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Política Económica de Brasil Marzo 2011 – Mayo 2011

Centro Argentino de Estudios Internacionales 

Observatorio de Brasil, Número 8, Año III, Otoño Sur 2011

Autor: Pablo Kornblum

http://www.caei.com.ar/es/pfp/brasil/brasil8.pdf

Los miedos que genera la inflación:

Los casos empíricos y la óptica exógena.

La inflación como tema central en la política económica brasileña

Si algo ha destacado a Brasil en la última década ha sido el pragmatismo. Ello implica mantener las formas ante el status quo del poder internacional, aunque algunos conceptos sean divergentes en cuanto al tono del riesgo que se enfrenta. Esta situación se ha visto reflejada ante los incipientes síntomas sensibles relativos al crecimiento del nivel de precios. Solo para citar un ejemplo, el en su momento Director Gerente del FMI, Dominique Strauss Kahn, se manifestó en torno a las políticas de control fiscal y ajuste monetario que Brasil ha implementado para controlar la inflación.

La situación regional tampoco es fácil. La aceleración de las tasas inflacionarias en los socios del MERCOSUR muestra un signo de alerta temido por el principal motor sudamericano. La delicada guerra de divisas y la pérdida de competividad aterrorizan a un país que lejos está de promover una política pasiva de resguardo dentro de América del Sur: el norte es lograr a futuro un mayor y mejor posicionamiento como actor clave del escenario global. Por ello, una catarata de declaraciones y acciones por parte del gobierno han sido moneda corriente en los últimos meses. En este sentido, las palabras de la Presidenta Dilma Rousseff en relación a su “inmensa preocupación” por la inflación, como así también la elevación de la tasa de interés básica en 0,25% (para ubicarse en el 12%), dan cuenta de ello.

Finalmente, en la reunión del 20 de abril pasado del Comité de Política Monetaria (COPOM), se expresó que la economía enfrentaba un “riesgo importante en la posibilidad de incremento de salarios incompatibles con la producción”. Este tema no es menor: el debate entre salarios atados a la productividad, como así también las decisiones sobre la tasa de interés y el tipo de cambio, entran dentro del juego de los diferentes actores e intereses que debe evaluar el gobierno nacional. En el mientras tanto, el último pronóstico de inflación de Brasil para este año se modificó de 5% a 5,7%.

   Una batería de políticas para evitar la revalorización del real

La revalorización de la moneda también preocupa a las autoridades gubernamentales. El nuevo “Impuesto a las Operaciones Financieras” (IOF) del 6% sobre el crédito a corto plazo, de 360 días o menos, tiene como gran objetivo disminuir el ingreso de dólares al país. En sentido similar y a pesar de que la Inversión Extranjera Directa (IED) llegará a 60.000 millones de dólares en 2011, el Ministro de Economía Guido Mantega se mostró preocupado en evitar que el capital especulativo llegue a Brasil, ya que provoca una valorización excesiva del real y conlleva un importante perjuicio para varios sectores de la economía.

Por otro lado, aunque el comunicado del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur) sobre los más de cinco millones de turistas extranjeros que recibió durante el 2010 (un 7,5% más que en 2009) tiene una lectura parcialmente positiva, la fuerte revalorización cambiaria que implica un influjo directo de divisas también impacta negativamente en la decisión gubernamental de mantener la competitividad de su moneda.

En definitiva, la idea es trabajar fuertemente a nivel doméstico, ya que se descree de un escenario internacional benévolo y cooperativista: para la presidenta y su equipo, existe una clara guerra cambiaria en la cual otros Estados desvalorizan artificialmente sus monedas para tener ventajas en el comercio con Brasil.

Un escenario internacional que mantiene a Brasil como protagonista

Brasil continúa su escalada ascendente como referente político y económico de un nuevo orden multipolar. Para citar un ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) efectivizó un mayor poder de voto a China, Brasil e India,  elevando el porcentaje de voto Brasileño desde el 1,37% al 1,71%.

De manera similar y en el marco de una visita oficial de la Presidenta Dilma Rousseff a China, el Viceprimer Ministro chino, Wang Qishan, expresó que su país desea trabajar con Brasil para elevar la cooperación entre empresas. El dialogo a un mismo nivel con la potencia asiática y decisora actual clave sobre los destinos de la humanidad, brinda una clara señal de la importancia y el brillo propio que tiene el gigante Sudamericano.
También este encuentro tiene otra connotación de suma importancia: el apoyo desde el Estado para con el sector privado nacional. Las últimas décadas han demostrado que los países que han logrado un desarrollo nacional con proyección global, lograron permanentemente amalgamar los objetivos nacionales gubernamentales y corporativos. 

La deuda social como contraparte

Aunque el crecimiento macroeconómico y el posicionamiento de Brasil a nivel internacional se encuentran en un momento más que auspicioso, las deudas sociales son todavía importantes y el mismo gobierno lo reconoce. Las estadísticas indican que cuanto más pobre es la familia brasileña, mayores probabilidades existen que sea dirigida por una mujer. Pero además, las mujeres como jefas de hogares vulnerables han demostrado una potenciación de los efectos negativos directos sobre las carencias de la niñez y sus consecuencias a futuro.

Por otro lado y según el último informe del IBGE, todavía 16,2 millones de brasileños, el 8,5% de la población total, viven en situación de extrema pobreza. En el indicador se incluye a las familias con una renta mensual igual o inferior a 70 reales, siguiendo las directrices de la ONU.

En definitiva, para balancear este crecimiento macro con la falta de desarrollo micro, las palabras de la presidente Rousseff parecieran ser las más acertadas: “si hoy somos la séptima economía del mundo eso lo debemos, en gran medida, al sudor y fuerza de quienes hicieron crecer la país”. Incluyendo a los que menos tienen. Por lo tanto, será fundamental para el futuro de la nación que en su dirección se aboquen los próximos objetivos centrales de política económica.

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