La economía del Crimen Organizado

Por  Pablo Kornblum, Publicado en Mundo Plural, Abril 2017.

https://www.yumpu.com/es/document/view/58182357/mundo-plural-numero-8

La reestructuración de la economía, el comercio y las finanzas en un mundo dominado por el neoliberalismo ha desarrollado con fuerza la globalización del crimen organizado en las últimas décadas. Mientras los sistemas estatales de control y regulación se desmoronan bajo el peso de crisis financieras recurrentes y demandas crecientes de la economía real, el crimen organizado comienza a jugar un papel dominante en la vida de los Estados: las estimaciones más conservadoras de la OCDE y el FMI reconocen que los recursos económicos del crimen organizado superan el 5% del PBI mundial. No caben dudas que el crimen organizado se ha transformado en parte integrante del sistema económico internacional, con trascendentales consecuencias sociales, económicas y geopolíticas.
Las ganancias y la influencia del crimen organizado son inmensas, en todos los países del mundo sin excepción. Las mismas son procedentes del tráfico de drogas, armas y materiales nucleares; así como también de servicios controlados por la mafia (prostitución, juego, cambios de moneda). Pero además tiene varias aristas para analizar. Por un lado, el crimen organizado es un perjuicio para el resto de la economía: ya sea por negocios legales que se dejan realizar por la falta de recursos genuinos, o los gastos que los Estados se ven obligados a realizar para luchar contra las mafias (policía, la Administración de justicia), que podrían ser redistribuidos a programas sociales, entre otros. Indirectamente, la violencia del crimen también implica un gasto extra en salud para las víctimas de un delito y sus familias. Ello sin tener en cuento además los nocivos efectos físicos y psíquicos que afectan la productividad y como consecuencia una importante pérdida económica para el Estado como un todo.
Sin embargo, más determinante aún son las magnitudes de las inversiones realizadas rutinariamente por organizaciones criminales en empresas comerciales legítimas; así como su control de los medios de producción en muchas áreas de la economía legal que conllevan a que sus capitales tengan un rol importante en términos macro y microeconómico. Su dinero suele depositarse en bancos comerciales que lo utilizan para ampliar sus préstamos a empresas (legales e ilegales), y también se canaliza hacia inversiones de consumo primario, insumos, bienes de capital, acciones y bonos gubernamentales. Por lo tanto, en lugar de solo proteger su campo tradicional, las organizaciones criminales en diferentes partes del mundo poseen fuerzas combinadas dirigidas hacia la ‘apertura de nuevos mercados’, tanto en la economía legal (inmuebles de lujo, espectáculos, editoriales, medios de prensa, y servicios financieros, entre otros) como en la ilegal (cooperando a su vez con grupos criminales de otros países).
Finalmente, para prosperar, al igual que las empresas legales, el crimen organizado requiere socios entre las elites políticas. Toda organización criminal busca neutralizar la represión estatal (policía y justicia) y captar los recursos económicos, tanto civiles como de los poderes públicos. Esto se traduce en que la relación entre mafia y Estado suele oscilar desde la cohabitación a la simbiosis: en muy raras ocasiones la relación entre el crimen organizado y la política se plantea en forma de confrontación. Para citar un ejemplo, las leyes que promueven la huida de capitales a paraísos fiscales offshore ayudan no sólo a personas y corporaciones a sacar recursos bien habidos, sino también permiten las mafias a movilizar más fácilmente sus activos líquidos. La privacidad, tecnología y falta de regulación que atraen a los criminales son las mismas que facilitan el flujo de dinero legal entre una empresa matriz y una subsidiaria que actúa como fachada.
Para concluir, para combatir el crimen organizado es necesario incrementar la cooperación entre los países en materia de transferencia de procedimientos e investigaciones, con leyes y políticas económicas y tributarias firmes. Este escenario obliga indefectiblemente a las naciones a mejorar sus capacidades técnicas y estructurales para enfrentar esta difícil y compleja lucha, donde los daños económicos causan tanto perjuicio como los políticos, físicos y sociales.

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