Esquirlas económicas desde Medio Oriente

Publicado el 8-1-2020 en Ambito Financiero

https://www.ambito.com/opiniones/petroleo/esquirlas-economicas-medio-oriente-n5075507

Cuando el mes de Noviembre pasado el actual líder supremo de la revolución iraní, el ayatolá Ali Khamenei, respaldó las medidas del gobierno de Teherán para incrementar el precio de la gasolina en un 50%, hubo disturbios en distintos puntos del país. Eran voces disidentes que sostenían que las mafias del poder disfrutan de monopolios (más de un 50% del sector de la producción corresponde a las empresas estatales), controlando un sistema de toma de decisiones que favorece la concentración de la riqueza, el saqueo de los recursos nacionales y la fuga de divisas: se calcula que solo en los primeros tres meses de 2019, salieron 20.000 millones de dólares de las arcas iraníes. Estos números asustan, aunque en argentina estemos mal acostumbrados. Algunos lo racionalizarían como algo lógico, dada la inestabilidad geopolítica y financiera. Nosotros podríamos asemejarlo a la famosa ‘viveza criolla’: los formadores de precios, en lugar de vender los productos para el mercado doméstico, se encuentran exportando producción realizada con el ‘dólar barato’ de hace seis meses, quedándose con las divisas que ya valen el triple del momento de producción, para luego redireccionarlas a paraísos fiscales.

Poco parece importarle al líder supremo, cuya respuesta fue contundente: “el sabotaje y los incendios son obra de hooligans y no de nuestro pueblo. La contrarrevolución y los enemigos de Irán siempre han apoyado el quiebre de la seguridad, y van a continuar haciéndolo”. Una ‘economía de resistencia’, como lo sentenció el presidente Hasan Rohani al parlamento nacional, luego de presentar el presupuesto para el año venidero. Lo que sea para generar una mayor cohesión interna.

Por ahora ha dado resultados. Una inflación en torno al 50% (y cercano al 100% para alimentos básicos y medicinas), una devaluación del 68% del Rial en el último año, la escasez de bienes y servicios, una caída estimada del PBI de entre el 7% y el 10% para 2019, un incremento del índice de desempleo que pasó del 9% al 16% desde la reimposición de las sanciones, exportaciones de petróleo en torno a los 250.000 barriles diarios (un 10% de lo que vendía previo a las sanciones estadounidenses) y el empobrecimiento general de la población – quienes, como suele ocurrir siempre, son los que más sufren las sanciones financieras exógenas -, han sido inertes para resquebrajar un régimen que ya lleva 40 años en el poder. Estados Unidos, con su experiencia en Cuba, ya lo debería saber. El poder de la moral, léase la ideología, la cultura, o la religión, siempre han prevalecido por sobre los dilemas económicos en el país persa.

En términos geopolíticos y geoeconómicos, la situación tiene aristas de tinte ‘venezolanas’. Amenazas bélicas de Trump que se diluyeron en un férreo ahogo financiero, un apoyo explícito de Moscú y uno implícito de Beijing. Está claro que los aspirantes al trono estadounidense de ningún modo se van a quedar afuera de la pelea por el control de Medio Oriente, menos si se entiende que Irán cuenta con el 10% y el 15% de las reservas mundiales probadas de petróleo y gas respectivamente.

Por un lado, la alianza con Rusia excede largamente lo político y militar, ya que conlleva vínculos económicos de vital relevancia. Por ejemplo, para el año 2018  los intercambios en monedas nacionales ascendían al 40%; ya en 2019 la cuota de compra-venta a través del rial y el rublo ha rebasado el 50%. Desde la lógica de los BRICS de principios del corriente siglo XXI, el ‘sacarse de encima al dólar’ ha sido una prioridad. Y un golpe geoeconómico fuerte para las otrora intensiones financieras monopólicas globales de los Estados Unidos.

