Entrevista en La Izquierda Diario Sobre la Situación Global

Por Pablo Kornblum en La Izquierda Diario

http://www.laizquierdadiario.com/Las-tensiones-entre-las-potencias-por-los-recursos-estrategicos-se-van-a-incrementar

¿Cómo ves la situación de la economía mundial tras los efectos de la pandemia?

Salta a relucir lo que se habla mucho, que son las desigualdades, este es el punto más importante. Vemos que a pesar que esto es homogéneo, en cuanto a lo que pasa en todo el mundo, los que son más pobres, los que tienen menos posibilidades de defenderse, los que no pueden quedarse en su casa trabajando desde una computadora y tienen que salir a la calle, son los más expuestos ante la pandemia. Entonces esa desigualdad que uno encuentra ahora a nivel internacional, pero a nivel local también, lo que se ve en Argentina, lo que sufren los jóvenes precarizado, por ejemplo, los que trabajan en los deliverys, etc. Es lo que se ve, ´quiénes están más expuestos, ellos o la gente que vive en las villas hacinadas´.

Una cuestión básica que se ve, sin ser economista, o sin entender mucho el tema, sabe que el virus se propaga más rápidamente en un área cerrada que donde convive mucha gente, era obvio que sin las medidas básicas de aislamiento iba a pasar. Bueno, pasa por eso hay tanta preocupación en África o en Asia, lo que pasa -como en todo el mundo- los medios de comunicación (algo que menciono el libro) lo tapan. Hay cosas que no se dicen porque lo manejan ciertas elites en conjunción con los dueños de los medios de comunicación y, otras personas más, lo cual no se ve pero evidentemente una vez más queda claro que ante estos shocks a nivel internacional los que más sufren son los que menos tienen.

Claro esto es una dinámica que como vos decís se está poniendo a relucir en forma muy aguda, y en el marco de esta película donde los que venían mal están peor, también hay otro elemento de la situación internacional en lo que respecta a mayores roces o tensiones entre los Estados, ¿cómo lo ves vos?

Hay dos cuestiones, sin entrar mucho en la historia, esto viene desde el fin de la unilateralidad o unipolaridad de Estados Unidos a fin de la década del noventa, que la globalización sabemos lo que trajo, ¿no? Digamos esta homogenización que no le sirvió a nadie, solo le sirvió a unos pocos, lo que hizo fue bajar los salarios a nivel internacional a un niveles que les sea rentable a nivel macro a estas elites económicas y financieras, ya sea para producir o jugar con el dinero. Lo que se vio a nivel general hay una baja del salario en los trabajadores; ahora a nivel interestatal hay un resurgimiento de lo que fue Rusia y China –sobre todo a partir de este siglo- que quieren tomar el poder porque se dan cuenta que la clave son los recursos estratégicos, la tecnología espacial, todo lo que tiene que ver con el aparato militar y, vuelvo a repetir, todo lo que tiene que ver con los recursos que son escasos. Lo que es el agua dulce, el litio, la Antártida, etc.

En ese marco de lucha por los recursos estos países con líderes, digamos que no les importa tanto la cuestión micro interna, como puede ser a Xi Jinping o a Putin, cuando su prioridad es conquistar varias partes del mundo por el tema de los recursos, la carrera espacial y militar, le están empezando a desafiar a Estados Unidos. En este marco de multipolaridad que vemos ahora, claro a ´río revuelto´, lo que se ve es que cada uno se va acomodando como puedo y lo que tenemos es eso, un nuevo reacomodamiento internacional donde Estados Unidos, a pesar de preservar el mayor poder militar no es la gran potencia a la cual todos siguen unísonamente y sin ningún tipo de discusión; sino cada uno se trata de acomodar con mucho problemas como en Europa con el tema del Brexit o Alemania que quiso moldear a Europa a su manera está con un montón de problemas que no se los esperaba como la inmigración y demás, … Bueno hay un marco internacional donde cada uno juega su juego y se van acomodando, el tema es dónde se acomoda cada uno a nivel interestatal y cómo hacen para que eso se derrame positivamente para los pueblos de cada uno; aunque lamentablemente como siempre los que menos tienen quedan relegados a lo último.

En relación al fin del mundo unipolar, ¿cómo ves a los Estados Unidos en su política exterior?

En su momento los Estados Unidos intentó de alguna manera manejarse con su esquema lógico que tuvo históricamente, ¿cuál es?, avanzar sobre los mercados. Ahora bien, se dio cuenta que en algún momento (creo que tardíamente) la pelea por los mercados la estaba perdiendo, por ejemplo con actores que sin tener las mismas capacidades estratégicas o de poder que tiene los Estados Unidos, iban acomodándose, le iban compiando el known how y el conocimiento y, de eso modo, le toman ciertos nichos que parecían intocables para los Estados Unidos, en el marco de este multilateralismo. Diciendo, ´Estados Unidos ya no me representa y puedo negociar con los chinos, con Rusia con India (y su tecnología) y demás´.

Se ha enfocado en mantener su nivel de agresividad económica, sin incrementarla, pero diciendo, ´este es el objetivo´, y retirándose de algunos sectores estratégicos a nivel geopolítico porque se concentró, por ejemplo, en Medio Oriente o en otros lados muy puntuales. En ese sentido, lo que se ve es que donde se retira Estados Unidos, donde no le pone el foco, América Latina o África, estos Estados que vuelvo a nombrar, China, Rusia y algunas otras potencias aprovechan y toman los lugares.

Si uno ve África lo que se ve es que hace 30 años las empresas norteamericanas o europeas estaban expoliando los recursos natural a viva voz, sin ningún resquemor; ahora vienen los chinos que les dicen, ´miren Sres. nosotros les proponemos que además de sacarles los recursos estratégicos, les implantamos población y le desarrollamos las actividades locales y la economía local. Entonces en ese sentido muchos gobernantes dijeron, ´nos conviene lo que nos están trayendo los chinos´, por su puesto detrás hay otros intereses porque los chinos, por ejemplo, te financian pero a su vez te piden que les compres su capital, que no negocies con otro, el famoso winner takes all, y te implantan población para que después a nivel sociológico (si se quiere) ya vayan avanzando y quedándose. No es como los norteamericanos que van te sacan el petróleo y se van. Ellos (los chinos) se van quedando, es otra dinámica. Pero te vuelvo a repetir, lo que se ve de Estados Unidos es que no creo lo hayan medido de la mejor manera, cuando se retiraron de algunos lugares o le quitaron un poco el ojo, ahí avanzaron estos Estados.

En cuanto a este avance de China sobre el conocimiento o la tecnología que históricamente controlo Estados Unidos, ¿Cómo ves esta puja que muchos la presentan como parte de la denominada guerra comercial?

