agregó: “Sería tonto no mirar hacia allá”

OPINIÓN – Trump encabeza una política hostil hacia América Latina

Por Pablo Kornblum – Para Agencia de Noticias Sputnik, 23 de Enero de 2017

* TRUMP * EEUU * CASA * BLANCA * ESPAÑOL * LATINOAMÉRICA *
Buenos Aires, 23 ene (Sputnik).-La eliminación del contenido en español de la página web de la Casa Blanca apenas investido el presidente Donald Trump muestra una política hostil hacia América Latina, dijo a Sputnik Nóvosti el experto argentino en relaciones internacionales Pablo Kornblum.

Esto desvela “una política hostil en la apertura de Estados Unidos a América latina”, indicó Kornblum, doctorado en relaciones internacionales y director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales.

La iniciativa de la nueva Administración a poco de haber asumido pretende ser coherente con “las promesas de campaña que hizo Trump”, recordó el experto.

La medida “tiene que ver con cuestiones ideológicas, de inmigración, de reconsiderar lo que podría ser perjudicial para la balanza comercial de Estados Unidos”, enumeró Kornblum.

La reacción del nuevo Gobierno muestra que Trump “quiere ponerse firme ante la comunidad inmigrante en general”, constató.

Por eso el mandatario retiró este lunes la firma que había estampado su antecesor Barack Obama del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), del que formaban parte 12 países, incluidos México, Chile y Perú.

También este lunes, frenó la importación de limones del noroeste argentino que el Gobierno de Obama había concedido un mes antes.

Para Kornblum, Trump “intentará negociar con los grandes actores que le interesan a nivel internacional, en especial con Rusia como aliada, y con China como enemiga”.

Los latinoamericanos no interesan en términos económicos y tampoco son el principal aliado político de Trump, según el experto.

“México, que representa lo negativo (maquilas, inmigrantes que trabajan en el campo) es el patio trasero”, observó.

Aunque es la región más cercana a Estados Unidos, América Latina quedará relegada a un segundo plano, porque “no representa un mercado en el que tenga Estados Unidos tenga prioridad”, añadió el argentino.

En términos generales, Trump se llevará bien con aquellos países que consientan con sus políticas, siempre que accedan a los intereses económicos del actual Gobierno, mientras por el contrario, el presidente recurrirá a la denostación ante quienes no estén interesados en secundarlo, concluyó. (Sputnik)

 

 

Escenario para el Desarrollo Argentino

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56577015/n-6-diciembre-2016

• La problemática económica no es solo económica, y es estrictamente necesario un consenso social y productivo sostenido por políticas de Estado e Instituciones sólidas para salir de la trampa de los países de ‘ingreso medio’.
• La ayuda externa para salir de la trampa del ‘ingreso medio’ (inversiones directas estatales y privadas, y liquidez a bajo costo), dependerá de cómo se utiliza; sin ayuda – por ejemplo de las grandes potencias como Estados Unidos o China -, se deben realizar políticas económicas audaces que requieren de una coyuntura muy favorable y esfuerzos endógenos de tinte económico, político y cultural.
• No hay un solo camino al desarrollo. En este sentido, las condiciones históricas, culturales, demográficas y geográficas endógenas y exógenas, generan un pensamiento nacional que debe ser moldeado dinámicamente.
• En la situación global actual raramente se ven negociaciones sustentables en tandas o bloques de dos o tres países que se unen para favorecerse en determinada coyuntura. Los acuerdos bilaterales o entre bloques económicos (o un mix de ambos) son los que más han avanzado hasta el día de hoy. Más aún cuando históricamente ha habido enormes diferencias en las políticas macroeconómicas – y su consecuente coordinación – entre la Argentina y Brasil.
• Desde mi punto de vista a relación política con las provincias, con importantes derivaciones económicas, no debe ser una excusa para con el cuidado el Medio Ambiente. La discusión se debería centrar en si es necesario continuar exprimiendo económicamente los recursos en detrimento de la naturaleza, en términos relativos a los tiempos requeridos para realizar un cambio productivo hacia economías más verdes.
• La reacción de las democracias capitalistas occidentales ante el avance de las extremas, izquierda y derecha, son un espejo y un contrapunto de cuidado. Sus exigencias anti-sistema que rozan ciertos márgenes de tolerancia social y ética, les quitan a las elites pro-sistémicas un importante margen de maniobra.
• Se debe poner el eje en las expectativas para estimular la inversión privada, ya que los Estados se encuentran constreñidos con demandas crecientes. Ello implica altos niveles de credibilidad y consenso político con el mercado nacional e internacional.
• La sustitución tecnológica por parte de las máquinas es una temática estructural que ya se está discutiendo en los países desarrollados y debe comenzar a tratarse en nuestro país lo antes posible, dada su interrelación con variables claves como la educación y la productividad.
• Para que los vaivenes cíclicos de los actores no sean el ‘perdí ayer por lo que debo ganar hoy’, se deben tratar de minimizar las fluctuaciones y socializar de antemano las ganancias y pérdidas entre todos los actores económicos. En este sentido, las transiciones productivas hacia economías más inteligentes no tienen que ser pensadas por el ‘costo político’ de corto plazo, sino por las potencialidades a futuro.

Situación económica de Venezuela

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56388091/n-5-noviembre-2016

• La inflación (en torno al 500% anual) y escasez (principalmente de alimentos y medicinas básicas), continúan con su tendencia creciente. La emisión monetaria sin respaldo no se ha frenado, por lo que la demanda desesperada de los pocos bienes – mayoritariamente de primera necesidad – que se pueden adquirir, retroalimenta el círculo vicioso.

• El Gasto Público/Social (pasó de ser el 25% del PBI a principios de los años 2000 a ser casi la mitad del PBI en 2014), incluido frecuentes incrementos salariales, se han convertido en parches recurrentes de corto plazo que potencian el proceso inflacionario. También el déficit fiscal, acompañado por una caída del PBI de alrededor de 8%, continuaría su brecha creciente.

• Las expectativas no eran tan negativas como la situación en sí. A continuación se observan los pronósticos del FMI, un Organismo alejado ideológicamente de las políticas venezolanas, tenía a principios de año expectativas ‘menos negativas’ de lo que efectivamente luego ocurrió (como una inflación que largamente excedió el 200% anual).

• La expropiación de empresas no ha logrado revertir las capacidades productivas. Mismo PdVSA ha incrementado sus costos operativos, reduciendo una rentabilidad necesaria para pagar una creciente cantidad de programas sociales. En el gráfico a continuación se observa claramente la pendiente negativa en términos de exportaciones de crudo venezolano.

• El control y las nacionalizaciones han sido contraproducentes al crear un ambiente de inversiones negativo para aquellos que no se encuentren aliados al gobierno; sin ir más lejos, en el año 2015 el gobierno, mediante una reforma a la Ley de Precios Justos, estableció explícitamente un margen máximo de ganancias de 30% para los productores y 20% para los importadores. En el mimo sentido, en términos de infraestructura, la falta de inversiones ha causado una crisis de abastecimiento de los servicios públicos esenciales (sobre todo la carencia de agua y electricidad).

• El tipo de cambo es otro aspecto que estimula la especulación y el incremento de precios. Sobre todo porque cada vez son menos la cantidad de bienes importados a dólar protegido (Dipro, que incluye a la bienes esenciales como medicamentos, alimentos, insumos básicos), con la discursiva de la necesidad imperiosa de administrar y asignar las divisas a un tipo de cambio fijado por el gobierno (entre 10 y 15 Bolívares por Dólar). Otros bienes y sobre todo servicios se importan a dólar Dicom (pago de tarjetas de crédito, viajes al exterior, insumos y bienes de capital para empresas), a un valor aproximado a los 600 Bolívares por Dólar. Todo ello en medio de un férreo control de precios. El dólar paralelo, por su parte, se sitúa por encima de 1.000 Bolívares.

• Las distorsiones generadas por la descripta gran diferencia entre los diferentes tipos de precio del dólar, conllevan a la quiebra de buena parte del aparato productivo a través de la falta de insumos (las importaciones han caído un 40% el último año), la escasez de financiamiento lógico, y la incertidumbre en la cadena de valor (las empresas venezolanas se encuentran operando en alrededor del 35% de su capacidad), entre otros.

• Cabe destacar que PdVSA se encuentra obligada a vender sus ingresos externos al Banco Central de manera exclusiva (unos 115 mil millones de dólares durante el período 2005-2013). El inconveniente que surge es que los precios del petróleo no se han recuperado de su pico en torno a los 120 dólares el barril del año 2008, con expectativas de mantenerse en torno a los 50 dólares en el corto plazo (sobre todo ante la desaceleración china, el estancamiento europeo, y los replanteos financieros/comerciales a nivel internacional).

• No se han observado señales que demuestren la voluntad de un cambio productivo real; más bien se busca afianzar el proceso de acumulación basado en la redistribución de la renta petrolera y otros recursos naturales (como los mineros). Sin embargo, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Jesús Farías, subrayó el mes pasado que ante la baja de los precios del petróleo, Venezuela está obligada a ir hacia un nuevo modelo económico productivo para la diversificación del ingreso en divisas.

• Los acreedores, chinos y otros aliados ideológicos/técnico-pragmáticos demandan a Venezuela una política económica que, corrigiendo distorsiones como las del tipo de cambio, permitan principalmente mantener la capacidad de crédito del país y se garantice, sobre todo, la tasa de retorno de los préstamos otorgados (para el sector de hidrocarburos y otros) y por otorgar. Con otros socios económicos pragmáticos clave, principalmente los Estados Unidos, la caída del intercambio es drástica: mientras que en el año 2012 Venezuela le exportaba a los Estados Unidos un monto cercano a los 38 mil millones de dólares, en el año 2015 ese número descendió a 23 mil millones de dólares.

• Petrocaribe, el bastión de la diplomacia que ofrecía petróleo venezolano subsidiado y crédito a bajo costo para las naciones de la región (de gran relevancia económica y sobre todo financiera para Estados pequeños y con bajos niveles de desarrollo), se encuentra en franco declive. Varios países centroamericanos dependientes (como Republica Dominicana, Nicaragua, mismo Cuba, etc.), ya están buscando alternativas en otros países productores de hidrocarburos.

• Con la salida de los anteriores gobiernos aliados de Argentina y Brasil, sumado a la inestabilidad política venezolana, se caen una diversidad de acuerdos financieros, comerciales y productivos entre Venezuela y el resto de sus socios del Mercosur. Ello se ha visto reflejado en los desentendimientos diplomáticos de la Unión Aduanera que se han generado en los últimos meses, lo que ha generado aún más incertidumbre en el mediano plazo.

