¿Cómo se hará viable la economía global post-pandemia?

Por Pablo Kornblum para El Cronista Comercial – 7-6-2020

https://www.cronista.com/columnistas/Como-se-hara-viable-la-economia-global-post-pandemia-20200607-0006.html

La pregunta revolotea no en pocas cabezas alrededor del mundo. Un mayor cuidado de la salud, sostenido científicamente por los epidemiólogos e infectólogos de todas las latitudes, llegó para quedarse. Una ‘nueva normalidad’, la cual implica un mayor distanciamiento social, permanente utilización de alcohol en gel y el lavado de manos, barbijos; en definitiva, medidas sanitarias mucho más estrictas. Lo cierto es que más allá de los beneficios que deberíamos observar para con la salubridad en general – los cuales  seguramente buscan exceder la durabilidad de esta pandemia -, también se han generado una serie de interrogantes de extrema importancia para con la continuidad del statu-quo del sistema económico global.

Como punto más importante a resaltar, tenemos el incremento – para muchos rubros de forma exponencial – de los costos que las nuevas medidas generan. Por supuesto, y como consecuencia, la otra gran pregunta es el modo en que se distribuirán los mismos. Solo pensemos, para citar un ejemplo, en un restaurante que, dado su espacio, debe trabajar solo con un tercio de las mesas que lo hacía habitualmente. O mismo un avión de cualquier aerolínea, el cual tendría que reducir la cantidad de pasajeros para cumplir con el distanciamiento social adecuado. También podríamos analizar la nueva situación de una fábrica de alimentos, a la cual se le exigirá la incorporación de un sistema de lavandería exclusiva y elementos de higiene personal permanentes para poder funcionar.

Improbable – para no decir imposible – que sean rentables. Y no estamos hablando de una o dos industrias. Sino de cientos, muchas de ellas de las más importantes de la economía real. ¿Podrán cambiar sus estructuras? ¿Y de ser así, a costa de quién? ¿O con la ayuda de quién? Porqué la realidad es que los costos fijos y variables se tendrán que reducir ostensiblemente. Y entre ellos se encuentra el más ‘flexible’ de todos, el salario. ¿Disminuirán más de los que ya se han recortado en el último medio siglo? Es el deseo de cierta corriente neoliberal de la economía, quienes encuentran en esta pandemia una nueva oportunidad para llevar a cabo sus ideas. La historia – y el coeficiente de Gini – hablan por sí solos: se evidencia claramente que la pérdida de la masa salarial ha ido acompañada por una creciente desigualdad socio-económica a nivel global.

También se ha propuesto, como lo ha expresado más de un empedernido comunista, la disminución de ingresos de los empresarios. ¿Darán su brazo a torcer? Difícil. Además,  claramente dista de ser una situación homogénea. Muchas de las Pymes que dependen de la ya dura ‘libre competencia’ del mercado, han sido heridas de muerte con esta pandemia, y realmente no tienen mucho margen para ceder rentabilidad. Sin la espalda – ni el financiamiento – de las grandes corporaciones, en muchas industrias (por no decir áreas enteras de la economía) deberán hacer malabares para subsistir. Ya sea a través de la innovación o la reconversión, o mismo equilibrando sus finanzas, tratando de buscar acuerdos sustentables con empleados, proveedores, dueños de las propiedades en donde operan, etc.

Por supuesto, la excepción se encuentra en aquellas empresas (la mayoría de ellas poderosas corporaciones) vinculadas a los negocios – no, no dije negociados – con quienes detentan las ‘lapiceras mágicas’ del gobierno. Es aquella fusión simbiótica de elites políticas y económicas – por no decir también mediáticas, sindicales y judiciales -, muy difícil de visualizar por el ciudadano medio, pero que genera ingentes ganancias y desarrolla sobradas capacidades de enquistada rosca para, como mínimo ante la actual pandemia, no perder de manera significativa en épocas de recesión global.

A los desocupados y excluidos, ni vale la pena mencionarlos. Siguen a la buena de dios. O de la – lamentablemente muchas veces escasa – voluntad de los gobernantes donde viven. Aquellos que deben utilizar todas sus capacidades para maximizar la eficiencia y eficacia para con las políticas públicas. Que no es más, ni menos, su obligación como representantes del pueblo para con quienes los ha votado (aunque a veces nos olvidemos de ello). Porqué aquellos Estados que han demostrado tener a lo largo de la historia una macroeconomía sólida y estable, con variables ‘benignas’ en términos de inflación, tasas de interés o equilibrio fiscal, sumado a bajos niveles de corrupción y a una razonable distribución de la riqueza, seguramente se encontrarán mejor preparadas para enfrentar el futuro. O sabrán cómo hacerlo mejor. Incluyendo a los que menos tienen.

