Relación Económica de Argentina e Israel

Pablo Kornblum para el sitio digital de Radio Jai Argentina

http://www.radiojai.com/rj/noticom.php?cod=MTQ2OTM3OA==

Cómo se encuentra hoy el vínculo económico entre Argentina e Israel?

El intercambio comercial se ubicó en torno a los 300 millones de dólares en los últimos años (superavitario para la Argentina en algo menos de 100 millones de dólares), un número poco significativo – 0,3% del total de nuestro país – y que no resulta diferenciador, mismo con otros países de la región de Medio Oriente.

Este contexto no ha podido ser revertido en la corriente década, a pesar del tratado de libre comercio firmado entre Israel y el Mercosur en el año 2010. En este sentido, la lógica progresista con tintes proteccionistas (con disputas y en oposición a los Estados Unidos, principal aliado de Israel), sumado a una serie de rispideces intra-Mercour, conllevaron a un escepticismo por parte de los inversionistas Israelíes; estos últimos continúan teniendo como prioridad los mercados maduros (Estados Unidos, Europa) y lo de alto potencial de desarrollo de corto plazo (Asia).

Por otro lado, para el Mercosur y Argentina en particular, los principales socios comerciales continúan siendo los regionales, Estados Unidos y la Unión Europea (economías ya conocidas), y China, con su demanda incesante de materias primas. En este aspecto, la falta de avidez (con un alto componente de riesgo) del empresariado nacional para adentrarse en otros nichos de mercado, sumado a la falta de apoyo gubernamental, han sido los principales escollos de Argentina durante las últimas décadas.

Entonces cómo se pueden profundizar las relaciones económicas entre ambos Estados?

Por un lado, Argentina continuará con una política económica exterior con ancla en el agro (dos tercios de la canasta exportadora de la Argentina son alimentos). Si entendemos además que Israel es un importador neto de estos bienes primarios, la Argentina podría incrementar la exportación a Israel de cereales, pescados, aceites y carnes (la cortes argentinos explican el 21,7% de las importaciones totales de carne de Israel) con políticas de Estado que ayuden a fortalecer la vinculación política – con lo que ello implica en términos de alianzas internacionales – y el entramado logístico/burocrático.

Como contraparte, Israel es un país con una impronta aperturista en torno de políticas de largo plazo. En este sentido, el complemento argentino para estas inversiones dependerá, por un lado, de la estabilidad institucional que pueda demostrar nuestro país en el mediano/largo plazo; mientras que por el otro, serán fundamentales los beneficios que puedan conllevar las ventas de tecnología en temáticas de interés para Argentina, ya sea en términos de seguridad para con la lucha contra el delito y el narcotráfico (ciberseguridad, protección de activos), como en relación a mejoras en la productividad agrícola (irrigación, bienes de capital), que, como se mencionó previamente, continuará siendo el principal bastión de la economía argentina.

Más aún, Israel está incrementando nuevamente sus inversiones en el exterior – en el año 2016 estuvo entre los 25 países con mayores montos emitidos, con un total de 12.500 millones de dólares -, por lo que la Argentina tendría la oportunidad de recibir más que los 100 millones de dólares promedio del último quinquenio (más del 80% en el sector agrícola). Si a ello le adicionamos el cambio de paradigma ideológico de nuestro país bajo la actual gestión, sumado al pragmatismo reinante en la arena internacional, podemos pensar en una mejora en los intercambios económicos en el corto plazo entre ambos Estados.

De qué trata su último libro, “La Sociedad Anestesiada. El Sistema económico global bajo la óptica ciudadana”? Como se podría relacionar el mismo con la relación bilateral entre Argentina e Israel?

Por un lado, el libro comienza describiendo el desarrollo del sistema económico global desde el nacimiento de la lógica mercantil. Se explicitan los diferentes actores (estatales y no estatales), los sectores económicos, las diferentes clases sociales, el rol del sistema financiero, la afectación del medio ambiente y la automatización de los procesos productivos. En el mismo además se muestran las pujas de intereses, el rol de los medios de comunicación y la forma de ejercitar el poder; ello permite dilucidar como el ciudadano, ya sea tanto a nivel individual como en términos colectivos, comprende los procesos que acontecen tanto a nivel macro como micro, que impacto tienen en su cotidianeidad y como pueden hacer para mejorar su calidad de vida.

En el caso de la relación entre Argentina e Israel, podemos observar que los sectores triunfadores, tanto el agro como los servicios, utilizan cada vez más tecnología y menos mano de obra. También se observa un mundo de demografía creciente, por lo que el incremento en la demanda de alimentos posee una tendencia irreversible en el corto y mediano plazo. Por supuesto se observa el rol de los Estados en términos de alianzas políticas, con los matices ideológicos como parte importante a la hora de vincularse económicamente. En definitiva, la idea del libro es proponer para el lector un marco conceptual de comprensión macro y microeconómica que se replica en todas las latitudes del planeta.

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