Sectores Clave del Océano en Argentina

Por Pablo Kornblum

Los 3 sectores que se evalúan en el mediano/largo que tienen mayor potencial económico, generación de empleo y divisas, son el Hidrocarburífero, la Acuicultura y la Energía Oceánica.

Ello se debe a que el resto de los sectores ya han sido en parte desarrollados por el sector privado, dada especialmente la facilidad de implementación – con fuerte vínculos terrestres – y rentabilidad. Los desarrollos que se expondrán requieren mayores economías de escala con una gran inversión de corto plazo para un eje marítimo complejo. De aquí la importancia del rol del Estado.

A continuación se describe brevemente el escenario situacional de estas áreas:

HIDROCARBUROS

Las cuencas marinas de Argentina tienen un área de 1.227.568 km2 y prácticamente la tercera parte se encuentra a menos de los 200 metros de profundidad del Mar Argentino. Argentina cuenta con 11 cuencas que han sido exploradas en mayor o menor medida en diferentes momentos históricos y con resultados diversos. En la actualidad, prácticamente todas las cuencas marinas de hidrocarburos se encuentran improductivas, con excepción de la Cuenca Austral, principalmente gasífera (al producir su offshore el 15% del gas natural del país). También se ha puesto foco en la Cuenca del Golfo San Jorge, aunque los resultados no han sido positivos en términos de potencial rentabilidad.

Según el Sistema de Información Geográfica de la Secretaría de Energía, al presente se han tendido líneas sísmicas 2D en las cuencas marinas Austral, San Jorge, Malvinas y Colorado.

La realidad es que la mayor parte de las Cuencas Marinas de Argentina se encuentran sin explorar bajo sistemas de registración sísmica capaces de localizar con precisión media o alta potenciales yacimientos de petróleo y gas natural. La instrumentación de mejores líneas y mallas en dos dimensiones como la adquisición de estudios prospectivos en tres dimensiones supondría de por sí un primer gran impulso para la actividad offshore nacional.

En este sentido, las exploraciones 3D han sido escasas por su costo (10 mil dólares el Kilometro Cuadrado aprox., dependiendo del precio coyuntural del commodity). Sólo una campaña de sísmica 3D de las principales cuencas tendría un costo que oscila entre los 1.000 y 3.000 millones de dólares. Por lo tanto, la posibilidad de que el servicio pueda realizarse con compañías nacionales supondría no solo un importante ahorro de divisas, sino también un estimulo para el desarrollo de proveedores locales de estos servicios y tecnología.

A partir del “Plan Exploratorio Argentina”, YPF se ha propuesto iniciar la exploración de la Cuenca del Colorado y del margen norte de la Plataforma Continental Argentina y relanzar la exploración en las cuencas Austral y Malvinas Occidental, estimando recursos costa afuera por 688 MBOES. Estos números no serian diferenciadores para generar un cambio de paradigma a nivel internacional; sin embargo, las potencialidades sin explorar en un escenario de máxima podrían generar un salto económico cuantitativo superador para las arcas de nuestro país.
Sin embargo, siempre cabe recalcar que una vez realizados los estudios de sísmica, la probabilidad de encontrar hidrocarburos en el prospecto offshore es aproximadamente del 15%. Para que este número pueda verificarse a posteriori, será necesario hacer una cantidad de pozos posiblemente en el orden de varias decenas para poder encontrarlo. En definitiva, la inversión necesaria es significativa y se ha verificado incluso en los casos exitosos – como el de Presal en Brasil – que se requieren muchos intentos para garantizar el éxito. Por lo tanto, más allá de la Cuenca Austral, la única con producción al presente, la exploración offshore se vuelve de frontera y alto riesgo.

Por el contrario, el factor de riesgo podría cubrirse – al menos parcialmente -, por las economías indirectas que podría generar el desarrollo de una industria nacional de alta tecnología y valor agregado, proveedora de servicios de exploración, desarrollo, producción y explotación de estos recursos off-shore. Para citar un ejemplo, los pozos offshore de alta profundidad – desde más de 500 metros – requieren de servicios productivos y logísticos de alta complejidad para su producción, ya sea a través de buques especializados como de embarcaciones de transporte, helicópteros de traslado y un conjunto de medidas de salvaguarda ambiental que hacen de la producción offshore una cadena de valor de servicios complejos, con necesidad de recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera.

En cuanto a las inversiones necesarias, el costo operativo diario de un pozo offshore en aguas profundas a 1.500 metros de profundidad es aproximadamente 1 millón de dólares, descomponiéndose una mitad en equipamiento y la otra en salarios y logística. Para que este pozo sea rentable debería producir 9 mil barriles por día (22 mil con los precios actuales) y no menos de 5 mil para que se cubra solamente la inversión en infraestructura (4 mil adicionales para cubrir el costo de operación). Se debe tener en cuenta que un pozo del Presal brasileño a 2 mil metros de profundidad produce 40 mil barriles diarios.