• Las restricciones crediticias que afronta el Gobierno de Venezuela se intensificaron incluso después de los desesperados canjes de deuda realizados por la petrolera estatal PdVSA y el gobierno venezolano, lo que implica restricciones financieras externas significativas y crecientes. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha insistido en que su Gobierno cumplirá con todos los pagos de deuda.
• Hasta el momento, Venezuela ha pagado todos los vencimientos de deuda externa, pero sus reservas se encuentran cercanas a un piso histórico de 10.000 millones de dólares, a la vez que se acercan los vencimientos de capital e intereses de corto plazo. Aunque Venezuela evitaría un default el corriente año 2016, no tendría margen de maniobra en el mediano plazo (con inconvenientes crecientes hacia finales de 2017 o principios de 2018, donde se tienen vencimientos combinados de capital e intereses por US$15.000 millones).

• El crecimiento de la pobreza (se calcula que con la inflación actual el 65% de los venezolanos se encuentra en esta situación) no solo genera mayores tensiones sociales, sino que además tiene un profundo impacto en términos de gasto social creciente y baja productividad ciudadana en el mediano y largo plazo. El presidente Maduro anunció que el 70% del presupuesto nacional para el año 2017 estará dirigido a la inversión social, sobre todo en términos de proyectos socio-económicos (educación, vivienda y salud principalmente). Pero dado el escenario macro y microeconómico expuesto, sería solo un paliativo insuficiente.

Apreciaciones:
• Dada la coyuntura actual, ya es tarde para cualquier cambio productivo necesario de mediano y largo plazo, tanto para generar mayores eficiencias/eficacias en PdVSA, como para el desarrollo de las industrias sustitutivas de importaciones, sobre todo de bienes de primera necesidad.
• Se necesita un cambio de expectativas que revitalice el aparato productivo y sobre todo el flujo de liquidez que estabilice la macroeconomía para que el gobierno se sostenga política y socialmente. La problemática se centra en que un cambio estructural del aparto productivo se suele llevar a cabo en escenarios de bonanza para tener capacidad de accionar; contexto alejado de la realidad actual.
• Según la retórica gubernamental, la “Guerra Económica” librada por empresarios y comerciantes, está detrás de las prácticas especulativas y la formación de precios que derivan en altos niveles de escasez e inflación. Sin embargo, la retorica ideológica se encuentra enmarcada en los límites sistémicos del capitalismo; que el gobierno claramente solo está dispuesto a jugar a través de un ‘capitalismo de amigos’ que tampoco dará las respuestas apropiadas.
• El escenario negativo se potencia con el endeudamiento externo creciente para pagar deuda, gasto corriente e insumos básicos. Los canjes de deuda solo dilatan más los tiempos económicos, que contradictoriamente son tiempos que el nivel político no tiene. Los acreedores saben que Venezuela continuará pagando hasta que no tenga más dinero. Pero el escenario no es sostenible más allá del corto plazo.
• La Argentina, a pesar de su lógica aperturista actual, debería esperar un escenario político más estable para avanzar en cualquier tipo de nuevos acuerdos económicos beneficiosos. La globalización permite avanzar en todos los mercados; sin embargo, los permanentes reacomodamientos económicos y financieros a nivel global deben comprenderse cabalmente para evitar inmiscuirse en escenarios problemáticos que generen fuertes perjuicios de corto plazo.

Sectores Clave del Océano en Argentina

Por Pablo Kornblum

Los 3 sectores que se evalúan en el mediano/largo que tienen mayor potencial económico, generación de empleo y divisas, son el Hidrocarburífero, la Acuicultura y la Energía Oceánica.

Ello se debe a que el resto de los sectores ya han sido en parte desarrollados por el sector privado, dada especialmente la facilidad de implementación – con fuerte vínculos terrestres – y rentabilidad. Los desarrollos que se expondrán requieren mayores economías de escala con una gran inversión de corto plazo para un eje marítimo complejo. De aquí la importancia del rol del Estado.

A continuación se describe brevemente el escenario situacional de estas áreas:

HIDROCARBUROS

Las cuencas marinas de Argentina tienen un área de 1.227.568 km2 y prácticamente la tercera parte se encuentra a menos de los 200 metros de profundidad del Mar Argentino. Argentina cuenta con 11 cuencas que han sido exploradas en mayor o menor medida en diferentes momentos históricos y con resultados diversos. En la actualidad, prácticamente todas las cuencas marinas de hidrocarburos se encuentran improductivas, con excepción de la Cuenca Austral, principalmente gasífera (al producir su offshore el 15% del gas natural del país). También se ha puesto foco en la Cuenca del Golfo San Jorge, aunque los resultados no han sido positivos en términos de potencial rentabilidad.

Según el Sistema de Información Geográfica de la Secretaría de Energía, al presente se han tendido líneas sísmicas 2D en las cuencas marinas Austral, San Jorge, Malvinas y Colorado.

La realidad es que la mayor parte de las Cuencas Marinas de Argentina se encuentran sin explorar bajo sistemas de registración sísmica capaces de localizar con precisión media o alta potenciales yacimientos de petróleo y gas natural. La instrumentación de mejores líneas y mallas en dos dimensiones como la adquisición de estudios prospectivos en tres dimensiones supondría de por sí un primer gran impulso para la actividad offshore nacional.

En este sentido, las exploraciones 3D han sido escasas por su costo (10 mil dólares el Kilometro Cuadrado aprox., dependiendo del precio coyuntural del commodity). Sólo una campaña de sísmica 3D de las principales cuencas tendría un costo que oscila entre los 1.000 y 3.000 millones de dólares. Por lo tanto, la posibilidad de que el servicio pueda realizarse con compañías nacionales supondría no solo un importante ahorro de divisas, sino también un estimulo para el desarrollo de proveedores locales de estos servicios y tecnología.

A partir del “Plan Exploratorio Argentina”, YPF se ha propuesto iniciar la exploración de la Cuenca del Colorado y del margen norte de la Plataforma Continental Argentina y relanzar la exploración en las cuencas Austral y Malvinas Occidental, estimando recursos costa afuera por 688 MBOES. Estos números no serian diferenciadores para generar un cambio de paradigma a nivel internacional; sin embargo, las potencialidades sin explorar en un escenario de máxima podrían generar un salto económico cuantitativo superador para las arcas de nuestro país.
Sin embargo, siempre cabe recalcar que una vez realizados los estudios de sísmica, la probabilidad de encontrar hidrocarburos en el prospecto offshore es aproximadamente del 15%. Para que este número pueda verificarse a posteriori, será necesario hacer una cantidad de pozos posiblemente en el orden de varias decenas para poder encontrarlo. En definitiva, la inversión necesaria es significativa y se ha verificado incluso en los casos exitosos – como el de Presal en Brasil – que se requieren muchos intentos para garantizar el éxito. Por lo tanto, más allá de la Cuenca Austral, la única con producción al presente, la exploración offshore se vuelve de frontera y alto riesgo.

Por el contrario, el factor de riesgo podría cubrirse – al menos parcialmente -, por las economías indirectas que podría generar el desarrollo de una industria nacional de alta tecnología y valor agregado, proveedora de servicios de exploración, desarrollo, producción y explotación de estos recursos off-shore. Para citar un ejemplo, los pozos offshore de alta profundidad – desde más de 500 metros – requieren de servicios productivos y logísticos de alta complejidad para su producción, ya sea a través de buques especializados como de embarcaciones de transporte, helicópteros de traslado y un conjunto de medidas de salvaguarda ambiental que hacen de la producción offshore una cadena de valor de servicios complejos, con necesidad de recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera.

En cuanto a las inversiones necesarias, el costo operativo diario de un pozo offshore en aguas profundas a 1.500 metros de profundidad es aproximadamente 1 millón de dólares, descomponiéndose una mitad en equipamiento y la otra en salarios y logística. Para que este pozo sea rentable debería producir 9 mil barriles por día (22 mil con los precios actuales) y no menos de 5 mil para que se cubra solamente la inversión en infraestructura (4 mil adicionales para cubrir el costo de operación). Se debe tener en cuenta que un pozo del Presal brasileño a 2 mil metros de profundidad produce 40 mil barriles diarios.

Finalmente, los escenarios de reservas y de explotación de los hidrocarburos parten de considerar un período de explotación de 30 años con un esquema de explotación bajo en los primeros años y alto en los años de juventud y madurez de los pozos. Los estudios de la Secretaria de Energía e YPF indicaron que podría haber entre 4 mil y 32 mil millones de barriles potenciales, aunque la realidad conservadora (los 688 millones previamente mencionados) sobrepasa cualquier tipo de predicción.

Pero con un ingente proceso inversor que potencie el rol del Estado y sus derivaciones en el sector privado, que incluya criterios sólidos para la asignación de bloques de exploración, el favorecer el desarrollo de estudios de sísmica 3D, incentivar el involucramiento de proveedores nacionales para la industria del petróleo y gas, realizar un seguimiento de la evolución y perspectiva de precios del petróleo y gas de mediano plazo, sostener el rol de YPF en la exploración offshore y alcanzar la sustentabilidad ambiental de la industria, en los próximos 30 años Argentina podría generar hidrocarburos por un valor que va desde los 108 mil millones de dólares a los 7,5 billones de dólares.
ENERGÍA OCEÁNICA

El potencial de desarrollo de proyectos de inversión en energía marina – especialmente mareomotriz – surgida de las corrientes de mareas (pleamar y bajamar) -, y la energía undimotriz – vinculada al oleaje superficial -, podrá contribuir al sistema eléctrico nacional y la creación de eslabonamientos hacia atrás y adelante al interior de su cadena de valor. Además podrían surgir ahorros en una primera etapa de una disminución en la importación de gas y luego petróleo.

Para el corto plazo, el objetivo podría ser el abastecimiento por medio de la energía oceánica en clave regional y dirigida a establecimientos específicos: auto suministro eléctrico, producciones pequeñas, actividades económicas locales (por ejemplo, maricultura). A largo plazo, contando ya con un propicio know-how, debería entonces abocarse sí a la incorporación de la energía marina a la red eléctrica nacional a través del concreción de proyectos de mayor envergadura.

A priori podría aportar desde 10.000 MW hasta un potencial de máxima de 40.000 MW. Si consideráramos la estimación intermedia de 20.000 MW, esta potencia prácticamente duplica la del sistema hidroeléctrico nacional (11.108 MW) en la actualidad (CNEA, agosto de 2015), es más de seis veces la presentada por la Represa de Yacyretá (3.100 MW), y veintinueve veces los 692 MW aportados por Atucha II.

Si turbinas que generen 20 KW (0,02 MW) por metro se instalaran sobre una costa marítima de cuatro mil kilómetros de longitud ofrecerían de potencia 80.000 MWh. Como las turbinas operan por el cambio del nivel del mar (la plataforma continental argentina posee ondas semidiurnas de marea: dos pleamar y dos bajamar), en funcionamiento 10% del día, en un año (876 horas) se crearían 70.080.000 MWh, más de la mitad de la generación bruta nacional de 2014 (135.737.600 MWh).

El principal desafío de generar energía eléctrica a partir de la energía marina es el alto costo del megavatio que presenta en relación a otras tecnologías, que se ubica en torno a los 9 mil dólares por KW.