A ello hay que agregarle el otro punto determinante de las inversiones rusas en el mundo: los proyectos de infraestructura para con el facilitar la posterior extracción de recursos estratégicos. Para citar algunos ejemplos, ya se encuentra firmada la inversión rusa por más de 1.200 millones de euros para la construcción de Sirik, una central eléctrica de 1.400 megavatios que aumentará significativamente la capacidad de la producción de electricidad iraní; o mismo los 2.800 millones de dólares prometidos por el gobierno de Moscú para financiar la construcción de una línea de ferrocarril de más de 600 kilómetros que cruce de este a oeste el país persa.

La otra gran potencia, China, hace caso omiso a las sanciones impuestas por su partenaire estadounidense en el juego del ‘Tom y Jerry’ de las guerras comerciales: continúa comprándole petróleo a Irán – en torno a los 400.000 barriles diarios -, pero también otras materias primas fundamentales para su desarrollo económico doméstico. Por ejemplo, a pesar de las prohibiciones, incrementó la adquisición de minerales (como el Hierro, el Cobre y el Zinc), en torno al 150% en el último año.

El otro punto clave es el masivo proyecto de integración de Eurasia. Cuando el presidente Xi Jinping visitó Teherán en Enero del 2015, Rouhani dijo: “Irán y China acordaron aumentar el comercio a 600.000 millones de dólares en los próximos 10 años”. La mayoría de las inversiones, por supuesto, involucran al petróleo y el gas, pero crucialmente también abarcan la cooperación en energía nuclear y el posicionamiento de Irán como un centro absolutamente crucial de la ‘Ruta de la Seda’.

La Unión Europea es el otro gran actor de relevancia, quien ha sido enormemente beneficiado por el acuerdo nuclear del 2015: un claro ejemplo es el contrato del año 2016 entre Airbus y el gobierno de Irán para la compra de 112 aviones de pasajeros, del cual solo pudieron entregarse 3 debido al restablecimiento de las sanciones estadounidenses.

En este aspecto, los números mandan para una Europa estancada en dilemas políticos, económicos y sociales: en juego está casi el 5% de las importaciones de petróleo de sus países miembros, como así también intercambios comerciales valorados en 21.000 millones de euros previos a la salida de Trump del acuerdo nuclear en 2018. Italia es otra muestra de ello: esperan que se destrabe el conflicto para poder avanzar en la construcción de un oleoducto de 2.000 kilómetros, con una valuación de 4.300 millones de dólares, a cargo del grupo Saipem, subsidiario de la empresa italiana ENI. Para Irán, la UE tampoco es un tema menor: es el principal proveedor de bienes de capital tecnológicos, fundamental para el desarrollo industrial y de infraestructura del país persa.

El otro punto de desahogo iraní es la ayuda correligionaria. De los diez países que son destinatarios del 80% de las exportaciones iraníes, siete son musulmanes. La mayoría de Medio Oriente, pero también algunos países asiáticos como Indonesia o Pakistán. Pero además se ha expandido en Yemen, Qatar, Siria, Irak, y el Líbano a través de un puntilloso trabajo político y militar. Un caso ejemplo ha sido el fenómeno yihadista del Estado Islámico en el norte de Irak; escenario bajo el cual los iraníes supieron aprovechar la situación gracias a su ancestral conocimiento de la zona, el liderazgo religioso sobre las comunidades chiitas, la influencia cultural persa sobre los pueblos indoeuropeos de la región, y una alianza política con los alawitas de Siria. Por supuesto, los vínculos en terreno muchas veces terminan sellando acuerdos económicos: la exportación de  productos no petroleros (35% del total), como químicos, plásticos, metales, hortalizas y frutas, tiene como destinos principales los países islámicos aliados en la región.

