DESAFIO DE LA INVERSION CHINA – Riesgos y oportunidades

Por Pablo Kornblum

Teoría Económica Internacional

En este naciente siglo XXI, los países se encuentran estrechamente relacionados mediante el comercio de bienes y servicios, los flujos de dinero, y las inversiones a escala. En este sentido, la comprensión teórica se torna fundamental para analizar las decisiones del Gobierno Chino en materia de su posicionamiento económico global.

Podemos dividir la teoría de la economía internacional en dos grandes campos: el estudio del comercio internacional y el estudio de las finanzas internacionales. El análisis del comercio internacional pone el acento en las transacciones reales de la economía internacional, es decir, en aquellas transacciones que implican un movimiento físico de bienes o un compromiso tangible de recursos económicos. Por el contrario, el análisis financiero internacional pone el acento en el lado monetario de la economía internacional, esto es, en las transacciones financieras.

Por otro lado, tenemos lo que se denomina los mercados de capitales: un conjunto de acuerdos por los que los individuos y las empresas intercambian dinero presente por promesas de pago en el futuro. En los mismos las Empresas y los Estados se endeudan y piden préstamos financieros. Hasta el día de hoy, las acciones chinas representan una pequeña parte del capital chino y su permanente volatilidad no afecta los fundamentos más sólidos de la economía real. Sin embargo, también se debe entender que las frecuentes ‘burbujas financieras’ que se han generado en la última década en China han sido en parte porque algunos inversores no han encontrado oportunidades de inversión rentable debido a la sobreproducción de bienes que no pueden ser absorbidos por el consumo interno y el mercado global.

En cuanto al comercio internacional de activos, el mismo puede ser de muy diferentes tipos. Entre los intercambiados en el mercado internacional hay bonos y depósitos denominados en diferentes monedas, participaciones de capital e instrumentos financieros más complejos como las acciones o las opciones sobre divisas.

En este sentido, es importante realizar una distinción entre instrumentos de deuda e instrumentos de capital. Los bonos y los depósitos bancarios son instrumentos de deuda, porque especifican que el emisor del título debe devolver un valor fijo (la suma del principal más los intereses) sin tener en cuenta para nada las circunstancias económicas. Muchos Estados, por ejemplo, se financian con bonos vendidos a Estados o ciudadanos extranjeros para financiar sus déficits de Cuenta Corriente.

Por otro lado, una gran cantidad de países se endeudan con agencias oficiales extranjeras como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Estos préstamos pueden efectuarse de forma ‘concesional’, es decir, con tipos de interés inferiores a los del mercado, o un prestamista ‘regular’ en donde se obtiene el tipo de rendimiento del mercado. En este sentido, China no necesita pedir prestado divisas: el país mismo es un gran acreedor de divisas y quien suele ser prestamista alrededor del mundo.

Podemos destacar que China es el mayor tenedor de bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Esta política tiene dos objetivos principales: por un lado, asegurarse niveles de riqueza de mediano y largo plazo sobre los activos más estables y con más probable capacidad de repago del planeta. Por otro lado, la ‘dependencia’ que genera en el Estado emisor del bono. Un ejemplo fue lo ocurrido en el año 2015 con la venta bonos del Tesoro de los Estados Unidos por casi 100 mil millones de dólares – aunque representaron solamente el 2% del total de la tenencia china-, una clara señal para que la Reserva Federal norteamericana no suba las tasas de interés, se aprecie el dólar y genere una mayor devaluación de la moneda China a través de una creciente fuga de capitales. Ello deja otra enseñanza: China no se encuentra dispuesta a abrir su cuenta de capitales y permitirle al mercado fijar su tipo de cambio. Por el contrario, lo que hizo fue desprenderse de sus activos y aumentar el control de capital.

Hay que tener en cuenta además que una depreciación de la divisa china encarece para China los precios de las materias primas que poseen precios internacionales, generalmente denominados en dólares. Un yuan más débil sugiere además una demanda decreciente que podría desembocar en un menor crecimiento de las economías que exportan a China.

En tanto la participación de capital en forma de acciones, el mismo es un instrumento de capital: es un derecho sobre los beneficios de una empresa, más que un pago fijo, y su rendimiento variará en función de las circunstancias. En este aspecto, la inversión directa y la inversión de cartera mediante compra de acciones son formas de financiación de capital. Los propietarios extranjeros de las inversiones directas, por ejemplo, tienen un derecho sobre una acción y su rendimiento neto, no un derecho sobre un flujo fijo de pagos pecuniarios. Los acontecimientos económicos adversos en el país receptor provocan pues una caída automática de los ingresos por inversiones directas y de los dividendos pagados a los extranjeros.

En este sentido, las empresas chinas han adquirido y se han fusionado con cientos de empresas extranjeras alrededor del mundo. En lo que va del año 2016 se han reportado más de 100 operaciones relacionadas con la participación china alrededor del mundo, por un valor aproximado de 80.000 millones de dólares. El objetivo es la adquisición de insumos estratégicos (recursos naturales), agregar tecnología a su cadena de valor (adquisición de empresas de países desarrollados occidentales), o adentrarse en mercados que, con las propias características de las empresas chinas, sería imposible.

Otro punto importante del movimiento internacional de capitales es el que adopta la forma de Inversión Extranjera Directa. Por inversión extranjera directa entendemos los flujos internacionales de capital en los que una empresa de un país crea o amplía una filial en otro país. La característica distintiva de la inversión extranjera directa es que no sólo implica una transferencia de recursos, sino también la adquisición del control. Es decir, la filial no solamente tiene una obligación financiera hacia la empresa matriz, sino que es parte de la misma estructura organizativa.

En términos de decisiones de inversión extranjera directa, el stock de IED de China en el exterior supone un 2,5% del total mundial, y está concentrado mayoritariamente en Asia. Si bien un deterioro de las diferentes economías alrededor del mundo se ha traducido en un menor apetito inversor en diversas ocasiones, las autoridades chinas hayan apostado permanentemente por reforzar su proceso de internacionalización.

Sin embargo, cabe aclarar que las empresas multinacionales son también, con frecuencia, un vehículo para los préstamos y el endeudamiento internacionales. Las empresas matrices proporcionan a menudo capital a sus filiales extranjeras, con la esperanza de recuperarlo en su momento. En la medida en que las empresas multinacionales proporcionan financiación a sus filiales extranjeras, la inversión extranjera directa es un modo alternativo de llevar a cabo los mismos objetivos que los préstamos internacionales.

Por ello no se puede dejar de mencionar la importancia de la internalización: esto implica que las actividades de la multinacional en diferentes países se integren en una sola empresa (sobre todo ante la necesidad de una vía para transferir tecnología o las ventajas en algunos casos que implica la integración vertical). La participación de China en las cadenas globales de valor de bienes y servicios (interconexión en los flujos económicos reales) ha crecido a un ritmo especialmente intenso en las últimas dos décadas, siendo el país que más incrementó su grado de interconexión. Para citar un ejemplo, este año hubo un acuerdo del Ministerio de Agricultura China en Puerto Montt, Chile, para que no solo se exporte leche a China sino que también empresas Chinas trabajen en el proceso de integración vertical previo a la exportación.