Detrás de bambalinas lo que se sabe es que la guerra comercial existe, el déficit comercial de Estados Unidos con China es amplio y es histórico, hubo pelea no solo con Trump, con Obama también pidiéndole Presidente chino que revalúen la moneda porque no podían competir, eso existe. Ahora lo que uno ve detrás es lo que más le interesa es la tecnología sensible, la lucha por el poder, la carrera espacial, y es lo que no se ve que son las cláusulas secretas que se firman en todo tratado comercial que no son solo entre Estados Unidos y China, sino que son entre todo el mundo. Ahí me parece que está el quid de la cuestión. En cuanto a la lógica China lo que se ve es que, ´vamos a seguir avanzando económicamente hasta donde podamos y, mientras tanto, reforzamos nuestro aparato militar. Si los Estados Unidos nos quieren quitar comercio, como le puede pasar al Reino Unido que se fue de la Unión Europea y quieren negociar con nosotros (China)´.

Lo que está detrás de la disputa comercial es la disputa por el poder tecnológico, las tecnologías sensibles, la cuestión satelital, la cyberdefensa, digamos todo lo que tiene que ver con la tecnología de punta porque el comercio internacional lo que se ve es, con el ejemplo de Reino Unido, me sacan de la Unión Europea voy a negociar hasta con mi enemigo Argentina, y lo mismo pasa con China, ´Trump me pone trabas me voy a negociar con otro´, lo mismo pasa en Europa con la tecnología 5G, es la lógica de la guerra comercial permanente. Lo que es importante ver es que los países incrementan en general su gasto en defensa, su aparato militar, salvo contados casos, porque saben que en el futuro la lucha por los recursos estratégicos y la tecnología va a ser lo que va a definir los próximos cincuenta años. Para eso se están preparando los chinos, de eso ya mucho se habla y es el gran temor de los Estados que saben que en algún momento la tensión se va a incrementar. Ahora es una cuestión económica, en algún momento va a pasar a mayores y creo esto va a suceder en algunas décadas. Los chinos no se van a quedar atrás.

En tu libro explicas aspectos que consideras centrales sobre el funcionamiento del sistema capitalista global, entre ellos el creciente proceso de mercantilización, ¿cómo ves este proceso a la luz de la crisis sanitaria que puso en evidencia el Covid-19?

Algunos dicen que es el fin del capitalismo, pero yo no creo que sea así, lo que se están viendo son las miserias como dije al principio de la entrevista. Te doy un ejemplo concreto, en un momento los alemanes dijeron, ´si nosotros tenemos la pandemia y nosotros producimos los respiradores… de acá no sale nada, no se exportada nada´. El intercambio va a continuar, el capitalismo con todas sus miserias, en el sentido que no hay una reflexión como sostengo en el libro donde destaco que no hay una formación y educación a nivel institucional, sobre todo en la educación básica, en el nivel primario y secundario, para revitalizar el rol de las ciencias sociales y entendamos la problemática sistémica.

Me parece que el punto es, cuál es el verdadero problema, está el medio ambiente, están los virus, qué es lo que está ocurriendo acá, evidentemente está pasando algo dado el proceso de acumulación permanente e insaciable de la economía capitalista por parte de unas elites, lo que se ve es que el sistema en este modo lo que va a generar es un detrimento en la calidad de vida de los seres humanos y de los seres vivos en general en la tierra. Si no vamos a entender que esto es lo que ocurre, en algún momento esto va a terminar colapsando, ahora es un virus, después será la guerra por los recursos, etc.

Pero el problema que veo es que la gente no está lo suficientemente formada, educada…; por supuesto también hay cuestiones propias, y sobre todo los problemas de educación respecto a la bajada de línea de los medios de comunicación, el famoso ´cuarto poder´. Nos hacen pensar con la lógica de las elites porque trabajan juntos con ellos, cómo tenemos que analizar nosotros el mundo, cuál son los temas importantes…, y lo que nos termina pasando es que el dictamen que nos dejan es, ´fíjense u ocúpense de temas puntuales o marginales y no de problemas estructurales sistémicos´. Que quiero decir, ´ocupémonos solamente de la cuestión del aborto, por nombrar un tema en general, o el cuidado de los animales, o sea, cosas particulares donde grupos se preparan o les interesa cierta cuestión.

Desde mi punto de vista cuando vos te ocupas de los problemas marginales, cotidianos, puntuales y nos ves lo que pasa a nivel sistémico el sistema no cambia, el statu quo no cambia, entonces lo que vemos a lo largo de la historia, los últimos cien años a nivel internacional y, sobre todo en los últimos cincuenta es un aumento en las inequidades, en la pobreza a nivel internacional y en la destrucción del medio ambiente. Esto es lo que está pasando, es una realidad fáctica, si nos quedamos con lo que nos dicen los grandes medios, ´esto está más o menos mal, cambiemos esta cuestión puntual´, entonces no vamos a lograr el cambio sistémico para que toda la población mundial viva mejor.

Ahora bien Pablo, en el caso de la pelea por la legalización del aborto, hay millones de mujeres en todo el mundo movilizadas por este derecho que los Estados les niegan, si bien esta pelea no va a cambiar la estructura del sistema, creo que si no peleamos por aspectos parciales como parte de una estrategia global para cambiar el sistema hay un problema también, ¿Cómo lo ves?

Totalmente de acuerdo, a eso voy, lo que digo es lo siguiente… por fijarnos en la cabeza lo particular y por llevarnos rápidamente de un tema a otro, que es lo que hacen los grandes medios, para sacarnos de la cuestión estructural, lo que tenemos que hacer es pelear todas las batallas que haya que dar y, aclaro yo estoy de acuerdo con el derecho al aborto, pero lo que resalto es que ´el árbol no nos tape el bosque´, y la cuestión sistémica es lo que termina prevaleciendo, y frente a ellos lo que falta, es una formación institucional de base de ciencias sociales que nos quieren quitar. Nos quieren hacer creer que los que hacemos ciencias sociales nos somos productivos, que no servimos y valemos poco, lo que pasa es que los cientistas sociales son los que nos hacen pensar la sociedad y eso es lo que tenemos de bueno.

Por otro lado, en tu libro sostenes una crítica al capitalismo, cuando te referís a como en un proceso de reestructuración de negocios, los empresarios apelan a despidos y/o reducciones salariales, ¿algo de eso ya estamos viendo con las primeras respuestas de grandes grupos económicos ante la crisis?

Mira los otros días escribí en un artículo sobre las maquilas en México, allí empresarios norteamericanos con empresas del otro lado de la frontera con México, no les importa que todos los miles de empleados se contagien con tal de continuar produciendo para el sistema. Prefieren perder plata y que los multen, a que sus empleados mueran. Eso habla de todo porque no puede parar la rueda. Si no entendemos que el límite de la acumulación está en la salud humana, no se puede entender cuáles son las prioridades, en realidad, entendemos así, cuales son las prioridades que tienen algunos pro sistema, y las de otros que entendemos que la vida esta antes que todo. Bueno, el gran dilema es la lucha desigual, los más pobres son los que más sufren, ahora son visibilizados de algún modo porque salta con esta cuestión (coronavirus). Uds. que trabajan siempre, están en el terreno saben lo que es, vuelvo a repetir se necesita una comprensión sobre el problema estructural para que esto se plasme en la urnas, porque definitivamente se necesita tener poder para modificar las cosas.

A modo de cierre de la entrevista, ¿cómo ves la economía mundial de acá a los próximos años?

