¿Por qué el desplome de la lira en Turquía afecta a Argentina?

Comentarios de Pablo Kornblum para la Agencia Turca Anadolu Ajansi

https://www.aa.com.tr/es/mundo/-por-qu%C3%A9-el-desplome-de-la-lira-en-turqu%C3%ADa-afecta-a-argentina/1232110

La reciente devaluación de la lira turca parece haber repercutido en la economía de Argentina, país que transita una larga crisis y que hizo un reciente acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 50 mil millones de dólares.

Particularmente, la economía de Argentina se vio resentida este lunes, cuando el dólar tuvo un alza del 3% en relación con el viernes, lo que al parecer tiene una conexión con lo sucedido del otro lado del océano Atlántico, en Turquía.

De acuerdo con Pablo Kornblum, profesor de economía internacional de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor del libro ‘La Sociedad Anestesiada: el sistema económico global bajo la óptica ciudadana’, la situación en Turquía “no repercute en Argentina por el vínculo entre ambos Estados” sino que la relación tiene que ver con “la apreciación de la moneda norteamericana y la toma de medidas como la subida de aranceles al acero y al aluminio. Esto ha generado un fuerte impacto sobre la economía turca y ha provocado la depreciación de la mayoría de las monedas del mundo con respecto al dólar”.

El economista advirtió, en entrevista con la Agencia Anadolu, que el análisis debe hacerse a nivel internacional, “dada la relevancia global de la moneda y la economía estadounidense en general. Un mercado como la Argentina, que arrastra un proceso de debilidad y volatilidad hace meses, se ha visto doblemente afectado de manera negativa”.

Argentina atraviesa una crisis que incluye déficit fiscal y de cuenta corriente (falta de dólares, por ser las importaciones mayores a las exportaciones), alta inflación, compromisos afrontados por el paquete financiero de rescate otorgado por el FMI y una inexorable caída de la actividad económica por delante, lo que hace que la economía sea permeable a las coyunturas adversas del escenario global.

Al ser consultado sobre el papel que juega el aumento de la tasa de interés de Estados Unidos, Kornblum asegura que su relevancia no tiene relación con la variable en sí sino con el país que produce el movimiento, en este caso Estados Unidos.

“Como principal potencia económica global, un aumento en la tasa de interés estadounidense implica que enormes flujos financieros se redirijan a la estabilidad y al desarrollo del mercado estadounidense”, explica el economista.

Es decir, cuando la tasa de interés en ese país es baja, la rentabilidad se encuentra en otros mercados. Entre ellos, los denominados mercados emergentes, como Argentina y Turquía, dado que pagan tasas de interés más altas “por el agregado de la ‘prima de riesgo’; más aún en un momento de turbulencia económica internacional derivado de un proteccionismo creciente, también propiciado por el gobierno norteamericano”, afirma Kornblum.

El inconveniente surge si la tasa de interés se eleva, como sucede actualmente, ya que provoca no solo la fuga de capitales de los mercados emergentes sino también la falta de credibilidad para el pago de la deuda externa (en dólares).

“Si a eso le agregamos (en el caso de Turquía) los dilemas políticos y comerciales con la principal potencia del mundo, que es Estados Unidos, esto genera que los inversionistas se alejen y realimenta el círculo vicioso devaluatorio y la incapacidad de repago de deudas”, concluye el académico argentino.

Esto explica el porqué del ‘efecto domino’ entre la crisis en Turquía y la repercusión en Argentina. Ambas economías son consideradas de las más vulnerables del mundo, y es por eso que ante un cambio que genere la depreciación de la lira turca es muy probable que este también se traduzca en un derrumbe del peso argentino. Los dos países enfrentan una situación económica adversa.

Lo que sucede es que “el proceso de liberalización financiera sin control ha generado burbujas de crédito sin una correlación de producción doméstica, sin una política exportadora sólida y sin una racionalización del gasto público que permita alcanzar el superávit, controlar la inflación y mantener una tasa de interés acorde para dinamizar el mercado interno”, explica Kornblum.

Otro de los factores determinantes en el escenario económico global es la guerra comercial entre Estados Unidos y China. En este sentido, el economista prevé que, de potenciarse el proteccionismo de estos países, ello “indefectiblemente repercutirá, en menor o mayor medida, en las balanzas comerciales de la mayoría de los países del mundo”.

Para entender cómo puede manifestarse en países como Argentina o Turquía, Kornblum sugiere prestarle atención a las medidas que tomen sus socios comerciales “en el escenario multilateral o regional. Es decir, pocas veces las medidas son homogéneas en términos interestatales, y en general son específicas de la relación bilateral/regional”.

Finalmente, “dependerá también del nivel de comercio que tengan los Estados implicados, sus relaciones diplomáticas y geopolíticas, y las posibilidades productivas que tiene cada Estado para conquistar otros nichos para la exportación de bienes y servicios en el mercado global”, concluye.

 

La Sociedad Anestesiada

Artículo de opinión de Pablo Kornblum publicado en el diario Página 12

https://www.pagina12.com.ar/116403-la-sociedad-anestesiada

La corrida cambiaria ocurrida en Argentina solo unos pocos días durante el mes de Mayo dejo un saldo de 10.000 millones de dólares menos de reservas en el Banco Central, una devaluación del 20%, tasas de interés por encima del 40%, una inflación creciente, disminución del crecimiento económico proyectado, financiamiento condicionado, y una segura inestabilidad financiera de corto y mediano plazo.
El primer temor que surge se centra en cuáles serán las consecuencias. Lo urgente se transforma en lo prioritario. No hay tiempo para intentar comprender lo que ocurre. Menos para intentar reflexionar sobre el pasado. Lo primordial es salvarse uno mismo. Para las mayorías, no perder sus magros ingresos; para los privilegiados que tienen ahorros, poder resguardarlos. El análisis estructural que afecta al colectivo social queda totalmente de lado.
Los medios de comunicación confunden. Las grietas generan ruidos, las posiciones de los diversos actores que deambulan por los programas complejizan y diluyen aún más los enormes conflictos de intereses. Las temáticas se entremezclan: del derrumbe económico se pasa raudamente al último resultado futbolístico, y de allí a peleas entre vedettes de tapas de revistas del espectáculo. Por lo menos distraen y relajan, aunque sea solo unos instantes.
Además los dilemas no son solo argentinos. Problemas económicos hay en todo el mundo. Mercados en recesión, desigualdad creciente. Inmigrantes que escapan de la miseria y disputan las escasas fuentes laborales con los nativos. Competencia salvaje y explotación del ser humano y el medio ambiente. Pauperización en los niveles de vida que derivan en tensiones sociales, violencia e inseguridad, bajo un sistema económico global inequitativo y no sustentable. Alivia pensar que el problema no es solo de uno.
Lo más interesante es que las principales voces políticas y económicas mediáticas sostienen que lo que se debe hacer para salir de este contexto adverso es sencillo. Existe una enorme deuda externa e interna que se puede reducir a un análisis de balance económico hogareño: se debe gastar menos o generar más ingresos para que los números cierren. Como premisas a futuro, hay que quitarles impuestos a los ricos empresarios, ya que ellos son los que podrán crear más empleos. Y si los trabajadores hacen un esfuerzo e incrementan su productividad, el país va a generar mayores riquezas. Solo se debe cumplir con las obligaciones económicas que tiene cada uno como ciudadano.
Paso el temblor, por lo menos momentáneamente. Ahora si nos podemos preguntar: ¿Quien o quienes son los responsables de lo que está ocurriendo? ¿Cuál es la parte culpabilidad que el cabe a cada uno? ¿Todos somos perjudicados, o algunos se benefician? Seguramente hay beneficiados. Por lo menos es una sensación. Igual, ya poco importa. Lo importante es salir como sea. ¿Saldremos?
Comprender la realidad lleva tiempo, educación y formación objetiva y racional, bien alejada de la post-verdad; ese tiempo del que no se dispone bajo la lógica de la acumulación. Y a los que tienen tiempo para pensar, realmente poco les interesa cambiar las cosas. Entonces la intuición gana terreno y, siendo realistas, a veces las propuestas enamoran. Igualmente suele ser un sentimiento frugal, ya que se genera un enorme sentimiento de decepción cuando no se cumple nada de lo prometido.
Las mayorías no tienen poder alguno para cambiar las cosas; las decisiones pasan por el famoso ‘círculo rojo’. La calidad de vida empeora, pero ya se ha generado un efecto ‘normalizador’. La situación es lo que es. La poca racionalidad que queda demuestra taxativamente que no se puede cambiar el statu-quo. Entonces simplemente se espera bajando los brazos o creyendo en los milagros. La fe mueve montañas; porqué no entonces pensar en la ayuda divina. Lo único que da temor es que, cuando se mire hacia arriba pidiendo clemencia, solo aparezca el FMI desde Washington erigiéndose nuevamente como el salvador.