La amplitud de marea se extiende, con variaciones en su envergadura pero sosteniendo el potencial a lo largo de la costa Patagónica. En particular, el Golfo de San Jorge y el Golfo de San José, en la provincia de Chubut, presentarían condiciones excepcionales para la instalación de turbinas hidráulicas en el istmo mencionado para el aprovechamiento de las energías de las mareas que son las de mayor continuidad.

La realización de estudios para la medición de mareas en lugares específicos para la instalación de turbinas y equipos aparece como un primer paso previo a la posibilidad de generar energía. En una primera etapa se podrían instalar alrededor de 20 boyas en zonas costeras en lugares considerados de mayor factibilidad previa para estudiar las mareas. Se estima que el costo unitario de estas boyas está en el orden de los 15 mil a 20 mil dólares, totalizando una inversión máxima de 400 mil dólares. Estas boyas podrían desarrollarse parcial o totalmente en Argentina.

Si bien las investigaciones que deben realizarse aún limitan las posibilidades de desarrollo inmediato de la energía mareomotriz, se estima que en un horizonte de dos años podrían tenerse relevados los principales sitios de instalación de turbinas y comenzar una posible generación. La mayor inversión se encuentra en la conectividad de la energía con la red eléctrica nacional. Debe considerarse que la distancia desde la costa hasta la red eléctrica en varias áreas de la Patagonia puede ser superior a varias decenas de kilómetros.

En el mientras tanto pequeñas centrales de prueba para los próximos años podrían suministrar energía para otros proyectos vinculados a distintas actividades marinas, tales como granjas “greenhouse”, para abastecer necesidades de sitios de acuicultura marina, poblaciones y ciudades costeras, etc.

Con investigaciones precisas y el testeo de prototipos de equipos que puedan desarrollarse con tecnología nacional, en el transcurso de una década la producción de energía de esta fuente podría alcanzar los 250 MW/hora, que al nivel de tecnología y consumo actual promedio de la población en Argentina, equivaldría a abastecer una ciudad de 200 mil habitantes, o el equivalente a cerca del 0,5% del consumo energético nacional.

Por otro lado, una estimación total de la máxima capacidad que podría tener la Costa Argentina para la generación de energía undimotriz – a partir del movimiento de las olas – parte de la generación de una relación, con la tecnología disponible, de 20KW/hora por metro de costa. Debe considerarse que el movimiento de las olas puede no alcanzar la velocidad necesaria para que la turbina genere energía, por lo que la estimación requiere considerar que el tiempo de generación podría no ser superior al 10% del tiempo total. Asimismo, la instalación de estos equipos debe estar en zonas cercanas a la costa, lo que supone una limitación para su explotación mar adentro.

El cálculo, teórico y de máxima con la tecnología actual disponible, llevado a la longitud de la costa atlántica Argentina sería el siguiente:

Cómo se observa a continuación, el potencial económico de la energía mareomotriz va desde los 450 millones de dólares en la próxima década a los 28 mil millones de dólares en el largo plazo. El desarrollo tecnológico futuro tendría un impacto considerable en la velocidad con la cual esta industria podría crecer, tanto las que permitan disminuir el costo de la generación como aquellas que reduzcan la inversión inicial.

Cabe destacar el ahorro de divisas generado por la energía mareomotriz al reemplazar la importación de petróleo y gas, permitiría que a futuro que estas se complementen, se desarrollen y alcancen saldos exportables (a través de Vaca Muerta, por ejemplo). Se considera una relación de conversión de 1 barril de petróleo equivalente = 1700 Kw.

La energía mareomotriz podría generar en la próxima década energía para más de 200 mil habitantes o para proyectos vinculados a las actividades oceánicas. En el largo plazo, y con los futuros desarrollos tecnológicos que disminuyan el costo de generación y de la inversión por megavatio de capacidad, el potencial de la tecnología es muy significativo tanto desde la actividad económica como también desde el potencial ahorro de divisas que generará.

Para ello se requiere un rol estratégico del Estado en tanto al relevamiento de las mareas, el testeo de equipos desarrollados para la generación de energía, la articulación de la producción con la demanda energética local y/o nacional, la creación de una logística y conectividad con la red del continente, y finalmente, la elaboración de un diagrama sistémico del sector.

ACUICULTURA MARINA

En la Costa Atlántica se identifican 19 sitios donde se desarrollan o se han desarrollado cultivos marinos. Son emprendimientos a nivel costero sobre todo de mejillones y vieiras en Rio Negro, Santa Cruz y Chubut, tanto de índole privado, mixto (con subsidios estatales) y a través de cooperativas. También se están desarrollando posibilidad de criar Mero Austral o Centolla. En principio, habría un amplio espectro de especies, valores y potencialidad de cría que varía según su dificultad y valor económico.

Sin embargo, la mayoría de los proyectos no cuenta con más de 15/20 empleados, son de muy baja escala comercial y productiva, y sin capacidad de exportación (el volumen de acuicultura generado a nivel nacional – en el orden de las 4 mil toneladas y que incluye la cría de especies de agua dulce – no se exporta).

Un punto a trabajar es el acceso restringido por vía terrestre y una escasa o nula disponibilidad de servicios, lo que dificulta la producción. Otro de los grandes desafíos de esta actividad es la captación de semillas juveniles. La colocación de colectores, es decir las estructuras para captar semillas, determina que la cantidad de semillas juveniles obtenidas sea adecuada para las actividades subsecuentes.

Se le adiciona además el obstáculo ante la escasa factibilidad de cultivar con mareas fuertes. Las mareas de Argentina no son las que tienen Brasil o Chile, lo que complejiza la tecnología de cultivo, particularmente en lo que es acuicultura costera.

Además, la tecnología de acuicultura con jaulas sencillas con armazón y bolsa no sería factible de ser utilizada. Por otro lado, la Argentina tiene costos de insumos (alimento balanceado) y de mano de obra elevados en comparación con otros países; ello dificulta el surgimiento de proyectos, en particular, aquellos de escaso volumen productivo.Todos estos factores aún no parecen haber sido superados por los principales productores.

Por el contrario, el verdadero potencial de la Argentina está en la acuicultura offshore con especies como el Salmón Atlántico. El desarrollo de la acuicultura multitrófica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) – práctica que permite utilizar los residuos de una especie en fertilizante para el desarrollo de otras en el ámbito de una misma “jaula” o “granja marina” – presenta un potencial muy grande debido a que disminuye los costos de transporte y de los insumos para la producción. En este sentido, Argentina lidera el ranking de países con más superficie para la IMTA de Salmón Atlántico y Mejillones, con casi 6.000 kilómetros cuadrados de extensión.

Sin embargo, el horizonte temporal para alcanzar la explotación comercial debe considerar la necesidad de invertir en infraestructura para dar respuesta a las demandas de la actividad, el desarrollo de emprendimientos offshore y las condiciones que permitan garantizar la rentabilidad de estas iniciativas.

El potencial para los próximos años podría alcanzar hacia 2025 un valor progresivo cercano al 1% de la superficie con condiciones productivas para la IMTA (58 km2) y la comercialización iniciando a partir del quinto año de la década (2020).

Estimando que durante los primeros cinco años sería necesario desarrollar infraestructura portuaria, servicios logísticos e inversiones para la puesta en marcha de emprendimientos piloto – lo que considera sólo 5 años de operaciones y una explotación inicial del 0,1% de la superficie potencial desde 2020 – el escenario para el período 2015-2025 se resume en la siguiente tabla.

Una vez alcanzado este volumen de producción, podrían trazarse escenarios de mayor cobertura en términos de superficie, incorporando la acuicultura marina no multitrófica con eje en la tercera década de este siglo. Los escenarios – Bajo, Medio y Alto – refieren a la posibilidad de desarrollar la acuicultura en el 1% (bajo), 5%(medio) y 10% (alto) de la superficie potencial identificada, incorporando además la superficie no apta para multitrófica. En el caso del Mejillón, se estimaron también los valores potenciales de generación de ingresos sobre aguas óptimas de superficie, temperatura y corrientes, y aguas sub-óptimas.

En definitiva, el potencial económico de la acuicultura marina va desde el 12% a más del 100% del PBI Argentina de 2014 basado fuertemente en desarrollos offshore. Si bien requiere la inversión en infraestructura y el testeo de cultivos piloto, la actividad podría tener lugar en un horizonte de tiempo no muy lejano, un trascendente impacto sobre el PBI, el empleo y la generación de divisas.

Para ello se requiere trabajar sobre la generación de información apropiada de áreas factibles de explotación y recursos disponibles, analizar los segmentos y nichos de mercado de las especies disponibles, lograr el funcionamiento de un marco normativo acorde para el estímulo a la inversión, generar el acceso a tecnología para el desarrollo de granjas marinas, concatenar de manera apropiada la logística productiva y, como corolario de un novedoso proceso superador, elaborar un proyecto productivo modelo representativo del sector.

CONCLUSIONES

El Estado debe ocupar el lugar que no lo hace el mercado, ya sea por cuestiones de complejidad, rentabilidad, conveniencia en otros sectores, o una combinación de todos ellos. La energía oceánica, la producción hidrocarburífera offshore y la acuicultura marina se encuentran en estos casos.

Ello no implica que el Estado no reciba sus beneficios. Un importante ahorro de divisas, el estimulo para el desarrollo de proveedores locales, una cadena de valor de servicios complejos, recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera generan amplios beneficios para el empleo y el mercado interno. La complementación entre el sector público y privado, el rol de las cooperativas, y la posibilidad de combinar los éxitos en las industrias (complementando y potenciando el sector hidrocarburífero y la energía proveniente del mar/océano), también son ejes superadores que le brindarían al país un salto cuantitativo y cualitativo.

Como contraparte, los beneficios son potenciales, bajo un alto nivel de incertidumbre/riesgo en términos de objetivos e intereses que se alcanzarán. En este sentido, la probabilidad de éxito en los procesos a veces no supera el 20%, y el tiempo de espera de retorno económico supera décadas, lo que implica la necesidad de mantener políticas de Estado que sobrepasen los gobiernos de turno. Las inversiones (sobre todo en términos de infraestructura) son fundamentales pero altamente costosas en términos de las erogaciones fiscales, con los costos políticos y sociales que pudieran generar.

En definitiva, la potencialidad a futuro, derivada del punto de inflexión que implica empezar desde la nada, conlleva a que se necesiten ingentes cantidades de dinero – con su dificultosa asignación prioritaria -, una decisión política de desarrollar verdaderamente la economía del mar argentino más allá de la coyuntura, y un necesario y solido trabajo técnico cohesionado entre todos los Organismos del Estado y su complemento con el resto de los actores interesados para que el Océano y los Mares sean una fuente de recursos sustentable para la economía argentina del futuro.

