Llegaron las PASO. ¿A quien voto?

Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero. 7 de Agosto de 2019

https://www.ambito.com/llegaron-las-paso-a-quien-voto-n5047150

Llegó el domingo de las PASO. La verdad, estoy indeciso, no sé a quién votar. Pero esta vez voy a hacer algo diferente, me voy a tomar todo el día para pensar que partido será el que más va a beneficiar mis intereses…perdón, quise decir a mejorar la vida de todos los argentinos. Aunque de los años que tengo de vida, siempre vi que mientras algunos se perjudicaban, otros se beneficiaban. Y viceversa. Inclusive en los momentos de mayor crisis. En fin, me parece que nunca podrán salir todos conformes. Entonces mejor me conformo con que me vaya mejor a mí.

Entro al bar de la esquina y me pido un café, para poder despejar la cabeza. Pienso en el oficialismo. La situación económica es preocupante. Mercado interno deprimido, inflación, desempleo. Ni que hablar del nivel de endeudamiento. Pienso en mi nieto. En realidad todavía no tengo nietos, pero como viene la mano ya me preocupa la pesada carga que va a tener que soportar. ¿En lugar de dejarle deuda externa, le podría dejar como legado una mejor educación, no? Mejor me conformo con comprarle algún departamento. Porque como dijo Piketti, lo más relevante para tener un buen pasar económico es la herencia que podamos recibir.

Igualmente soy positivo. Porque no pensar en el segundo semestre, en los brotes verdes. Si en definitiva, gran parte de la economía son expectativas. El tema es que no se cumplen. Y espero, y espero, y espero. Pero me canse de esperar, quiero comer un buen pedazo de lomo los domingos. Ni que hablar como extraño las vacaciones en Uruguay. Desde que se pulverizo el salario real en dólares, solo postales de Piriapolis. Encima Keynes dijo que en largo plazo estaremos todos muertos. Ni presente ni futuro. Y bueno, mediano plazo. Como hacemos siempre, pegamos unos parches y seguimos. Después se verá.

Me voy a caminar por el parque, por ahí el aire fresco me ayuda a reflexionar. El Frente de Todos es el principal partido opositor. ¿Doce años en el gobierno implica mucha experiencia, no? Pero me parece que el viento de cola terminó siendo en una brisa de verano. Evidentemente, los beneplácitos de los superávit gemelos no se trasladaron proporcionalmente a los cambios necesarios en el sistema de salud, educación, o a nivel institucional. ¿Se solucionaron los problemas estructurales? A veces pienso que algunas cosas si, otras no. Derechos y deberes. Uno siempre piensa que da más de lo que recibe. Yo, Argentino.

Todo se entremezcla. Nunca se sabe si fue mala praxis, corrupción, o un mal diagnóstico. Po ahí es un poco de todo. Tampoco debe ser sencillo. Es verdad que había otros intereses, claramente más nacionales y populares que ahora. Lo que es seguro es que el consumo por el consumo mismo no alcanza. ¿No estaría bueno, como en muchos aspectos de la vida, tener una economía más balanceada? Consumo, Ahorro e Inversión. ¿Un poquito de cada cosa para estabilizar la macro, podrá ser? Pero bueno, como ya lo dije, nos engolosinamos siempre. ¿A veces se necesita tener la cabeza fría y tomar decisiones fuertes, no?

Vuelvo a casa y me espera un plato de pastas. El Consenso Federal parece ser la tercera vía, la nueva alternativa superadora. Aunque de nuevo no tiene nada. Es más, esta avenida del medio no solo no funciona acá, sino en ninguna parte del mundo. Se terminaron los consensos de centro-izquierda y centro-derecha post segunda guerra mundial. La gente con la que hablo quiere posiciones firmes, ya sea con los inmigrantes, con el aborto, con lo que sea. Más actual que nunca el evangelio que dice que a los tibios los vomita dios.

No han mencionado que van a tener posiciones tajantes, ni ante los monopolios formadores de precios que son determinantes en la inflación actual, ni ante el FMI, ni ante las mafias de todo tipo que están infectadas como un cáncer a lo largo y ancho del país. Igualmente, quien dice, por ahí si terminan con la grieta y eso finalmente nos brinda un salto de calidad ciudadano. Pacificar la sociedad a través de las ideas. ¿Aunque mejor no sería combatir la pobreza y el narcotráfico para terminar con la violencia y la coerción? Por ahí es un poco y un poco. Quien pudiera encontrar la mixtura perfecta entre y dentro de las Ciencias Sociales y Jurídicas. Como nos cuestan los equilibrios.

La siesta me permite reflexionar con la almohada. ¿Y si voto al Partido Libertario? Un partido de la derecha real, coherente en sus ideas. Qué extraño no, que tengamos que valorar la coherencia como algo positivo, cuando debería ser lo natural. Pero este es un Partido que aboga por ello, la mano invisible del mercado, la libertad del individuo, el progreso por el propio mérito como una consecuencia del devenir de la humanidad. Suena lindo no. ¿Pero qué hacemos con aquellos que nacen en la pobreza y no pueden auto proveerse de salud, educación o capital financiero para conseguir un trabajo o realizar un emprendimiento? ¿No es injusto que deban vivir una vida miserable, sin algún tipo de ayuda del Estado? No creo que las marcas de gaseosa o de telefonía más importantes respondan ante la necesidad de una familia de asfaltar su calle. En fin, ellos están para ganar dinero, no para realizar beneficencia.

Igualmente, es racional el tema del ajuste fiscal, no gastar más de lo que ingresa, terminar con los excesos de la política. Pero me queda una duda. ¿Es una cuestión de cantidad o calidad de empleados públicos? ¿No son ellos, junto con los funcionarios que elegimos, quienes trabajan por el bien común? Aparte muchos empleados de los diferentes niveles gubernamentales motorizan el consumo. ¿El mercado interno no es importante acaso? ¿O de eso se ocuparía el sector privado? ¿Ellos son los que debieran invertir entonces? Bueno, por ahora parece que no. No deben tener expectativas favorables. Mejor dicho, depositan su esperanza en la bicicleta financiera, no en la economía real. ¿Es lógico, no? ¿Quién querer lidiar con empleados sindicalizados o proveedores inestables, sobre todo con una tasa de interés por las nubes? En fin, parece la pregunta de quien apareció primero, si el huevo o la gallina.

Salgo camino a la escuela de votación, me separan unas pocas cuadras para terminar de reflexionar. Soy trabajador. Y el FIT dice que trabajador vota trabajador. Pero me cuestiono, ¿son ellos trabajadores que piensan como un trabajador como yo? Es que entiendo que algunos están registrados y otros no, algunos son monotributistas, otros tienen planes. No todos trabajamos bajos las mismas condiciones. Además se mezcla todo: los derechos de las mujeres y las minorías sexuales, la posición ante como juzgar la protesta, o que es prioritario para destinar los recursos. Encima son muy duros, sectarios. Hasta mis amigos me dicen que son violentos. Igual a veces me pregunto, ¿la tibieza ciudadana que vivimos en los últimos cuarenta años, a donde nos llevó? Evidentemente, bien no estamos. Yo diría bastante peor.

¿Y si todos ganamos lo mismo? La verdad es que muchas veces me da bronca ver algunos pocos vivir en la opulencia disfrutando de las piscinas de los barrios cerrados, paseando en yates privados y bebiendo vinos de cuatro cifras; mientras millones viven en las villas del conurbano sin cloacas, una alimentación adecuada, o simplemente el no poder disfrutar de una salida al cine. Pero no estoy tan seguro de que todos tengamos que ganar lo mismo. Mismo en mi trabajo muchos se esfuerzan y otros no hacen prácticamente nada. Y todos ganamos lo justo para llegar a fin de mes. ¿Entonces el problema no será que a todos nos va mal? ¿Y si le cobramos más impuestos a los que más tienen? Pero que paguen de verdad. Hasta ahora ningún gobierno obliga a los realmente poderosos, al verdadero poder detrás del trono. Mucha amistad, poco control. Me parece que no nos damos cuenta de nada.

Llegue a escuela. Subo a la escalera, y hago la fila esperando entrar al aula. Sé que hay tres o cuatro partidos políticos más, pero realmente no los conozco. Algunos candidatos parecen simpáticos, otros no tanto. En fin, ser candidato debe ser también un buen negocio. Además pienso, si los grandes partidos políticos tienen miedo de que haya fraude porqué no pueden fiscalizar las mesas, ¿Que se puede esperar de los que no tienen ni siquiera representación en la mayoría de los distritos? Es grave pensar así a esta altura del siglo XXI. Pero, evidentemente, institucionalmente estamos en el siglo XX. O peor, a veces parece el XIX.

