El regalito a las pymes, mayor apertura del mercado interno

Pablo Kornblum para Página 12

https://www.pagina12.com.ar/204466-el-regalito-a-las-pymes-mayor-apertura-del-mercado-interno

Desde el inicio de su mandato, enero de 2017, Donald Trump llevó a cabo una política económica proteccionista. Su campaña presidencial estuvo basada en promover empleo para los ciudadanos norteamericanos. Le impuso aranceles a su socio comercial mexicano, amenazó con aranceles a los autos europeos y mantiene una guerra comercial con China. Las decisiones de política económica de su gobierno también impactaron en el comercio con Argentina. En este sentido, el economista Pablo Kornblum, especialista en relaciones internacionales, se preguntó: “¿Cómo vamos a poder hacer un tratado si no pudimos negociar el biodiesel y tardamos dos años en acordar la exportación de limones?”. Además, adelantó que por el alto nivel de endeudamiento que tiene Argentina con el FMI, por el mayor préstamo realizado en la historia del organismo, es difícil que las condiciones de negociación se den en forma “justa y simétrica”.

Un respaldo teórico para la estrategia geoeconómica del tratado Mercosur-Unión Europea

Para Ambito Financiero por Pablo Kornblum – 3 de Julio de 2019.

https://www.ambito.com/el-riesgo-cazar-el-zoologico-y-el-peligro-confundir-matar-al-perro-terminar-la-rabia-n5040482

En las pantallas de los grandes medios de comunicación desde ambos lados del atlántico, el mainstream de la ciencia económica le habla al ciudadano medio: todos hemos ganado con el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Para la mirada de los más de 800 millones de futuros consumidores, la lógica de las ventajas comparativas incrementará la oferta de bienes a precios más asequibles para todos.

Detrás de esta máscara con anestesia, la Unión Europea le enrostra a Donald Trump, en medio de su Guerra Comercial con China, que el Consenso de Washington establecido por su propio país tres décadas atrás sigue más vigente que nunca y rige la lógica Ricardiana del comercio internacional. A ello le debemos adicionar el porqué no legítimo deseo de ganar terreno en América Latina (una reducción de aranceles en torno a los 4.500 millones de dólares para un mercado de 293 millones de habitantes no es de despreciar), histórico patio trasero de los Estados Unidos, y novedoso terrero fértil para los tentáculos económico-financieros y militares chinos y rusos.

Por otro lado, es evidente que el gran sector perjudicado en el viejo continente es el relacionado a los recursos naturales, donde nuestra región tiene abundancia y calidad para competir con la agricultura, la ganadería o la vitivinicultura del viejo continente. Esto no es otra cosa que un golpe más a lo lógica del Estado de Bienestar que solía privilegiar la calidad de vida y el sentido de pertenencia a las zonas rurales, en pos de la acumulación de capital y la colocación de bienes y servicios en cualquier lugar del mundo y a cualquier costo. En este sentido, Anwar Shaikh lo sentenciaba con claridad: la integración no siempre es buena para los países, pero si lo suele ser para las ganancias de los grandes grupos económicos con capacidad de exportar.

Pero no todo está perdido para el agro francés, polaco o irlandés. Lo que seguramente nos diferencia es su pragmatismo y capacidad de intentar siempre balancear racionalmente la diversidad de intereses para evitar discrepancias que agiten a los extremos políticos y sociales. No en vano la Unión Europea le agregó al tratado una cláusula según la cual “los estándares de seguridad alimentaria europeos quedarán protegidos en el acuerdo, sin cambios, y todas las importaciones tendrán que cumplir con ellos”; es decir, normas sanitarias y fitosanitarias que continuarán funcionando como una traba extra-arancelaria a las importaciones.

A ello le debemos adicionar que la Unión Europea cedió más en los productos que no produce, como la soja, la merluza, y los frutos; pero en cambio se aplicará el sistema de cuotas para cuyos bienes y servicios se producen dentro de Europa o en sus ex colonias. Ello en complemento con un mecanismo de salvaguarda bilateral que permitirá “imponer medidas temporales en el caso de que se produzcan aumentos inesperados y significativos de las importaciones que provoquen, o puedan provocar, serios daños a sus industrias domésticas”. Podemos suponer, solo con seguir una línea de análisis histórica, cuál de los dos bloques defenderá con mayor fiereza los intereses de sus propias mayorías. Es más, luego de brindar su apoyo político días atrás, Emmanuel Macron puso un freno a los impulsos frenéticos de los pro-tratado e indicó que Francia todavía no está preparada para ratificar el acuerdo.

