La “carne alternativa” gana terreno en el consumo global

Pablo Kornblum para el Diario La Nación, Agosto de 2019

https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-carne-alternativa-gana-terreno-en-el-consumo-globalsociedad-nid2275612

Pablo Kornblum, doctor en Economía y magíster en Estudios Internacionales, señala que los chinos “van viendo dónde conseguir el mejor precio y la mejor calidad posible, pero sin considerar cuestiones ambientales. Quieren los mejores productos, que luego les permitan aprender. Copian mucho. Su agro está muy utilizado y no pueden rotar los cultivos porque deben alimentar a mucha gente. Por eso siempre buscan nuevos mercados”.

Irán, otro escenario donde se disputan las tensiones globales.

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 28 de Julio de 2019

https://www.ambito.com/iran-otro-escenario-donde-se-disputan-las-tensiones-globales-n5045043

Podemos afirmar que la detención del petrolero de bandera británica Stena Impero por parte de las Fuerzas Armadas Iraníes, es una mera anécdota. Como suele ocurrir en la historia de las relaciones inter-estatales, un hecho puntual, una pequeña llama disparadora, puede desatar una implosión sistémica. El ‘dilema de las jurisdicciones marítimas’ que hemos observado el último mes es simplemente una foto dentro de la dinámica de hostilidad (así lo considera el régimen persa), que lleva adelante Occidente contra sus intereses, su tradición, su forma de vida.

La importancia del hecho radica en el involucramiento de los principales actores estatales. En cuanto al Reino Unido, aunque el mismo se haya posicionado contrariamente a la decisión unilateral de Washington de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e imponer sanciones al régimen, intenta preservar a toda costa su ‘histórica relación especial’ con los Estados Unidos. El gobierno británico es hoy un boxeador golpeado que se encuentra a la defensiva en el último round, esperando que suene la chicharra para obtener un decoroso empate técnico que lo mantenga con la cabeza en alto para las próximas luchas post-Brexit. Ello se observa claramente en las vacilaciones y errores elocuentes: por un lado, nos encontramos con un Reino Unido que le pide un apoyo moral y ejecutivo a la OTAN; o sea, a los mismos (¿ex?) aliados europeos Alemania y Francia, con los que convive en una eterna y tensa disputa por el Brexit. Y para continuar embarrando la cancha – sin algún sentido para la lógica iraní – los servicios de inteligencia británicos han acusado a Moscú de ayudar a Teherán a falsificar la señal GPS para apresar su buque, a lo que agregaron que “el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y la inteligencia rusa han colaborado de forma muy estrecha en Siria, protegiendo y promoviendo sus intereses”. No solo no han descubierto nada, sino que tampoco han generado un aporte que provea algún tipo de solución al conflicto.

Evidentemente cualquier Estado – incluido una histórica potencia económica, política y militar como el Reino Unido -, que se encuentra viviendo un enorme desorden interno que concluirá, indefectiblemente, en diversos cambios estructurales que afectarán a la mayor parte de su ciudadanía, no puede atravesar nunca un complejo escenario diplomático y salir indemne. Cohesión doméstica para enfrentar el mundo, se diría. Así lo demuestra el apuro en la reciente confirmación de Boris Johnson como Primer Ministro para desarrollar, al menos, ‘cierto orden’ institucional que le permita al gobierno británico enfrentarse a los actuales dilemas regionales y globales.

En tanto a su partenaire, como suele ocurrir (casi) siempre, el ‘bombardeo’ económico es el que más le duele. Las sanciones estadounidenses, esgrimiendo el tan mentado poder nuclear iraní, han hecho mella en un histórico enemigo miembro de su denominado ‘eje del mal’. Sin embargo, y más allá de lo justificado o no de la finalidad de Donald Trump, su lectura sobre el potencial escenario de conflicto podría encontrar ciertos limitantes si se entiende la historia, cultura y religión del Estado persa.

En este sentido, cabe destacar que desde la revolución del año 1979, el Estado iraní ha adoptado la forma de República Islámica; donde el Líder Supremo de índole religioso, el ayatolá Alí Jamenei desde el año 1989, no solo es responsable de la delineación y la supervisión de las políticas generales del Estado (por lo que se encuentra por encima del presidente, Hasán Rohaní), sino que además es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y controla las operaciones de inteligencia y la seguridad del estado.

Es por ello que a sabiendas del diferencial de poder estadounidense (el gasto en defensa iraní – unos 18.000 millones de dólares anuales – es 40 veces inferior al de Estados Unidos), Irán, una potencia media en términos militares, no ha temido ni rehusado nunca a una lucha que excede los objetivos de poder y riqueza. Irak, Israel, Arabia Saudita han sido testigo de ello. En este sentido, la Guardia Islámica Revolucionaria (Pasdaram), la milicia religiosa (Basij), los aviones de combate o las rápidas embarcaciones de la armada persa, no dudan en lanzarse con fervor a todo tipo de acciones asimétricas, incluso kamikazes. Más aún, una potencial reacción agresiva de occidente no quedaría relegada a su propio territorio: el gobierno iraní ya intenta extender el conflicto a otros países en los que cuenta con el apoyo de amplias poblaciones chiíes: los hutíes en Yemen, los hazaras en Afganistán, el 60% de la población iraquí, los alauíes en Siria, el propio Hezbolá en El Líbano, la amplia mayoría chií en el estratégico Bahréin, además de la diáspora iraní en el mundo. E incluso se podría movilizar a la minoría chií (alrededor del 5% de la población) que vive en Arabia Saudita, sin olvidar el soporte que puede aportar Hamas, organización que, a pesar de ser suní, podría sentirse obligada a devolver el favor de haber estado alimentada de recursos económicos y militares iraníes durante años.