Finalmente, los escenarios de reservas y de explotación de los hidrocarburos parten de considerar un período de explotación de 30 años con un esquema de explotación bajo en los primeros años y alto en los años de juventud y madurez de los pozos. Los estudios de la Secretaria de Energía e YPF indicaron que podría haber entre 4 mil y 32 mil millones de barriles potenciales, aunque la realidad conservadora (los 688 millones previamente mencionados) sobrepasa cualquier tipo de predicción.

Pero con un ingente proceso inversor que potencie el rol del Estado y sus derivaciones en el sector privado, que incluya criterios sólidos para la asignación de bloques de exploración, el favorecer el desarrollo de estudios de sísmica 3D, incentivar el involucramiento de proveedores nacionales para la industria del petróleo y gas, realizar un seguimiento de la evolución y perspectiva de precios del petróleo y gas de mediano plazo, sostener el rol de YPF en la exploración offshore y alcanzar la sustentabilidad ambiental de la industria, en los próximos 30 años Argentina podría generar hidrocarburos por un valor que va desde los 108 mil millones de dólares a los 7,5 billones de dólares.
ENERGÍA OCEÁNICA

El potencial de desarrollo de proyectos de inversión en energía marina – especialmente mareomotriz – surgida de las corrientes de mareas (pleamar y bajamar) -, y la energía undimotriz – vinculada al oleaje superficial -, podrá contribuir al sistema eléctrico nacional y la creación de eslabonamientos hacia atrás y adelante al interior de su cadena de valor. Además podrían surgir ahorros en una primera etapa de una disminución en la importación de gas y luego petróleo.

Para el corto plazo, el objetivo podría ser el abastecimiento por medio de la energía oceánica en clave regional y dirigida a establecimientos específicos: auto suministro eléctrico, producciones pequeñas, actividades económicas locales (por ejemplo, maricultura). A largo plazo, contando ya con un propicio know-how, debería entonces abocarse sí a la incorporación de la energía marina a la red eléctrica nacional a través del concreción de proyectos de mayor envergadura.

A priori podría aportar desde 10.000 MW hasta un potencial de máxima de 40.000 MW. Si consideráramos la estimación intermedia de 20.000 MW, esta potencia prácticamente duplica la del sistema hidroeléctrico nacional (11.108 MW) en la actualidad (CNEA, agosto de 2015), es más de seis veces la presentada por la Represa de Yacyretá (3.100 MW), y veintinueve veces los 692 MW aportados por Atucha II.

Si turbinas que generen 20 KW (0,02 MW) por metro se instalaran sobre una costa marítima de cuatro mil kilómetros de longitud ofrecerían de potencia 80.000 MWh. Como las turbinas operan por el cambio del nivel del mar (la plataforma continental argentina posee ondas semidiurnas de marea: dos pleamar y dos bajamar), en funcionamiento 10% del día, en un año (876 horas) se crearían 70.080.000 MWh, más de la mitad de la generación bruta nacional de 2014 (135.737.600 MWh).

El principal desafío de generar energía eléctrica a partir de la energía marina es el alto costo del megavatio que presenta en relación a otras tecnologías, que se ubica en torno a los 9 mil dólares por KW.

La amplitud de marea se extiende, con variaciones en su envergadura pero sosteniendo el potencial a lo largo de la costa Patagónica. En particular, el Golfo de San Jorge y el Golfo de San José, en la provincia de Chubut, presentarían condiciones excepcionales para la instalación de turbinas hidráulicas en el istmo mencionado para el aprovechamiento de las energías de las mareas que son las de mayor continuidad.

La realización de estudios para la medición de mareas en lugares específicos para la instalación de turbinas y equipos aparece como un primer paso previo a la posibilidad de generar energía. En una primera etapa se podrían instalar alrededor de 20 boyas en zonas costeras en lugares considerados de mayor factibilidad previa para estudiar las mareas. Se estima que el costo unitario de estas boyas está en el orden de los 15 mil a 20 mil dólares, totalizando una inversión máxima de 400 mil dólares. Estas boyas podrían desarrollarse parcial o totalmente en Argentina.

Si bien las investigaciones que deben realizarse aún limitan las posibilidades de desarrollo inmediato de la energía mareomotriz, se estima que en un horizonte de dos años podrían tenerse relevados los principales sitios de instalación de turbinas y comenzar una posible generación. La mayor inversión se encuentra en la conectividad de la energía con la red eléctrica nacional. Debe considerarse que la distancia desde la costa hasta la red eléctrica en varias áreas de la Patagonia puede ser superior a varias decenas de kilómetros.