Más aún, podemos afirmar que la experiencia – trasformada en sabiduría – es fundamental para que Irán pueda manejarse a nivel internacional bajo un permanente contexto de coacción económica. En este sentido, Con la finalidad de eludir las sanciones bancarias y financieras de los Estados Unidos, el gobierno de Teherán ha creado una red de comerciantes, empresas, oficinas de cambio y recaudadores de dinero en diferentes países. Hasta un sistema de trueque, expandido principalmente con sus países vecinos Irak, Pakistán y Afganistán. Claro, porque no recurrir al contrabando: “Sin seguro, sin bancos, solo efectivo”, le mencionaba hace poco un alto funcionario iraní a un grupo de comerciantes extranjeros de países afines al régimen. En este juego de salir airoso a como sea, todo vale.

Bajo el marco descripto, el desencadenante económico y financiero global derivado del incremento en las tensiones miliares ha sido el esperado. Como siempre, la mayoría de las bolsas son aliadas de la certidumbre – sobre todo cuando la inestabilidad proviene de la geopolítica del petróleo -, y retrocedieron fuertemente en los primeros días luego de la escalada. En adición, los mercados temen sobre todo ‘un conflicto más amplio’ que arrastre a Irak, Arabia Saudita y otros, lo que impactaría más fuertemente en el precio de los hidrocarburos. Más aún, los incrementos en los surtidores se podrían potenciar exponencialmente en el caso de que se produzcan ataques a buques petroleros que podrían interrumpir los flujos de petróleo en el mar. Como contraparte, la salida de capitales de los mercados emergentes y el repunte de los activos de resguardo como el oro (nuestra conocida Barrick Gold fue una de las grandes beneficiadas) fueron, como suele ser, las vedettes de los primeros días post-asesinato.

Ante este contexto abrupto generado exógenamente, las consecuencias para nuestro país son variadas y de diversa intensidad. En tanto a las relaciones geopolíticas o comerciales, los cambios que podrían producirse serían marginales o nulos. En tanto a la diplomacia, las relaciones con los Estados Unidos no cambiarán: pasando de una total subordinación en el anterior gobierno, a una relación de ‘abandono al alineamiento directo bajo el alo de un mayor respeto y profesionalismo’, se intentará definir la situación como ‘en un stand-by de análisis’, al menos en el corto plazo. Con Irán tampoco conviene que haya cambios: cualquier mínimo atisbo de acercamiento o alejamiento podría sentenciarse como un potente movimiento telúrico, especialmente luego de los atentados de la década de 1990’ y el más reciente memorándum de entendimiento, todavía frescos y latentes en la memoria de la mayoría de los argentinos. No parece ser entonces inteligente mover el avispero, menos en los primeros pasos de un gobierno recientemente asumido. Equidistancia pragmática, se podría decir.

En el escenario comercial, tampoco veremos grandes movimientos derivados de la escalada del conflicto. Estados Unidos continuará siendo uno de los socios comerciales más relevantes para nuestro país, con cadenas de valor bilaterales que, más allá del impacto en los precios de la energía, muy lejos se encuentran de verse afectadas por el conflicto en un lejano Medio Oriente. Por otro lado, el intercambio comercial con Irán tampoco es relevante para nuestro país: el comercio bilateral del último año se mantuvo en torno a los 450 millones de dólares, un 0,77% del total de exportaciones de nuestro país. Bajo el esquema agroexportador clásico, casi la totalidad de las ventas argentinas se han centrado en la soja y sus derivados (harina, pellets), aceites y cereales. Por su parte, Irán solo le exportó 5 millones de dólares a la Argentina en el 2019: se destacan aquí los plásticos y una variedad de frutos secos. En tanto a las inversiones bilaterales, las mismas son prácticamente nulas; solo pensar que la Inversión Extranjera Directa mundial iraní promedió anualmente los 2.500 millones de dólares durante el corriente siglo, implica que para la Argentina solo quedan las migajas. No suena tampoco ilógico: en los últimos 15 años casi no ha habido visitas bilaterales de delegaciones comerciales de relevancia, a lo que se adiciona las dificultades financieras y de pago derivadas de las sanciones impuestas contra el régimen persa.

