Dr. Jeckyll y Mr. Hyde

Publicado en Ámbito Financiero, el 26-10-2020 por Pablo Kornblum

https://www.ambito.com/opiniones/bolivia/dr-jeckyll-y-mr-hyde-n5142979

Hace ya unos cuantos años, luego de una discusión en una clase de maestría en la Universidad de Sydney, se me acerca un estudiante liberal australiano y me dice “yo se porqué ustedes tienen tanta izquierda en Latinoamérica; simplemente porque la derecha siempre hace mal las cosas”. En aquel momento le respondí que creía que era difícil resumir y simplificar tanto una realidad harto compleja. Hoy en día continúo sosteniendo lo mismo; aunque me atrevo a decir que algo de razón tenía.

 

El breve interregno neoliberal de Añez hizo lo que no debe permitir, prima facie,  ningún gobierno conservador (ni progresista); robar antes que hacer (siendo generosos y haciendo caso omiso a las violaciones a los derechos humanos). Y menos aún en medio de una crisis económica y sanitaria derivada de una pandemia que lejos se encuentra de concluir, donde cada paso en falso desnuda rápidamente las miserias políticas.

 

Más aún, los bolivianos también se encontraron con la misma conjugación de posturas arcaicas y regresivas pre-masistas: solo para citar un par de ejemplos, se propuso la flexibilización laboral a través de la eliminación de la Ley General del Trabajo, avalando el  reemplazo de las relaciones laborales por contratos civiles; o mismo el reglamentar el trabajo por horas – con el apoyo de Camacho -, “para que las mujeres puedan atender las tareas del hogar”. Nada nuevo bajo el sol y en menos de un año de gobierno.

 

En relación a este último, el autoproclamado único candidato de la ‘nueva política boliviana’, se mostró durante toda la campaña como el típico hombre de negocios que ingresa a la política por derecha, como el empresario y actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Lamentablemente, también parece que lo ha copiado en sus malas prácticas corporativas: tal como el primer mandatario estadounidense, las acusaciones de evasión impositiva lo acompañaron durante toda la campaña electoral; en este sentido, la fiscalía sobre delitos económicos lo inculpó de crear tres sociedades offshore con sede en Panamá para su propio beneficio y el de varios particulares y empresas bolivianas que, de este modo, pudieron disimular y blanquear su dinero y establecer planes de evasión fiscal.

 

Por supuesto, Camacho ha negado rotundamente los hechos y, siguiendo al pie de la letra el viejo dicho popular, llevó adelante su contraofensiva basada en ‘la mejor defensa, es el ataque’. En este sentido, su partido aceptó que el problema económico no radicaba en la tasas impositivas aplicadas durante el gobierno de Evo Morales – que en Bolivia nunca fueron elevadas para las corporaciones -, sino más bien por los controles gubernamentales, que se intensificaron desde que el MAS llegó al poder. Claro, los empresarios cruceños no estaban acostumbrados a pagar impuestos. Porque desde las épocas memoriales del general Banzer Suárez, se había instaurado en Bolivia una tradición de amnistía fiscal (o vulgarmente denominada ‘perdón tributario’): cuando un nuevo presidente era elegido, anulaba las deudas fiscales de las elites acumuladas en periodos previos.

 

Pero lo peor de todo, es que más allá de que se encontraban bajo una ‘nueva normalidad’ de tener que pagar impuestos como cualquier mortal en este mundo – ya sea persona física o jurídica -, a las elites de Santa Cruz tan mal no le fue con “el indio”, como Camacho mismo consideraba despectivamente a Morales: desde el año 2010, la tasa de crecimiento del PBI cruceña siempre ha sido superior a la de Bolivia en su conjunto. Solo para citar un año calendario, en 2018 su economía creció a una tasa del 5,8%, un 37,44% superior a la del país como un todo (4,22%).

 

Pero eso no es todo: también se mostraba como una copia fiel del otro ‘outsider regional’, el ex militar brasileño Jair Bolsonaro. No solo mimetizándose bajo su fascismo a través de la Unión Juvenil Cruceñista – creada a imagen y semejanza de las brigadas franquistas españolas -, sino que además genera invariablemente un paralelismo en su fervor religioso, con muchas biblias, ruegos a dios y la defensa irrestricta de la sociedad occidental y cristiana en una cruzada de la fe; legitimando, de este modo, su postura autoritaria con el discurso religioso.

