Situación prisión de Guantánamo

Por Pablo Kornblum

Estados Unidos intervino en la guerra de Cuba contra España por lograr su independencia en 1898. Pero el respaldo no fue gratuito. En la primera Constitución de la República de Cuba, Washington forzó la inclusión de la llamada Enmienda Platt, por la que la isla quedaba obligada a ceder partes de su territorio a su vecino del norte. Se reconocía la soberanía de Cuba, pero se preservaba suficiente influencia como para proteger los intereses estadounidenses.

De este modo, el 16 de febrero de 1903, los presidentes de ambos países, Tomás Estrada Palma y Theodore Roosevelt, firmaron un acuerdo por el que Cuba cedía a Estados Unidos ‘por el tiempo necesario y para los propósitos de estación naval y estación carbonera’ dos territorios, en Guantánamo y en Bahía Honda. Éste último nunca se hizo efectivo.

En su primera carrera presidencial en el año 2008, el entonces candidato a presidente Barack Obama, en un documento enviado al congreso, se comprometió a cerrar la prisión estadounidense instalada en la Bahía de Guantánamo tras los atentados del 11-S, antes de que concluya su mandato. Cabe destacar que siendo un territorio soberano de Cuba pero con jurisdicción de Estados Unidos, se genera un ‘agujero negro legal’. Al no ser territorio de Estados Unidos, los métodos de interrogatorio y las garantías para los presos no responden ante las leyes del país. Ni ante las de Cuba. Un limbo donde ni La Habana ni Washington ni la comunidad internacional ejercen jurisdicción.

Por el centro de detención han pasado cerca de 800 detenidos desde el año 2002. Actualmente hay 91 reclusos, de los cuales 35 están esperando a ser transferidos a otros países. Durante la Administración Obama, 147 reclusos abandonaron la prisión y fueron trasladados mayoritariamente a Medio Oriente, África y a la Península Arábiga.

El 23 de Febrero del corriente año Obama ha presentado un plan de cierre ya que, según sus propias palabras, “no mejora nuestra seguridad nacional, sino que la mina”. El proyecto para cerrar el centro de detención incluye acelerar las revisiones periódicas de los reclusos y llevar a ‘una ubicación segura dentro de los Estados Unidos’, según ha dicho el presidente sin especificar algún lugar, a aquellos que son objeto de comisiones militares, que no pueden ser transferidos a terceros países, o que suponen una amenaza significativa para el país. Según señala el Pentágono en el plan, actualmente hay 46 detenidos que no son elegibles para ser trasladados conforme a las condiciones detalladas en el plan.

“Es contrario a nuestros valores”, también ha dicho el presidente Obama después de recordar que la existencia de este centro es usada por los denominados terroristas ‘como propaganda’ en sus esfuerzos por reclutar nuevos miembros. Pero además del efecto geopolítico (en tanto la relación con Cuba, en un momento donde también se discuten el fin del embargo económico y comercial) y de política doméstica (en términos del debate con diferentes actores políticos y de la sociedad civil, sobre todo opositores al régimen) que generaría el cierre definitivo de la base, se encuentra involucrada la cuestión económica.

En el año 2015, el presupuesto para mantener abierto el centro de detención fue de 450 millones de dólares; a los que se añadieron otros 200 millones de dólares de costos adicionales. Un ratio financiero elevado si se tiene en cuenta que la prisión actualmente cuenta con menos de un centenar de detenidos.

De llevarse a cabo el plan presentado, los costos para mantener en territorio estadounidense a los reclusos se reduciría entre 140 y 150 millones de dólares. Buena parte del ahorro resultaría de la reducción de gastos operativos en las instalaciones, así como del personal encargado de custodiar a los detenidos. Aunque no parece una cantidad importante si se toma en cuenta los casi 500 mil millones de dólares del presupuesto de Defensa de los Estados Unidos, puede ser efectivo para la discursiva política – más teniendo en cuenta la sensibilidad de la temática – en un escenario económico doméstico endeble en este año electoral.

Para Cuba el arrendamiento tampoco parece ser un buen negocio. El 2 de julio de 1903 ambos países firmaron un tratado en el que se especifican los detalles del mismo, en la ‘La suma anual de dos mil dólares en moneda de oro de Estados Unidos’. Cuba no incluyó ningún tipo de reacomodamiento del precio (Estados Unidos lo ajustó la última vez a 4.085 dólares anuales en 1973), y sólo cobró una vez el cheque por el alquiler anual.

En definitiva y con la composición de un Congreso con mayoría opositora, las reacciones del Partido Republicano ya han sido adversas en el corriente año electoral – el mismo Trump sugirió mantenerlo abierto para ‘meter chicos malos’ y que el Gobierno de Cuba pague los costos -, por lo que el deseo de Obama (afirmó el “no querer pasar este problema al próximo presidente, sea el que sea”), difícilmente se torne realidad.

 

Las razones detrás del anuncio de Estados Unidos y Cuba

Revista Apertura. Nota con comentarios de Pablo Kornblum el 17-12-2014

http://www.apertura.com/economia/Las-razones-detras-del-anuncio-de-Estados-Unidos-y-Cuba-20141217-0006.html

“Al gobierno de Barack Obama le queda poco tiempo y quiere quedar en la historia con un cambio estructural; tras la crisis de 2008, tiene una agenda económica más tranquila y esta apertura es una promesa desde la primera elección, pero la pregunta de todos era cuándo iba a hacerse”, contó, en diálogo con Apertura.com, Pablo Kornblum, director de economía internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).

“Cuba ya viene desde hace unos años cambios yendo hacia una economía ´más de mercado´; entonces le viene bien cualquier acercamiento a los Estados Unidos, que podría ser una flexibilización del bloqueo. Eso le ayudaría a Cuba a la unificación de la moneda”, aseguró el especialista, haciendo referencia a la economía dual que tiene la isla, ya que cuenta con pesos cubanos y el “cuc”.