El crecimiento es muy frugal, todos están dependiendo de esta guerra comercial entre Estados Unidos y China, me parece que lo que se va a ver en términos generales es un aumento del sistema en términos de acumulación, los países desarrollados van a ir hacia las tecnologías y los servicios, eso es lo que se ve a nivel internacional, te doy el ejemplo de Australia, hace tres años que este país cerró su fábrica de automóviles porque dijo que es un país que no se va a dedicar más a la producción industrial, eso lo va a dejar a otros países como los del sudeste asiático; entonces esa es una gran diferenciación, quiénes van hacia los servicios y la tecnología y de ese modo si se quiere dar una mejor calidad de vida a los asalariados en el marco de una diferenciación porque del otro lado tenemos a los asalariados del sector industrial a quienes les vienen bajando los salarios a nivel internacional con los famosos procesos de tercerización. Eso es lo que se va a seguir viendo, si tienen que ir a producir a África para pagar dos dólares menos por mes, lo van a seguir haciendo.

Ese es el marco general que tenemos, entonces digo, ante esta situación y bajo la lógica de la geopolítica internacional, lo que podemos ver es quienes detenten los recursos estratégicos, que los que tengan el agua, los alimentos, y puedan producir esa tecnología de punta que les permita hacer la diferencia, no solo en la industria farmacéutica, sino también en la industria militar que es la más dinámica en la economía y es la que va a determinar en las peleas del futuro quién va a estar del lado de los ganadores y del lado de los perdedores, en ese marco el capitalismo se va a ir moviendo cíclicamente, con bajo crecimiento del PBI, y un incremento de las desigualdades, y por esto último, es ante lo que tenemos que pelear los que pensamos que las cosas así no van a funcionar.

Lo que se ve es una mayor desigualdad, mucha gente en los últimos cuarenta o treinta años entró al mercado laboral pero en qué condiciones, como los mileuristas en Europa, como los que trabajan en las maquilas en México, como los que trabajan en los mercados informales en Asia, entrar al mercado y no ser parte del planeta miseria no quiere decir vivir bien, esa es una crítica que muchos le hacen en Brasil a Lula, donde mucha gente salió de la pobreza, uno lo entiende, se pone contento, lo enaltece, ahora tener un TV y una heladera pero seguir viviendo en un morro no es calidad de vida tampoco, y por eso digo que hay pelear por salir de los cambios marginales e ir a los estructurales.

¿Cómo se hará viable la economía global post-pandemia?

Por Pablo Kornblum para El Cronista Comercial – 7-6-2020

https://www.cronista.com/columnistas/Como-se-hara-viable-la-economia-global-post-pandemia-20200607-0006.html

La pregunta revolotea no en pocas cabezas alrededor del mundo. Un mayor cuidado de la salud, sostenido científicamente por los epidemiólogos e infectólogos de todas las latitudes, llegó para quedarse. Una ‘nueva normalidad’, la cual implica un mayor distanciamiento social, permanente utilización de alcohol en gel y el lavado de manos, barbijos; en definitiva, medidas sanitarias mucho más estrictas. Lo cierto es que más allá de los beneficios que deberíamos observar para con la salubridad en general – los cuales  seguramente buscan exceder la durabilidad de esta pandemia -, también se han generado una serie de interrogantes de extrema importancia para con la continuidad del statu-quo del sistema económico global.

Como punto más importante a resaltar, tenemos el incremento – para muchos rubros de forma exponencial – de los costos que las nuevas medidas generan. Por supuesto, y como consecuencia, la otra gran pregunta es el modo en que se distribuirán los mismos. Solo pensemos, para citar un ejemplo, en un restaurante que, dado su espacio, debe trabajar solo con un tercio de las mesas que lo hacía habitualmente. O mismo un avión de cualquier aerolínea, el cual tendría que reducir la cantidad de pasajeros para cumplir con el distanciamiento social adecuado. También podríamos analizar la nueva situación de una fábrica de alimentos, a la cual se le exigirá la incorporación de un sistema de lavandería exclusiva y elementos de higiene personal permanentes para poder funcionar.

Improbable – para no decir imposible – que sean rentables. Y no estamos hablando de una o dos industrias. Sino de cientos, muchas de ellas de las más importantes de la economía real. ¿Podrán cambiar sus estructuras? ¿Y de ser así, a costa de quién? ¿O con la ayuda de quién? Porqué la realidad es que los costos fijos y variables se tendrán que reducir ostensiblemente. Y entre ellos se encuentra el más ‘flexible’ de todos, el salario. ¿Disminuirán más de los que ya se han recortado en el último medio siglo? Es el deseo de cierta corriente neoliberal de la economía, quienes encuentran en esta pandemia una nueva oportunidad para llevar a cabo sus ideas. La historia – y el coeficiente de Gini – hablan por sí solos: se evidencia claramente que la pérdida de la masa salarial ha ido acompañada por una creciente desigualdad socio-económica a nivel global.

También se ha propuesto, como lo ha expresado más de un empedernido comunista, la disminución de ingresos de los empresarios. ¿Darán su brazo a torcer? Difícil. Además,  claramente dista de ser una situación homogénea. Muchas de las Pymes que dependen de la ya dura ‘libre competencia’ del mercado, han sido heridas de muerte con esta pandemia, y realmente no tienen mucho margen para ceder rentabilidad. Sin la espalda – ni el financiamiento – de las grandes corporaciones, en muchas industrias (por no decir áreas enteras de la economía) deberán hacer malabares para subsistir. Ya sea a través de la innovación o la reconversión, o mismo equilibrando sus finanzas, tratando de buscar acuerdos sustentables con empleados, proveedores, dueños de las propiedades en donde operan, etc.

Por supuesto, la excepción se encuentra en aquellas empresas (la mayoría de ellas poderosas corporaciones) vinculadas a los negocios – no, no dije negociados – con quienes detentan las ‘lapiceras mágicas’ del gobierno. Es aquella fusión simbiótica de elites políticas y económicas – por no decir también mediáticas, sindicales y judiciales -, muy difícil de visualizar por el ciudadano medio, pero que genera ingentes ganancias y desarrolla sobradas capacidades de enquistada rosca para, como mínimo ante la actual pandemia, no perder de manera significativa en épocas de recesión global.

A los desocupados y excluidos, ni vale la pena mencionarlos. Siguen a la buena de dios. O de la – lamentablemente muchas veces escasa – voluntad de los gobernantes donde viven. Aquellos que deben utilizar todas sus capacidades para maximizar la eficiencia y eficacia para con las políticas públicas. Que no es más, ni menos, su obligación como representantes del pueblo para con quienes los ha votado (aunque a veces nos olvidemos de ello). Porqué aquellos Estados que han demostrado tener a lo largo de la historia una macroeconomía sólida y estable, con variables ‘benignas’ en términos de inflación, tasas de interés o equilibrio fiscal, sumado a bajos niveles de corrupción y a una razonable distribución de la riqueza, seguramente se encontrarán mejor preparadas para enfrentar el futuro. O sabrán cómo hacerlo mejor. Incluyendo a los que menos tienen.

