Las visitas de Duque y Bolsonaro. Entre el discurso y la realidad

Por Pablo Kornblum para Ámbito Financiero. 21-06-2019

https://www.ambito.com/las-visitas-duque-y-bolsonaro-el-discurso-y-la-realidad-n5038157

El presidente Mauricio Macri recibió este mes a dos mandatarios aliados: los recientemente electos presidentes de Colombia y Brasil, Iván Duque y Jair Bolsonaro. Con ambos comparte un background similar: son ‘Outsiders’ de la dinámica política enraizada en Sudamérica – Duque es un joven profesional con una carrera asociada al gerenciamiento técnico y al ámbito académico, mientras que Bolsonaro tiene un bagaje militar (con un pasado legislativo menor en términos de participación activa) y fuertes vínculos con las iglesias no tradicionales (sobre todo las evangélicas, que se calcula tienen alrededor de 70 millones de fieles en todo el país) -, y han contado desde sus comienzos con un enorme ‘marketing político’ para sustentar sus campañas y políticas públicas.

En el marco de los encuentros per se, el principal motivo de festejo para el oficialismo nacional fue el apoyo explícito a Macri ante las próximas elecciones en Argentina. El resto de las declamaciones han sido una conjunción de fuerte contenido de liberalismo económico (con pretensiones de avanzar con reformas estructurales en términos previsionales, laborales, y de comercio exterior), entremezclado con una fusión geopolítica anti-populista que busca desterrar a Maduro (y a los potenciales Maduros) de América Latina para siempre.

En tanto a lo dicho en términos de política económica exterior, podemos indicar que lo irreal del discurso se lleva puesto cualquier tipo de análisis racional. Hace más de veinte años se habla de un infructuoso Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Alguien cree que es posible, solo para citar un ejemplo, que el presidente de Francia Emmanuel Macron pueda ceder ante la lógica aperturista liberal de un potencial acuerdo que afecte a la agricultura francesa, en medio de una disputa que parece no tener fin con los chalecos amarillos? ¿Puede Europa pensar en una lógica cohesionada en medio del dilema del BREXIT, que claramente se contrapone con el avance a paso firme de Rusia y China en la disputa con Estados Unidos por el dominio del tablero geopolítico global? No parece muy factible.

Menos aún si posamos la mirada en nuestros lares. No solo a través del ninguneo brasileño (el propio Ministro de Hacienda, Paulo Guedes, sostuvo a las pocas semanas de asumir que “la Argentina y el Mercosur no son una prioridad”) a la par de la gran crisis económica Argentina actual, sino que además se ha dejado afuera de la discusión a las economías más pequeñas, Uruguay y Paraguay. Parece que el dialogo bilateral no tomó nota de las históricas y reiteradas quejas de estos dos socios primarios de que el tamaño de sus mercados no tiene que ser una excusa para excluirlos de las decisiones claves. Si a ello le adicionamos las trabas burocráticas y logísticas, el escenario es aún más complicado.

Ni que hablar de la propuesta de la moneda única común entre Brasil y Argentina (cabe recordar que todavía no tenemos ni un swap con nuestro principal socio comercial), desmentida a una velocidad inusitada por el propio Banco Central de Brasil. ¿Es posible pensar en una moneda común cuando desde la época de Alfonsín-Sarney se hablaba, solo para mencionar una temática, de una complementación económica que nunca se dio? Basta recordar cuando las empresas argentinas ‘volaban’ a Brasil al ritmo de la convertibilidad y el ‘deme dos’ en los 1990’. Menos aún el pensar que un ciudadano brasileño medio, que ni siquiera suele atesorar sus activos en dólares, pueda considerar al Peso Argentino como reserva de valor, aunque sea a través de una mixtura con el Real. Difícil ya es poner en análisis que Brasilia aceptara ‘compartir’ un Banco Central.

En este sentido, deberíamos aprender de la historia, que siempre es aleccionadora. Si la Unión Europea no pudo hacer cumplir el Tratado de Maastricht, porque no previeron que la productividad, el Gasto público, o la Tasa de Ahorro privado no es similar para un país latino, un anglicano, o un cristiano ortodoxo (solo para conjugar la variable económica con la religiosa), ¿porque entonces deberíamos pensar que no ocurrirá lo mismo en Sudamérica, donde existen también amplias diferencias culturales, institucionales o de consumo?