Hay diferentes escuelas por las cuales los inversores extranjeros deciden invertir en los diferentes Estados. Las principales escuelas de pensamiento sobre esta temática se centran, alternativamente, en las características geográficas de los países, el desarrollo humano, sus instituciones gubernamentales y en los recursos naturales estratégicos que poseen.

Las características del entorno físico de un país, como el clima, el tipo de suelo, y la accesibilidad geográfica (por ejemplo al mar), determinan su rendimiento económico a largo plazo. También su desarrollo económico, donde la educación y la salubridad de la población son fundamentales en la formación de Capital Humano. En términos institucionales, el éxito de un Gobierno (más allá de su estado constitucional) para con las inversiones extranjeras se centra en la protección de los derechos de propiedad privada, la previsibilidad de las políticas y la estabilidad macroeconómica. Y finalmente, en un mundo de demanda creciente de materias primas para abastecer con insumos los diversos mercados productivos y de consumo, los recursos naturales estratégicos (minerales, hidrocarburos, químicos, alimentos, agua) se han vuelto vitales para el crecimiento y la sustentabilidad de los Estados.

La visión China sobre este punto es clara: no importa qué tipo de régimen político se encuentre a cargo del Gobierno. Mientras se disponga a negociar los condicionantes que el régimen de Pekín crea convenientes, la dinámica institucional interna es irrelevante. China quiere seguridad jurídica y física para sus empresas y empleados connacionales, así como también una capacidad de repago en tiempo y forma, ya sea en términos monetarios o a través de la venta compulsiva de bienes y servicios.

Finalmente, a continuación se describe como se encuentra estructurado el mercado internacional de capitales y la inserción china al respecto, siendo los principales agentes los bancos comerciales, las grandes empresas, las instituciones financieras no bancarias (como las compañías de seguros y los fondos de pensiones), los bancos centrales y otras instituciones públicas y los Fondos Soberanos de Inversión:

1. Bancos comerciales. Los bancos comerciales se encuentran en el centro del mercado internacional de capitales, no sólo porque hacen funcionar el mecanismo de pagos internacionales, sino por la amplia gama de actividades financieras que llevan a cabo. El pasivo de los bancos consiste, principalmente, en depósitos a distintos plazos, mientras sus activos son, en gran parte, préstamos (a empresas y Gobiernos), depósitos en otros bancos (depósitos interbancarios) y bonos. Los bancos multinacionales se encuentran también muy involucrados en otros tipos de transacciones de activos. Por ejemplo, los bancos pueden suscribir emisiones de acciones y bonos de empresa, encargándose, a cambio de una comisión, de buscar compradores para esos valores a un precio garantizado. Uno de los factores clave del desarrollo de la banca internacional es que, a menudo, los bancos pueden llevar a cabo actividades en el extranjero que no les son permitidas en su propio país de origen. Este tipo de regulación asimétrica ha estimulado el crecimiento de la banca internacional durante los últimos cuarenta años.

En 1978 el Banco Popular de China (BPC) actuaba como banco central y como único banco comercial. En la década de 1980’ se dividió en cuatro bancos estatales: El Banco de China, el Banco Agrícola de China, el Banco de la Construcción de China y el Banco Industrial y Comercial de China. A partir de entonces el BPC abandonó sus actividades comerciales y se limitó a actuar como banco central. En la década de 1990’ se crearon nuevos bancos que podían tener parte de su capital en manos privadas y se fue ampliando el sistema financiero con nuevas entidades de ámbito urbano, rural y regional.

En la actualidad, a los cuatro citados se le adiciona el Banco de Comunicaciones de China. El Estado mantiene la mayoría absoluta de su propiedad y todavía controlan aproximadamente la mitad de todos los activos bancarios, aunque su cuota de mercado está disminuyendo en tono a la decisión de una mayor inmersión del sector privado en la economía del país. Como contraparte, hay participación creciente de bancos con mayoritaria participación privada – aunque el Estado nunca deja de tener una cuota minoritaria de participación -, como son el caso del CITICS y el Everbright, que controlan aproximadamente el 16% de los activos financieros que circulan en el país.

2. Empresas. Las empresas (especialmente aquellas con operaciones multinacionales) financian regularmente sus inversiones atrayendo fondos del extranjero. Para obtener estos fondos, las empresas pueden vender participaciones de capital, que otorgan a sus poseedores un derecho sobre los activos de la empresa, o pueden usar deuda financiera. El endeudamiento financiero normalmente toma la forma de créditos de, y a través de, bancos internacionales u otras instituciones prestamistas; cuando se desean créditos a largo plazo, las empresas pueden vender instrumentos de deuda en el mercado internacional de capitales. Las empresas, normalmente, denominan sus bonos en la moneda del centro financiero en el que éstos son ofrecidos a la venta. Sin embargo, cada vez más, las empresas siguen nuevas estrategias de denominación, que hacen que sus bonos sean atractivos para un mayor número de compradores potenciales.

En este sentido, los préstamos otorgados por el sistema bancario chino representaban en 2002 el 95% de toda la financiación de las empresas en China, pero desde entonces ese porcentaje ha ido disminuyendo rápidamente pasando a ser del 75% en 2009 y el 54% en 2012. El dato no es menor: una de las debilidades del sistema bancario chino es el todavía privilegiado acceso al crédito de las grandes empresas estatales, excluyendo a las pequeñas y medianas empresas que han sido tan mentadas en los últimos planes quinquenales.

3. Instituciones financieras no bancarias. Las instituciones no bancarias, como las compañías de seguros, los fondos de pensiones y los fondos de inversión, se han convertido en participantes importantes del mercado internacional de capitales, a medida que invertían en activos extranjeros para diversificar sus carteras de valores. Particularmente importantes son los bancos de inversión, que no son bancos propiamente dichos, sino que están especializados en la suscripción de emisiones de acciones y bonos de empresas y (en algunos casos) de países.

En China existen pocos productos financieros que no transitan de algún modo por el sistema bancario; pero si hay casos de coordinación mixta. Por ejemplo, los Productos de Gestión de Patrimonios (Wealth Management Products, WMP), que son documentos de diverso tipo emitidos por bancos u otras instituciones financieras que son vendidos por las sucursales bancarias a inversores particulares casi siempre sin ser contabilizados por el banco. También existen los Productos de sociedades fiduciarias, las cuales no se encuentran autorizadas a aceptar depósitos. Los fondos recaudados con estos productos sirven para prestar directamente a empresas o invertir en bonos y derivados.