Brasil y México serían los más afectados de América Latina por aranceles de EEUU – Sputnik Mundo

Pablo Kornblum para Sputnik news – Marzo de 2018

https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201803071076846991-acero-comercio-washington-latinoamerica/

Creo que Trump se encuentra intentando, por un lado, colocar a los Estados Unidos otra vez en un rol activo como principal potencia global, aunque ello implique largamente la falta de consensos diplomáticos (como lo indica su propia frase: “Las guerras comerciales son buenas, y fáciles de ganar). En este aspecto, no tiene reparos en entremezclar escenarios, regiones o actores (como sostuvo en estos días que si se llega a un nuevo acuerdo con el TCLAN, podría retrotraer la medida) con tal de globalizar la problemática; ello a pesar de las reprimendas que pudieran sufrir – sobre todo desde Europa y China, donde los vínculos político-económicos y militares bilaterales no son trascendentales (como si podrían ser los casos de Canadá, Corea o Japón) -, por parte de una racionalidad económica global sostenida por la mayoría de las diversas escuelas teóricas, bajo la órbita de la OMC y el aval de los beneficios colectivos en términos de eficiencia/eficacia de un libre comercio justo.

Por otro lado, además de encontrarse con un mundo hostil en términos de los reparos a su permanente falta de dialogo, el frente interno – el partido Demócrata por completo y algunos miembros moderados/racionales del ala republicana-, también le generan a Trump más obstáculos que apoyos. Como consecuencia, cierra filas sobre su electorado más duro, las clases desplazadas por la globalización que añoran un otrora Estado de Bienestar que hoy en día es prácticamente inexistente; no solo en los Estados Unidos, sino a nivel global. Sin embargo, cabe destacar que existen algunos ejes que apoyan su postura: para citar un ejemplo concreto, el acero y el aluminio se enmarcan dentro de las ‘industrias de base claves’ para la provisión de la Defensa nacional; lo que conlleva concatenamientos productivos positivos para toda la dinámica económica, incluida la tan preciada generación de puestos de trabajo (mismo la industria del acero contaba con 135 mil personas en el año 2000, que se redujeron a 83.600 en el año 2016).

En tanto a la región, Brasil y México se encuentran entre los cinco principales exportadores de acero a los Estados Unidos. En cuanto a los primeros y haciendo gala de su eximia diplomacia, trabajan sobre un escenario “lost-lost”, sosteniendo que el nuevo arancel “podría causar una pérdida considerable a los productores y consumidores de ambos países”, trayendo sobre la mesa una proba teoría del beneficio colectivo del comercio internacional cuando este se realiza en términos justos, pero que es ampliamente denostado por el pragmatismo nacionalista intransigente del presidente Trump. Por su parte, México alega que a pesar del perjuicio para esta industria en particular, el nuevo esquema arancelario podría compensarse con una mayor competitividad en otros sectores, como así también se generaría un escenario disruptivo para con el TLCAN que lo terminaría beneficiando bajo ciertas condiciones. Finalmente la Argentina, quien tiene una relación oscilante con los Estados Unidos (apoyo a Clinton, limones, biodiesel, relación con China, etc.), seguramente aguardará la reacción institucional de las principales potencias (a pesar de la importancia industrial que representan Aluar y Siderca para el país), antes de avanzar en una estrategia común con los Estados socios del Mercosur – aunque cabe destacar que siempre mantendrá el foco en mantener el sistema de preferencias de 400 productos de la relación bilateral -.

Para tentar a los rusos, Argentina tiene que ir con propuestas concretas

Entrevista a Pablo Kornblum del portal El Intransigente, el 23 de Enero de 2018

https://www.elintransigente.com/politica/2018/1/22/para-tentar-los-rusos-argentina-tiene-ir-con-propuestas-concretas-476108.html

Según un experto consultado por El Intransigente, los moscovitas necesitan previsibilidad y ciertos privilegios para poner capital en el país

Atraer inversiones y mostrarse ante el mundo. Esa es la consigna que repite una y otra vez el presidente Mauricio Macri y su gabinete cada vez que se presenta la oportunidad de una gira internacional. El desembarco en Rusia no será la excepción pero ¿Puede nuestro país sacar realmente provecho del encuentro o todo se quedará en promesas? Según el doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum, hay posibilidades de inversión y de mercado pero para ello la Argentina debe mostrar seriedad, propuestas concretas e incluso prioridad de estos capitales.

Según Kornblum, Argentina no representa para Rusia un aliado en materia de política exterior, “no le ayuda a jugar políticamente”, sin embargo “el comercio se puede ir incrementando y lo que se buscará es que se invierta en el país. Pero hay que ser serios, los rusos son muy poco vuelteros y hacen lo que dicen“, explicó el experto en diálogo con El Intransigente.

“El cambio de gobierno en Argentina en Diciembre de 2015, generó un cambio en la política exterior del país. Durante el mandato de Cristina Fernández se había generado una relación bilateral que tenía en cuenta elementos de tinte más estratégico (acuerdos de cooperación científica, tecnológica, capacitación de personal, etc.) que económico-comerciales; mientras que el actual gobierno  busca negociar principalmente un mayor acceso a mercados en Rusia para los productos argentinos“, señaló Kornblum. En esa línea, Rusia también apuesta a un proceso de diversificación fuera de sus mercados más cercanos que puede beneficiarnos. Sin embargo, una complicación que puede surgir es la disputa o competencia para tener prioridad o privilegios sobre otros mercados como el chino, que en nuestro país es esencial.

El modelo de negocios ruso de inversión es similar al chino:  ”Es ‘all inclusive’ de capital financiero, físico (equipamiento) y humano que permite eliminar competidores y generar compartimentos estancos de poca interrelación inter-estatal ‘winner takes all’ (el ganador se queda con todo”. Un caso práctico se encuentra en en la represa hidroeléctrica Chihuido I en la provincia de Neuquén, con financiamiento ruso, que ahora está en stand by.

Lo que Argentina puede aportar al mercado, y es una rol que viene desde hace décadas, es materia prima (el “granero del mundo”). Aunque es necesario sumar valor agregado ya que la competencia en todo el Mercosur es notable. Sin ir más lejos, Brasil representa el 50% de las importaciones rusas de carne, dato que aporta Kornblum. Sin embargo, la relación actual no es del todo despreciable (“aunque no de envergadura”), conforme a lo que explicó el experto: durante el primer semestre de 2017, le exportamos a Rusia principalmente frutas y semillas (30% del total) por un valor de 102,1 millones de dólares y luego carnes (20%) que significaron 66,3 millones de dólares.

OPINIÓN – Trump encabeza una política hostil hacia América Latina

Por Pablo Kornblum – Para Agencia de Noticias Sputnik, 23 de Enero de 2017

* TRUMP * EEUU * CASA * BLANCA * ESPAÑOL * LATINOAMÉRICA *
Buenos Aires, 23 ene (Sputnik).-La eliminación del contenido en español de la página web de la Casa Blanca apenas investido el presidente Donald Trump muestra una política hostil hacia América Latina, dijo a Sputnik Nóvosti el experto argentino en relaciones internacionales Pablo Kornblum.

Esto desvela “una política hostil en la apertura de Estados Unidos a América latina”, indicó Kornblum, doctorado en relaciones internacionales y director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales.

La iniciativa de la nueva Administración a poco de haber asumido pretende ser coherente con “las promesas de campaña que hizo Trump”, recordó el experto.

La medida “tiene que ver con cuestiones ideológicas, de inmigración, de reconsiderar lo que podría ser perjudicial para la balanza comercial de Estados Unidos”, enumeró Kornblum.

La reacción del nuevo Gobierno muestra que Trump “quiere ponerse firme ante la comunidad inmigrante en general”, constató.

Por eso el mandatario retiró este lunes la firma que había estampado su antecesor Barack Obama del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), del que formaban parte 12 países, incluidos México, Chile y Perú.

También este lunes, frenó la importación de limones del noroeste argentino que el Gobierno de Obama había concedido un mes antes.

Para Kornblum, Trump “intentará negociar con los grandes actores que le interesan a nivel internacional, en especial con Rusia como aliada, y con China como enemiga”.

Los latinoamericanos no interesan en términos económicos y tampoco son el principal aliado político de Trump, según el experto.

“México, que representa lo negativo (maquilas, inmigrantes que trabajan en el campo) es el patio trasero”, observó.