Análisis del Estudio Preliminar para la Estimación del Potencial Económico del Océano en Argentina

Por Pablo Kornblum

Argentina posee más de 5.000 kilómetros de costa sobre su territorio continental y nuestro mar se extiende en una superficie equivalente casi al 50% de su territorio continental, lo que refleja el importante potencial para su conservación y aprovechamiento económico. Cabe destacar que el sustento de las estimaciones del estudio se realizó sobre la base del desempeño pasado reciente, la cual fue validada con informantes clave cuando fue posible.

Según el trabajo, el impacto de la economía oceánica en la generación de divisas podría ser determinante para superar la histórica restricción externa argentina, así como también para apuntalar en materia científica y tecnológica otros sectores de la industria nacional, tales como la industria naval, la producción de bienes de capital y un amplio abanico de tecnologías vinculadas a la explotación de hidrocarburos, energía oceánica, acuicultura, la industria farmacéutica y la de biocombustibles.

Como complemento, sería fundamental que el Estado garantice a través de regulaciones y normativas la sostenibilidad ambiental del océano para que las actividades prospectadas puedan desarrollarse sin afectar el valor social y ambiental del océano y sin disminuir el potencial económico de otros sectores. El estudio efectuado consideró este supuesto de conservación y sustentabilidad ambiental para el cálculo económico.

En este sentido, se podrían generar impactos muy significativos en materia de desarrollo local y regional en las ciudades de la Costa Atlántica Bonaerense y Patagónica. Por ejemplo, en una primera etapa podría generar su propio abastecimiento de energía eléctrica a través de la energía mareomotriz e incluso abastecer parcialmente el resto del país, ampliar las reservas de hidrocarburos reduciendo la dependencia de importaciones de energía o desarrollar su potencial en materia de acuicultura que permitiría la exportación de salmón y mejillones con un impacto significativo en la generación de empleos locales.

Además, el crecimiento del turismo podría favorecer las corrientes migratorias de trabajadores calificados desde los grandes centros urbanos hacia ciudades más pequeñas con un importante impacto en el desarrollo local, así como otras actividades de alta calificación técnica que deban ser desarrolladas en forma cercana a los sitios productivos.

El análisis arrojó un potencial económico de estos sectores relacionados para los próximos 20 años de 216 mil millones de dólares de ingresos, 170 mil nuevos empleos y un flujo de divisas por 160 mil millones de dólares en el escenario más conservador.

Cabe destacar que no se incluyo el efecto multiplicador que tienen estas actividades sobre el resto del conjunto de sectores de la economía (empleo indirecto creado, desarrollos científico-tecnológicos que podrían comercializarse a partir de la demanda de las industrias vinculadas al mar, etc.).

Por otro lado, la gran mayoría de las industrias requieren actividades de exploración de los recursos y se encuentran sujetas al desarrollo de marcos regulatorios, realización de inversiones y en algunos casos dependen también de la formación de recursos humanos especializados aún no disponibles. Por lo tanto, una porción importante de estas actividades podría comenzar a ser explotada comercialmente en un período no inferior a los 5 años y una amplia mayoría en períodos superiores a los 10 años.

A continuación se describe brevemente el escenario situacional de las principales áreas de producción que desarrolla el informe:

HIDROCARBUROS:

Las cuencas marinas de Argentina tienen un área de 1.227.568 km2 y prácticamente la tercera parte se encuentra a menos de los 200 metros de profundidad del Mar Argentino. Argentina cuenta con 11 cuencas que han sido exploradas en mayor o menor medida en diferentes momentos históricos y con resultados diversos. En la actualidad, prácticamente todas las cuencas marinas de hidrocarburos se encuentran improductivas, con excepción de la Cuenca Austral, principalmente gasífera (al producir su offshore el 15% del gas natural del país). Las tres cuencas que rodean las Islas Malvinas y la Cuenca Argentina son las que exceden los 200 metros de profundidad, con una media de 5.000 metros. Las restantes están por debajo del Mar Argentino, a menos de 200 metros de profundidad y han tenido algún grado de exploración.

En las últimas décadas las campañas exploratorias offshore estuvieron dirigidas a cubrir acotadas áreas de la superficie marina argentina, con bajos niveles de inversión y resultados prospectivos dispares e inciertos. La exploración costa afuera se vio limitada ante el marco regulatorio que ha cobijado al sector e insuficientes incentivos económicos para disponerse a avanzar sobre el proceso sustantivo de inversión en tecnología y desarrollo que requiere la actividad, potenciado con la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos en 2014.

En 2014 el offshore proveyó el 17,4% de la producción nacional de gas natural y el 2,8% de petróleo, a partir de dos concesiones ubicadas en la Cuenca Austral.

Según el estudio, el offshore en Argentina, especialmente en aguas profundas, tiene el potencial de ser el único remanente en reservorios convencionales con grandes cantidades de petróleo y gas. Sin embargo, hay un muy bajo nivel de conocimiento de su potencial concreto. Sólo una pequeña porción de la plataforma continental argentina fue explorada, habiéndose puesto el foco hasta el momento sobre la Cuenca Austral y la Cuenca del Golfo San Jorge (aunque estos no mostraron ser claramente rentables). La Cuenca Argentina podría albergar entre 300 y 400 millones de barriles, donde se destacan los testeos realizados en algunas cuencas como en el Salado, Valdéz y Colorado, serían condenatorios sobre la existencia de hidrocarburos.

ENERGÍA OCEÁNICA

Tres grandes fuentes de generación de electricidad existen en Argentina, distribuyéndose en 2014 del siguiente modo: Térmico Fósil (64,8%), Nuclear (4,3%) e Hidráulico (30,4%) de acuerdo a datos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). En Argentina la energía hidroeléctrica sólo es originada en centrales establecidas sobre cauces de ríos (siendo los principales, Paraná, Uruguay, Limay, Tercero, Futaleufú, Neuquén), sin generación provista por el Mar Argentino hasta el momento.

El Mar Argentino presenta excelentes oportunidades para el desarrollo de las energías renovables que contribuirían, además de reducir la emisión de gases invernadero, a motorizar el crecimiento económico a través de la innovación y la creación de nuevos empleos de elevada calificación. El informe analizó el potencial de desarrollo de proyectos de inversión en energía marina –especialmente mareomotriz y undimotriz–, estimándose el potencial de contribución al sistema eléctrico nacional y la creación de eslabonamientos hacia atrás y adelante al interior de su cadena de valor. Además podrían surgir ahorros en una primera etapa de una disminución en la importación de gas y luego petróleo.
Bajo la configuración tecnológica y productiva actual, la industria deberá tener el apoyo del Estado en los próximos años para poder operar con precios competitivos, ya sea a través de subsidios para la investigación y el desarrollo de equipamiento, como así también a través de mejoras tecnológicas que disminuyan la brecha de costo respecto a otras fuentes de energía – o mismo precios subsidiados para los oferentes -.

Cómo se observa a continuación, el potencial económico de la energía mareomotriz va desde los 450 millones de dólares en la próxima década a los 28 mil millones de dólares en el largo plazo. El desarrollo tecnológico futuro tendrá un impacto considerable en la velocidad con la cual esta industria podría crecer, tanto las que permitan disminuir el costo de la generación como aquellas que reduzcan la inversión inicial.

INDUSTRIA PESQUERA

En los últimos años, la industria pesquera retornó a niveles de captura sustentables; sin embargo, se estima que la capacidad de crecimiento de la pesca es baja. La baja diversidad de especies comerciales se refleja en que tan sólo 3 productos – merluza hubbsi, langostino y calamar ilex – representan el 80% de las capturas y del valor económico generado por el sector pesquero.

Por otro lado, no se verifican relaciones fuertes entre los precios y las cantidades capturadas. Especialmente en el caso de la merluza, la oferta de pescado obedece más a razones de cantidad de barcos y empresas operando en la captura que a las condiciones de mercado imperantes.

El potencial económico de la industria pesquera parte de estimaciones conservadoras tanto de precios y cantidades capturadas, como también del valor agregado que actualmente genera la industria que podría incrementarse en los próximos años, generando aún más valor. En resumen, la pesca podría generar al menos 34 mil millones de dólares de valor económico (25 mil millones de generación de divisas) en los próximos 20 años.

ACUICULTURA MARINA

En Argentina la acuicultura es una actividad de reciente data si se exceptúa la producción artesanal de trucha. La actividad comercial semi-industrial comenzó a crecer en la década del noventa, siendo su crecimiento firme aunque no acelerado.

En nuestro país existen distintas áreas, tanto para el desarrollo de la acuicultura de aguas dulces como de mar. En estas últimas básicamente se inscribe la denominada cuenca templada o templada fría, con aguas de calidad y sitios determinados con potencial para emprendimientos de diferentes tipos, especialmente para cultivos de peces como lenguados, besugo, lisa, camarón rosado, y otras potenciales especies marinas; sumado a salmones y truchas en fase marina, así como algas marinas y otras especies de carácter exótico apreciadas y de alto valor comercial en mercados de consumo y en algunos casos de valor deportivo.

Según el informe, existen algunas limitaciones estructurales. Por un lado, plantea que las mareas de Argentina no son las que tienen Brasil o Chile, lo que complejiza la tecnología de cultivo, particularmente en lo que es acuicultura costera. Además, la tecnología de acuicultura con jaulas sencillas con armazón y bolsa no sería factible de ser utilizada. Por otro lado, la Argentina tiene costos de insumos (alimento balanceado) y de mano de obra elevados en comparación con otros países; ello dificulta el surgimiento de proyectos, en particular, aquellos de escaso volumen productivo. Más aún, todavía no existe la infraestructura necesaria para su aprovechamiento comercial.

Sin embargo, el desarrollo de la acuicultura multitrófica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) – práctica que permite utilizar los residuos de una especie en fertilizante para el desarrollo de otras en el ámbito de una misma “jaula” o “granja marina” – presenta un potencial muy grande debido a que disminuye los costos de transporte y de los insumos para la producción. En este sentido, Argentina lidera el ranking de países con más superficie para la IMTA de Salmón Atlántico y Mejillones, con casi 6.000 kilómetros cuadrados de extensión.

El potencial económico de la acuicultura marina va desde el 12% a más del 100% del PBI Argentina de 2014 basado fuertemente en desarrollos offshore. Si bien requiere la inversión en infraestructura y el testeo de cultivos piloto, la actividad podría tener lugar en un horizonte de tiempo no muy lejano, con un trascendente impacto sobre el PBI, el empleo y la generación de divisas.

TURISMO

La actividad turística vinculada al océano se puede subdividir geográficamente en diversas subregiones: la Costa Atlántica bonaerense, caracterizado por la masiva concurrencia de residentes argentinos, la Costa Atlántica (Patagonia Norte y Sur) y la Cordillera Patagonia Sur, que en oposición adquiere un atractivo muy importante para los extranjeros, favoreciendo el ingreso de divisas a nuestro país.

Aún cuando la Costa Patagónica recibe menos visitas que otros puntos de la Patagonia cordillerana y representa tan sólo el 2,3% del gasto turístico, los turistas que la visitan registran mayor cantidad de pernoctaciones (6,6) que en todo el resto de las regiones del país (promedio de 5,7 noches) con excepción de la Costa bonaerense (7,5 noches). En términos generales, la Costa Atlántica constituye uno de los activos más importante para el turismo nacional siendo el principal destino de los turistas residentes y representando el 23,3% de los ingresos generados por turismo en nuestro país.

