Política Económica hacia las Islas Malvinas

Por Pablo Kornblum

La situación del RUGBIN

Para comenzar, es importante analizar el contexto económico británico. Mientras la macroeconomía del RUGBIN va a cumplir ya casi una década entre lo que se podría denominar mala performance/recesión/crisis (crecimiento de solo el 1% del PBI en promedio), luego de la salida de la Unión Europea se pronosticaría una mayor inestabilidad de corto plazo (ver informe económico del Brexit del 20-06-2016).

En este sentido, la preocupación por el desempeño de la economía real, el  desempleo y la baja en el Gasto Social conlleva a que una porción importante de la ciudadanía focalice con mayor énfasis ciertas prioridades coyunturales de su microeconomía, oponiéndose a que ‘sus impuestos’ se dirijan hacia temas que pueden ser considerados secundarios o terciarios. Todo ello a pesar de que el análisis económico racional indica que el impacto es mínimo. Mientras el presupuesto del Ministerio de Defensa Británico para el período 2014/2015 (año fiscal) fue de 35.800 millones de Libras Esterlinas, para las ISLAS MALVINAS el monto destinado fue de 64 millones de Libras Esterlinas, un marginal 0,17% del total de la cartera.

Sin embargo, las divergencias políticas, las sensaciones generadas por los medios de comunicación, junto con la racionalidad neoliberal que prima en los gobernantes, conlleva a que la disminución de costos también se quiera capitalizar políticamente y se torne un eje central en las decisiones de tinte geopolítico y geoeconómico. Por lo tanto, a cualquier costo y bajo cualquier sistema o modelo de vida, la auto-sustentabilidad se ha convertido en el objetivo principal de los Territorios Británicos de Ultramar.

Para citar un ejemplo, la Isla de Tristán de Acuña posee un sistema económico comunista donde sus alrededor de 300 habitantes comparten la producción agrícola y ictícola. En la Isla Ascensión, por su parte, no permiten la compra de viviendas ni otorgan jubilación alguna; el objetivo es evitar cualquier tipo de arraigamiento – la tendencia demográfica ha sido decreciente en las últimas 3 décadas – y utilizar la mano de obra activa para sustentar económicamente, directa e indirectamente, el sistema de defensa y comunicaciones que tiene instalado el RUGBIN.

En el caso de la Isla de Santa Helena, la mayoría de sus habitantes trabajan en el sector público, lo que en una economía de un poco más de 4000 habitantes ha generado un déficit fiscal creciente solventado casi íntegramente por la Corona Británica. Para eliminar esta erogación del presupuesto, el RUGBIN decidió construir un aeropuerto en la Isla  – previamente la conexión con el mundo era marítima -, para que se generen economías directas (construcción, logística) e indirectas (turismo), que logren el equilibrio económico y financiero.

En cuanto a Islas Malvinas, el inconveniente político que genera el sostenimiento de las mismas ya ha sido superado hace más de 3 décadas: los isleños han alcanzado la auto-sustentabilidad con las Licencias Pesqueras otorgadas a mediados de la década de 1980’, alcanzando una riqueza per cápita para sus habitantes de las más altas del mundo. Una sociedad con altos niveles de desarrollo, sumado a una importante consideración geoeconómica y geopolítica derivada de su ubicación en el Atlántico Sur y su proyección Antártica. Lejos se encuentra entonces de ser un Territorio complicado en términos económicos, sociales o productivos para el RUGBIN.

La relación con los isleños

Aunque la autodeterminación requerida por los malvinenses es un hecho innegociable para la República Argentina, unas relaciones institucionales y económicas que les garanticen una calidad de vida similar a la actual podría ser determinante para – al menos – no contar con una oposición férrea de los mismos. Un punto que podría positivo, si bien lejos de ser clave, a la hora de la negociación entre la Argentina y el RUGBIN.

Los Isleños y sus descendientes podrían gozar ininterrumpidamente de su forma de vida, con una administración económica combinada entre el RUGBIN y la Argentina. Los malvinenses estarían representados por consejeros locales que podrán opinar sobre los desarrollos económicos, sociales, productivos y científicos que permitan realizar las mejoras microeconómicas del día a día de la comunidad.

En este sentido, la relación ‘ganar – ganar’ entre la Argentina y los malvinenses es válida. El no ceder atributo alguno de autodeterminación no implica generar políticas que les quiten derechos y garantías; por el contrario, podría ser una nación dentro del propio Estado Argentino; respetando sus costumbres, idioma e intereses individuales y para con el bienestar de la comunidad.

Bajo la lógica descripta, los isleños también podrían realizar actividades comerciales, financieras y civiles en la Argentina, tener acceso a la salud y a la educación sin más requisito que presentar el documento que estuviera vigente en las Islas Malvinas. Un status jurídico descentralizado que les permita ejercer la potestad en materia de seguridad, justicia, y educación, entre otras variables esenciales; inclusive se les podría otorgar la posibilidad de elegir representantes para el Congreso argentino. A discutir con el RUGBIN se encontrarían las incumbencias en materia de política exterior, defensa y justicia federal.