Aunque es la región más cercana a Estados Unidos, América Latina quedará relegada a un segundo plano, porque “no representa un mercado en el que tenga Estados Unidos tenga prioridad”, añadió el argentino.

En términos generales, Trump se llevará bien con aquellos países que consientan con sus políticas, siempre que accedan a los intereses económicos del actual Gobierno, mientras por el contrario, el presidente recurrirá a la denostación ante quienes no estén interesados en secundarlo, concluyó. (Sputnik)

 

 

Escenario para el Desarrollo Argentino

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56577015/n-6-diciembre-2016

• La problemática económica no es solo económica, y es estrictamente necesario un consenso social y productivo sostenido por políticas de Estado e Instituciones sólidas para salir de la trampa de los países de ‘ingreso medio’.
• La ayuda externa para salir de la trampa del ‘ingreso medio’ (inversiones directas estatales y privadas, y liquidez a bajo costo), dependerá de cómo se utiliza; sin ayuda – por ejemplo de las grandes potencias como Estados Unidos o China -, se deben realizar políticas económicas audaces que requieren de una coyuntura muy favorable y esfuerzos endógenos de tinte económico, político y cultural.
• No hay un solo camino al desarrollo. En este sentido, las condiciones históricas, culturales, demográficas y geográficas endógenas y exógenas, generan un pensamiento nacional que debe ser moldeado dinámicamente.
• En la situación global actual raramente se ven negociaciones sustentables en tandas o bloques de dos o tres países que se unen para favorecerse en determinada coyuntura. Los acuerdos bilaterales o entre bloques económicos (o un mix de ambos) son los que más han avanzado hasta el día de hoy. Más aún cuando históricamente ha habido enormes diferencias en las políticas macroeconómicas – y su consecuente coordinación – entre la Argentina y Brasil.
• Desde mi punto de vista a relación política con las provincias, con importantes derivaciones económicas, no debe ser una excusa para con el cuidado el Medio Ambiente. La discusión se debería centrar en si es necesario continuar exprimiendo económicamente los recursos en detrimento de la naturaleza, en términos relativos a los tiempos requeridos para realizar un cambio productivo hacia economías más verdes.
• La reacción de las democracias capitalistas occidentales ante el avance de las extremas, izquierda y derecha, son un espejo y un contrapunto de cuidado. Sus exigencias anti-sistema que rozan ciertos márgenes de tolerancia social y ética, les quitan a las elites pro-sistémicas un importante margen de maniobra.
• Se debe poner el eje en las expectativas para estimular la inversión privada, ya que los Estados se encuentran constreñidos con demandas crecientes. Ello implica altos niveles de credibilidad y consenso político con el mercado nacional e internacional.
• La sustitución tecnológica por parte de las máquinas es una temática estructural que ya se está discutiendo en los países desarrollados y debe comenzar a tratarse en nuestro país lo antes posible, dada su interrelación con variables claves como la educación y la productividad.
• Para que los vaivenes cíclicos de los actores no sean el ‘perdí ayer por lo que debo ganar hoy’, se deben tratar de minimizar las fluctuaciones y socializar de antemano las ganancias y pérdidas entre todos los actores económicos. En este sentido, las transiciones productivas hacia economías más inteligentes no tienen que ser pensadas por el ‘costo político’ de corto plazo, sino por las potencialidades a futuro.

Sectores Clave del Océano en Argentina

Por Pablo Kornblum

Los 3 sectores que se evalúan en el mediano/largo que tienen mayor potencial económico, generación de empleo y divisas, son el Hidrocarburífero, la Acuicultura y la Energía Oceánica.

Ello se debe a que el resto de los sectores ya han sido en parte desarrollados por el sector privado, dada especialmente la facilidad de implementación – con fuerte vínculos terrestres – y rentabilidad. Los desarrollos que se expondrán requieren mayores economías de escala con una gran inversión de corto plazo para un eje marítimo complejo. De aquí la importancia del rol del Estado.

A continuación se describe brevemente el escenario situacional de estas áreas:

HIDROCARBUROS

Las cuencas marinas de Argentina tienen un área de 1.227.568 km2 y prácticamente la tercera parte se encuentra a menos de los 200 metros de profundidad del Mar Argentino. Argentina cuenta con 11 cuencas que han sido exploradas en mayor o menor medida en diferentes momentos históricos y con resultados diversos. En la actualidad, prácticamente todas las cuencas marinas de hidrocarburos se encuentran improductivas, con excepción de la Cuenca Austral, principalmente gasífera (al producir su offshore el 15% del gas natural del país). También se ha puesto foco en la Cuenca del Golfo San Jorge, aunque los resultados no han sido positivos en términos de potencial rentabilidad.

Según el Sistema de Información Geográfica de la Secretaría de Energía, al presente se han tendido líneas sísmicas 2D en las cuencas marinas Austral, San Jorge, Malvinas y Colorado.

La realidad es que la mayor parte de las Cuencas Marinas de Argentina se encuentran sin explorar bajo sistemas de registración sísmica capaces de localizar con precisión media o alta potenciales yacimientos de petróleo y gas natural. La instrumentación de mejores líneas y mallas en dos dimensiones como la adquisición de estudios prospectivos en tres dimensiones supondría de por sí un primer gran impulso para la actividad offshore nacional.

En este sentido, las exploraciones 3D han sido escasas por su costo (10 mil dólares el Kilometro Cuadrado aprox., dependiendo del precio coyuntural del commodity). Sólo una campaña de sísmica 3D de las principales cuencas tendría un costo que oscila entre los 1.000 y 3.000 millones de dólares. Por lo tanto, la posibilidad de que el servicio pueda realizarse con compañías nacionales supondría no solo un importante ahorro de divisas, sino también un estimulo para el desarrollo de proveedores locales de estos servicios y tecnología.

A partir del “Plan Exploratorio Argentina”, YPF se ha propuesto iniciar la exploración de la Cuenca del Colorado y del margen norte de la Plataforma Continental Argentina y relanzar la exploración en las cuencas Austral y Malvinas Occidental, estimando recursos costa afuera por 688 MBOES. Estos números no serian diferenciadores para generar un cambio de paradigma a nivel internacional; sin embargo, las potencialidades sin explorar en un escenario de máxima podrían generar un salto económico cuantitativo superador para las arcas de nuestro país.
Sin embargo, siempre cabe recalcar que una vez realizados los estudios de sísmica, la probabilidad de encontrar hidrocarburos en el prospecto offshore es aproximadamente del 15%. Para que este número pueda verificarse a posteriori, será necesario hacer una cantidad de pozos posiblemente en el orden de varias decenas para poder encontrarlo. En definitiva, la inversión necesaria es significativa y se ha verificado incluso en los casos exitosos – como el de Presal en Brasil – que se requieren muchos intentos para garantizar el éxito. Por lo tanto, más allá de la Cuenca Austral, la única con producción al presente, la exploración offshore se vuelve de frontera y alto riesgo.

Por el contrario, el factor de riesgo podría cubrirse – al menos parcialmente -, por las economías indirectas que podría generar el desarrollo de una industria nacional de alta tecnología y valor agregado, proveedora de servicios de exploración, desarrollo, producción y explotación de estos recursos off-shore. Para citar un ejemplo, los pozos offshore de alta profundidad – desde más de 500 metros – requieren de servicios productivos y logísticos de alta complejidad para su producción, ya sea a través de buques especializados como de embarcaciones de transporte, helicópteros de traslado y un conjunto de medidas de salvaguarda ambiental que hacen de la producción offshore una cadena de valor de servicios complejos, con necesidad de recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera.

En cuanto a las inversiones necesarias, el costo operativo diario de un pozo offshore en aguas profundas a 1.500 metros de profundidad es aproximadamente 1 millón de dólares, descomponiéndose una mitad en equipamiento y la otra en salarios y logística. Para que este pozo sea rentable debería producir 9 mil barriles por día (22 mil con los precios actuales) y no menos de 5 mil para que se cubra solamente la inversión en infraestructura (4 mil adicionales para cubrir el costo de operación). Se debe tener en cuenta que un pozo del Presal brasileño a 2 mil metros de profundidad produce 40 mil barriles diarios.

Finalmente, los escenarios de reservas y de explotación de los hidrocarburos parten de considerar un período de explotación de 30 años con un esquema de explotación bajo en los primeros años y alto en los años de juventud y madurez de los pozos. Los estudios de la Secretaria de Energía e YPF indicaron que podría haber entre 4 mil y 32 mil millones de barriles potenciales, aunque la realidad conservadora (los 688 millones previamente mencionados) sobrepasa cualquier tipo de predicción.