En el mientras tanto pequeñas centrales de prueba para los próximos años podrían suministrar energía para otros proyectos vinculados a distintas actividades marinas, tales como granjas “greenhouse”, para abastecer necesidades de sitios de acuicultura marina, poblaciones y ciudades costeras, etc.

Con investigaciones precisas y el testeo de prototipos de equipos que puedan desarrollarse con tecnología nacional, en el transcurso de una década la producción de energía de esta fuente podría alcanzar los 250 MW/hora, que al nivel de tecnología y consumo actual promedio de la población en Argentina, equivaldría a abastecer una ciudad de 200 mil habitantes, o el equivalente a cerca del 0,5% del consumo energético nacional.

Por otro lado, una estimación total de la máxima capacidad que podría tener la Costa Argentina para la generación de energía undimotriz – a partir del movimiento de las olas – parte de la generación de una relación, con la tecnología disponible, de 20KW/hora por metro de costa. Debe considerarse que el movimiento de las olas puede no alcanzar la velocidad necesaria para que la turbina genere energía, por lo que la estimación requiere considerar que el tiempo de generación podría no ser superior al 10% del tiempo total. Asimismo, la instalación de estos equipos debe estar en zonas cercanas a la costa, lo que supone una limitación para su explotación mar adentro.

El cálculo, teórico y de máxima con la tecnología actual disponible, llevado a la longitud de la costa atlántica Argentina sería el siguiente:

Cómo se observa a continuación, el potencial económico de la energía mareomotriz va desde los 450 millones de dólares en la próxima década a los 28 mil millones de dólares en el largo plazo. El desarrollo tecnológico futuro tendría un impacto considerable en la velocidad con la cual esta industria podría crecer, tanto las que permitan disminuir el costo de la generación como aquellas que reduzcan la inversión inicial.

Cabe destacar el ahorro de divisas generado por la energía mareomotriz al reemplazar la importación de petróleo y gas, permitiría que a futuro que estas se complementen, se desarrollen y alcancen saldos exportables (a través de Vaca Muerta, por ejemplo). Se considera una relación de conversión de 1 barril de petróleo equivalente = 1700 Kw.

La energía mareomotriz podría generar en la próxima década energía para más de 200 mil habitantes o para proyectos vinculados a las actividades oceánicas. En el largo plazo, y con los futuros desarrollos tecnológicos que disminuyan el costo de generación y de la inversión por megavatio de capacidad, el potencial de la tecnología es muy significativo tanto desde la actividad económica como también desde el potencial ahorro de divisas que generará.

Para ello se requiere un rol estratégico del Estado en tanto al relevamiento de las mareas, el testeo de equipos desarrollados para la generación de energía, la articulación de la producción con la demanda energética local y/o nacional, la creación de una logística y conectividad con la red del continente, y finalmente, la elaboración de un diagrama sistémico del sector.

ACUICULTURA MARINA

En la Costa Atlántica se identifican 19 sitios donde se desarrollan o se han desarrollado cultivos marinos. Son emprendimientos a nivel costero sobre todo de mejillones y vieiras en Rio Negro, Santa Cruz y Chubut, tanto de índole privado, mixto (con subsidios estatales) y a través de cooperativas. También se están desarrollando posibilidad de criar Mero Austral o Centolla. En principio, habría un amplio espectro de especies, valores y potencialidad de cría que varía según su dificultad y valor económico.

Sin embargo, la mayoría de los proyectos no cuenta con más de 15/20 empleados, son de muy baja escala comercial y productiva, y sin capacidad de exportación (el volumen de acuicultura generado a nivel nacional – en el orden de las 4 mil toneladas y que incluye la cría de especies de agua dulce – no se exporta).

Un punto a trabajar es el acceso restringido por vía terrestre y una escasa o nula disponibilidad de servicios, lo que dificulta la producción. Otro de los grandes desafíos de esta actividad es la captación de semillas juveniles. La colocación de colectores, es decir las estructuras para captar semillas, determina que la cantidad de semillas juveniles obtenidas sea adecuada para las actividades subsecuentes.

Se le adiciona además el obstáculo ante la escasa factibilidad de cultivar con mareas fuertes. Las mareas de Argentina no son las que tienen Brasil o Chile, lo que complejiza la tecnología de cultivo, particularmente en lo que es acuicultura costera.

Además, la tecnología de acuicultura con jaulas sencillas con armazón y bolsa no sería factible de ser utilizada. Por otro lado, la Argentina tiene costos de insumos (alimento balanceado) y de mano de obra elevados en comparación con otros países; ello dificulta el surgimiento de proyectos, en particular, aquellos de escaso volumen productivo.Todos estos factores aún no parecen haber sido superados por los principales productores.