Probablemente, algunos vectores de actividades turísticas podrían favorecer un mayor flujo y tiempo de estancia de los turistas en estos destinos: a) mayor oferta y difusión de actividades turísticas vinculadas al turismo de fauna marina y costera (ballenas, pingüinos, lobos marinos); b) mayor oferta de cruceros y de integración de distintos puntos de interés turístico conectados por barco y/o tierra en paquetes turísticos, dado la extensión geográfica de diferentes puntos de interés que conforman un núcleo de actividades vinculadas; y c) un incremento en la oferta de servicios turísticos complementarios tales como transporte, esparcimiento y recreación en alojamientos, gastronomía, etc.

El potencial económico del escenario estimado fue basado en lo que la inercia del crecimiento económico mundial y local generará en los próximos años. A los fines de refinar este número, sería importante estimar aquellas áreas de actividad y sectores de potencial de crecimiento mayor al del PBI interno y global con el propósito de realizar estimaciones más precisas y desarrollar qué políticas públicas – publicidad, inversión en infraestructura, desarrollo de marca país, desarrollo de corredores turísticos, etc. – podrían estimular una mayor participación del turismo en el PBI argentino.

MINERALES MARINOS
La minería oceánica en la Argentina no se encuentra desarrollada y se desconocen antecedentes de explotación económica a lo largo de la historia.

Según el informe, una primera etapa para la puesta en marcha de la exploración minera marina parecería ser la prospectiva de recursos de manganeso en la plataforma continental argentina. Una segunda etapa de la prospectiva podría concentrarse en otras zonas donde se presume la existencia de nódulos de manganeso. En este sentido, existe una zona con alta potencialidad de este recurso en un triangulo que abarca áreas de Argentina, Brasil y Uruguay a alta profundidad, fuera de la plataforma continental, que abarca una superficie mayor a nuestro territorio continental.

El potencial económico de los minerales marinos parece prometedor toda vez que la escasez de ciertos minerales raros en el continente conlleve a su exploración marina. La disponibilidad de ciertos minerales, además, podría ser estratégica para el desarrollo de ciertas industrias de alta tecnología que, de no contar con estos recursos no serían factibles de desarrollarse en el país (especialmente debido al alto costo derivado de la concentración de los mismos en pocos productores a nivel global).

Cabe destacar que el informe sugiere la realización de un estudio prospectivo específico del sector de las algas y las micro-algas, que permita una cuantificación más precisa de su potencial económico. Su importancia reside en desarrollar el vector para la producción de biocombustibles de tercera generación (se podrían generar 20 mil litros anuales de biodiesel por hectárea de cultivo de algas). Sin embargo, en la comparación con otras fuentes de producción de biodiesel, se destacaba su inviabilidad económica, baja disponibilidad y el bajo desarrollo tecnológico para su explotación productiva que existe en nuestro país.

INDUSTRIA NAVAL

Las posibilidades de la industria naval a futuro son positivas en virtud de su trayectoria previa (un valor agregado para la economía de 110 millones de dólares anuales promedio en el último quinquenio), si se incluye la capacidad de desarrollar nuevos buques de investigación, barcos para la industria pesquera e incluso para la industria naval liviana, vinculada a la actividad recreativa y a embarcaciones de apoyo.

Por otro lado, el grado de integración del sector oscila por embarcación, pero puede alcanzar a más del 50% del valor bruto de producción, lo que muestra un gran potencial para el desarrollo de la industria nacional a través de proveedores especializados.

En cuanto a la infraestructura portuaria y logística, según el informe la misma sería fundamental para dar sustento a las actividades vinculadas al océano. Su desarrollo dependerá de la conducta de la inversión pública, más allá de que algunas iniciativas privadas también podrían propender a favorecerlo. Para citar un ejemplo, el informe muestra un relevamiento de obras necesarias para mantener y mejorar el déficit de infraestructura portuaria y logística vigente en los puertos de la Provincia de Buenos Aires, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Finalmente, el potencial económico de la industria naval y la infraestructura logística podría convertirse en uno de los sectores clave para la sustitución de importaciones y el favorecimiento del desarrollo de producción nacional. Las diversas actividades vinculadas al océano constituyen ejes de demanda crítica de embarcaciones y de infraestructura logística portuaria que deberán ser considerados al desarrollar los planes estratégicos de cada una de las actividades y su posibilidad de ser abastecidas por desarrollos nacionales.

Para concluir, a continuación se observan, según el estudio, el potencial económico en el mediano y largo plazo que tendría cada una de las actividades vinculadas al océano que han sido descriptas.

Apreciaciones:
1) El análisis tiene una característica de potencial: por lo tanto, depende fuertemente de las políticas económicas a realizar y una serie de variables dinámicas que se podrían concatenar virtuosamente a futuro.
2) Si además se le adiciona la generación de efectos indirectos potenciales – que implica la necesidad de realizar más políticas pro-positivas para potenciar los efectos positivos -, la incertidumbre es aún mayor.
3) Para mejorar la prospectiva se requiere mejorar el mapa de recursos en el océano y su factibilidad tecnológica de explotación, el costo de las inversiones a realizar, el período de retorno de la inversión y su tasa interna de retorno, la viabilidad económica de la explotación de los recursos en base a diferentes escenarios tecnológicos y de precios, el impacto indirecto de la actividad en otros eslabones productivos nacionales en términos de nivel de actividad, empleo y transferencia de tecnología e innovación, entre otros.

4) Más allá de lo expuesto, el potencial desarrollado en el estudio, en mayor o menor medida, puede darle claramente un salto cualitativo y cuantitativo a la economía argentina.

Economía Marítima de Chile

Por Pablo Kornblum en la Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56089119/n-4-octubre-2016

Pesca y Acuicultura

La economía marítima de Chile puede desagregarse en una infinidad de ramas indirectas, pero con algunas industrias centrales, como la pesca y la acuicultura, que caracterizan a la actividad.

En el escenario internacional, se observa una tendencia al incremento del consumo de productos marinos per cápita, como una combinación del crecimiento demográfico, el aumento de los ingresos y urbanización, la expansión de la producción pesquera y de acuicultura, y una mayor eficacia de los canales de distribución. Esta tendencia se vincula, además, al aumento del consumo de productos saludables por parte de las poblaciones de países desarrollados. En países con elevada población, el aporte nutricional de productos derivados de la actividad pesquera y de acuicultura representa un aporte esencial.

Para el sector marítimo chileno, la Pesca y la Acuicultura cumplen un aporte fundamental, aunque su impacto en el PBI total es menor (0,6% del total).

En cuanto a la pesca extractiva, se destacan los recursos bentónicos y especies pelágicas, destacándose la sardina, la anchoveta y el jurel. En el caso de la actividad de acuicultura, se destaca el cultivo de salmones, aunque también en los últimos anos ha habido una importante producción de peces, moluscos y algas para los mercados internacionales.

En tanto a la producción acuícola en particular, se observa como pese a tener solo el 1,2% de la producción global, es el país más importante en términos cuantitativos de todo el continente americano.

Principales países productores acuícolas

Cabe destacar que Chile tiene una posición geográfica privilegiada, donde presenta un borde costero con una fisiografía compleja e irregular, cuyo perímetro alcanza los 83.850 km con dos ecosistemas de gran productividad (corriente de Humboldt y sistema de fiordos y canales sur australes).
Un aspecto relevante en los últimos cinco años y que ha modificado la estructura de la industria, han sido las fusiones y las operaciones conjuntas que han llevado a cabo diversas empresas. Estas estrategias, las cuales han perjudicado el crecimiento cualitativo y diversificado, han sido consecuencia de la necesidad de enfrentar la escasez de materia prima, los requerimientos de financiamiento y menores costos.

Por otro lado, la actividad pesquera (subsector pesca extractiva y subsector acuicultura) junto con las actividades de transformación, constituyen a nivel nacional el 2% de la fuerza laboral, con alrededor de 145 mil empleos de manera directa e indirecta.

Los recursos hidrobiológicos obtenidos de la actividad son destinados a 3 grupos de productos: líneas de reducción (harina y aceite), consumo humano e insumos para uso industrial y/o farmacéutico. Estos productos tienen como destino principal la exportación; sólo una pequeña proporción de la producción (alrededor del 8%) es destinada a consumo nacional, principalmente a consumo humano directo y es comercializada en ferias locales, mercados, supermercados y restaurantes.

Como contraparte, la apertura al mundo y el rápido aumento en el volumen del comercio exterior es el rasgo más relevante del crecimiento de la economía chilena en las últimas décadas. Con una mirada transnacional, Chile se encuentra en el sexto puesto de los principales países exportadores de pescados y sus productos derivados, en consideración a las divisas transadas. En este sentido, el principal océano en cuanto a extracción pesquera es el Pacífico, con más del 60% del total mundial. Es por ello que esta zona se convierte en una fuente de riqueza para los países que poseen soberanía sobre sus aguas – en este caso Chile – y aquellos que pescan en aguas internacionales.

En año 2014, las exportaciones alcanzaron un volumen de 1,3 millones de toneladas con un valor total de USD 6.164.871 FOB, un 18% superior al año 2013, alcanzando un 7% del total generado por las exportaciones a nivel nacional (16% sin considerar la minería; en este sentido, la merma relativa de los últimos años se encuentra más relacionada al incremento de las exportaciones mineras e industriales, que a la caída de la actividad pesquera).

La oferta de productos pesqueros, se destinó a 109 mercados; siendo Estados Unidos, Japón, China y Brasil, los destinos mayoritarios, que en conjunto sumaron el 63% del valor total de las exportaciones. En consideración al volumen exportado en el año 2014, se tiene que un 50,3% proviene de la actividad pesquera extractiva y un 49,7% proviene de la actividad de acuicultura.

A pesar de que el volumen exportado en toneladas se ha mantenido estable (con una contracción en la producción de productos para consumo animal), el valor en dólares se ha incrementado en la última década. Lo descripto se debe a un aumento generalizado de los precios y a un aumento de la importancia relativa de las exportaciones provenientes de la salmonicultura, que presentan un mayor valor unitario en sus exportaciones que las de origen pesquero. Cabe destacar que las exportaciones de salmones son el tercer producto más importante en la canasta exportadora nacional.

Para alcanzar los objetivos descriptos, la relevancia en el desarrollo de la industria ha tenido una serie de pilares institucionales claves. En este sentido, los lineamientos que orientan el quehacer de los actores del sector pesquera en la búsqueda del desarrollo económico sustentable de la actividad, están contenidos en la legislación Pesquera y de Acuicultura (Ley N°20.657) y las normativas y políticas asociadas.

