Los fríos (e insuficientes) números de la economía

Pablo Kornblum para Ambito Financiero el 3 de Noviembre de 2019

https://www.ambito.com/los-frios-e-insuficientes-numeros-la-economia-n5063284

Sudamérica – y América Latina en general -, ha crujido. La desigualdad y la pobreza, atemperados por la coerción y el control comunicacional que denota la historia de nuestra región, suelen encontrar su punto de eclosión cuando se conjugan con otras variables menos economicistas, menos palpables para la macro, pero potentes en términos cualitativos. La pasión, las ganas de vivir mejor, la necesidad de cambiar un presente de carencias. Las últimas semanas han sido una clara muestra de ello.

El falso “milagro económico chileno” desnudo para al resto de la sociedad lo que los economistas sabemos desde el primer día que ingresamos a la Universidad. Crecimiento no es igual a desarrollo, y el efecto derrame no solo no es una relación estrictamente proporcional entre acumulación de capital y propagación pro-positiva del mercado interno, sino que además es claramente insuficiente para terminar con las desigualdades. Los números hablan por sí solos. Mientras el 1% más adinerado del país acumuló el año pasado el 26,5% de la riqueza, el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1%; a ello se le adiciona que el 50% de la población activa percibe un salario de US$550 al mes (el sueldo mínimo actual de subsistencia es de US$414), bajo un escenario donde los medicamentos no genéricos y la educación privada, solo para citar algunos ejemplos, son los más caros de la región.

Sin embargo, este contexto no es suficiente para explicar el millón de personas que se unieron para reclamar frente al Palacio de la Moneda; para ello, se deben comprender los arraigados factores culturales que mellan en la estructura social chilena. La capacidad de desarrollo de la ciudadanía se encuentra limitada por el apellido que se tiene, por el lugar donde se vive, por el colegio que se puede pagar para sus hijos. Por ende, el hartazgo no es puntual de un aumento del boleto del metro. Es acumulativo y suele tener un detonante. En este caso, ha sido la burla de altos funcionarios del gobierno de Sebastián Piñera que le pedían, a la enorme mayoría de jóvenes y trabajadores que apenas llegan a fin de mes, que se levanten más temprano pero evitar tener que realizar ‘ese esfuerzo económico’. Aquel que las elites, de las cuales ellos son parte, no realizan. Ni siquiera lo perciben.

Lo mismo ocurrió en Ecuador. Con enorme liviandad, el gobierno de Lenin Moreno le pedía a la ciudadanía hidalguía para soportar el incremento exponencial del precio del combustible, tras la quita de subsidios que permitirían ahorrar 1.000 millones de dólares. Mientras que, al mismo tiempo, los medios de comunicación no ocultaban, con total desparpajo, exenciones impositivas por 4.600 millones de dólares para los grupos económicos concentrados amigos del poder político. Como consecuencia, una gran parte de la ciudadanía salió a las calles. Sobre todo los indígenas, con sus mujeres al frente, quienes han sido hasta el día de hoy las más vulnerables: por su género, por ser indígenas, por ser pobres. El estricto cumplimiento financiero bajo las directrices del FMI provocaron el despertar de aquellas violentadas en su ser. Evidentemente, el honor no entiende de medidas obsecuentes para con la estabilidad macroeconómica.

Las elecciones en Bolivia y Uruguay han dado otra muestra de desgaste gubernamental; por más efectivos que hayan sido en defender sus valores progresistas, ambos gobiernos han percibido el descontento existente en un núcleo blando del electorado que busca alternativas superadoras. En este sentido, el ser humano quiere vivir mejor, tener una mejor calidad de representación institucional, poder satisfacer con felicidad sus propios deseos. Pero también los gobiernos han perdido su eficacia y se han enlodado en la ineficiencia y la corrupción, desarrollando un frecuente estatus-quo de poder que se balancea entre la oligarquía, la plutocracia y el nepotismo; lo que potencia, bajo un discurso de mayor eficiencia y democracia, aún más el drenaje de un electorado pragmáticamente desleal.

No es ilógico entonces que más allá del sostenido crecimiento económico boliviano durante casi todo el gobierno de Evo Morales, los actuales bloqueos abrevan en las medidas de fuerza que realizaban en los ’70, ’80 y ’90, los mineros, indígenas y cocaleros, en una Bolivia hundida en la miseria y el saqueo. Otros actores, medios similares, el mismo objetivo de cambio. Tampoco para con la estabilidad macroeconómica que ha conseguido el Frente Amplio, que con 14 años de crecimiento ininterrumpido y un PBI per cápita que se ha incrementado en un 73% desde que asumió Tabaré Vázquez  por primera vez (17.278 dólares anuales en 2018), encuentra difícil remontar el escenario adverso de ballotage. El electorado de centro le reclama el incumplimiento para frenar las altas tasas de homicidios, o la falla en la trasformación productiva hacia energías renovables, entre otros. Simplemente exigen salir – aunque sea parcialmente – de los datos duros de la macroeconomía, y acercarse a los requerimientos tangibles y cotidianos del pueblo.

Por su parte, la continuidad del periodo chavista inaugurado hace 20 años, conlleva una clara impronta geopolítica – por no decir militar – de apoyo Chino-Ruso-Cubano, que le permite a Nicolás Maduro mantenerse en el poder, a pesar de padecer una inflación anual que supera los 4 dígitos. Un ejemplo es la elección de Venezuela para ocupar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a pesar de las incontables denuncias sobre una clara estrategia gubernamental para neutralizar, reprimir y criminalizar a la oposición política. Igualmente, Maduro no solo no se hace problemas, sino que relativiza cualquier argumento que le puedan adjudicar. Más aún si en el Consejo también se encuentran Filipinas y Arabia Saudita, entre otros países enormemente cuestionados por su praxis coercitiva.

Mientras la mala gestión de la política económica doméstica ha sido la norma durante años, el poner el foco en el contexto global le brindó un respiro al gobierno bolivariano: el real (y agresivo) bloqueo económico estadounidense, se contrapone con el apoyo de las potencias orientales que ya se encuentran insertas y quieren incrementar su influencia en la región: tanto en términos diplomáticos, como para con la realización de ingentes inversiones, o la obtención de recursos naturales. En este sentido, el caos económico y la hiperinflación poco le importan a Rusia, China y otros Estados europeos, mientras obtengan sus objetivos estratégicos (petróleo, Zinc, etc.). La que si sufre, más allá de su nivel de ideologización, es la mayoría de la población venezolana. Que, para citar un ejemplo, busca desesperadamente obtener ingresos en dólares (alrededor del 40% ya percibe la divisa estadounidense, sobre todo vía remesas) para poder adquirir bienes y servicios básicos (medicamentos, alimentos, etc.). La brusca aceleración de la dolarización en Venezuela tiene como objetivo el defenderse de la hiperinflación, proteger el patrimonio y simplificar las ya tumultuosas operaciones económicas. Medidas económicas necesarias, pero que no cierran la ‘brecha política’ ni mitigan la violencia social.

En un escenario más benévolo pero igualmente preocupante, nuestro país también vive una migración al dólar. El desprecio hacia nuestra moneda y la creciente dinámica inflacionaria afectan enormemente a una sociedad con un nivel de pobreza que supera largamente las 16 millones de personas – cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los servicios básicos -, y a 5 millones de conciudadanos que se encuentran desocupados o sub-ocupados. Sin embargo, lo que más se ha resaltado luego de las elecciones del último domingo ha sido la nueva ‘brecha socio-productiva’: entre los que ‘producen y trabajan’ y los que ‘viven del Estado’ – en todas sus modalidades -. Lo que queda para racionalizar entonces sería por qué la inmoralidad de los números, le ceden el lugar de análisis primario al ‘bienestar relativo’. Todos estamos mal, pero otros se encuentran mejor o peor. Es claro que uno siempre quiere estar en el grupo ganador. O mejor dicho, ¿no deberíamos estar todos mejor, y dejar de lado la lucha del pobre contra el pobre? ¿O será que el miedo a descender en la pirámide social prevalece sobre la lógica de un mínimo contrato social?

En este sentido, es interesante destacar que durante el último debate presidencial argentino, un candidato propuso, con enorme liviandad, equilibrar el déficit fiscal despidiendo un millón de empleados públicos, además de exponer con cierta lógica racional el ‘vivir con lo nuestro’ a través de la eliminación de cuajo de la coparticipación federal. Lo preocupante es que no solo no se ha referido, bajo una estricta lógica economicista, a lo que ocurriría en el corto plazo con un hundido mercado interno por la falta de consumo; sino que ni siquiera ha mencionado como podría lidiar con un contexto socio-económico insostenible. Una angustia familiar que no se podría describir con palabras, pero que, evidentemente, no entraba dentro de su espectro de análisis. Un desapego que es la norma en una no depreciable cantidad de políticos de nuestro país, que parece que olvidan que su objetivo central cuando asumen es el bien común; pero sobre todo el mejorar la calidad de vida de los que menos tienen.

Lo expuesto denota varios puntos interesantes: por un lado, la alternancia de ciclos progresistas y conservadores, donde los diferentes gobiernos no pueden desarrollar una lectura pragmática y oportuna del mix que representan los cambios en el escenario internacional – siempre dinámico -, el descreimiento generalizado de su propia casta política, y especialmente la falta de políticas  abarcativas y superadoras que ellos mismos no pueden o quieren proveer. Por otro lado, el continuo pensamiento que las soluciones economicistas homogéneas son validas para cualquier lugar y momento histórico, es un error que suele acarrear enormes consecuencias socio-económicas negativas. Una Latinoamérica repleta de inequidades requiere políticas redistributivas y sociales que promueven sociedades más justas; y la única forma de proveerlas es comprender la especificidad de cada historia, cada cultura, cada forma de vivir.

En este sentido, la puja de intereses intra-nacional es una permanente en todas las naciones, pero no es una cuestión exclusiva de la disputa por la riqueza. Hoy en día se ponen a consideración otras variables que se conjugan y complementan entre sí, lo que dificulta la acción simplista de la vieja política focalizada en ideales concentrados. Temáticas como el aborto, la protección del medio ambiente, o la inserción social de grupos minoritarios se entremezclan en la agenda económica de todos los partidos y requieren un trabajo quirúrgico para delinear un programa de Estado. Solo con una enorme claridad conceptual, altruismo moral y capacidad técnica, se podrá suavizar la virulencia (política, social y económica) en el intercalar de gobiernos de izquierda y derecha (en contraposición a lo ocurrido en estos tiempos en nuestra región, donde se han observado traspasos de mando con altos niveles de turbulencias).

En definitiva, propongo para concluir el observar los países del mundo con mejores indicadores en su calidad de vida: Suecia, Noruega, Finlandia, Australia o Canadá, por ejemplo. Altos PBI per cápita en sociedades fuertemente igualitarias, han generado una ciudadanía más educada, respetuosa, e igualitaria en tanto la comprensión, tolerancia y aceptación de los derechos de los individuos, que redundan a su vez en un círculo virtuoso en términos de mejoras económicas individuales y colectivas y que, posteriormente, repotencian nuevamente el desarrollo social previamente descripto. Quizás allí se encuentre la clave para nuestra Latinoamérica: que los fríos números de la economía dejen de ser el objetivo per se, y se tornen una herramienta que primariamente genere altos niveles de educación y formación; ya que de este modo se podrá comenzar resolviendo enormes dilemas morales que luego, como un bumerán positivo, redundarán en la construcción de sociedades más justas y equitativas en términos económicos.