Cuando días atrás la Guardia Revolucionaria Islámica derribó el avión estadounidense no tripulado a principios de mes, envió un mensaje claro para los Estados Unidos: “las fronteras de Irán son ‘la línea roja’”, emitió en un comunicado la Cancillería persa. A pesar de este hecho puntual, y al que se le adiciona el conflicto nuclear, el gobierno estadounidense continúa con su retórica agresiva pero vacía en términos de una real ejecución. Luego de las amenazas inconclusas a Corea del Norte y Venezuela, el derribo del dron conllevó a una nueva amenaza bélica de Trump vía Twitter – como lo suele hacer -; sin embargo, el mismo mandatario suspendió los ataques aéreos de represalia apenas minutos antes de que debiera comenzar la acción.

Como contraparte, continúa insistiendo con las sanciones económicas – una política exterior más que recurrente en la historia estadounidense -, a través del fin del otorgamiento de exenciones a los compradores de petróleo o del obstaculizar las exportaciones a proveedores del Estado persa, entre otros; ello ha mellado en el valor del rial, su moneda, la caída de las inversiones, y en la escases para con el abastecimiento de productos básicos para su población. En definitiva, el objetivo último de la Casa Blanca pareciera ser que Irán colapse económicamente en poco tiempo y se genere algún tipo de subversión interna que deponga al Gobierno actual. Sin embargo, la reciente condena a muerte de la mayoría de los 17 agentes que supuestamente trabajaban para la CIA en áreas e industrias estratégicas, todos ciudadanos iraníes, nos muestra cuán lejano estamos de ello.

Como contraparte, Irán cuenta con el apoyo explícito de Rusia e implícito de China, en esta lógica actual de bipolarización geopolítica desde la asunción del actual mandatario estadounidense. En cuanto al primero, Moscú ya mostró su poderío e influencia en un espacio geográfico adyacente, como lo es Siria, e hizo frente a las ambiciones de Washington. Y lo hará en cada zona de influencia donde se encuentre geopolíticamente inmerso en un escenario que involucre a la OTAN y su estrategia misilística, en contraposición a la visión de Europa Occidental que sostiene que debe dar respuesta a lo que denominan un ‘agresivo’ avance del gobierno de Vladimir Putin en las áreas de influencia de la ex Unión Soviética.

China, por su parte, no solo es el principal importador del petróleo iraní, sino que el interés de Xi Jimping se enmarca en un contexto más amplio que implica el acceso al mediterráneo – y consecuentemente al mercado europeo -, bajo una serie de acuerdos y proyectos que se están concretando a través de la ‘nueva ruta de la seda’: ya sea tanto ferroviarios como portuarios, viales o fluviales – con sus diversas ramificaciones en diversas áreas económicas -, Beijing reconoce a Teherán como un aliado clave en su lógica multiplicadora.

Más aún, podemos decir que Irán es un aliado que, dada sus posición geográfica y sus capacidades hidrocarburíferas, cumple un rol de relevancia como articulador en una lógica tripartita. En este sentido, la histórica firma del acuerdo de suministro de gas ruso a China del año 2015 que involucró inversiones por 400.000 millones de dólares – luego de las sanciones Occidentales a Rusia por Crimea -, contó con la presencia de Rohani; cuyo gobierno, a partir de ese momento, también entró en conversaciones, convenios y contratos con empresas del gigante asiático para trabajar juntos; no sólo en la venta de gas y petróleo, sino también en el financiamiento de proyectos de explotación y exploración de hidrocarburos, junto con la construcción de puertos y ferrocarriles que le den soporte al gasoducto.

Finalmente, y dado el escenario descripto, lo que podemos afirmar es que Irán se ha negado a negociar mientras se encuentre bajo las actuales sanciones impuestas; más aún, redobló la apuesta y amenazó con elevar la pureza del enriquecimiento de uranio más allá del límite de 3,67%, acordado en el firma del año 2015, y cuyo fin era evitar que el Estado persa produzca material con fines militares. En el medio de los cruces, contrapuntos y ambigüedades, lo único que podemos afirmar al día de hoy es que, mientras algunos se preguntan hasta donde puede escalar este conflicto con ribetes que involucran peligrosamente a alta política global, Abbas Mousavi, portavoz del ministerio de Exteriores de Irán, dejó en claro la posición presente y futura de su país. ¿Hay realmente alguna sanción que Estados Unidos no haya impuesto ya contra nuestro país y nuestro pueblo en los últimos 40 años?, sostuvo en una reciente conferencia de prensa; para luego, repreguntarse con serenidad, “Y, ¿qué han conseguido?”.