Pero con un ingente proceso inversor que potencie el rol del Estado y sus derivaciones en el sector privado, que incluya criterios sólidos para la asignación de bloques de exploración, el favorecer el desarrollo de estudios de sísmica 3D, incentivar el involucramiento de proveedores nacionales para la industria del petróleo y gas, realizar un seguimiento de la evolución y perspectiva de precios del petróleo y gas de mediano plazo, sostener el rol de YPF en la exploración offshore y alcanzar la sustentabilidad ambiental de la industria, en los próximos 30 años Argentina podría generar hidrocarburos por un valor que va desde los 108 mil millones de dólares a los 7,5 billones de dólares.
ENERGÍA OCEÁNICA

El potencial de desarrollo de proyectos de inversión en energía marina – especialmente mareomotriz – surgida de las corrientes de mareas (pleamar y bajamar) -, y la energía undimotriz – vinculada al oleaje superficial -, podrá contribuir al sistema eléctrico nacional y la creación de eslabonamientos hacia atrás y adelante al interior de su cadena de valor. Además podrían surgir ahorros en una primera etapa de una disminución en la importación de gas y luego petróleo.

Para el corto plazo, el objetivo podría ser el abastecimiento por medio de la energía oceánica en clave regional y dirigida a establecimientos específicos: auto suministro eléctrico, producciones pequeñas, actividades económicas locales (por ejemplo, maricultura). A largo plazo, contando ya con un propicio know-how, debería entonces abocarse sí a la incorporación de la energía marina a la red eléctrica nacional a través del concreción de proyectos de mayor envergadura.

A priori podría aportar desde 10.000 MW hasta un potencial de máxima de 40.000 MW. Si consideráramos la estimación intermedia de 20.000 MW, esta potencia prácticamente duplica la del sistema hidroeléctrico nacional (11.108 MW) en la actualidad (CNEA, agosto de 2015), es más de seis veces la presentada por la Represa de Yacyretá (3.100 MW), y veintinueve veces los 692 MW aportados por Atucha II.

Si turbinas que generen 20 KW (0,02 MW) por metro se instalaran sobre una costa marítima de cuatro mil kilómetros de longitud ofrecerían de potencia 80.000 MWh. Como las turbinas operan por el cambio del nivel del mar (la plataforma continental argentina posee ondas semidiurnas de marea: dos pleamar y dos bajamar), en funcionamiento 10% del día, en un año (876 horas) se crearían 70.080.000 MWh, más de la mitad de la generación bruta nacional de 2014 (135.737.600 MWh).

El principal desafío de generar energía eléctrica a partir de la energía marina es el alto costo del megavatio que presenta en relación a otras tecnologías, que se ubica en torno a los 9 mil dólares por KW.

La amplitud de marea se extiende, con variaciones en su envergadura pero sosteniendo el potencial a lo largo de la costa Patagónica. En particular, el Golfo de San Jorge y el Golfo de San José, en la provincia de Chubut, presentarían condiciones excepcionales para la instalación de turbinas hidráulicas en el istmo mencionado para el aprovechamiento de las energías de las mareas que son las de mayor continuidad.

La realización de estudios para la medición de mareas en lugares específicos para la instalación de turbinas y equipos aparece como un primer paso previo a la posibilidad de generar energía. En una primera etapa se podrían instalar alrededor de 20 boyas en zonas costeras en lugares considerados de mayor factibilidad previa para estudiar las mareas. Se estima que el costo unitario de estas boyas está en el orden de los 15 mil a 20 mil dólares, totalizando una inversión máxima de 400 mil dólares. Estas boyas podrían desarrollarse parcial o totalmente en Argentina.

Si bien las investigaciones que deben realizarse aún limitan las posibilidades de desarrollo inmediato de la energía mareomotriz, se estima que en un horizonte de dos años podrían tenerse relevados los principales sitios de instalación de turbinas y comenzar una posible generación. La mayor inversión se encuentra en la conectividad de la energía con la red eléctrica nacional. Debe considerarse que la distancia desde la costa hasta la red eléctrica en varias áreas de la Patagonia puede ser superior a varias decenas de kilómetros.

En el mientras tanto pequeñas centrales de prueba para los próximos años podrían suministrar energía para otros proyectos vinculados a distintas actividades marinas, tales como granjas “greenhouse”, para abastecer necesidades de sitios de acuicultura marina, poblaciones y ciudades costeras, etc.

Con investigaciones precisas y el testeo de prototipos de equipos que puedan desarrollarse con tecnología nacional, en el transcurso de una década la producción de energía de esta fuente podría alcanzar los 250 MW/hora, que al nivel de tecnología y consumo actual promedio de la población en Argentina, equivaldría a abastecer una ciudad de 200 mil habitantes, o el equivalente a cerca del 0,5% del consumo energético nacional.

Por otro lado, una estimación total de la máxima capacidad que podría tener la Costa Argentina para la generación de energía undimotriz – a partir del movimiento de las olas – parte de la generación de una relación, con la tecnología disponible, de 20KW/hora por metro de costa. Debe considerarse que el movimiento de las olas puede no alcanzar la velocidad necesaria para que la turbina genere energía, por lo que la estimación requiere considerar que el tiempo de generación podría no ser superior al 10% del tiempo total. Asimismo, la instalación de estos equipos debe estar en zonas cercanas a la costa, lo que supone una limitación para su explotación mar adentro.

El cálculo, teórico y de máxima con la tecnología actual disponible, llevado a la longitud de la costa atlántica Argentina sería el siguiente:

Cómo se observa a continuación, el potencial económico de la energía mareomotriz va desde los 450 millones de dólares en la próxima década a los 28 mil millones de dólares en el largo plazo. El desarrollo tecnológico futuro tendría un impacto considerable en la velocidad con la cual esta industria podría crecer, tanto las que permitan disminuir el costo de la generación como aquellas que reduzcan la inversión inicial.

Cabe destacar el ahorro de divisas generado por la energía mareomotriz al reemplazar la importación de petróleo y gas, permitiría que a futuro que estas se complementen, se desarrollen y alcancen saldos exportables (a través de Vaca Muerta, por ejemplo). Se considera una relación de conversión de 1 barril de petróleo equivalente = 1700 Kw.

La energía mareomotriz podría generar en la próxima década energía para más de 200 mil habitantes o para proyectos vinculados a las actividades oceánicas. En el largo plazo, y con los futuros desarrollos tecnológicos que disminuyan el costo de generación y de la inversión por megavatio de capacidad, el potencial de la tecnología es muy significativo tanto desde la actividad económica como también desde el potencial ahorro de divisas que generará.

Para ello se requiere un rol estratégico del Estado en tanto al relevamiento de las mareas, el testeo de equipos desarrollados para la generación de energía, la articulación de la producción con la demanda energética local y/o nacional, la creación de una logística y conectividad con la red del continente, y finalmente, la elaboración de un diagrama sistémico del sector.

ACUICULTURA MARINA

En la Costa Atlántica se identifican 19 sitios donde se desarrollan o se han desarrollado cultivos marinos. Son emprendimientos a nivel costero sobre todo de mejillones y vieiras en Rio Negro, Santa Cruz y Chubut, tanto de índole privado, mixto (con subsidios estatales) y a través de cooperativas. También se están desarrollando posibilidad de criar Mero Austral o Centolla. En principio, habría un amplio espectro de especies, valores y potencialidad de cría que varía según su dificultad y valor económico.

Sin embargo, la mayoría de los proyectos no cuenta con más de 15/20 empleados, son de muy baja escala comercial y productiva, y sin capacidad de exportación (el volumen de acuicultura generado a nivel nacional – en el orden de las 4 mil toneladas y que incluye la cría de especies de agua dulce – no se exporta).

Un punto a trabajar es el acceso restringido por vía terrestre y una escasa o nula disponibilidad de servicios, lo que dificulta la producción. Otro de los grandes desafíos de esta actividad es la captación de semillas juveniles. La colocación de colectores, es decir las estructuras para captar semillas, determina que la cantidad de semillas juveniles obtenidas sea adecuada para las actividades subsecuentes.

Se le adiciona además el obstáculo ante la escasa factibilidad de cultivar con mareas fuertes. Las mareas de Argentina no son las que tienen Brasil o Chile, lo que complejiza la tecnología de cultivo, particularmente en lo que es acuicultura costera.

Además, la tecnología de acuicultura con jaulas sencillas con armazón y bolsa no sería factible de ser utilizada. Por otro lado, la Argentina tiene costos de insumos (alimento balanceado) y de mano de obra elevados en comparación con otros países; ello dificulta el surgimiento de proyectos, en particular, aquellos de escaso volumen productivo.Todos estos factores aún no parecen haber sido superados por los principales productores.