Cinco siglos igual

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 14 de Noviembre de 2019

https://www.ambito.com/bolivia-cinco-siglos-igual-n5065830

La canción de León Giego podría ser un fiel reflejo de lo que ocurre en Bolivia. Cinco siglos igual, de quienes pelean por el poder y la riqueza, utilizando y conjugando todos los mecanismos y las variables a su alcance para conquistar sus objetivos.

Mientras algunos analistas evalúan el futuro de la geopolítica global pensando en la ciberguerra, la biotecnología, la medicina nuclear o la ocupación espacial; me permito mirar hacia el pasado para asemejar  lo que ocurre en el país vecino con lo que vivimos desde los albores de nuestra patria. Se sabe que las comparaciones son odiosas, y muchas veces pecan de ciertos vicios de inexactitud, pero suelen ser aleccionadoras, sobre todo en una Latinoamérica donde, parafraseando al enorme escritor uruguayo Eduardo Galeano, las venas abiertas continuando desangrándose. Y seguramente nos ayudarán a reflexionar: no se puede planificar un futuro próspero sin tener en claro la dinámica histórica que nos sitúa en el presente.

Allí con el nacimiento del modelo agroexportador de la segunda mitad del Siglo XIX, pudimos observar el dominio y control de la oligarquía terrateniente, bajo el manto de un Roca con un sable en una mano y una biblia en la otra, procurando avanzar y aleccionar raudamente en una conquista del desierto con más sombras que luces. Por su parte, soplando en las nucas de los militares y la fiel iglesia se encontraban los intereses británicos, con un enorme poder de convencimiento bajo una univoca discursiva liberal creada para potenciar las necesarias bondades de la división internacional del trabajo. Junto con su promesa de alianza eterna, trajeron su financiamiento, sus bienes de capital, sus insumos manufactureros, sus ingenieros y contadores con su respectivo know how a cuestas. Por supuesto, el costo no era menor: dependencia estratégica, intercambio desigual y endeudamiento, se conjugaron intercaladamente por casi un siglo.

Pero ello no importaba: nuestras materias primas fueron lo sobradamente enriquecedoras para la elitista tripe alianza conservadora gobernante. El campo poseía la riqueza, los militares el poder de coerción, y la iglesia la palabra justa de convencimiento. Y en épocas lejanas a las tecnologías globalizadas, el efecto derrame era suficiente para la comprensión social de la época. Luego el mundo cambio: las ideologías florecieron con la educación, el escenario comercial y productivo global era diferente. El progresismo avanzó, la sustitución de importaciones se hizo un menester. Que el peronismo tomó como propio, y el desarrollismo intentó potenciar. Autonomía, desarrollo socio-económico y productivo, idea y poder nacional. Y luego el neoliberalismo volvió y se fue cíclicamente, bajo presiones y complicidades exógenas y endógenas. Y así estamos.

Como un espejo de lo descripto, estos últimos días se han visto imágenes de las caras más representativas de la oposición vinculadas a las históricas elites económicas cruceñas, enmarcadas en una geografía que produce el 70% de los alimentos del país y tiene un enorme potencial energético e hidrocarburífero. También muchas biblias y ruegos a dios en cada aparición pública de sus referentes. El mismo ‘líder cívico’, Luis
Fernando Camacho, se jacta de ser parte de una de las dos grandes logias de la zona (Los Caballeros del Oriente), y junto a su familia forma parte del Grupo Empresarial de Inversiones Nacional Vida S.A., con compañías vinculadas a los seguros, el gas y los servicios.

Por otro lado se encuentran las fuerzas policiales y militares, fuertemente adoctrinadas desde el norte del continente – como si durante las últimas décadas nada hubiera ocurrido -, desoyendo los pedidos de ayuda del poder ejecutivo a cargo del destituido presidente. Paradójicamente y a favor de una salida ‘democrática y constitucional’, menos de un año le llevó al Comandante de las Fuerzas Armadas Bolivianas, Williams Kaliman, pasar de decirle a Evo Morales que tiene un “hermano con quien contar  porque era un soldado del proceso de cambio”, a pedirle su dimisión. Un deja vu del explícito apoyo del General Pinochet a Salvador Allende, previo al golpe de 1973.

En este sentido, el ex agregado militar de Defensa en la Embajada de Bolivia en los Estados Unidos y puntilloso alumno de la ‘Escuela de las Américas’ – organismo instructor rector de las fuerzas armadas latinoamericanas para el cumplimiento de los objetivos estadounidenses en la región -, aprendió más que bien la elección: el ‘enemigo interno’ es el verdadero peligro, más aún si van en contra de las democracias capitalistas cristianas y occidentales que atentan contra los intereses geoeconómicos y geopolíticos estadounidenses en su ‘patio trasero’.

Por otro lado, agazapados se encuentran los actores estatales y no estatales nacionales y trasnacionales, tratando de obtener tajadas de las probables futuras privatizaciones de los recursos naturales estratégicos, como lo sostiene ideológicamente el candidato del ballotage Carlos Mesa; un enamorado de las políticas neoliberales de ajuste estructural y estabilización económica con alto costo social, como lo pregonaba ya desde su canal de televisión privado en la década de 1980’. Seguramente sus ideas se encuentren, por ejemplo, lejanas a las políticas que lograron democratizar el servicio de gas natural, que pasó de un abastecimiento del 3% de la población en el año 2006, a un 50% de bolivianos en 2019. Porqué mirar hacia adentro y en pos de la mayoría, si durante dos siglos no lo han hecho.

Nada de lo que podamos decir de las políticas de desarrollo socio-económico le importa u opaca a los actuales rostros de felicidad afines a las elites políticas y económicas ‘vinculadas al mundo’: con “el indio”, la nacionalización e industrialización de las bendiciones que provee la madre tierra eran un problema: proteger celosamente, distribuir estratégicamente los contratos, maximizar el valor agregado nacional, y producir por y para el país, han sido un obstáculo geopolítico y geoeconómico para las grandes potencias. Solo para citar un ejemplo, el carbonato de litio en bruto – el cual Bolivia posee reservas estimadas en 21 millones de un total de 30 millones de toneladas a nivel global -, ha multiplicado su valor en los últimos años y tiene un costo al día de hoy de alrededor de 6.000 dólares la tonelada. Con un ingente procesamiento tecnológico para el desarrollo de la telefonía celular, la industria electrónica o los vehículos híbridos, puede llegar a generar productos por 1.000.000 de dólares la tonelada.

Por ende, el “winner takes all” (si, el mismo tipo de ‘contrato’ que nuestro país llevó a cabo con el Reino Unido dos siglos atrás), se tornaba un imposible para norteamericanos, chinos, rusos, alemanes, japoneses, coreanos o británicos que deseaban expoliar todo los hidrocarburos o el litio en estado puro. Como se pensó durante el gobierno del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada – de quien Carlos Mesa era su vicepresidente -, quien planteaba la instalación de plantas procesadoras exclusivas para llevar el gas natural licuado directamente a los Estados Unidos. Las cosas cambiaron, podrán pensar desde el norte del paralelo del Ecuador: con alguna espuria negociación con un potencial nuevo gobierno, seguramente les podría llegar el momento. Por supuesto, luego de  sortear la disputa geopolítica para dirimir quién sale victorioso entre las potencias que ya pisan con fuerza en la región.

En definitiva, el escenario estructural latinoamericanista de pujas permanentes de intereses económicos y de poder, propios y ajenos, continúa siendo el eje rector en el cual debemos profundizar nuestro análisis. El ‘milagro económico boliviano’ se transformó en meros datos de colores, para dejar su preponderancia a un odio cultural-racial que en realidad es un mero maquillaje cosmético, mientras la lucha contra la corrupción y el narcotráfico se transformó en un caballito de batalla, que aunque complejo de probar, conlleva una alta efectividad comunicacional para un gobierno desgastado y con los vicios propios de las burocracias regionales. La misma autoproclamanda ‘presidenta constitucional’ Áñez conjuga lo expuesto perfectamente: no solo fue directora del medio de comunicación Totalvisión desde donde ha forjado su carrera política, sino que ha tenido comentarios xenófobos/racistas con elucubraciones de tinte ‘satánico’ en contra de los miembros de las comunidades indígenas.

“Tenemos que sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo”, le hablaba el mencionado líder Camacho a todo el pueblo boliviano en uno de sus últimos virulentos discursos. Sus oyentes deberían evaluar cuidadosamente sus palabras. Porque pasar de ser víctima a victimario, de traicionado a traidor, puede ser frugalmente vertiginoso. Un claro ejemplo podría ser la posición de la Central Obrera Boliviana, que en un primer momento le sugirió a Evo Morales que ‘dimitiera si es necesario’; que no sea cuestión que el mix entre arrepentimiento y auto culpabilidad, los obligue a tener que pedirle con urgencia que se postule nuevamente para oponerse a la instauración de un viejo y conocido modelo que les cerciore los derechos sociales y económicos obtenidos durante los últimos quince años.

Endeudar, AJUSTAR, transferir (¿fugar?)

Pablo Kornblum para Ambito FInanciero, 20-10-2019

https://www.ambito.com/endeudar-ajustar-transferir-fugar-n5060745

Nos (mal)acostumbramos. La palabra ajuste ha sobrevolado el lenguaje de los hogares de nuestro país y de toda Latinoamérica desde hace décadas. A pesar del temor que le genera a muchos, su etimología (del latín ‘ad iustus’) hace referencia a lo justo: ajustar sería conformar algo a una norma ‘justa’. En economía, especialmente para la escuela neoclásica, esa norma implica alcanzar ‘los grandes equilibrios macroeconómicos’; aunque cabe aclarar, no siempre se explica cuáles son los mecanismos, qué significa ajustar para alcanzar objetivos, y menos aún de qué maneras pueden hacerse.

Los ‘ajustes’, dolorosos en la mayoría de las ocasiones para gran parte de la sociedad, suelen tener como eje central el componente externo. Ello no quiere decir que el déficit fiscal o los dilemas inflacionarios de tinte doméstico no generen preocupación; simplemente que existen herramientas de redistribución de los costos que, como se diría vulgarmente en la jerga futbolística, son problemas que se ‘arreglan puertas para adentro’. Los actores económicos y políticos domésticos se conocen, se miden, saben que en algunos momentos de la historia pierden, pero en otros ganarán. Están quienes entienden de los círculos rojos, quienes los miran de reojo, y quienes no tienen muy en claro lo que ocurre pero buscan en su micropolitica diaria respuestas a los dilemas de sociedades tan complejas y desiguales como las nuestras. La irrupción del Menemismo ante la hiperinflación de 1989 fue una clara muestra de ello: el arreglo con los grupos de poder – sobre todo con los monopolios formadores de precios – tuvo enormes costos sociales, a contraparte de obtener el efecto esperado a corto plazo. No podemos negar que el neoliberalismo trasnacional post-fin de la Guerra Fría, con su consecuente expansión financiera sin barreras, ha sido de gran ayuda; pero fue el acuerdo entre los actores domésticos la clave para reducir la inflación a dos dígitos a los pocos meses de la asunción del gobierno peronista.

El frente externo es diferente. El endeudamiento y la escases de divisas que suelen derivar en el repago de deuda y los intereses crecientes, exceden los dilemas propios de los grupos sociales internos y potencian las problemáticas, incrementando exponencialmente los costos de las probables soluciones.