Entro al cuarto oscuro. La verdad, estoy más confundido de lo que estaba cuando me levante, esto de votar termina siendo un problema. Pero no quiero ser pesimista. Estamos en la fiesta de la democracia. Además, como diría Churchill, la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos. Sin embargo, los chinos devenidos capitalistas están conquistando el mundo, y te dicen que su política de partido único que cercena derechos es necesaria para evitar los ‘desvíos’ que pudieran obstaculizar el camino hacia su utopía socialista. ¿Será así? En verdad no lo sé. Pero que más da, llego la hora de elegir. Bueno, ya me decidí. Pero el voto es secreto. ¿Ganaré o no? Lo importante es que ganemos todos. O por lo menos, los que más lo necesitan.

Irán, otro escenario donde se disputan las tensiones globales.

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 28 de Julio de 2019

https://www.ambito.com/iran-otro-escenario-donde-se-disputan-las-tensiones-globales-n5045043

Podemos afirmar que la detención del petrolero de bandera británica Stena Impero por parte de las Fuerzas Armadas Iraníes, es una mera anécdota. Como suele ocurrir en la historia de las relaciones inter-estatales, un hecho puntual, una pequeña llama disparadora, puede desatar una implosión sistémica. El ‘dilema de las jurisdicciones marítimas’ que hemos observado el último mes es simplemente una foto dentro de la dinámica de hostilidad (así lo considera el régimen persa), que lleva adelante Occidente contra sus intereses, su tradición, su forma de vida.

La importancia del hecho radica en el involucramiento de los principales actores estatales. En cuanto al Reino Unido, aunque el mismo se haya posicionado contrariamente a la decisión unilateral de Washington de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e imponer sanciones al régimen, intenta preservar a toda costa su ‘histórica relación especial’ con los Estados Unidos. El gobierno británico es hoy un boxeador golpeado que se encuentra a la defensiva en el último round, esperando que suene la chicharra para obtener un decoroso empate técnico que lo mantenga con la cabeza en alto para las próximas luchas post-Brexit. Ello se observa claramente en las vacilaciones y errores elocuentes: por un lado, nos encontramos con un Reino Unido que le pide un apoyo moral y ejecutivo a la OTAN; o sea, a los mismos (¿ex?) aliados europeos Alemania y Francia, con los que convive en una eterna y tensa disputa por el Brexit. Y para continuar embarrando la cancha – sin algún sentido para la lógica iraní – los servicios de inteligencia británicos han acusado a Moscú de ayudar a Teherán a falsificar la señal GPS para apresar su buque, a lo que agregaron que “el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y la inteligencia rusa han colaborado de forma muy estrecha en Siria, protegiendo y promoviendo sus intereses”. No solo no han descubierto nada, sino que tampoco han generado un aporte que provea algún tipo de solución al conflicto.

Evidentemente cualquier Estado – incluido una histórica potencia económica, política y militar como el Reino Unido -, que se encuentra viviendo un enorme desorden interno que concluirá, indefectiblemente, en diversos cambios estructurales que afectarán a la mayor parte de su ciudadanía, no puede atravesar nunca un complejo escenario diplomático y salir indemne. Cohesión doméstica para enfrentar el mundo, se diría. Así lo demuestra el apuro en la reciente confirmación de Boris Johnson como Primer Ministro para desarrollar, al menos, ‘cierto orden’ institucional que le permita al gobierno británico enfrentarse a los actuales dilemas regionales y globales.

En tanto a su partenaire, como suele ocurrir (casi) siempre, el ‘bombardeo’ económico es el que más le duele. Las sanciones estadounidenses, esgrimiendo el tan mentado poder nuclear iraní, han hecho mella en un histórico enemigo miembro de su denominado ‘eje del mal’. Sin embargo, y más allá de lo justificado o no de la finalidad de Donald Trump, su lectura sobre el potencial escenario de conflicto podría encontrar ciertos limitantes si se entiende la historia, cultura y religión del Estado persa.

En este sentido, cabe destacar que desde la revolución del año 1979, el Estado iraní ha adoptado la forma de República Islámica; donde el Líder Supremo de índole religioso, el ayatolá Alí Jamenei desde el año 1989, no solo es responsable de la delineación y la supervisión de las políticas generales del Estado (por lo que se encuentra por encima del presidente, Hasán Rohaní), sino que además es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y controla las operaciones de inteligencia y la seguridad del estado.

Es por ello que a sabiendas del diferencial de poder estadounidense (el gasto en defensa iraní – unos 18.000 millones de dólares anuales – es 40 veces inferior al de Estados Unidos), Irán, una potencia media en términos militares, no ha temido ni rehusado nunca a una lucha que excede los objetivos de poder y riqueza. Irak, Israel, Arabia Saudita han sido testigo de ello. En este sentido, la Guardia Islámica Revolucionaria (Pasdaram), la milicia religiosa (Basij), los aviones de combate o las rápidas embarcaciones de la armada persa, no dudan en lanzarse con fervor a todo tipo de acciones asimétricas, incluso kamikazes. Más aún, una potencial reacción agresiva de occidente no quedaría relegada a su propio territorio: el gobierno iraní ya intenta extender el conflicto a otros países en los que cuenta con el apoyo de amplias poblaciones chiíes: los hutíes en Yemen, los hazaras en Afganistán, el 60% de la población iraquí, los alauíes en Siria, el propio Hezbolá en El Líbano, la amplia mayoría chií en el estratégico Bahréin, además de la diáspora iraní en el mundo. E incluso se podría movilizar a la minoría chií (alrededor del 5% de la población) que vive en Arabia Saudita, sin olvidar el soporte que puede aportar Hamas, organización que, a pesar de ser suní, podría sentirse obligada a devolver el favor de haber estado alimentada de recursos económicos y militares iraníes durante años.

Cuando días atrás la Guardia Revolucionaria Islámica derribó el avión estadounidense no tripulado a principios de mes, envió un mensaje claro para los Estados Unidos: “las fronteras de Irán son ‘la línea roja’”, emitió en un comunicado la Cancillería persa. A pesar de este hecho puntual, y al que se le adiciona el conflicto nuclear, el gobierno estadounidense continúa con su retórica agresiva pero vacía en términos de una real ejecución. Luego de las amenazas inconclusas a Corea del Norte y Venezuela, el derribo del dron conllevó a una nueva amenaza bélica de Trump vía Twitter – como lo suele hacer -; sin embargo, el mismo mandatario suspendió los ataques aéreos de represalia apenas minutos antes de que debiera comenzar la acción.

Como contraparte, continúa insistiendo con las sanciones económicas – una política exterior más que recurrente en la historia estadounidense -, a través del fin del otorgamiento de exenciones a los compradores de petróleo o del obstaculizar las exportaciones a proveedores del Estado persa, entre otros; ello ha mellado en el valor del rial, su moneda, la caída de las inversiones, y en la escases para con el abastecimiento de productos básicos para su población. En definitiva, el objetivo último de la Casa Blanca pareciera ser que Irán colapse económicamente en poco tiempo y se genere algún tipo de subversión interna que deponga al Gobierno actual. Sin embargo, la reciente condena a muerte de la mayoría de los 17 agentes que supuestamente trabajaban para la CIA en áreas e industrias estratégicas, todos ciudadanos iraníes, nos muestra cuán lejano estamos de ello.

Como contraparte, Irán cuenta con el apoyo explícito de Rusia e implícito de China, en esta lógica actual de bipolarización geopolítica desde la asunción del actual mandatario estadounidense. En cuanto al primero, Moscú ya mostró su poderío e influencia en un espacio geográfico adyacente, como lo es Siria, e hizo frente a las ambiciones de Washington. Y lo hará en cada zona de influencia donde se encuentre geopolíticamente inmerso en un escenario que involucre a la OTAN y su estrategia misilística, en contraposición a la visión de Europa Occidental que sostiene que debe dar respuesta a lo que denominan un ‘agresivo’ avance del gobierno de Vladimir Putin en las áreas de influencia de la ex Unión Soviética.

China, por su parte, no solo es el principal importador del petróleo iraní, sino que el interés de Xi Jimping se enmarca en un contexto más amplio que implica el acceso al mediterráneo – y consecuentemente al mercado europeo -, bajo una serie de acuerdos y proyectos que se están concretando a través de la ‘nueva ruta de la seda’: ya sea tanto ferroviarios como portuarios, viales o fluviales – con sus diversas ramificaciones en diversas áreas económicas -, Beijing reconoce a Teherán como un aliado clave en su lógica multiplicadora.