Como contraparte, el sector financiero si se ha visto afectado. La salida de los capitales de los mercados emergentes comenzó a impactar negativamente en los valores de nuestros títulos públicos, con incrementos en el riesgo país, y bajas significativas en la cotización de los ADR de empresas argentinas listadas en Nueva York (lógicamente las energéticas y aerolíneas argentinas han estado entre las más afectadas los primeros días).

El otro punto débil es el hidrocarburífero. Cuando asumió el nuevo gobierno en nuestro país, desde el sector petrolero mencionaban que el atraso tarifario rondaba entre un 10% y 15% con un barril a 60USD. Un atraso que se incrementó al día de hoy, donde el Brent ya se encuentra en torno a los 70USD. Igual y tal como sabemos, en Argentina la teoría nunca se traslada a la práctica. Al menos de manera proporcional. Con los precios de combustibles prácticamente congelados, la inflación promedio en nuestro país fue del 4% mensual en el último semestre de 2019. Desequilibrios macroeconómicos y monopolios formadores de precios domésticos, sería la conclusión preocupante. Por ello, el incremento del crudo a nivel internacional, solo implicaría echar más nafta al fuego.

En definitiva, cuando la externalidad macro es tan potente, poco se puede incidir siendo un ‘país medio’ con enormes dificultades intrínsecas; solo se puede actuar proactiva y cautelosamente para paliar la situación. Ya bastante complicado es lidiar con la negociación de la deuda con el FMI/Trump luego del asilo a Evo Morales y la ambivalencia diplomática ante Maduro; por ende, en el corto plazo solo queda lidiar con las consecuencias: contener los precios del surtidor y mostrar ‘una argentina cumplidora – se han pagado al día de hoy las obligaciones previstas en materia de deuda, como el  bono Centenario (AC17) por unos u$s100 millones – y en modo crecimiento’, para que los activos no se continúen devaluando. No mucho más en apenas un mes de mandato.

Luego solo queda esperar, siendo lo más diplomáticamente correctos y sin hacer declaraciones altisonantes a favor de una u otra posición. Porque lamentablemente, y más allá de los daños y las dolorosas muertes de seres humanos, las derivaciones para nuestro país difícilmente tengan alguna vertiente positiva. En un momento en el que necesitamos justamente apaciguar las variables y generar un contexto normalizador, la inestabilidad e incertidumbre solo generan obstáculos para con el poder mostrar y llevar adelante un proyecto superador de largo plazo; ya sea tanto para los expectantes actores relevantes domésticos, como para los que esperan – más ansiosamente ante el actual contexto beligerante – los repagos financieros desde el exterior. Ojalá entonces que pase la tormenta lo más rápido posible y se pueda llevar a la práctica, con menor ruido externo, la nueva racionalidad de unas políticas económicas que demuestren verdaderamente un cambio de rumbo.

Irán, otro escenario donde se disputan las tensiones globales.

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 28 de Julio de 2019

https://www.ambito.com/iran-otro-escenario-donde-se-disputan-las-tensiones-globales-n5045043

Podemos afirmar que la detención del petrolero de bandera británica Stena Impero por parte de las Fuerzas Armadas Iraníes, es una mera anécdota. Como suele ocurrir en la historia de las relaciones inter-estatales, un hecho puntual, una pequeña llama disparadora, puede desatar una implosión sistémica. El ‘dilema de las jurisdicciones marítimas’ que hemos observado el último mes es simplemente una foto dentro de la dinámica de hostilidad (así lo considera el régimen persa), que lleva adelante Occidente contra sus intereses, su tradición, su forma de vida.

