Situación económica de Venezuela

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56388091/n-5-noviembre-2016

• La inflación (en torno al 500% anual) y escasez (principalmente de alimentos y medicinas básicas), continúan con su tendencia creciente. La emisión monetaria sin respaldo no se ha frenado, por lo que la demanda desesperada de los pocos bienes – mayoritariamente de primera necesidad – que se pueden adquirir, retroalimenta el círculo vicioso.

• El Gasto Público/Social (pasó de ser el 25% del PBI a principios de los años 2000 a ser casi la mitad del PBI en 2014), incluido frecuentes incrementos salariales, se han convertido en parches recurrentes de corto plazo que potencian el proceso inflacionario. También el déficit fiscal, acompañado por una caída del PBI de alrededor de 8%, continuaría su brecha creciente.

• Las expectativas no eran tan negativas como la situación en sí. A continuación se observan los pronósticos del FMI, un Organismo alejado ideológicamente de las políticas venezolanas, tenía a principios de año expectativas ‘menos negativas’ de lo que efectivamente luego ocurrió (como una inflación que largamente excedió el 200% anual).

• La expropiación de empresas no ha logrado revertir las capacidades productivas. Mismo PdVSA ha incrementado sus costos operativos, reduciendo una rentabilidad necesaria para pagar una creciente cantidad de programas sociales. En el gráfico a continuación se observa claramente la pendiente negativa en términos de exportaciones de crudo venezolano.

• El control y las nacionalizaciones han sido contraproducentes al crear un ambiente de inversiones negativo para aquellos que no se encuentren aliados al gobierno; sin ir más lejos, en el año 2015 el gobierno, mediante una reforma a la Ley de Precios Justos, estableció explícitamente un margen máximo de ganancias de 30% para los productores y 20% para los importadores. En el mimo sentido, en términos de infraestructura, la falta de inversiones ha causado una crisis de abastecimiento de los servicios públicos esenciales (sobre todo la carencia de agua y electricidad).

• El tipo de cambo es otro aspecto que estimula la especulación y el incremento de precios. Sobre todo porque cada vez son menos la cantidad de bienes importados a dólar protegido (Dipro, que incluye a la bienes esenciales como medicamentos, alimentos, insumos básicos), con la discursiva de la necesidad imperiosa de administrar y asignar las divisas a un tipo de cambio fijado por el gobierno (entre 10 y 15 Bolívares por Dólar). Otros bienes y sobre todo servicios se importan a dólar Dicom (pago de tarjetas de crédito, viajes al exterior, insumos y bienes de capital para empresas), a un valor aproximado a los 600 Bolívares por Dólar. Todo ello en medio de un férreo control de precios. El dólar paralelo, por su parte, se sitúa por encima de 1.000 Bolívares.

• Las distorsiones generadas por la descripta gran diferencia entre los diferentes tipos de precio del dólar, conllevan a la quiebra de buena parte del aparato productivo a través de la falta de insumos (las importaciones han caído un 40% el último año), la escasez de financiamiento lógico, y la incertidumbre en la cadena de valor (las empresas venezolanas se encuentran operando en alrededor del 35% de su capacidad), entre otros.

• Cabe destacar que PdVSA se encuentra obligada a vender sus ingresos externos al Banco Central de manera exclusiva (unos 115 mil millones de dólares durante el período 2005-2013). El inconveniente que surge es que los precios del petróleo no se han recuperado de su pico en torno a los 120 dólares el barril del año 2008, con expectativas de mantenerse en torno a los 50 dólares en el corto plazo (sobre todo ante la desaceleración china, el estancamiento europeo, y los replanteos financieros/comerciales a nivel internacional).

• No se han observado señales que demuestren la voluntad de un cambio productivo real; más bien se busca afianzar el proceso de acumulación basado en la redistribución de la renta petrolera y otros recursos naturales (como los mineros). Sin embargo, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Jesús Farías, subrayó el mes pasado que ante la baja de los precios del petróleo, Venezuela está obligada a ir hacia un nuevo modelo económico productivo para la diversificación del ingreso en divisas.

• Los acreedores, chinos y otros aliados ideológicos/técnico-pragmáticos demandan a Venezuela una política económica que, corrigiendo distorsiones como las del tipo de cambio, permitan principalmente mantener la capacidad de crédito del país y se garantice, sobre todo, la tasa de retorno de los préstamos otorgados (para el sector de hidrocarburos y otros) y por otorgar. Con otros socios económicos pragmáticos clave, principalmente los Estados Unidos, la caída del intercambio es drástica: mientras que en el año 2012 Venezuela le exportaba a los Estados Unidos un monto cercano a los 38 mil millones de dólares, en el año 2015 ese número descendió a 23 mil millones de dólares.