Para comenzar, no podemos negar el proceso acción-reacción. Cuando el stock de deuda latinoamericano se incrementó de 200.000 a 290.000 millones de dólares en el bienio precedente a la crisis de 1982 (incrementando el déficit de cuenta corriente promedio regional al 5% del PBI), ningún gobierno parecía haberse percatado de las políticas comerciales proteccionistas de los países de la OCDE ni la crisis del ala socialista, que significó una disminución en la demanda de exportaciones latinoamericanas y un deterioro de los términos de intercambio. Tampoco esperaban la evolución de la tasa LIBOR, que históricamente había fluctuado alrededor del 2% en términos reales, alcanzó un máximo histórico de 6% en 1981 y permaneció en niveles superiores a 4.5% hasta 1986. Tampoco se pensó en el abrupto retiro pro-cíclico de nuevos préstamos, donde las entradas netas de capital se redujeron abruptamente a niveles insignificantes, y el pago de intereses y utilidades se incrementó, transformando radicalmente la transferencia de recursos hacia la región (de +11.000 millones de dólares en el periodo 1980-1981, a –18.000 millones de dólares en 1982). Nadie está diciendo que ante este contexto, el próximo paso obligado sea la receta del ajuste. Pero le abre un amplio margen y herramientas racionales para quienes lo proponen.

Avancemos un paso. Si la decisión política de hacer el ajuste es un hecho consumado, la pregunta luego es el cómo se digiere para la gran cantidad de ciudadanos afectados. En este sentido, el enmascaramiento discursivo de sus promotores se torna clave para suavizar los objetivos. Una reforma del Estado (positivista bajo la semántica del interlocutor), disciplina fiscal para el control de los gastos (ser prudente y ordenado puede observarse como una virtud), el incremento de los impuestos (para contribuir con el bien común), las privatizaciones (para eliminar de cuajo el gasto público ineficiente y corrupto) o el terminar con las burocracias sindicales (que se dedican a acrecentar riquezas personales sin hacer honor a sus responsabilidades – en muchas ocasiones operando de ‘ambos lados del mostrador’ -), son términos habituales en los ‘ajustadores’.

Ejemplos sobran. En plena recesión brasileña del año 2015, el gobierno de Rouseeff sostuvo que la economía del país debía entrar en una etapa de ‘corrección’ para lograr credibilidad. Una forma diplomática para desviar la atención de las derivaciones económicas negativas que conllevaba el escándalo de de corrupción de amplias proporciones que involucraba a funcionarios del propio Gobierno y grandes grupos empresarios, paralizando los procesos de inversión del sector público y privado.  Carlos Salinas de Gortari, catalogado uno de los ‘mejores alumnos del modelo neoliberal’, en una frase de campaña previo a las elecciones de 1988 que lo catapultaron presidente, llego a decir que México iba a llegar al ‘Primer Mundo’ por la vía de un nuevo modelo de ‘liberalismo social’ que él mismo iba a llevar a la práctica. Nada más alejado de la realidad, pero apropiado para el contexto histórico internacional que lo acompañaba. Por otro lado, la dialéctica de ‘lucha contra las sanciones imperialistas estadounidenses’ que han obligado a ajustar aun más el rígido control del sistema de cambios de Venezuela, ha tenido como objeto el disipar el rol culpógeno – bajo una verdad a medias – de los errores endógenos de la política económica bolivariana de los últimos años. Y así podemos seguir.

Los que quieren llevar adelante el ajuste, suelen además resaltar las victorias, por más pequeñas, parciales o relativas que sean para gran parte de la sociedad. En este aspecto, los festejados superávits operativos de entre 1% y 2% del PBI en Brasil, México y Colombia en el periodo 1985-1989, se debieron principalmente a la reducción de las importaciones, consumo e inversiones, con el resultante de mercados internos fuertemente recesivos. No era necesario maquillarlo demasiado: un ‘paper’ del FMI de la década de 1990’ sostenía que “la pobreza no bajó y la desigualdad creció con los ajustes, pero la experiencia fue exitosa: América Latina subió el ingreso per cápita 1,5% anual en los 1990’; mientras que en los 1980’, bajó el 2%”. Solo era necesario ocultar el Índice de GINI que opaque la lectura real de los datos que implicaban aquella distribución de la riqueza. Y elegir cuidadosamente las variables, para luego determinar cuáles mostrar y cuáles no.

Entre las que se ocultaban, podemos mencionar que mientras ‘entre gallos y medias noches’ se aplicaban exenciones impositivas a los grupos económicos concentrados del Ecuador, el presidente Lenin Moreno le pedía amablemente al campesinado indígena una ‘enorme fuerza interior’ para soportar el incremento descomunal del combustible luego de la quita de subsidios. Un esfuerzo similar al que la Unión Europea le pidió a los griegos, cuando desde Bruselas les explicaban la necesidad de que se ajusten para aprovechar el financiamiento del Banco Central Europeo luego de la crisis de 2008, lo que les permitiría reactivar el mercado interno; poco se mencionaba de la ‘puerta giratoria’ que implicaba el repago financiero de las ‘deudas legítimamente contraídas’, lo que como se observó hasta el día de hoy, solo alargaría la agonía del ajuste.

Vayamos al final de la película. El ajuste, con sus modos y formas, se termina realizando. Se cierra la brecha con el mundo, pero se genera una enorme transferencia de recursos al exterior mientras se elevan los costos internos de tinte socio-económico, con impacto negativo directo sobre los procesos de equidad, la caída de los salarios, y los desajustes en la productividad en los diferentes sectores económicos. Y ello se percibe, se nota, impacta.

Por lo que, a pesar de vivir en (imperfectas) democracias, el voto popular, aunque vilipendiado y direccionado con falsas promesas, permite generar ciertos cambios – aunque marginales en lo estructural – en la vida política y económica del país. Por ello, ante el escenario electoral siempre presente en la cabeza de los políticos, los mismos necesitan reafirmar que el ajuste es ‘meramente transitorio’. Frente a un costo que se decía ‘acotado’ en el tiempo, no valía la pena enfrentar los problemas de largo plazo (donde estaremos todos muertos, cambiando la versión Keynesiana de la historia). Pero además, los promotores del ajuste le asignaron un rol fundamental a las políticas sociales para paliar y aliviar situaciones de extrema pobreza. Que debiera ser coyuntural hasta que se reactive la economía, la producción, el trabajo, etc…Y ahí nos quedamos. La asistencia social eterna, que nunca se refleja en empleos de calidad, ni en incrementos de la productividad, ni en mayores capacidades para exportar y generar divisas. Solo perpetúa estructuralmente un ciclo de gasto público creciente, con el posterior convite a otro ciclo de ajuste. La serpiente que se devora su propia cola.

Para concluir con la actualidad de nuestro país, luego de que el gobierno impuso discursivamente la necesidad del ajuste luego de ganar las elecciones de 2015, la discusión terminó en grieta entre los partidarios del shock y los gradualistas. Para los primeros, no se lograron implementar a tiempo los ajustes fiscales de manera responsable, ni las reformas macroeconómicas necesarias para enderezar el rumbo. Los gradualistas, por su parte, hablaron de la falta de confianza de los inversionistas y del contexto internacional adverso, entre otros. Para el ciudadano medio, ya poco importa; lo que algunos observaron como gradualismo, otros sintieron como shock. La crisis habla por sí sola: Tarifas dolarizadas, mercado interno deprimido, inflación y endeudamiento galopantes. Solo algunos pocos ganaron. Aquellos que pueden transferir los costos y fugar utilidades, más allá del tipo de ajuste. Que vale aclarar, cualesquiera que sean, siempre son selectivos. Y suelen perjudicar a las mayorías.

En definitiva, hay dos cuestiones que parecen ser claves. Por un lado, comprender la lógica sistémica, las bases programáticas de los Organismos Internacionales, la geopolítica entremezclada y en conjunción con las cíclicas pujas de intereses de los actores de la vida política y económica del país. El otro punto fundamental es analizar la historia para poder visualizar toda la película, la dinámica en lugar de la foto puntual. Porque la historia se repite y los que se pelean por la torta son casi siempre los mismos, o por lo menos presentan racionalidades similares ante los objetivos que nunca cambian: la lucha por el poder y la riqueza. Por ahora, no cabe duda que la mejor política económica para luchar contra los ajustes es aquella que minimiza la probabilidad de incurrir en ellos; en este sentido, nunca más acertado el dicho ‘más vale prevenir que curar’.

El control de capitales, en código global

Pablo Kornblum para Ámbito Financiero, 6 de Septiembre de 2019

https://www.ambito.com/como-funciona-el-control-capitales-el-resto-del-mundo-n5052841

Desde el Acuerdo de Bretton Woods post segunda Guerra Mundial, el FMI fue designado como el Organismo global encargado de estabilizar los desequilibrios financieros que puedan aquejar a las economías nacionales. En el ocaso de la guerra fría a finales de la década de 1980’, el FMI, a través del Consenso de Washington, fue determinante en su planteo: los controles de capital no debían utilizarse, salvo en muy excepcionales tiempos de crisis financieras, ya que básicamente implicaban una merma en las inversiones externas además de una distorsión a la asignación del capital físico, lo que derivaba en un impedimento al dinamismo y al crecimiento económico. Alguno se preguntará si era necesario sopesar las crisis globales vividas para realizar algún tipo de control. Sin embargo, en los albores del dominio de la superpotencia unipolar, no era un tema de discusión para el ‘mainstream’ económico, a pesar de que la historia económica nunca había demostrado – ni hasta el día de hoy – una correlación positiva entre el crecimiento y la libre movilidad de capitales.

Posteriormente a la crisis financiera asiática de los años 1997-98, donde varias naciones se vieron literalmente obligadas a adoptar controles de capital, la visión viró hacia una aceptación general de que las regulaciones pueden ser apropiadas en determinadas ocasiones – incluso esenciales -, en tiempos de escenarios adversos. Un claro ejemplo fue Malasia, país que impuso estrictos controles para el intercambio y límites a las salidas de inversiones financieras, con el objetivo de contener y apaciguar los daños que causaba el contexto recesivo que aquejaba al país luego de la ingente fuga de capitales. Con una característica saliente: hizo caso omiso a los pedidos de ajuste del FMI. Para el año 2000, el país volvía a crecer con fuerza; más aún que aquellos que siguieron los consejos del Fondo.

 

Otro dato más para tener en cuenta: en los últimos años, Taiwán e Indonesia le restringieron a los inversores extranjeros el acceso a determinados depósitos bancarios, además de requerirles ciertos períodos temporales mínimos para con la inversión de capital dentro de sus territorios. En la República de Corea, por su parte, la presencia dominante de los bancos residentes en las transacciones internacionales de flujos de capital ha permitido una mayor regulación estatal. Evidentemente, la crisis del sudeste asiático, más de dos décadas atrás, caló tan hondo que los sucesivos gobiernos regionales no lo olvidan. Aprender de la historia denota madurez.

La crisis de 2008-09 profundizó el cambio de paradigma: en este caso, el FMI aprobó vehementemente la aplicación de controles de capital para la situación islandesa, quien vivía en aquel momento una sangría de depósitos de personas físicas y jurídicas – sobre todo del Reino Unido y Rusia -. Por supuesto, cuando la crisis acontece, nadie se acuerda de la fiesta de influjos financieros que habían vivido desde la creación y profundización de la Unión Europea y la impronta inversora internacionalista de los grandes magnates rusos. Pero Islandia aprendió la lección: impuso controles que ayudaron a frenar la fuga colosal de capitales, enjuicio a los responsables de la mala praxis económica, y fue paciente para esperar una recuperación económica lenta pero sostenida. Después de casi una década, Islandia avanza lentamente hacia la eliminación de los controles, pero solventado desde una lógica institucional diferente. Pragmatismo y experiencia se diría. Otro punto a tener en cuenta.