 

Sin embargo, ello no sería el mayor desafío político, en un mundo que se expanden las extremas y languidecen los centros; su principal techo no fue solo geográfico, sino que además fue clasista y demográfico. Por un lado, el crecimiento económico que multiplicó la riqueza de las elites cruceñas, tuvo su consecuente efecto derrame hacia las clases medias y populares, lo que ha derivado a que una gran cantidad de estos últimos votantes hayan entendido que los beneficios recibidos durante tantos años también han sido parte de las políticas económicas del gobierno central. Y por otro lado, los indígenas, que su partido aborrece como pares y disfruta como siervos, son muchos. Demasiado para sus aspiraciones presidencialistas.

 

El otro candidato opositor con mayores posibilidades de llegar a una segunda vuelta, era el ex presidente Carlos Mesa. Enamorado de las políticas neoliberales de ajuste estructural y estabilización económica con alto costo social, como lo pregonaba ya desde su canal de televisión privado en la década de 1980’, debió renunciar a menos de dos años de haber asumido la primera magistratura debido a que a los históricos dilemas socio-económicos, se le adicionó el conflicto ideológico: la llamada ‘Guerra por el Gas’ (sumado a la ‘Guerra por el Agua’ de años previos), fue el disparador de fuertes expresiones de hartazgo de la sociedad hacia el modelo privatizador y de hambre instalado durante la globalización diseñada bajo los parámetros del Consenso de Washington desde principios de la década de  1990’, lo que le quitó cualquier tipo de margen de maniobra y lo obligó a dimitir previo a las elecciones que le dieron la victoria a Evo Morales.

 

Más aún, como la única verdad es la realidad y las comparaciones en política lejos de ser odiosas suelen ser determinantes a la hora de emitir el voto – sobre todo dada la memoria de corto plazo de las mayorías -, fueron muchos los bolivianos que no solo vivenciaron mejoras sustanciales en sus niveles de ingreso reales (mientras el salario mínimo se multiplicó por 5 durante el gobierno de Morales, la inflación de un dígito fue la norma y no la excepción en todo el período), la democratización del servicio de gas natural logró que se pase de un abastecimiento del 3% de la población en el año 2006, a un 50% de la población boliviana en 2019.

 

Con una lectura básica de lo expuesto, al MAS solo le quedaba transmitir lo que la mayoría de los bolivianos quería escuchar: continuar lo que se hizo bien y cambiar lo que hace falta. Además del ingente crecimiento económico (desocupación máxima del 6%, una deuda externa que descendió del 52% al 24%) y las fuertes políticas redistributivas (disminución de la pobreza un 27%, reducción de la desigualdad un 25%, creación del bono Juana Azurduy contra la mortalidad infantil y el bono Juancito Pinto para con la reducción de la tasa de deserción escolar), se volvió a explicar minuciosamente la relevancia de la nacionalización de los hidrocarburos, la estabilización del tipo de cambio que permitió el aumento de los depósitos en moneda nacional, el rol activo del Estado en la inversión pública con financiamiento de las reservas internacionales (construcción de infraestructura hospitalaria, escuelas), o la implementación de la ley de servicios financieros, donde los bancos debían destinar el 60% de sus carteras al crédito productivo y a las vivienda de interés social exclusivamente (con libre disponibilidad del otro 40%), entre otros. En definitiva, una quita marginal en la rentabilidad de las elites que no solo permite dinamizar el consumo interno, sino que además ayuda mantener la tan delicada y frágil paz social. O sea, con una lectura simplista podríamos afirmar que no le hace mal a nadie y ayuda a muchos; aunque para la posición conservadora, la pérdida de poder político real implique mucho más que ello.