El otro punto a tener en cuenta es la geopolítica. Los tres gobiernos han aclarado que van a “hacer todo lo posible para que se restablezca la democracia en Venezuela; pero más importante que eso es el tema ideológico: el populismo no puede volver nunca más a América Latina”. No solo lo piensan sino que también se lo exige su principal aliado, Donald Trump, quien contribuyó (y contribuye) en gran medida, a la sustentabilidad de sus mandatos: lo sacó de la carrera presidencial a Lula para que triunfe Bolsonaro, le habilitó el préstamo más importante de la historia del FMI a la Argentina para evitar una mayor fuga de divisas, y le dio el visto bueno al delfín de Uribe, un partidario de la no reconciliación con las FARC y muy ligado a los círculos más libertarios americanos.

Lamentablemente, la cosmovisión de la macropolítica y la geoeconomía global elucubrada en cómodos sillones, debe necesariamente complementarse con la lógica – incluida la electoral – doméstica. Aunque está claro que nadie en Argentina va a cambiar su voto por el locuaz apoyo de Duque y Bolsonaro: el ciudadano vota, principalmente, abriendo su heladera y observando si se encuentra más llena que vacía (o viceversa).

En este aspecto, ninguno de los tres mandatarios pueda mostrar signos de suficiencia económica nacional. Tenemos un escenario adverso para la economía de Brasil – con una gran crisis derivada de una reforma al sistema previsional inconclusa, bloqueada por las centrales sindicales, y que a su vez tiene como contraparte un gran enojo por parte del empresariado por la falta de fortaleza del ejecutivo para darle impulso legislativo -; Argentina, con una probable prevalencia a la estanflación por lo menos hasta el año que viene que se clarifique el escenario electoral y la capacidad de refinanciación de la deuda externa; y una Colombia que, a pesar de contar con una macroeconomía con un crecimiento estable (incremento del PBI previsto en torno al 3,5% para este año, aumento de la IED (68,4%) y la producción de petróleo (5,3%) en el primer trimestre recién concluido, déficit fiscal esperado para fin del corriente 2019 en torno al 2,4%, y una deuda externa del sector público que representa solamente el 22,8 % del PBI), la misma OCDE en un reciente estudio sostiene que la desigualdad y la formalidad continúan siendo muy altas en el país, a tono con el resto de la región.

En definitiva, la dialéctica diplomática o la discursiva en redes sociales, son solo herramientas que trazan imaginarios que, difícilmente se suelen ver plasmados en beneficios concretos para las mayorías. Encontrar la manera de balancear la relación con Estados Unidos y China, el cómo potenciar la relación entre el Mercosur y otros bloques comerciales (ya sea con la Unión Europea o bien podría ser el caso de la Alianza del Pacifico), o el modo de generar un desarrollo socio-económico y productivo sustentable que termine definitivamente con la pobreza en la región, requieren decisiones complejas que afectan fuertemente intereses poderosos, concentrados, y muchas veces contrapuestos.

Por ende, se requiere capacidad, coherencia y ética para gobernar. Es por ello que cuando Bolsonaro apoyó explícitamente a Macri en su visita al país pidiendo que los argentinos voten con “la razón y no con la emoción”, uno podría pensar que debería haber sido más prudente con sus palabras. Ya que cumpliendo su propia premisa, podría, si es que alguien realmente lo escuchó de este lado de la frontera, haberle sido contraproducente haciéndole perder parte del caudal electoral al propio oficialismo que había querido beneficiar.

El anti Bolsonaro: López Obrador va por el aborto en México

Comentario de Pablo Kornblum para la Revista Noticias – Enero 2019

https://noticias.perfil.com/2019/01/15/el-anti-bolsonaro-lopez-obrador-va-por-el-aborto-en-mexico/

Pablo Kornblum, especialista argentino en Economía y Relaciones internacionales, contextualiza: “AMLO es un cambio de paradigma, político y cultural, y por eso también la propuesta de la amnistía a estas mujeres, que durante el gobierno del PRI hubiera sido impensable”.

Elecciones en Brasil: cuando la estrella es la antipolítica

Revista Perfil, Domingo 7 de Octubre de 2018

https://noticias.perfil.com/2018/10/07/elecciones-en-brasil-cuando-la-estrella-es-la-antipolitica/

En las elecciones presidenciales de hoy en Brasil el panorama es poco más que incierto. Pese a su estilo confrontativo y polémico, el candidato conservador Jair Bolsonaro lidera las encuestas de cara a la primera vuelta. El descreimiento de los políticos convencionales y un sistema gubernamental socavado por la corrupción fomentan el crecimiento de figuras radicalizadas.