La actualidad global también nos brinda ejemplos. En este sentido, India y Nigeria endurecieron recientemente el acceso de sus ciudadanos a las divisas como parte de la lucha por limitar la salida de capitales causada por el desmantelamiento de las políticas de estímulo de la Reserva Federal de Estados Unidos y la devaluación del Yuan. Un vez más, la Guerra comercial de las dos principales potencias mundiales deja en evidencia la globalización financiera que vivimos. Podrá gustarnos o no, pero los capitales todavía se movilizan con gran fluidez, buscando agresivamente en cada rincón del planeta la mayor tasa de rentabilidad. Es la lógica del capitalismo neoliberal moderno, que siendo sinceros, aunque pueda perimirse en la coyuntura con diversos matices, nunca se ha ido. Los países inteligentes lo entienden. Y buscan mitigar los efectos adversos.

En nuestra región la historia también nos deja enseñanzas. Por un lado, Chile sufrió uno de los más severos impactos luego de la crisis de los años 1980’ en América Latina, derivado de la liberalización extrema de los flujos financieros y la ausencia de regulaciones. El sistema de controles posterior permitió, en cambio, sortear sin problemas la crisis mexicana de finales de 1994, además de minimizar los impactos financieros de la crisis asiática. Regulación y liberalización se complementaron por la vía de simplificar el ingreso de capitales orientados a la inversión productiva o de largo plazo; reduciendo, como contraparte, los impactos de la volatilidad financiera.

En este sentido, es interesante que, paradójicamente, países como Chile, Colombia y México, que en la última década se caracterizaron por un discurso liberal en lo económico, presenten mayores controles que la media de la región. Mas allá que la intensidad con la que cada control se utiliza es diferente, la regulación existe. Está claro que una cosa es lo que se dice, y otra es el trasfondo de lo que se hace. Discursiva y realidad pueden ser dos caras de la misma moneda. Y porque no dar resultados positivos.

Por otro lado, en el año 2008 inversiones de ‘carry-trade’ inundaron Brasil e inflaron artificialmente el valor del real, minando la competitividad de las exportaciones industriales brasileñas. Como consecuencia, Brasil implementó impuestos a la inversión extranjera en el mercado local de acciones y bonos, con el objeto de impedir que los flujos especulativos aprecien el tipo de cambio. Al igual que en Brasil, a principios del año 2010 crecientes flujos especulativos incrementaron el valor del colón costarricense, dañando la capacidad operativa de su producción nacional. Menos de un año después, Costa Rica decidió establecer un encaje a los préstamos externos de corto plazo recibidos por los bancos y otras entidades financieras. El miedo en ambos Estados tenía sus razones concretas: estos flujos cortoplacistas no sólo estaban amenazando las capacidades exportadoras y productivas de estos países, sino que también aumentaban el riesgo de una repentina reversión de flujos con sus derivaciones devaluatorias e inflacionarias.

La revisión histórica y geográfica realizada demuestra que las medidas macroprudenciales para limitar la inestabilidad financiera son una necesidad permanente. La combinación de instrumentos, intensidad y reglas contingentes en el momento apropiado y con la precisión correspondiente – incluyendo intervenciones esterilizadas, encajes diferenciales, cuantificación máxima en la compra de divisas, requerimientos de permanencia mínima, desdolarización de la deuda pública, regulación de contratos de derivados en el exterior, posición de los bonos en el mercado local, otorgamiento de deuda externa a residentes -, generan un marco de solidez determinante para con la efectividad macroeconómica.

Por supuesto, ello se debe retroalimentar positivamente con un contexto jurídico e institucional doméstico acorde que acompañe y posea los suficientes grados de libertad, – como podría ser el evitar firmar tratados bilaterales sobre inversiones o acuerdos de libre comercio que pudieran reducir el margen normativo del país para poder aplicar controles y regulaciones en cualquier momento que sea necesario -, para que el sistema como un todo sea estructuralmente sustentable.

 

No podemos concluir el artículo sin referirnos a nuestra bendita Argentina. Seamos claros: nadie se enamora de una moneda. La pasión nacional por el dólar se debe a los históricos desequilibrios macroeconómicos derivados de la permanente falta de divisas. Como en gran parte de los órdenes de la vida, lo que escasea se desea. Y en un país como el nuestro, con una inestabilidad cíclica exorbitante, no se puede estar esperando con los brazos cruzados que llegue la próxima ‘fiebre del dólar’ (por ahora, quien dice que no se convertirá en la ‘fiebre del Yuan’ a futuro) con su consecuente y repentina salida de capitales del sistema financiero.

Por otro lado, debemos clarificar preventivamente que intereses están en juego, para que los agentes, tanto internos como externos, tengan a sabiendas los costos económicos  que provocan las decisiones gubernamentales. Debemos terminar con la fiesta de las expectativas ‘demasiado optimistas’ de unos pocos, donde existe una mínima aversión al riesgo para los que conocen del negocio. Los que saben cuando entrar, pero sobre todo cuando salir.

En concatenamiento con este último punto, se torna fundamental comprender la relación entre la falta de control de capitales, las enormes crisis macro y microeconómicas recurrentes, y la pobreza que aqueja a la mayoría de nuestros ciudadanos. Porque en realidad, los que sufren son siempre los mismos. Los que no tienen la comprensión para anticiparse a las coyunturas adversas, ni la capacidad financiera de sobreponerse a los coletazos económicos. ¿Es necesario siempre depender de la pericia propia para ‘zafar’ de los avatares de nuestra economía?

Porque no soñar en una crisis como algo excepcional dada la habilidad de un gobierno previsor, con una posterior reacción rápida, inteligente y pragmática para estabilizar la dinámica macroeconómica en un periodo de tiempo breve. Pero en un país como el nuestro, que tiene como característica principal justamente una histórica variabilidad que se transforma raudamente en una bipolaridad generadora de enormes costos económicos y sociales de largo plazo, parecería ser una utopía. Por lo pronto, aunque sea aprendamos y copiemos, adaptando a nuestras características propias lo que a otros les ha dado buenos – o por lo menos aceptables – resultados macroeconómicos.

La ruleta rusa Argentina

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, Agosto de 2019

https://www.ambito.com/la-ruleta-rusa-argentina-n5050177

Mientras en Argentina las autoridades tratan de hacer lo imposible para llegar de la mejor manera posible al próximo mandato, no podemos dejar de evaluar lo que puede ocurrir a nivel internacional en el corto y mediano plazo. Nuestras necesidades de inversiones para la producción, un acceso razonable al mercado de capitales, y un balance de cuenta corriente superavitario, no cesan el 10 de Diciembre. Más bien se van a incrementar.

Comencemos con la economía real, aquella que realmente genera riqueza acumulable a través de la producción y el intercambio de bienes y servicios. La misma se encuentra en un escenario global adverso (crecimiento con tendencia a la baja, en torno al 3% a nivel mundial), sobre todo en términos de manufacturas, que hoy tiene todavía un peso mucho mayor que los servicios – los cuales todavía se encuentran en expansión -. Además de las preocupaciones que generan la política fiscal/monetaria y la tasa de rendimiento de los bonos estadounidenses, la guerra comercial entre las dos principales potencias del mundo, Estados Unidos y China, ha afectado indefectiblemente a todos los intercambios globales. Mismo Alemania, motor de Europa con un fuerte basamento económico en sus ventas al resto del viejo continente y al mundo, también se ha visto afectada en su crecimiento (-0,1% en el segundo trimestre de este año). Ello implica un mal augurio para nuestro país: una política de Estado que se centre a futuro en la búsqueda de nuevos nichos de mercado, encuentra más facilidades en un mundo abierto a los nuevos productos, ideas y procesos que podría proveer la Argentina. No parecería ser el caso en el corto plazo.

Otro escenario que debemos tener en cuenta es el de la incertidumbre y las tensiones geopolíticas. El Brexit, el dilema geopolítico de Hong Kong, el fallido Tratado nuclear con Irán y la dinámica venezolana, entre otros, no son precisamente escenarios auspiciosos para las relaciones económicas internacionales. Paz y estabilidad son un ‘must’ para con la fluidez de las transacciones y la logística global, que al día de hoy se encuentran en la ‘picota’ dado los inciertos contextos trasnacionales que estamos vivenciando. Es claro que el concepto unipolar post-guerra fría no regresará, por lo menos no en el corto y mediano plazo, y la tripolaridad – Estados Unidos, China y Rusia – tal como se encuentra presentada en la actualidad, no es afín a las relaciones amigables. Otro obstáculo para con el planeamiento de la política exterior nacional.

Nuestra región tampoco nos provee buenos bríos. Si lo que nos caracteriza es la inestabilidad interna, más difícil seguramente será ubicarnos equilibradamente entre los polos que representan Venezuela y Brasil, dos de las principales economías sudamericanas. Más aún si hay un cambio de color político en nuestro gobierno. Un escenario que requerirá morigerar relaciones, sin que Maduro se apodere de una ‘alianza del relato’, ni que las bravuconadas de claro tinte electoralista pro Macri de Bolsonaro – que seguramente luego se limitará a una relación cordial si se confirma la victoria del Frente de Todos en pos del sostenimiento de una sociedad comercial clave para ambos Estados -, desestabilicen un frecuentemente pendular escenario latinoamericano. Eso sí, en un horizonte más lejano quedará el potencial acuerdo MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA, con difusos ganadores luego de los cambios de racionalidad e ideología que podrían producirse en Europa y Sudamérica en lo que queda de este año y el venidero. Evidentemente, la relación regional también pide estabilidad y cohesión doméstica primero para enfrentar las complejidades que se avecinan.

El sistema financiero, por su parte, dará un vuelco de 180 grados: de receptores seriales de divisas, a obligados pagadores en el próximo bienio. En el mientras tanto, dependerá de la transición política argentina como actuarán nuestros tenedores de bonos e inversores, ya sea en el Merval como en Wall Street. Por su parte, al tiempo que la fuga y la venta a precio vil se encuentran latentes en la actual coyuntura, la Inversión Extranjera Directa queda en el debe (con un stock en la última década que nos ubica en el 6to lugar latinoamericano, muy por detrás de Brasil, México, Chile o Colombia). Mientras no haya un atisbo de estabilidad política, o sea como mínimo en los primeros meses del año venidero, cualquier proceso de inversión en la economía real quedará en stand by. Como ya sabemos, estamos en Argentina.

Podemos preguntarnos entonces, ¿Cómo enfrentaremos al mundo de aquí en más? Al presidente  Trump, el salvataje a la Argentina le salió el tiro por la culata: parece que Macri no terminará ganando las elecciones como Bolsonaro; veremos entonces si la política económica de Fernández se parecerá a la de los gobiernos de Lula. Probablemente lo que si se pueda asimilar es un pragmatismo de centro con conciencia social. Por ahora, lo único que parece sensato es que a partir del 10 de Diciembre el próximo gobierno se siente a renegociar una deuda impagable, en torno a los 300.000 millones de dólares. Y rezarle a los mercados, que ya se encuentran bastante alterados y en posición para huir en caso de que el escenario político no les provea señales ‘positivas’ para con ellos. Como sabemos, en Argentina los ‘cisnes negros’ son la norma, no la excepción.