Sin embargo, aquí tenemos dos puntos no menores. Por un lado, aunque la generalización descripta afecta a una parte importante de las empresas de la economía real, el impacto negativo se reduce ostensiblemente cuando hablamos de las ganancias que genera el mercado financiero. En este sentido, el mismo se encuentra más vinculado al crecimiento – o al decrecimiento – del PBI; siendo ajeno, salvo empresas financieras determinadas en algún momento excepcional de la historia (como durante la crisis de 2008-2009), a resquebrajarse como un todo en términos sistémicos. La respuesta: ayuda estatal para con las entidades financieras – recordemos el salvataje de la Banco Central Europeo al gobierno griego en los primeros años de la década de 2010’, con el mero objetivo que puedan repagar sus deudas principalmente con la banca alemana -, tasas de interés para endeudamiento e instrumentos financieros exorbitantes desasociados totalmente a la economía real – nuestra historia habla por sí sola -, o la multiplicación de paraísos fiscales para los grandes negociados ilegales. En este aspecto, ha sido empíricamente evidente que desde el fin de la segunda guerra mundial, la economía financiera ha crecido prácticamente de manera ininterrumpida, y a tasas mucho más elevadas, que la economía dedicada a la producción de bienes y servicios.

Por otro lado, la pandemia ha acelerado el proceso de robotización y tecnologización, en detrimento a vastas áreas de la economía mundial más atrasadas, asociadas generalmente a procesos de mano de obra intensiva menos calificada. O sea, mayor innovación, en donde el capital físico, la inteligencia artificial, las telecomunicaciones y los sistemas de computación reemplacen más rápidamente a los trabajadores. Que, indefectiblemente, tendrán que buscar otra forma para ganarse la vida; ya sea generando sus propios emprendimientos, o en relación de dependencia. En cuanto a  los primeros, requerirán de buenas ideas y un financiamiento acorde. Para los segundos, sino quieren caer en el mundo de los ‘pobres con trabajo’ (desde los trabajadores en las maquilas mexicanas, los vendedores ambulantes en el sudeste asiático, o los mileuristas del viejo continente), deberán apuntar a capacitarse en aquellos oficios o profesiones que posean cierto nivel de complejidad técnica y/o tecnológica (como puede ser el caso de los servicios de enfermería, los diseñadores de microprocesadores, o los ingenieros en energías alternativas). Por supuesto, para los cientistas sociales que no producen ningún bien palpable, ‘útil’, bien gracias. En un mercado global cada vez más competitivo y con capacidades de consumo restringidas, el diferenciarse es una necesidad.

Los más humildes – y hoy en día no tanto – necesitarán de un Estado que los asista. No queda otra alternativa: sin educación ni financiamiento, el tendal de excluidos sistémicos que dejará la pandemia (sumados al arrastre de quienes vienen padeciendo carencias hace varias generaciones) se multiplicará por millones. Y en este dilema contracíclico en el que se encuentran la mayoría de los gobiernos del mundo, no hay mucho margen de maniobra. Más cuidados en la salud y más demandas de una ciudadanía empobrecida, se contraponen con un modelo de acumulación privada que podría languidecer en términos colaborativos para la mayoría de la otrora ‘piedra basal’, pero actualmente perimida, “clase media” – ya sea a través de menguantes inversiones o por una disminuida capacidad de contribución impositiva -.

Para el descripto escenario futuro, más que complejo, se requerirá una precisión quirúrgica en las políticas de Estado, sobre todo en tanto a la generación y distribución de la riqueza. Un Estado que articule los intereses públicos y privados – fuertemente contrapuestos – en pos de que la mayoría de la ciudadanía pueda desarrollarse y obtener una digna calidad de vida. Porqué el mundo post-coronavirus también será mucho más difícil para quienes detenten el quehacer de la política económica. Seguramente diferente a lo hasta ahora conocido. Esperemos estar a la altura de las circunstancias. Algo que hasta el día de hoy, en los diferentes puntos de inflexión sistémico que hemos vivido a lo largo de la historia, no ha sucedido.

La situación económica global – Octubre 2017

https://www.yumpu.com/es/document/view/59513735/revista-octubre-n14

La actividad mundial mostraría un leve repunte en el año 2017, donde se mantendría el statu-quo de tracción por parte de las economías asiáticas (con CHINA como segunda economía global creciendo al 6,5%) e India (+7,3%), junto con un leve crecimiento del resto del mundo.

Otras economías de gran tamaño, como RUSIA y BRASIL, que provienen de procesos políticos dificultosos (CRIMEA y la destitución de ROUSEFF) y precios descendentes de materias primas, han estabilizado su ciclo de crecimiento derivado de la reversión de estas dinámicas adversas; lo que a su vez implica efectos económicos positivos para sus respectivas regiones.