Por otro lado, hay?Préstamos con ‘visa bancaria’, que se realizan de empresa a empresa en los que los bancos y otras instituciones financieras actúan como intermediarios y visan el proceso de firma de contratos, la retirada de fondos y las devoluciones. El banco o entidad intermediaria cobra por sus servicios pero no asume el riesgo. En esencia son créditos a una empresa con garantía bancaria. Finalmente, existen los Préstamos privados entre individuos y/o empresas. Pequeñas intermediarios financieros no bancarios intervienen en estos mercados que funcionan con tipos de interés mucho más altos que los oficiales.

4. Bancos centrales y otras instituciones públicas. Los bancos centrales participan regularmente en el mercado internacional de capitales, principalmente a través de la intervención en el mercado de divisas. Además, otras instituciones públicas piden y otorgan préstamos en el extranjero con frecuencia. Los Gobiernos y empresas de propiedad estatal de países en vías de desarrollo suelen pedir prestado, fundamentalmente, a los bancos comerciales extranjeros. Por el contrario, los Bancos Internacionales con mayores activos suelen tener filiales en las diversas regiones del planeta.

Se destaca que el Banco Central de China, a pesar su participación en las discusiones de política monetaria internacional, ajusta firmemente su política de una manera dinámica para satisfacer las necesidades de la economía de China – incluida la manutención de la estabilidad de la balanza de pagos y el desarrollo de los mercados financieros -. En cuanto a la ‘guerras de monedas’ a través de devaluaciones competitivas, China ha sido criticada durante años porque otros Estados sostienen que ha mantenido al yuan en un nivel artificialmente bajo frente al dólar; sin embargo, se ha observado que a pesar de las devaluaciones de agosto y enero, el Banco Central ha gastado cientos de miles de millones de dólares en reservas internacionales para apuntar el valor de la moneda (revalorizada además por la reciente salida del RUGBIN de la UE). Es decir, reina el pragmatismo en un mundo de permanentes fluctuaciones tanto en la economía real, como en la financiera.
5. Fondos Soberanos de Inversión. Son un vehículo de inversión de propiedad estatal que controla una cartera de activos financieros nacionales e internacionales. El surgimiento de los mismos se remonta a mediados del siglo pasado, cuando se crea el “Kuwait Investment Authority” en el año 1953. No obstante, desde el inicio del Siglo XXI se ha observado una multiplicación acelerada de los mismos: mientras que para el año 2000 existían en el mundo 21 fondos, en la actualidad existen más del triple con activos por más de 6 billones de dólares.

China es el país cuyos fondos soberanos más dinero invierten. Por continentes, Asia es el que tiene más capital invertido en los fondos soberanos de sus países, también en correlación con la participación China. A pesar de que China continúa invirtiendo en los sectores tradicionales de inversión como el energético, el inmobiliario o el financiero, en los últimos años se han reorientado también sobre algunos grupos industriales y, en particular, tecnológicos y de telecomunicaciones.

En definitiva, al elegir cómo dividir las carteras de valores entre instrumentos de deuda e instrumentos de capital, los individuos y las naciones pueden conseguir niveles de consumo e inversión cercanos a los deseados, pese a las circunstancias que puedan producirse. Sin embargo, la línea divisoria entre las mismas no es clara en la práctica. Incluso si el rendimiento obtenido en un determinado instrumento monetario es el mismo en distintos Estados, su rendimiento real en un Estado dependerá de los niveles de precios nacionales y del tipo de cambio. Además, el pago prometido por un instrumento cualquiera puede no producirse a causa de una quiebra o del embargo por parte del Gobierno de los activos en manos de extranjeros, etcétera. Cabe destacar que China ha ingresado con fuerza creciente en el mercado internacional de capitales en el Siglo XXI, por lo que todavía los procesos dinámicos globales son recientes como para medir un impacto. Más aún que todavía gran parte de su valor agregado depende de una economía real basada en las exportaciones, pero con creciente lógica mercado internista.

En el caso de la financiación de capital, una caída de la renta nacional podría reducir los ingresos de los accionistas externos sin incumplir ningún contrato de préstamo: al adquirir capital, los extranjeros han aceptado compartir tanto los buenos como los malos momentos de la economía. En este sentido, China tiene una lógica global, con cadenas de valor y suministro de sus principales industrias que exceden los mercados de los terceros Estados. Si bien las políticas económicas de cada Estado en particular tienen impacto sobre los activos chinos en el exterior, su propia dinámica trasnacional y las férreas negociaciones/contratos de las industrias en las que participa (recursos naturales, telecomunicaciones, sistema financiero), conllevan válvulas de escape que mitigan los procesos económicos adversos en otras regiones del planeta.
Relevancia de China como inversor global

China en el mundo

Con el avance del neoliberalismo y el desmantelamiento del Estado de Bienestar a fines de la década de 1970’, el mundo desarrollado le dió la bienvenida a China por su generosidad para producir bienes y servicios a costos ínfimos. La estrategia industrialista y exportadora decidida por Den Xiaoping y la nueva comandancia del partido, conllevaba a que sectores considerados estratégicos (energía, telecomunicaciones, informática, minería, siderurgia y bancos) fueran reestructurados con el propósito de crear “campeones nacionales” que contaran con la escala y los recursos para competir a nivel mundial.

El nuevo modelo se había claramente encaminado hacia una economía de mercado y abierta al exterior. Pero China no se contentó con ser una potencia exportadora, sino que además, con el correr de las décadas, se ha convertido en financista clave en el sistema internacional – es el principal prestamista del tesoro de los Estados Unidos -, y el tercer emisor global de Inversión Extranjera Directa, solo detrás de Estados Unidos y Japón.

En 2014 China alcanzó un nuevo record histórico como inversor en el exterior, llegando a los $ 116.000 millones. Actualmente existen alrededor de 15.300 empresas chinas que han llevado a cabo inversiones en el exterior, y que totalizaron a finales de 2014 un stock de IED de 776.500 millones de dólares. La IED china en el exterior ha generado cerca de 2 millones de puestos de trabajo en el exterior y $ 37.000 millones en impuestos en los 184 países de destino de la inversión. Un 67,7% de su stock se dirige hacia Asia, un 13% hacia América Latina, un 8% hacia la Unión Europa, un 4,3% hacia América del Norte, un 4% hacia África y un 2,8% hacia Oceanía.

En lo referente a modalidades de IED, las mismas se encuentran muy equilibradas entre la toma de participación en el capital (31,2%), la reinversión de beneficios (39,9%), y la partida otras inversiones (28,9%). Además, resulta destacable que la práctica totalidad de las empresas chinas que invierten en el exterior se sitúan en las provincias costeras y que existe un creciente peso de las empresas privadas – que ya concentran un 48,8% de la inversión exterior – frente a las públicas.