Estados Unidos-China: Una historia que puede explicar el futuro

Por Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero

La guerra del opio contra los británicos o la invasión japonesa a Manchuria no pasaron desapercibidos en la historia china; desde 1949, el gigante asiático se perjuró nunca más encontrarse subyugado ante el enemigo foráneo. Ello debe quedar claro: China no representa solamente un modelo económico socialista que utiliza las herramientas del capitalismo para alcanzar sus objetivos de desarrollo y prosperidad. China es mucho más.

El gigante asiático ha jugado siempre de la misma manera desde su apertura económica a fines de los años 1970’: responder al mundo con lo que mejor tiene y, en paralelo, ser consecuente con su fin. Nadie puede negar que, a nivel comercial, haya sido el principal proveedor de bienes del mundo en las últimas décadas. También el mayor comprador. En el mientras tanto, no ha hecho nada diferente de lo realizado por el resto de las principales potencias que aspiraron a dominar el planeta en la historia moderna: sus políticas se pueden ver reflejadas en la producción en masa británica durante las revoluciones industriales, la innovación alemana que le permitió una supremacía militar para atravesar las ‘grandes guerras’, la carrera espacial soviética, o la globalización tecnológica con rostro estadounidense de la segunda mitad del Siglo XX. China tiene un poco de todo ello, visualizado en las patentes, los desarrollos en telecomunicaciones, el fortalecimiento de su aparato militar, o el avance satelital. Con una potente proyección exógena, que se complementa con una lógica endógena al servicio del país.

Es por ello que las palabras altisonantes de Trump para castigar los negocios de las empresas chinas no hacen mella en el gigante asiático. Explotar vulnerabilidades, realizar actos maliciosos o desarrollar un sofisticado sistema de espionaje, son parte de una retórica que no dará resultado. Por ‘las malas’, China no modificará sus políticas de Estado. Pero el presidente de los Estados Unidos tiene su racionalidad: por las buenas tampoco se ha logrado perforar la senda de crecimiento político, económico y militar chino. Los ejemplos sobran en el corriente siglo: desde los pedidos de Bush hijo para que cesen las políticas de Dumping, los requerimientos de Obama para lograr una revaluación del Yuan, o las mismas presiones de Trump para que se terminen los subsidios a los conglomerados corporativos ‘campeones nacionales’ por parte del gobierno. Nada ha dado resultado. Solo tibios cambios marginales que no han frenado las aspiraciones chinas.

Más aún, para China, deshacerse en cualquier momento de los 1.189 billones de dólares en bonos del tesoro estadounidense, fortalecer medidas de control burocrático a los flujos comerciales, o jugar con el tipo de cambio a su antojo, son solo herramientas accesorias para ser utilizadas, solo en caso de ser estrictamente necesario, para sopesar una coyuntura financiera desfavorable provocada por el adversario norteamericano. Nada más que eso. En este contexto, y mientras Estados Unidos busca mantener su preeminencia bajo la permanente presión de la coyuntura económica internacional, China ha comenzado un sendero de crecimiento que solo finalizará cuando logre ser la gran superpotencia global dominante que pueda abastecerse de todos los recursos necesarios para que su población posea una digna calidad de vida. O por lo menos ese es el discurso del Partido para transitar, junto al ‘hombre nuevo’, el camino hacia un comunismo pleno.
Por ahora, el pragmatismo que impera en Beijing apunta a alcanzar la autosuficiencia tecnológica del 70% de los componentes y materiales claves para el año 2025. Por ello no reniega de la “cortina de hierro tecnológica”: por ejemplo, los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi), aprovechando la prohibición de todas las redes sociales y de motores de búsqueda extranjeros, reemplazan en China a los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon). Y a su vez, el gigante asiático intenta seducir a los países participantes de la Nueva Ruta de la Seda para convencerlos que utilicen su tecnología. En este sentido, el caso de Huawei es emblemático: con su red 5G intercontinental tienen planeado crear más de ocho millones de empleos en China para el año 2030. Por lo tanto, que mejor discursivo anti-estadounidense que presentar las interpelaciones de Occidente al gigante de las telecomunicaciones chino como un obstáculo al derecho a “desarrollarse y prosperar”.

Más aún, Trump hace caso omiso a un escenario Win-Win, donde bien sabe que Huawei destina un tercio de su presupuesto anual de 11.000 millones de dólares a comprar componentes estadounidenses. La realidad es que las luminarias del dilema estadounidense se centran en las 4024 solicitudes de patentes presentadas internacionalmente por Huawei durante el año pasado, convirtiéndola en la más innovadora corporación a nivel global. En las sombras, lo que realmente le preocupa es su ‘necesaria cooperación’ – obligada para todas las compañías chinas por ley desde el año 2017 – con los servicios de inteligencia del país. No es por nada que los halcones de Washington ya han exigido, por esta o y otras razones, que China tenga flexibilidad para modificar su legislación. A una propuesta utópica, una respuesta distópica por parte del gobierno chino: no aceptarán de ningún modo una injerencia en los asuntos internos ni en las políticas de Estado dictaminadas desde Beijing.