Más aún, podemos decir que Irán es un aliado que, dada sus posición geográfica y sus capacidades hidrocarburíferas, cumple un rol de relevancia como articulador en una lógica tripartita. En este sentido, la histórica firma del acuerdo de suministro de gas ruso a China del año 2015 que involucró inversiones por 400.000 millones de dólares – luego de las sanciones Occidentales a Rusia por Crimea -, contó con la presencia de Rohani; cuyo gobierno, a partir de ese momento, también entró en conversaciones, convenios y contratos con empresas del gigante asiático para trabajar juntos; no sólo en la venta de gas y petróleo, sino también en el financiamiento de proyectos de explotación y exploración de hidrocarburos, junto con la construcción de puertos y ferrocarriles que le den soporte al gasoducto.

Finalmente, y dado el escenario descripto, lo que podemos afirmar es que Irán se ha negado a negociar mientras se encuentre bajo las actuales sanciones impuestas; más aún, redobló la apuesta y amenazó con elevar la pureza del enriquecimiento de uranio más allá del límite de 3,67%, acordado en el firma del año 2015, y cuyo fin era evitar que el Estado persa produzca material con fines militares. En el medio de los cruces, contrapuntos y ambigüedades, lo único que podemos afirmar al día de hoy es que, mientras algunos se preguntan hasta donde puede escalar este conflicto con ribetes que involucran peligrosamente a alta política global, Abbas Mousavi, portavoz del ministerio de Exteriores de Irán, dejó en claro la posición presente y futura de su país. ¿Hay realmente alguna sanción que Estados Unidos no haya impuesto ya contra nuestro país y nuestro pueblo en los últimos 40 años?, sostuvo en una reciente conferencia de prensa; para luego, repreguntarse con serenidad, “Y, ¿qué han conseguido?”.

Un respaldo teórico para la estrategia geoeconómica del tratado Mercosur-Unión Europea

Para Ambito Financiero por Pablo Kornblum – 3 de Julio de 2019.

https://www.ambito.com/el-riesgo-cazar-el-zoologico-y-el-peligro-confundir-matar-al-perro-terminar-la-rabia-n5040482

En las pantallas de los grandes medios de comunicación desde ambos lados del atlántico, el mainstream de la ciencia económica le habla al ciudadano medio: todos hemos ganado con el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Para la mirada de los más de 800 millones de futuros consumidores, la lógica de las ventajas comparativas incrementará la oferta de bienes a precios más asequibles para todos.

Detrás de esta máscara con anestesia, la Unión Europea le enrostra a Donald Trump, en medio de su Guerra Comercial con China, que el Consenso de Washington establecido por su propio país tres décadas atrás sigue más vigente que nunca y rige la lógica Ricardiana del comercio internacional. A ello le debemos adicionar el porqué no legítimo deseo de ganar terreno en América Latina (una reducción de aranceles en torno a los 4.500 millones de dólares para un mercado de 293 millones de habitantes no es de despreciar), histórico patio trasero de los Estados Unidos, y novedoso terrero fértil para los tentáculos económico-financieros y militares chinos y rusos.

Por otro lado, es evidente que el gran sector perjudicado en el viejo continente es el relacionado a los recursos naturales, donde nuestra región tiene abundancia y calidad para competir con la agricultura, la ganadería o la vitivinicultura del viejo continente. Esto no es otra cosa que un golpe más a lo lógica del Estado de Bienestar que solía privilegiar la calidad de vida y el sentido de pertenencia a las zonas rurales, en pos de la acumulación de capital y la colocación de bienes y servicios en cualquier lugar del mundo y a cualquier costo. En este sentido, Anwar Shaikh lo sentenciaba con claridad: la integración no siempre es buena para los países, pero si lo suele ser para las ganancias de los grandes grupos económicos con capacidad de exportar.

Pero no todo está perdido para el agro francés, polaco o irlandés. Lo que seguramente nos diferencia es su pragmatismo y capacidad de intentar siempre balancear racionalmente la diversidad de intereses para evitar discrepancias que agiten a los extremos políticos y sociales. No en vano la Unión Europea le agregó al tratado una cláusula según la cual “los estándares de seguridad alimentaria europeos quedarán protegidos en el acuerdo, sin cambios, y todas las importaciones tendrán que cumplir con ellos”; es decir, normas sanitarias y fitosanitarias que continuarán funcionando como una traba extra-arancelaria a las importaciones.

A ello le debemos adicionar que la Unión Europea cedió más en los productos que no produce, como la soja, la merluza, y los frutos; pero en cambio se aplicará el sistema de cuotas para cuyos bienes y servicios se producen dentro de Europa o en sus ex colonias. Ello en complemento con un mecanismo de salvaguarda bilateral que permitirá “imponer medidas temporales en el caso de que se produzcan aumentos inesperados y significativos de las importaciones que provoquen, o puedan provocar, serios daños a sus industrias domésticas”. Podemos suponer, solo con seguir una línea de análisis histórica, cuál de los dos bloques defenderá con mayor fiereza los intereses de sus propias mayorías. Es más, luego de brindar su apoyo político días atrás, Emmanuel Macron puso un freno a los impulsos frenéticos de los pro-tratado e indicó que Francia todavía no está preparada para ratificar el acuerdo.

Desde una visión sudamericana, el volver al mundo ha sido una bandera ideológica y productiva de la Argentina, que se afianzó con la llegada de Jair Bolsonaro al poder, y se terminó de forjar como eje clave para ambos oficialismos con el deterioro de las variables macroeconómicas domésticas. Lamentablemente, el venerado marketing de corto plazo generalmente se contrapone con una visión estratégica y objetivos superadores de largo plazo. Diversos escenarios así lo demuestran.

Para los defensores del acuerdo sudamericano, la apertura será un desafío para los sectores industriales a mejorar su productividad frente a la mayor competencia extranjera. Sin embargo, la historia económica ha mostrado que los países que tuvieron un crecimiento económico de relevancia en base a ingentes procesos de industrialización – podemos citar a los Estados Unidos luego de la Guerra de Secesión, o los denominados ‘tigres asiáticos’ en la décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial -, siempre protegieron celosamente los modelos productivos destinados a ser una digna competencia de las economías más maduras de su tiempo.

Cabe destacar que aunque en la actualidad han cambiado las variables productivas en juego (con eje en los servicios y la tecnología de punta), la lógica para con la obtención de la ventaja decisiva que permita conquistar y arrebatar nichos de mercado se mantiene inalterable a través del alcance del ‘know how’ que permita el desarrollo de todo tipo de invenciones. Ejemplo de ello es la exigencia europea de la extensión en la vigencia de patentes en el Tratado, cuyo requerimiento es recurrente por parte de la industria farmacéutica y de agroquímicos de los países del viejo continente ante cualquier tipo de negociación extra-comunitaria. Dicha clausula lo único que provocará será el acrecentar y profundizar las diferencias de capacidades inter-regionales.

Por el contrario, se nota la ausencia de simetría en nuestros requerimientos. Sino difícil es entender como el tratado contempla la eliminación o reducción sustancial de las barreras que impone el Mercosur a los metales raros de alta calidad, aquellos que necesita la industria europea de alta tecnología y hoy en día importa desde África o China. Por otro lado, el Mercosur cedió también en incorporar las licitaciones de obra pública entre los rubros de contrataciones con acceso abierto al capital europeo; lo que implica que un número significativo de proveedores locales del Estado podrán quedar desplazados por la participación de firmas europeas. Algunos podrán decir que se acabará con el capitalismo de amigos y los ‘capitanes de la obra pública’. Otros, sin embargo, podrán pensar que, dado que la corrupción es endémica y estructural en los organismos gubernamentales sudamericanos, los europeos también podrían aceptar gustosos pagar la coima con tal de obtener la enorme rentabilidad que suelen proveer los contratos públicos en nuestra región. Evidentemente, no debemos confundir matar al perro con terminar con la rabia.

La otra pregunta que surge es si el Mercosur realmente trabajará como bloque o, como ha demostrado la historia, cada país miembro ‘jugará’ su partida. Ello podría ser peligroso ante escenarios de crisis económicas recurrentes e instituciones débiles, donde para los europeos la apertura de nuestros mercados podrían significar ‘cazar en el zoológico’. Pensemos, además, que la industria nacional argentina no sólo se vería perjudicada por el ingreso de productos desde el otro lado del atlántico al mercado local, sino también por la mayor participación europea en la plaza brasileña, nuestro principal socio comercial. Una pelea encarnizada del ‘pobre contra el pobre’ que podría dejarnos muy mal parados. Aunque no a todos.

En este sentido, varias de las agrupaciones empresarias más características del sector concentrado de la economía argentina – especialmente las vinculadas al capital extranjero y grupos monopólicos en sectores estratégicos -, no sólo celebraron la firma del acuerdo sino que, además, solicitaron “a la dirigencia política de todos los partidos que dejen de lado sus diferencias coyunturales para arribar a acuerdos básicos sobre políticas públicas que permitan las transformaciones estructurales para poder competir y estar integrados a las cadenas de producción globales”. Entre esas reformas, citan principalmente “la reducción de la presión impositiva, la reforma de los convenios laborales, y la disminución de la tasa de inflación”.

