Una vez más, un Trump impredecible en la relación con Méjico

Publicado en Ámbito Financiero, el 05 de Junio de 2019

https://www.ambito.com/una-vez-mas-un-trump-impredecible-la-relacion-mexico-n5035415

“Los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le respondió el presidente de Méjico, Andrés Manuel López Obrador, a su par estadounidense Donald Trump. Su racionalidad es lógica: la desigual estructura económica centroamericana, la violencia social y política, la corrupción endémica, la falta de oportunidades educativas y los obstáculos de acceso a un sistema financiero concentrado, son algunas de las razones que potencian el círculo vicioso de la pobreza del que millones de pre-migrantes no pueden escapar. Resulta evidente que el establecimiento de un impuesto incremental mensual del 5% a todas las exportaciones mejicanas – hasta llegar al 25% el próximo mes de Octubre – no calmarán sus ansias de una vida mejor. Y es muy probable que López Obrador tampoco pueda – ni quiera -, realizar cambios estructurales para eliminar de raíz la inmigración ilegal.

Trump lo sabe, pero lo que realmente le interesa es ‘matar varios pájaros de un tiro’. Por un lado, el tener una discursiva beligerante ante un Estado inepto o “fallido”, le permite no solo desligar sus responsabilidades, sino también intentar hacer olvidar, por lo menos mientras pueda, las imágenes de niños inmigrantes encerrados en jaulas. Bajo su concepción, seguramente habrá pensado en un potencial efecto disuasivo que denote poder, y no en la demostración de sus miserias más oscuras; por supuesto, es más sencillo propiciar la mano dura con familias desvalídas, que avanzar militarmente en Siria, Ucrania, Venezuela o Corea del Norte con Putin o Xi en la vereda de enfrente.

A su vez, el discurso anti-extranjero que enmascara los desaciertos propios también se fortalece al analizar la balanza comercial y de cuenta corriente bilateral con Méjico. Con remesas que han rondado los 30.000 millones de dólares en la última década, y un déficit comercial en torno a los 80.000 millones de dólares el año pasado, esta ‘fuga financiera’ se torna intolerable para la altisonante y ya clásica frase de campaña ‘Make America Great Again’. Por supuesto, no menciona – u mejor dicho oculta – los efectos multiplicados positivos que impactan fuertemente en el mercado interno estadounidense dada la alta propensión marginal al consumo de los inmigrantes. Menos aún lo que ocurre fronteras afuera, resaltando a las remesas como una fuente fundamental de ingresos externos para muchos países de la región, con derivaciones directas para con la mejora en la calidad de vida de millones de familias centroamericanas. Lo que a su vez podría redundar en un beneficio propio para los Estados Unidos, ante una menor tasa de emigración.

Finalmente, la mayor violencia verbal derivada de las problemáticas económicas y financieras globales de las últimas décadas, las cuales se han traducido en sostenidos corrimientos hacia los extremos ideológicos, le ha habilitado a Trump una discursiva potente para arengar a sus votantes, sosteniendo que Méjico es un país “abusador” de los Estados Unidos. Se podría decir que es un ‘extraño abusador’, ya que con su vecino del sur ha firmado un nuevo Tratado de Libre Comercio, junto con Canadá, hace escasos ocho meses. Es por ello que podemos dilucidar que la problemática per se no es lo importante: la clave en lógica ‘trumpteana’ es viralizar una palabra con una fuerte connotación social – con reminiscencias en clave de ‘violación’ u otras atrocidades -, entre aquellos trabajadores no calificados estadounidenses que observan con recelo a los inmigrantes ante una situación de competencia laboral desigual.
Toda esta situación, que entremezcla conceptos, selecciona variables de análisis según conveniencia, y muestra permanentes contradicciones, lo único que ha provocado es que el resto de los actores estatales le ‘tomen el tiempo’ a Trump. Con una credibilidad que decrece proporcionalmente ante cada declaración altisonante en tono de ‘factor sorpresa’, López Obrador le respondió con el mismo discurso agresivo: “no me falta valor, ni soy cobarde”, fueron sus primeras palabras luego de enterarse de la novedosa política arancelaria estadounidense. Luego le ha intentado explicar a su homólogo norteamericano, muy didácticamente, que el impuesto adicional lo terminaría pagando el consumidor estadounidense, que si Méjico responde con medidas similares los Estados agrícolas estadounidenses – una de las bases electorales de Trump – serían fuertemente afectados en términos financieros, como así también que habría profundas pérdidas económicas por el incremento de los costos de muchas industrias que tienen cadenas de suministro establecidas en Méjico. Y sin expresarlo taxativamente, también sabe que una gran cantidad de empresarios estadounidenses, que se encuentran siempre ávidos de utilizar la mano de obra barata y laboriosa inmigrante, no estarían muy conformes con una disminución sostenida de la inmigración centroamericana.

Es interesante como este escenario economico descripto desnuda una ‘estuctura economica desigual’ – tal cual reflotaría algun teórico estructuralista latinoamericano -, con una economia que comulga sectores industriales y de servicios fuertemente tecnologizados, conviviendo con otros más atrasados que requieren mano de obra de bajo costo, como son la agricultura, la pesca, la construcción, o la manufactura. Estos sectores más subdesarrollados, los cuales se intentan permanentemente minimizar en los países con mejor calidad de vida, todavía tienen relevancia en la principal potencia económica del mundo: su necesidad de evitar la dependencia bajo el ala del autoabastecimiento, el poder competir en todos los sectores económicos a nivel internacional, y el continuar siendo el motor de acumulación de capital global, son parte del ‘deber ser’ estadounidense para lidiar con las potencias desafiantes en este siglo XXI, China y Rusia.