Por el contrario, el verdadero potencial de la Argentina está en la acuicultura offshore con especies como el Salmón Atlántico. El desarrollo de la acuicultura multitrófica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) – práctica que permite utilizar los residuos de una especie en fertilizante para el desarrollo de otras en el ámbito de una misma “jaula” o “granja marina” – presenta un potencial muy grande debido a que disminuye los costos de transporte y de los insumos para la producción. En este sentido, Argentina lidera el ranking de países con más superficie para la IMTA de Salmón Atlántico y Mejillones, con casi 6.000 kilómetros cuadrados de extensión.

Sin embargo, el horizonte temporal para alcanzar la explotación comercial debe considerar la necesidad de invertir en infraestructura para dar respuesta a las demandas de la actividad, el desarrollo de emprendimientos offshore y las condiciones que permitan garantizar la rentabilidad de estas iniciativas.

El potencial para los próximos años podría alcanzar hacia 2025 un valor progresivo cercano al 1% de la superficie con condiciones productivas para la IMTA (58 km2) y la comercialización iniciando a partir del quinto año de la década (2020).

Estimando que durante los primeros cinco años sería necesario desarrollar infraestructura portuaria, servicios logísticos e inversiones para la puesta en marcha de emprendimientos piloto – lo que considera sólo 5 años de operaciones y una explotación inicial del 0,1% de la superficie potencial desde 2020 – el escenario para el período 2015-2025 se resume en la siguiente tabla.

Una vez alcanzado este volumen de producción, podrían trazarse escenarios de mayor cobertura en términos de superficie, incorporando la acuicultura marina no multitrófica con eje en la tercera década de este siglo. Los escenarios – Bajo, Medio y Alto – refieren a la posibilidad de desarrollar la acuicultura en el 1% (bajo), 5%(medio) y 10% (alto) de la superficie potencial identificada, incorporando además la superficie no apta para multitrófica. En el caso del Mejillón, se estimaron también los valores potenciales de generación de ingresos sobre aguas óptimas de superficie, temperatura y corrientes, y aguas sub-óptimas.

En definitiva, el potencial económico de la acuicultura marina va desde el 12% a más del 100% del PBI Argentina de 2014 basado fuertemente en desarrollos offshore. Si bien requiere la inversión en infraestructura y el testeo de cultivos piloto, la actividad podría tener lugar en un horizonte de tiempo no muy lejano, un trascendente impacto sobre el PBI, el empleo y la generación de divisas.

Para ello se requiere trabajar sobre la generación de información apropiada de áreas factibles de explotación y recursos disponibles, analizar los segmentos y nichos de mercado de las especies disponibles, lograr el funcionamiento de un marco normativo acorde para el estímulo a la inversión, generar el acceso a tecnología para el desarrollo de granjas marinas, concatenar de manera apropiada la logística productiva y, como corolario de un novedoso proceso superador, elaborar un proyecto productivo modelo representativo del sector.

CONCLUSIONES

El Estado debe ocupar el lugar que no lo hace el mercado, ya sea por cuestiones de complejidad, rentabilidad, conveniencia en otros sectores, o una combinación de todos ellos. La energía oceánica, la producción hidrocarburífera offshore y la acuicultura marina se encuentran en estos casos.

Ello no implica que el Estado no reciba sus beneficios. Un importante ahorro de divisas, el estimulo para el desarrollo de proveedores locales, una cadena de valor de servicios complejos, recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera generan amplios beneficios para el empleo y el mercado interno. La complementación entre el sector público y privado, el rol de las cooperativas, y la posibilidad de combinar los éxitos en las industrias (complementando y potenciando el sector hidrocarburífero y la energía proveniente del mar/océano), también son ejes superadores que le brindarían al país un salto cuantitativo y cualitativo.

Como contraparte, los beneficios son potenciales, bajo un alto nivel de incertidumbre/riesgo en términos de objetivos e intereses que se alcanzarán. En este sentido, la probabilidad de éxito en los procesos a veces no supera el 20%, y el tiempo de espera de retorno económico supera décadas, lo que implica la necesidad de mantener políticas de Estado que sobrepasen los gobiernos de turno. Las inversiones (sobre todo en términos de infraestructura) son fundamentales pero altamente costosas en términos de las erogaciones fiscales, con los costos políticos y sociales que pudieran generar.

En definitiva, la potencialidad a futuro, derivada del punto de inflexión que implica empezar desde la nada, conlleva a que se necesiten ingentes cantidades de dinero – con su dificultosa asignación prioritaria -, una decisión política de desarrollar verdaderamente la economía del mar argentino más allá de la coyuntura, y un necesario y solido trabajo técnico cohesionado entre todos los Organismos del Estado y su complemento con el resto de los actores interesados para que el Océano y los Mares sean una fuente de recursos sustentable para la economía argentina del futuro.

Análisis del Estudio Preliminar para la Estimación del Potencial Económico del Océano en Argentina

Por Pablo Kornblum

Argentina posee más de 5.000 kilómetros de costa sobre su territorio continental y nuestro mar se extiende en una superficie equivalente casi al 50% de su territorio continental, lo que refleja el importante potencial para su conservación y aprovechamiento económico. Cabe destacar que el sustento de las estimaciones del estudio se realizó sobre la base del desempeño pasado reciente, la cual fue validada con informantes clave cuando fue posible.

Según el trabajo, el impacto de la economía oceánica en la generación de divisas podría ser determinante para superar la histórica restricción externa argentina, así como también para apuntalar en materia científica y tecnológica otros sectores de la industria nacional, tales como la industria naval, la producción de bienes de capital y un amplio abanico de tecnologías vinculadas a la explotación de hidrocarburos, energía oceánica, acuicultura, la industria farmacéutica y la de biocombustibles.

Como complemento, sería fundamental que el Estado garantice a través de regulaciones y normativas la sostenibilidad ambiental del océano para que las actividades prospectadas puedan desarrollarse sin afectar el valor social y ambiental del océano y sin disminuir el potencial económico de otros sectores. El estudio efectuado consideró este supuesto de conservación y sustentabilidad ambiental para el cálculo económico.

En este sentido, se podrían generar impactos muy significativos en materia de desarrollo local y regional en las ciudades de la Costa Atlántica Bonaerense y Patagónica. Por ejemplo, en una primera etapa podría generar su propio abastecimiento de energía eléctrica a través de la energía mareomotriz e incluso abastecer parcialmente el resto del país, ampliar las reservas de hidrocarburos reduciendo la dependencia de importaciones de energía o desarrollar su potencial en materia de acuicultura que permitiría la exportación de salmón y mejillones con un impacto significativo en la generación de empleos locales.

Además, el crecimiento del turismo podría favorecer las corrientes migratorias de trabajadores calificados desde los grandes centros urbanos hacia ciudades más pequeñas con un importante impacto en el desarrollo local, así como otras actividades de alta calificación técnica que deban ser desarrolladas en forma cercana a los sitios productivos.

El análisis arrojó un potencial económico de estos sectores relacionados para los próximos 20 años de 216 mil millones de dólares de ingresos, 170 mil nuevos empleos y un flujo de divisas por 160 mil millones de dólares en el escenario más conservador.

Cabe destacar que no se incluyo el efecto multiplicador que tienen estas actividades sobre el resto del conjunto de sectores de la economía (empleo indirecto creado, desarrollos científico-tecnológicos que podrían comercializarse a partir de la demanda de las industrias vinculadas al mar, etc.).

Por otro lado, la gran mayoría de las industrias requieren actividades de exploración de los recursos y se encuentran sujetas al desarrollo de marcos regulatorios, realización de inversiones y en algunos casos dependen también de la formación de recursos humanos especializados aún no disponibles. Por lo tanto, una porción importante de estas actividades podría comenzar a ser explotada comercialmente en un período no inferior a los 5 años y una amplia mayoría en períodos superiores a los 10 años.

A continuación se describe brevemente el escenario situacional de las principales áreas de producción que desarrolla el informe:

HIDROCARBUROS:

Las cuencas marinas de Argentina tienen un área de 1.227.568 km2 y prácticamente la tercera parte se encuentra a menos de los 200 metros de profundidad del Mar Argentino. Argentina cuenta con 11 cuencas que han sido exploradas en mayor o menor medida en diferentes momentos históricos y con resultados diversos. En la actualidad, prácticamente todas las cuencas marinas de hidrocarburos se encuentran improductivas, con excepción de la Cuenca Austral, principalmente gasífera (al producir su offshore el 15% del gas natural del país). Las tres cuencas que rodean las Islas Malvinas y la Cuenca Argentina son las que exceden los 200 metros de profundidad, con una media de 5.000 metros. Las restantes están por debajo del Mar Argentino, a menos de 200 metros de profundidad y han tenido algún grado de exploración.