Por el contrario, el verdadero potencial de la Argentina está en la acuicultura offshore con especies como el Salmón Atlántico. El desarrollo de la acuicultura multitrófica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) – práctica que permite utilizar los residuos de una especie en fertilizante para el desarrollo de otras en el ámbito de una misma “jaula” o “granja marina” – presenta un potencial muy grande debido a que disminuye los costos de transporte y de los insumos para la producción. En este sentido, Argentina lidera el ranking de países con más superficie para la IMTA de Salmón Atlántico y Mejillones, con casi 6.000 kilómetros cuadrados de extensión.

Sin embargo, el horizonte temporal para alcanzar la explotación comercial debe considerar la necesidad de invertir en infraestructura para dar respuesta a las demandas de la actividad, el desarrollo de emprendimientos offshore y las condiciones que permitan garantizar la rentabilidad de estas iniciativas.

El potencial para los próximos años podría alcanzar hacia 2025 un valor progresivo cercano al 1% de la superficie con condiciones productivas para la IMTA (58 km2) y la comercialización iniciando a partir del quinto año de la década (2020).

Estimando que durante los primeros cinco años sería necesario desarrollar infraestructura portuaria, servicios logísticos e inversiones para la puesta en marcha de emprendimientos piloto – lo que considera sólo 5 años de operaciones y una explotación inicial del 0,1% de la superficie potencial desde 2020 – el escenario para el período 2015-2025 se resume en la siguiente tabla.

Una vez alcanzado este volumen de producción, podrían trazarse escenarios de mayor cobertura en términos de superficie, incorporando la acuicultura marina no multitrófica con eje en la tercera década de este siglo. Los escenarios – Bajo, Medio y Alto – refieren a la posibilidad de desarrollar la acuicultura en el 1% (bajo), 5%(medio) y 10% (alto) de la superficie potencial identificada, incorporando además la superficie no apta para multitrófica. En el caso del Mejillón, se estimaron también los valores potenciales de generación de ingresos sobre aguas óptimas de superficie, temperatura y corrientes, y aguas sub-óptimas.

En definitiva, el potencial económico de la acuicultura marina va desde el 12% a más del 100% del PBI Argentina de 2014 basado fuertemente en desarrollos offshore. Si bien requiere la inversión en infraestructura y el testeo de cultivos piloto, la actividad podría tener lugar en un horizonte de tiempo no muy lejano, un trascendente impacto sobre el PBI, el empleo y la generación de divisas.

Para ello se requiere trabajar sobre la generación de información apropiada de áreas factibles de explotación y recursos disponibles, analizar los segmentos y nichos de mercado de las especies disponibles, lograr el funcionamiento de un marco normativo acorde para el estímulo a la inversión, generar el acceso a tecnología para el desarrollo de granjas marinas, concatenar de manera apropiada la logística productiva y, como corolario de un novedoso proceso superador, elaborar un proyecto productivo modelo representativo del sector.

CONCLUSIONES

El Estado debe ocupar el lugar que no lo hace el mercado, ya sea por cuestiones de complejidad, rentabilidad, conveniencia en otros sectores, o una combinación de todos ellos. La energía oceánica, la producción hidrocarburífera offshore y la acuicultura marina se encuentran en estos casos.

Ello no implica que el Estado no reciba sus beneficios. Un importante ahorro de divisas, el estimulo para el desarrollo de proveedores locales, una cadena de valor de servicios complejos, recursos humanos altamente calificados y acceso a tecnología de frontera generan amplios beneficios para el empleo y el mercado interno. La complementación entre el sector público y privado, el rol de las cooperativas, y la posibilidad de combinar los éxitos en las industrias (complementando y potenciando el sector hidrocarburífero y la energía proveniente del mar/océano), también son ejes superadores que le brindarían al país un salto cuantitativo y cualitativo.

Como contraparte, los beneficios son potenciales, bajo un alto nivel de incertidumbre/riesgo en términos de objetivos e intereses que se alcanzarán. En este sentido, la probabilidad de éxito en los procesos a veces no supera el 20%, y el tiempo de espera de retorno económico supera décadas, lo que implica la necesidad de mantener políticas de Estado que sobrepasen los gobiernos de turno. Las inversiones (sobre todo en términos de infraestructura) son fundamentales pero altamente costosas en términos de las erogaciones fiscales, con los costos políticos y sociales que pudieran generar.

En definitiva, la potencialidad a futuro, derivada del punto de inflexión que implica empezar desde la nada, conlleva a que se necesiten ingentes cantidades de dinero – con su dificultosa asignación prioritaria -, una decisión política de desarrollar verdaderamente la economía del mar argentino más allá de la coyuntura, y un necesario y solido trabajo técnico cohesionado entre todos los Organismos del Estado y su complemento con el resto de los actores interesados para que el Océano y los Mares sean una fuente de recursos sustentable para la economía argentina del futuro.

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