Seguramente el año que viene seguiremos intentando ser el otrora granero del mundo. Aunque se busque generar una economía más balanceada, por lo menos más lejos de los servicios financieros y más cerca de la producción de bienes y servicios con mayor valor agregado, llevará un tiempo poner las ideas en práctica. Un cambio de gobierno también determinará el fin de las relaciones carnales con Estados Unidos y el FMI, lo que como contraparte derivará en un automático acercamiento al binomio China/Rusia, ávidos ambos de avanzar aún más en nuestra región – y más aún con las potencialidades de recursos que presenta nuestro país -. En este sentido, nunca olvidemos que la demanda de recursos estratégicos se incrementará siempre en el largo plazo; puede mermar en algún momento, pero nunca retroceder. No debe ser nuestro único activo, pero si nuestro as de espadas para enfrentar inteligentemente el complejo mundo que se avizora en el próximo quinquenio.

Los cambios estructurales que necesitamos implican una verdadera revolución institucional. Ya sea para vender bienes y servicios, atraer inversiones sostenidas en el tiempo, o simplemente requerir financiamiento para equilibrar los balances macroeconómicos. La corrupción, el no cumplir con los compromisos, la ineficiencia y la ineficacia, nos mantienen siempre en el juego de la ruleta rusa. Donde los que quieren realmente pensar en un proyecto productivo con una rentabilidad lógica sostenida en el tiempo se alejan, los que desean alianzas verdaderas de largo plazo recalculan tantas veces el futuro que las mismas se terminan desvaneciendo, y los que buscan la tranquilidad de números claros deambulan en la duda que demuestra, sin vacilaciones, nuestra historia.

Los que si se acercan, como aquellos amigos indeseados que nuestros padres aborrecían en la adolescencia, son quienes, a sabiendas de nuestras históricas debilidades estructurales y nuestras políticas nocivas autodestructivas, avizoran escandalosas tasas de retorno. Dinero rápido, altas tasas de intereses, bonos regalados con una promesa de pago que vaya uno a saber que gobierno lo afrontará (por empezar son casi 50.000 millones de dólares solo para pagar en el año 2020), facilidades para huir a la velocidad de la luz. Esos Fondos de Inversión que se encuentran siempre listos para entrar en acción. Ese Fondo Monetario que, a sabiendas que el modelo no tiene un ápice de sustentabilidad, continua financiando la fuga de divisas y protegiendo los activos de los bancos. No hay que culparlos. Ellos hacen su juego. La culpa es nuestra que no los entendemos. Mejor dicho, nunca se sabe si es por acción u omisión. Complicidad o incapacidad.

En el medio se encuentran las mayorías, que poco entienden por qué casi siempre estamos con una balanza de cuenta corriente deficitaria, vivimos endeudados, y nunca llegan los brotes verdes. Son aquellas clases medias y bajas que representan más del 80% de la población de nuestro país quienes sufren realmente la falta de dólares y los ajustes que derivan en frecuentes dinámicas inflacionarias y recesiones, mellando de manera profunda su ya dañada calidad de vida. Esperemos que más temprano que tarde, encontremos la sensatez que nos permita bajarnos de la ruleta rusa y ser pragmáticos, éticos, serios e inteligentes, para enfrentar el aún más complejo mundo que se avizora.

Llegaron las PASO. ¿A quien voto?

Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero. 7 de Agosto de 2019

https://www.ambito.com/llegaron-las-paso-a-quien-voto-n5047150

Llegó el domingo de las PASO. La verdad, estoy indeciso, no sé a quién votar. Pero esta vez voy a hacer algo diferente, me voy a tomar todo el día para pensar que partido será el que más va a beneficiar mis intereses…perdón, quise decir a mejorar la vida de todos los argentinos. Aunque de los años que tengo de vida, siempre vi que mientras algunos se perjudicaban, otros se beneficiaban. Y viceversa. Inclusive en los momentos de mayor crisis. En fin, me parece que nunca podrán salir todos conformes. Entonces mejor me conformo con que me vaya mejor a mí.

Entro al bar de la esquina y me pido un café, para poder despejar la cabeza. Pienso en el oficialismo. La situación económica es preocupante. Mercado interno deprimido, inflación, desempleo. Ni que hablar del nivel de endeudamiento. Pienso en mi nieto. En realidad todavía no tengo nietos, pero como viene la mano ya me preocupa la pesada carga que va a tener que soportar. ¿En lugar de dejarle deuda externa, le podría dejar como legado una mejor educación, no? Mejor me conformo con comprarle algún departamento. Porque como dijo Piketti, lo más relevante para tener un buen pasar económico es la herencia que podamos recibir.

Igualmente soy positivo. Porque no pensar en el segundo semestre, en los brotes verdes. Si en definitiva, gran parte de la economía son expectativas. El tema es que no se cumplen. Y espero, y espero, y espero. Pero me canse de esperar, quiero comer un buen pedazo de lomo los domingos. Ni que hablar como extraño las vacaciones en Uruguay. Desde que se pulverizo el salario real en dólares, solo postales de Piriapolis. Encima Keynes dijo que en largo plazo estaremos todos muertos. Ni presente ni futuro. Y bueno, mediano plazo. Como hacemos siempre, pegamos unos parches y seguimos. Después se verá.

Me voy a caminar por el parque, por ahí el aire fresco me ayuda a reflexionar. El Frente de Todos es el principal partido opositor. ¿Doce años en el gobierno implica mucha experiencia, no? Pero me parece que el viento de cola terminó siendo en una brisa de verano. Evidentemente, los beneplácitos de los superávit gemelos no se trasladaron proporcionalmente a los cambios necesarios en el sistema de salud, educación, o a nivel institucional. ¿Se solucionaron los problemas estructurales? A veces pienso que algunas cosas si, otras no. Derechos y deberes. Uno siempre piensa que da más de lo que recibe. Yo, Argentino.

Todo se entremezcla. Nunca se sabe si fue mala praxis, corrupción, o un mal diagnóstico. Po ahí es un poco de todo. Tampoco debe ser sencillo. Es verdad que había otros intereses, claramente más nacionales y populares que ahora. Lo que es seguro es que el consumo por el consumo mismo no alcanza. ¿No estaría bueno, como en muchos aspectos de la vida, tener una economía más balanceada? Consumo, Ahorro e Inversión. ¿Un poquito de cada cosa para estabilizar la macro, podrá ser? Pero bueno, como ya lo dije, nos engolosinamos siempre. ¿A veces se necesita tener la cabeza fría y tomar decisiones fuertes, no?

Vuelvo a casa y me espera un plato de pastas. El Consenso Federal parece ser la tercera vía, la nueva alternativa superadora. Aunque de nuevo no tiene nada. Es más, esta avenida del medio no solo no funciona acá, sino en ninguna parte del mundo. Se terminaron los consensos de centro-izquierda y centro-derecha post segunda guerra mundial. La gente con la que hablo quiere posiciones firmes, ya sea con los inmigrantes, con el aborto, con lo que sea. Más actual que nunca el evangelio que dice que a los tibios los vomita dios.

No han mencionado que van a tener posiciones tajantes, ni ante los monopolios formadores de precios que son determinantes en la inflación actual, ni ante el FMI, ni ante las mafias de todo tipo que están infectadas como un cáncer a lo largo y ancho del país. Igualmente, quien dice, por ahí si terminan con la grieta y eso finalmente nos brinda un salto de calidad ciudadano. Pacificar la sociedad a través de las ideas. ¿Aunque mejor no sería combatir la pobreza y el narcotráfico para terminar con la violencia y la coerción? Por ahí es un poco y un poco. Quien pudiera encontrar la mixtura perfecta entre y dentro de las Ciencias Sociales y Jurídicas. Como nos cuestan los equilibrios.

La siesta me permite reflexionar con la almohada. ¿Y si voto al Partido Libertario? Un partido de la derecha real, coherente en sus ideas. Qué extraño no, que tengamos que valorar la coherencia como algo positivo, cuando debería ser lo natural. Pero este es un Partido que aboga por ello, la mano invisible del mercado, la libertad del individuo, el progreso por el propio mérito como una consecuencia del devenir de la humanidad. Suena lindo no. ¿Pero qué hacemos con aquellos que nacen en la pobreza y no pueden auto proveerse de salud, educación o capital financiero para conseguir un trabajo o realizar un emprendimiento? ¿No es injusto que deban vivir una vida miserable, sin algún tipo de ayuda del Estado? No creo que las marcas de gaseosa o de telefonía más importantes respondan ante la necesidad de una familia de asfaltar su calle. En fin, ellos están para ganar dinero, no para realizar beneficencia.

Igualmente, es racional el tema del ajuste fiscal, no gastar más de lo que ingresa, terminar con los excesos de la política. Pero me queda una duda. ¿Es una cuestión de cantidad o calidad de empleados públicos? ¿No son ellos, junto con los funcionarios que elegimos, quienes trabajan por el bien común? Aparte muchos empleados de los diferentes niveles gubernamentales motorizan el consumo. ¿El mercado interno no es importante acaso? ¿O de eso se ocuparía el sector privado? ¿Ellos son los que debieran invertir entonces? Bueno, por ahora parece que no. No deben tener expectativas favorables. Mejor dicho, depositan su esperanza en la bicicleta financiera, no en la economía real. ¿Es lógico, no? ¿Quién querer lidiar con empleados sindicalizados o proveedores inestables, sobre todo con una tasa de interés por las nubes? En fin, parece la pregunta de quien apareció primero, si el huevo o la gallina.

Salgo camino a la escuela de votación, me separan unas pocas cuadras para terminar de reflexionar. Soy trabajador. Y el FIT dice que trabajador vota trabajador. Pero me cuestiono, ¿son ellos trabajadores que piensan como un trabajador como yo? Es que entiendo que algunos están registrados y otros no, algunos son monotributistas, otros tienen planes. No todos trabajamos bajos las mismas condiciones. Además se mezcla todo: los derechos de las mujeres y las minorías sexuales, la posición ante como juzgar la protesta, o que es prioritario para destinar los recursos. Encima son muy duros, sectarios. Hasta mis amigos me dicen que son violentos. Igual a veces me pregunto, ¿la tibieza ciudadana que vivimos en los últimos cuarenta años, a donde nos llevó? Evidentemente, bien no estamos. Yo diría bastante peor.

¿Y si todos ganamos lo mismo? La verdad es que muchas veces me da bronca ver algunos pocos vivir en la opulencia disfrutando de las piscinas de los barrios cerrados, paseando en yates privados y bebiendo vinos de cuatro cifras; mientras millones viven en las villas del conurbano sin cloacas, una alimentación adecuada, o simplemente el no poder disfrutar de una salida al cine. Pero no estoy tan seguro de que todos tengamos que ganar lo mismo. Mismo en mi trabajo muchos se esfuerzan y otros no hacen prácticamente nada. Y todos ganamos lo justo para llegar a fin de mes. ¿Entonces el problema no será que a todos nos va mal? ¿Y si le cobramos más impuestos a los que más tienen? Pero que paguen de verdad. Hasta ahora ningún gobierno obliga a los realmente poderosos, al verdadero poder detrás del trono. Mucha amistad, poco control. Me parece que no nos damos cuenta de nada.