Este escenario es bien sabido al sur del Rio Bravo. Por ende, mientras los gobiernos centroamericanos solo especulan con la ingente recepción de remesas y sue?an con la hipoteticamente teórica disminución proporcional del gasto público en relacion a cada emigrante que parte, el ciudadano de a pie, quien ha perdido su convicción en la capacidad gubernamental de lograr el objetivo primordial de proveer un decente bienestar económico, encuentra en la emigración una salvación a su vida. En el Estado mejicano de Guerrero hay un dicho muy común entre la población, que sostiene que “Si eres estúpido y no tienes suerte, te quedas atrapado en Méjico haciendo tareas agrícolas o trabajando en las maquilas, donde apenas te alcanza para comer. Si eres estúpido, pero suertudo, te incorporas a la policía. Si no eres listo, te vas con los narcos. Y si eres listo, cruzas la frontera y llegas a Estados Unidos”.

En definitiva, una vez más los ciudadanos más necesitados se han convertido en la variable de ajuste en ambos lados de la frontera; bajo un paradigma en donde las hipótesis de conflictos intra e interestatales poseen fuertes componentes histórico-culturales, políticos y sociológicos en términos de la comprensión ciudadana y la manipulación política. Ahora le toca el turno a la política arancelaria, la cual desdeña una solución racional y ética, pero pone sobre el tapete una puja de intereses socio-económicos y productivos con resultados macro y microeconómicos ambivalentes de largo plazo. Y aunque las ganancias obtenidas luego de las disputas entre los diversos actores terminarán siendo los grandes temas de discusión y análisis de los medios de comunicación más relevantes, lo único certero es que los desprotegidos y pauperizados inmigrantes continuarán siendo los grandes perdedores de esta disputa inter-estatal.

Estados Unidos-China: Una historia que puede explicar el futuro

Por Pablo Kornblum para el Diario Ámbito Financiero

La guerra del opio contra los británicos o la invasión japonesa a Manchuria no pasaron desapercibidos en la historia china; desde 1949, el gigante asiático se perjuró nunca más encontrarse subyugado ante el enemigo foráneo. Ello debe quedar claro: China no representa solamente un modelo económico socialista que utiliza las herramientas del capitalismo para alcanzar sus objetivos de desarrollo y prosperidad. China es mucho más.

El gigante asiático ha jugado siempre de la misma manera desde su apertura económica a fines de los años 1970’: responder al mundo con lo que mejor tiene y, en paralelo, ser consecuente con su fin. Nadie puede negar que, a nivel comercial, haya sido el principal proveedor de bienes del mundo en las últimas décadas. También el mayor comprador. En el mientras tanto, no ha hecho nada diferente de lo realizado por el resto de las principales potencias que aspiraron a dominar el planeta en la historia moderna: sus políticas se pueden ver reflejadas en la producción en masa británica durante las revoluciones industriales, la innovación alemana que le permitió una supremacía militar para atravesar las ‘grandes guerras’, la carrera espacial soviética, o la globalización tecnológica con rostro estadounidense de la segunda mitad del Siglo XX. China tiene un poco de todo ello, visualizado en las patentes, los desarrollos en telecomunicaciones, el fortalecimiento de su aparato militar, o el avance satelital. Con una potente proyección exógena, que se complementa con una lógica endógena al servicio del país.

Es por ello que las palabras altisonantes de Trump para castigar los negocios de las empresas chinas no hacen mella en el gigante asiático. Explotar vulnerabilidades, realizar actos maliciosos o desarrollar un sofisticado sistema de espionaje, son parte de una retórica que no dará resultado. Por ‘las malas’, China no modificará sus políticas de Estado. Pero el presidente de los Estados Unidos tiene su racionalidad: por las buenas tampoco se ha logrado perforar la senda de crecimiento político, económico y militar chino. Los ejemplos sobran en el corriente siglo: desde los pedidos de Bush hijo para que cesen las políticas de Dumping, los requerimientos de Obama para lograr una revaluación del Yuan, o las mismas presiones de Trump para que se terminen los subsidios a los conglomerados corporativos ‘campeones nacionales’ por parte del gobierno. Nada ha dado resultado. Solo tibios cambios marginales que no han frenado las aspiraciones chinas.

Más aún, para China, deshacerse en cualquier momento de los 1.189 billones de dólares en bonos del tesoro estadounidense, fortalecer medidas de control burocrático a los flujos comerciales, o jugar con el tipo de cambio a su antojo, son solo herramientas accesorias para ser utilizadas, solo en caso de ser estrictamente necesario, para sopesar una coyuntura financiera desfavorable provocada por el adversario norteamericano. Nada más que eso. En este contexto, y mientras Estados Unidos busca mantener su preeminencia bajo la permanente presión de la coyuntura económica internacional, China ha comenzado un sendero de crecimiento que solo finalizará cuando logre ser la gran superpotencia global dominante que pueda abastecerse de todos los recursos necesarios para que su población posea una digna calidad de vida. O por lo menos ese es el discurso del Partido para transitar, junto al ‘hombre nuevo’, el camino hacia un comunismo pleno.
Por ahora, el pragmatismo que impera en Beijing apunta a alcanzar la autosuficiencia tecnológica del 70% de los componentes y materiales claves para el año 2025. Por ello no reniega de la “cortina de hierro tecnológica”: por ejemplo, los BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi), aprovechando la prohibición de todas las redes sociales y de motores de búsqueda extranjeros, reemplazan en China a los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon). Y a su vez, el gigante asiático intenta seducir a los países participantes de la Nueva Ruta de la Seda para convencerlos que utilicen su tecnología. En este sentido, el caso de Huawei es emblemático: con su red 5G intercontinental tienen planeado crear más de ocho millones de empleos en China para el año 2030. Por lo tanto, que mejor discursivo anti-estadounidense que presentar las interpelaciones de Occidente al gigante de las telecomunicaciones chino como un obstáculo al derecho a “desarrollarse y prosperar”.