En las últimas décadas las campañas exploratorias offshore estuvieron dirigidas a cubrir acotadas áreas de la superficie marina argentina, con bajos niveles de inversión y resultados prospectivos dispares e inciertos. La exploración costa afuera se vio limitada ante el marco regulatorio que ha cobijado al sector e insuficientes incentivos económicos para disponerse a avanzar sobre el proceso sustantivo de inversión en tecnología y desarrollo que requiere la actividad, potenciado con la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos en 2014.

En 2014 el offshore proveyó el 17,4% de la producción nacional de gas natural y el 2,8% de petróleo, a partir de dos concesiones ubicadas en la Cuenca Austral.

Según el estudio, el offshore en Argentina, especialmente en aguas profundas, tiene el potencial de ser el único remanente en reservorios convencionales con grandes cantidades de petróleo y gas. Sin embargo, hay un muy bajo nivel de conocimiento de su potencial concreto. Sólo una pequeña porción de la plataforma continental argentina fue explorada, habiéndose puesto el foco hasta el momento sobre la Cuenca Austral y la Cuenca del Golfo San Jorge (aunque estos no mostraron ser claramente rentables). La Cuenca Argentina podría albergar entre 300 y 400 millones de barriles, donde se destacan los testeos realizados en algunas cuencas como en el Salado, Valdéz y Colorado, serían condenatorios sobre la existencia de hidrocarburos.

ENERGÍA OCEÁNICA

Tres grandes fuentes de generación de electricidad existen en Argentina, distribuyéndose en 2014 del siguiente modo: Térmico Fósil (64,8%), Nuclear (4,3%) e Hidráulico (30,4%) de acuerdo a datos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). En Argentina la energía hidroeléctrica sólo es originada en centrales establecidas sobre cauces de ríos (siendo los principales, Paraná, Uruguay, Limay, Tercero, Futaleufú, Neuquén), sin generación provista por el Mar Argentino hasta el momento.

El Mar Argentino presenta excelentes oportunidades para el desarrollo de las energías renovables que contribuirían, además de reducir la emisión de gases invernadero, a motorizar el crecimiento económico a través de la innovación y la creación de nuevos empleos de elevada calificación. El informe analizó el potencial de desarrollo de proyectos de inversión en energía marina –especialmente mareomotriz y undimotriz–, estimándose el potencial de contribución al sistema eléctrico nacional y la creación de eslabonamientos hacia atrás y adelante al interior de su cadena de valor. Además podrían surgir ahorros en una primera etapa de una disminución en la importación de gas y luego petróleo.
Bajo la configuración tecnológica y productiva actual, la industria deberá tener el apoyo del Estado en los próximos años para poder operar con precios competitivos, ya sea a través de subsidios para la investigación y el desarrollo de equipamiento, como así también a través de mejoras tecnológicas que disminuyan la brecha de costo respecto a otras fuentes de energía – o mismo precios subsidiados para los oferentes -.

Cómo se observa a continuación, el potencial económico de la energía mareomotriz va desde los 450 millones de dólares en la próxima década a los 28 mil millones de dólares en el largo plazo. El desarrollo tecnológico futuro tendrá un impacto considerable en la velocidad con la cual esta industria podría crecer, tanto las que permitan disminuir el costo de la generación como aquellas que reduzcan la inversión inicial.

INDUSTRIA PESQUERA

En los últimos años, la industria pesquera retornó a niveles de captura sustentables; sin embargo, se estima que la capacidad de crecimiento de la pesca es baja. La baja diversidad de especies comerciales se refleja en que tan sólo 3 productos – merluza hubbsi, langostino y calamar ilex – representan el 80% de las capturas y del valor económico generado por el sector pesquero.

Por otro lado, no se verifican relaciones fuertes entre los precios y las cantidades capturadas. Especialmente en el caso de la merluza, la oferta de pescado obedece más a razones de cantidad de barcos y empresas operando en la captura que a las condiciones de mercado imperantes.

El potencial económico de la industria pesquera parte de estimaciones conservadoras tanto de precios y cantidades capturadas, como también del valor agregado que actualmente genera la industria que podría incrementarse en los próximos años, generando aún más valor. En resumen, la pesca podría generar al menos 34 mil millones de dólares de valor económico (25 mil millones de generación de divisas) en los próximos 20 años.

ACUICULTURA MARINA

En Argentina la acuicultura es una actividad de reciente data si se exceptúa la producción artesanal de trucha. La actividad comercial semi-industrial comenzó a crecer en la década del noventa, siendo su crecimiento firme aunque no acelerado.

En nuestro país existen distintas áreas, tanto para el desarrollo de la acuicultura de aguas dulces como de mar. En estas últimas básicamente se inscribe la denominada cuenca templada o templada fría, con aguas de calidad y sitios determinados con potencial para emprendimientos de diferentes tipos, especialmente para cultivos de peces como lenguados, besugo, lisa, camarón rosado, y otras potenciales especies marinas; sumado a salmones y truchas en fase marina, así como algas marinas y otras especies de carácter exótico apreciadas y de alto valor comercial en mercados de consumo y en algunos casos de valor deportivo.

Según el informe, existen algunas limitaciones estructurales. Por un lado, plantea que las mareas de Argentina no son las que tienen Brasil o Chile, lo que complejiza la tecnología de cultivo, particularmente en lo que es acuicultura costera. Además, la tecnología de acuicultura con jaulas sencillas con armazón y bolsa no sería factible de ser utilizada. Por otro lado, la Argentina tiene costos de insumos (alimento balanceado) y de mano de obra elevados en comparación con otros países; ello dificulta el surgimiento de proyectos, en particular, aquellos de escaso volumen productivo. Más aún, todavía no existe la infraestructura necesaria para su aprovechamiento comercial.

Sin embargo, el desarrollo de la acuicultura multitrófica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) – práctica que permite utilizar los residuos de una especie en fertilizante para el desarrollo de otras en el ámbito de una misma “jaula” o “granja marina” – presenta un potencial muy grande debido a que disminuye los costos de transporte y de los insumos para la producción. En este sentido, Argentina lidera el ranking de países con más superficie para la IMTA de Salmón Atlántico y Mejillones, con casi 6.000 kilómetros cuadrados de extensión.

El potencial económico de la acuicultura marina va desde el 12% a más del 100% del PBI Argentina de 2014 basado fuertemente en desarrollos offshore. Si bien requiere la inversión en infraestructura y el testeo de cultivos piloto, la actividad podría tener lugar en un horizonte de tiempo no muy lejano, con un trascendente impacto sobre el PBI, el empleo y la generación de divisas.

TURISMO

La actividad turística vinculada al océano se puede subdividir geográficamente en diversas subregiones: la Costa Atlántica bonaerense, caracterizado por la masiva concurrencia de residentes argentinos, la Costa Atlántica (Patagonia Norte y Sur) y la Cordillera Patagonia Sur, que en oposición adquiere un atractivo muy importante para los extranjeros, favoreciendo el ingreso de divisas a nuestro país.

Aún cuando la Costa Patagónica recibe menos visitas que otros puntos de la Patagonia cordillerana y representa tan sólo el 2,3% del gasto turístico, los turistas que la visitan registran mayor cantidad de pernoctaciones (6,6) que en todo el resto de las regiones del país (promedio de 5,7 noches) con excepción de la Costa bonaerense (7,5 noches). En términos generales, la Costa Atlántica constituye uno de los activos más importante para el turismo nacional siendo el principal destino de los turistas residentes y representando el 23,3% de los ingresos generados por turismo en nuestro país.

Probablemente, algunos vectores de actividades turísticas podrían favorecer un mayor flujo y tiempo de estancia de los turistas en estos destinos: a) mayor oferta y difusión de actividades turísticas vinculadas al turismo de fauna marina y costera (ballenas, pingüinos, lobos marinos); b) mayor oferta de cruceros y de integración de distintos puntos de interés turístico conectados por barco y/o tierra en paquetes turísticos, dado la extensión geográfica de diferentes puntos de interés que conforman un núcleo de actividades vinculadas; y c) un incremento en la oferta de servicios turísticos complementarios tales como transporte, esparcimiento y recreación en alojamientos, gastronomía, etc.