En tanto a la primera economía del mundo, los ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMERICA, el crecimiento económico pasaría del 1,6% en 2016 al 2,1% el corriente año 2017. Esta evolución sería resultado tanto de una recuperación de la inversión por las expectativas empresarias positivas con el cambio de gobierno de un gobierno afín a los intereses corporativos, lo que también acarrearía un mayor dinamismo del consumo, derivado de una mayor tasa de empleo, en el corto plazo.

En la zona del EURO se espera un estable crecimiento interanual del 1,9%, donde se mantiene cierta flexibilidad y pragmatismo en las decisiones, una clara política monetaria expansiva en la mayoría de los países, y políticas fiscales estables en la generalidad de los casos; ya que hay un ‘entendimiento’ generalizado – dada la propia experiencia regional – que las políticas de ajuste no logran el cometido discursivo propuesto.

Para el RUGBIN se proyecta un crecimiento del 1,7%, levemente inferior al de 2016 (1,8%). Con el país inmerso en el proceso del BREXIT durante los próximos dos años, estas proyecciones están sujetas tanto a fluctuaciones negativas, debido a los costos que pueden implicar no solo el pago por la salida, las potenciales consecuencias sobre el comercio o la pérdida de empleos en algunos sectores (especialmente el financiero), como las positivas, en relación a un mayor dinamismo del mercado interno, expectativas positivas de consumo y producción endógena, y potenciales acuerdos tanto con la UE, como con el resto del mundo.

En línea con la mayor actividad global, el comercio mundial ha cobrado cierto dinamismo, después del bajo crecimiento que mostró en el 2016 — de solo un 1,4% en términos de volumen —, impulsado por niveles positivos de inversión. Sin embargo, escenarios políticos rupturistas (como el BREXIT, el requerimiento independentista de Cataluña, o la retórica diplomática agresiva con gobiernos más extremistas en temas como las migraciones), conllevan a escenarios más proteccionistas o regionalistas en términos de las cadenas de valor.
En otro punto importante se observa un incremento promedio de los productos básicos en torno a un 12% en relación a los valores de 2016, con acento en la energía, los metales y minerales (+19%). Estos estímulos tienen tanto que ver con la mayor demanda de petróleo, como con los recortes por parte de la OPEP y los dilemas políticos de Productores de importancia como RUSIA o VENEZUELA, y con las mayores inversiones en la extracción de minerales a través de un ingente proceso de financiación (por ejemplo el caso de EE.UU. con relación al cobre).

En el caso de los productos agropecuarios, relevante también para toda la región latinoamericana, se han generado importantes cosechas en algunos productos particulares, como son los granos y la soja, lo cual incidiría en un aumento mucho más moderado de los precios. Se espera para 2017 un precio que en promedio resultará un 3% superior al vigente durante el año anterior.

Los mercados financieros iniciaron el año 2017 con una baja volatilidad y aumentos importantes de precios en los mercados accionarios. De forma consistente con esto, en ausencia de niveles altos de aversión al riesgo en los mercados, los flujos de capital de cartera hacia las economías emergentes se encuentran en ascenso (proceso favorable de captación para economías que buscan una inyección de capital) y los precios de los activos financieros, en particular en los mercados accionarios, se han fortalecido, apoyados en las mejores perspectivas de crecimiento de la actividad económica para este año.

Por otro lado, el control de la inflación se mantiene como un eje central, sobre todo a través de incrementos en la tasa de interés (la referencia de la Reserva Federal de los EE.UU. se encuentra en un proceso creciente, esperando que se ubique en los 1,75% a finales de este año), conllevando a un mayor costo de financiamiento de las economías tomadoras de créditos.
En términos geoeconómicos, la disputa por los recursos estratégicos se mantiene, con fuertes inversiones y aportes de los FSI (Fondos Soberanos de Inversión), en distintas locaciones del mundo. CHINA, RUSIA y otras potencias con objetivos geopolíticos y capacidades financieras (como el Emirato de Qatar), encuentran en los préstamos e inversiones la posibilidad de hacerse de estos recursos necesarios para dinamizar sus economías y ocupar más espacios en la arena internacional.

Por otro lado, las disparidades de crecimiento y desarrollo en la mayoría de los Estados del planeta no solo han generado corrimientos políticos hacia los extremos que exacerban las disputas sociales, sino que también han puesto al descubierto los dilemas generados por la puja y distribución de los recursos. En este sentido, las discusiones sobre los Gastos en Defensa se dan dado en términos relativos con otros Gastos considerados ‘prioritarios’ como la Educación y la Salud.