Sin embargo, aquí tenemos dos puntos no menores. Por un lado, aunque la generalización descripta afecta a una parte importante de las empresas de la economía real, el impacto negativo se reduce ostensiblemente cuando hablamos de las ganancias que genera el mercado financiero. En este sentido, el mismo se encuentra más vinculado al crecimiento – o al decrecimiento – del PBI; siendo ajeno, salvo empresas financieras determinadas en algún momento excepcional de la historia (como durante la crisis de 2008-2009), a resquebrajarse como un todo en términos sistémicos. La respuesta: ayuda estatal para con las entidades financieras – recordemos el salvataje de la Banco Central Europeo al gobierno griego en los primeros años de la década de 2010’, con el mero objetivo que puedan repagar sus deudas principalmente con la banca alemana -, tasas de interés para endeudamiento e instrumentos financieros exorbitantes desasociados totalmente a la economía real – nuestra historia habla por sí sola -, o la multiplicación de paraísos fiscales para los grandes negociados ilegales. En este aspecto, ha sido empíricamente evidente que desde el fin de la segunda guerra mundial, la economía financiera ha crecido prácticamente de manera ininterrumpida, y a tasas mucho más elevadas, que la economía dedicada a la producción de bienes y servicios.

Por otro lado, la pandemia ha acelerado el proceso de robotización y tecnologización, en detrimento a vastas áreas de la economía mundial más atrasadas, asociadas generalmente a procesos de mano de obra intensiva menos calificada. O sea, mayor innovación, en donde el capital físico, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y los sistemas de computación reemplacen más rápidamente a los trabajadores. Que, indefectiblemente, tendrán que buscar otra forma para ganarse la vida; ya sea generando sus propios emprendimientos, o en relación de dependencia. En cuanto a  los primeros, requerirán de buenas ideas y un financiamiento acorde. Para los segundos, sino quieren caer en el mundo de los ‘pobres con trabajo’ (desde los trabajadores en las maquilas mexicanas, los vendedores ambulantes en el sudeste asiático, o los mileuristas del viejo continente), deberán apuntar a capacitarse en aquellos oficios o profesiones que posean cierto nivel de complejidad técnica y/o tecnológica (como puede ser el caso de los servicios de enfermería, los diseñadores de microprocesadores, o los ingenieros en energías alternativas). Por supuesto, para los cientistas sociales que no producen ningún bien palpable, ‘útil’, bien gracias. En un mercado global cada vez más competitivo y con capacidades de consumo restringidas, el diferenciarse es una necesidad.

Los más humildes – y hoy en día no tanto – necesitarán de un Estado que los asista. No queda otra alternativa: sin educación ni financiamiento, el tendal de excluidos sistémicos que dejará la pandemia (sumados al arrastre de quienes vienen padeciendo carencias hace varias generaciones) se multiplicará por millones. Y en este dilema contracíclico en el que se encuentran la mayoría de los gobiernos del mundo, no hay mucho margen de maniobra. Más cuidados en la salud y más demandas de una ciudadanía empobrecida, se contraponen con un modelo de acumulación privada que podría languidecer en términos colaborativos para la mayoría de la otrora ‘piedra basal’, pero actualmente perimida, “clase media” – ya sea a través de menguantes inversiones o por una disminuida capacidad de contribución impositiva -.

Para el descripto escenario futuro, más que complejo, se requerirá una precisión quirúrgica en las políticas de Estado, sobre todo en tanto a la generación y distribución de la riqueza. Un Estado que articule los intereses públicos y privados – fuertemente contrapuestos – en pos de que la mayoría de la ciudadanía pueda desarrollarse y obtener una digna calidad de vida. Porqué el mundo post-coronavirus también será mucho más difícil para quienes detenten el quehacer de la política económica. Seguramente diferente a lo hasta ahora conocido. Esperemos estar a la altura de las circunstancias. Algo que hasta el día de hoy, en los diferentes puntos de inflexión sistémico que hemos vivido a lo largo de la historia, no ha sucedido.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Pablo Kornblum para Ámbito Financiero – 27-04-2020

https://www.ambito.com/opiniones/coronavirus/el-dia-despues-del-coronavirus-eterno-resplandor-una-mente-recuerdos-n5098517

“Solo una crisis – real o percibida – da lugar a un cambio verdadero”, afirmaba Milton Friedman en el prefacio a la reedición de 1982 de Capitalismo y libertad. Mientras  habrá tiempo para discutir el verdadero origen del ‘virus chino’, como indica Mr. Donald Trump, es momento de mirar hacia adelante. Y la mejor forma de anticipar el futuro, como ha sido siempre, es comprender y analizar lo ocurrido en el pasado. Porque mientras el proteccionismo y las guerras mundiales derivaron en la creación de la carta de derechos de la ONU y los Organismos Trasnacionales, o la crisis del 2008 conllevó a un mayor control de los flujos financieros a nivel global, seguramente el coronavirus obligará a los Estados a encontrarse mejor preparados ante una potencial futura pandemia.

Al día de hoy observamos impávidos voluminosos paquetes fiscales, garantías de créditos y reducciones de tasas a través de la inyección de recursos de las mayoría languidecidas arcas estatales en todo el planeta; por ende, si hay algo que aprendimos es que el día después nos refuerza que es mejor prevenir que curar. Que el no producir los elementos de salubridad, con la capacitación adecuada por el tan mentado ‘capital humano’, es sinónimo de dependencia y mendicidad; en este sentido, la heterogeneidad estructural representada en los viejos paradigmas de desarrollo y subdesarrollo encuentran formas donde la inequidad productiva, institucional y social se conjugan en cada rincón del planeta.

Que tampoco hay margen para con un endeudamiento descontrolado, dado que ante la complejidad del mundo en que vivimos, nos tenemos que encontrar siempre erguidos en nuestro posicionamiento diplomático. Los Estados no perecen, de la crisis económica siempre puede salir – con enormes costos sociales, por supuesto -, pero los pueblos como conjunto suelen resistir y la geopolítica prevalece a lo largo del tiempo. Lo entiende y lo maneja al dedillo el presidente Vladimir Putin, que prefiere perder dinero poniendo un barril de crudo más barato, con el mero objetivo de poner de rodillas al Shale Oil estadounidense en medio de una crisis sanitaria y de letalidad sin precedentes.

Aquí se torna necesario insistir nuevamente en la protección y conquista de los recursos naturales estratégicos. En un mundo que no se va a cerrar totalmente, pero donde los resquemores proteccionistas van a resurgir en su arista economicista – ya desde la perspectiva geopolítica el multilateralismo agresivo se viene desarrollando fuertemente desde principios del corriente siglo -, con importantes consecuencias para la macroeconomía global. Y no solo me estoy refiriendo a los potencialmente lógicos aranceles fitosanitarios; sino, y principalmente, a aquellas lógicas de mancomunidad financiera internacional que quedarán heridas de muerte. Sino pregúntenles a los ‘irresponsables’ italianos, que ni en estos tiempos de pandemia han tenido la piedad de sus socios comunitarios de los Países Bajos, quienes le reclaman por su falta de eficacia macroeconómica y se niegan a aprobar la ayuda de rescate de la Unión Europea.