El potencial económico del escenario estimado fue basado en lo que la inercia del crecimiento económico mundial y local generará en los próximos años. A los fines de refinar este número, sería importante estimar aquellas áreas de actividad y sectores de potencial de crecimiento mayor al del PBI interno y global con el propósito de realizar estimaciones más precisas y desarrollar qué políticas públicas – publicidad, inversión en infraestructura, desarrollo de marca país, desarrollo de corredores turísticos, etc. – podrían estimular una mayor participación del turismo en el PBI argentino.

MINERALES MARINOS
La minería oceánica en la Argentina no se encuentra desarrollada y se desconocen antecedentes de explotación económica a lo largo de la historia.

Según el informe, una primera etapa para la puesta en marcha de la exploración minera marina parecería ser la prospectiva de recursos de manganeso en la plataforma continental argentina. Una segunda etapa de la prospectiva podría concentrarse en otras zonas donde se presume la existencia de nódulos de manganeso. En este sentido, existe una zona con alta potencialidad de este recurso en un triangulo que abarca áreas de Argentina, Brasil y Uruguay a alta profundidad, fuera de la plataforma continental, que abarca una superficie mayor a nuestro territorio continental.

El potencial económico de los minerales marinos parece prometedor toda vez que la escasez de ciertos minerales raros en el continente conlleve a su exploración marina. La disponibilidad de ciertos minerales, además, podría ser estratégica para el desarrollo de ciertas industrias de alta tecnología que, de no contar con estos recursos no serían factibles de desarrollarse en el país (especialmente debido al alto costo derivado de la concentración de los mismos en pocos productores a nivel global).

Cabe destacar que el informe sugiere la realización de un estudio prospectivo específico del sector de las algas y las micro-algas, que permita una cuantificación más precisa de su potencial económico. Su importancia reside en desarrollar el vector para la producción de biocombustibles de tercera generación (se podrían generar 20 mil litros anuales de biodiesel por hectárea de cultivo de algas). Sin embargo, en la comparación con otras fuentes de producción de biodiesel, se destacaba su inviabilidad económica, baja disponibilidad y el bajo desarrollo tecnológico para su explotación productiva que existe en nuestro país.

INDUSTRIA NAVAL

Las posibilidades de la industria naval a futuro son positivas en virtud de su trayectoria previa (un valor agregado para la economía de 110 millones de dólares anuales promedio en el último quinquenio), si se incluye la capacidad de desarrollar nuevos buques de investigación, barcos para la industria pesquera e incluso para la industria naval liviana, vinculada a la actividad recreativa y a embarcaciones de apoyo.

Por otro lado, el grado de integración del sector oscila por embarcación, pero puede alcanzar a más del 50% del valor bruto de producción, lo que muestra un gran potencial para el desarrollo de la industria nacional a través de proveedores especializados.

En cuanto a la infraestructura portuaria y logística, según el informe la misma sería fundamental para dar sustento a las actividades vinculadas al océano. Su desarrollo dependerá de la conducta de la inversión pública, más allá de que algunas iniciativas privadas también podrían propender a favorecerlo. Para citar un ejemplo, el informe muestra un relevamiento de obras necesarias para mantener y mejorar el déficit de infraestructura portuaria y logística vigente en los puertos de la Provincia de Buenos Aires, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Finalmente, el potencial económico de la industria naval y la infraestructura logística podría convertirse en uno de los sectores clave para la sustitución de importaciones y el favorecimiento del desarrollo de producción nacional. Las diversas actividades vinculadas al océano constituyen ejes de demanda crítica de embarcaciones y de infraestructura logística portuaria que deberán ser considerados al desarrollar los planes estratégicos de cada una de las actividades y su posibilidad de ser abastecidas por desarrollos nacionales.

Para concluir, a continuación se observan, según el estudio, el potencial económico en el mediano y largo plazo que tendría cada una de las actividades vinculadas al océano que han sido descriptas.

Apreciaciones:
1) El análisis tiene una característica de potencial: por lo tanto, depende fuertemente de las políticas económicas a realizar y una serie de variables dinámicas que se podrían concatenar virtuosamente a futuro.
2) Si además se le adiciona la generación de efectos indirectos potenciales – que implica la necesidad de realizar más políticas pro-positivas para potenciar los efectos positivos -, la incertidumbre es aún mayor.
3) Para mejorar la prospectiva se requiere mejorar el mapa de recursos en el océano y su factibilidad tecnológica de explotación, el costo de las inversiones a realizar, el período de retorno de la inversión y su tasa interna de retorno, la viabilidad económica de la explotación de los recursos en base a diferentes escenarios tecnológicos y de precios, el impacto indirecto de la actividad en otros eslabones productivos nacionales en términos de nivel de actividad, empleo y transferencia de tecnología e innovación, entre otros.

4) Más allá de lo expuesto, el potencial desarrollado en el estudio, en mayor o menor medida, puede darle claramente un salto cualitativo y cuantitativo a la economía argentina.

Economía Marítima de Chile

Por Pablo Kornblum en la Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56089119/n-4-octubre-2016

Pesca y Acuicultura

La economía marítima de Chile puede desagregarse en una infinidad de ramas indirectas, pero con algunas industrias centrales, como la pesca y la acuicultura, que caracterizan a la actividad.

En el escenario internacional, se observa una tendencia al incremento del consumo de productos marinos per cápita, como una combinación del crecimiento demográfico, el aumento de los ingresos y urbanización, la expansión de la producción pesquera y de acuicultura, y una mayor eficacia de los canales de distribución. Esta tendencia se vincula, además, al aumento del consumo de productos saludables por parte de las poblaciones de países desarrollados. En países con elevada población, el aporte nutricional de productos derivados de la actividad pesquera y de acuicultura representa un aporte esencial.

Para el sector marítimo chileno, la Pesca y la Acuicultura cumplen un aporte fundamental, aunque su impacto en el PBI total es menor (0,6% del total).

En cuanto a la pesca extractiva, se destacan los recursos bentónicos y especies pelágicas, destacándose la sardina, la anchoveta y el jurel. En el caso de la actividad de acuicultura, se destaca el cultivo de salmones, aunque también en los últimos anos ha habido una importante producción de peces, moluscos y algas para los mercados internacionales.

En tanto a la producción acuícola en particular, se observa como pese a tener solo el 1,2% de la producción global, es el país más importante en términos cuantitativos de todo el continente americano.

Principales países productores acuícolas

Cabe destacar que Chile tiene una posición geográfica privilegiada, donde presenta un borde costero con una fisiografía compleja e irregular, cuyo perímetro alcanza los 83.850 km con dos ecosistemas de gran productividad (corriente de Humboldt y sistema de fiordos y canales sur australes).
Un aspecto relevante en los últimos cinco años y que ha modificado la estructura de la industria, han sido las fusiones y las operaciones conjuntas que han llevado a cabo diversas empresas. Estas estrategias, las cuales han perjudicado el crecimiento cualitativo y diversificado, han sido consecuencia de la necesidad de enfrentar la escasez de materia prima, los requerimientos de financiamiento y menores costos.

Por otro lado, la actividad pesquera (subsector pesca extractiva y subsector acuicultura) junto con las actividades de transformación, constituyen a nivel nacional el 2% de la fuerza laboral, con alrededor de 145 mil empleos de manera directa e indirecta.

Los recursos hidrobiológicos obtenidos de la actividad son destinados a 3 grupos de productos: líneas de reducción (harina y aceite), consumo humano e insumos para uso industrial y/o farmacéutico. Estos productos tienen como destino principal la exportación; sólo una pequeña proporción de la producción (alrededor del 8%) es destinada a consumo nacional, principalmente a consumo humano directo y es comercializada en ferias locales, mercados, supermercados y restaurantes.

Como contraparte, la apertura al mundo y el rápido aumento en el volumen del comercio exterior es el rasgo más relevante del crecimiento de la economía chilena en las últimas décadas. Con una mirada transnacional, Chile se encuentra en el sexto puesto de los principales países exportadores de pescados y sus productos derivados, en consideración a las divisas transadas. En este sentido, el principal océano en cuanto a extracción pesquera es el Pacífico, con más del 60% del total mundial. Es por ello que esta zona se convierte en una fuente de riqueza para los países que poseen soberanía sobre sus aguas – en este caso Chile – y aquellos que pescan en aguas internacionales.

En año 2014, las exportaciones alcanzaron un volumen de 1,3 millones de toneladas con un valor total de USD 6.164.871 FOB, un 18% superior al año 2013, alcanzando un 7% del total generado por las exportaciones a nivel nacional (16% sin considerar la minería; en este sentido, la merma relativa de los últimos años se encuentra más relacionada al incremento de las exportaciones mineras e industriales, que a la caída de la actividad pesquera).