Ello ha sido posible gracias a su crecimiento y posicionamiento como segunda potencia económica global: 1) Es el principal tenedor global de reservas internacionales – en torno a los 4,1 billones de dólares a fines de 2015 -. 2) 89 de las 500 firmas de mayor facturación del planeta tienen capitales Chinos. 3) 40 bancos centrales del planeta utilizan el Renminbi como una de sus monedas de reserva. 4) La iniciativa ‘un cinturón, un camino’, invertirá 2,5 trillones de dólares en infraestructura en 65 países durante el próximo quinquenio. 5) Miles de compañías multinacionales aceptan las requisiciones China para tener como contraparte acceso a su mercado – incluido las compañías industriales que utilizan los insumos o partes componentes chinos -. 6) China es a gran distancia el principal actor en materia de Fondos Soberanos de Inversión, con el 29% del total mundial de activos a través del SAFE Investment Company, el China Investment Corporation, el Hong Kong Monetary Authority Investment Portfolio y el National Social Security Fund. 7) El superávit de Cuenta Corriente chino fue de casi 300 mil millones de dólares en el año 2015, el más amplio del planeta. 8) El repago de los préstamos de moneda extranjera por parte de las Corporaciones Chinas y la repatriación de capitales, representaron el 53% de los flujos financieros salientes de China en el 2015. 9) El 31% de los préstamos Chinos al exterior en el año 2015 se realizaron a compañías extranjeras en divisas. Estos préstamos fueron realizados primariamente por el Banco de Desarrollo de China, el Banco con mayor incidencia política, u otros Bancos Estatales, que adquirieron divisas en los mercados extranjeros con el financiamiento del Banco Central Chino.

 

En definitiva, la presencia del capital chino en el mundo abarca hoy día la práctica totalidad de los sectores económicos, destacando servicios empresariales y leasing, financiero, minería e industrias extractivas, manufacturas, comercio al por menor y al por mayor y transporte. No obstante y tal como observaremos a continuación, existe cierto perfil sectorial dependiendo de las áreas geográficas: mayor inversión en industrias extractivas y recursos naturales en América Latina y África y mayor en sector financiero, manufacturas y actividades tecnológicas en Estados Unidos y Unión Europea.

Objetivos Geo-Económicos

Este escenario se encuentra dentro del marco de la estrategia geo-económica China actual, la cual contiene 5 elementos claves: comercio, inversiones, finanzas, la internacionalización de su moneda y las alianzas de infraestructura.

Para alcanzar estos objetivos, China utiliza todos los medios políticos y económicos: Fondos Soberanos de Inversión, préstamos/Swaps a otros Estados, Inversión Extranjera Directa, Adquisiciones/Fusiones desde el Estado Chino o través de Empresas, Financiamiento de Organismos Internacionales para que Bancos Chinos redireccionen los mismos, Sucursales de Bancos Chinos, etc. Estas iniciativas cuentan con el apoyo de toda la administración: los bancos Estado, las empresas nacionales y el cuerpo diplomático.

En tanto a la política económica, China inició el establecimiento del Banco de Inversiones e Infraestructura de Asia Multilateral (AIIB en sus siglas en Inglés) y el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS (NDB en sus siglas en inglés) donde posee el 30% y 41% respectivamente del paquete accionario, para proveer de financiamiento a diversos proyectos de infraestructura alrededor del mundo.

Por otro lado, desde el año 2009 China ha presionado por la internacionalización del Renminbi, ya sea tanto en términos de inversiones, como de comercio y reservas en Bancos Centrales de otros Estados. Ello incluye 10 acuerdos de intercambio directo del Renminbi con otras monedas, clearing bancario en 15 países, y 32 acuerdos de swaps con otros Bancos Centrales. Además, China logró recientemente la inclusión del Renminbi como parte de la canasta de monedas del FMI, conocidas como Derechos Especiales de Giro para el comercio internacional. Como contraparte, la manipulación de la moneda por parte del Gobierno Chino es parte de los reclamos permanentes de otros Estados (sobre todo desde los Estados Unidos, su contraparte como potencia estabilizadora del sistema económico y político global).

Otra política económica exterior que implica un círculo virtuoso para China es el consumo mayoritario de sus productos en otros Estados, a su vez financiado con préstamos chinos, generando una doble dependencia económica. Para citar un ejemplo, el déficit manufacturero de los Estados Unidos con China en el año 2015 contribuyó con más del 60% del superávit chino (el superávit bilateral chino es de 366 mil millones de dólares).

También el Gobierno Chino provee financiamiento para el Banco de Desarrollo Africano o la Fundación para el Desarrollo de China y África, a través del cual provee asistencia (créditos y préstamos preferenciales para la construcción de Hospitales) e inversión en infraestructura y recursos productivos (insumos y entrenamiento a los agricultores). La medida no es de alta rentabilidad e interés económico directo de corto plazo para China, pero se desarrolla como un gesto político para estrechar lazos y desplazar otros actores estatales (como el RUGBIN y EEUU), que tienen fuertes intereses en los recursos naturales de la región. También se debe tener en cuenta que parte de la cadena logística de producción se les otorgará a las empresas y trabajadores chinos, lo que sería un incentivo chino en términos de ganancias de mercado para la producción y el consumo del mercado interno (parte de las utilidades y el salario se redireccionarían directamente a China).

Por otro lado, China es el principal socio comercial de 130 países, siendo el ‘hub’ mundial de la cadena de producción global manufacturera; es decir con efectos en la economía real. Por ejemplo, China contribuye hoy en día al 50% del crecimiento de Asia y los países de la región observan a China como un aliado confiable que ayuda de manera tangible, a través de proyectos que tienen un retorno económico inmediato. Como contraparte, otros países y compañías del mundo desarrollado invierten en gran cuantía en el mercado financiero y en ayuda social a través de instituciones. Ello no solo no es visible en el corto plazo, sino que además no se ha visto reflejado muchas veces a un desarrollo sustentable de largo plazo.

China además es el tercer inversor global en términos de Inversión Extranjera Directa, concentrado principalmente en energía, materias primas e infraestructura. Los ejemplos son vastos: en su relación con Rusia, inversores chinos han arrendado largos dominios de tierra, a su vez que se realizó un acuerdo entre el consorcio gasístico ruso Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), donde Gazprom suministrará 38.000 millones de metros cúbicos de gas natural a China a partir de 2018. En cuanto al abastecimiento de alimentos, Shuanghui Holdings compró Smithfield Foods por US$7.000 millones; mientras que Cofco, que controla 90% de las importaciones de trigo chinas, compró participaciones mayoritarias en el trader holandés Nidera y la empresa agropecuaria de Noble Group, pagando un total de US$2.800 millones. Y la iniciativa ‘un cinturón, un camino’, extenderá las conexiones y promoverá una conexión con toda Euroasia, promoviendo la cooperación económica a través de corredores económicos generados por nuevos proyectos de infraestructura y transporte que facilitan la conectividad, el comercio y las inversiones. Bajo el proyecto China espera llegar a los 3 mil millones de consumidores y triplicar sus activos globales, alcanzando los 20 billones de dólares para el año 2020.

La visión global del fenómeno chino

En cuanto a sus contrapartes receptores, América Latina y África observan a China como el más importante aliado inversor, el cual no genera ataduras y no interfiere en los asuntos domésticos. Además, aunque las tasas de intereses del financiamiento Chino tengan un costo mayor, el mismo se encuentra más en línea con lo que los países de estas regiones desean (proyectos de energía, infraestructura e industriales) y no en torno a los objetivos de los Organismos Internacionales (liberalización del comercio exterior o programas de microcréditos anti-pobreza).