Será que entonces la conveniencia del gobierno de los Estados Unidos se encuentre, por un lado, en continuar aprovechando, con mucho cuidado y regulación, los beneplácitos de los intercambios comerciales y financieros que les provee una globalización bajo el formato que ellos han creado décadas atrás. Para las injusticias inter-estatales, tanto por izquierda como por derecha, siempre existe el dialogo, el consenso sobre la determinación de los precios, el financiamiento, las mejoras de productividad, las posibilidad de exportar a escala, etc.

Pero por otro lado, al mismo tiempo y tal como lo hace China, Estados Unidos deberá continuar desarrollando y potenciando – con igual o mayor velocidad que su oponente – la carrera tecnológica civil y militar; simplemente para que cuando la escasez de recursos o un dilema geopolítico de gravedad se tornen inmanejables, los encuentre lo suficientemente preparados para enfrentar un potencial deshielo de esta nueva ‘guerra fría’. Porque la posición china es y será clara, y se puede resumir en una frase: “Negociar, seguro. Luchar, en cualquier momento. Intimidarnos, ni en sueños”.

Estados Unidos – China y una guerra que excede lo comercial

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, 9 de Mayo de 2019.

https://www.ambito.com/eeuu-china-y-una-guerra-que-excede-lo-comercial-n5030571

El presidente Trump ha dejado en evidencia que no soporta la paciencia confuciana de uno de sus contendientes en esta guerra fría tripartita (el otro es Rusia). Tiene su lógica: la lentitud de los cambios estructurales que promueve china tiene relación con su objetivo de mantener el statu-quo económico – claramente favorable para los asiáticos -, hasta que se encuentren dadas las condiciones científico-tecnológicas y militares adecuadas para avanzar geopolíticamente con la fortaleza suficiente de su músculo bélico; aquel que le permita torcerle definitivamente el brazo a los Estados Unidos.

Es por ello que Beijing ha decidido aminorar el golpe de un juego del cual se ve perdedor, por lo menos en el corto plazo, adoptando medidas de ‘buena voluntad’: la baja de aranceles a los vehículos importados, la reanudación de la compra de soja, el no devaluar el Yuan, o la presentación de un proyecto de ley para prohibir la transferencia forzada de tecnología, se encuentran entre los más destacados. El as en la manga quedará para más adelante y solo en caso de que sea necesario utilizarlo: China es el principal tenedor de bonos de deuda estadounidense, lo que implica que puede movilizar Wall Street y el resto de los mercados globales con meros movimientos premeditados de compra/venta.

Sin embargo, Trump apuesta a algunos datos económicos, tal cual lo sentenciaba su antecesor Clinton, para reforzar su apuesta arancelaria. Él sostiene que la tendencia creciente del PBI (+2,9% en 2018), la desocupación más baja en décadas (3,8%), apropiados niveles de inflación (2,4%), y la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos, entre otros, en gran parte se deben a sus políticas de agresivo proteccionismo. A pesar de que hay cierta veracidad en su declamación, que por supuesto tiene aristas más variadas y complejas, sus palabras son una herramienta potente para fidelizar al electorado con vistas a las elecciones presidenciales del año entrante.

Con tres líneas discursivas precisas sostiene un ‘enemigo’ para una sociedad que, mayoritariamente, acepta fervientemente la dicotómica pelea entre el bien y el mal. Los 500.000 millones de dólares al año de déficit comercial, el ‘robo’ de la propiedad intelectual, o el subsidio a las empresas estatales son hechos fácticos que no se le pueden discutir a Trump. Más aún, la ‘demonización’ china es el verdadero valor agregado: el déficit comercial es sinónimo de falta de trabajo y pobreza estadounidense, el robo tecnológico le brinda a China un diferencial en una potencial guerra a futuro, y las políticas de control gubernamental son un sinónimo de comunismo avasallante.

Por su parte, las críticas de los neoliberales, las que entre otras cuestiones afirman que los consumidores estadounidenses van a terminar pagando más caros los productos, a Trump le tienen sin cuidado: desde Washington responden que los movimientos tendrían un ‘dolor a corto plazo’, pero la situación cambiaria positivamente a futuro. El BREXIT es un ejemplo de ello: el gran susto que promovió el liderazgo europeo y los mercados, con el soporte de los principales medios de comunicación, no hizo mella en una transición hasta el momento ordenada. La historia ha demostrado que los países no quiebran, que las economías se acomodan – el Reino Unido ya se encuentra realizando acuerdos comerciales y financieros con terceros actores -, y que lo realmente importante es la solidez técnica y moral de las instituciones gubernamentales.