En cuanto a su participación económica con el Estado Argentino, los malvinenses podrían mantener su economía autosustentable tal cual hoy en día, sin contribuir ni recibir coparticipación alguna. La excepcional situación microeconómica parece ser el bien más preciado de los Isleños, por lo que hay que brindarle seguridad de que todo continuara en un largo plazo coherente. Las industrias de la Pesca, el Turismo y el potencial negocio hidrocarburífero, deberían mantenerse bajo el statu-quo actual.

La posición Argentina

Dado este escenario adverso para la República Argentina, la creatividad para explotar los costos socio-económicos y productivos británicos se torna fundamental. En este sentido, se las facilitaría todo el beneficio geográfico y jurídico que al día de hoy es adverso para la Corona si se logra un acuerdo entre ambos Estados.

Eliminando el Gasto en Defensa, y disminuyendo los Costos Logísticos – sustanciales en la explotación off-shore bajo esta geografía – , técnicos – bienes de capital, insumos – y jurídicos – producción, financiamiento – para la explotación hidrocarburífera y marítima en general, se reducirían a un nivel mínimo las tensiones políticas y se incrementarían exponencialmente los potenciales beneficios económicos de corto y mediano plazo.

Como complemento, se puede proponer una lógica económica de integración, que deje de lado las diferencias jurídicas y políticas. Con la mente en la lógica del libre comercio – donde la ubicación geográfica se torna fundamental para nuestro país -, las economías de escala, los complementos productivos (todos los actores operando sin restricciones) y la investigación científica en los espacios marítimos (proyectos en términos de biodiversidad, prospectiva geológica, etc.), potenciarían los beneficios para tanto para la Argentina y como para el RUGBIN.

Mientras se avanza en los acuerdos que alcancen beneficios compartidos, se debe continuar trabajando activamente para generar un escenario de mayor presión que permita avanzar sobre el objetivo de recuperación de las Islas. Apuntalar y acercarse a aquellas ONG que persiguen una agenda científica positiva, la generación de programas tecnológicos marítimos y satelitales que permitan un mayor nivel de análisis, demostrar el potencial de Vaca Muerta y comenzar con el análisis sobre los desarrollos off-shore en la plataforma continental argentina, y continuar con la coerción jurídica sobre todo el proceso de abastecimiento de las Islas Malvinas – especialmente con la logística sobre la industria petrolera y gasífera -, son las principales medidas a tomar por el Estado Argentino en el corto plazo.

Este último punto merece un capítulo aparte. La realidad es que la exploración de las Cuencas circundantes a las Islas Malvinas ha dado magros resultados positivos, con un valor monetario potencialmente importante para los pocos habitantes de las Islas Malvinas, siempre y cuando se genere cierta viabilidad a través de un incremento de los precios del petróleo en el corto y mediano plazo.

Sin embargo, para el contexto internacional las cantidades de hidrocarburos que se podrían producir son ínfimas (reservas que no llegarían ni al 1% del total global). Por ahora las expectativas generadas han sido una ilusión: la producción, que iba a comenzar hace más de un quinquenio según las proyecciones de los propios inversionistas y el Gobierno de las Islas Malvinas, es nula. Solo ha habido inversiones de empresas menores (la mayoría británicas), apalancadas bajo una lógica que parecería tener más de tinte geopolítico, financiero y mediático, que de racionalidad productiva.

Por lo tanto, la República Argentina podría mostrarle al mundo la realidad, y contraponerlo con los mayores recursos que puede poseer nuestro país, atrayendo a los grandes jugadores del sector a nivel global y dejando huérfanos a los isleños si el RUGBIN no desea realizar un trabajo conjunto de cooperación productiva. La racionalidad se encuentra del lado Argentino. Un sistema económico de acceso libre y trabajo conjunto, con una justa división internacional del trabajo, permitiría llegar al beneficio y crecimiento económico de todos los actores.

Este rol activo en términos económicos permitiría a la Republica Argentina avanzar sobre el resto de las variables geopolíticas. A pesar de que este contexto genere una presión y posicionamiento económico creciente que derive en condiciones más propicias – y de alguna manera ‘obligue’ al RUGBIN a sentarse a la mesa de negociaciones -, la falta de poder militar de respaldo complica la posibilidad de plantear algún tipo de escenario de arrendamiento con posesión Argentina a futuro.

Sin embargo, si se sostiene que la cooperación e integración de los procesos productivos permitirían generar beneficios económicos mutuos a través de la explotación de los recursos naturales en conjunción con el desarrollo de los procesos científicos – ligados especialmente a la generación de riqueza a través de nuevas patentes en bioprospectiva -, mientras que se negocian consensos sobre la distribución de la riqueza a explotar en el corto y mediano plazo (cediendo mayoritariamente la explotación de los recursos de las islas y sus adyacencias para con las exigencias británicas), y se demuestra con firmeza que la geografía, los recursos, la tenacidad proactiva y la capacidad de la Republica Argentina son determinantes, nuestro país podría fortalecer su posición para recuperar las islas de cara a futuro.

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