Bajo la bien conocida doctrina del ‘esfuerzo permanente’, estos grupos explicitan, una vez más, la urgente necesidad de ser más competitivos. Seguramente muchos estemos de acuerdo. Lo que hace ruido es quien va a pagar los costos de ello. Porque además de la brutal devaluación del salario real en dólares de nuestro país en los últimos años, se les está pidiendo a las clases medias y bajas de la sociedad que deban doblegarse aún más ante una potencial novedosa legislación que avale la flexibilización laboral y la reforma previsional, entre otros. Salarios africanos y 50% de los niños bajo la línea de la pobreza multidimensional es un cóctel perverso y explosivo que no podemos permitirnos.

Para concluir, es interesante en este momento de la historia, recordar a Arghiri Emmanuel. Este teórico marxista ya sostenía, hace casi 70 años, que la lógica centro-periferia era viable porque las elites de las principales potencias sostenían que los trabajadores del mundo subdesarrollado no necesitaban, dada su historia, su cultura, y su falta de conocimiento, los mismos bienes que los asalariados del entonces mundo desarrollado. Hay que tener cuidado: sería trágico que, en pos de ganar competitividad, a alguien se le ocurra traer a colación ideas que parecían haber quedado en los anales de los libros de historia. Al menos eso podríamos pensar. Porque como sabemos, en nuestra región todo es posible.

Las visitas de Duque y Bolsonaro. Entre el discurso y la realidad

Por Pablo Kornblum para Ámbito Financiero. 21-06-2019

https://www.ambito.com/las-visitas-duque-y-bolsonaro-el-discurso-y-la-realidad-n5038157

El presidente Mauricio Macri recibió este mes a dos mandatarios aliados: los recientemente electos presidentes de Colombia y Brasil, Iván Duque y Jair Bolsonaro. Con ambos comparte un background similar: son ‘Outsiders’ de la dinámica política enraizada en Sudamérica – Duque es un joven profesional con una carrera asociada al gerenciamiento técnico y al ámbito académico, mientras que Bolsonaro tiene un bagaje militar (con un pasado legislativo menor en términos de participación activa) y fuertes vínculos con las iglesias no tradicionales (sobre todo las evangélicas, que se calcula tienen alrededor de 70 millones de fieles en todo el país) -, y han contado desde sus comienzos con un enorme ‘marketing político’ para sustentar sus campañas y políticas públicas.

En el marco de los encuentros per se, el principal motivo de festejo para el oficialismo nacional fue el apoyo explícito a Macri ante las próximas elecciones en Argentina. El resto de las declamaciones han sido una conjunción de fuerte contenido de liberalismo económico (con pretensiones de avanzar con reformas estructurales en términos previsionales, laborales, y de comercio exterior), entremezclado con una fusión geopolítica anti-populista que busca desterrar a Maduro (y a los potenciales Maduros) de América Latina para siempre.

En tanto a lo dicho en términos de política económica exterior, podemos indicar que lo irreal del discurso se lleva puesto cualquier tipo de análisis racional. Hace más de veinte años se habla de un infructuoso Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Alguien cree que es posible, solo para citar un ejemplo, que el presidente de Francia Emmanuel Macron pueda ceder ante la lógica aperturista liberal de un potencial acuerdo que afecte a la agricultura francesa, en medio de una disputa que parece no tener fin con los chalecos amarillos? ¿Puede Europa pensar en una lógica cohesionada en medio del dilema del BREXIT, que claramente se contrapone con el avance a paso firme de Rusia y China en la disputa con Estados Unidos por el dominio del tablero geopolítico global? No parece muy factible.

Menos aún si posamos la mirada en nuestros lares. No solo a través del ninguneo brasileño (el propio Ministro de Hacienda, Paulo Guedes, sostuvo a las pocas semanas de asumir que “la Argentina y el Mercosur no son una prioridad”) a la par de la gran crisis económica Argentina actual, sino que además se ha dejado afuera de la discusión a las economías más pequeñas, Uruguay y Paraguay. Parece que el dialogo bilateral no tomó nota de las históricas y reiteradas quejas de estos dos socios primarios de que el tamaño de sus mercados no tiene que ser una excusa para excluirlos de las decisiones claves. Si a ello le adicionamos las trabas burocráticas y logísticas, el escenario es aún más complicado.

Ni que hablar de la propuesta de la moneda única común entre Brasil y Argentina (cabe recordar que todavía no tenemos ni un swap con nuestro principal socio comercial), desmentida a una velocidad inusitada por el propio Banco Central de Brasil. ¿Es posible pensar en una moneda común cuando desde la época de Alfonsín-Sarney se hablaba, solo para mencionar una temática, de una complementación económica que nunca se dio? Basta recordar cuando las empresas argentinas ‘volaban’ a Brasil al ritmo de la convertibilidad y el ‘deme dos’ en los 1990’. Menos aún el pensar que un ciudadano brasileño medio, que ni siquiera suele atesorar sus activos en dólares, pueda considerar al Peso Argentino como reserva de valor, aunque sea a través de una mixtura con el Real. Difícil ya es poner en análisis que Brasilia aceptara ‘compartir’ un Banco Central.

En este sentido, deberíamos aprender de la historia, que siempre es aleccionadora. Si la Unión Europea no pudo hacer cumplir el Tratado de Maastricht, porque no previeron que la productividad, el Gasto público, o la Tasa de Ahorro privado no es similar para un país latino, un anglicano, o un cristiano ortodoxo (solo para conjugar la variable económica con la religiosa), ¿porque entonces deberíamos pensar que no ocurrirá lo mismo en Sudamérica, donde existen también amplias diferencias culturales, institucionales o de consumo?

El otro punto a tener en cuenta es la geopolítica. Los tres gobiernos han aclarado que van a “hacer todo lo posible para que se restablezca la democracia en Venezuela; pero más importante que eso es el tema ideológico: el populismo no puede volver nunca más a América Latina”. No solo lo piensan sino que también se lo exige su principal aliado, Donald Trump, quien contribuyó (y contribuye) en gran medida, a la sustentabilidad de sus mandatos: lo sacó de la carrera presidencial a Lula para que triunfe Bolsonaro, le habilitó el préstamo más importante de la historia del FMI a la Argentina para evitar una mayor fuga de divisas, y le dio el visto bueno al delfín de Uribe, un partidario de la no reconciliación con las FARC y muy ligado a los círculos más libertarios americanos.

Lamentablemente, la cosmovisión de la macropolítica y la geoeconomía global elucubrada en cómodos sillones, debe necesariamente complementarse con la lógica – incluida la electoral – doméstica. Aunque está claro que nadie en Argentina va a cambiar su voto por el locuaz apoyo de Duque y Bolsonaro: el ciudadano vota, principalmente, abriendo su heladera y observando si se encuentra más llena que vacía (o viceversa).

En este aspecto, ninguno de los tres mandatarios pueda mostrar signos de suficiencia económica nacional. Tenemos un escenario adverso para la economía de Brasil – con una gran crisis derivada de una reforma al sistema previsional inconclusa, bloqueada por las centrales sindicales, y que a su vez tiene como contraparte un gran enojo por parte del empresariado por la falta de fortaleza del ejecutivo para darle impulso legislativo -; Argentina, con una probable prevalencia a la estanflación por lo menos hasta el año que viene que se clarifique el escenario electoral y la capacidad de refinanciación de la deuda externa; y una Colombia que, a pesar de contar con una macroeconomía con un crecimiento estable (incremento del PBI previsto en torno al 3,5% para este año, aumento de la IED (68,4%) y la producción de petróleo (5,3%) en el primer trimestre recién concluido, déficit fiscal esperado para fin del corriente 2019 en torno al 2,4%, y una deuda externa del sector público que representa solamente el 22,8 % del PBI), la misma OCDE en un reciente estudio sostiene que la desigualdad y la formalidad continúan siendo muy altas en el país, a tono con el resto de la región.

En definitiva, la dialéctica diplomática o la discursiva en redes sociales, son solo herramientas que trazan imaginarios que, difícilmente se suelen ver plasmados en beneficios concretos para las mayorías. Encontrar la manera de balancear la relación con Estados Unidos y China, el cómo potenciar la relación entre el Mercosur y otros bloques comerciales (ya sea con la Unión Europea o bien podría ser el caso de la Alianza del Pacifico), o el modo de generar un desarrollo socio-económico y productivo sustentable que termine definitivamente con la pobreza en la región, requieren decisiones complejas que afectan fuertemente intereses poderosos, concentrados, y muchas veces contrapuestos.