Pablo Kornblum, economista especializado en relaciones internacionales, desarrolla la teoría en su libro “La sociedad anestesiada”. “El fracaso de los partidos de centro se debe al abuso de la mentira y a un sistema político que no genera respuestas en un mundo cada vez más desigual”, asegura el economista. “En Brasil se puede ver una clara tendencia a votar lo que no está manchado de corrupción, y ese es un punto a favor de Bolsonaro”, afirma Gustavo Segré, socio director de CenterGroup y profesor de la Universidad Paulista.

En medio de la campaña presidencial, Jair Bolsonaro sufrió un atentado que puso en riesgo su vida y exacerbó una contienda cada vez más radicalizada. “El episodio de la puñalada generó cierto misticismo en torno a la figura de Bolsonaro, sobre todo en los sectores evangélicos”, afirma Kornblum. “El reponerse al atentado puede llegar a mostrarlo como una persona fuerte, pero dudo que le sume dos o tres puntos en el electorado”, sentenció el analista.

El caso de Bolsonaro no es una excepción a la regla. En todo el mundo, desde Trump a Marine Le Pen, los movimientos de extrema derecha e izquierda cada vez adquieren más relevancia. “Cuando la gente no encuentra solución a sus problemas socioeconómicos, se genera un descreimiento de las instituciones convencionales y se recurre a los extremos”, asegura Kornblum. “En el mundo se está generando un movimiento que busca restituir los valores nacionalistas, muchas veces enraizando la xenofobia y la homofobia”, añade Segré.

Sin embargo, tanto Segré como Kornblum creen que es muy difícil que las elecciones en Brasil se resuelvan en primera vuelta, sobre todo a favor de Bolsonaro. “Es posible que Bolsonaro no solamente no lidere la primera vuelta, sino que pueda llegar a salir tercero por el voto útil a Alckmin en caso de un ballottage”, afirma Segré. “Lo más probable es que haya una segunda vuelta entre Haddad y Bolsonaro”, sentencia Kornblum.

En un hipotético caso de ballottage, Segré asegura que es un barajar y dar de nuevo en el cual el resultado es incierto. “Se va a terminar votando entre lulismo y anti-lulismo”, asegura el profesor paulista. “Haddad no solamente va a traccionar los votos del PT, sino también los del establishment, que buscara una alternativa más predecible a la hora de gobernar”, completa Kornblum.

Escenario Socio-Económico de Brasil

Bajo la lógica mercado internista y con una fuerte impronta en el efecto derrame propuesto por los sucesivos gobiernos del PT, cualquier atisbo de mejora relativa o absoluta en la calidad de vida de las clases bajas y ‘emergentes medias’ se encuentra obstaculizado con los bajos niveles de crecimiento económico e inflación en aumento del Brasil de los últimos años.

Para volver a la senda de la acumulación – que luego derivaría en más producción, empleo, y por ende mejoras socio-económicas -, el Gobierno ha realizado un ajuste fiscal incrementando los ingresos (mediante el aumento de las tasas impositivas, contribuciones sobre los productos industrializados y sobre las ganancias), y controlando los gastos (con la aplicación de reglas más restrictivas para el acceso a los beneficios de la seguridad social – como el seguro de desempleo -, la amplia reducción de los gastos tributarios y los subsidios concedidos).

Sin embargo, hasta ahora los intentos ha sido infructuosos: no se ha logrado generar un superávit primario que permita estabilizar la macroeconomía y, por ende, reactivar la situación de la microeconomía. En este sentido, los datos indican que las tasas de desempleo sobrepasan el 8%, la inflación se encuentra cercana al 13% anual junto a tasas de interés en valores similares (el mayor nivel desde el año 2009), y una devaluación que supera el 50% en los últimos meses.

Si a ello le adicionamos una restricción crediticia impuesta por los bancos privados, iniciada en 2013, junto con la caída del 28% de los créditos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), y el estancamiento de los créditos para vivienda otorgados por la Caixa (el banco hipotecario federal), las inversiones y el consumo se ven todavía más afectados.