 

En tanto la mirada a futuro, el propio Arce realizó una autocrítica y prometió la unidad nacional – como todos los políticos en las diversas variantes de centro, con el objetivo de tranquilizar a los sectores medios-altos urbanos, aquellas pymes y profesionales alejados de las luchas clasistas -, excediendo claramente la exclusividad que significaría representar un bloque étnico-social de matriz plebeya (el vicepresidente Choquehuanca será el vínculo con el movimiento campesino e indígena). Por otro lado, el presidente electo habló de la necesidad de dar paso a profesionales, jóvenes con ‘compromiso’ y sectores sociales que no fueron tomados en cuenta: no hay que olvidar que por la afiliación religiosa del binomio presidencial, siempre fueron propensos a una orientación más dialoguista con la oposición y con las clases dominantes; esto los convierte en figuras más digeribles para la derecha. Finalmente, en lo económico prometió continuar el proceso de industrialización por sustitución de importaciones con mayor tecnología y valor agregado – por ejemplo la producción de diésel orgánico sobre la base del reciclaje de aceite de cocina -; además de profundizar un neodesarrollismo que no perjudique – por no decir que aliente – los grandes negocios de los agroindustriales y la banca.

 

Por supuesto, la historia nos ha enseñado de cíclicas pujas de intereses entre grupos humanos que contraponen diferencias raciales, religiosas, económicas. Por ello, el gobierno de facto saliente, antes de entregar el gobierno, se ha encargado de comprar armas por varios millones de dólares para ponerlas al servicio de la Policía y las FF.AA. Esta decisión no tiene un ápice de ingenuidad: siempre hay que tener a las fuerzas de coerción en el ‘bando propio’. No solo para agradecer por los ‘servicios prestados’ durante todo este año; sino, y principalmente, porque nunca sabe cuando se las pueda volver a necesitar. Ya sea para proteger sus intereses, o para obtener su respaldo para reconquistar el poder; porque en definitiva, deben pensar, siempre se debe sostener la condición de clase que se representa, por la que se sienten legitimados a estar siempre a cargo del gobierno, muy cerca de él, o al menos condicionándolo.

 

En este sentido, ni la propia Añez se cree el primer Tweeter que escribió luego de la victoria de Arce: “Felicito a los ganadores y les pido gobernar pensando en Bolivia y en la democracia”, fueron sus palabras. Una democracia que menos de un año atrás, ella misma y todo el golpismo opositor vilipendio. Pero como en el extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, el discurso enmascara una doble personalidad edulcorada en nombre de la ‘libertad’, junto con una retórica de tinte ultra conservador rociada con agua bendita. Pero que por otro lado, y a los hechos me remito, muestra en su lado más oscuro un desprecio por lo nacional-popular y un racismo asentado en una antinomia decimonónica: “ciudadanos” (ellos) versus “salvajes” (los “otros”, campesino/as indígenas). Si señores. Esa es la visión de ‘modernidad’ de las élites políticas y económicas que retornaron a los meandros del poder en noviembre de 2019.  Intenciones que chocaron contra la realidad sociológica de un país al que quieren gobernar pero, en el fondo, lo desprecian.

 

En él mientras tanto, y tal como diría el filosofo y sociólogo francés, Raymond Aron, “…todos los sistemas sociales son imperfectos, y la política no consiste en la lucha entre el bien y el mal, sino en la elección entre lo preferible y lo detestable”. A pocos días de trascurridas las elecciones, podemos afirmar que aquellos bolivianos que estaban indecisos, dieron finalmente su veredicto. El ‘voto útil’ del mundo rural y urbano popular periférico (incluido el magro 1,55% de Chi Hyun Chung, que había obtenido el tercer lugar en los comicios de 2019 con un 8% en la votación nacional, pero con cifras mayores al 15% en La Paz y Oruro, tradicionales bastiones del MAS), se encontró lejos de aquella visión del mundo de la élite neoliberal, la cual creyó que el MAS terminaría representando un movimiento político circunscripto en una raza guiada obtusamente por la voluntad de su ‘caudillo’. De aquí en más, dependerá de Arce y su gobierno, terminar de ratificar con hechos la confianza que le otorgaron el 55% de los electores bolivianos.