Por ende, se requiere capacidad, coherencia y ética para gobernar. Es por ello que cuando Bolsonaro apoyó explícitamente a Macri en su visita al país pidiendo que los argentinos voten con “la razón y no con la emoción”, uno podría pensar que debería haber sido más prudente con sus palabras. Ya que cumpliendo su propia premisa, podría, si es que alguien realmente lo escuchó de este lado de la frontera, haberle sido contraproducente haciéndole perder parte del caudal electoral al propio oficialismo que había querido beneficiar.

Una vez más, un Trump impredecible en la relación con Méjico

Publicado en Ámbito Financiero, el 05 de Junio de 2019

https://www.ambito.com/una-vez-mas-un-trump-impredecible-la-relacion-mexico-n5035415

“Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le respondió el presidente de Méjico, Andrés Manuel López Obrador, a su par estadounidense Donald Trump. Su racionalidad es lógica: la desigual estructura económica centroamericana, la violencia social y política, la corrupción endémica, la falta de oportunidades educativas y los obstáculos de acceso a un sistema financiero concentrado, son algunas de las razones que potencian el círculo vicioso de la pobreza del que millones de pre-migrantes no pueden escapar. Resulta evidente que el establecimiento de un impuesto incremental mensual del 5% a todas las exportaciones mejicanas – hasta llegar al 25% el próximo mes de Octubre – no calmarán sus ansias de una vida mejor. Y es muy probable que López Obrador tampoco pueda – ni quiera -, realizar cambios estructurales para eliminar de raíz la inmigración ilegal.

Trump lo sabe, pero lo que realmente le interesa es ‘matar varios pájaros de un tiro’. Por un lado, el tener una discursiva beligerante ante un Estado inepto o “fallido”, le permite no solo desligar sus responsabilidades, sino también intentar hacer olvidar, por lo menos mientras pueda, las imágenes de niños inmigrantes encerrados en jaulas. Bajo su concepción, seguramente habrá pensado en un potencial efecto disuasivo que denote poder, y no en la demostración de sus miserias más oscuras; por supuesto, es más sencillo propiciar la mano dura con familias desvalídas, que avanzar militarmente en Siria, Ucrania, Venezuela o Corea del Norte con Putin o Xi en la vereda de enfrente.

A su vez, el discurso anti-extranjero que enmascara los desaciertos propios también se fortalece al analizar la balanza comercial y de cuenta corriente bilateral con Méjico. Con remesas que han rondado los 30.000 millones de dólares en la última década, y un déficit comercial en torno a los 80.000 millones de dólares el año pasado, esta ‘fuga financiera’ se torna intolerable para la altisonante y ya clásica frase de campaña ‘Make America Great Again’. Por supuesto, no menciona – u mejor dicho oculta – los efectos multiplicados positivos que impactan fuertemente en el mercado interno estadounidense dada la alta propensión marginal al consumo de los inmigrantes. Menos aún lo que ocurre fronteras afuera, resaltando a las remesas como una fuente fundamental de ingresos externos para muchos países de la región, con derivaciones directas para con la mejora en la calidad de vida de millones de familias centroamericanas. Lo que a su vez podría redundar en un beneficio propio para los Estados Unidos, ante una menor tasa de emigración.

Finalmente, la mayor violencia verbal derivada de las problemáticas económicas y financieras globales de las últimas décadas, las cuales se han traducido en sostenidos corrimientos hacia los extremos ideológicos, le ha habilitado a Trump una discursiva potente para arengar a sus votantes, sosteniendo que Méjico es un país “abusador” de los Estados Unidos. Se podría decir que es un ‘extraño abusador’, ya que con su vecino del sur ha firmado un nuevo Tratado de Libre Comercio, junto con Canadá, hace escasos ocho meses. Es por ello que podemos dilucidar que la problemática per se no es lo importante: la clave en lógica ‘trumpteana’ es viralizar una palabra con una fuerte connotación social – con reminiscencias en clave de ‘violación’ u otras atrocidades -, entre aquellos trabajadores no calificados estadounidenses que observan con recelo a los inmigrantes ante una situación de competencia laboral desigual.
Toda esta situación, que entremezcla conceptos, selecciona variables de análisis según conveniencia, y muestra permanentes contradicciones, lo único que ha provocado es que el resto de los actores estatales le ‘tomen el tiempo’ a Trump. Con una credibilidad que decrece proporcionalmente ante cada declaración altisonante en tono de ‘factor sorpresa’, López Obrador le respondió con el mismo discurso agresivo: “no me falta valor, ni soy cobarde”, fueron sus primeras palabras luego de enterarse de la novedosa política arancelaria estadounidense. Luego le ha intentado explicar a su homólogo norteamericano, muy didácticamente, que el impuesto adicional lo terminaría pagando el consumidor estadounidense, que si Méjico responde con medidas similares los Estados agrícolas estadounidenses – una de las bases electorales de Trump – serían fuertemente afectados en términos financieros, como así también que habría profundas pérdidas económicas por el incremento de los costos de muchas industrias que tienen cadenas de suministro establecidas en Méjico. Y sin expresarlo taxativamente, también sabe que una gran cantidad de empresarios estadounidenses, que se encuentran siempre ávidos de utilizar la mano de obra barata y laboriosa inmigrante, no estarían muy conformes con una disminución sostenida de la inmigración centroamericana.

Es interesante como este escenario economico descripto desnuda una ‘estuctura economica desigual’ – tal cual reflotaría algun teórico estructuralista latinoamericano -, con una economia que comulga sectores industriales y de servicios fuertemente tecnologizados, conviviendo con otros más atrasados que requieren mano de obra de bajo costo, como son la agricultura, la pesca, la construcción, o la manufactura. Estos sectores más subdesarrollados, los cuales se intentan permanentemente minimizar en los países con mejor calidad de vida, todavía tienen relevancia en la principal potencia económica del mundo: su necesidad de evitar la dependencia bajo el ala del autoabastecimiento, el poder competir en todos los sectores económicos a nivel internacional, y el continuar siendo el motor de acumulación de capital global, son parte del ‘deber ser’ estadounidense para lidiar con las potencias desafiantes en este siglo XXI, China y Rusia.

Este escenario es bien sabido al sur del Rio Bravo. Por ende, mientras los gobiernos centroamericanos solo especulan con la ingente recepción de remesas y sue?an con la hipoteticamente teórica disminución proporcional del gasto público en relacion a cada emigrante que parte, el ciudadano de a pie, quien ha perdido su convicción en la capacidad gubernamental de lograr el objetivo primordial de proveer un decente bienestar económico, encuentra en la emigración una salvación a su vida. En el Estado mejicano de Guerrero hay un dicho muy común entre la población, que sostiene que “Si eres estúpido y no tienes suerte, te quedas atrapado en Méjico haciendo tareas agrícolas o trabajando en las maquilas, donde apenas te alcanza para comer. Si eres estúpido, pero suertudo, te incorporas a la policía. Si no eres listo, te vas con los narcos. Y si eres listo, cruzas la frontera y llegas a Estados Unidos”.

En definitiva, una vez más los ciudadanos más necesitados se han convertido en la variable de ajuste en ambos lados de la frontera; bajo un paradigma en donde las hipótesis de conflictos intra e interestatales poseen fuertes componentes histórico-culturales, políticos y sociológicos en términos de la comprensión ciudadana y la manipulación política. Ahora le toca el turno a la política arancelaria, la cual desdeña una solución racional y ética, pero pone sobre el tapete una puja de intereses socio-económicos y productivos con resultados macro y microeconómicos ambivalentes de largo plazo. Y aunque las ganancias obtenidas luego de las disputas entre los diversos actores terminarán siendo los grandes temas de discusión y análisis de los medios de comunicación más relevantes, lo único certero es que los desprotegidos y pauperizados inmigrantes continuarán siendo los grandes perdedores de esta disputa inter-estatal.

Estados Unidos-China: Una historia que puede explicar el futuro

Por Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero

La guerra del opio contra los británicos o la invasión japonesa a Manchuria no pasaron desapercibidos en la historia china; desde 1949, el gigante asiático se perjuró nunca más encontrarse subyugado ante el enemigo foráneo. Ello debe quedar claro: China no representa solamente un modelo económico socialista que utiliza las herramientas del capitalismo para alcanzar sus objetivos de desarrollo y prosperidad. China es mucho más.