Más aún, Trump hace caso omiso a un escenario Win-Win, donde bien sabe que Huawei destina un tercio de su presupuesto anual de 11.000 millones de dólares a comprar componentes estadounidenses. La realidad es que las luminarias del dilema estadounidense se centran en las 4024 solicitudes de patentes presentadas internacionalmente por Huawei durante el año pasado, convirtiéndola en la más innovadora corporación a nivel global. En las sombras, lo que realmente le preocupa es su ‘necesaria cooperación’ – obligada para todas las compañías chinas por ley desde el año 2017 – con los servicios de inteligencia del país. No es por nada que los halcones de Washington ya han exigido, por esta o y otras razones, que China tenga flexibilidad para modificar su legislación. A una propuesta utópica, una respuesta distópica por parte del gobierno chino: no aceptarán de ningún modo una injerencia en los asuntos internos ni en las políticas de Estado dictaminadas desde Beijing.

Será que entonces la conveniencia del gobierno de los Estados Unidos se encuentre, por un lado, en continuar aprovechando, con mucho cuidado y regulación, los beneplácitos de los intercambios comerciales y financieros que les provee una globalización bajo el formato que ellos han creado décadas atrás. Para las injusticias inter-estatales, tanto por izquierda como por derecha, siempre existe el dialogo, el consenso sobre la determinación de los precios, el financiamiento, las mejoras de productividad, las posibilidad de exportar a escala, etc.

Pero por otro lado, al mismo tiempo y tal como lo hace China, Estados Unidos deberá continuar desarrollando y potenciando – con igual o mayor velocidad que su oponente – la carrera tecnológica civil y militar; simplemente para que cuando la escasez de recursos o un dilema geopolítico de gravedad se tornen inmanejables, los encuentre lo suficientemente preparados para enfrentar un potencial deshielo de esta nueva ‘guerra fría’. Porque la posición china es y será clara, y se puede resumir en una frase: “Negociar, seguro. Luchar, en cualquier momento. Intimidarnos, ni en sueños”.

Estados Unidos – China y una guerra que excede lo comercial

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, 9 de Mayo de 2019.

https://www.ambito.com/eeuu-china-y-una-guerra-que-excede-lo-comercial-n5030571

El presidente Trump ha dejado en evidencia que no soporta la paciencia confuciana de uno de sus contendientes en esta guerra fría tripartita (el otro es Rusia). Tiene su lógica: la lentitud de los cambios estructurales que promueve china tiene relación con su objetivo de mantener el statu-quo económico – claramente favorable para los asiáticos -, hasta que se encuentren dadas las condiciones científico-tecnológicas y militares adecuadas para avanzar geopolíticamente con la fortaleza suficiente de su músculo bélico; aquel que le permita torcerle definitivamente el brazo a los Estados Unidos.

Es por ello que Beijing ha decidido aminorar el golpe de un juego del cual se ve perdedor, por lo menos en el corto plazo, adoptando medidas de ‘buena voluntad’: la baja de aranceles a los vehículos importados, la reanudación de la compra de soja, el no devaluar el Yuan, o la presentación de un proyecto de ley para prohibir la transferencia forzada de tecnología, se encuentran entre los más destacados. El as en la manga quedará para más adelante y solo en caso de que sea necesario utilizarlo: China es el principal tenedor de bonos de deuda estadounidense, lo que implica que puede movilizar Wall Street y el resto de los mercados globales con meros movimientos premeditados de compra/venta.

Sin embargo, Trump apuesta a algunos datos económicos, tal cual lo sentenciaba su antecesor Clinton, para reforzar su apuesta arancelaria. Él sostiene que la tendencia creciente del PBI (+2,9% en 2018), la desocupación más baja en décadas (3,8%), apropiados niveles de inflación (2,4%), y la estabilidad de los fundamentos macroeconómicos, entre otros, en gran parte se deben a sus políticas de agresivo proteccionismo. A pesar de que hay cierta veracidad en su declamación, que por supuesto tiene aristas más variadas y complejas, sus palabras son una herramienta potente para fidelizar al electorado con vistas a las elecciones presidenciales del año entrante.

Con tres líneas discursivas precisas sostiene un ‘enemigo’ para una sociedad que, mayoritariamente, acepta fervientemente la dicotómica pelea entre el bien y el mal. Los 500.000 millones de dólares al año de déficit comercial, el ‘robo’ de la propiedad intelectual, o el subsidio a las empresas estatales son hechos fácticos que no se le pueden discutir a Trump. Más aún, la ‘demonización’ china es el verdadero valor agregado: el déficit comercial es sinónimo de falta de trabajo y pobreza estadounidense, el robo tecnológico le brinda a China un diferencial en una potencial guerra a futuro, y las políticas de control gubernamental son un sinónimo de comunismo avasallante.

Por su parte, las críticas de los neoliberales, las que entre otras cuestiones afirman que los consumidores estadounidenses van a terminar pagando más caros los productos, a Trump le tienen sin cuidado: desde Washington responden que los movimientos tendrían un ‘dolor a corto plazo’, pero la situación cambiaria positivamente a futuro. El BREXIT es un ejemplo de ello: el gran susto que promovió el liderazgo europeo y los mercados, con el soporte de los principales medios de comunicación, no hizo mella en una transición hasta el momento ordenada. La historia ha demostrado que los países no quiebran, que las economías se acomodan – el Reino Unido ya se encuentra realizando acuerdos comerciales y financieros con terceros actores -, y que lo realmente importante es la solidez técnica y moral de las instituciones gubernamentales.