En tanto América Latina en particular, el comercio entre China y la región ha experimentado una expansión sin precedentes durante los últimos 15 años, con unos flujos comerciales que se han multiplicado 22 veces desde el año 2000. Durante el período 2001-10 las exportaciones latinoamericanas de productos mineros y combustibles fósiles a China crecieron al imponente ritmo del 16% anual, seguidas de los productos agrícolas al 12%. China es en la actualidad el mayor socio comercial de Brasil, Chile y el Perú. El resultado es el fortalecimiento (aunque asimétrico) de los encadenamientos en la cadena global de valor entre China y América Latina: en este aspecto, las materias primas representaron el 73% de las exportaciones de la región a China (comparado con el 41% mundial), mientras los productos tecnológicos manufacturados solo alcanzaron el 6% (comparado con el 42% mundial).

A diferencia de China, que ostenta una de las cestas comerciales más diversificadas del mundo y ha desarrollado ventajas comparativas en casi 60 industrias, América Latina muestra muy pocos avances, con cadenas globales de valor sustancialmente inferiores a la de otras regiones – sobre todo en términos de infraestructura y logística -. Solo Colombia y Costa Rica, los países con mejores resultados de América Latina, pueden estar a la altura del avance chino.

Por otro lado, China ha declarado a América Latina como región prioritaria para su inversión financiera. Desde 2010 los préstamos chinos han alcanzado la cifra de 94 mil millones de dólares, frente a los 156 mil millones de dólares que sumaron los del Banco Mundial (BM), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En este aspecto, los préstamos Chinos conllevan desembolsos mucho más ágiles que los de otros Organismos Financieros Internacionales (como el FMI), y se pueden repagar con materias primas si los países no pueden afrontar los costos financieros a tiempo. Por ejemplo, China le ha provisto a Ecuador préstamos por 11 mil millones de dólares desde el año 2008, con 9 mil millones más en intercambio por la producción petrolera ecuatoriana Este hecho resalta la importancia de la provisión de insumos para la economía real en detrimento de la lógica financiera de otros países y organismos, que además refuerza el vínculo de entendimiento y confianza entre los Estados. En este sentido, cabe destacar que, como se mencionó previamente, los 120 mil millones de dólares en préstamos a Latinoamérica desde el 2005 hasta el año 2014, van de la mano del exponencial crecimiento del intercambio comercial, desde los 15 mil millones de dólares en el año 2001 hasta los 289 mil millones de dólares en el 2014.

Por otro lado, con el estableciendo de empresas mixtas en los países menos desarrollados, China puede tomar una posición financiera dominante, agregándole además la posición de industrias propias. En este sentido, el adentrarse agresivamente en el aparato financiero o productivo, complementando la falta de bienes de capital, mano de obra, y financiamiento, le brinda un posicionamiento preferencial en cada mercado. Como ejemplo tenemos el proyecto del Canal de Nicaragua, donde el financiamiento requiere coercitivamente como contraparte que las inversiones se realicen con equipamiento y tecnología China; o como es el acuerdo de los Swaps realizados con la Argentina, para la financiación de infraestructura y bienes de capital.

En relación a África, China invierte – aunque también hay préstamos a una tasa de interés relativamente accesible -, tal como lo ha hecho el RUGBIN en Argentina en el Siglo XIX, en el desarrollo de puertos, infraestructura, capital humano y financiero para su beneficio propio. Cabe destacar que el Chinese Eximbank y el China Development Bank se convirtieron en los mayores prestamistas a nivel continental y superaron al Banco Mundial en cuanto al número de proyectos realizados.

Por otro lado, en los últimos tres lustros ha existido un aumento en el volumen de intercambio entre las dos partes, des¬de los más de 10 mil millones de dólares a los más de 220.000 millones de dólares, convirtiéndose en el principal socio comercial del continente. Ade¬más, se instalaron unas 2.500 em¬pre¬sas chinas en África du¬rante la última década. El efecto derrame se complementa con la ‘Responsabilidad Social’ tanto del Gobierno – destinará un paquete de ayuda de 60.000 mi¬llones de dólares en los próximos tres años – como de las Corporaciones Chinas.

En cuanto a los países europeos, el vínculo económico se genera mayormente a través de manera indirecta: el Banco de Inversión e Infraestructura Asiático (fondeado mayoritariamente con capitales chinos), es la principal vía de Inversión Extranjera Directa. Como complemento, se ha producido en la última década un mayor número de operaciones por parte de empresas privadas, tomas de participaciones minoritarias frente a las adquisiciones del pasado, y una mayor diversificación sectorial, con un mayor peso del inmobiliario/hotelero y la agroindustria.

La inversión china en la UE alcanzó un nuevo record histórico en 2014, sumando 20.170 millones de dólares. Operaciones destacadas fueron la compra del 35% de la italiana Cassa Depositi e Prestiti (CDP) por parte de State Grid en el sector eléctrico; la adquisición de parte del Grupo Fosun sobre el 80% de la entidad financiera portuguesa Caixa Xeral; del grupo de alimentación COFCO sobre el conglomerado agrícola con base en Países Bajos Nidera o de la empresa de automoción Dongfeng sobre la francesa Peugeot. Cabe resaltar que en la actualidad existen 2.000 empresas procedentes del país asiático establecidas en la UE, que emplean a 47.000 personas, y que totalizan una inversión acumulada de 40.097 millones de dólares, esto es 4 de cada 10 dólares invertidos en países desarrollados.

Por países, predomina la inversión china en las grandes economías europeas. En el periodo 2010-2014, el RUGBIN recibió un 46,7% del total recibido por la UE en ese periodo (58.300 millones de dólares), seguido de Italia (21%), Portugal (10,6%) y Francia (9,5%). Cabe destacar la importancia estratégica para China de las inversiones en Grecia y en países del Este de Europa. Por otro lado, las mismas se concentraron en un 95% del total en 7 sectores de actividad: energía (18.170 millones de dólares, un 31,2% del total), inmobiliario (13.350 millones de dólares, un 22,9%), manufacturas ( 7.850 millones de dólares, un 13,5%) , agroindustria (4.880 millones de dólares, un 8,4%), financiero (4.250 millones de dólares, un 7,3%), logístico, transporte e infraestructuras (4.060 millones de dólares, un 7%), y telecomunicaciones y software ( 2.650 millones de dólares, un 4,5%).

En cuanto a los Estados Unidos, China es el principal tenedor de bonos del tesoro estadounidense y el principal socio comercial. En tanto los países del Sudeste Asiático, el crecimiento de los costos internos ha generado que empresas y bancos chinos hayan comenzado a invertir en los países vecinos como Vietnam, Indonesia y Bangladesh. En este aspecto, la visión pragmática de inversión global busca evitar la pérdida de oportunidades en términos de generar eficiencias económicas y adentrarse en todos los mercados posibles.