¿Por qué entonces, por ejemplo, no esperar de encontrar otros proveedores u otros mercados del sudeste asiático, donde se pueda terciarizar la producción y realizar los negocios que se pierden con China? Es razonable que siempre existan costos; más aún que los procesos de adaptación lleven tiempo. Pero no es nada que no se pueda solucionar. Mientras tanto y para contrarrestar este potencial escenario, Xi prometió la “abolición de las reglamentaciones, subvenciones y prácticas no justificadas que alteran la competencia y los mercados”. Aquellos que abrazó desde que China instauró el ‘socialismo de mercado’ en la década de 1980’, y terminó de afianzarlos en el año 2001 cuando, con su membrecía, aceptó cumplir con las regulaciones impuestas por la Organización Mundial de Comercio.

Está claro que la ingenuidad de Xi es meramente especulativa: solo espera, con calma y entereza, que amaine una tormenta que tiene varios frentes (como la extradición pedida por los Estados Unidos para la directora de Huawei en Canadá; o mismo los roces con la Marina de Guerra estadounidense en el Mar del Sur de China), para luego, cuando el politburó lo considere oportuno, poder retomar la iniciativa y continuar sus planes de crecimiento y desarrollo, hasta convertirse en la principal potencia económica, política y militar del mundo.

Análisis de inversiones tecnológicas chinas en Argentina

Pablo Kornblum para el portal Iprofesional

https://www.iproup.com/innovacion/3734-inversion-emprendimiento-desarrollo-tecnologico-Huawei-Xiaomi-Alipay-y-mas-asi-avanza-China-en-Argentina

Se hace muy difícil cuantificar exactamente qué porcentaje de inversiones chinas se encuentran abocadas a la tecnología. Esto es porque además de las empresas que se podrían denominar ‘tecnológicas’ (como por ejemplo Huawei), se encuentran las que no son estrictamente del rubro pero que desarrollan y utilizan los avances de última generación para sus operaciones diarias. Por ejemplo, dentro de las inversiones que realizó el ICBC cuando ingresó en el mercado Argentino, se encuentran las que incluyeron derivaciones tecnológicas indirectas para la puesta en funcionamiento de los sistemas informáticos apropiados.

En cuanto a los montos, también es algo difícil de mesurar. Una cosa son las promesas discursivas en las reuniones bilaterales entre jefes de Estado o funcionarios de primera línea, otro es lo que luego realmente se acuerda en las reuniones operativas de los cuadros técnicos, y finalmente se encuentran las diferencias que se ponen de manifiesto a la hora de efectivizar las inversiones. Más aún, cabe destacar que ‘los fracasos’ en la puesta en marcha muchas veces no tienen que ver con una cuestión del acuerdo en sí, sino más bien de cambios en la coyuntura económica o política endógena o exógena de ambos Estados.

En cuanto al resto de América Latina, no hay grandes diferencias en los objetivos que tiene China en relación a los que presenta en nuestro país; lo que implica que existe un trabajo diplomático ‘horizontal’ de Beijing que deriva en acuerdos económicos y proyección geopolítica en pos de sus intereses. En este sentido, la búsqueda de recursos naturales estratégicos (Petróleo en Venezuela, Litio en Bolivia, Minería en Argentina, etc.), la realización de obras de infraestructura, y un avance en términos de adentramiento tecnológico (TCL, Midea, Lenovo y Shanghai SVA, entre otras, han invertido o han adquirido empresas en toda la región), no distinguen fronteras.

El acercamiento con China será, por un lado, conveniente en mayor o menor medida según el posicionamiento que tome la Argentina a la hora de llegar a un acuerdo; el otro tema se centra en la eficiencia/eficacia en tanto la utilización de los préstamos y las inversiones. ¿Servirán los 9.000 millones de dólares del SWAP acordado con China? ¿Incrementará la producción minera las inversiones que realizó la empresa Shandong Gold, la cual desembarcó en San Juan en el 2017 cuando adquirió el 50% de la mina Veladero por US$ 960 millones? ¿Podrá dinamizar las golpeadas economías regionales el corredor que unirá 538 KM entre Bs. As. y La Pampa, y demandará una inversión de US$ 1.175 millones por parte de la compañía China Construction America? Todas son conjeturas que dependerán de las políticas gubernamentales de largo plazo que realice el gobierno nacional. Lamentablemente, la historia indica que en las decisiones del ejecutivo suele primar la coyuntura y no las políticas de Estado; por lo que claramente la incertidumbre a futuro es mayor que las certezas que podamos concluir.

El otro punto clave serian las problemáticas derivadas de las inversiones en tecnologías sensibles. Esta discusión, que se da no solo en Argentina sino en todo el mundo, implica la ‘inmiscuisión’ de la segunda potencia política, económica y militar de la tierra en un escenario donde históricamente ha primado la Doctrina Monroe bajo el paragua de los intereses estadounidenses. Para citar un ejemplo, los acuerdos para la construcción de la central nuclear ATUCHA V han implicado la decisión de optar por un proyecto de tecnología desconocida que cierra su círculo operativo y de conocimiento a proveedores de terceros Estados; pero que a su vez abre el interrogante respecto del aporte que realizarán tanto China como Argentina, como así también pone en duda la eficacia en el resultado final.