Llegue a escuela. Subo a la escalera, y hago la fila esperando entrar al aula. Sé que hay tres o cuatro partidos políticos más, pero realmente no los conozco. Algunos candidatos parecen simpáticos, otros no tanto. En fin, ser candidato debe ser también un buen negocio. Además pienso, si los grandes partidos políticos tienen miedo de que haya fraude porqué no pueden fiscalizar las mesas, ¿Que se puede esperar de los que no tienen ni siquiera representación en la mayoría de los distritos? Es grave pensar así a esta altura del siglo XXI. Pero, evidentemente, institucionalmente estamos en el siglo XX. O peor, a veces parece el XIX.

Entro al cuarto oscuro. La verdad, estoy más confundido de lo que estaba cuando me levante, esto de votar termina siendo un problema. Pero no quiero ser pesimista. Estamos en la fiesta de la democracia. Además, como diría Churchill, la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos. Sin embargo, los chinos devenidos capitalistas están conquistando el mundo, y te dicen que su política de partido único que cercena derechos es necesaria para evitar los ‘desvíos’ que pudieran obstaculizar el camino hacia su utopía socialista. ¿Será así? En verdad no lo sé. Pero que más da, llego la hora de elegir. Bueno, ya me decidí. Pero el voto es secreto. ¿Ganaré o no? Lo importante es que ganemos todos. O por lo menos, los que más lo necesitan.

Irán, otro escenario donde se disputan las tensiones globales.

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 28 de Julio de 2019

https://www.ambito.com/iran-otro-escenario-donde-se-disputan-las-tensiones-globales-n5045043

Podemos afirmar que la detención del petrolero de bandera británica Stena Impero por parte de las Fuerzas Armadas Iraníes, es una mera anécdota. Como suele ocurrir en la historia de las relaciones inter-estatales, un hecho puntual, una pequeña llama disparadora, puede desatar una implosión sistémica. El ‘dilema de las jurisdicciones marítimas’ que hemos observado el último mes es simplemente una foto dentro de la dinámica de hostilidad (así lo considera el régimen persa), que lleva adelante Occidente contra sus intereses, su tradición, su forma de vida.

La importancia del hecho radica en el involucramiento de los principales actores estatales. En cuanto al Reino Unido, aunque el mismo se haya posicionado contrariamente a la decisión unilateral de Washington de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e imponer sanciones al régimen, intenta preservar a toda costa su ‘histórica relación especial’ con los Estados Unidos. El gobierno británico es hoy un boxeador golpeado que se encuentra a la defensiva en el último round, esperando que suene la chicharra para obtener un decoroso empate técnico que lo mantenga con la cabeza en alto para las próximas luchas post-Brexit. Ello se observa claramente en las vacilaciones y errores elocuentes: por un lado, nos encontramos con un Reino Unido que le pide un apoyo moral y ejecutivo a la OTAN; o sea, a los mismos (¿ex?) aliados europeos Alemania y Francia, con los que convive en una eterna y tensa disputa por el Brexit. Y para continuar embarrando la cancha – sin algún sentido para la lógica iraní – los servicios de inteligencia británicos han acusado a Moscú de ayudar a Teherán a falsificar la señal GPS para apresar su buque, a lo que agregaron que “el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y la inteligencia rusa han colaborado de forma muy estrecha en Siria, protegiendo y promoviendo sus intereses”. No solo no han descubierto nada, sino que tampoco han generado un aporte que provea algún tipo de solución al conflicto.

Evidentemente cualquier Estado – incluido una histórica potencia económica, política y militar como el Reino Unido -, que se encuentra viviendo un enorme desorden interno que concluirá, indefectiblemente, en diversos cambios estructurales que afectarán a la mayor parte de su ciudadanía, no puede atravesar nunca un complejo escenario diplomático y salir indemne. Cohesión doméstica para enfrentar el mundo, se diría. Así lo demuestra el apuro en la reciente confirmación de Boris Johnson como Primer Ministro para desarrollar, al menos, ‘cierto orden’ institucional que le permita al gobierno británico enfrentarse a los actuales dilemas regionales y globales.

En tanto a su partenaire, como suele ocurrir (casi) siempre, el ‘bombardeo’ económico es el que más le duele. Las sanciones estadounidenses, esgrimiendo el tan mentado poder nuclear iraní, han hecho mella en un histórico enemigo miembro de su denominado ‘eje del mal’. Sin embargo, y más allá de lo justificado o no de la finalidad de Donald Trump, su lectura sobre el potencial escenario de conflicto podría encontrar ciertos limitantes si se entiende la historia, cultura y religión del Estado persa.

En este sentido, cabe destacar que desde la revolución del año 1979, el Estado iraní ha adoptado la forma de República Islámica; donde el Líder Supremo de índole religioso, el ayatolá Alí Jamenei desde el año 1989, no solo es responsable de la delineación y la supervisión de las políticas generales del Estado (por lo que se encuentra por encima del presidente, Hasán Rohaní), sino que además es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y controla las operaciones de inteligencia y la seguridad del estado.

Es por ello que a sabiendas del diferencial de poder estadounidense (el gasto en defensa iraní – unos 18.000 millones de dólares anuales – es 40 veces inferior al de Estados Unidos), Irán, una potencia media en términos militares, no ha temido ni rehusado nunca a una lucha que excede los objetivos de poder y riqueza. Irak, Israel, Arabia Saudita han sido testigo de ello. En este sentido, la Guardia Islámica Revolucionaria (Pasdaram), la milicia religiosa (Basij), los aviones de combate o las rápidas embarcaciones de la armada persa, no dudan en lanzarse con fervor a todo tipo de acciones asimétricas, incluso kamikazes. Más aún, una potencial reacción agresiva de occidente no quedaría relegada a su propio territorio: el gobierno iraní ya intenta extender el conflicto a otros países en los que cuenta con el apoyo de amplias poblaciones chiíes: los hutíes en Yemen, los hazaras en Afganistán, el 60% de la población iraquí, los alauíes en Siria, el propio Hezbolá en El Líbano, la amplia mayoría chií en el estratégico Bahréin, además de la diáspora iraní en el mundo. E incluso se podría movilizar a la minoría chií (alrededor del 5% de la población) que vive en Arabia Saudita, sin olvidar el soporte que puede aportar Hamas, organización que, a pesar de ser suní, podría sentirse obligada a devolver el favor de haber estado alimentada de recursos económicos y militares iraníes durante años.

Cuando días atrás la Guardia Revolucionaria Islámica derribó el avión estadounidense no tripulado a principios de mes, envió un mensaje claro para los Estados Unidos: “las fronteras de Irán son ‘la línea roja’”, emitió en un comunicado la Cancillería persa. A pesar de este hecho puntual, y al que se le adiciona el conflicto nuclear, el gobierno estadounidense continúa con su retórica agresiva pero vacía en términos de una real ejecución. Luego de las amenazas inconclusas a Corea del Norte y Venezuela, el derribo del dron conllevó a una nueva amenaza bélica de Trump vía Twitter – como lo suele hacer -; sin embargo, el mismo mandatario suspendió los ataques aéreos de represalia apenas minutos antes de que debiera comenzar la acción.

Como contraparte, continúa insistiendo con las sanciones económicas – una política exterior más que recurrente en la historia estadounidense -, a través del fin del otorgamiento de exenciones a los compradores de petróleo o del obstaculizar las exportaciones a proveedores del Estado persa, entre otros; ello ha mellado en el valor del rial, su moneda, la caída de las inversiones, y en la escases para con el abastecimiento de productos básicos para su población. En definitiva, el objetivo último de la Casa Blanca pareciera ser que Irán colapse económicamente en poco tiempo y se genere algún tipo de subversión interna que deponga al Gobierno actual. Sin embargo, la reciente condena a muerte de la mayoría de los 17 agentes que supuestamente trabajaban para la CIA en áreas e industrias estratégicas, todos ciudadanos iraníes, nos muestra cuán lejano estamos de ello.

Como contraparte, Irán cuenta con el apoyo explícito de Rusia e implícito de China, en esta lógica actual de bipolarización geopolítica desde la asunción del actual mandatario estadounidense. En cuanto al primero, Moscú ya mostró su poderío e influencia en un espacio geográfico adyacente, como lo es Siria, e hizo frente a las ambiciones de Washington. Y lo hará en cada zona de influencia donde se encuentre geopolíticamente inmerso en un escenario que involucre a la OTAN y su estrategia misilística, en contraposición a la visión de Europa Occidental que sostiene que debe dar respuesta a lo que denominan un ‘agresivo’ avance del gobierno de Vladimir Putin en las áreas de influencia de la ex Unión Soviética.

China, por su parte, no solo es el principal importador del petróleo iraní, sino que el interés de Xi Jimping se enmarca en un contexto más amplio que implica el acceso al mediterráneo – y consecuentemente al mercado europeo -, bajo una serie de acuerdos y proyectos que se están concretando a través de la ‘nueva ruta de la seda’: ya sea tanto ferroviarios como portuarios, viales o fluviales – con sus diversas ramificaciones en diversas áreas económicas -, Beijing reconoce a Teherán como un aliado clave en su lógica multiplicadora.

Más aún, podemos decir que Irán es un aliado que, dada sus posición geográfica y sus capacidades hidrocarburíferas, cumple un rol de relevancia como articulador en una lógica tripartita. En este sentido, la histórica firma del acuerdo de suministro de gas ruso a China del año 2015 que involucró inversiones por 400.000 millones de dólares – luego de las sanciones Occidentales a Rusia por Crimea -, contó con la presencia de Rohani; cuyo gobierno, a partir de ese momento, también entró en conversaciones, convenios y contratos con empresas del gigante asiático para trabajar juntos; no sólo en la venta de gas y petróleo, sino también en el financiamiento de proyectos de explotación y exploración de hidrocarburos, junto con la construcción de puertos y ferrocarriles que le den soporte al gasoducto.

Finalmente, y dado el escenario descripto, lo que podemos afirmar es que Irán se ha negado a negociar mientras se encuentre bajo las actuales sanciones impuestas; más aún, redobló la apuesta y amenazó con elevar la pureza del enriquecimiento de uranio más allá del límite de 3,67%, acordado en el firma del año 2015, y cuyo fin era evitar que el Estado persa produzca material con fines militares. En el medio de los cruces, contrapuntos y ambigüedades, lo único que podemos afirmar al día de hoy es que, mientras algunos se preguntan hasta donde puede escalar este conflicto con ribetes que involucran peligrosamente a alta política global, Abbas Mousavi, portavoz del ministerio de Exteriores de Irán, dejó en claro la posición presente y futura de su país. ¿Hay realmente alguna sanción que Estados Unidos no haya impuesto ya contra nuestro país y nuestro pueblo en los últimos 40 años?, sostuvo en una reciente conferencia de prensa; para luego, repreguntarse con serenidad, “Y, ¿qué han conseguido?”.

Un respaldo teórico para la estrategia geoeconómica del tratado Mercosur-Unión Europea

Para Ambito Financiero por Pablo Kornblum – 3 de Julio de 2019.

https://www.ambito.com/el-riesgo-cazar-el-zoologico-y-el-peligro-confundir-matar-al-perro-terminar-la-rabia-n5040482

En las pantallas de los grandes medios de comunicación desde ambos lados del atlántico, el mainstream de la ciencia económica le habla al ciudadano medio: todos hemos ganado con el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Para la mirada de los más de 800 millones de futuros consumidores, la lógica de las ventajas comparativas incrementará la oferta de bienes a precios más asequibles para todos.