Cabe destacar que en la relación con los países asiáticos (ASEAN más China, Japón y Corea del Sur), los acuerdos de libre comercio a nivel multilateral se han incrementado exponencialmente en las últimas dos décadas, logrando un flujo de intercambio – se destaca la reducción a 0 de más del 90% de los bienes de cambio, con excepción de ciertos productos sensibles y bienes específicos determinados países quieren proteger – a nivel producción y consumo sin precedentes.

En cuanto a la relación con Australia, no solo también tienen un acuerdo de libre efectivo desde el año 2015, sino que además China busca un salto cualitativo superador más allá de la venta de recursos naturales (China es el mayor comprador de minería de hierro y cobre del mundo y Australia es el mayor proveedor con la venta de más de la mitad de su producción): dada su cercanía y el desarrollo de Australia, China ha insistido en incrementar la cooperación tecnológica y la promoción de la investigación y el desarrollo conjuntos en áreas como alimentos, agricultura, minería y ciencias del mar, así como también en nueva energía, un nuevo tipo de urbanización, protección ambiental y comercio electrónico transnacional (se encuentran entre los principales objetivos de desarrollo económico de los últimos planes quinquenales); a través del establecimiento conjunto de parques de innovación y centros de transferencia de tecnología para promover la cooperación entre firmas, universidades e institutos de investigación.

Sin embargo, también existe una contraparte de cuidado. En Australia, los grandes inversionistas chinos han generado burbujas inmobiliarias, ya que han utilizado la estabilidad y la sustentabilidad económica para proteger sus activos financieros. En Latinoamérica y África, a la inmigración china, con la consecuente implantación de población y los determinantes vínculos con la metrópoli (políticos, económicos, militares), se le adiciona la dependencia de materias primas en relación a la demanda, y los obstáculos generados ante la vulnerabilidad de las poblaciones locales a través de los requerimientos para la protección del medio ambiente (sobre todo ante los diversos proyectos de la industria extractiva).

En Europa, el eje de discusión pasa por la pérdida de competitividad, el dilema militar y el cumplimiento de las leyes marítimas. Para los Estados Unidos, el contrabalance se da a través del Tratado Transpacífico de Libre Comercio (TPP) y la cyberseguridad. En este sentido, las prácticas o el estatus de las empresas, sobre todo las Estatales Chinas, genera escepticismo en los mercados más desarrollados. También las inversiones sobre áreas sensibles en términos de información y transferencia de tecnología. Tenemos como ejemplos el acuerdo entre China y el Reino Unido de la Gran Bretaña, donde la Corporación Inversora China de Generación de Energía Nuclear en consorcio con la compañía europea EDF Energy-led, desarrollan la planta nuclear Hinkley Point C, la primera en décadas en el país. O mismo el intento del Estado Chino de adquirir el 67% de la concesión del Puerto Griego de Piraeus (en manos del Estado Griego), y hacerse cargo de uno de los puertos más importantes de Europa.

De cara al Futuro

La dinámica interna es clave para comprender el actual y futuro relacionamiento con el mundo. El superávit de Cuenta Corriente ha disminuido del 10% del PBI en el 2007 al 2% en el 2014. Ello tiene relación no solo con la situación financiera global delicada y la competencia creciente, sino también con una estructura exportadora más sofisticada de mayor valor agregado, creciente gasto en Investigación y Desarrollo, y un incremento de patentes que sugiere un nuevo modelo de crecimiento e inserción global.

El impacto sobre otros Estados de este cambio de modelo bajo un mercado-internismo creciente, redireccionamiento hacia los servicios, y producción de mayor tecnología, conllevará también a la necesidad de un cambio en aquellos países que seguían la lógica del ‘viejo modelo’, como son los proveedores de materias primas y bienes de capital como insumos para la industria manufacturera. Además, la inversión china ya no se limita a garantizarse el acceso a las materias primas (especialmente en Latinoamérica), sino que se persigue también la adquisición de “reconocimiento de marca”, así como la compra de empresas de alta tecnología. Bajo esta lógica, el año pasado el intercambio comercial con la industria de alta tecnología israelí fue de 11 mil millones de dólares, ya que China observa en Israel una fuente de aprovisionamiento tecnológico de primer nivel para desarrollar el cambio estructural de su economía.

Por el contrario el cambio de estructura productiva doméstica, también puede generar oportunidades en otros países. En este aspecto, los proyectos de infraestructura en los rubros de la construcción, el cemento o la producción de acero en Estados ávidos de recibir inversiones (antes realizados en China), pueden ser financiados tanto por China como por Instituciones Multilaterales. Cabe destacar que estos últimos todavía cuentan con una mayor predictibilidad y transparencia; sobre todo ante los ojos de las democracias capitalistas occidentales, algunos de los cuales perciben aún hoy cierta fricción política con los acuerdos de tipo bilateral con China.

Otro eje de cambio proviene del mundo desarrollado en términos financieros y tecnológicos. Japón es un cabal ejemplo: es el principal inversor en China, con un stock de Inversión Extranjera Directa de más de 100 mil millones de dólares en el año 2014, 30 mil millones más que el segundo inversor, los Estados Unidos. Sin embargo, Japón ya no puede invertir en manufacturas de bajo costo, ya que China está transformándose en una economía con industrias de mayor valor y más servicios. Por lo tanto, Japón buscaría ahora proveerle los insumos y bienes de capital para que China continúe requiriéndolos para dar ese salto cualitativo.

Avanzar sobre los mercados cautivos más desarrollados – con regulaciones y objetivos políticos en muchos casos alejados a la lógica China -, es también parte del cambio. Tenemos el caso de la Unión Europea, quien ha intentado revitalizar económicamente la Eurozona a través de la Licitación del Programa de Compra de Bonos del Banco Central Europeo, que le permita desarrollar un Plan de Inversiones Sustentable para Europa. En este aspecto, China se ha mostrado interesada, con propuestas concretas y abierta el dialogo. Cualquier injerencia – desde una visión altruista o cooperativista – que pueda traer beneficios económicos o políticos en una Europa que no logra salir definitivamente de la crisis, potenciará la expansión de China.

El 11 de diciembre de 2016 China adquirirá el estatus de economía de mercado, al cumplirse 15 años de su adhesión a la Organización Mundial del Comercio. El significado práctico de esta calificación es que los mecanismos de defensa comercial que Argentina y otros países han venido aplicando dejarán de estar vigentes. En el caso de las medidas antidumping se comenzará a aplicar el procedimiento estándar acordado en la OMC: los reclamos deberán demostrar el daño con base a los precios vigentes en China y no con comparaciones de precios de terceros mercados como se venía haciendo hasta ahora.