El otro ejemplo que hace mucho ruido es la instalación de la estación espacial en la localidad de Bajada del Agrio en Neuquén. Se trata de un acuerdo que firmó Cristina Kirchner (que incluyen 50 años de exención impositiva en un área de 200 hectáreas), que se encuentra manejado completamente por una agencia que depende del Ejército Popular Chino. A pesar de que el presidente Macri logró una adenda a ese acuerdo para que China aclare que se trata de una estación espacial de ‘uso pacífico’, la antena instalada generó malestar en los Estados Unidos por su eventual uso dual y la posibilidad de interceptar satélites. En definitiva, se ha creado un potencial conflicto de intereses geopolítico fronteras adentro de Argentina entre las dos principales Fuerzas Armadas del planeta (con consecuencias impredecibles – inclusive en términos militares – para con nuestro país).

Disputa comercial entre los ESTADO UNIDOS Y CHINA

Por Pablo Kornblum para la Revista Mundo Plural – Agosto 2018

https://www.yumpu.com/es/document/view/62008278/revista-agosto-2018/98

“Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, dijo el pasado 2 de marzo el presidente de los ESTADOS UNIDOS, DONALD TRUMP. Bajo una lógica proteccionista y el lema “ESTADOS UNIDOS primero”, el país norteamericano introdujo aranceles del 25% y el 10% a las importaciones — valuadas en 60.000 millones de dólares — de más de 100 tipos de bienes procedentes de CHINA (especialmente acero y aluminio).

Esta lista incluirá productos de los sectores que fueron calificados de estratégicos en el plan del desarrollo de CHINA ‘Made in China 2025′ (Producido en CHINA 2025), como la industria aeroespacial, las tecnologías de información y la maquinaria.

El punto central que sostiene los ESTADOS UNIDOS es que la economía CHINA le genera el 75% del déficit comercial. “Estados Unidos tiene un déficit fuera de control” en su comercio con CHINA, y corregirlo es, acaso, la principal razón por la que fui elegido”, sentenció el mandatario estadounidense.

El otro punto clave es la disputa en el área de la competencia tecnológica, en la cual ESTADOS UNIDOS denuncia masivas violaciones a la propiedad intelectual por parte de empresas chinas. Cabe destacar que el gobierno chino obliga a que las empresas que deseen operar un su mercado compartan la tecnología con sus socios locales.

Además sostiene que los aranceles son una especie de castigo a CHINA por “robar” los avances tecnológicos estadounidenses: por ende, el imponer restricciones a la importación también tiene su basamento en la “seguridad nacional”.

CHINA, por su parte, aplicó represalias comerciales e impuso aranceles a un conjunto de 128 productos estadounidenses; lo cual afectaría a las exportaciones hacia el país asiático en 3.000 millones de dólares.

Por un lado, un total de 120 impuestos que involucran 977 millones de dólares, abarca a las frutas frescas, los frutos secos y nueces, además de vinos, etanol modificado, ginseng americano y tubos de acero sin soldadura. A todos ellos se les impondrá un arancel del 15%. Por otro lado, un total de 8 impuestos que involucran 1.992 millones de dólares, serán incluidos para con la carne de cerdo y sus subproductos, el aluminio reciclado y otros subproductos de su cadena. Para estos últimos el arancel será del 25%.
Por el momento, las medidas impuestas por el gigante asiático tienen un carácter más simbólico que real. Las sanciones que CHINA dictaminó cubren solamente algo más del 2% de los 140 mil millones de dólares de bienes y servicios que CHINA importa de ESTADOS UNIDOS.
Por otro lado, la propia medida de ESTADOS UNIDOS no hará tambalear la economía china ni tampoco logrará reducir el abultado déficit comercial estadounidense frente al gigante asiático, situado en 375.000 millones de dólares.
En este sentido, China depende menos de su balanza comercial superavitaria para impulsar su crecimiento económico que hace una década (0,1% en promedio en 2015-2017) que hace 10 años (3,4% en promedio en 2005-2007).
Sin embargo, CHINA sostiene enfáticamente que sus intereses fueron “gravemente dañados” y urgió a los ESTADOS UNIDOS a dar marcha atrás en sus medidas que, según CHINA, violan las propias normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), donde ambos Estados son miembros y sostienen que el Organismo es fundamental para las fluidas y positivas relaciones económicas entre países.

Por todo lo expuesto, se puede mencionar que las medidas de TRUMP, más allá del corte económico, tienen su lógica política en el sentido de devolverle a su electorado más leal (del cual retiene su apoyo en contraposición de vastos sectores de la sociedad estadounidense) con políticas asertivas las promesas de campaña. En este sentido, la protección frente a las importaciones chinas – principalmente a sectores industriales como la producción de acero -, tiende a estar situada en términos productivos en la región centro-norte del país, la misma que se convirtió en el bastión electoral de TRUMP en las elecciones de 2016.

