Refugiados

Por Pablo Kornblum

El contexto internacional

En el año 2015, en promedio 24 personas por minuto se vieron obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países. De los 65,3 millones de personas desplazadas forzadamente hasta el 31 de diciembre de 2015, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.

Los principales datos indican que 3 países expulsan la mitad de la población refugiada del mundo. Siria, con 4,9 millones de personas; Afganistán, con 2,7 millones; y Somalia, con 1,1 millones. A nivel mundial, Turquía es el mayor país de acogida, con 2,5 millones de refugiados. Con alrededor de uno cada cinco ciudadanos, El Líbano acoge a más refugiados, en comparación con su población, que cualquier otro país del mundo.

En cuanto a las características de los Estados, en el año 2015 el 86% de los refugiados bajo el mandato del ACNUR se encontraba en países de ingresos medios y bajos, próximos a las situaciones de conflicto. En este sentido, la situación geográfica y étnica/religiosa se tornan variables fundamentales al momento del pedido de asilo.
Le siguen en importancia los niveles de desarrollo de los países de acogida; aquellos que estarían más preparados para recibir a los refugiados, sobre todo dado el contexto previo del migrante con escaso o nulo capital financiero -. Para citar algunos ejemplos, Alemania recibió 490.000 pedidos de asilo durante el año 2015, seguido por los Estados Unidos de Norteamérica, con 172.000. Es de resaltar el caso de Suecia en tercer lugar (154.000 requerimientos), que a pesar de su impronta legislativa en pos de los derechos humanos, su demografía es ostensiblemente menor que los mencionados previamente, lo cual genera un impacto socioeconómico y cultural inversamente creciente.

La situación en nuestro país

La República Argentina es un Estado signatario del Estatuto Internacional de los Refugiados acordado en la Convención del año 1951, y su respectivo Protocolo del año 1967. El marco legal nacional que se ocupa de los refugiados ha sido establecido en la ley de refugiados 26.165, aprobada en el año 2006. Esta ley puso en marcha a la Comisión Nacional de Refugiados (CONARE), encargada de decidir sobre las solicitudes de asilo y encontrar soluciones duraderas para los refugiados.

Se estima que hoy son cerca de 3.200 el número total de refugiados en la República Argentina; un número ínfimo en relación a los principales países receptores en la arena global. En el último quinquenio, la siria fue la primera en el ranking de nacionalidades que recibieron el estatus de refugiados, seguida por la colombiana, la ghanesa, la ucraniana, la haitiana y la cubana.

El porqué de números tan bajos tiene su razón: un nivel medio de desarrollo y una lejanía geográfica del lugar de origen. Por el contrario, las razones por las que eligen nuestro país son variadas. Un ejemplo claro es el caso de los refugiados africanos, quienes suelen escoger la República Argentina debido a que ofrece leyes migratorias flexibles, legislación específica para los asilados, ciertas posibilidades económicas, ausencia de conflictos bélicos y lejanía con respecto al lugar donde se han escapado perseguidos por su raza, religión o pertenencia a determinado grupo social.

En casi su totalidad llegan al país en la mayor edad productiva (de los 18 a los 40 años), donde la mayoría encuentra su forma de subsistencia en la venta ambulante – que no las fabrican, sino que las compran – y el sector informal en relación de dependencia – en las cocinas de los restaurantes, por ejemplo -; ingresos que les permitan enviarles dinero a sus familiares y en un mediano/largo plazo, volver a su tierra natal.

Sin embargo, el número ínfimo de refugiados (representa menos del 0,05% del total de población), no representa ningún tipo de efectos de tinte macroeconómico. A nivel microeconómico, mucho depende de sus lazos previos en el país – ya que por su situación no suelen traer consigo capital económico para generarse un emprendimiento propio, por lo que suelen recurrir a sus familias o grupos étnicos de pertenencia – y la capacidad de hablar el Castellano y el Inglés (por ejemplo los refugiados sirios solían pertenecer a la clase media-alta de su país y poseen cierta calificación y conocimiento técnico), sobre todo en cuanto a la posibilidad de conseguir un empleo en relación de dependencia.

El resto deberá transcurrir las vicisitudes – y problemáticas – socioeconómicas que enfrenta diariamente cualquier nativo; potenciadas en ciclos económicos adversos y cuando los refugiados provienen de etnias con amplias diferencias socio-culturales/raciales y de países con bajos niveles de desarrollo. El escenario más benigno se encuentra en las áreas de la educación y la salud física y mental – es fundamental para la contención psicosocial luego de pasar por situaciones traumáticas – ya que tienen cierto nivel de calidad y son gratuitas. Por el contrario, quedan pendientes los temas relacionados al mercado y al crédito, como es principalmente el acceso al empleo digno (por ejemplo se les dificulta la revalidación en Castellano a los que tienen un título terciario o universitario) y la vivienda (no pueden acceder a los programas nacionales).

Finalmente, cabe destacar que los refugiados en Argentina tienen el derecho de acceder a los mismos servicios públicos que gozan los extranjeros con residencia legal en el país sin el estatus de refugiado. En este sentido, Argentina tiene alrededor de 2 millones de inmigrantes (bolivianos y paraguayos concentran casi el 50% del total, seguidos por chilenos, peruanos y uruguayos que aportan otro 30%) lo que representa un 4% del total de la población. Ello también indica que menos del 0,5% de todos los residentes extranjeros en el país tiene condición de refugiado. Por lo tanto, no solo el número también es marginal, sino que obstaculiza cualquier tipo de evaluación sobre el estatus de cada inmigrante para la ciudadanía en general, así como también evita cualquier atisbo de diferenciación socio-económica y productiva entre los mismos.

En definitiva, dada la falta de impacto real sobre los ejes sociales, culturales y económicos, el debate se centra en el escenario mediático con el objetivo de canalizar cierto rédito político con los refugiados como ‘chivos expiatorios’, a través de la explotación de las problemáticas diarias ciudadanas (nacionalismo, inseguridad, recesión económica).

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