Más aún, la ausencia de coordinación global no es solo europea o pertenece exclusivamente al escenario de la estatalidad. Desnuda una realidad que ya hace tiempo se visualiza tras bambalinas en la arena internacional: las Organizaciones Trasnacionales son, siendo generosos, al menos ‘tibias’ a la hora de reaccionar ante contextos de real complejidad. Cuando se habla de pandemias, refugiados o miseria extrema, solo proveen las ‘caricias’ permitidas por los actores estatales que los financian y están dispuestos a involucrarse verdaderamente en la ayuda fronteras afuera por las causas más nobles – lo cual es inversamente proporcional al incremento de la crispación interestatal -; en definitiva, solo mantienen su careta post-segunda guerra mundial ‘pour la galerie’.

En términos del dilema financiero – el cual, con vida propia no cambiará su lógica depredadora y oportunista -, el desacople mayor se observará en las cadenas de producción global de la economía real. Las principales firmas multinacionales, que tienen su producción distribuida a lo largo y ancho del planeta con un criterio de maximización de productividad por escala y reducción de costos operativos, de aquí en más tomarán mayores recaudos. Por un lado, buscando producir, principalmente, en aquellas geografías donde la capacidad de respuesta ante este tipo de eventos sea mejor; y por supuesto, donde exista mayor flexibilidad para huir más rápidamente en caso de que la gravedad de la situación lo amerite.

A nivel doméstico, el ‘shumpetearismo’ en su versión salvaje se va a disolver como arena entre los dedos, si realmente se quiere un capitalismo que sobreviva a las tensiones sociales inherentes a su concentración y desigualdad. En este sentido, sin una ‘clase media’ cada vez más reducida y agobiada – sobre todo luego de estas crisis mayúsculas – en su rol de ‘buffer’ de contención microeconómico de las masas empobrecidas, los cimientos del sistema tambalearían de una manera abrupta. Por supuesto, cada Estado manejará el sistema económico según su idiosincrasia, su cultura, su historia. Por ejemplo, mientras que en algunos países se discute si priorizar la ayuda social directamente o brindar beneficios a las empresas en una primera instancia, en otros, como Polonia o Dinamarca, se ha excluido del paquete de ayuda económica a las empresas que coticen en un paraíso fiscal.

Como contraparte, en términos de ‘colaboración’, se continuará observando a distintas empresas del sector privado con voluntad de aportar bajo la ya tan mentada Responsabilidad Social Empresaria; dispuestos en muchos casos a fabricar insumos críticos de acuerdo a la propia demanda del Estado nacional, quien tomará las riendas nuevamente con su rol inexorable de organizador y hacedor de la vida económica. En este aspecto, queda claro que la reconversión productiva por altruismo (de universidades, cooperativas, organismos del Estado), y de una parte del sector privado productivo (por conveniencia y necesidad), han sentado un precedente ante una potencial nueva pandemia u hecho catastrófico.

Los más débiles de la pirámide social, las mayoritarias y empobrecidas clases trabajadoras deberán indefectiblemente adaptarse (si, una vez más a costa de ellos mismos, como nos enseñó el menemismo en los 1990’) para las tareas del futuro. En este sentido, habrá que buscar su ‘ser indispensable’ y formarse técnicamente con suficiencia en aquellos lugares donde la automatización y la generalidad no encuentran asidero. Las áreas de servicios o producción de capital esencial para cuidar la salud y el medio ambiente, o por contrario las ‘más oscuras’ industrias de la guerra y el control social, serán las vedettes de aquellos que quieran estabilidad y crecimiento económico y profesional. Simplemente para no terminar con ocurre hoy en día con los trabajadores agrícolas rumanos, que con el fin de la cosecha por la pandemia, el gobierno alemán no los ve como esenciales y se encuentran sujetos a una deportación digna de una novela distópica.

Tampoco esperemos la revolución proletaria. Aunque los trabajadores chinos de máscaras N95 se conectan con las enfermeras de la ciudad de Nueva York, y los trabajadores de Amazon en Europa se vinculan con los conductores de camiones en Sudamérica con el fin de todos juntos trabajando y produciendo colaborativamente para poder salir de esta pandemia, lo único que ruegan es estar sanos y que está recesión global no ‘les toque el bolsillo’ para poder llegar a fin de mes cobrando su salario (muchas veces indigno). Muy lejos de las ideas de mancomunidad global de la ‘internacional socialista’, pero muy cerca de la teoría de ‘no vinculación’ de la clase trabajadora global propuesta por el economista griego Arghiri Emmanuel. Quien también, aunque haya escrito hace más de medio siglo, se encontraba en lo cierto cuando afirmaba que, contrariamente a lo expuesto previamente, a las elites políticas se les amoldarán las elites económicas que, como una masa sólida sin fisuras, querrán salir indemnes y al menos mantener sus privilegios, cualesquiera sea el escenario que derive de esta pandemia. ¿Y si aunque sea se intenta con un impuesto extraordinario y progresivo a la riqueza, que afecta a ese porcentaje mínimo de población privilegiada? Es más que difícil atacar ciertos privilegios; hay que tener mucho coraje y espalda política para hacerlo. Aquí y en cualquier lugar del mundo.

Por supuesto, no podemos dejar de mencionar el rol creciente – y ahora más tolerado socialmente – del Estado como un ‘gran hermano’ que controla todo. En términos económicos, los Gobiernos de las diversas extracciones políticas han puesto sobre la mesa enormes recursos financieros para compensar los efectos de la crisis. Como pasa en los momentos donde la dinámica de la normalidad prevalece, el Estado, por acción y reacción, toma el lugar donde el mercado (por la misma acción pero en sentido inverso), se retira. No será así a futuro. El Coronavirus ha sido la estocada final para la promoción de un neoliberalismo agresivo que ya no tiene asidero.

Lo que sí es seguro es que el Estado presente, requerirá de alineamientos más fluidos e inmediatos en los distintos niveles de gobierno. Los errores de coordinación, inadmisibles ante escenarios críticos, se han visualizado en varias regiones de la tierra. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, la falta de centralización en las compras de respiradores ha llevado a una competencia inútil a distintos Estados locales para obtener este u otros insumos críticos. Por otro lado, la gestión del Coronavirus en Sudán ha producido un aumento de las tensiones entre los políticos civiles y los militares que conforman el Gobierno de Transición, lo que deja latente la posibilidad de un golpe de Estado. O mismo en Brasil, donde las peleas entre el Presidente Jair Bolsonaro con muchos de los gobernadores y el mismo (ahora ex) Ministro de Salud, terminan siendo más bizarras que las novelas del atardecer de la cadena O’Globo. Por supuesto, con miles de muertos sobre sus espaldas. Y en la vida real. En definitiva, cada gobierno hace lo que puede y como quiere. O como le permite una ideología social construida a lo largo de su historia.