CHINA por su parte, redobla la apuesta con una política ‘espejo’ imponiendo medidas proteccionistas a productos estadounidenses como las nueces y el vino, producidas mayoritariamente en California, uno de los estados más influyentes y tal vez el núcleo de la oposición política a TRUMP. Como complemento, es probable que luego se centre en productos agrícolas o bienes intermedios que afecten especialmente a las zonas con ingentes cantidades de votantes del actual mandatario republicano.
Además CHINA ha sacado a la luz las propias falencias de la política endógena norteamericana, sosteniendo que las medidas proteccionistas estadounidenses perjudicaran a la ciudadanía. Por ejemplo, la industria automotriz sentirá al tener que comprar aluminio – que no produce en las cantidades requeridas – a precios más altos. Se estima que Washington tratará de escoger aquellos productos que repercutan menos en el bolsillo del consumidor o en la cadena de suministros de sus empresas; sin embargo ello es particularmente difícil debido a la naturaleza de las importaciones chinas.

Por otro lado la respuesta de CHINA ha sido discreta, lo que apunta a la posibilidad de que posteriormente aplique medidas más duras. CHINA, como el tercer exportador más grande del mundo, una de las mayores tasas de crecimiento y el principal poseedor de bonos del Tesoro de los ESTADOS UNIDOS – al controlar una quinta parte de su deuda pública por un valor de 1,17 billones de dólares -, es un actor relevante tanto para los ESTADOS UNIDOS, como para con el resto del mundo.

En caso de una escalada, los aranceles chinos podrían extenderse a la soja (en 2017 CHINA importó de ESTADOS UNIDOS soja por un valor de 14.600 millones de dólares), acusando de competencia desleal a los productores estadounidenses; o mismo limitar el número de estudiantes chinos en las universidades estadounidenses (superávit estadounidense de 38.500 millones de dólares) sosteniendo la necesidad para con la cultura y seguridad nacional de educarse en otros mercados; o sino el privar a las empresas estadounidenses del acceso a su mercado de contrataciones públicas valorado en 490.000 millones de dólares, afectando a empresas como Boeing y Cisco con la mera política de potenciar el financiamiento interno. Todo ello sería de gran afectación para con la economía estadounidense.

Finalmente, las guerras comerciales no siempre son positivas – solo en casos específicos y para ciertos sectores – y tampoco fáciles de ganar, ya que dependerá del poder relativo, las alianzas y las capacidades productivas. En el caso de las dos principales potencias económicas del mundo, con una alta interdependencia de ambos, puede conllevar a generar una escalada de tensión económica con efectos macroeconómicos adversos en escala.

Este incremento en las tensiones además generará, dada su importancia, un fuerte impacto en todo el escenario geoeconómico global – tanto en términos económicos como financieros -; con especial énfasis negativo en aquellos que promueven un escenario aperturista indiscriminado para atraer inversiones y adentrarse en diversos mercados para colocar sus productos y servicios.

La estación espacial china: secretos de la base en Neuquén

Comentario de Pablo Kornblum publicado en el diario La Nacion

https://www.lanacion.com.ar/2161816-la-estacion-espacial-china-secretos-de-la-base-en-neuquen

La carrera espacial china no puede ir desasociada con su conglomerado de intereses globales: el avance en cada escenario del planeta conlleva una impronta económica, financiera, comercial, diplomática, cultural y militar. Tanto es así que a su vez existe un entramado intrínseco dentro de cada empresa, donde economistas, militares, físicos e ingenieros de primera y segunda línea de diferentes ministerios ocupan los directorios de las empresas trasnacionales.

Por otro lado y más allá de la relevancia que puedan tener para la Argentina el swap, las inversiones en infraestructura, o las exportaciones de soja, la base espacial china tiene una connotación especial por una serie de factores: 1) dado el secretismo y la complejidad para su ingreso y contralor, se ha transformado en una especie de ‘embajada china’ dentro del territorio nacional. 2) la carrera geoespacial es una competencia interestatal del presente y futuro, lo que le permite a la potencia asiática continuar con sus ambiciones en términos de ‘realismo estratégico’. 3) puede ser un espacio de desarrollo de otros proyectos de vital relevancia, como lo es la ciberdefensa/ciberseguridad regional, o mismo a través de una política de proyección económica y militar hacia el continente Antártico.

En tanto los Estados Unidos, la realidad es que en términos geopolíticos, la administración Trump no ha variado mucho de la Obama. Sus dilemas, actualmente con otra intensidad, pasan por Medio Oriente, la península de Corea, China, Rusia y la OTAN. Solo se puede mencionar la temática de los inmigrantes y el muro como cuestión de agenda; ya que ni siquiera se encuentran en foco las graves problemáticas económicas y políticas de Brasil, Venezuela o Nicaragua.

En términos económicos, financieros y comerciales, la región entra en el mismo juego que el resto del mundo: o te adaptas a las reglas estadounidenses, o tienes más para perder que para ganar en la relación bilateral. Por supuesto hay matices como cuando existe cierta afinidad política e ideológica, como es el caso de Argentina, pero de ningún modo se observa una relación ‘win-win’: el exceptuar al país de los aranceles al aluminio y al acero solo mantiene el estatus-quo; el habilitar el préstamo del FMI o la compra de deuda por parte de grandes grupos financieros estadounidenses, genera inexorablemente una deuda futura; mismo aunque se haya habilitado la marginal exportación de limones, por el contrario se encuentra vedada la discusión sobre la problemática en torno a las restricciones al biodiesel.