Hoy, a diferencia de 1962, el mundo es otro. Cuando Fidel Castro y John F. Kennedy fueron los protagonistas de uno de los momentos de mayor tensión de la Guerra Fría, el contexto internacional era diferente y la Unión Soviética era un jugador clave. “No lo hubiese imaginado con Fidel”, lanzó el analista.  Pero cinco décadas después, todo cambió.

De acuerdo con Korblum, “a la economía macro de Estados Unidos no le cambia nada, pero la economía cubana le puede servir de mucho, porque le serviría que entren más remesas, porque es una economía más sufrida por el tema del bloqueo”.

Cuba y la necesidad de adaptarse al paradigma actual

Publicado en Stratfor, el 9 de Marzo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110309-cuba-and-need-adapt-current-paradigm

El anuncio fue sorprendente. A finales del año pasado, el Gobierno Cubano propuso eliminar 500.000 empleos estatales para el mes de Abril de 2011, a los que luego se agregarían otros 500.000 en un período de 5 años, lo que representaría un 20% del total de la fuerza de trabajo de la isla. Las medidas también incluyen 291 proyectos de lineamientos con las correcciones necesarias para que la economía transite por “el camino del control, la disciplina e institucionalización”, como así también la paulatina desaparición de la libreta de abastecimiento – de un costo de alrededor de mil millones de dólares anuales -, que distribuye desde la década de 1960 una canasta básica a precios subsidiados por el Estado para toda la población cubana.

Según lo expuesto por el primer mandatario, Raúl Castro, los cambios son necesarios para aumentar la baja productividad y producción de la isla. En este sentido, Castro no se equivoca. Realizando un simple análisis coyuntural, podemos observar que al bajo nivel de capital tecnológico  – derivado del bloqueo económico e ineficiencias domésticas que han acrecentado la falta de recursos (capital físico, herramientas, commodities) -, se le agrega la falta de incentivos para una población que vive bajo el lema del constante sacrificio para un futuro promisorio que tarda en llegar.

Sin embargo, la escasez de estímulos y la baja capacidad productiva no son una cuestión novedosa, sino que provienen de un histórico proceso estructural. Por un lado, la caída del bloque socialista, especialmente de la Unión Soviética, concluyó un período donde los desequilibrios macroeconómicos y las necesidades de consumo eran cubiertas desde el exterior. Cuba ha tenido que adaptarse a las nuevas reglas macroeconómicas de la globalización, en el cual el superávit fiscal, la competitividad y el desarrollo de recursos exportables con alto valor agregado son objetivos necesarios para lograr estabilidad y un proceso virtuoso de crecimiento y desarrollo sustentable. Inmerso en una globalización neoliberal de demografía creciente y recursos escasos, el modelo cubano no tiene otra alternativa que alinearse a la dinámica sistémica.

El otro punto importante es la expansión del proceso globalizador y el poder de los medios de comunicación. La imposibilidad del gobierno cubano de filtrar información sobre la creación productiva moderna de bienes y servicios compuestos por tecnología de punta y alta dosis de creatividad, ha conllevado a que el “efecto demostración” penetre profundamente en los poros de una ciudadanía ávida de bienes materiales que le permitan mejorar su calidad de vida. En consonancia, el contexto descripto potencia el fenómeno de la desigualdad, inexistente en la utopía socialista, pero que ha mellado fuertemente en el entramado social cubano. La diferencia entre los que pueden acceder a las divisas (vía familiares en los Estados Unidos o empleos en la industria del turismo) y los que no, arremeten contra las bases e ideales de una sociedad justa y basada en los valores de la educación y el capital intelectual.

Por lo tanto, podemos observar que los errores que condujeron a las ineficiencias domésticas, sumados a un contexto internacional adverso, han acorralado en cierto modo al régimen comunista. Sin embargo, el gobierno cubano sabe que cualquier cambio proactivo debe ser cauteloso. Una apertura descontrolada y sin una planificación eficaz puede ser contraproducente para el mantenimiento del status-quo. Un pueblo que solo ha conocido un estatismo centralizado como único sistema de vida, se encuentra expectante pero lógicamente temeroso ante cambios experimentales y novedosos, lo que puede potenciar efectos desestabilizadores impulsados desde adentro del país o a través de intereses exógenos.

Por ello, el régimen ha tomado algunas medidas que permitan proteger la estabilidad política. Por un lado, ha decidido fomentar solo el cuentapropismo, enmarcando a los trabajadores expulsados del sector estatal en un mercado competitivo de baja rentabilidad que evite el desarrollo de las fases superiores del capitalismo monopólico. Por otro lado, en un marco de solemne prudencia, el presidente Castro admitió esta semana que los planes de recorte han sido dilatados para suavizar el impacto del ajuste, mientras afirmaba la necesidad de “flexibilizar” los procesos de la reforma. Finalmente, la compleja situación internacional ha conllevado a una evaluación profunda de las tendencias económicas y geopolíticas mundiales – el más claro ejemplo es la actual situación socio-política y económica de Libia -, para evitar dar pasos en falso que potencien el efecto contagio.

En este aspecto de la política exterior, la influyente visión estadounidense ha sido reflejada por el secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, quien ha señalado que los cambios económicos anunciados por Cuba suponen un “giro importante” que podría contribuir a que el país salga de “su estancamiento”. Sin embargo, entender esta situación como una apertura económica y política sería un grave error. El gobierno cubano esta intentando, simplemente, allanar el mejor camino para la supervivencia de un socialismo inmerso en un cada día más complejo mundo capitalista.