La crisis política y los intereses económicos en juego

Por Pablo Kornblum – 17-3-2016

Toda crisis política de relevancia impacta en el escenario económico, generando expectativas nuevas a futuro y revitalizando la puja de intereses entre los diferentes grupos de poder que aspiran posicionarse favorablemente ante el potencial escenario de corto y mediano plazo.
El PBI de Brasil cerró el 2015 en caída libre (-3,8%), su peor desempeño en 25 años. La historia de este siglo ha demostrado que la estabilidad política, inclusive durante los progresistas gobiernos del PT, han sido apoyados por las elites económicas del país mientras el ‘viento de cola’ internacional era una ayuda clave, y las mejoras para las clases más desfavorecidas fueran marginales y no estructurales.
Estos actores privilegiados son los que vuelven a pedir el Brasil que desea la recuperación del mercado interno, pero no a favor sino a costa de los trabajadores. En este sentido, el regenerar confianza para impulsar las inversiones tiene que ver con más con la posibilidad de que asuma un nuevo gobierno a favor de los grupos concentrados (sobre todo quienes no han sido beneficiados con el actual gobierno en el pasado y aquellos que han dado su apoyo pero que observan sus balances en caída libre), que por sobre un cambio positivo para las clases medias y bajas, quienes son los que más sufren un panorama que incluye excesos en gasto público improductivo, escándalos por corrupción y ineficacia en el quehacer de las políticas públicas.
Un claro ejemplo es la demanda por parte de los inversionistas del bono soberano que Brasil coloco recientemente a 10 años por 1,500 millones de dólares con un rendimiento de 6.125%, esperando que Rousseff sea removida de su cargo y la economía repunte raudamente. Otro es el pedido del FMI, el cual pide atacar la inflación como objetivo central (siendo en el 2015 de 10,72%, la mayor en 13 años), siguiendo las recetas neoclásicas – incluido un fuerte ajuste fiscal ya enviado al Congreso por el Ejecutivo – que permita alcanzar la estabilidad macroeconómica tan preciada por un mercado castigado durante una recesión ya más que prolongada.
Para concluir, la situación también impacta directamente en la ARGENTINA. Desde la devaluación del Real que afecta la competitividad de las exportaciones de nuestro país, pasando por la salida de capitales que genera un efecto contagio que afecta a toda la región, hasta la recesión del mercado interno brasileño que atenta contra la producción argentina. Un escenario difícil para un contexto económico global de fuerte inestabilidad e incertidumbre de las principales potencias como China, Rusia, la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica.

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