Cinco siglos igual

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 14 de Noviembre de 2019

https://www.ambito.com/bolivia-cinco-siglos-igual-n5065830

La canción de León Giego podría ser un fiel reflejo de lo que ocurre en Bolivia. Cinco siglos igual, de quienes pelean por el poder y la riqueza, utilizando y conjugando todos los mecanismos y las variables a su alcance para conquistar sus objetivos.

Mientras algunos analistas evalúan el futuro de la geopolítica global pensando en la ciberguerra, la biotecnología, la medicina nuclear o la ocupación espacial; me permito mirar hacia el pasado para asemejar  lo que ocurre en el país vecino con lo que vivimos desde los albores de nuestra patria. Se sabe que las comparaciones son odiosas, y muchas veces pecan de ciertos vicios de inexactitud, pero suelen ser aleccionadoras, sobre todo en una Latinoamérica donde, parafraseando al enorme escritor uruguayo Eduardo Galeano, las venas abiertas continuando desangrándose. Y seguramente nos ayudarán a reflexionar: no se puede planificar un futuro próspero sin tener en claro la dinámica histórica que nos sitúa en el presente.

Allí con el nacimiento del modelo agroexportador de la segunda mitad del Siglo XIX, pudimos observar el dominio y control de la oligarquía terrateniente, bajo el manto de un Roca con un sable en una mano y una biblia en la otra, procurando avanzar y aleccionar raudamente en una conquista del desierto con más sombras que luces. Por su parte, soplando en las nucas de los militares y la fiel iglesia se encontraban los intereses británicos, con un enorme poder de convencimiento bajo una univoca discursiva liberal creada para potenciar las necesarias bondades de la división internacional del trabajo. Junto con su promesa de alianza eterna, trajeron su financiamiento, sus bienes de capital, sus insumos manufactureros, sus ingenieros y contadores con su respectivo know how a cuestas. Por supuesto, el costo no era menor: dependencia estratégica, intercambio desigual y endeudamiento, se conjugaron intercaladamente por casi un siglo.

Pero ello no importaba: nuestras materias primas fueron lo sobradamente enriquecedoras para la elitista tripe alianza conservadora gobernante. El campo poseía la riqueza, los militares el poder de coerción, y la iglesia la palabra justa de convencimiento. Y en épocas lejanas a las tecnologías globalizadas, el efecto derrame era suficiente para la comprensión social de la época. Luego el mundo cambio: las ideologías florecieron con la educación, el escenario comercial y productivo global era diferente. El progresismo avanzó, la sustitución de importaciones se hizo un menester. Que el peronismo tomó como propio, y el desarrollismo intentó potenciar. Autonomía, desarrollo socio-económico y productivo, idea y poder nacional. Y luego el neoliberalismo volvió y se fue cíclicamente, bajo presiones y complicidades exógenas y endógenas. Y así estamos.

Como un espejo de lo descripto, estos últimos días se han visto imágenes de las caras más representativas de la oposición vinculadas a las históricas elites económicas cruceñas, enmarcadas en una geografía que produce el 70% de los alimentos del país y tiene un enorme potencial energético e hidrocarburífero. También muchas biblias y ruegos a dios en cada aparición pública de sus referentes. El mismo ‘líder cívico’, Luis
Fernando Camacho, se jacta de ser parte de una de las dos grandes logias de la zona (Los Caballeros del Oriente), y junto a su familia forma parte del Grupo Empresarial de Inversiones Nacional Vida S.A., con compañías vinculadas a los seguros, el gas y los servicios.

Por otro lado se encuentran las fuerzas policiales y militares, fuertemente adoctrinadas desde el norte del continente – como si durante las últimas décadas nada hubiera ocurrido -, desoyendo los pedidos de ayuda del poder ejecutivo a cargo del destituido presidente. Paradójicamente y a favor de una salida ‘democrática y constitucional’, menos de un año le llevó al Comandante de las Fuerzas Armadas Bolivianas, Williams Kaliman, pasar de decirle a Evo Morales que tiene un “hermano con quien contar  porque era un soldado del proceso de cambio”, a pedirle su dimisión. Un deja vu del explícito apoyo del General Pinochet a Salvador Allende, previo al golpe de 1973.