En términos políticos, las elites gubernamentales ya lo tienen todo para desarrollar la excusa del enemigo externo (visible, como podría ser el inmigrante, o invisible, como el coronavirus, donde cualquier foco de epidemia implicará un cierre de fronteras inmediato), para saber que ocurre en cada momento y en todo lugar; ello inevitablemente generará la posibilidad sine qua non de perpetuar el statu-quo. El fino límite de la ‘libertad condicional’ y la seguridad ciudadana será la potencial discusión – donde la cultura y/o el poder de coerción -, lo permitan. En Nigeria ya se ha visto de la peor manera: las fuerzas de seguridad han asesinado al menos 21 personas de manera extra-judicial mientras hacían cumplir las medidas de confinamiento.

En definitiva, y tal como ocurría en la película “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, donde la pareja de protagonistas borran todos sus recuerdos para no estar juntos, pero al final sienten una extraña necesidad y se vuelven a encontrar para comenzar otra vez la relación, podemos decir que la humanidad ha borrado de su memoria muchos de los errores que ha cometido en el pasado. Esperemos que, el post-coronavirus, a diferencia de la obra maestra de Michel Gondry, nos permita de una vez avanzar hacia adelante, teniendo en claro que la vasta experiencia es más que suficiente para hacer las cosas bien y no tener que comenzar nuevamente desde las cenizas de la tierra arrasada, muy bien representada por esta pandemia. Porque como dice un viejo refrán de guerra, para vencer al enemigo, lo primero que hay que hacer es conocerlo. Parece que hasta el día de hoy, como se ha descripto, el problema es que el principal enemigo del humano no es el Coronavirus, sino la inmoralidad de su propio ser.

Errar es humano, perdonar es divino

Pablo Kornblum para Ámbito Financiero, 13-04-2020

https://www.ambito.com/economia/mundo/errar-es-humano-perdonar-es-divino-n5095239

Hace 30 años, caía el muro de Berlín y nos disponíamos a, teóricamente, comenzar una nueva historia; aquella que nos embebería en un mundo capitalista, abierto, democrático, cooperativo. Eso era lo que pregonaba el ganador de la ‘guerra fría’ y gran superpotencia mundial, los Estados Unidos de Norteamérica. Extraño, pero necesario para con sus intereses particulares. Extraño porqué en ningún momento la historia de la humanidad había sido homogénea desde lo productivo, lo económico, lo cultural, lo político, o lo moral. Pero necesario porque el objetivo era expandir el neoliberalismo globalizador – con el marketing del payasito como solo ellos lo saben hacer -, para dominar al mundo como siempre lo han promovido desde su ingreso a las arenas de poder global a finales del siglo XIX: a través de la acumulación de capital con rostro estadounidense. Por supuesto, con el impávido soporte de sus fuerzas armadas.

Pero su lógica en pos de la eternidad sistémica con dominio propio, se ha quebrado en solo tres décadas. Para comenzar, su objetivo principal era reforzar su per se económico. Por ello promovieron, como eje central, el detrimento del rol del Estado. Por supuesto, el rol de los otros Estados, no el de los Estados Unidos de Norteamérica. En este sentido, bajo la lógica neoliberal buscaron que las privatizaciones, junto con la liberalización comercial y financiera, fueran el sine qua non de las políticas económicas en cada rincón del planeta. Queda claro que además se pedía equilibrio fiscal, tipos de cambios competitivos, tasas de interés razonables, etc.; pero la realidad es que el resto de las variables eran más parte de una consecuencia del devenir diario, que de un programa macroeconómico sólido de largo plazo.

En tanto a la venta de los bienes públicos, se le puede preguntar a la mayoría de los ciudadanos rusos si mejoró su calidad luego de que privatizaran la mayor parte de los activos estatales. Seguramente las muecas de disgusto serán más que elocuentes. También podemos hablar del fracaso de la liberalización comercial, ya que mientras se dinamizó generó principalmente un proceso de concentración económica que favoreció a los mismos oligopolios de siempre; no obstante y como si fuera poco, hoy volvimos a una época de proteccionismos bajo nacionalismos ideológicos cada vez más irascibles. Y si nos referimos a la falta de obstáculos financieros, no existe ningún análisis que resista su falta de efectividad: crisis del sudeste asiático en los 1990’ y global en el 2008 (podemos agregar la de nuestro país en 2001), derrochero de paraísos fiscales, fondos buitres esperando devorar como carroña los bonos soberanos de los países mal llevados, etc. Todo ello, vuelvo a repetir, ha sido una causalidad de la pérdida (o peor aún, de la complicidad) de poder real de la mayoría de los actores gubernamentales.

También fueron por la cultura. Mejor dicho por la no cultura. Lo único que el resto de los gobiernos debía hacer era incentivar el consumo, sobre todo de aquellos productos estadounidenses. Y sino tenían el paladar occidental, los bienes y servicios se podían adaptar al deseo local. Y si no eran estadounidenses, que los insumos ‘Made in USA’ por lo menos sean partícipes en algún punto de la cadena de valor global. Y así podemos continuar.

Sin embargo, el fanatismo por el consumo no mermó los intereses nacionales, que jamás desaparecieron. China, Rusia, el otrora comunitario Gran Bretaña, el papá de Europa Alemania, Japón y otras naciones que algunos denominan ‘potencias medias’ (Turquía, Brasil, etc.), quisieron sacar provecho para con el desarrollo de un capitalismo a su medida buscando, por un lado, mejorar permanentemente su posicionamiento geoeconómico relativo a través de la disputa de mercados y recursos; pero además, han intentado generar políticas que pudieran lograr la difícil tarea de equilibrar la inversión con el ahorro, el consumo público con el privado, la extranjerización con las tercerizaciones pro mercados domésticos, junto con una diversidad de dilemas de enorme complejidad para la cantidad de intereses contrapuestos a nivel intra e interestatal. En definitiva, embebidos en demandas crecientes de sus propias ciudadanías y mellados en sus capacidades, el ‘Multilateralismo de guerra’ desató una disputa sanguinaria entre los diversos actores estatales.

La religión tampoco debía ser un obstáculo. Y no era que el protestantismo no tenía el suficiente poder a nivel global para llevar ‘de la mano’ (o de las narices mejor dicho) al capitalismo. Sino que, contrariamente, la modernidad hacia que el fervor dogmático perdiera su fortaleza buscando ‘adaptarse’ a la lógica del consumo sistemático. A su vez, el desaire que había causado un comunismo anti-religioso que, dominando a la mitad del planeta por medio siglo, le había fallado hasta sus propios soñadores de utopías. Por ende, en el conjugar de la derrota moral y económica, también se introducían las creencias dentro de la misma bolsa del ‘equipo de los perdedores’. Un momento propicio para encontrarse del otro lado del mostrador, cerca de dios.

Pero contrariamente a lo esperado, el credo también le ha jugado una mala pasada al capitalismo democrático occidental con rostro estadounidense. Islamismo, Confucianismo o el propio  Cristianismo Ortodoxo, se han revitalizado – cada uno a su manera, bajo un rostro diferente -, poniendo énfasis en valores que, si bien no desafían a la lógica del capital, colocan sobre el tapete formas de vida (y de gobierno) que terminan obstaculizando la fluidez sistémica que requiere la no intervención divina de los asuntos terrenales promovidos por la dinámica del mundo económico y financiero trasnacional.