El gigante asiático ha jugado siempre de la misma manera desde su apertura económica a fines de los años 1970’: responder al mundo con lo que mejor tiene y, en paralelo, ser consecuente con su fin. Nadie puede negar que, a nivel comercial, haya sido el principal proveedor de bienes del mundo en las últimas décadas. También el mayor comprador. En el mientras tanto, no ha hecho nada diferente de lo realizado por el resto de las principales potencias que aspiraron a dominar el planeta en la historia moderna: sus políticas se pueden ver reflejadas en la producción en masa británica durante las revoluciones industriales, la innovación alemana que le permitió una supremacía militar para atravesar las ‘grandes guerras’, la carrera espacial soviética, o la globalización tecnológica con rostro estadounidense de la segunda mitad del Siglo XX. China tiene un poco de todo ello, visualizado en las patentes, los desarrollos en telecomunicaciones, el fortalecimiento de su aparato militar, o el avance satelital. Con una potente proyección exógena, que se complementa con una lógica endógena al servicio del país.

Es por ello que las palabras altisonantes de Trump para castigar los negocios de las empresas chinas no hacen mella en el gigante asiático. Explotar vulnerabilidades, realizar actos maliciosos o desarrollar un sofisticado sistema de espionaje, son parte de una retórica que no dará resultado. Por ‘las malas’, China no modificará sus políticas de Estado. Pero el presidente de los Estados Unidos tiene su racionalidad: por las buenas tampoco se ha logrado perforar la senda de crecimiento político, económico y militar chino. Los ejemplos sobran en el corriente siglo: desde los pedidos de Bush hijo para que cesen las políticas de Dumping, los requerimientos de Obama para lograr una revaluación del Yuan, o las mismas presiones de Trump para que se terminen los subsidios a los conglomerados corporativos ‘campeones nacionales’ por parte del gobierno. Nada ha dado resultado. Solo tibios cambios marginales que no han frenado las aspiraciones chinas.

Más aún, para China, deshacerse en cualquier momento de los 1.189 billones de dólares en bonos del tesoro estadounidense, fortalecer medidas de control burocrático a los flujos comerciales, o jugar con el tipo de cambio a su antojo, son solo herramientas accesorias para ser utilizadas, solo en caso de ser estrictamente necesario, para sopesar una coyuntura financiera desfavorable provocada por el adversario norteamericano. Nada más que eso. En este contexto, y mientras Estados Unidos busca mantener su preeminencia bajo la permanente presión de la coyuntura económica internacional, China ha comenzado un sendero de crecimiento que solo finalizará cuando logre ser la gran superpotencia global dominante que pueda abastecerse de todos los recursos necesarios para que su población posea una digna calidad de vida. O por lo menos ese es el discurso del Partido para transitar, junto al ‘hombre nuevo’, el camino hacia un comunismo pleno.
Por ahora, el pragmatismo que impera en Beijing apunta a alcanzar la autosuficiencia tecnológica del 70% de los componentes y materiales claves para el año 2025. Por ello no reniega de la “cortina de hierro tecnológica”: por ejemplo, los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi), aprovechando la prohibición de todas las redes sociales y de motores de búsqueda extranjeros, reemplazan en China a los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon). Y a su vez, el gigante asiático intenta seducir a los países participantes de la Nueva Ruta de la Seda para convencerlos que utilicen su tecnología. En este sentido, el caso de Huawei es emblemático: con su red 5G intercontinental tienen planeado crear más de ocho millones de empleos en China para el año 2030. Por lo tanto, que mejor discursivo anti-estadounidense que presentar las interpelaciones de Occidente al gigante de las telecomunicaciones chino como un obstáculo al derecho a “desarrollarse y prosperar”.

Más aún, Trump hace caso omiso a un escenario Win-Win, donde bien sabe que Huawei destina un tercio de su presupuesto anual de 11.000 millones de dólares a comprar componentes estadounidenses. La realidad es que las luminarias del dilema estadounidense se centran en las 4024 solicitudes de patentes presentadas internacionalmente por Huawei durante el año pasado, convirtiéndola en la más innovadora corporación a nivel global. En las sombras, lo que realmente le preocupa es su ‘necesaria cooperación’ – obligada para todas las compañías chinas por ley desde el año 2017 – con los servicios de inteligencia del país. No es por nada que los halcones de Washington ya han exigido, por esta o y otras razones, que China tenga flexibilidad para modificar su legislación. A una propuesta utópica, una respuesta distópica por parte del gobierno chino: no aceptarán de ningún modo una injerencia en los asuntos internos ni en las políticas de Estado dictaminadas desde Beijing.

Será que entonces la conveniencia del gobierno de los Estados Unidos se encuentre, por un lado, en continuar aprovechando, con mucho cuidado y regulación, los beneplácitos de los intercambios comerciales y financieros que les provee una globalización bajo el formato que ellos han creado décadas atrás. Para las injusticias inter-estatales, tanto por izquierda como por derecha, siempre existe el dialogo, el consenso sobre la determinación de los precios, el financiamiento, las mejoras de productividad, las posibilidad de exportar a escala, etc.

Pero por otro lado, al mismo tiempo y tal como lo hace China, Estados Unidos deberá continuar desarrollando y potenciando – con igual o mayor velocidad que su oponente – la carrera tecnológica civil y militar; simplemente para que cuando la escasez de recursos o un dilema geopolítico de gravedad se tornen inmanejables, los encuentre lo suficientemente preparados para enfrentar un potencial deshielo de esta nueva ‘guerra fría’. Porque la posición china es y será clara, y se puede resumir en una frase: “Negociar, seguro. Luchar, en cualquier momento. Intimidarnos, ni en sueños”.

Estados Unidos – China y una guerra que excede lo comercial

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, 9 de Mayo de 2019.

https://www.ambito.com/eeuu-china-y-una-guerra-que-excede-lo-comercial-n5030571

El presidente Trump ha dejado en evidencia que no soporta la paciencia confuciana de uno de sus contendientes en esta guerra fría tripartita (el otro es Rusia). Tiene su lógica: la lentitud de los cambios estructurales que promueve china tiene relación con su objetivo de mantener el statu-quo económico – claramente favorable para los asiáticos -, hasta que se encuentren dadas las condiciones científico-tecnológicas y militares adecuadas para avanzar geopolíticamente con la fortaleza suficiente de su músculo bélico; aquel que le permita torcerle definitivamente el brazo a los Estados Unidos.

Es por ello que Beijing ha decidido aminorar el golpe de un juego del cual se ve perdedor, por lo menos en el corto plazo, adoptando medidas de ‘buena voluntad’: la baja de aranceles a los vehículos importados, la reanudación de la compra de soja, el no devaluar el Yuan, o la presentación de un proyecto de ley para prohibir la transferencia forzada de tecnología, se encuentran entre los más destacados. El as en la manga quedará para más adelante y solo en caso de que sea necesario utilizarlo: China es el principal tenedor de bonos de deuda estadounidense, lo que implica que puede movilizar Wall Street y el resto de los mercados globales con meros movimientos premeditados de compra/venta.

Sin embargo, Trump apuesta a algunos datos económicos, tal cual lo sentenciaba su antecesor Clinton, para reforzar su apuesta arancelaria. Él sostiene que la tendencia creciente del PBI (+2,9% en 2018), la desocupación más baja en décadas (3,8%), apropiados niveles de inflación (2,4%), y la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos, entre otros, en gran parte se deben a sus políticas de agresivo proteccionismo. A pesar de que hay cierta veracidad en su declamación, que por supuesto tiene aristas más variadas y complejas, sus palabras son una herramienta potente para fidelizar al electorado con vistas a las elecciones presidenciales del año entrante.

Con tres líneas discursivas precisas sostiene un ‘enemigo’ para una sociedad que, mayoritariamente, acepta fervientemente la dicotómica pelea entre el bien y el mal. Los 500.000 millones de dólares al año de déficit comercial, el ‘robo’ de la propiedad intelectual, o el subsidio a las empresas estatales son hechos fácticos que no se le pueden discutir a Trump. Más aún, la ‘demonización’ china es el verdadero valor agregado: el déficit comercial es sinónimo de falta de trabajo y pobreza estadounidense, el robo tecnológico le brinda a China un diferencial en una potencial guerra a futuro, y las políticas de control gubernamental son un sinónimo de comunismo avasallante.

Por su parte, las críticas de los neoliberales, las que entre otras cuestiones afirman que los consumidores estadounidenses van a terminar pagando más caros los productos, a Trump le tienen sin cuidado: desde Washington responden que los movimientos tendrían un ‘dolor a corto plazo’, pero la situación cambiaria positivamente a futuro. El BREXIT es un ejemplo de ello: el gran susto que promovió el liderazgo europeo y los mercados, con el soporte de los principales medios de comunicación, no hizo mella en una transición hasta el momento ordenada. La historia ha demostrado que los países no quiebran, que las economías se acomodan – el Reino Unido ya se encuentra realizando acuerdos comerciales y financieros con terceros actores -, y que lo realmente importante es la solidez técnica y moral de las instituciones gubernamentales.