En este sentido, el ex agregado militar de Defensa en la Embajada de Bolivia en los Estados Unidos y puntilloso alumno de la ‘Escuela de las Américas’ – organismo instructor rector de las fuerzas armadas latinoamericanas para el cumplimiento de los objetivos estadounidenses en la región -, aprendió más que bien la elección: el ‘enemigo interno’ es el verdadero peligro, más aún si van en contra de las democracias capitalistas cristianas y occidentales que atentan contra los intereses geoeconómicos y geopolíticos estadounidenses en su ‘patio trasero’.

Por otro lado, agazapados se encuentran los actores estatales y no estatales nacionales y trasnacionales, tratando de obtener tajadas de las probables futuras privatizaciones de los recursos naturales estratégicos, como lo sostiene ideológicamente el candidato del ballotage Carlos Mesa; un enamorado de las políticas neoliberales de ajuste estructural y estabilización económica con alto costo social, como lo pregonaba ya desde su canal de televisión privado en la década de 1980’. Seguramente sus ideas se encuentren, por ejemplo, lejanas a las políticas que lograron democratizar el servicio de gas natural, que pasó de un abastecimiento del 3% de la población en el año 2006, a un 50% de bolivianos en 2019. Porqué mirar hacia adentro y en pos de la mayoría, si durante dos siglos no lo han hecho.

Nada de lo que podamos decir de las políticas de desarrollo socio-económico le importa u opaca a los actuales rostros de felicidad afines a las elites políticas y económicas ‘vinculadas al mundo’: con “el indio”, la nacionalización e industrialización de las bendiciones que provee la madre tierra eran un problema: proteger celosamente, distribuir estratégicamente los contratos, maximizar el valor agregado nacional, y producir por y para el país, han sido un obstáculo geopolítico y geoeconómico para las grandes potencias. Solo para citar un ejemplo, el carbonato de litio en bruto – el cual Bolivia posee reservas estimadas en 21 millones de un total de 30 millones de toneladas a nivel global -, ha multiplicado su valor en los últimos años y tiene un costo al día de hoy de alrededor de 6.000 dólares la tonelada. Con un ingente procesamiento tecnológico para el desarrollo de la telefonía celular, la industria electrónica o los vehículos híbridos, puede llegar a generar productos por 1.000.000 de dólares la tonelada.

Por ende, el “winner takes all” (si, el mismo tipo de ‘contrato’ que nuestro país llevó a cabo con el Reino Unido dos siglos atrás), se tornaba un imposible para norteamericanos, chinos, rusos, alemanes, japoneses, coreanos o británicos que deseaban expoliar todo los hidrocarburos o el litio en estado puro. Como se pensó durante el gobierno del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada – de quien Carlos Mesa era su vicepresidente -, quien planteaba la instalación de plantas procesadoras exclusivas para llevar el gas natural licuado directamente a los Estados Unidos. Las cosas cambiaron, podrán pensar desde el norte del paralelo del Ecuador: con alguna espuria negociación con un potencial nuevo gobierno, seguramente les podría llegar el momento. Por supuesto, luego de  sortear la disputa geopolítica para dirimir quién sale victorioso entre las potencias que ya pisan con fuerza en la región.

En definitiva, el escenario estructural latinoamericanista de pujas permanentes de intereses económicos y de poder, propios y ajenos, continúa siendo el eje rector en el cual debemos profundizar nuestro análisis. El ‘milagro económico boliviano’ se transformó en meros datos de colores, para dejar su preponderancia a un odio cultural-racial que en realidad es un mero maquillaje cosmético, mientras la lucha contra la corrupción y el narcotráfico se transformó en un caballito de batalla, que aunque complejo de probar, conlleva una alta efectividad comunicacional para un gobierno desgastado y con los vicios propios de las burocracias regionales. La misma autoproclamanda ‘presidenta constitucional’ Áñez conjuga lo expuesto perfectamente: no solo fue directora del medio de comunicación Totalvisión desde donde ha forjado su carrera política, sino que ha tenido comentarios xenófobos/racistas con elucubraciones de tinte ‘satánico’ en contra de los miembros de las comunidades indígenas.