La dinámica exógena tampoco da respiro. El cambio climático y las sequías que tampoco acompañan la dinámica productiva y de consumo, junto con la desaceleración y a su vez competencia de China (el gigante asiático es el principal comprador de Soja y Minerales Brasileño), acentúan las perspectivas negativas en términos de la volatilidad cambiaria y la falta de dinamismo del comercio exterior. En definitiva, todas variables que golpean fuertemente a los trabajadores y a las pequeñas y medianas empresas.

Aunque la única forma de revertir esta situación pareciera estar de la mano de política, el eje actual de la discusión entre oficialismo y oposición apunta para otro lado: corrupción e ineficiencias en el uso de los recursos públicos. Sin embargo, solo son la otra cara de una misma moneda; aquella que tiene un impacto directo en las capacidades de hacer del Estado. Solo para mencionar algunos indicadores, una evasión fiscal del 13,4% y una economía en negro del 39% afectan negativamente tanto o más que la discrecionalidad adversa en el uso de los recursos públicos.

Mientras las discusiones teóricas a nivel de la macropolítica y la macroeconomía ocupan entonces las principales temáticas de los medios de comunicación, la realidad es que Brasil continua siendo uno de los países más desiguales del mundo bajo una tendencia que no se revierte: en el año 2006 el 5% más rico acaparaba el 40% del ingreso total, en tanto en el año 2012 había aumentado esta participación hasta llegar al 44%, a pesar de las políticas sociales del gobierno y el impacto del Plan Fome Cero (Hambre Cero) que sacó a 40 millones de personas de la pobreza.

Es que la realidad del Siglo XXI solo ha generado mejoras socio-económicas sido marginales. El salario se mantiene en niveles bajos o de subsistencia, y se han expandido todo tipo de formas de trabajo precario, tercerizado y subcontratado, el cual solo ha servido para reducir la pobreza extrema en un 63% desde 2004. Siempre que la lógica de acumulación y distribución de la riqueza no cambie a través de mecanismos institucionales sólidos y con políticos con coraje, variables marginales y endeblemente sustentables continuarán siendo el único objetivo plausible de las políticas públicas.

 

 

 

La crisis política y los intereses económicos en juego

Por Pablo Kornblum – 17-3-2016

Toda crisis política de relevancia impacta en el escenario económico, generando expectativas nuevas a futuro y revitalizando la puja de intereses entre los diferentes grupos de poder que aspiran posicionarse favorablemente ante el potencial escenario de corto y mediano plazo.
El PBI de Brasil cerró el 2015 en caída libre (-3,8%), su peor desempeño en 25 años. La historia de este siglo ha demostrado que la estabilidad política, inclusive durante los progresistas gobiernos del PT, han sido apoyados por las elites económicas del país mientras el ‘viento de cola’ internacional era una ayuda clave, y las mejoras para las clases más desfavorecidas fueran marginales y no estructurales.
Estos actores privilegiados son los que vuelven a pedir el Brasil que desea la recuperación del mercado interno, pero no a favor sino a costa de los trabajadores. En este sentido, el regenerar confianza para impulsar las inversiones tiene que ver con más con la posibilidad de que asuma un nuevo gobierno a favor de los grupos concentrados (sobre todo quienes no han sido beneficiados con el actual gobierno en el pasado y aquellos que han dado su apoyo pero que observan sus balances en caída libre), que por sobre un cambio positivo para las clases medias y bajas, quienes son los que más sufren un panorama que incluye excesos en gasto público improductivo, escándalos por corrupción y ineficacia en el quehacer de las políticas públicas.
Un claro ejemplo es la demanda por parte de los inversionistas del bono soberano que Brasil coloco recientemente a 10 años por 1,500 millones de dólares con un rendimiento de 6.125%, esperando que Rousseff sea removida de su cargo y la economía repunte raudamente. Otro es el pedido del FMI, el cual pide atacar la inflación como objetivo central (siendo en el 2015 de 10,72%, la mayor en 13 años), siguiendo las recetas neoclásicas – incluido un fuerte ajuste fiscal ya enviado al Congreso por el Ejecutivo – que permita alcanzar la estabilidad macroeconómica tan preciada por un mercado castigado durante una recesión ya más que prolongada.
Para concluir, la situación también impacta directamente en la ARGENTINA. Desde la devaluación del Real que afecta la competitividad de las exportaciones de nuestro país, pasando por la salida de capitales que genera un efecto contagio que afecta a toda la región, hasta la recesión del mercado interno brasileño que atenta contra la producción argentina. Un escenario difícil para un contexto económico global de fuerte inestabilidad e incertidumbre de las principales potencias como China, Rusia, la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica.