Finalmente, el eje de análisis se complementa con los recursos dedicados a la investigación, el cual tiene por objetivo posibilitar el aprovechamiento sostenido de los recursos hidrobiológicos. Existen en Chile 67 centros de investigación que desarrollan líneas de trabajo en pesca o acuicultura, oceanografía, ecología y ciencias ambientales; todos ellos distribuidos en las diversas Regiones del país. Los centros de investigación y universidades dedicadas a la investigación pesquera y de acuicultura presentan amplias capacidades en cuanto a número de investigadores y áreas de especialización en que ellos trabajan. En este aspecto, la investigación científica en el sector pesquero también contribuye al PBI nacional.

Para concluir, no se puede obviar el valor agregado complementario que aporta la Silvicultura, en tanto su rol en la protección de cuencas hidrográficas. En total el sector aporta alrededor del 0,8% del PBI total, pero este número también incluye la conservación forestal, el mantenimiento del pasto para ganado, etc.

Infraestructura y logística

En cuanto a la infraestructura marítima, Chile es altamente dependiente de la misma debido a su ubicación geográfica, a su geografía física y a su perfil exportador. Las exportaciones de Chile representan el 38% del PBI (el promedio de la OCDE es del 27%), y aproximadamente el 95% del volumen comercial exterior de Chile medido en toneladas se gestiona a través de sus puertos, lo que también contribuye a generar valor para la economía.

En este sentido, el transporte chileno distribuye unos 800 millones de toneladas de productos por año, lo que representa el 7% del PBI del país. De ese total, unas 100 millones de toneladas corresponden al transporte marítimo, lo que si lo correlacionamos, representaría en torno al 0,8% del total del PBI nacional.

El sector portuario y su logística experimentó un gran progreso entre los años 1998 y 2007. En primer lugar, fue determinante la política pública de modernización del sector portuario estatal que impulsó el modelo de concesión de terminales, permitiendo un importante ciclo de inversiones privadas en los mismos, como así también puertos privados de uso público (por ej. Mejillones, Coronel y Lirquén entre otros). Este desarrollo ha sido vital para que crezca la capacidad de carga a una tasa del 5% anual entre 1994-2014.

En segundo término, influyó la instalación de tres puertos y 27 terminales nuevas en el período, lo que apoyó el auge de la industria hortofrutícola, acuícola, de la madera y celulosa, y minera, así como de las importaciones de bienes e hidrocarburos. El esfuerzo alcanzó su punto máximo entre 1999 y 2005, cuando las inversiones en obras concesionadas superaron los US$ 12.000 millones. En este sentido el número de puertos prácticamente se ha duplicado en los últimos 20 años (mayoritariamente privados), pasando de 33 en 1994 a 63 en 2014.

En complementariedad a las exportaciones, la mayor parte de los bienes importados a Chile se gestionan a través de los dos principales puertos de contenedores de la zona central de Chile (Valparaíso y San Antonio) y posteriormente se trasladan por carretera a su destino final, que incluye tanto al norte como el sur del país. Por lo tanto, la logística terrestre derivada del comercio marítimo también forma parte de las economías indirectas generadas a través del mar.

En este sentido, también contribuyó a su expansión la política de concesiones en infraestructura viales complementarias, que promovió una ola de inversiones que superaron los US$ 9.000 millones de 1998 a 2007; y que junto con el aumento del stock de camiones, posibilitaron el incremento del transporte de carga. El incremento de la eficiencia portuaria y la expansión de la infraestructura vial permitieron aumentos importantes de la productividad. Así, desde 2007, Chile se ha situado como el país más eficiente de América Latina en materia logística y portuaria. Los tipos de carga transportada a través de los puertos de Chile son muy diversos, con una preponderancia de gráneles sólidos, principalmente de cobre y la madera.

En cuanto a las derivaciones económicas, 25 puertos se encuentran emplazados en municipios que tienen centros urbanos, en los que habitan 2,3 millones de personas. Las particulares características geográficas de estos lugares han permitido que la actividad portuaria se desarrolle en su entorno, lo cual también se ha extendido hacia otros sectores como el comercio, los servicios públicos, manufacturas, actividades náuticas y el turismo. En cuanto a este último punto, el transporte de pasajeros por mar, tanto civiles pero así también en términos militares, tiene su relevancia en relación a su importancia económica y geopolítica; sobre todo en las regiones del sur de Chile, ya que en algunos casos es el único medio por el cual se puede conectar la totalidad del país.

Estos efectos indirectos, compuesto por los encadenamientos hacia otras inversiones, impactan en el efecto multiplicador del gasto en consumo que se canaliza a través del gasto en la economía local. También son relevantes los impuestos que genera el sector, los cuales son útiles para financiar el gasto del gobierno en el territorio. Además, la actividad marítima y portuaria provoca la generación directa de puestos de trabajo y de la remuneración de los trabajadores, a lo que se agrega el pago a otros factores de producción y la compra de insumos, bienes y servicios en el mercado local.
Conclusiones:
Chile posee una población de 18 millones de habitantes, con una especificidad demográfica que se diferencia de un país como la Argentina, que cuenta con 44 millones de habitantes. Además, se debe tener en cuenta la diferencia cultural, el desarrollo económico doméstico, la visión y el posicionamiento ante el mundo. Este contexto genera importantes diferencias en términos del aparato productivo, la división del trabajo, y la explotación de los recursos naturales.

Chile es un país con 756.102 kilómetros cuadrados de superficie, incluida una línea de costa de 6.435 km (una ratio de 117 kilómetros terrestres por línea costera). La Argentina posee casi 4 veces más de superficie (más de 2.7 millones de kilómetros cuadrados), con una línea costera más reducida de 4725 kilómetros, lo que da una ratio de 571). En este sentido, aunque no es la única muestra de la importancia, es una variable representativa del porqué de la lógica marítima chilena.

Si a ello le adicionamos que el PBI chileno ronda los 270 mil millones de dólares, lo que representa alrededor de un 60% del PBI de la Argentina, la posición relativa del sector marítimo se hace inversamente más importante.
Sin embargo, el sector marítimo no es el más significativo del país. Lejos se encuentra del sector Servicios (26% del total), la Minería (14%) o el sector manufacturero. A la economía directa representada por la pesca y la acuicultura (0,6% del total), se le puede adicionar un número menor de la Silvicultura dedicada a los recursos hídricos (entre 0,2% y 0,3%), un 0,5% al Transporte marítimo, la investigación y la educación (entre 0,3% y 0,4%) y entre 1% y 2% a los sectores de la Construcción para la logística y la Infraestructura de Puertos.

En términos de economías indirectas, se torna difícil mesurar los efectos multiplicadores sobre el consumo, las economías locales, proveedores, etc. Si le adicionamos para lo expuesto 2% o 3% del PBI, estaríamos en un total del 5% o 6% del PBI, cuyo número no es determinante para la economía y mantiene una diferencia racional en los términos previamente descriptos con nuestro país.

Por el contrario, si es relativamente importante en términos de exportaciones (7% del total), donde la productividad de sus mares y el desarrollo de la industria para la exportación – derivado de un fuerte apoyo institucional, su abundante geografía acuática, y una visión liberal del comercio internacional -, generan un diferencial con la Argentina, que exporta recursos pesqueros por entre el 1,5% y 2% del total de sus ventas al mundo.

 

Escenario Petrolero Islas Malvinas

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

http://www.yumpu.com/es/document/view/55944015/revista-septiembre

Los últimos datos indican que las reservas probadas de petróleo a nivel global rondan los 1.700 billones de barriles de petróleo crudo.

En un escenario petrolero que potencialmente no representa el 0,05% de ese total, son 4 las más importantes empresas petroleras que tienen Licencias hidrocarburíferas en las aguas circundantes a las Islas Malvinas: Premier Oil, Rockhopper Exploration (la cual ha adquirido el corriente año la compañía madre de las Islas Malvinas, Falkland Oil & Gas Company), Noble Energy y Borders & Southern Petroleum.
Todas ellas son compañías pequeñas o medianas en la industria, dependientes la mayoría del financiamiento externo y con alta volatilidad – y en los últimos años con rendimientos decrecientes – en las Bolsas que participan (la mayoría en la Bolsa AIM de Londres, secundaria para empresas de menor envergadura).
Para citar algunos ejemplos, Premier Oil contaba al final del año 2015 con un flujo de caja de 110 millones de dólares, mientras buscaba financiamiento en torno a los 750 millones de dólares para continuar con los proyectos en las Islas Malvinas. Borders & Southern, por su parte, cerró su balance anual al 31 de Diciembre de 2015 con solo 14 millones de dólares líquidos. A pesar de sostener que hay potenciales 360 millones de barriles de Gas Condensado en la Cuenca Sur donde opera, ha declarado que solo realizando algún tipo de asociación (Farm-Out) podrá continuar explorando las áreas licenciadas.

En cuanto al contexto operativo, en el último año Rockhopper ha anunciado que sus Reservas de Petróleo Contingente se han duplicado a más de 300 millones de barriles. Sin embargo, cabe recordar que los Recursos Contingentes son recursos estimados como potencialmente recuperables pero que actualmente no se consideran lo suficientemente maduros para lograr un desarrollo económico, debido a trabas tecnológicas, comerciales o institucionales.

Por ejemplo, un obstáculo es que no todos los permisos internos y externos necesarios por la compañía para operar hayan sido otorgados, incluyendo los permisos gubernamentales y ambientales. Otro punto es que no exista evidencia concreta por parte de la administración de la compañía de su firme voluntad de iniciar el desarrollo comercial en un período de tiempo razonable (normalmente 5 años, aunque podría ser más largo).

Sin embargo, Rockhopper sostiene que ya puede confirmar la existencia de 747 millones de barriles de Petróleo y Gas, lo que significaría, sumados a los Recursos Contingentes previamente descriptos, un monto total cercano a los 1.000 millones de barriles de Hidrocarburos. Pero de todos ellos, solo 270 millones serían de ‘bajo riesgo’.

Premier Oil y Noble Energy esperan encontrar alrededor de 1.400 millones de barriles también en el complejo Sea Lion. Para citar un ejemplo, algunas de sus perforaciones se centraron en el Prospecto Zebedee, con un objetivo de alcanzar los 281 millones de barriles de petróleo. Sin embargo, y aclarado por las mismas compañías, las chances de éxito en la zona rondan entre el 10% y el 50%.

Cada pozo que se perfora en la Cuenca Norte – la más accesible y la que tendría mejores perspectivas – cuesta alrededor de 50 millones de dólares. Por otro lado, el alquiler diario de la plataforma petrolera Eirik Raude fue de 635 mil dólares la última campaña. Premier, por ejemplo, ha pronosticado el costo total para la primera producción en 1.800 millones de dólares, que incluye la perforación de 18 pozos que generarían potencialmente 220 millones de barriles en un período de 20 años. Pero su CEO, Tony Durrant, también sostuvo que de continuar las operaciones en el año 2016 con los actuales valores del barril en torno a los 50 dólares, la primera producción de entre 50 y 60 mil barriles diarios no saldrá a la luz hasta el año 2019.