La importancia del hecho radica en el involucramiento de los principales actores estatales. En cuanto al Reino Unido, aunque el mismo se haya posicionado contrariamente a la decisión unilateral de Washington de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e imponer sanciones al régimen, intenta preservar a toda costa su ‘histórica relación especial’ con los Estados Unidos. El gobierno británico es hoy un boxeador golpeado que se encuentra a la defensiva en el último round, esperando que suene la chicharra para obtener un decoroso empate técnico que lo mantenga con la cabeza en alto para las próximas luchas post-Brexit. Ello se observa claramente en las vacilaciones y errores elocuentes: por un lado, nos encontramos con un Reino Unido que le pide un apoyo moral y ejecutivo a la OTAN; o sea, a los mismos (¿ex?) aliados europeos Alemania y Francia, con los que convive en una eterna y tensa disputa por el Brexit. Y para continuar embarrando la cancha – sin algún sentido para la lógica iraní – los servicios de inteligencia británicos han acusado a Moscú de ayudar a Teherán a falsificar la señal GPS para apresar su buque, a lo que agregaron que “el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y la inteligencia rusa han colaborado de forma muy estrecha en Siria, protegiendo y promoviendo sus intereses”. No solo no han descubierto nada, sino que tampoco han generado un aporte que provea algún tipo de solución al conflicto.

Evidentemente cualquier Estado – incluido una histórica potencia económica, política y militar como el Reino Unido -, que se encuentra viviendo un enorme desorden interno que concluirá, indefectiblemente, en diversos cambios estructurales que afectarán a la mayor parte de su ciudadanía, no puede atravesar nunca un complejo escenario diplomático y salir indemne. Cohesión doméstica para enfrentar el mundo, se diría. Así lo demuestra el apuro en la reciente confirmación de Boris Johnson como Primer Ministro para desarrollar, al menos, ‘cierto orden’ institucional que le permita al gobierno británico enfrentarse a los actuales dilemas regionales y globales.

En tanto a su partenaire, como suele ocurrir (casi) siempre, el ‘bombardeo’ económico es el que más le duele. Las sanciones estadounidenses, esgrimiendo el tan mentado poder nuclear iraní, han hecho mella en un histórico enemigo miembro de su denominado ‘eje del mal’. Sin embargo, y más allá de lo justificado o no de la finalidad de Donald Trump, su lectura sobre el potencial escenario de conflicto podría encontrar ciertos limitantes si se entiende la historia, cultura y religión del Estado persa.

En este sentido, cabe destacar que desde la revolución del año 1979, el Estado iraní ha adoptado la forma de República Islámica; donde el Líder Supremo de índole religioso, el ayatolá Alí Jamenei desde el año 1989, no solo es responsable de la delineación y la supervisión de las políticas generales del Estado (por lo que se encuentra por encima del presidente, Hasán Rohaní), sino que además es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y controla las operaciones de inteligencia y la seguridad del estado.

Es por ello que a sabiendas del diferencial de poder estadounidense (el gasto en defensa iraní – unos 18.000 millones de dólares anuales – es 40 veces inferior al de Estados Unidos), Irán, una potencia media en términos militares, no ha temido ni rehusado nunca a una lucha que excede los objetivos de poder y riqueza. Irak, Israel, Arabia Saudita han sido testigo de ello. En este sentido, la Guardia Islámica Revolucionaria (Pasdaram), la milicia religiosa (Basij), los aviones de combate o las rápidas embarcaciones de la armada persa, no dudan en lanzarse con fervor a todo tipo de acciones asimétricas, incluso kamikazes. Más aún, una potencial reacción agresiva de occidente no quedaría relegada a su propio territorio: el gobierno iraní ya intenta extender el conflicto a otros países en los que cuenta con el apoyo de amplias poblaciones chiíes: los hutíes en Yemen, los hazaras en Afganistán, el 60% de la población iraquí, los alauíes en Siria, el propio Hezbolá en El Líbano, la amplia mayoría chií en el estratégico Bahréin, además de la diáspora iraní en el mundo. E incluso se podría movilizar a la minoría chií (alrededor del 5% de la población) que vive en Arabia Saudita, sin olvidar el soporte que puede aportar Hamas, organización que, a pesar de ser suní, podría sentirse obligada a devolver el favor de haber estado alimentada de recursos económicos y militares iraníes durante años.