Como conjunción, podemos afirmar que el mundo de las ideologías de hoy se encuentra en oposición – a veces diametralmente – a la lógica homogeneizadora; nos encontramos con reclamos particulares de grupos que promueven cambios contra un statu-quo que, queda claro, representa en la mayoría de las ocasiones los intereses de unos pocos: el deterioro del medio ambiente, la desigualdad creciente entre el 1% contra el 99%, la lucha por los derechos de las otrora minorías, o los miedos hacia lo extraño (inmigrantes, virus), son algunos de los ejes de disputa de quienes tienen deseos de vivir por fuera de las normas establecidas.

Para resumir lo expuesto, podemos decir que probablemente nos encontremos en un nuevo punto de inflexión dentro del ‘Sistema Mundo’. Los golpes recibidos por el modelo implementado bajo el “Consenso de Washington” a finales de los años 1980’, lo llevan a languidecer desde la perspectiva económica, política y social. El Covid – 19 ha sido el corolario de una dinámica observada en los últimos treinta años, donde la velocidad de los cambios generados principalmente por la aceleración del propio ritmo tecnológico, nos asientan bajo un paradigma global diferente.

El mismo, como eslabón final de una cadena de desaciertos de lo pretendido por el imperio décadas atrás, nos augura un futuro donde seguramente el instinto de supervivencia, racional y egoísta, se oponga a los deseos de libertad que requiere el neoliberalismo. Ello se ha replicado claramente a nivel estatal, donde hasta en los países ‘más desarrollados’ se han realizado confiscaciones de respiradores cuando estaban a punto de salir de sus aduanas hacia su destino final.

También quienes en el mundo desarrollado pensaban que el terrorismo era su único enemigo – el cual se podía controlar, cercenar y encausar con ingentes recursos para con el aparato de seguridad del Estado -, ahora recibieron un segundo golpe.  Quienes no están acostumbrados a las vidas agitadas con las cuales si convive la mayoría de los ciudadanos de los países pobres del mundo, difícilmente no piensen que algún otro dilema de diferente índole pueda ocurrir en cualquier otro momento. ¿Después de los atentados y los virus mortales, que seguirá en la lista?

Bajo este marco situacional, los Estados nacionales tratan de enfrentar la situación epidémica respetando al máximo los mecanismos del Capital, aunque la naturaleza del riesgo los obliga a modificar el estilo y los actos de poder. Una gran crisis económica, y esto es capitalismo señores, implica que los números no cierran y hay que despedir personal. No importa el cómo, el porqué, el esperar, proponer una reducción de salario, nada. Ya sabemos quién ganó el partido economía vs. salud. O mejor dicho, en que momento el mercado le termina torciendo el brazo a un Estado que, mientras debe intentar mantener la salubridad de su población, necesita manejarse con quirúrgico equilibrio para que no se desmorone un sistema de acumulación que, nos guste o no, se encuentra profundamente arraigado en cada gran empresa, cada Pyme, cada trabajador.

Me permito mirar más allá. Probablemente el futuro implique vivir bajo un Estado panóptico, con enorme poder de control y coerción a través de la vigilancia digital; autoritario, paternalista y celoso de sus posesiones, pero lejos de la necedad. Construyendo poder para contener sociedades cada vez más informadas, con políticas redistributivas sectoriales para satisfacer medianamente las necesidades de los grupos particulares, y mejor preparados para la ocurrencia de eventos extraordinarios (guerras, pandemias, desastres naturales). Queda en signos de interrogación, como diría un colega amigo, si no estaremos avanzando hacia el peor de los mundos. Un sistema económico que acentuará la lógica del individualismo capitalista salvaje, en conjunción con un sistema político comunista que, en lugar de parecerse a una verdadera democracia con control popular bajo el lema de la equidad, se asemeje a una dictadura salvaje y violenta.

Finalmente, quisiera concluir el artículo preguntando sobre aquellos que han pregonado el fin de la ‘historia’. Porque los argentinos, si de algo pecamos, es de olvidar el pasado; lo que, indefectiblemente, nos ha conllevado a volver a cometer los mismos (groseros) errores. Por ende, y en este caso sin ser misericordiosos, podemos entender que ‘errar es humano’ para quienes tras la caída del Muro de Berlín, arrogaban el haber alcanzado el destino final paradisiaco para la humanidad toda. Sin embargo, y ante la evidencia pragmática de una historia que refleja el empeoramiento de las desigualdades y la calidad de vida de las mayorías en cada rincón del planeta, podemos afirmar que las miserias y sus consecuentes derivaciones creadas con sus políticas adrede, solo merecen el perdón de dios.

El coronavirus y su propia película ¿Y dónde está el Estado?

Publicado en el diario Ámbito Financiero el 31-03-2020

https://www.ambito.com/opiniones/pandemia/el-coronavirus-tiene-pelicula-propia-y-donde-esta-el-estado-n5092202

Muchos de los que contamos algunas décadas en nuestro haber, hemos disfrutado la sátira cinematográfica ¿Y dónde está el piloto?, la cual se desarrollaba en un avión y en donde  ambos, piloto y copiloto, se habían intoxicado y no había quien aterrizara la aeronave. Un atinado paralelismo con la actualidad global, donde una pandemia inhóspita ha desnudado no solo las capacidades o incapacidades de los gobiernos de turno, sino también lo lábiles e inefectivas que son ciertas ideologías de gran exposición mediática. Ni que hablar de su dudosa moralidad.

Pero primero debemos diferenciar la coyuntura de la pandemia con el escenario de crisis sistémico, altamente dinámico y con altibajos en cuanto a su profundidad: hace décadas que vivimos un proceso de creciente desigualdad socio-económica global, acompañado por un irrefrenable deterioro medioambiental. La pregunta lógica que nos deberíamos hacer es por qué no ha desatado ello un punto de inflexión – o mejor dicho reflexión -, como esta pandemia del Coronavirus que ha ‘movido el avispero’ de las ciencias sociales.

Por un lado, simplemente porque en los dilemas histórico-estructurales ‘todo pasa’, los problemas se suavizan con un buen partido de futbol por televisión, unos mates en familia o un asado con amigos; o sea, nada que la mayoría de los argentinos no pueda hacer. Por otro lado, existe un proceso de normalización de la situación: es lo que nos tocó, podría ser peor, poseo bienes no materiales como el afecto de quienes me rodean. Por último, vivimos bajo el ‘poderío mediático’ promotor de una lógica que pregona el esfuerzo individual que dictamina los bienes que poseemos, que la polución y las pandemias han existido y existirán siempre, o que cada uno debe ser feliz con lo que tiene.

Sin embargo, la característica de esta pandemia es que es horizontal e inter-clasista, tanto  en términos inter como intra-nacionales. En cuanto a lo primero, los potencias desarrolladas de occidente esta vez no han podido demostrar su superioridad en tanto a la capacidad de respuesta ante la pandemia y ningunear, como lo han hecho a lo largo de la historia, al resto del mundo en inferioridad de condiciones: que el Ébola ocurrió por la falta de higiene africana, que el quiebre financiero que impactó en el sistema de salud griego se debió a sus ‘vagos’ ciudadanos, o que los corruptos gobiernos latinoamericanos siembre se ‘robaban’ los recursos destinados a la vital infraestructura sanitaria.