Las Cuencas Este y Sur son más profundas y requieren una mayor capacidad tecnológica para sopesar los dilemas climatológicos y geológicos. Por ende, los costos de perforación son entre un 50% y un 100% más onerosos que en la Cuenca Norte. Noble Energy esperaba que, por ejemplo, el Prospecto Humpback aporte 1.000 millones de barriles. Sin embargo, después de evaluar los resultados exploratorios en el año 2015, abandonaron los pozos que habían costado un total de 140 millones de dólares.

Como contraparte, se debe tener en cuenta también que la crisis petrolera por la baja de los precios tiene su correlato en toda la industria. Por lo tanto, las empresas Licenciatarias han presionado a sus proveedores para disminuir los costos (en algunos casos hasta un 30%). Para citar un ejemplo, solo los costos de capital han disminuido de 14 a 11 dólares por barril en los últimos 2 años. Aunque sería insuficiente para alcanzar la sustentabilidad de los proyectos, ello podría ser un punto a favor de la continuidad a mediano plazo de las operaciones.

Como complemento, el Gobierno de las Islas Malvinas ofrece un generoso término contractual para quienes adquieran Licencias: un 9% de regalías más un 26% de impuestos corporativos (en comparación con alrededor de un 60% de cargas totales en el Mar del Norte). Más aun, en los últimos años – y dada la magra situación -, el gobierno isleño ha realizado exenciones y planes de pago atados a la potencial producción para retener a las empresas.

En consonancia con el contexto negativo de las Islas Malvinas, los grandes jugadores del mercado también se encuentran con serios inconvenientes. British Petroleum anunció este año que podrá cubrir los costos de la inversión en capital y pagar dividendos solo si el barril supera los 50 dólares. ExxoMobil se refirió a una posición similar con un barril ‘mínimo a 40 dólares’, dependiendo de la negociación y renegociación de los contratos para disminuir costos. Chevron por su parte, sostuvo que balanceará su flujo de caja y gastos con un barril de 52 dólares, a pesar que en el último período se ha desprendido de activos por 5 mil millones dólares.

En este sentido, el precio del barril ha tenido sus picos históricos, embebidos en altos niveles de variabilidad – cuando no inestabilidad – derivado de crisis financieras y geopolíticas globales; lo que conlleva a un escenario de incertidumbre en el mediano y largo plazo.

Cabe destacar que existen importantes diferencias dependiendo del tipo de explotación y las características de la región; lo que conlleva a que la viabilidad comercial sea especifica. En este sentido, la producción off-shore tiene como mínimo un costo de entre un 70% y 80% mayor que la perforación terrestre. Para citar un ejemplo, British Petroleum despidió este año 300 personas en su centro de Aberdeen, Escocia, porque varios pozos off-shore del Mar del Norte no son rentables con precios del barril menores a 75 dólares.

Si tenemos en cuenta que la producción en las Islas Malvinas es off-shore y con características geográficas y climatológicas fuertemente adversas, el valor del barril debería estar aún más alto. En este sentido, la empresa Noble en su último reporte anual destaco: “Un clima severo y ásperos mares limitan las actividades de exploración y evaluación sísmica en las aguas circundantes a las Islas Malvinas. A su vez, su locación remota hace más dificultoso y consume más tiempo el transportar personal, equipamiento e insumos.”
Futuro complejo e incierto para la producción Hidrocarburífera

En enero del corriente año 2016, Premier Oil sostuvo que la compañía va a suspender los proyectos en las Islas Malvinas si el barril de petróleo vuelve a descender por debajo de los 50 dólares. Su CEO indicó que la Fase 2 del Complejo Sea Lion, con Recursos Contingentes en torno a los 293 millones de barriles, no podrá ser desarrollado hasta el año 2024 por los bajos precios del barril. Más aún, la compañía sostiene ahora que el ciclo vital de Sea Lion se redujo de 25 a 20 años de trabajo.

El contexto que surge para las empresas tiene una triple problemática: a los altos costos de exploración, desarrollo, y potencial explotación y producción, se le adiciona la incertidumbre de la viabilidad comercial y tecnológica, que se potencia a su vez por un escenario geográfico, climatológico y geopolítico sumamente adverso.

Para generar cierto margen de ganancia mínimo – descontando costos operativos, regalías e impuestos corporativos -, se tendría que evaluar un barril de petróleo que oscile entre los 100 y 120 dólares. Aunque nos encontremos con una tendencia de precios creciente, la misma es proporcionalmente marginal – derivado del complejo escenario económico y financiero global – y, por lo tanto, no observaremos esos valores hasta, por lo menos, los primeros años de la próxima década.
Para concluir con una hipótesis de máxima, el mejor escenario para las empresas licenciatarias y el Gobierno de las Islas Malvinas, donde todos los recursos analizados hasta el momento sean productiva y comercialmente viables – agregando algún recurso potencial que se pueda adicionar a futuro -, estaríamos hablando de un total que rondaría los 3.000 millones de barriles de Petróleo (mayoritariamente) y Gas Condensado. Para ponerlo en términos comparativos, en el Mar del Norte se espera extraer 16.000 millones de barriles en la próxima década.

Para simplificar el análisis hipotético, si pensamos en una potencial recuperación del barril a 100 dólares, con un costo mínimo de extracción a 50 dólares por barril, más los pagos por regalías e impuestos corporativos y la logística para su exportación, podríamos inferir un ingreso neto para las empresas de entre 15 y 25 dólares por barril.

Para el gobierno a cargo, la recaudación sería de 30 dólares por barril. Si pensamos en un escenario de largo plazo (30 años para completar el ciclo total) estaríamos hablando de unos 100 mil millones de dólares, unos beneficios de 3.000 millones de dólares anuales de ingresos para el fisco hasta el año 2050.

Sin embargo, este escenario utópico en términos productivos y temporales, obliga a pensar un contexto más lógico y plausible: con seguridad implicaría reducir los valores de ingresos expuestos en un 70% u 80%. Mientras para los 3000 pobladores de las Islas estos números son significativos, en ninguno de los dos casos – tanto de máxima como algún escenario más racional – los valores representan números superadores u estratégicos para la Argentina.

Política Económica hacia las Islas Malvinas

Por Pablo Kornblum

La situación del RUGBIN

Para comenzar, es importante analizar el contexto económico británico. Mientras la macroeconomía del RUGBIN va a cumplir ya casi una década entre lo que se podría denominar mala performance/recesión/crisis (crecimiento de solo el 1% del PBI en promedio), luego de la salida de la Unión Europea se pronosticaría una mayor inestabilidad de corto plazo (ver informe económico del Brexit del 20-06-2016).

En este sentido, la preocupación por el desempeño de la economía real, el  desempleo y la baja en el Gasto Social conlleva a que una porción importante de la ciudadanía focalice con mayor énfasis ciertas prioridades coyunturales de su microeconomía, oponiéndose a que ‘sus impuestos’ se dirijan hacia temas que pueden ser considerados secundarios o terciarios. Todo ello a pesar de que el análisis económico racional indica que el impacto es mínimo. Mientras el presupuesto del Ministerio de Defensa Británico para el período 2014/2015 (año fiscal) fue de 35.800 millones de Libras Esterlinas, para las ISLAS MALVINAS el monto destinado fue de 64 millones de Libras Esterlinas, un marginal 0,17% del total de la cartera.

Sin embargo, las divergencias políticas, las sensaciones generadas por los medios de comunicación, junto con la racionalidad neoliberal que prima en los gobernantes, conlleva a que la disminución de costos también se quiera capitalizar políticamente y se torne un eje central en las decisiones de tinte geopolítico y geoeconómico. Por lo tanto, a cualquier costo y bajo cualquier sistema o modelo de vida, la auto-sustentabilidad se ha convertido en el objetivo principal de los Territorios Británicos de Ultramar.

Para citar un ejemplo, la Isla de Tristán de Acuña posee un sistema económico comunista donde sus alrededor de 300 habitantes comparten la producción agrícola y ictícola. En la Isla Ascensión, por su parte, no permiten la compra de viviendas ni otorgan jubilación alguna; el objetivo es evitar cualquier tipo de arraigamiento – la tendencia demográfica ha sido decreciente en las últimas 3 décadas – y utilizar la mano de obra activa para sustentar económicamente, directa e indirectamente, el sistema de defensa y comunicaciones que tiene instalado el RUGBIN.

En el caso de la Isla de Santa Helena, la mayoría de sus habitantes trabajan en el sector público, lo que en una economía de un poco más de 4000 habitantes ha generado un déficit fiscal creciente solventado casi íntegramente por la Corona Británica. Para eliminar esta erogación del presupuesto, el RUGBIN decidió construir un aeropuerto en la Isla  – previamente la conexión con el mundo era marítima -, para que se generen economías directas (construcción, logística) e indirectas (turismo), que logren el equilibrio económico y financiero.

En cuanto a Islas Malvinas, el inconveniente político que genera el sostenimiento de las mismas ya ha sido superado hace más de 3 décadas: los isleños han alcanzado la auto-sustentabilidad con las Licencias Pesqueras otorgadas a mediados de la década de 1980’, alcanzando una riqueza per cápita para sus habitantes de las más altas del mundo. Una sociedad con altos niveles de desarrollo, sumado a una importante consideración geoeconómica y geopolítica derivada de su ubicación en el Atlántico Sur y su proyección Antártica. Lejos se encuentra entonces de ser un Territorio complicado en términos económicos, sociales o productivos para el RUGBIN.

La relación con los isleños

Aunque la autodeterminación requerida por los malvinenses es un hecho innegociable para la República Argentina, unas relaciones institucionales y económicas que les garanticen una calidad de vida similar a la actual podría ser determinante para – al menos – no contar con una oposición férrea de los mismos. Un punto que podría positivo, si bien lejos de ser clave, a la hora de la negociación entre la Argentina y el RUGBIN.

Los Isleños y sus descendientes podrían gozar ininterrumpidamente de su forma de vida, con una administración económica combinada entre el RUGBIN y la Argentina. Los malvinenses estarían representados por consejeros locales que podrán opinar sobre los desarrollos económicos, sociales, productivos y científicos que permitan realizar las mejoras microeconómicas del día a día de la comunidad.

En este sentido, la relación ‘ganar – ganar’ entre la Argentina y los malvinenses es válida. El no ceder atributo alguno de autodeterminación no implica generar políticas que les quiten derechos y garantías; por el contrario, podría ser una nación dentro del propio Estado Argentino; respetando sus costumbres, idioma e intereses individuales y para con el bienestar de la comunidad.

Bajo la lógica descripta, los isleños también podrían realizar actividades comerciales, financieras y civiles en la Argentina, tener acceso a la salud y a la educación sin más requisito que presentar el documento que estuviera vigente en las Islas Malvinas. Un status jurídico descentralizado que les permita ejercer la potestad en materia de seguridad, justicia, y educación, entre otras variables esenciales; inclusive se les podría otorgar la posibilidad de elegir representantes para el Congreso argentino. A discutir con el RUGBIN se encontrarían las incumbencias en materia de política exterior, defensa y justicia federal.