¿Por qué entonces, por ejemplo, no esperar de encontrar otros proveedores u otros mercados del sudeste asiático, donde se pueda terciarizar la producción y realizar los negocios que se pierden con China? Es razonable que siempre existan costos; más aún que los procesos de adaptación lleven tiempo. Pero no es nada que no se pueda solucionar. Mientras tanto y para contrarrestar este potencial escenario, Xi prometió la “abolición de las reglamentaciones, subvenciones y prácticas no justificadas que alteran la competencia y los mercados”. Aquellos que abrazó desde que China instauró el ‘socialismo de mercado’ en la década de 1980’, y terminó de afianzarlos en el año 2001 cuando, con su membrecía, aceptó cumplir con las regulaciones impuestas por la Organización Mundial de Comercio.

Está claro que la ingenuidad de Xi es meramente especulativa: solo espera, con calma y entereza, que amaine una tormenta que tiene varios frentes (como la extradición pedida por los Estados Unidos para la directora de Huawei en Canadá; o mismo los roces con la Marina de Guerra estadounidense en el Mar del Sur de China), para luego, cuando el politburó lo considere oportuno, poder retomar la iniciativa y continuar sus planes de crecimiento y desarrollo, hasta convertirse en la principal potencia económica, política y militar del mundo.

Disputa comercial entre los ESTADO UNIDOS Y CHINA

Por Pablo Kornblum para la Revista Mundo Plural – Agosto 2018

https://www.yumpu.com/es/document/view/62008278/revista-agosto-2018/98

“Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, dijo el pasado 2 de marzo el presidente de los ESTADOS UNIDOS, DONALD TRUMP. Bajo una lógica proteccionista y el lema “ESTADOS UNIDOS primero”, el país norteamericano introdujo aranceles del 25% y el 10% a las importaciones — valuadas en 60.000 millones de dólares — de más de 100 tipos de bienes procedentes de CHINA (especialmente acero y aluminio).

Esta lista incluirá productos de los sectores que fueron calificados de estratégicos en el plan del desarrollo de CHINA ‘Made in China 2025′ (Producido en CHINA 2025), como la industria aeroespacial, las tecnologías de información y la maquinaria.

El punto central que sostiene los ESTADOS UNIDOS es que la economía CHINA le genera el 75% del déficit comercial. “Estados Unidos tiene un déficit fuera de control” en su comercio con CHINA, y corregirlo es, acaso, la principal razón por la que fui elegido”, sentenció el mandatario estadounidense.

El otro punto clave es la disputa en el área de la competencia tecnológica, en la cual ESTADOS UNIDOS denuncia masivas violaciones a la propiedad intelectual por parte de empresas chinas. Cabe destacar que el gobierno chino obliga a que las empresas que deseen operar un su mercado compartan la tecnología con sus socios locales.

Además sostiene que los aranceles son una especie de castigo a CHINA por “robar” los avances tecnológicos estadounidenses: por ende, el imponer restricciones a la importación también tiene su basamento en la “seguridad nacional”.

CHINA, por su parte, aplicó represalias comerciales e impuso aranceles a un conjunto de 128 productos estadounidenses; lo cual afectaría a las exportaciones hacia el país asiático en 3.000 millones de dólares.

Por un lado, un total de 120 impuestos que involucran 977 millones de dólares, abarca a las frutas frescas, los frutos secos y nueces, además de vinos, etanol modificado, ginseng americano y tubos de acero sin soldadura. A todos ellos se les impondrá un arancel del 15%. Por otro lado, un total de 8 impuestos que involucran 1.992 millones de dólares, serán incluidos para con la carne de cerdo y sus subproductos, el aluminio reciclado y otros subproductos de su cadena. Para estos últimos el arancel será del 25%.
Por el momento, las medidas impuestas por el gigante asiático tienen un carácter más simbólico que real. Las sanciones que CHINA dictaminó cubren solamente algo más del 2% de los 140 mil millones de dólares de bienes y servicios que CHINA importa de ESTADOS UNIDOS.
Por otro lado, la propia medida de ESTADOS UNIDOS no hará tambalear la economía china ni tampoco logrará reducir el abultado déficit comercial estadounidense frente al gigante asiático, situado en 375.000 millones de dólares.
En este sentido, China depende menos de su balanza comercial superavitaria para impulsar su crecimiento económico que hace una década (0,1% en promedio en 2015-2017) que hace 10 años (3,4% en promedio en 2005-2007).
Sin embargo, CHINA sostiene enfáticamente que sus intereses fueron “gravemente dañados” y urgió a los ESTADOS UNIDOS a dar marcha atrás en sus medidas que, según CHINA, violan las propias normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), donde ambos Estados son miembros y sostienen que el Organismo es fundamental para las fluidas y positivas relaciones económicas entre países.

Por todo lo expuesto, se puede mencionar que las medidas de TRUMP, más allá del corte económico, tienen su lógica política en el sentido de devolverle a su electorado más leal (del cual retiene su apoyo en contraposición de vastos sectores de la sociedad estadounidense) con políticas asertivas las promesas de campaña. En este sentido, la protección frente a las importaciones chinas – principalmente a sectores industriales como la producción de acero -, tiende a estar situada en términos productivos en la región centro-norte del país, la misma que se convirtió en el bastión electoral de TRUMP en las elecciones de 2016.

CHINA por su parte, redobla la apuesta con una política ‘espejo’ imponiendo medidas proteccionistas a productos estadounidenses como las nueces y el vino, producidas mayoritariamente en California, uno de los estados más influyentes y tal vez el núcleo de la oposición política a TRUMP. Como complemento, es probable que luego se centre en productos agrícolas o bienes intermedios que afecten especialmente a las zonas con ingentes cantidades de votantes del actual mandatario republicano.
Además CHINA ha sacado a la luz las propias falencias de la política endógena norteamericana, sosteniendo que las medidas proteccionistas estadounidenses perjudicaran a la ciudadanía. Por ejemplo, la industria automotriz sentirá al tener que comprar aluminio – que no produce en las cantidades requeridas – a precios más altos. Se estima que Washington tratará de escoger aquellos productos que repercutan menos en el bolsillo del consumidor o en la cadena de suministros de sus empresas; sin embargo ello es particularmente difícil debido a la naturaleza de las importaciones chinas.