Finalmente, las empresas Chinas ya no solo buscan ser campeones exportadores o inversores estratégicos en diferentes regiones: desde su mismo proceso embrionario, o a través de adquisiciones y fusiones, invierten también en compañías de otros Estados para incrementar su competitividad en relación a otras trasnacionales de alcance global. Un ejemplo es la inversión accionaria por parte de la empresa china Didi Kuadi en la empresa norteamericana Lyft, competencia de Uber, una vez que Uber desembarco en China para competir con la misma Didi Kuadi.

ARGENTINA

Los flujos comerciales de Argentina con China se han intensificado en los últimos 15 años. El siguiente cuadro señala la posición de este socio comercial en el comercio exterior, donde se destaca de manera particular el lugar que ocupa tanto en sus exportaciones, como sus importaciones.
Principales socios comerciales de Argentina en el año 2015
Fuente: INDEC
En términos generales, la relación comercial entre Argentina y China se caracteriza por dos atributos. Por una parte, el creciente intercambio cambió bruscamente de signo en un período relativamente corto: hoy arroja un déficit superior a 6 mil millones de dólares, que contrasta con un superávit de mil millones de dólares una década atrás. Es decir, una reversión superior a los US$ 7 mil millones. Por otra parte, el desempeño comercial se ha inscripto en un marco más amplio, de asociación estratégica, donde Argentina y China han acordado un conjunto amplio de temas que van desde las finanzas hasta la energía nuclear, las obras públicas y concesiones migratorias, para citar solo algunos.

 

 

 

Flujos comerciales Argentina – China – en US$ millones, 2000-2015

Fuente: INDEC y DataINTAL

Si la atención se focaliza en el plano estrictamente comercial, aparece otro dato digno de interés. Por un lado, la canasta de intercambio se ha venido configurando de acuerdo a las ventajas comparativas de los dos países: Argentina exporta principalmente productos primarios y manufacturas de origen agropecuario e importa de China productos industriales de mediano y alto contenido tecnológico. Las exportaciones incluyen 549 bienes, mientras que las importaciones se encuentran mucho más diversificadas: comprenden 5.034 productos.

Composición del comercio Argentina-China – en US$ millones, 2015
Fuente: INDEC
Como se puede observar, en la última década las exportaciones a China crecieron aceleradamente, pero más del 70% son productos de soja, un 15% aceites y otros productos de la agroindustria, y el resto mayormente combustibles. Las importaciones son de productos industriales. Por otra parte, desde 2008 las exportaciones están estancadas y, debido a que las importaciones siguieron aumentando, se acumula un creciente déficit comercial con el país asiático.

En cuanto a la Argentina en particular, el retorno a los mercados y al potencial crecimiento económico, nos haría atractivo para las exportaciones chinas. Dado el permanente requerimiento por colocar sus productos en el exterior, se podría generar con China una positiva negociación en términos de precios, pero midiendo meticulosamente el no generar una competencia con un mercado interno que suele no ser lo suficientemente competitivo en lo que es la industria en general (de baja y mediana complejidad).

Asimismo, a nivel Mercosur (Xi busca un interlocutor en América Latina, y por ahora Brasil dejó de ser una opción real para Beijing y sus aliados internacionales), se debe tomar nota que otros países con una oferta competitiva con el bloque –tal el caso de Nueva Zelanda y Australia- han firmado acuerdos de libre comercio con China y están alcanzando réditos visibles. En el caso de Argentina, esto profundizaría el modelo actual que podría incrementar los intercambios, pero no así el patrón de composición. Es una decisión política en términos de distribución entre actores de la política comercial. Por otro lado, cabe destacar que China es una competencia industrial para Brasil, debilitando la asociación frente a un actor extra regional.

La injerencia del mercado de valores de la Argentina sobre el mercado financiero Chino no es relevante en el corto plazo; tampoco es probable que si lo sea en el mediano plazo. Sin embargo, los efectos que pueden tener las políticas económicas o la situación China si pueden tener ciertos impactos. Solo para citar algunos ejemplos, una devaluación puede acarrear un menor poder de compra de los productos que le exporta nuestro país; un escenario recesivo derivado de la fuga de capitales, podría generar un retroceso en el portafolio de Inversiones que impacten en nuestro país; o mismo un movimiento en el mercado de bonos repercutirá en las tasas de interés internacionales, lo que tendría derivaciones en la macroeconomía nacional.

Otro punto que hay que destacar es que los acuerdos específicos de préstamos e inversiones realizados, establecen que la resolución de diferencias de los acuerdos se someterá a tribunales ingleses, lo cual sigue la práctica exigida por inversionistas y prestamistas que operan con países considerados de alto riesgo financiero. En caso de tener alguna discusión de tinte político-económico que se traslade al ámbito diplomático con China, se deberá reconocer la relación coyuntural con el RUGBIN y las implicancias jurídicas del hipotético caso.

Algunos de los acuerdos están referidos a ventas o inversiones chinas (15.000 millones de dólares en el último acuerdo) a la Argentina con financiamiento de organismos y bancos chinos. En este sentido, entre 2007 y 2014, Argentina recibió de entidades chinas 10 préstamos por un monto de 19.000 millones de dólares (el 16% de los concedidos a América Latina), en su mayor parte destinados al financiamiento de obras de infraestructura (energía, agua). Es decir, recursos naturales que pueden ser tomados a cambio. Para citar un ejemplo, las centrales nucleares incrementarían la producción interna y evitarían la salida de dólares. Pero habría que evaluar los condicionamientos en términos de la obligatoriedad para pagar en energía (o en otro tipo de bienes), en caso de que Argentina no lo pueda ser en términos monetarios.

Por otro lado, China también proporciona equipos y servicios para sus inversiones. Esta mecánica la realiza en todos sus mercados: utiliza su propia producción, incluido en muchas ocasiones el capital humano también proveniente de China – del acuerdo admite la contratación de empleados de origen chino en las mismas condiciones que los nacionales -, retaceando los efectos industriales y el ‘know how’ nacional, pero colaborando con la dinámica financiera y los efectos multiplicadores del consumo interno.

Aquí también tenemos el acuerdo de cooperación de largo plazo – 50 años, como la mayoría de los proyectos chinos que quieren asegurar la presencia de la potencia sobre el territorio foráneo – con implicancias geopolíticas con la Estación Satelital en la Provincia de Neuquén. Aunque habría una interacción mínima y limitado acceso a los de conocimientos a través de la CONAE (en acuerdo con la China Satellite Launch and Tracking Control General), y ciertos efectos multiplicadores marginales de consumo a nivel zonal (ya que ha habido importantes desgravaciones impositivas), los beneficios macroeconómicos son ambiguos.

En definitiva, poder obtener financiamiento permitiría evitar el endeudamiento interno y la emisión monetaria. Además sustituye la falta de bancos oficiales de promoción de la producción, la inversión o las exportaciones (Como los que disponen China, Brasil y otros países) y la baja recepción de inversión externa directa (IED) en general del último quinquenio. Lo que no sustituye – y tampoco se ha acordado -, son las necesidades de la economía real. Podría ser de vital importancia para la creación de mayor valor agregado para la Argentina – sobre todo en términos industriales – la formación de empresas binacionales, las transferencias de tecnología, o la producción de insumos por parte de empresas locales – a través de la promoción de una mayor competitividad – para abastecer al mercado interno chino.