Detrás de esta máscara con anestesia, la Unión Europea le enrostra a Donald Trump, en medio de su Guerra Comercial con China, que el Consenso de Washington establecido por su propio país tres décadas atrás sigue más vigente que nunca y rige la lógica Ricardiana del comercio internacional. A ello le debemos adicionar el porqué no legítimo deseo de ganar terreno en América Latina (una reducción de aranceles en torno a los 4.500 millones de dólares para un mercado de 293 millones de habitantes no es de despreciar), histórico patio trasero de los Estados Unidos, y novedoso terrero fértil para los tentáculos económico-financieros y militares chinos y rusos.

Por otro lado, es evidente que el gran sector perjudicado en el viejo continente es el relacionado a los recursos naturales, donde nuestra región tiene abundancia y calidad para competir con la agricultura, la ganadería o la vitivinicultura del viejo continente. Esto no es otra cosa que un golpe más a lo lógica del Estado de Bienestar que solía privilegiar la calidad de vida y el sentido de pertenencia a las zonas rurales, en pos de la acumulación de capital y la colocación de bienes y servicios en cualquier lugar del mundo y a cualquier costo. En este sentido, Anwar Shaikh lo sentenciaba con claridad: la integración no siempre es buena para los países, pero si lo suele ser para las ganancias de los grandes grupos económicos con capacidad de exportar.

Pero no todo está perdido para el agro francés, polaco o irlandés. Lo que seguramente nos diferencia es su pragmatismo y capacidad de intentar siempre balancear racionalmente la diversidad de intereses para evitar discrepancias que agiten a los extremos políticos y sociales. No en vano la Unión Europea le agregó al tratado una cláusula según la cual “los estándares de seguridad alimentaria europeos quedarán protegidos en el acuerdo, sin cambios, y todas las importaciones tendrán que cumplir con ellos”; es decir, normas sanitarias y fitosanitarias que continuarán funcionando como una traba extra-arancelaria a las importaciones.

A ello le debemos adicionar que la Unión Europea cedió más en los productos que no produce, como la soja, la merluza, y los frutos; pero en cambio se aplicará el sistema de cuotas para cuyos bienes y servicios se producen dentro de Europa o en sus ex colonias. Ello en complemento con un mecanismo de salvaguarda bilateral que permitirá “imponer medidas temporales en el caso de que se produzcan aumentos inesperados y significativos de las importaciones que provoquen, o puedan provocar, serios daños a sus industrias domésticas”. Podemos suponer, solo con seguir una línea de análisis histórica, cuál de los dos bloques defenderá con mayor fiereza los intereses de sus propias mayorías. Es más, luego de brindar su apoyo político días atrás, Emmanuel Macron puso un freno a los impulsos frenéticos de los pro-tratado e indicó que Francia todavía no está preparada para ratificar el acuerdo.

Desde una visión sudamericana, el volver al mundo ha sido una bandera ideológica y productiva de la Argentina, que se afianzó con la llegada de Jair Bolsonaro al poder, y se terminó de forjar como eje clave para ambos oficialismos con el deterioro de las variables macroeconómicas domésticas. Lamentablemente, el venerado marketing de corto plazo generalmente se contrapone con una visión estratégica y objetivos superadores de largo plazo. Diversos escenarios así lo demuestran.

Para los defensores del acuerdo sudamericano, la apertura será un desafío para los sectores industriales a mejorar su productividad frente a la mayor competencia extranjera. Sin embargo, la historia económica ha mostrado que los países que tuvieron un crecimiento económico de relevancia en base a ingentes procesos de industrialización – podemos citar a los Estados Unidos luego de la Guerra de Secesión, o los denominados ‘tigres asiáticos’ en la décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial -, siempre protegieron celosamente los modelos productivos destinados a ser una digna competencia de las economías más maduras de su tiempo.

Cabe destacar que aunque en la actualidad han cambiado las variables productivas en juego (con eje en los servicios y la tecnología de punta), la lógica para con la obtención de la ventaja decisiva que permita conquistar y arrebatar nichos de mercado se mantiene inalterable a través del alcance del ‘know how’ que permita el desarrollo de todo tipo de invenciones. Ejemplo de ello es la exigencia europea de la extensión en la vigencia de patentes en el Tratado, cuyo requerimiento es recurrente por parte de la industria farmacéutica y de agroquímicos de los países del viejo continente ante cualquier tipo de negociación extra-comunitaria. Dicha clausula lo único que provocará será el acrecentar y profundizar las diferencias de capacidades inter-regionales.

Por el contrario, se nota la ausencia de simetría en nuestros requerimientos. Sino difícil es entender como el tratado contempla la eliminación o reducción sustancial de las barreras que impone el Mercosur a los metales raros de alta calidad, aquellos que necesita la industria europea de alta tecnología y hoy en día importa desde África o China. Por otro lado, el Mercosur cedió también en incorporar las licitaciones de obra pública entre los rubros de contrataciones con acceso abierto al capital europeo; lo que implica que un número significativo de proveedores locales del Estado podrán quedar desplazados por la participación de firmas europeas. Algunos podrán decir que se acabará con el capitalismo de amigos y los ‘capitanes de la obra pública’. Otros, sin embargo, podrán pensar que, dado que la corrupción es endémica y estructural en los organismos gubernamentales sudamericanos, los europeos también podrían aceptar gustosos pagar la coima con tal de obtener la enorme rentabilidad que suelen proveer los contratos públicos en nuestra región. Evidentemente, no debemos confundir matar al perro con terminar con la rabia.

La otra pregunta que surge es si el Mercosur realmente trabajará como bloque o, como ha demostrado la historia, cada país miembro ‘jugará’ su partida. Ello podría ser peligroso ante escenarios de crisis económicas recurrentes e instituciones débiles, donde para los europeos la apertura de nuestros mercados podrían significar ‘cazar en el zoológico’. Pensemos, además, que la industria nacional argentina no sólo se vería perjudicada por el ingreso de productos desde el otro lado del atlántico al mercado local, sino también por la mayor participación europea en la plaza brasileña, nuestro principal socio comercial. Una pelea encarnizada del ‘pobre contra el pobre’ que podría dejarnos muy mal parados. Aunque no a todos.

En este sentido, varias de las agrupaciones empresarias más características del sector concentrado de la economía argentina – especialmente las vinculadas al capital extranjero y grupos monopólicos en sectores estratégicos -, no sólo celebraron la firma del acuerdo sino que, además, solicitaron “a la dirigencia política de todos los partidos que dejen de lado sus diferencias coyunturales para arribar a acuerdos básicos sobre políticas públicas que permitan las transformaciones estructurales para poder competir y estar integrados a las cadenas de producción globales”. Entre esas reformas, citan principalmente “la reducción de la presión impositiva, la reforma de los convenios laborales, y la disminución de la tasa de inflación”.

Bajo la bien conocida doctrina del ‘esfuerzo permanente’, estos grupos explicitan, una vez más, la urgente necesidad de ser más competitivos. Seguramente muchos estemos de acuerdo. Lo que hace ruido es quien va a pagar los costos de ello. Porque además de la brutal devaluación del salario real en dólares de nuestro país en los últimos años, se les está pidiendo a las clases medias y bajas de la sociedad que deban doblegarse aún más ante una potencial novedosa legislación que avale la flexibilización laboral y la reforma previsional, entre otros. Salarios africanos y 50% de los niños bajo la línea de la pobreza multidimensional es un cóctel perverso y explosivo que no podemos permitirnos.

Para concluir, es interesante en este momento de la historia, recordar a Arghiri Emmanuel. Este teórico marxista ya sostenía, hace casi 70 años, que la lógica centro-periferia era viable porque las elites de las principales potencias sostenían que los trabajadores del mundo subdesarrollado no necesitaban, dada su historia, su cultura, y su falta de conocimiento, los mismos bienes que los asalariados del entonces mundo desarrollado. Hay que tener cuidado: sería trágico que, en pos de ganar competitividad, a alguien se le ocurra traer a colación ideas que parecían haber quedado en los anales de los libros de historia. Al menos eso podríamos pensar. Porque como sabemos, en nuestra región todo es posible.

Las visitas de Duque y Bolsonaro. Entre el discurso y la realidad

Por Pablo Kornblum para Ámbito Financiero. 21-06-2019

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El presidente Mauricio Macri recibió este mes a dos mandatarios aliados: los recientemente electos presidentes de Colombia y Brasil, Iván Duque y Jair Bolsonaro. Con ambos comparte un background similar: son ‘Outsiders’ de la dinámica política enraizada en Sudamérica – Duque es un joven profesional con una carrera asociada al gerenciamiento técnico y al ámbito académico, mientras que Bolsonaro tiene un bagaje militar (con un pasado legislativo menor en términos de participación activa) y fuertes vínculos con las iglesias no tradicionales (sobre todo las evangélicas, que se calcula tienen alrededor de 70 millones de fieles en todo el país) -, y han contado desde sus comienzos con un enorme ‘marketing político’ para sustentar sus campañas y políticas públicas.

En el marco de los encuentros per se, el principal motivo de festejo para el oficialismo nacional fue el apoyo explícito a Macri ante las próximas elecciones en Argentina. El resto de las declamaciones han sido una conjunción de fuerte contenido de liberalismo económico (con pretensiones de avanzar con reformas estructurales en términos previsionales, laborales, y de comercio exterior), entremezclado con una fusión geopolítica anti-populista que busca desterrar a Maduro (y a los potenciales Maduros) de América Latina para siempre.

En tanto a lo dicho en términos de política económica exterior, podemos indicar que lo irreal del discurso se lleva puesto cualquier tipo de análisis racional. Hace más de veinte años se habla de un infructuoso Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Alguien cree que es posible, solo para citar un ejemplo, que el presidente de Francia Emmanuel Macron pueda ceder ante la lógica aperturista liberal de un potencial acuerdo que afecte a la agricultura francesa, en medio de una disputa que parece no tener fin con los chalecos amarillos? ¿Puede Europa pensar en una lógica cohesionada en medio del dilema del BREXIT, que claramente se contrapone con el avance a paso firme de Rusia y China en la disputa con Estados Unidos por el dominio del tablero geopolítico global? No parece muy factible.

Menos aún si posamos la mirada en nuestros lares. No solo a través del ninguneo brasileño (el propio Ministro de Hacienda, Paulo Guedes, sostuvo a las pocas semanas de asumir que “la Argentina y el Mercosur no son una prioridad”) a la par de la gran crisis económica Argentina actual, sino que además se ha dejado afuera de la discusión a las economías más pequeñas, Uruguay y Paraguay. Parece que el dialogo bilateral no tomó nota de las históricas y reiteradas quejas de estos dos socios primarios de que el tamaño de sus mercados no tiene que ser una excusa para excluirlos de las decisiones claves. Si a ello le adicionamos las trabas burocráticas y logísticas, el escenario es aún más complicado.

Ni que hablar de la propuesta de la moneda única común entre Brasil y Argentina (cabe recordar que todavía no tenemos ni un swap con nuestro principal socio comercial), desmentida a una velocidad inusitada por el propio Banco Central de Brasil. ¿Es posible pensar en una moneda común cuando desde la época de Alfonsín-Sarney se hablaba, solo para mencionar una temática, de una complementación económica que nunca se dio? Basta recordar cuando las empresas argentinas ‘volaban’ a Brasil al ritmo de la convertibilidad y el ‘deme dos’ en los 1990’. Menos aún el pensar que un ciudadano brasileño medio, que ni siquiera suele atesorar sus activos en dólares, pueda considerar al Peso Argentino como reserva de valor, aunque sea a través de una mixtura con el Real. Difícil ya es poner en análisis que Brasilia aceptara ‘compartir’ un Banco Central.