Desde una visión sudamericana, el volver al mundo ha sido una bandera ideológica y productiva de la Argentina, que se afianzó con la llegada de Jair Bolsonaro al poder, y se terminó de forjar como eje clave para ambos oficialismos con el deterioro de las variables macroeconómicas domésticas. Lamentablemente, el venerado marketing de corto plazo generalmente se contrapone con una visión estratégica y objetivos superadores de largo plazo. Diversos escenarios así lo demuestran.

Para los defensores del acuerdo sudamericano, la apertura será un desafío para los sectores industriales a mejorar su productividad frente a la mayor competencia extranjera. Sin embargo, la historia económica ha mostrado que los países que tuvieron un crecimiento económico de relevancia en base a ingentes procesos de industrialización – podemos citar a los Estados Unidos luego de la Guerra de Secesión, o los denominados ‘tigres asiáticos’ en la décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial -, siempre protegieron celosamente los modelos productivos destinados a ser una digna competencia de las economías más maduras de su tiempo.

Cabe destacar que aunque en la actualidad han cambiado las variables productivas en juego (con eje en los servicios y la tecnología de punta), la lógica para con la obtención de la ventaja decisiva que permita conquistar y arrebatar nichos de mercado se mantiene inalterable a través del alcance del ‘know how’ que permita el desarrollo de todo tipo de invenciones. Ejemplo de ello es la exigencia europea de la extensión en la vigencia de patentes en el Tratado, cuyo requerimiento es recurrente por parte de la industria farmacéutica y de agroquímicos de los países del viejo continente ante cualquier tipo de negociación extra-comunitaria. Dicha clausula lo único que provocará será el acrecentar y profundizar las diferencias de capacidades inter-regionales.

Por el contrario, se nota la ausencia de simetría en nuestros requerimientos. Sino difícil es entender como el tratado contempla la eliminación o reducción sustancial de las barreras que impone el Mercosur a los metales raros de alta calidad, aquellos que necesita la industria europea de alta tecnología y hoy en día importa desde África o China. Por otro lado, el Mercosur cedió también en incorporar las licitaciones de obra pública entre los rubros de contrataciones con acceso abierto al capital europeo; lo que implica que un número significativo de proveedores locales del Estado podrán quedar desplazados por la participación de firmas europeas. Algunos podrán decir que se acabará con el capitalismo de amigos y los ‘capitanes de la obra pública’. Otros, sin embargo, podrán pensar que, dado que la corrupción es endémica y estructural en los organismos gubernamentales sudamericanos, los europeos también podrían aceptar gustosos pagar la coima con tal de obtener la enorme rentabilidad que suelen proveer los contratos públicos en nuestra región. Evidentemente, no debemos confundir matar al perro con terminar con la rabia.

La otra pregunta que surge es si el Mercosur realmente trabajará como bloque o, como ha demostrado la historia, cada país miembro ‘jugará’ su partida. Ello podría ser peligroso ante escenarios de crisis económicas recurrentes e instituciones débiles, donde para los europeos la apertura de nuestros mercados podrían significar ‘cazar en el zoológico’. Pensemos, además, que la industria nacional argentina no sólo se vería perjudicada por el ingreso de productos desde el otro lado del atlántico al mercado local, sino también por la mayor participación europea en la plaza brasileña, nuestro principal socio comercial. Una pelea encarnizada del ‘pobre contra el pobre’ que podría dejarnos muy mal parados. Aunque no a todos.

En este sentido, varias de las agrupaciones empresarias más características del sector concentrado de la economía argentina – especialmente las vinculadas al capital extranjero y grupos monopólicos en sectores estratégicos -, no sólo celebraron la firma del acuerdo sino que, además, solicitaron “a la dirigencia política de todos los partidos que dejen de lado sus diferencias coyunturales para arribar a acuerdos básicos sobre políticas públicas que permitan las transformaciones estructurales para poder competir y estar integrados a las cadenas de producción globales”. Entre esas reformas, citan principalmente “la reducción de la presión impositiva, la reforma de los convenios laborales, y la disminución de la tasa de inflación”.