Finalmente, el acuerdo por el ‘swap’ (intercambio cambiario), ha sido derivado de la caída de las reservas externas en el último quinquenio, lo que limitó la disponibilidad de divisas para vender divisas al sector privado (por necesidades de importación de bienes y servicios y pago de obligaciones externas). Frente a la descripta restricción el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Banco Popular de la República Popular de China (Banco Central) establecieron un acuerdo para el swap de pesos y renminbi en torno a los 10 mil millones de dólares, que garantice el acceso a divisas en caso de requerimientos de liquidez.

Aunque el acuerdo ha sido recíproco, se entiende que hubo una suerte de compromiso de préstamo en renminbi del banco central chino al argentino que Argentina podría utilizar para importar productos de China. Este escenario podría generar una ‘teoría de la dependencia’ del Siglo XXI, con aristas financieras y de la economía real que tienen puntos de encuentro en la relación de nuestro país con las potencias industriales en la primera mitad y el FMI a fines del siglo pasado.

Esto se debe a que los yuanes no pueden convertirse libremente sin permiso de la autoridad China y, en el caso que no se devuelvan, sólo pueden utilizarse para comprar productos chinos. Es decir, ni siquiera se trata de un préstamo que puede utilizarse en cualquier operación, sino un crédito que, si no se devuelve, está condicionado a la importación de productos chinos. Por el contrario, cumple el objetivo de China de, a través del fortalecimiento y difusión de su moneda en la economía global, empoderarse en términos geopolíticos y geoeconómicos.

Apreciación

Junto a su capacidad de atracción de inversiones, China también ha irrumpido en la escena internacional como exportador de capitales. Y éste es, sin duda, uno de los aspectos más relevantes de un modelo donde, a través del ingente crecimiento económico y sus abultadas reservas, el país asiático sienta las bases en el sistema internacional para mantener su ritmo de expansión geoeconómica y geopolítica de cara al futuro.

Diversificar sus inversiones, internacionalizar el yuan, ofrecer oportunidades a sus empresas más fuertes, construir mercados para sus productos, ser competitivos a nivel internacional, adquirir deuda soberana que genere una dependencia económica y política, prestar dinero en base a objetivos diferenciadores del resto de los Estados y Organismos Internacionales de Crédito, y garantizarse el acceso a materias primas estratégicas (sobre todo en términos de hidrocarburos, minerales y alimentos), sus principales ejes en el marco global.

Este contexto se complementa con el cambio estructural doméstico de su política económica y productiva. Una nueva economía con eje en una industria tecnológica de mayor valor agregado, más amigable con el medio ambiente, más diversificada y geográficamente mejor distribuida, que conlleve un mayor beneficio de una mayoría de la población que todavía tiene carencias y requiere dar un salto cualitativo en su capacidad de consumo.

Se observa que este cambio económico interno no representa otra visión de relacionamiento global. Más bien lo profundiza y diversifica hacia el nuevo modelo de país. Siempre con una dialéctica pragmática según el caso: cooperación sur-sur con América Latina y África, desarrollo productivo con el resto de Asia, apoyo financiero a Europa.

La apertura del sector financiero es mesurada y bajo un estricto control gubernamental. No solo las autoridades chinas van a limitar cualquier injerencia externa en su política monetaria, sigo que además utilizará su capacidad – a través de los bonos, inversiones, swaps – para alcanzar sus objetivos macro y de desarrollo, infiriendo sobre determinadas economías o el mercado global.

El intercambio de materias primas por industria e inversiones en la infraestructura vinculada con la explotación de estos recursos primarios estratégicos continuará. Los Bancos de desarrollo Chino seguirán sin imponer condicionalidades políticas como el resto de las instituciones financieras internacionales, y continuarán incluyendo en sus créditos la obligación de comprar productos chinos o la participación de las empresas chinas como adjudicatarias en los proyectos. Y China continuará buscando ser el jugador financiero clave a lo largo y ancho del planeta.

Pero ahora también China quiere competir con empresas de alta tecnología en los países más desarrollados. Y proveerse de nuevos procesos y alta tecnología de aquellos países, como Japón y Australia, que se encuentran en un estadío superior y pueden ayudar a China a cumplir con los objetivos del último plan quinquenal. Ello permitirá ampliar sus mercados de consumo y hacerse más confiable en términos financieros y productivos. Además de liderar la carrera económica global, avanzando en todas las regiones del planeta, incluyendo los destinos más remotos (como la Antártida) o mismo la carrera espacial.

El pragmatismo estratégico prima en la China actual, buscando un liderazgo económico y financiero global que ayude al plan de desarrollo doméstico sustentable y legitime, en el largo plazo, al Partido Comunista Chino en el poder.

Finalmente y en cuanto a la Argentina, el escenario se centra más en lo que nuestro país desee pedir dentro del paquete que China ofrece. Una demanda sostenible – y muy probablemente creciente – conlleva a que nuestros recursos naturales bajo una posición geoestratégica privilegiada sean su objetivo central. Podría ser una posición cómoda para la argentina porque estaríamos reproduciendo la política económica exterior de venta de materias primas (con menor o mayor valor agregado), que hemos profundizado a lo largo de la historia como país.

Sin embargo, la ‘justicia’ del acuerdo sería el punto clave a analizar. Un escenario financiero apropiado que conlleve a una verdadera dinámica interna productiva que permita desarrollar las economías regionales con valor agregado nacional; donde el efecto derrame no se encuentre encorsetado bajo los intereses foráneos en términos de utilización plena de capital financiero, maquinaria y recursos humanos chinos.

La capacidad del repago de los servicios financieros dependerán de la eficiencia y la eficacia en la utilización del mismo. Mientras el cuidado del agro argentino sea prioritario en términos de la posesión y la protección del mismo, poder discutir una industrialización y la provisión de servicios complementarios argentinos con China sería un programa superador. Que el gobierno asiático comprenda que el desarrollo tecnológico industrial y de servicios endógeno es una prioridad para nuestro país, podría ser un punto de equilibrio en la negociación. Demostrar que se desea un crecimiento en la competitividad a nivel regional, alejado de cualquier interés que pueda afectar los objetivos del país asiático, podría generar un proceso de asociación – con todo el potencial tecnológico y de procesos que espera alcanzar en el mediano plazo – verdaderamente superador.

Y finalmente, la relación financiera en términos de swaps y otros préstamos, debe ser evaluada cautelosamente en términos geopolíticos – de balance de poder sobre todo ante los cambios e inestabilidad económica y política global -, su utilización para la estabilización macroeconómica interna en caso de ser necesario, y la política productiva – sobre todo en términos industriales -, para resguardar el mercado interno a la hora de sentarse a la mesa con él, actualmente, más poderoso negociador en la esfera global.

 

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