Por otro lado la respuesta de CHINA ha sido discreta, lo que apunta a la posibilidad de que posteriormente aplique medidas más duras. CHINA, como el tercer exportador más grande del mundo, una de las mayores tasas de crecimiento y el principal poseedor de bonos del Tesoro de los ESTADOS UNIDOS – al controlar una quinta parte de su deuda pública por un valor de 1,17 billones de dólares -, es un actor relevante tanto para los ESTADOS UNIDOS, como para con el resto del mundo.

En caso de una escalada, los aranceles chinos podrían extenderse a la soja (en 2017 CHINA importó de ESTADOS UNIDOS soja por un valor de 14.600 millones de dólares), acusando de competencia desleal a los productores estadounidenses; o mismo limitar el número de estudiantes chinos en las universidades estadounidenses (superávit estadounidense de 38.500 millones de dólares) sosteniendo la necesidad para con la cultura y seguridad nacional de educarse en otros mercados; o sino el privar a las empresas estadounidenses del acceso a su mercado de contrataciones públicas valorado en 490.000 millones de dólares, afectando a empresas como Boeing y Cisco con la mera política de potenciar el financiamiento interno. Todo ello sería de gran afectación para con la economía estadounidense.

Finalmente, las guerras comerciales no siempre son positivas – solo en casos específicos y para ciertos sectores – y tampoco fáciles de ganar, ya que dependerá del poder relativo, las alianzas y las capacidades productivas. En el caso de las dos principales potencias económicas del mundo, con una alta interdependencia de ambos, puede conllevar a generar una escalada de tensión económica con efectos macroeconómicos adversos en escala.

Este incremento en las tensiones además generará, dada su importancia, un fuerte impacto en todo el escenario geoeconómico global – tanto en términos económicos como financieros -; con especial énfasis negativo en aquellos que promueven un escenario aperturista indiscriminado para atraer inversiones y adentrarse en diversos mercados para colocar sus productos y servicios.

La estación espacial china: secretos de la base en Neuquén

Comentario de Pablo Kornblum publicado en el diario La Nacion

https://www.lanacion.com.ar/2161816-la-estacion-espacial-china-secretos-de-la-base-en-neuquen

La carrera espacial china no puede ir desasociada con su conglomerado de intereses globales: el avance en cada escenario del planeta conlleva una impronta económica, financiera, comercial, diplomática, cultural y militar. Tanto es así que a su vez existe un entramado intrínseco dentro de cada empresa, donde economistas, militares, físicos e ingenieros de primera y segunda línea de diferentes ministerios ocupan los directorios de las empresas trasnacionales.

Por otro lado y más allá de la relevancia que puedan tener para la Argentina el swap, las inversiones en infraestructura, o las exportaciones de soja, la base espacial china tiene una connotación especial por una serie de factores: 1) dado el secretismo y la complejidad para su ingreso y contralor, se ha transformado en una especie de ‘embajada china’ dentro del territorio nacional. 2) la carrera geoespacial es una competencia interestatal del presente y futuro, lo que le permite a la potencia asiática continuar con sus ambiciones en términos de ‘realismo estratégico’. 3) puede ser un espacio de desarrollo de otros proyectos de vital relevancia, como lo es la ciberdefensa/ciberseguridad regional, o mismo a través de una política de proyección económica y militar hacia el continente Antártico.

En tanto los Estados Unidos, la realidad es que en términos geopolíticos, la administración Trump no ha variado mucho de la Obama. Sus dilemas, actualmente con otra intensidad, pasan por Medio Oriente, la península de Corea, China, Rusia y la OTAN. Solo se puede mencionar la temática de los inmigrantes y el muro como cuestión de agenda; ya que ni siquiera se encuentran en foco las graves problemáticas económicas y políticas de Brasil, Venezuela o Nicaragua.

En términos económicos, financieros y comerciales, la región entra en el mismo juego que el resto del mundo: o te adaptas a las reglas estadounidenses, o tienes más para perder que para ganar en la relación bilateral. Por supuesto hay matices como cuando existe cierta afinidad política e ideológica, como es el caso de Argentina, pero de ningún modo se observa una relación ‘win-win’: el exceptuar al país de los aranceles al aluminio y al acero solo mantiene el estatus-quo; el habilitar el préstamo del FMI o la compra de deuda por parte de grandes grupos financieros estadounidenses, genera inexorablemente una deuda futura; mismo aunque se haya habilitado la marginal exportación de limones, por el contrario se encuentra vedada la discusión sobre la problemática en torno a las restricciones al biodiesel.

Dicho esto, no quiere decir que las primeras y segundas líneas diplomáticas y técnicas gubernamentales se encuentren ‘abstraídas’ de lo que ocurre en nuestra región; menos aún del juego de uno de los principales competidores en casi todas las dimensiones del tablero global, como lo es China. Por ende, el avance geopolítico y geoeconómico (mercados, ejes de desarrollo productivo, financiamiento, explotación de recursos naturales, carrera antártica, innovación tecnológica de sistemas, comunicaciones y a nivel espacial, etc.) son observados atentamente y, con seguridad, intentarán por lo menos ‘neutralizarlos’, sino es que toman una posición más activa (como es la base humanitaria estadounidense que se construirá a pocos kilómetros de  la base espacial china en la misma provincia de Neuquén).