También algunosactores políticos de relevancia intentan transmitirle a las respectivas poblaciones sobre cuales serian las políticas económicas óptimas sobre las cuales pararse en la arena global (las mejores inversiones en el extranjero, bajo que condicionamientos se debería tomar deuda, etc.). En este sentido, se torna fundamental las ‘teorías de la dependencia’ que se generan ante la inmiscuisión económica de terceros Estados en el manejo de las políticas económicas nacionales (compras de bonos, inversiones en recursos estratégicos, etc.).

Como punto conclutorio, no se puede dejar de mencionar la importancia que le otorgan algunos de los Estados más importantes en torno de las Inversiones en Investigación y Desarrollo en términos de las áreas y las temáticas que requieren una mayor explotación (ej. Los desarrollos petroleros Off-Shore) o las nuevas a explorar (ej. La biodiversidad de la Antártida), los cuales requieren una decisión política estratégica de Estado de largo plazo; aquellas que generarán efectos positivos diferenciadores en la calidad de vida de sus poblaciones actuales y futuras.

Breve descripción de la situación economíca Argentina

Por Pablo Kornblum

https://www.yumpu.com/es/document/fullscreen/57762195/revista-7-marzo-2017

http://latintrade.com/es/

Bajo una óptica neoliberal, el Gobierno del PRO asumió en Diciembre de 2015 con algunas premisas: a) volver al modelo agro-exportador de principios del Siglo XX, con un rol claro de Argentina en el proceso productivo global a través de la potenciación de las industrias extractivas de recursos naturales (alimentos, minería, etc.). Para ello se ha dado un fuerte impulso al sector, sobre todo a través de la quita de impuestos y subsidios selectivos. b) se buscó cerrar la brecha fiscal que permita reordenar las cuentas públicas, generando expectativas macroeconómicas positivas y bajando los niveles de inflación. c) se trató de generar un proceso de retroalimentación positiva entre la baja de la inflación y las inversiones, que le permitan a la Argentina volver a crecer sustentablemente.

Por el contrario, la situación económica en términos de crecimiento y desarrollo económico empeoró en el 2016. Se podría esgrimir las siguientes razones: a) la forma y la distribución del ajuste fiscal implicó una importante suba de tarifas que impactó en las clases medias y bajas – mayoritarias -, afectando el consumo (principal aportante al PBI). b) luego de la importante devaluación de comienzos de mandato, los monopolios formadores de precios incrementaron sus ganancias potenciando un proceso inflacionario que concluyó en torno al 40% anual. c) no se recibieron las inversiones productivas que el Gobierno esperaba; principalmente porque la economía real se encontró casi todo el año en recesión y las altas tasas de interés llevaron a que la mayor parte del capital se dirija hacia la lógica financiera.

El escenario económico seguirá siendo complejo para el año 2017. La suba de tasas de interés en los Estados Unidos podría generar un ‘flight to quality’, además de encarecer el endeudamiento creciente de un país que con avidez busca inversiones a lo largo y ancho del planeta. Por otro lado, la inflación encarece los productos argentinos – contraproducente en un momento en el cual el gobierno nacional desea abrirse al mundo y ganar mercados -, potenciando además el déficit de Balanza de Cuenta Corriente.

En otro punto importante, los inversionistas extranjeros buscan previsibilidad de largo plazo para sus inversiones productivas, mientras que los locales se encuentran a la espera certidumbre en tanto la reactivación del mercado interno (difícil en el complejo contexto político del país). Finalmente, la pérdida de empleos y la merma en los ingresos – con sus consecuentes tensiones sociales – ha generado, por un lado, una necesaria respuesta de tinte keynesiano del gobierno a través de una ingente inversión en infraestructura, y por el otro, la no disminución de la planta de personal del Estado que dinamice, al menos marginalmente, la producción de las PYMES y el vapuleado consumo interno.

En Revista Latin Trade – Primer Trimestre de 2017

A su vez, Pablo Kornblum, director de Economía
Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales,
opina que, al contrario de lo que afirma
el Gobierno, la situación económica en términos de
crecimiento y desarrollo empeoró el año pasado y pronostica
un escenario económico complejo para 2017.
Dijo a Latin Trade que “la subida de tasas de interés
en Estados Unidos podría generar un ‘flight to quality’,
además de encarecer el endeudamiento creciente de
un país que con avidez busca inversiones a lo largo y
ancho del planeta”.
Según Kornblum, la inflación encarece los productos
argentinos, lo que es contraproducente en un momento
en el cual el Gobierno busca abrirse al mundo
y ganar mercados, potenciando además el déficit de
balanza de cuenta corriente.
“En otro punto importante, los inversionistas extranjeros
buscan previsibilidad de largo plazo para sus
inversiones productivas, mientras que los locales se
encuentran a la espera de certidumbre en tanto la reactivación
del mercado interno (es difícil en el complejo
contexto político del país)”, concluye el analista. LT
DMITRY FOMINYKH
INFORMÓ DESDE BUENOS AIRES