¿Por qué entonces, por ejemplo, no esperar de encontrar otros proveedores u otros mercados del sudeste asiático, donde se pueda terciarizar la producción y realizar los negocios que se pierden con China? Es razonable que siempre existan costos; más aún que los procesos de adaptación lleven tiempo. Pero no es nada que no se pueda solucionar. Mientras tanto y para contrarrestar este potencial escenario, Xi prometió la “abolición de las reglamentaciones, subvenciones y prácticas no justificadas que alteran la competencia y los mercados”. Aquellos que abrazó desde que China instauró el ‘socialismo de mercado’ en la década de 1980’, y terminó de afianzarlos en el año 2001 cuando, con su membrecía, aceptó cumplir con las regulaciones impuestas por la Organización Mundial de Comercio.

Está claro que la ingenuidad de Xi es meramente especulativa: solo espera, con calma y entereza, que amaine una tormenta que tiene varios frentes (como la extradición pedida por los Estados Unidos para la directora de Huawei en Canadá; o mismo los roces con la Marina de Guerra estadounidense en el Mar del Sur de China), para luego, cuando el politburó lo considere oportuno, poder retomar la iniciativa y continuar sus planes de crecimiento y desarrollo, hasta convertirse en la principal potencia económica, política y militar del mundo.

Consecuencias para Sudamérica de la situación venezolana

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/las-consecuencias-sudamerica-la-situacion-venezolana-n5018930

Más allá de las declamaciones, lo que hoy se encuentra en la picota del escenario venezolano es la factibilidad (o no) de la intervención militar estadounidense. En este sentido, Trump acusa a Maduro de sostener una dictadura comunista que hambrea a su población. Una discursiva sencilla e históricamente efectiva; más aún en una época de liderazgos duros, donde la oposición doméstica – sobre todo en cuestiones internacionales, donde el nacionalismo es aún más profundo y abarcativo en la mayoría de las capas sociales – es meramente declamativa.

Sin embargo, cuando se intenta ahondar un poco más en la temática en cuestión, se debe entender que a la actual administración estadounidense poco le importan si existen diferencias o matices: sea un marxismo centralista y programado a la cubana; un capitalismo de amigos bajo una lógica chavista o sandinista, o el progresismo populista de Evo Morales. Ideología, planificación o diversidad en la avidez al consumo, no son relevantes. El real enemigo es cualquier Estado al sur del Rio Bravo – cual poseedor de vastos recursos naturales -, que tiene una alianza estratégica con China o Rusia. El ser ‘de izquierda’ es una variable más en el juego global, una excusa simplista para seleccionar el objetivo.
El ataque ha comenzado. El ‘Poder Blando’ de la presión mediática es quien ya se encuentra operando desde un primer momento; simplemente para mellar sobre el prestigio, que bien se sabe se termina cuando hablan las armas. El próximo – y porqué no el último – eslabón que podría actuar como obstáculo de un conflicto bélico es, como ha ocurrido en el transcurso del último siglo, el hacer ‘desangrar’ económicamente al enemigo: obstaculizar las cuentas bancarias, dificultar la producción y logística de la industria hidrocarburífera, y quebrantar las alianzas comerciales/financieras al máximo para golpear el corazón del gobierno chavista. Mejor dicho el bolsillo, aquel que le ha permitido sostener la lealtad inquebrantable de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y las milicias bolivarianas.
Difícilmente exista otra manera de generar el desmembramiento interno, ese punto de quiebre que cambie la balance endógeno de todo el aparato de poder. Más allá del adoctrinamiento y el estatus ganado en las últimas dos décadas, el poder económico y político del aparato de coerción (manejo de la importación y distribución de alimentos, el sistema cambiario, PDVSA, el Arco Minero) no permite una fácil ruptura del statu-quo. Podrían ser los oficiales de rangos medios o bajos de las FANB quienes fracturen lealtades, al ser ellos los que sufren en cercanía las penurias del venezolano común, además de que se ponga en juego la variable aspiracional para con el escalar profesionalmente bajo otro gobierno que ‘limpie’ a la actual comandancia. Pero ello dependerá que alcancen una masividad suficiente para evitar sus propias ‘desapariciones forzadas’ por parte de los Servicios de Inteligencia y los Comandos contrainsurgentes adiestrados por el régimen.
Por lo tanto, nos encontramos ante un peligroso contexto que podría alcanzar un desenlace inédito para nuestra región. En este sentido, desde los procesos independentistas nunca ha habido una injerencia militar interna directa de los Estados Unidos en Sudamérica. Aunque la cooptación de intereses civiles y militares en su ‘patio trasero’ durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado haya dejado una impronta potente en nuestra región (aunque con versiones diversas según quien la evalué), la situación actual es diferente: no solo la globalización, la tecnología y la cultura moderna conllevaron a que todo se encuentre más vivo, a flor de piel, visualizado, discutido – lo que hace que el apoyo externo tuviera que ser más marginal y suavizado, como ha sido el caso de los derrocamientos de Lugo en Paraguay o Zelaya en Honduras -, sino que además los intereses de China y Rusia ahora son claros y concisos.
Recursos Naturales, ampliación logística, posicionamiento geoestratégico. Los mares y ríos, el litio, la minería, el petróleo, el Amazonas y la Antártida. Además de la provisión de cazabombarderos, sistemas de misiles, armamento liviano, tanques, buques de guerra, redes de ciberdefensa. Todo demasiado interesante para las potencias desafiantes. No cabe duda que los tentáculos chinos y rusos, ya bien adentrados en toda nuestra región, indefectiblemente provocan que los gobiernos sudamericanos deban balancearse como quirúrgicos equilibristas ante los intereses cruzados de Oriente y Occidente.
Es por ello que el alineamiento cuasi total con los Estados Unidos a través del Grupo Lima pareciera ser más una mera imposición desde el norte, que un real deseo de destronar a Maduro. Ni los cientos de miles de migrantes venezolanos desparramados por toda la región habían logrado más que algunas escasas y tibias declaraciones diplomáticas. Menos aún el pensar en intervenciones militares, aunque sean de sus más acérrimos enemigos en la actualidad, como lo son Brasil y Colombia: soldados de estos países ingresando con armas en territorio venezolano es un punto de no retorno en la relación a futuro. Los gobiernos pueden cambiar, las dinámicas políticas son impredecibles. Hasta las relaciones comerciales y financieras se podrán volver a solidificar. Pero los lazos ciudadanos, la mancomunidad, y los vínculos ligados a lo cultural y lo afectivo, serán embebidos por un daño irreparable y seguramente no deseado, ni por un ferviente extremista como lo es el presidente Bolsonaro.
Aunque como lo hemos visto hasta hora Trump ha sido más un perro que, estratégicamente, ladra pero no muerde, no se puede descartar una real decisión estadounidense de recurrir a la opción belicista: ese camino que abriría una puerta peligrosa para nuestra Sudamérica. A futuro, cualquier otro gobierno calificado de ‘tinte populista’ por los halcones de Washington, podría ser motivo de una invasión militar para restaurar el orden. Aquel que, contrariamente a lo declamado, seguramente generará una inestabilidad que provendrá de los intereses contrapuestos de China y Rusia. Ambas potencias no querrán perder sus asentados privilegios: el obtener materias primas, cobrar sus préstamos, expandir su poder e injerencia. En fin, un conflicto de potencias, pero en casa. Siria, Ucrania o Nigeria dan claros ejemplos de ello.
Pero hay algo más. Por un lado, el desastre institucional, político, humanitario y económico que provocaría una intervención extranjera estadounidense, donde casi nunca han solucionado nada a través de la injerencia militar directa. Recordemos que mismo el – prácticamente en exclusividad – exitoso Plan Marshall, se ha dado a través de un ingente financiamiento, pero manteniendo en el poder socio-institucional al enemigo vencido, como ha sido por ejemplo el caso del emperador del Japón. El resto ha sido fracaso tras fracaso.
Pero sobre todo está el futuro. Los recursos estratégicos de nuestros hijos y nietos. Ya no solo sería el control a través de sus ‘Gran Hermanos’ a nivel virtual, donde las potencias ya poseen el control de nuestra información a través de los satélites, las comunicaciones, internet. Ahora sería además el directo dominio de los bienes más preciados, la economía real, la vida misma. En este sentido, los alimentos, el agua dulce, los recursos ictícolas o la biodiversidad desde Maracaibo a la Antártida, con su correspondiente formación de capital humano e infraestructura necesaria, no se utilizarán en pos de una mejor calidad de vida de los niños sudamericanos; sino más bien de los objetivos foráneos. Porque como lo mencione previamente, cuando el de afuera decide, la historia ha demostrado que poco le interesa el de adentro.

¿Se mantendrá Maduro en el poder?