Brasil y México serían los más afectados de América Latina por aranceles de EEUU – Sputnik Mundo

Pablo Kornblum para Sputnik news – Marzo de 2018

https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201803071076846991-acero-comercio-washington-latinoamerica/

Creo que Trump se encuentra intentando, por un lado, colocar a los Estados Unidos otra vez en un rol activo como principal potencia global, aunque ello implique largamente la falta de consensos diplomáticos (como lo indica su propia frase: “Las guerras comerciales son buenas, y fáciles de ganar). En este aspecto, no tiene reparos en entremezclar escenarios, regiones o actores (como sostuvo en estos días que si se llega a un nuevo acuerdo con el TCLAN, podría retrotraer la medida) con tal de globalizar la problemática; ello a pesar de las reprimendas que pudieran sufrir – sobre todo desde Europa y China, donde los vínculos político-económicos y militares bilaterales no son trascendentales (como si podrían ser los casos de Canadá, Corea o Japón) -, por parte de una racionalidad económica global sostenida por la mayoría de las diversas escuelas teóricas, bajo la órbita de la OMC y el aval de los beneficios colectivos en términos de eficiencia/eficacia de un libre comercio justo.

Por otro lado, además de encontrarse con un mundo hostil en términos de los reparos a su permanente falta de dialogo, el frente interno – el partido Demócrata por completo y algunos miembros moderados/racionales del ala republicana-, también le generan a Trump más obstáculos que apoyos. Como consecuencia, cierra filas sobre su electorado más duro, las clases desplazadas por la globalización que añoran un otrora Estado de Bienestar que hoy en día es prácticamente inexistente; no solo en los Estados Unidos, sino a nivel global. Sin embargo, cabe destacar que existen algunos ejes que apoyan su postura: para citar un ejemplo concreto, el acero y el aluminio se enmarcan dentro de las ‘industrias de base claves’ para la provisión de la Defensa nacional; lo que conlleva concatenamientos productivos positivos para toda la dinámica económica, incluida la tan preciada generación de puestos de trabajo (mismo la industria del acero contaba con 135 mil personas en el año 2000, que se redujeron a 83.600 en el año 2016).

En tanto a la región, Brasil y México se encuentran entre los cinco principales exportadores de acero a los Estados Unidos. En cuanto a los primeros y haciendo gala de su eximia diplomacia, trabajan sobre un escenario “lost-lost”, sosteniendo que el nuevo arancel “podría causar una pérdida considerable a los productores y consumidores de ambos países”, trayendo sobre la mesa una proba teoría del beneficio colectivo del comercio internacional cuando este se realiza en términos justos, pero que es ampliamente denostado por el pragmatismo nacionalista intransigente del presidente Trump. Por su parte, México alega que a pesar del perjuicio para esta industria en particular, el nuevo esquema arancelario podría compensarse con una mayor competitividad en otros sectores, como así también se generaría un escenario disruptivo para con el TLCAN que lo terminaría beneficiando bajo ciertas condiciones. Finalmente la Argentina, quien tiene una relación oscilante con los Estados Unidos (apoyo a Clinton, limones, biodiesel, relación con China, etc.), seguramente aguardará la reacción institucional de las principales potencias (a pesar de la importancia industrial que representan Aluar y Siderca para el país), antes de avanzar en una estrategia común con los Estados socios del Mercosur – aunque cabe destacar que siempre mantendrá el foco en mantener el sistema de preferencias de 400 productos de la relación bilateral -.

El traslado de la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica desde TEL AVIV a JERUSALEM

Por Pablo Kornblum para la Revista Mundo Plural, Diciembre de 2017

https://www.yumpu.com/es/document/view/59633577/revista-diciembre-2017ok

El traslado de la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica desde TEL AVIV a JERUSALEM

El traslado de la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica desde TEL AVIV a JERUSALEM
JERUSAMEN no es una ciudad más: las tres principales religiones abrahámicas (descendientes de Abraham, el patriarca monoteísta) — el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam — tienen a JERUSALEM como lugar sagrado.
El día 5 de diciembre de 2017, el Presidente de los EE.UU., Donald Trump, anunció el reconocimiento de JERUSALEM como capital del Estado de ISRAEL, ordenando al Departamento de Estado que inicie el proceso, el cual se prevé durará varios años, para trasladar la embajada estadounidense desde Tel Aviv a JERUSALEN.

El reconocimiento de JERUSALEN como capital de ISRAEL y el traslado de la embajada supone el cumplimiento de una promesa de campaña del político republicano, pero también una ruptura con la política exterior seguida por su país en las últimas décadas.

En este sentido, el Congreso estadounidense había aprobado en el año 1995 una ley que indicaba el traslado, pero hasta ahora todos los presidentes habían dilatado, religiosamente cada semestre, su implementación alegando potenciales daños a la seguridad nacional derivados de la difícil situación geopolítica internacional (Guerra en Afganistán, 11 de Septiembre, Estado Islámico, dilemas en otras regiones, crisis financiera global de 2008, etc.).
Más allá de algunas manifestaciones anti-israelíes y anti-estadounidenses con algún signo de violencia en las primeras horas luego del anuncio, claramente no se esperaba una escalada – al menos en términos estatales, aunque pudieran continuar los ataques de lobos solitarios en países aliados o en aquellos en donde prevalece una lógica occidental – para con la amenaza a la seguridad de ambos Estados.

En este aspecto se ha vislumbrado como un hecho político trascendente desde la principal potencia del mundo, pero no deja de ser una declaración unilateral sin tener en cuenta el escenario coyuntural o los acuerdos multilaterales previos; por ende, el apoyo del resto del mundo (sobre todo de los países de relevancia geopolítica) ha sido nulo.
Más aún, si bien es cierto que este anuncio podría vislumbrarse como un regreso geoestratégico de los EE.UU. para con la región (ya que la dinámica actual ronda sobre el Asia-Pacifico), probablemente esta declaración haya sido meramente un hecho puntual que no implicaría una vuelta diplomática agresiva sobre MEDIO ORIENTE.