“Tenemos que sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo”, le hablaba el mencionado líder Camacho a todo el pueblo boliviano en uno de sus últimos virulentos discursos. Sus oyentes deberían evaluar cuidadosamente sus palabras. Porque pasar de ser víctima a victimario, de traicionado a traidor, puede ser frugalmente vertiginoso. Un claro ejemplo podría ser la posición de la Central Obrera Boliviana, que en un primer momento le sugirió a Evo Morales que ‘dimitiera si es necesario’; que no sea cuestión que el mix entre arrepentimiento y auto culpabilidad, los obligue a tener que pedirle con urgencia que se postule nuevamente para oponerse a la instauración de un viejo y conocido modelo que les cerciore los derechos sociales y económicos obtenidos durante los últimos quince años.

Claro objetivo para la victoria del “si” en Bolivia

Publicado en el diario BAE, 27 de Enero de 2009.

Autor: Pablo Kornblum

El Domingo pasado, la mayoría de los casi 4 millones de los bolivianos habilitados para votar decidieron -por más del 60% de los votos- aprobar la nueva Constitución promovida por el presidente Evo Morales. Con la nueva Carta Magna se refuerza el rol del Estado en la economía, se incluye un amplio abanico de derechos sociales y se reconocen los usos y costumbres indígenas.

Ahora bien, es interesante intentar comprender algunas de las razones que han sido esgrimidas por la oposición para intentar obtener, infructuosamente, la victoria y el rechazo al ahora aprobado nuevo texto constitucional.

Por un lado, los autonomistas expresaron que la nueva constitución allanaría el camino para legalizar el aborto. El abortar o no puede debatirse como un dilema moral; pero sin lugar a dudas, la mejor política es la prevención. Aquella que solo se obtiene con un modelo de equidad educativa que la oposición nunca ha fomentado mientras ha estado en el poder. 

También sostuvieron que la religión y la iglesia corrían peligro. Sabían que la fe, tanto como la cultura y la religión aborigen, se encuentran bien arraigados en el pueblo boliviano. Lamentablemente para ellos, las mayorías se han dado cuenta que las creencias celestiales pueden aliviar las cuestiones del alma, pero las necesidades y las problemáticas terrenales necesitan de políticas publicas activas por parte de los hombres y mujeres que componen el gobierno boliviano. Un Estado “vivo y presente” es la única forma de asegurar trabajo e ingresos dignos para lograr el bienestar que tantas familias requieren.   

Otro punto fundamental ha sido el miedo que se ha querido imponer como resultado de las políticas de nacionalización de los recursos y, a consecuencia, el sufrimiento posterior derivado de los “males del Estatismo invasivo”. En este sentido, uno se pregunta que beneficios ha recibido la mayor parte del pueblo boliviano durante las últimas décadas de olas privatizadoras y ausencia del Estado en la provisión de políticas sociales, tan necesarias para el mejoramiento de la calidad de vida de la población.

Finalmente, el otro caballo de batalla de la oposición ha estado referido a la eliminación de los derechos de propiedad; mas precisamente, a los límites territoriales que se impusieron a la propiedad privada improductiva.
Parece irrisorio pensar que las comunidades indígenas, donde la gran mayoría de su población trabaja como asalariada o en una servidumbre encubierta, y solo en la minoría de los casos cultivan pequeñas parcelas colectivas de tierra para su subsistencia, puedan tener algún tipo de interés ideológico o económico sobre las propuestas autonómicas.    

Para concluir, podemos comparar la situación de la oposición con la del abogado defensor de un asesino que intenta desviar la atención del hecho principal y se focaliza en cuestiones banales o periféricas ajenas a la escena del crimen.
Pero el objetivo del gobierno y los seguidores que apoyan al presidente Morales sigue teniendo un norte claro y vigoroso: Terminar de una vez por todas con una historia de pobreza, desigualdades y miserias que sufren la mayoría de los bolivianos.
Las cuestiones mínimas, intranscendentes e irrelevantes para tantos millones de esperanzados, son solo parte de un engañoso pasado oscuro al que nunca mas quieren regresar.