La oferta de productos pesqueros, se destinó a 109 mercados; siendo Estados Unidos, Japón, China y Brasil, los destinos mayoritarios, que en conjunto sumaron el 63% del valor total de las exportaciones. En consideración al volumen exportado en el año 2014, se tiene que un 50,3% proviene de la actividad pesquera extractiva y un 49,7% proviene de la actividad de acuicultura.

A pesar de que el volumen exportado en toneladas se ha mantenido estable (con una contracción en la producción de productos para consumo animal), el valor en dólares se ha incrementado en la última década. Lo descripto se debe a un aumento generalizado de los precios y a un aumento de la importancia relativa de las exportaciones provenientes de la salmonicultura, que presentan un mayor valor unitario en sus exportaciones que las de origen pesquero. Cabe destacar que las exportaciones de salmones son el tercer producto más importante en la canasta exportadora nacional.

Para alcanzar los objetivos descriptos, la relevancia en el desarrollo de la industria ha tenido una serie de pilares institucionales claves. En este sentido, los lineamientos que orientan el quehacer de los actores del sector pesquera en la búsqueda del desarrollo económico sustentable de la actividad, están contenidos en la legislación Pesquera y de Acuicultura (Ley N°20.657) y las normativas y políticas asociadas.

Finalmente, el eje de análisis se complementa con los recursos dedicados a la investigación, el cual tiene por objetivo posibilitar el aprovechamiento sostenido de los recursos hidrobiológicos. Existen en Chile 67 centros de investigación que desarrollan líneas de trabajo en pesca o acuicultura, oceanografía, ecología y ciencias ambientales; todos ellos distribuidos en las diversas Regiones del país. Los centros de investigación y universidades dedicadas a la investigación pesquera y de acuicultura presentan amplias capacidades en cuanto a número de investigadores y áreas de especialización en que ellos trabajan. En este aspecto, la investigación científica en el sector pesquero también contribuye al PBI nacional.

Para concluir, no se puede obviar el valor agregado complementario que aporta la Silvicultura, en tanto su rol en la protección de cuencas hidrográficas. En total el sector aporta alrededor del 0,8% del PBI total, pero este número también incluye la conservación forestal, el mantenimiento del pasto para ganado, etc.

Infraestructura y logística

En cuanto a la infraestructura marítima, Chile es altamente dependiente de la misma debido a su ubicación geográfica, a su geografía física y a su perfil exportador. Las exportaciones de Chile representan el 38% del PBI (el promedio de la OCDE es del 27%), y aproximadamente el 95% del volumen comercial exterior de Chile medido en toneladas se gestiona a través de sus puertos, lo que también contribuye a generar valor para la economía.

En este sentido, el transporte chileno distribuye unos 800 millones de toneladas de productos por año, lo que representa el 7% del PBI del país. De ese total, unas 100 millones de toneladas corresponden al transporte marítimo, lo que si lo correlacionamos, representaría en torno al 0,8% del total del PBI nacional.

El sector portuario y su logística experimentó un gran progreso entre los años 1998 y 2007. En primer lugar, fue determinante la política pública de modernización del sector portuario estatal que impulsó el modelo de concesión de terminales, permitiendo un importante ciclo de inversiones privadas en los mismos, como así también puertos privados de uso público (por ej. Mejillones, Coronel y Lirquén entre otros). Este desarrollo ha sido vital para que crezca la capacidad de carga a una tasa del 5% anual entre 1994-2014.

En segundo término, influyó la instalación de tres puertos y 27 terminales nuevas en el período, lo que apoyó el auge de la industria hortofrutícola, acuícola, de la madera y celulosa, y minera, así como de las importaciones de bienes e hidrocarburos. El esfuerzo alcanzó su punto máximo entre 1999 y 2005, cuando las inversiones en obras concesionadas superaron los US$ 12.000 millones. En este sentido el número de puertos prácticamente se ha duplicado en los últimos 20 años (mayoritariamente privados), pasando de 33 en 1994 a 63 en 2014.

En complementariedad a las exportaciones, la mayor parte de los bienes importados a Chile se gestionan a través de los dos principales puertos de contenedores de la zona central de Chile (Valparaíso y San Antonio) y posteriormente se trasladan por carretera a su destino final, que incluye tanto al norte como el sur del país. Por lo tanto, la logística terrestre derivada del comercio marítimo también forma parte de las economías indirectas generadas a través del mar.

En este sentido, también contribuyó a su expansión la política de concesiones en infraestructura viales complementarias, que promovió una ola de inversiones que superaron los US$ 9.000 millones de 1998 a 2007; y que junto con el aumento del stock de camiones, posibilitaron el incremento del transporte de carga. El incremento de la eficiencia portuaria y la expansión de la infraestructura vial permitieron aumentos importantes de la productividad. Así, desde 2007, Chile se ha situado como el país más eficiente de América Latina en materia logística y portuaria. Los tipos de carga transportada a través de los puertos de Chile son muy diversos, con una preponderancia de gráneles sólidos, principalmente de cobre y la madera.

En cuanto a las derivaciones económicas, 25 puertos se encuentran emplazados en municipios que tienen centros urbanos, en los que habitan 2,3 millones de personas. Las particulares características geográficas de estos lugares han permitido que la actividad portuaria se desarrolle en su entorno, lo cual también se ha extendido hacia otros sectores como el comercio, los servicios públicos, manufacturas, actividades náuticas y el turismo. En cuanto a este último punto, el transporte de pasajeros por mar, tanto civiles pero así también en términos militares, tiene su relevancia en relación a su importancia económica y geopolítica; sobre todo en las regiones del sur de Chile, ya que en algunos casos es el único medio por el cual se puede conectar la totalidad del país.

Estos efectos indirectos, compuesto por los encadenamientos hacia otras inversiones, impactan en el efecto multiplicador del gasto en consumo que se canaliza a través del gasto en la economía local. También son relevantes los impuestos que genera el sector, los cuales son útiles para financiar el gasto del gobierno en el territorio. Además, la actividad marítima y portuaria provoca la generación directa de puestos de trabajo y de la remuneración de los trabajadores, a lo que se agrega el pago a otros factores de producción y la compra de insumos, bienes y servicios en el mercado local.
Conclusiones:
Chile posee una población de 18 millones de habitantes, con una especificidad demográfica que se diferencia de un país como la Argentina, que cuenta con 44 millones de habitantes. Además, se debe tener en cuenta la diferencia cultural, el desarrollo económico doméstico, la visión y el posicionamiento ante el mundo. Este contexto genera importantes diferencias en términos del aparato productivo, la división del trabajo, y la explotación de los recursos naturales.

Chile es un país con 756.102 kilómetros cuadrados de superficie, incluida una línea de costa de 6.435 km (una ratio de 117 kilómetros terrestres por línea costera). La Argentina posee casi 4 veces más de superficie (más de 2.7 millones de kilómetros cuadrados), con una línea costera más reducida de 4725 kilómetros, lo que da una ratio de 571). En este sentido, aunque no es la única muestra de la importancia, es una variable representativa del porqué de la lógica marítima chilena.

Si a ello le adicionamos que el PBI chileno ronda los 270 mil millones de dólares, lo que representa alrededor de un 60% del PBI de la Argentina, la posición relativa del sector marítimo se hace inversamente más importante.
Sin embargo, el sector marítimo no es el más significativo del país. Lejos se encuentra del sector Servicios (26% del total), la Minería (14%) o el sector manufacturero. A la economía directa representada por la pesca y la acuicultura (0,6% del total), se le puede adicionar un número menor de la Silvicultura dedicada a los recursos hídricos (entre 0,2% y 0,3%), un 0,5% al Transporte marítimo, la investigación y la educación (entre 0,3% y 0,4%) y entre 1% y 2% a los sectores de la Construcción para la logística y la Infraestructura de Puertos.

En términos de economías indirectas, se torna difícil mesurar los efectos multiplicadores sobre el consumo, las economías locales, proveedores, etc. Si le adicionamos para lo expuesto 2% o 3% del PBI, estaríamos en un total del 5% o 6% del PBI, cuyo número no es determinante para la economía y mantiene una diferencia racional en los términos previamente descriptos con nuestro país.

Por el contrario, si es relativamente importante en términos de exportaciones (7% del total), donde la productividad de sus mares y el desarrollo de la industria para la exportación – derivado de un fuerte apoyo institucional, su abundante geografía acuática, y una visión liberal del comercio internacional -, generan un diferencial con la Argentina, que exporta recursos pesqueros por entre el 1,5% y 2% del total de sus ventas al mundo.