¿Cómo se entiende esta decisión entonces? Por un lado, el “lobby israelí” tiene en la gestión Trump una gran influencia, que sumado a la situación familiar (su yerno es judío y la hija se ha convertido al judaísmo), conllevaría a que los lazos con ISRAEL sean siempre positivos y se profundicen durante toda su gestión.

Por otro lado, TRUMP también responde a su propio electorado, especialmente a los grupos evangélicos (que representan a una gran mayoría de sus votantes), que encuentran un mundo más seguro cercano a una ISRAEL judía y Occidental, que ante el potencial ‘terrorismo’ que podría implicar un acercamiento con el mundo musulmán.

Este foco en gran parte de la ciudadanía que le permitió triunfar en las elecciones presidenciales, también se observa en otros aspectos de las políticas públicas – como es el caso del área económica, a través de las rebajas impositivas a los grupos concentrados o la reducción del sistema de seguridad social, entre otros -, lo que pretende solidificar su posición ante un escenario doméstico complejo.

En este sentido, ante las problemáticas económicas y políticas al interior de los EE.UU, se ha buscado derivar la atención hacia el escenario internacional (tal como lo han utilizado otros gobernantes estadounidenses en el pasado, como ha sido el caso de George Bush padre al involucrarse raudamente en la primera guerra de Irak). Ello incluye un escenario geopolítico de desafíos importantes – como es el caso de Corea del Norte -, donde la disputa de otros Estados (como China o Rusia) se muestra en un amplio abanico de sectores de interés vital (control de las redes de datos, recursos estratégicos, etc.).

Finalmente y en cuanto a AMERICA LATINA, los países de la región en general no tienen un peso relevante a nivel global, menos aún si la temática en cuestión no involucra a asuntos regionales de manera directa. Es por ello que la falta de pronunciamientos concretos sobre este anuncio de TRUMP fue la norma en toda Latinoamérica. Tampoco se esperan cambios en la situación diplomática o de seguridad a nivel intrarregional, a pesar de que países como ARGENTINA cuentan con una importante población de origen judío (7mo en el mundo en términos cuantitativos).

Medidas concretas de TRUMP en los primeros 100 días

Pablo Kornblum en Revista Acción – Junio de 2017

1) Trump intentó llevar a cabo su programa de campaña en los primeros meses de su presidencia; el problema con el cual se encontró es la institucionalidad política misma. Los mecanismos de contralor, institucionales, de consenso o disenso político le crearon muchas barreras (tuvo que dar marcha atrás con la eliminación del Obamacare y dejo en Stand-By el muro fronterizo, para citar dos ejemplos que eran ejes centrales previo a las elecciones), lo que lo obligó a ‘correrse’ hacia el pragmatismo y tener que, simplemente, dedicarse también a hacer política. De allí que este hombre que nunca ocupó previamente un cargo público y sentenciaba permanente que él era lo “nuevo y diferente”, se asemeje – más que se diferencie -, a sus antecesores.
2) Tanto como en la discursiva doméstica, en la arena internacional buscó previo a las elecciones un aliado estratégico de turno como Rusia, y un rival de mediano/largo plazo como China. La realidad es que los obstáculos en los Estados Unidos lo llevaron a desarrollar rápidamente una agresiva política exterior tratando, con la siempre redituable impronta nacionalista, de aglutinar apoyos de diversos sectores. Sin embargo, ello implicó un ninguneo a la OTAN en el ataque a Afganistán (aunque hace pocos días Trump cambio su posición una vez más y dijo que la Alianza no es “obsoleta”), una disputa con Rusia por el bombardeo en Siria, y un acercamiento a China resaltando las complementariedades económicas. En definitiva, el escenario a futuro de la política exterior se encontrará embebido de dinamismo e imprevisibilidad.
3) Existe un discurso proteccionista, que no siempre va en concordancia de su propia lógica empresarial trasnacional, pero que le ha permitido ganar las elecciones y fortalecer su núcleo duro. En este sentido, en las últimas semanas, ha vuelto a resaltar en antiguos polos industriales del centro de los Estados Unidos la decisión política de prohibir la importación de materias primas y productos, como así también de generar obstáculos para con la inmigración (de todo tipo, inclusive la calificada). Y también le ha hecho un guiño a sus aliados empresarios, a través de una rebaja en los impuestos corporativos del 35% al 15%, con el foco en incrementar las inversiones y esperando el tan mentado efecto derrame liberal, para incrementar la magra tasa de generación de empleo nacional.
4) El foco de la política de Trump claramente no será América Latina, con excepción de la relación con México, principalmente en término de potenciales modificaciones de tinte económico en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Estados Unidos tuvo un déficit comercial de 62.000 millones de dólares con México en 2016), o con la problemática migratoria y sus derivaciones provenientes del resto de los migrantes centroamericanos (con su correlativo dilema de las remesas). En tanto América del Sur, dependerá de la buena voluntad de los países de la región de aceptar las propuestas de los Estados Unidos. Siempre desde una lógica pragmática (tratados de libre comercio, inversiones, acuerdos de cooperación), pero sin tipo de profundidad alguna – Estados Unidos no se inmiscuirá en la problemática Venezolana, salvo alguna afectación muy profunda o específica de sus intereses – que a su vez implique cambios trascendentales en la arena global.
5) La Argentina no estará alejado de las políticas generales que tendrá Estados Unidos para con la región. Estados Unidos evaluará la posición Argentina ante las otras potencias (Inversiones Estratégicas por parte de Rusia y China), y según su evolución será más o menos permisiva en relación a la apertura de sus mercados. El apoyo político de la Argentina en los Organismos Internacionales también puede sumar, aunque marginalmente, un aspecto positivo a la relación. Por el lado de la Argentina, aunque los objetivos son globales en términos de atracción de capitales, la afinidad ideológica neoliberal con los Estados Unidos será un plus a la hora de las decisiones políticas. Un achicamiento del déficit en la Balanza Comercial (recuperar las exportaciones de biodiesel, entre otros), sería el otro punto sustancial siendo Estados Unidos uno de los principales socios comerciales; en este sentido, ambos gobiernos dejarán la teoría del libre comercio irrestricto de lado, para darle lugar a la negociación especifica permanente.