El Brasil de la decencia

Autor: Pablo Kornblum, Publicado en el diario Tiempo Argentino, el 21/07//2013

http://tiempo.infonews.com/2013/07/21/editorial-105941-el-brasil-de-la-decencia-no-puede-tapar-el-sol-con-las-manos.php

El crecimiento económico Brasileño de la última década (4% promedio) tuvo su correlato positivo para las clases más desfavorecidas, especialmente a través de la conjunción del efecto derrame y el amplio Gasto Social (el Programa ‘Bolsa Familia’ distribuyó a 12,7 millones de familias una renta mensual aproximada de 80 dólares, consiguiendo que 29 millones de personas salgan de la pobreza).

Sin embargo, como no se puede tapar el sol con las manos, tampoco se puede pensar que las mejoras marginales hayan podido avanzar sobre los cambios estructurales necesarios para generar un verdadero desarrollo socio-económico. En este sentido, el estatus-quo se ha mantenido inalterable: instituciones viciadas de corrupción, elites económicas y políticas alejadas de las necesidades del pueblo, y obsoletos sistemas de servicios e infraestructura acordes a un escenario de dignidad.

Los sucesos acontecidos en las últimas semanas entremezclan ambos mundos: el de las mejoras marginales y las carencias estructurales. El acceso a una mejor educación/formación (se triplicó el presupuesto en educación desde 2003, creando más de 14 nuevas universidades y permitiendo que 1.300.000 alumnos puedan acceder al sistema universitario) permite comprender mejor lo que falta, la desidia injustificada, las inequidades innecesarias pero deliberadamente provocadas. Solo alcanza destacar que mientras el 20% de los brasileños más ricos posee el 57,7% del total de los ingresos del país, mientras que el 20% más pobre solo se lleva el 3,5% de la riqueza nacional.

Y estas son las contradicciones del sistema; las que generan el temor desestabilizante para aquellos poderosos que solo desean que nada cambie. El ex presidente Lula da Silva tenía como slogan el soñar con un ‘Brasil decente’. Sin embargo, la decencia genuina conlleva costos. El futuro dirá si algún gobierno brasileño estará dispuesto a afrontarlos.

Los grandes eventos son solo eso, eventos..

Autor: Pablo Kornblum  Publicado en Tiempo Argentino el 28-04-2013

Las inversiones (autopistas, telecomunicaciones, ferrocarriles, puertos, energía) que generarán el mundial y los juegos olímpicos (33.000 millones de dólares para ambas citas deportivas) se pueden enmarcar en un contexto de un ‘shock externo excepcional’, que favorece fuertemente a la macroeconomía toda (700.000 puestos de trabajo generados en 6 años, ingresos por 60.000 millones de dólares, 1 millón de turistas adicionales), pero también a varios sectores de la microeconomía que se verán afectados positivamente por la infraestructura generada y la continuidad de Pymes creadas para solventar, tanto directa como indirectamente, los variados desarrollos para ambos eventos. Además, al mejorar la eficiencia productiva, Brasil no solo se convertirá en un blanco más atractivo para la dinámica corporativa doméstica, sino que tendrá más capacidad para solventar la creciente demanda global de algunos de sus principales productos de exportación, como el hierro, la soja o el café.
No hay dudas que el ‘huracán’ que implican los dos más importantes acontecimientos deportivos globales, deben ser un éxito no solo desde la perspectiva y el proyecto nacionalista, sino también ante los ojos del sistema internacional. La actual 6ta economía del mundo tiene la oportunidad de lavar, aunque sea parcialmente y de manera difusa, su rostro de inseguridad (ya hay 50.000 policías destinados al evento), ineficiencias e inequidades que lo ha caracterizado durante toda su historia.
En este aspecto, el costado más nocivo del evento ya se ha visto reflejado en la ciudadanía más vulnerable: las necesidades técnicas que abarcan desde la logística hasta las construcciones, ya han impactado negativamente sobre ciertas poblaciones que ‘obstruyen’ la dinámica del transporte y el acondicionamiento de los eventos. Desalojos forzados  (se calcula 170.000 habitantes desplazados de San Pablo, Rio de Janeiro y otras 10 ciudades), precaria asistencia del poder público, compensaciones irrisorias  y falta de información sobre el destino de comunidades enteras, son moneda corriente a medida que se acerca la fecha de inicio de las competiciones.
Sin embargo, el punto más importante a resaltar es que las implicancias positivas derivadas de un escenario olímpico o mundialista, no son eternas. Ya se observó en los juegos olímpicos de Londres 2012: ha sido un éxito político, económico, y social, pero no ha logrado sacar al país de la recesión de los últimos años. Por lo tanto, los decisores gubernamentales podrían aprovechar un escenario financiero favorable para, en primer lugar, otorgar la asistencia y medios adecuados a los perjudicados por los eventos; para luego, y por sobre todo, utilizar el ‘viento de cola’ para tomar el impulso necesario y acompañar una dinámica sustentable con políticas económicas acordes que permitan, en un proyecto abarcativo de largo plazo, terminar con las miserias con las que todavía convive gran parte del pueblo brasileño.