• Petrocaribe, el bastión de la diplomacia que ofrecía petróleo venezolano subsidiado y crédito a bajo costo para las naciones de la región (de gran relevancia económica y sobre todo financiera para Estados pequeños y con bajos niveles de desarrollo), se encuentra en franco declive. Varios países centroamericanos dependientes (como Republica Dominicana, Nicaragua, mismo Cuba, etc.), ya están buscando alternativas en otros países productores de hidrocarburos.

• Con la salida de los anteriores gobiernos aliados de Argentina y Brasil, sumado a la inestabilidad política venezolana, se caen una diversidad de acuerdos financieros, comerciales y productivos entre Venezuela y el resto de sus socios del Mercosur. Ello se ha visto reflejado en los desentendimientos diplomáticos de la Unión Aduanera que se han generado en los últimos meses, lo que ha generado aún más incertidumbre en el mediano plazo.

• Las restricciones crediticias que afronta el Gobierno de Venezuela se intensificaron incluso después de los desesperados canjes de deuda realizados por la petrolera estatal PdVSA y el gobierno venezolano, lo que implica restricciones financieras externas significativas y crecientes. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha insistido en que su Gobierno cumplirá con todos los pagos de deuda.
• Hasta el momento, Venezuela ha pagado todos los vencimientos de deuda externa, pero sus reservas se encuentran cercanas a un piso histórico de 10.000 millones de dólares, a la vez que se acercan los vencimientos de capital e intereses de corto plazo. Aunque Venezuela evitaría un default el corriente año 2016, no tendría margen de maniobra en el mediano plazo (con inconvenientes crecientes hacia finales de 2017 o principios de 2018, donde se tienen vencimientos combinados de capital e intereses por US$15.000 millones).

• El crecimiento de la pobreza (se calcula que con la inflación actual el 65% de los venezolanos se encuentra en esta situación) no solo genera mayores tensiones sociales, sino que además tiene un profundo impacto en términos de gasto social creciente y baja productividad ciudadana en el mediano y largo plazo. El presidente Maduro anunció que el 70% del presupuesto nacional para el año 2017 estará dirigido a la inversión social, sobre todo en términos de proyectos socio-económicos (educación, vivienda y salud principalmente). Pero dado el escenario macro y microeconómico expuesto, sería solo un paliativo insuficiente.

Apreciaciones:
• Dada la coyuntura actual, ya es tarde para cualquier cambio productivo necesario de mediano y largo plazo, tanto para generar mayores eficiencias/eficacias en PdVSA, como para el desarrollo de las industrias sustitutivas de importaciones, sobre todo de bienes de primera necesidad.
• Se necesita un cambio de expectativas que revitalice el aparato productivo y sobre todo el flujo de liquidez que estabilice la macroeconomía para que el gobierno se sostenga política y socialmente. La problemática se centra en que un cambio estructural del aparto productivo se suele llevar a cabo en escenarios de bonanza para tener capacidad de accionar; contexto alejado de la realidad actual.
• Según la retórica gubernamental, la “Guerra Económica” librada por empresarios y comerciantes, está detrás de las prácticas especulativas y la formación de precios que derivan en altos niveles de escasez e inflación. Sin embargo, la retorica ideológica se encuentra enmarcada en los límites sistémicos del capitalismo; que el gobierno claramente solo está dispuesto a jugar a través de un ‘capitalismo de amigos’ que tampoco dará las respuestas apropiadas.
• El escenario negativo se potencia con el endeudamiento externo creciente para pagar deuda, gasto corriente e insumos básicos. Los canjes de deuda solo dilatan más los tiempos económicos, que contradictoriamente son tiempos que el nivel político no tiene. Los acreedores saben que Venezuela continuará pagando hasta que no tenga más dinero. Pero el escenario no es sostenible más allá del corto plazo.
• La Argentina, a pesar de su lógica aperturista actual, debería esperar un escenario político más estable para avanzar en cualquier tipo de nuevos acuerdos económicos beneficiosos. La globalización permite avanzar en todos los mercados; sin embargo, los permanentes reacomodamientos económicos y financieros a nivel global deben comprenderse cabalmente para evitar inmiscuirse en escenarios problemáticos que generen fuertes perjuicios de corto plazo.

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