Cuando días atrás la Guardia Revolucionaria Islámica derribó el avión estadounidense no tripulado a principios de mes, envió un mensaje claro para los Estados Unidos: “las fronteras de Irán son ‘la línea roja’”, emitió en un comunicado la Cancillería persa. A pesar de este hecho puntual, y al que se le adiciona el conflicto nuclear, el gobierno estadounidense continúa con su retórica agresiva pero vacía en términos de una real ejecución. Luego de las amenazas inconclusas a Corea del Norte y Venezuela, el derribo del dron conllevó a una nueva amenaza bélica de Trump vía Twitter – como lo suele hacer -; sin embargo, el mismo mandatario suspendió los ataques aéreos de represalia apenas minutos antes de que debiera comenzar la acción.

Como contraparte, continúa insistiendo con las sanciones económicas – una política exterior más que recurrente en la historia estadounidense -, a través del fin del otorgamiento de exenciones a los compradores de petróleo o del obstaculizar las exportaciones a proveedores del Estado persa, entre otros; ello ha mellado en el valor del rial, su moneda, la caída de las inversiones, y en la escases para con el abastecimiento de productos básicos para su población. En definitiva, el objetivo último de la Casa Blanca pareciera ser que Irán colapse económicamente en poco tiempo y se genere algún tipo de subversión interna que deponga al Gobierno actual. Sin embargo, la reciente condena a muerte de la mayoría de los 17 agentes que supuestamente trabajaban para la CIA en áreas e industrias estratégicas, todos ciudadanos iraníes, nos muestra cuán lejano estamos de ello.

Como contraparte, Irán cuenta con el apoyo explícito de Rusia e implícito de China, en esta lógica actual de bipolarización geopolítica desde la asunción del actual mandatario estadounidense. En cuanto al primero, Moscú ya mostró su poderío e influencia en un espacio geográfico adyacente, como lo es Siria, e hizo frente a las ambiciones de Washington. Y lo hará en cada zona de influencia donde se encuentre geopolíticamente inmerso en un escenario que involucre a la OTAN y su estrategia misilística, en contraposición a la visión de Europa Occidental que sostiene que debe dar respuesta a lo que denominan un ‘agresivo’ avance del gobierno de Vladimir Putin en las áreas de influencia de la ex Unión Soviética.

China, por su parte, no solo es el principal importador del petróleo iraní, sino que el interés de Xi Jimping se enmarca en un contexto más amplio que implica el acceso al mediterráneo – y consecuentemente al mercado europeo -, bajo una serie de acuerdos y proyectos que se están concretando a través de la ‘nueva ruta de la seda’: ya sea tanto ferroviarios como portuarios, viales o fluviales – con sus diversas ramificaciones en diversas áreas económicas -, Beijing reconoce a Teherán como un aliado clave en su lógica multiplicadora.

Más aún, podemos decir que Irán es un aliado que, dada sus posición geográfica y sus capacidades hidrocarburíferas, cumple un rol de relevancia como articulador en una lógica tripartita. En este sentido, la histórica firma del acuerdo de suministro de gas ruso a China del año 2015 que involucró inversiones por 400.000 millones de dólares – luego de las sanciones Occidentales a Rusia por Crimea -, contó con la presencia de Rohani; cuyo gobierno, a partir de ese momento, también entró en conversaciones, convenios y contratos con empresas del gigante asiático para trabajar juntos; no sólo en la venta de gas y petróleo, sino también en el financiamiento de proyectos de explotación y exploración de hidrocarburos, junto con la construcción de puertos y ferrocarriles que le den soporte al gasoducto.