Dicho esto, no quiere decir que las primeras y segundas líneas diplomáticas y técnicas gubernamentales se encuentren ‘abstraídas’ de lo que ocurre en nuestra región; menos aún del juego de uno de los principales competidores en casi todas las dimensiones del tablero global, como lo es China. Por ende, el avance geopolítico y geoeconómico (mercados, ejes de desarrollo productivo, financiamiento, explotación de recursos naturales, carrera antártica, innovación tecnológica de sistemas, comunicaciones y a nivel espacial, etc.) son observados atentamente y, con seguridad, intentarán por lo menos ‘neutralizarlos’, sino es que toman una posición más activa (como es la base humanitaria estadounidense que se construirá a pocos kilómetros de  la base espacial china en la misma provincia de Neuquén).

Temen que un acuerdo con China profundice el déficit comercial

Comentario de Pablo Kornblum en el diario La Nación, 24 de Junio de 2018

https://www.lanacion.com.ar/2147100-temen-que-un-acuerdo-con-china-profundice-el-deficit-comercial

“En un escenario de primarización regional, difícilmente cambie el patrón de intercambio: los países del Mercosur siguen teniendo los recursos naturales y estratégicos que China demanda y no pueden (ni quieren, como parece ser el caso de la Argentina, Uruguay y Paraguay, no así de Brasil), cambiar el patrón productivo”, señaló Pablo Kornblum, economista especializado en relaciones internacionales. Y agregó: “La única forma de que la Argentina pueda equilibrar la balanza comercial [deficitaria] sería incrementar y diversificar los productos que ya exporta, porque, ante el TLC, las importaciones chinas a la región probablemente se incrementen”.

El Gobierno reconoce que se juega la última chance de acordar con Europa

Comentario de Pablo Kornblum en el diario La Nacion, 21 de Junio de 2018.

https://www.lanacion.com.ar/2145917-el-gobierno-reconoce-que-se-juega-la-ultima-chance-de-acordar-con-europa

Un acercamiento a Pekín, uno de los principales socios comerciales de la región, estaría en línea con la política aperturista del macrismo, explicó a LA NACION Pablo Kornblum, economista especializado en relaciones internacionales.

Según el experto, la negociación de un tratado de libre comercio con ese país puede traer beneficios a la Argentina y a la región al tratarse de la apertura de un mercado inmenso. Pero, también, los riesgos serían grandes si el acuerdo no es equitativo.

“Se puede ver una problemática en la liberalización de los productos que China exporta. Si no se hace un tratado justo se pueden resentir los mercados internos de la región”, dijo Kornblum, autor del libro La sociedad anestesiada: el sistema económico global bajo la óptica ciudadana.

Y agregó: “La avalancha de productos chinos, si no hay protección, va a ser grande y no les va a dejar margen a las pequeñas y medianas empresas de la región para poder seguir adelante”.

 

China: profundizar la cercanía que quedó del kirchnerismo

Entrevista a Pablo Kornblum – Diario La Nacion

http://www.lanacion.com.ar/1984102-china-profundizar-la-cercania-que-quedo-del-kirchnerismo

El vínculo comercial y financiero entre la Argentina y China se intensificó cuantiosamente en los últimos años y el gobierno de Mauricio Macri intentará mantenerlo y expandirlo. Pero Pekín representa hoy dos incógnitas para el país. Por un lado, en términos económicos, una ralentización del crecimiento del gigante asiático podría tener un impacto en nuestro país debido al nivel de interdependencia alcanzado. Por el otro, si se habla de política, el fuerte acercamiento reciente con Estados Unidos dejaría el país en el medio de dos potencias con rivalidad en aumento.

Así lo describió a LA NACION el director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), Pablo Kornblum. “El esquema que empezó con el kirchnerismo continuó porque se trata de una relación pragmática. Lo que puede hacer que la relación gire es el vínculo con EE.UU.”, sostuvo. “[Donald] Trump busca en China un enemigo y la Argentina quedaría frente a una dicotomía de tener que elegir un aliado”, agregó.

Sin embargo, hay una ventaja, según el analista: “Como somos un país todavía alejado del mundo, no estamos en el eje de la tormenta de la geopolítica de la pelea entre EE.UU. y China. Podemos jugar pragmáticamente con uno u otro”.

La Casa Rosada acordó con Pekín reducir el déficit comercial -en rojo para la Argentina- principalmente apelando a la llegada de más turistas chinos. Pero para Kornblum se necesitará más que eso. “Tiene que haber un cambio de paradigma, que no creo que haya. Se quiere profundizar el modelo agroexportador y de a poco ir avanzando en otras áreas de la economía, pero que éstas sean lo suficientemente competitivas para el mercado chino es una utopía, demoraría años”, explicó.

Con la estrategia de encontrar nuevos mercados, el Gobierno ya busca en el sudeste asiático, pues China se convirtió en el motor de la región. “Ahí hay mini-Chinas”, ejemplificó Kornblum. Y agregó: “Sería tonto no mirar hacia allá”