En este sentido, deberíamos aprender de la historia, que siempre es aleccionadora. Si la Unión Europea no pudo hacer cumplir el Tratado de Maastricht, porque no previeron que la productividad, el Gasto público, o la Tasa de Ahorro privado no es similar para un país latino, un anglicano, o un cristiano ortodoxo (solo para conjugar la variable económica con la religiosa), ¿porque entonces deberíamos pensar que no ocurrirá lo mismo en Sudamérica, donde existen también amplias diferencias culturales, institucionales o de consumo?

El otro punto a tener en cuenta es la geopolítica. Los tres gobiernos han aclarado que van a “hacer todo lo posible para que se restablezca la democracia en Venezuela; pero más importante que eso es el tema ideológico: el populismo no puede volver nunca más a América Latina”. No solo lo piensan sino que también se lo exige su principal aliado, Donald Trump, quien contribuyó (y contribuye) en gran medida, a la sustentabilidad de sus mandatos: lo sacó de la carrera presidencial a Lula para que triunfe Bolsonaro, le habilitó el préstamo más importante de la historia del FMI a la Argentina para evitar una mayor fuga de divisas, y le dio el visto bueno al delfín de Uribe, un partidario de la no reconciliación con las FARC y muy ligado a los círculos más libertarios americanos.

Lamentablemente, la cosmovisión de la macropolítica y la geoeconomía global elucubrada en cómodos sillones, debe necesariamente complementarse con la lógica – incluida la electoral – doméstica. Aunque está claro que nadie en Argentina va a cambiar su voto por el locuaz apoyo de Duque y Bolsonaro: el ciudadano vota, principalmente, abriendo su heladera y observando si se encuentra más llena que vacía (o viceversa).

En este aspecto, ninguno de los tres mandatarios pueda mostrar signos de suficiencia económica nacional. Tenemos un escenario adverso para la economía de Brasil – con una gran crisis derivada de una reforma al sistema previsional inconclusa, bloqueada por las centrales sindicales, y que a su vez tiene como contraparte un gran enojo por parte del empresariado por la falta de fortaleza del ejecutivo para darle impulso legislativo -; Argentina, con una probable prevalencia a la estanflación por lo menos hasta el año que viene que se clarifique el escenario electoral y la capacidad de refinanciación de la deuda externa; y una Colombia que, a pesar de contar con una macroeconomía con un crecimiento estable (incremento del PBI previsto en torno al 3,5% para este año, aumento de la IED (68,4%) y la producción de petróleo (5,3%) en el primer trimestre recién concluido, déficit fiscal esperado para fin del corriente 2019 en torno al 2,4%, y una deuda externa del sector público que representa solamente el 22,8 % del PBI), la misma OCDE en un reciente estudio sostiene que la desigualdad y la formalidad continúan siendo muy altas en el país, a tono con el resto de la región.

En definitiva, la dialéctica diplomática o la discursiva en redes sociales, son solo herramientas que trazan imaginarios que, difícilmente se suelen ver plasmados en beneficios concretos para las mayorías. Encontrar la manera de balancear la relación con Estados Unidos y China, el cómo potenciar la relación entre el Mercosur y otros bloques comerciales (ya sea con la Unión Europea o bien podría ser el caso de la Alianza del Pacifico), o el modo de generar un desarrollo socio-económico y productivo sustentable que termine definitivamente con la pobreza en la región, requieren decisiones complejas que afectan fuertemente intereses poderosos, concentrados, y muchas veces contrapuestos.

Por ende, se requiere capacidad, coherencia y ética para gobernar. Es por ello que cuando Bolsonaro apoyó explícitamente a Macri en su visita al país pidiendo que los argentinos voten con “la razón y no con la emoción”, uno podría pensar que debería haber sido más prudente con sus palabras. Ya que cumpliendo su propia premisa, podría, si es que alguien realmente lo escuchó de este lado de la frontera, haberle sido contraproducente haciéndole perder parte del caudal electoral al propio oficialismo que había querido beneficiar.

Una vez más, un Trump impredecible en la relación con Méjico

Publicado en Ámbito Financiero, el 05 de Junio de 2019

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“Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le respondió el presidente de Méjico, Andrés Manuel López Obrador, a su par estadounidense Donald Trump. Su racionalidad es lógica: la desigual estructura económica centroamericana, la violencia social y política, la corrupción endémica, la falta de oportunidades educativas y los obstáculos de acceso a un sistema financiero concentrado, son algunas de las razones que potencian el círculo vicioso de la pobreza del que millones de pre-migrantes no pueden escapar. Resulta evidente que el establecimiento de un impuesto incremental mensual del 5% a todas las exportaciones mejicanas – hasta llegar al 25% el próximo mes de Octubre – no calmarán sus ansias de una vida mejor. Y es muy probable que López Obrador tampoco pueda – ni quiera -, realizar cambios estructurales para eliminar de raíz la inmigración ilegal.

Trump lo sabe, pero lo que realmente le interesa es ‘matar varios pájaros de un tiro’. Por un lado, el tener una discursiva beligerante ante un Estado inepto o “fallido”, le permite no solo desligar sus responsabilidades, sino también intentar hacer olvidar, por lo menos mientras pueda, las imágenes de niños inmigrantes encerrados en jaulas. Bajo su concepción, seguramente habrá pensado en un potencial efecto disuasivo que denote poder, y no en la demostración de sus miserias más oscuras; por supuesto, es más sencillo propiciar la mano dura con familias desvalídas, que avanzar militarmente en Siria, Ucrania, Venezuela o Corea del Norte con Putin o Xi en la vereda de enfrente.

A su vez, el discurso anti-extranjero que enmascara los desaciertos propios también se fortalece al analizar la balanza comercial y de cuenta corriente bilateral con Méjico. Con remesas que han rondado los 30.000 millones de dólares en la última década, y un déficit comercial en torno a los 80.000 millones de dólares el año pasado, esta ‘fuga financiera’ se torna intolerable para la altisonante y ya clásica frase de campaña ‘Make America Great Again’. Por supuesto, no menciona – u mejor dicho oculta – los efectos multiplicados positivos que impactan fuertemente en el mercado interno estadounidense dada la alta propensión marginal al consumo de los inmigrantes. Menos aún lo que ocurre fronteras afuera, resaltando a las remesas como una fuente fundamental de ingresos externos para muchos países de la región, con derivaciones directas para con la mejora en la calidad de vida de millones de familias centroamericanas. Lo que a su vez podría redundar en un beneficio propio para los Estados Unidos, ante una menor tasa de emigración.

Finalmente, la mayor violencia verbal derivada de las problemáticas económicas y financieras globales de las últimas décadas, las cuales se han traducido en sostenidos corrimientos hacia los extremos ideológicos, le ha habilitado a Trump una discursiva potente para arengar a sus votantes, sosteniendo que Méjico es un país “abusador” de los Estados Unidos. Se podría decir que es un ‘extraño abusador’, ya que con su vecino del sur ha firmado un nuevo Tratado de Libre Comercio, junto con Canadá, hace escasos ocho meses. Es por ello que podemos dilucidar que la problemática per se no es lo importante: la clave en lógica ‘trumpteana’ es viralizar una palabra con una fuerte connotación social – con reminiscencias en clave de ‘violación’ u otras atrocidades -, entre aquellos trabajadores no calificados estadounidenses que observan con recelo a los inmigrantes ante una situación de competencia laboral desigual.
Toda esta situación, que entremezcla conceptos, selecciona variables de análisis según conveniencia, y muestra permanentes contradicciones, lo único que ha provocado es que el resto de los actores estatales le ‘tomen el tiempo’ a Trump. Con una credibilidad que decrece proporcionalmente ante cada declaración altisonante en tono de ‘factor sorpresa’, López Obrador le respondió con el mismo discurso agresivo: “no me falta valor, ni soy cobarde”, fueron sus primeras palabras luego de enterarse de la novedosa política arancelaria estadounidense. Luego le ha intentado explicar a su homólogo norteamericano, muy didácticamente, que el impuesto adicional lo terminaría pagando el consumidor estadounidense, que si Méjico responde con medidas similares los Estados agrícolas estadounidenses – una de las bases electorales de Trump – serían fuertemente afectados en términos financieros, como así también que habría profundas pérdidas económicas por el incremento de los costos de muchas industrias que tienen cadenas de suministro establecidas en Méjico. Y sin expresarlo taxativamente, también sabe que una gran cantidad de empresarios estadounidenses, que se encuentran siempre ávidos de utilizar la mano de obra barata y laboriosa inmigrante, no estarían muy conformes con una disminución sostenida de la inmigración centroamericana.

Es interesante como este escenario economico descripto desnuda una ‘estuctura economica desigual’ – tal cual reflotaría algun teórico estructuralista latinoamericano -, con una economia que comulga sectores industriales y de servicios fuertemente tecnologizados, conviviendo con otros más atrasados que requieren mano de obra de bajo costo, como son la agricultura, la pesca, la construcción, o la manufactura. Estos sectores más subdesarrollados, los cuales se intentan permanentemente minimizar en los países con mejor calidad de vida, todavía tienen relevancia en la principal potencia económica del mundo: su necesidad de evitar la dependencia bajo el ala del autoabastecimiento, el poder competir en todos los sectores económicos a nivel internacional, y el continuar siendo el motor de acumulación de capital global, son parte del ‘deber ser’ estadounidense para lidiar con las potencias desafiantes en este siglo XXI, China y Rusia.

Este escenario es bien sabido al sur del Rio Bravo. Por ende, mientras los gobiernos centroamericanos solo especulan con la ingente recepción de remesas y sue?an con la hipoteticamente teórica disminución proporcional del gasto público en relacion a cada emigrante que parte, el ciudadano de a pie, quien ha perdido su convicción en la capacidad gubernamental de lograr el objetivo primordial de proveer un decente bienestar económico, encuentra en la emigración una salvación a su vida. En el Estado mejicano de Guerrero hay un dicho muy común entre la población, que sostiene que “Si eres estúpido y no tienes suerte, te quedas atrapado en Méjico haciendo tareas agrícolas o trabajando en las maquilas, donde apenas te alcanza para comer. Si eres estúpido, pero suertudo, te incorporas a la policía. Si no eres listo, te vas con los narcos. Y si eres listo, cruzas la frontera y llegas a Estados Unidos”.

En definitiva, una vez más los ciudadanos más necesitados se han convertido en la variable de ajuste en ambos lados de la frontera; bajo un paradigma en donde las hipótesis de conflictos intra e interestatales poseen fuertes componentes histórico-culturales, políticos y sociológicos en términos de la comprensión ciudadana y la manipulación política. Ahora le toca el turno a la política arancelaria, la cual desdeña una solución racional y ética, pero pone sobre el tapete una puja de intereses socio-económicos y productivos con resultados macro y microeconómicos ambivalentes de largo plazo. Y aunque las ganancias obtenidas luego de las disputas entre los diversos actores terminarán siendo los grandes temas de discusión y análisis de los medios de comunicación más relevantes, lo único certero es que los desprotegidos y pauperizados inmigrantes continuarán siendo los grandes perdedores de esta disputa inter-estatal.