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/se-mantendra-maduro-el-poder-n5012404

Esa es la gran pregunta. Se sabe de la penosa situación económica – que como siempre ocurre, implica culpabilidades tanto endógenas como exógenas -, sumado a un contexto institucional con ribetes dignos de una montaña rusa. Pero además, Maduro no posee plan B. El mejor escenario en caso de su destitución sería el asilo, con potencial extradición, o la prisión perpetua. Para él, sus seguidores y su familia. Ya lo dijo. Va a combatir hasta el final.

Sin embargo, el presidente de Venezuela posee dos variables claves – sino las más importantes – a su favor. Por un lado, el apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas. A la mejora sustancial en términos económicos y para con su status social, se le adiciona una política de fuerte adoctrinamiento ya proveniente de la época del ya fallecido presidente Chávez. Una combinación letal que se torna fundamental para mantener de pie al gobierno.

El otro punto es el apoyo internacional explicito de dos de las principales potencias del mundo, tanto en términos económicos como militares: China y Rusia. Con una lógica expansionista en pos de asentarse fuertemente en una zona del mundo históricamente ajena, pero con un enorme potencial; ya sea tanto por sus objetivos geopolíticos, como geoeconómicos. En este sentido, la doctrina Monroe que obligaba a los países al sur del Rio Bravo a seguir fielmente las demandas de Washington ha sido perforada: en la actualidad, la cambiante dinámica global es potenciada por la complejidad que entremezcla un pragmatismo inteligente con una ideologización traccionada por los partidos de extremas; nutridos estos por votos mayoritariamente provenientes de gobiernos centristas incapaces (por acción u omisión) de proveer respuestas para con las necesidades de las mayorías.
En cuanto a Rusia, Putin es un presidente que no le rehúye al conflicto bélico; más aún, no vería con desagrado una ‘península Coreana’ en la frontera brasileña-venezolana, cuyo marginal costo político de los acallados opositores domésticos, se diluiría por la lejanía que implican los diez mil kilómetros de distancia de Moscú.
Por el contrario, no solo le brindaría un protagonismo más que interesante – porque no con reminiscencias de la gloriosa etapa soviética en Bahía de Cochinos -, sino que también potenciaría sus objetivos económicos vinculados a las materias primas (en Venezuela sus inversiones en el sector hidrocarburífero han rondado los 6000 millones dólares en 2018, mientras las exportaciones de trigo alcanzaron las 600.000 toneladas), pero sobre todo para con la industria militar rusa (la compra de los rifles de asalto Kalashnikov y la adquisición del sistema satelital Glonass por parte de Venezuela han sido parte de los acuerdos de cooperación firmados el año pasado), uno de los bastiones de su macroeconomía. Ya lo ha hecho en Siria: la mantención de Bashar al Assad en el poder es claramente un éxito ruso de provisión armamentística, sosteniendo a un aliado en una zona geográfica de gran relevancia en términos logísticos y de recursos para con los vínculos asiáticos, europeos y norafricanos. Además de ser una región por la cual también quiere transitar China bajo su nueva ruta de la seda.
Pero el gigante asiático también tiene entre sus objetivos el realizar una ruta similar en Latinoamérica en el corto plazo. Unir Nicaragua a través de la construcción del canal, llegando hasta la Venezuela y el Ecuador de los recursos hidrocarburíferos, hasta posarse sobre las materias primas – como la soja o la carne de res – provistas en cuantía desde Brasil y Argentina. Y porque no más allá mirando hacia la Antártida.
Por ende Venezuela no se encuentra excluida de esta lógica economicista de provisión de recursos estratégicos y objetivos de largo plazo: los 28 acuerdos de cooperación en áreas vitales firmados el año pasado entre ambos Estados (en diversos sectores como el petróleo, la minería, la tecnología, la educación o la cultura) dan cuenta de ello. Como suelen hacer en todo el mundo, sin inmiscuirse en la política doméstica venezolana. Salvo que interfieran en sus negocios.

Seguramente no querrán perder los 23.000 millones de dólares que le han otorgado a Venezuela para refinanciar sus deudas y reforzar el maltrecho aparato productivo petrolero. Tampoco los 70.000 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa que han destinado a la economía real de su socio sudamericano. Menos aún que se desactive la acordada empresa mixta Petrozumano, constituida entre Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la China National Petroleum Corporation (CNPC). No podemos dejar de mencionar que de cada tres nuevos barriles de petróleo que se demandan en el mundo, dos son de China. Es entonces totalmente racional que uno de los principales países con reservas petroleras, como lo es Venezuela, tenga relaciones estratégicas con el principal consumidor del mundo.

En definitiva, aún con el paso de los siglos, la obtención y construcción de poder, junto con una ingente y sustentable acumulación de riqueza, continúan siendo los pilares de cualquier gobierno que desea mantener el statu-quo. La Venezuela actual no es la excepción. Para Maduro, un blindaje interno y externo era necesario para sostenerse en el Palacio de Miraflores. La entrega de ambos objetivos a estos actores mayúsculos, le permiten al oficialismo tomar aire y diseñar, por lo menos en el corto plazo, los próximos pasos a seguir para continuar enfrentando los embates de una oposición eminentemente obsesionada por terminar las casi dos décadas de chavismo en Venezuela.

La inflación Argentina en 2018

Por Pablo Kornblum para agencia AA Turca de Noticias.

https://www.aa.com.tr/es/econom%C3%ADa/un-amargo-2018-para-argentina-en-materia-econ%C3%B3mica/1351405

La inflación argentina cerrará en torno al 47% el corriente 2018, muy por encima de los propios pronósticos del gobierno de principios de año.
La causa fundamental ha sido la devaluación del Peso argentino de casi el 100% en relación al dólar estadounidense. En este sentido, no podemos dejar de retrotraernos a la raíz de esta problemática: un gran nivel de endeudamiento con su consecuente incapacidad de pago; la utilización de herramientas estrictamente monetarias para multiplicar el dinero – en detrimento de la economía real – bajo un claro proceso de liberalización financiera; una apertura comercial indiscriminada que provocó un fuerte desbalance entre exportaciones estancadas e importaciones crecientes; y un escenario internacional adverso, con tasas de interés en ascenso y una guerra comercial/financiera que provocó temor en los inversionistas globales.
Ahora bien, entrando ya en el terreno del proceso devaluatorio en sí, es evidente que una pérdida de valor del Peso argentino de semejante magnitud derivaría, al menos parcialmente, en incrementos de precios sostenidos y generalizados. Por un lado, gran parte del aparato productivo (industrial sobre todo, pero también agrícola y de servicios), como así también de bienes de consumo masivo, conllevan insumos importados, lo que ha derivado en un automático traslado a precios. Por otro lado, la devaluación encontró más activos a los exportadores (que en la Argentina suelen ser grupos concentrados monopólicos y formadores de precios), ya que reconocen una rentabilidad más atractiva en el extranjero; lo que ha provocado, como consecuencia indirecta, una presión alcista de los precios del mercado doméstico.
No podemos dejar de mencionar el ‘efecto contagio’ que se ha producido en vastos sectores de la economía nacional que requirieron de la compra de material extranjero para producir: invariablemente impactaron en toda la cadena de valor. Ni que hablar el impulso devaluatorio sobre las materias primas estratégicas: el ejemplo del petróleo es realmente relevante, ya que su incremento frecuente de precios, siguiendo el valor internacional, ha mellado en toda la economía Argentina. Finalmente, un punto no menor es el ‘efecto imitación’, combinado con la tradicional puja distributiva y la necesidad de mantener el salario real sin perder poder adquisitivo. La relación de los trabajadores con sus pares de otros rubros, o mismo la incapacidad de compra por parte de vastos sectores de la población, han generado tensiones sociales y, como mínimo, inevitables reaperturas de paritarias.
En definitiva, la devaluación y sus efectos colaterales han provocado un crecimiento de precios descontrolado en la Argentina durante todo el año 2018. Solo cabe mencionar – y destacar – el ‘tapón de contención’ que ha permitido mitigar el círculo vicioso inflacionario: el ingente financiamiento del FMI (léase el apoyo de Estados Unidos para evitar un caos regional – sobre todo dado que el acuerdo se realizó antes de mitad de año, cuando Lula marchaba primero en las encuestas y Maduro comenzaba a buscar desesperadamente el apoyo ruso y chino -) y seguidamente el Swap con China (menos oneroso pero no menos importante, en un escenario donde la potencia asiática desea continuar expandiendo sus tentáculos en Sudamérica en pos de abastecerse de recursos estratégicos y posicionarse como un ‘aliado de confianza’ de Argentina), han generado cierta morigeración de la devaluación y por ende de los incrementos de precios. Evidentemente, las dos grandes potencias económicas mundiales, bajo una impronta geopolítica vigorosa, han ayudado a la Argentina a que el proceso inflacionario no sea aún más grave de lo que fue en el año que está por concluir.