Revista debate – análisis de la situación de Brasil de Pablo Kornblum

1) La victoria generalizada del PT y sus aliados en las últimas elecciones municipales, con el rutilante triunfo en San Pablo, permiten reflexionar sobre tres cuestiones importantes. Primero, el aura que lleva consigo el ex presidente Lula Da Silva, quien con su bendición continua fortaleciendo a los candidatos de su partido. La imagen positiva que ha dejado su mandato y su persona, evidentemente continúan ejerciendo un valor diferencial. En segundo término, una vez más se demuestran los retardos temporales que existen bajo el dinamismo de los procesos políticos. Hoy en día la actividad económica se encuentra con algunas dificultades para generar crecimiento, pero la mayoría de la ciudadanía no olvida los importantes avances, aún sin ser estructurales en muchos casos, que se han dado a nivel socio-económico desde que el PT llego al poder hace una década. Finalmente, un punto no menor es la poca afectación que ha tenido sobre el oficialismo los diversos escenarios adversos que se han presentado en términos de política doméstica, como ha sido el caso de corrupción del ‘mensalao’ o el recrudecimiento de la violencia en diversas zonas del país. En este sentido, la histórica estructuralidad de las problemáticas les otorga, con cierta resignación, cierta ‘normalidad’ desde la óptica social, desasociando las causas a cuestionamientos de responsabilidad exclusiva para con el partido gobernante.

2) Para las elecciones del año 2014, se dependerá más de la coyuntura y la actuación oficialista, que los escenarios que pueda plantear la oposición. Siempre fundamentales, las políticas económicas de los últimos meses han tendido a estabilidad ciertas variables claves y se predice una tendencia levemente positiva a futuro. El éxito del mundial de fútbol también se tornará decisivo en términos económicos (turismo), política (perspectiva internacional) y deportivos (ánimo de la población). Por otro lado, el carisma de la presidente – una variable clave en la idiosincrasia brasileña que fue cuestionada previo a las últimas elecciones presidenciales – será fundamental para explicar los logros de su gestión. Finalmente, el desafío más importante para el PT se visualizará en su capacidad para profundizar el modelo de inclusión y atacar de raíz las problemáticas estructurales que representan la pobreza, la violencia y las actividades ilícitas; en definitiva, las grandes cuentas pendientes del gigante sudamericano.

Un sueño con sobresaltos

Revista Debate, 31 de Marzo de 2012

http://www.revistadebate.com.ar/2012/03/30/5232.php

Al respecto, el especialista Pablo Kornblum -un experto sobre el gigante regional- asegura a esta revista que los choques, en realidad, no son fortuitos. Por el contrario, afirma que “los conflictos con la organización internacional del Fútbol, en parte, tienen que ver con la estrategia geopolítica, diplomática de Brasil”. Según el Director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales, el país vecino “siempre fue muy celoso de sus fronteras. A diferencia de otros países de América Latina, éste se cuida de que nadie se inmiscuya en los problemas domésticos”.
Kornblum analiza que la postura de una mandataria implacable contra todo atisbo de corrupción se vincula con que “ella no es Lula y vive en otro momento histórico, menos favorable”. Así, Rousseff cultiva su imagen de dura, en parte para conservar popularidad. La presidenta transita su mandato en otra “realidad económica”, y además, no goza de la misma cintura política que la de su predecesor, ni de su carisma.