Finalmente, y dado el escenario descripto, lo que podemos afirmar es que Irán se ha negado a negociar mientras se encuentre bajo las actuales sanciones impuestas; más aún, redobló la apuesta y amenazó con elevar la pureza del enriquecimiento de uranio más allá del límite de 3,67%, acordado en el firma del año 2015, y cuyo fin era evitar que el Estado persa produzca material con fines militares. En el medio de los cruces, contrapuntos y ambigüedades, lo único que podemos afirmar al día de hoy es que, mientras algunos se preguntan hasta donde puede escalar este conflicto con ribetes que involucran peligrosamente a alta política global, Abbas Mousavi, portavoz del ministerio de Exteriores de Irán, dejó en claro la posición presente y futura de su país. ¿Hay realmente alguna sanción que Estados Unidos no haya impuesto ya contra nuestro país y nuestro pueblo en los últimos 40 años?, sostuvo en una reciente conferencia de prensa; para luego, repreguntarse con serenidad, “Y, ¿qué han conseguido?”.

Alta tensión en el Estrecho de Ormuz entre EE.UU. e Irán

Entrevista en Radio Jai a Pablo Kornblum, sobre la crisis política entre EEUU e Irán.

https://www.radiojai.com/rj/noticom.php?cod=MjQxNjkxNA==

JAI – El analista internacional Pablo Kornblum analizó la situación política de medio oriente tras el derribo de un drone norteamericano por parte del ejercito Iraní, lo que provoco que Trump decidiera un ataque selectivo como respuesta, el cual fue cancelado finalmente en el último momento, con los aviones ya en el aire y los buques en posición por considerar que seria “desmedido”.

El Estrecho de Ormuz es la única vía para mover petróleo desde el Golfo Pérsico al resto de los océanos. Por ese motivo, cualquier amenaza sobre el área podría afectar al mercado del petróleo. Allí pasa el 20% del crudo mundial por lo tanto es una zona geoestratégicamente importante.

Kornblum señaló que el conflicto entre EE.UU. e Irán se debe a una tensión por temas nucleares e intereses económicos: “La cuestión `economisista´ es fundamental. Cuando Trump asumió en 2015 salió del acuerdo bilateral y aplicó sanciones económicas a Irán como modo de presionar al gobierno iraní por no estar cumpliendo con los puntos nucleares y continuar enriqueciendo uranio”. Mientras tanto, Irán remarcó que ellos “estamos cumpliendo y lo hemos probado por lo tanto vamos a seguir igual”, por lo tanto, EEUU miente. De este modo, están los intereses iraníes como uno de los principales productores de petróleo del mundo de soberanía sobre el estrecho de Ormuz, controlando ese 20% de trafico de crudo que pasa por allí.

“Hay que recordar que esto remonta desde la época de Obama en que Irán fue considerado como parte del llamado “eje del mal”, rememoró Kornblum.

Respecto al derribo del drone, lo que ocasiono la creciente tensión entre ambos países el analista internacional dio su visión: “Es raro que Irán haya derribado un drone que este en aguas internacionales y sobretodo uno norteamericano. Probablemente, el drone haya intentado ingresar a territorio iraní pensando en que no lo iban a detectar, pero así fue y lo derribaron”. Es cierto que nunca se sabrá la realidad porque, como Kornblum argumenta, “ambas partes van a dar sus versiones, por ende, lo que importa, es lo que ocurrirá a futuro. Si continuara la posición beligerante de EEUU con Irán o no”.

Respecto al futuro el analista mantiene una posición escéptica respecto al inicio de un conflicto bélico: “Trump ha tenido siempre discursos beligerantes, pero no ha avanzado. Tampoco creo Irán vaya a avanzar mucho más”.

Por otro lado, en caso de iniciarse una guerra, al análisis no debería ir sobre quien es más poderoso (claramente EE.UU. lo es), sino en los apoyos que podría tener Irán en cuanto a guerras de guerrillas o grupos insurgentes sobre avances territoriales y a su vez el apoyo internacional de países como Rusia quien ya ha dicho que este enfrentamiento no conduce a nada.

Finalmente, Pablo Kornblum consideró qué de ocurrir el conflicto bélico, Israel debería mantenerse al margen mientras EE.UU. intenta convencer al mundo de que la situación bélica se da por un peligro real.