OPINIÓN – Trump encabeza una política hostil hacia América Latina

Por Pablo Kornblum – Para Agencia de Noticias Sputnik, 23 de Enero de 2017

* TRUMP * EEUU * CASA * BLANCA * ESPAÑOL * LATINOAMÉRICA *
Buenos Aires, 23 ene (Sputnik).-La eliminación del contenido en español de la página web de la Casa Blanca apenas investido el presidente Donald Trump muestra una política hostil hacia América Latina, dijo a Sputnik Nóvosti el experto argentino en relaciones internacionales Pablo Kornblum.

Esto desvela “una política hostil en la apertura de Estados Unidos a América latina”, indicó Kornblum, doctorado en relaciones internacionales y director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales.

La iniciativa de la nueva Administración a poco de haber asumido pretende ser coherente con “las promesas de campaña que hizo Trump”, recordó el experto.

La medida “tiene que ver con cuestiones ideológicas, de inmigración, de reconsiderar lo que podría ser perjudicial para la balanza comercial de Estados Unidos”, enumeró Kornblum.

La reacción del nuevo Gobierno muestra que Trump “quiere ponerse firme ante la comunidad inmigrante en general”, constató.

Por eso el mandatario retiró este lunes la firma que había estampado su antecesor Barack Obama del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), del que formaban parte 12 países, incluidos México, Chile y Perú.

También este lunes, frenó la importación de limones del noroeste argentino que el Gobierno de Obama había concedido un mes antes.

Para Kornblum, Trump “intentará negociar con los grandes actores que le interesan a nivel internacional, en especial con Rusia como aliada, y con China como enemiga”.

Los latinoamericanos no interesan en términos económicos y tampoco son el principal aliado político de Trump, según el experto.

“México, que representa lo negativo (maquilas, inmigrantes que trabajan en el campo) es el patio trasero”, observó.

Aunque es la región más cercana a Estados Unidos, América Latina quedará relegada a un segundo plano, porque “no representa un mercado en el que tenga Estados Unidos tenga prioridad”, añadió el argentino.

En términos generales, Trump se llevará bien con aquellos países que consientan con sus políticas, siempre que accedan a los intereses económicos del actual Gobierno, mientras por el contrario, el presidente recurrirá a la denostación ante quienes no estén interesados en secundarlo, concluyó. (Sputnik)

 

 

Escenario electoral en Estados Unidos

Agencia Sputnik:

Buenos Aires, 9 nov (Sputnik). - El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, se enfocará en una retórica amigo / enemigo que dejará relegada a América Latina, con excepción de México, sostuvo a Sputnik Nóvosti el analista PabloKornblum.

“América Latina quedará relegada, con la excepción saliente de la coerción económica-migratoria sobre México”, indicóKornblum, director de Economía Internacional del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).

La retórica maniqueísta del mandatario electo “se trasladará primariamente a la lógica militar, siendo Medio Oriente y el avance de China sus ejes de disputa”, añadió el experto, doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad argentina del Salvador.

Al igual que habría hecho su contrincante, Trump determinará el eje de su política exterior no como directriz de política de Estado sino según el rédito político doméstico que pueda conseguir.

“Como darwiniano diplomático”, añadió Kornblum, Trump mantendrá el estatus quo económico que evidenciará la irrelevancia política de Argentina en el escenario internacional.

Lo que sí podría suceder es que Argentina “patee el tablero y forme alianzas o acuerdos que puedan afectar fuertemente los intereses de los Estados Unidos”, concluyó el analista. (Sputnik)

Política Exterior: Tanto Trump como Clinton determinarán el eje de su política exterior en base al rédito político doméstico que les pueda brindar, y no como directriz de Política de Estado, sobre todo ante las crecientes demandas socio-económicas internas. Por el lado de Trump, la retórica amigo/enemigo se trasladará primariamente a la lógica militar, siendo Medio Oriente (el Islam en particular) y el avance de China sus ejes de disputa. América Latina, por su parte, quedaría relegada, con la excepción saliente de la coerción económica-migratoria sobre México. En cuanto a la candidata Clinton, primará el pragmatismo económico a nivel internacional, donde trabajará en una política defensiva y ofensiva a las vez para intentar proteger y conquistar mercados y recursos estratégicos en un mundo multipolar cada vez más disputado. Para la región latinoamericana, buscará profundizar la ideología liberal, apoyándose en una Alianza del Pacífico que traccione a las diferentes Alianzas/Uniones – como el Mercosur -, a pesar de las diferencias ideológicas intrarregionales.

Relación con Argentina: En cuanto a la Argentina, creo que con una victoria del candidato Trump se mantendrá el statu-quo económico con una clara indiferencia política para un actor como la Argentina, que no posee relevancia en el sistema internacional (siendo Trump justamente un darwiniano diplomático). Con la salvedad de que en su apertura internacionalista actual, la Argentina patee el tablero y forme alianzas o acuerdos que puedan afectar fuertemente los intereses de los Estados Unidos. En tanto una victoria de la candidata Clinton, la relación con la Argentina se potenciará o debilitará según el avance o retroceso que la Argentina, como miembro fundamental del Mercosur (más aún dada la situación política crítica de Brasil), genere en términos de los acuerdos de Libre Comercio y desarrollo de Mercados Financieros que puedan tener a los Estados Unidos como mentor (como la Alianza Transpacífico de Cooperación Económica).