En cuanto a su participación económica con el Estado Argentino, los malvinenses podrían mantener su economía autosustentable tal cual hoy en día, sin contribuir ni recibir coparticipación alguna. La excepcional situación microeconómica parece ser el bien más preciado de los Isleños, por lo que hay que brindarle seguridad de que todo continuara en un largo plazo coherente. Las industrias de la Pesca, el Turismo y el potencial negocio hidrocarburífero, deberían mantenerse bajo el statu-quo actual.

La posición Argentina

Dado este escenario adverso para la República Argentina, la creatividad para explotar los costos socio-económicos y productivos británicos se torna fundamental. En este sentido, se las facilitaría todo el beneficio geográfico y jurídico que al día de hoy es adverso para la Corona si se logra un acuerdo entre ambos Estados.

Eliminando el Gasto en Defensa, y disminuyendo los Costos Logísticos – sustanciales en la explotación off-shore bajo esta geografía – , técnicos – bienes de capital, insumos – y jurídicos – producción, financiamiento – para la explotación hidrocarburífera y marítima en general, se reducirían a un nivel mínimo las tensiones políticas y se incrementarían exponencialmente los potenciales beneficios económicos de corto y mediano plazo.

Como complemento, se puede proponer una lógica económica de integración, que deje de lado las diferencias jurídicas y políticas. Con la mente en la lógica del libre comercio – donde la ubicación geográfica se torna fundamental para nuestro país -, las economías de escala, los complementos productivos (todos los actores operando sin restricciones) y la investigación científica en los espacios marítimos (proyectos en términos de biodiversidad, prospectiva geológica, etc.), potenciarían los beneficios para tanto para la Argentina y como para el RUGBIN.

Mientras se avanza en los acuerdos que alcancen beneficios compartidos, se debe continuar trabajando activamente para generar un escenario de mayor presión que permita avanzar sobre el objetivo de recuperación de las Islas. Apuntalar y acercarse a aquellas ONG que persiguen una agenda científica positiva, la generación de programas tecnológicos marítimos y satelitales que permitan un mayor nivel de análisis, demostrar el potencial de Vaca Muerta y comenzar con el análisis sobre los desarrollos off-shore en la plataforma continental argentina, y continuar con la coerción jurídica sobre todo el proceso de abastecimiento de las Islas Malvinas – especialmente con la logística sobre la industria petrolera y gasífera -, son las principales medidas a tomar por el Estado Argentino en el corto plazo.

Este último punto merece un capítulo aparte. La realidad es que la exploración de las Cuencas circundantes a las Islas Malvinas ha dado magros resultados positivos, con un valor monetario potencialmente importante para los pocos habitantes de las Islas Malvinas, siempre y cuando se genere cierta viabilidad a través de un incremento de los precios del petróleo en el corto y mediano plazo.

Sin embargo, para el contexto internacional las cantidades de hidrocarburos que se podrían producir son ínfimas (reservas que no llegarían ni al 1% del total global). Por ahora las expectativas generadas han sido una ilusión: la producción, que iba a comenzar hace más de un quinquenio según las proyecciones de los propios inversionistas y el Gobierno de las Islas Malvinas, es nula. Solo ha habido inversiones de empresas menores (la mayoría británicas), apalancadas bajo una lógica que parecería tener más de tinte geopolítico, financiero y mediático, que de racionalidad productiva.

Por lo tanto, la República Argentina podría mostrarle al mundo la realidad, y contraponerlo con los mayores recursos que puede poseer nuestro país, atrayendo a los grandes jugadores del sector a nivel global y dejando huérfanos a los isleños si el RUGBIN no desea realizar un trabajo conjunto de cooperación productiva. La racionalidad se encuentra del lado Argentino. Un sistema económico de acceso libre y trabajo conjunto, con una justa división internacional del trabajo, permitiría llegar al beneficio y crecimiento económico de todos los actores.

Este rol activo en términos económicos permitiría a la Republica Argentina avanzar sobre el resto de las variables geopolíticas. A pesar de que este contexto genere una presión y posicionamiento económico creciente que derive en condiciones más propicias – y de alguna manera ‘obligue’ al RUGBIN a sentarse a la mesa de negociaciones -, la falta de poder militar de respaldo complica la posibilidad de plantear algún tipo de escenario de arrendamiento con posesión Argentina a futuro.

Sin embargo, si se sostiene que la cooperación e integración de los procesos productivos permitirían generar beneficios económicos mutuos a través de la explotación de los recursos naturales en conjunción con el desarrollo de los procesos científicos – ligados especialmente a la generación de riqueza a través de nuevas patentes en bioprospectiva -, mientras que se negocian consensos sobre la distribución de la riqueza a explotar en el corto y mediano plazo (cediendo mayoritariamente la explotación de los recursos de las islas y sus adyacencias para con las exigencias británicas), y se demuestra con firmeza que la geografía, los recursos, la tenacidad proactiva y la capacidad de la Republica Argentina son determinantes, nuestro país podría fortalecer su posición para recuperar las islas de cara a futuro.

Refugiados

Por Pablo Kornblum

El contexto internacional

En el año 2015, en promedio 24 personas por minuto se vieron obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países. De los 65,3 millones de personas desplazadas forzadamente hasta el 31 de diciembre de 2015, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.

Los principales datos indican que 3 países expulsan la mitad de la población refugiada del mundo. Siria, con 4,9 millones de personas; Afganistán, con 2,7 millones; y Somalia, con 1,1 millones. A nivel mundial, Turquía es el mayor país de acogida, con 2,5 millones de refugiados. Con alrededor de uno cada cinco ciudadanos, El Líbano acoge a más refugiados, en comparación con su población, que cualquier otro país del mundo.

En cuanto a las características de los Estados, en el año 2015 el 86% de los refugiados bajo el mandato del ACNUR se encontraba en países de ingresos medios y bajos, próximos a las situaciones de conflicto. En este sentido, la situación geográfica y étnica/religiosa se tornan variables fundamentales al momento del pedido de asilo.
Le siguen en importancia los niveles de desarrollo de los países de acogida; aquellos que estarían más preparados para recibir a los refugiados, sobre todo dado el contexto previo del migrante con escaso o nulo capital financiero -. Para citar algunos ejemplos, Alemania recibió 490.000 pedidos de asilo durante el año 2015, seguido por los Estados Unidos de Norteamérica, con 172.000. Es de resaltar el caso de Suecia en tercer lugar (154.000 requerimientos), que a pesar de su impronta legislativa en pos de los derechos humanos, su demografía es ostensiblemente menor que los mencionados previamente, lo cual genera un impacto socioeconómico y cultural inversamente creciente.

La situación en nuestro país

La República Argentina es un Estado signatario del Estatuto Internacional de los Refugiados acordado en la Convención del año 1951, y su respectivo Protocolo del año 1967. El marco legal nacional que se ocupa de los refugiados ha sido establecido en la ley de refugiados 26.165, aprobada en el año 2006. Esta ley puso en marcha a la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), encargada de decidir sobre las solicitudes de asilo y encontrar soluciones duraderas para los refugiados.

Se estima que hoy son cerca de 3.200 el número total de refugiados en la República Argentina; un número ínfimo en relación a los principales países receptores en la arena global. En el último quinquenio, la siria fue la primera en el ranking de nacionalidades que recibieron el estatus de refugiados, seguida por la colombiana, la ghanesa, la ucraniana, la haitiana y la cubana.

El porqué de números tan bajos tiene su razón: un nivel medio de desarrollo y una lejanía geográfica del lugar de origen. Por el contrario, las razones por las que eligen nuestro país son variadas. Un ejemplo claro es el caso de los refugiados africanos, quienes suelen escoger la República Argentina debido a que ofrece leyes migratorias flexibles, legislación específica para los asilados, ciertas posibilidades económicas, ausencia de conflictos bélicos y lejanía con respecto al lugar donde se han escapado perseguidos por su raza, religión o pertenencia a determinado grupo social.

En casi su totalidad llegan al país en la mayor edad productiva (de los 18 a los 40 años), donde la mayoría encuentra su forma de subsistencia en la venta ambulante – que no las fabrican, sino que las compran – y el sector informal en relación de dependencia – en las cocinas de los restaurantes, por ejemplo -; ingresos que les permitan enviarles dinero a sus familiares y en un mediano/largo plazo, volver a su tierra natal.

Sin embargo, el número ínfimo de refugiados (representa menos del 0,05% del total de población), no representa ningún tipo de efectos de tinte macroeconómico. A nivel microeconómico, mucho depende de sus lazos previos en el país – ya que por su situación no suelen traer consigo capital económico para generarse un emprendimiento propio, por lo que suelen recurrir a sus familias o grupos étnicos de pertenencia – y la capacidad de hablar el Castellano y el Inglés (por ejemplo los refugiados sirios solían pertenecer a la clase media-alta de su país y poseen cierta calificación y conocimiento técnico), sobre todo en cuanto a la posibilidad de conseguir un empleo en relación de dependencia.

El resto deberá transcurrir las vicisitudes – y problemáticas – socioeconómicas que enfrenta diariamente cualquier nativo; potenciadas en ciclos económicos adversos y cuando los refugiados provienen de etnias con amplias diferencias socio-culturales/raciales y de países con bajos niveles de desarrollo. El escenario más benigno se encuentra en las áreas de la educación y la salud física y mental – es fundamental para la contención psicosocial luego de pasar por situaciones traumáticas – ya que tienen cierto nivel de calidad y son gratuitas. Por el contrario, quedan pendientes los temas relacionados al mercado y al crédito, como es principalmente el acceso al empleo digno (por ejemplo se les dificulta la revalidación en Castellano a los que tienen un título terciario o universitario) y la vivienda (no pueden acceder a los programas nacionales).

Finalmente, cabe destacar que los refugiados en Argentina tienen el derecho de acceder a los mismos servicios públicos que gozan los extranjeros con residencia legal en el país sin el estatus de refugiado. En este sentido, Argentina tiene alrededor de 2 millones de inmigrantes (bolivianos y paraguayos concentran casi el 50% del total, seguidos por chilenos, peruanos y uruguayos que aportan otro 30%) lo que representa un 4% del total de la población. Ello también indica que menos del 0,5% de todos los residentes extranjeros en el país tiene condición de refugiado. Por lo tanto, no solo el número también es marginal, sino que obstaculiza cualquier tipo de evaluación sobre el estatus de cada inmigrante para la ciudadanía en general, así como también evita cualquier atisbo de diferenciación socio-económica y productiva entre los mismos.

En definitiva, dada la falta de impacto real sobre los ejes sociales, culturales y económicos, el debate se centra en el escenario mediático con el objetivo de canalizar cierto rédito político con los refugiados como ‘chivos expiatorios’, a través de la explotación de las problemáticas diarias ciudadanas (nacionalismo, inseguridad, recesión económica).