Por su parte, fronteras adentro, un sistema desbordado para toda la ciudadanía no deja un gran margen de resguardo en términos de salubridad para las clases que suelen ser privilegiadas a la hora de la atención. Solo cuentan con una ventaja, no menor: la suficiente espalda económica para soportar una larga cuarentena en el confort de sus hogares.

En este sentido, no podemos dejar de destacar la siempre presente ‘puja de intereses’, en la cual mientras las mayorías – incluidas las Pymes, los profesionales, los que viven de la economía informal – intentan desesperadamente capear una caída sustancial de la economía real, las elites económicas buscan socializar una crisis de enormes magnitudes: ya sea con pedido de socorro/subsidios al gobierno, o buscando una reducción salvaje de costos – por supuesto despidiendo personal a mansalva, como lo ha realizado recientemente la empresa más relevante de la industria nacional -.

Un caso emblemático es el de la más grande compañía chilena de aviación, la cual, luego de ‘pelear a muerte’ las paritarias con sus empleados – aun cuando han tenido ganancias corporativas extraordinarias con una utilidad neta de 310 y 190 millones de dólares en 2018 y 2019 respectivamente -, ahora le ruegan a sus trabajadores ser socios cómplices en las pérdidas.

Dado el escenario descripto, en lo único que hay unanimidad al día de hoy en la consideración global, se puede resumir en una pregunta. ¿Y dónde está el Estado? O mejor dicho, podríamos intercambiarlo por una exclamación, dado el requerimiento pragmático de una coyuntura que asfixia: ¡Quiero más y mejor Estado! Aunque es difícil reflexionar en momentos en donde prima la necesidad de actuar con rapidez, estos son los contextos diferenciadores en los que el análisis ideológico nos da muestra de su verdadera utilidad.

No voy a poner el foco en los ya desaparecidos anarquistas, que con el crecimiento demográfico se vieron obligados a recluirse, diluidos en reclamos particulares, bajo otros posicionamientos ideológicos. Pero si me voy a referir a los tan mentados liberales, que han denostado cualquier tipo de política gubernamental activa bajo la harto conocida discursiva del gobierno corrupto e ineficiente en su totalidad – cuando no el famoso, ¿Y dónde están mis impuestos? -, y al día de hoy han quedado semi-enmudecidos ante el crecimiento exponencial del Covid-19.

Hasta los gobiernos más conservadores han desempolvado los libros keynesianos para realizar desesperadas políticas fiscales y monetarias expansivas para el durante y la post-pandemia. Aquellas que no solo financian las variables básicas para el funcionamiento de una sociedad, sino que además inyectan recursos económicos para el más eficiente accionar del sistema público de salud, promueven la investigación y desarrollo para detectar los enfermos y encontrar las vacunas, dotan de medios a las fuerzas de seguridad para hacer cumplir la cuarentena, y hacen posible el despliegue logístico de las fuerzas armadas para con el abastecimiento de insumos a lo largo y ancho del país; en definitiva, los héroes anónimos que representan a un Estado que, ni más ni menos, debe hacer cumplir el contrato social y, en este caso de zozobra particular, debe velar con vehemencia por la salubridad de toda la población.

Los neoliberales podrán responder que está situación de pandemia es una ‘excepcionalidad’ y que, una vez que finalice la pandemia, todo vuelva a la ‘normalidad del mercado’. Y podrían citar el ejemplo de Australia: luego de la crisis financiera global del año 2008, el ejecutivo decidió realizar enormes inversiones en infraestructura y el otorgamiento de créditos hipotecarios y productivos con una enorme flexibilidad para salir rápidamente de la crisis. Y una vez que pudieron capear el temporal, volvieron a dejar en manos del sector privado gran parte de su per se orden ‘liberal’.

Como diría algún fanático de los fierros, los grandes corredores se conocen en los circuitos con curvas sinuosas, y no en las rectas donde saca ventaja el que posee el mejor auto. En este sentido, es el Estado el que siempre está en los momentos difíciles, y tomando el ejemplo previo, fue en su momento el gobierno australiano el que comandó la situación, y no el mercado. Como pasó en el crack de 1929’, la crisis financiera de 2008’, etc.

Sin embargo, este no es el punto más importante para rebatir las ideas neoliberales. El argumento central es que la defensa del interés colectivo se construye a lo largo del tiempo y no de un día para el otro, como nos han acostumbrado los fondos especulativos que realizan rápidos movimiento para lograr un alto rendimiento de corto plazo. La infraestructura necesaria para el desarrollo tecnológico, la educación colectiva de calidad para una sociedad pensante, o la investigación vinculada a la producción que mejore la calidad de vida, no se construye en 1, 5 o 10 años; requiere décadas de trabajo de un gobierno, para y por el bien común.

Nadie niega que el sector privado también trabaje a la par, colabore, asista ante la crisis que todos estamos padeciendo. Algunos cederán partes de sus ganancias, otros apelarán a la Responsabilidad Social Empresaria, la mayoría solo intentarán mantenerse a flote, y algunos les pagarán los sueldos completos a sus empleados. Pero seguramente no en pocos casos, los que puedan intentarán aprovechar este momento de incertidumbre y temor para sacar su ‘tajada’ económica en beneficio de su propio negocio. Por ello debe quedar claro que la diferencia es que su objetivo es el lucro, y no el estar preparado para salvar la vida de toda una sociedad. Y esto no va a cambiar porqué es el per se de la lógica que fomenta el éxito individual como propósito previo al derrame de riqueza y el bienestar colectivo.

Para otra ocasión quedará analizar el porqué del ‘triunfo simbólico’ contra el virus de los Estados paternalistas, controladores y desarrollados, como es el caso de China, Corea del Sur o Japón; el futuro de las relaciones inter-estatales con la preeminencia del ensimismamiento y la escasa cooperación inter-estatal como eje (como gran ejemplo tenemos el caso de la Alemania de Ángela Merkel, quien prohibió de cuajo cualquier tipo de exportación de equipamiento médico); el posicionamiento ante la puja distributiva (con la marcha atrás de Jair Bolsonaro incluida, quien ante la presión ciudadana en horas tuvo que anular el decreto que permitía a las empresas dejar de pagar cuatro meses de salarios); o el venerar fanáticamente al ‘dios capitalismo’ (“El cierre de la economía de EE.UU. puede causar más muertes que el coronavirus”, en palabras de Mr. Donald Trump).

Lo que no ha dejado ninguna duda esta lucha contra el Coronavirus es la vitalidad y el rol trascendental del Estado. Y como contrapunto, la pérdida de argumentación de los que viven aborreciéndolo. Ahora es tiempo de mirar hacia adelante, pensando solo en generar las herramientas y capacidades para hacerle frente a esta pandemia. Pero cuando todo esto termine, debemos tener la suficiente memoria histórica para sentar las bases de una racionalidad futura que nos permita estar mejor preparados para, dios no quiera, tener que enfrentar una próxima pandemia.