Bajo la bien conocida doctrina del ‘esfuerzo permanente’, estos grupos explicitan, una vez más, la urgente necesidad de ser más competitivos. Seguramente muchos estemos de acuerdo. Lo que hace ruido es quien va a pagar los costos de ello. Porque además de la brutal devaluación del salario real en dólares de nuestro país en los últimos años, se les está pidiendo a las clases medias y bajas de la sociedad que deban doblegarse aún más ante una potencial novedosa legislación que avale la flexibilización laboral y la reforma previsional, entre otros. Salarios africanos y 50% de los niños bajo la línea de la pobreza multidimensional es un cóctel perverso y explosivo que no podemos permitirnos.

Para concluir, es interesante en este momento de la historia, recordar a Arghiri Emmanuel. Este teórico marxista ya sostenía, hace casi 70 años, que la lógica centro-periferia era viable porque las elites de las principales potencias sostenían que los trabajadores del mundo subdesarrollado no necesitaban, dada su historia, su cultura, y su falta de conocimiento, los mismos bienes que los asalariados del entonces mundo desarrollado. Hay que tener cuidado: sería trágico que, en pos de ganar competitividad, a alguien se le ocurra traer a colación ideas que parecían haber quedado en los anales de los libros de historia. Al menos eso podríamos pensar. Porque como sabemos, en nuestra región todo es posible.

Seminario Crisis Europa – Pablo Kornblum – Universidad de Bologna – Octubre 2012

Idea Fuerza: Tratado de Maastricht (1992)
Requerimientos:
Alinear las tasas de inflación e interés.
Lograr un déficit fiscal no mayor al 3% del PBI.
Evitar que la deuda pública exceda el 60% del PBI.
Se pensaba una Europa homogénea (análisis
económico de la ortodoxia capitalista).
¿Todos podrían cumplir con el tratado?
¿Cultura? ¿Ética?¿Idiosincrasia? Historia?

Idea Fuerza: Tratado de Maastricht (1992)Requerimientos:Alinear las tasas de inflación e interés. Lograr un déficit fiscal no mayor al 3% del PBI.Evitar que la deuda pública exceda el 60% del PBI.
Se pensaba una Europa homogénea (análisiseconómico de la ortodoxia capitalista).
¿Todos podrían cumplir con el tratado?¿Cultura? ¿Ética?¿Idiosincrasia? Historia?

Situación

Política Monetaria dependiente (emisión, tasa de interés, rol de los diferentes actores).

Política cambiaria nula.

¿Bajo que variables económicas los Estados

Nacionales de la Unión Europea tendrían mayor

autonomía?

La política fiscal

La Estructura económica

El Escenario internacional

La política fiscal
Gasto público creciente, fuerte déficit fiscal (objetivos políticos y sociales). Mantener o generar el Estado de Bienestar.

Divergencias de las estructuras tributarias y en las metas de erogaciones estatales.

La Estructura Económica
A)
Distribución de la riqueza crecientemente inequitativa.
Quien se beneficia y quien paga los costos, tanto en las épocas de bonanza como de  crisis. Culpabilidades difusas y socialización de las pérdidas.
Actualmente, los ajustes y sacrificios son de aquellos sectores vulnerables y excluidos que más necesitan al Estado.
“Pedimos sacrificios a todos los integrantes de
la sociedad ” Mario Monti, al asumir como Primer
Ministro de Italia.
Escenario Internacional

Disociación creciente entre la economía financiera y la economía real.
Los inversores buscan otros mercados a fin de compensar las constreñidas demandas internas.
Diferencias entre la productividad y competitividad de las economías nacionales.
Procesos de tercerizaciones a economías embebidas en un marco de mayor productividad dentro de la dinámica de la globalización (incremento de los mercados internos, bajos salarios, mejoras tecnológicas y de infraestructura, multilateralidad creciente).
El Escenario futuro:
La Unión Europea y el Euro se van a mantener:

La historia, los costos de la unificación, lo que representa una Europa unida después de tantos siglos de violencia.
Pérdida invaluable del poder ante otras regiones, bajo un escenario de multipolaridad creciente con fuertes disputas de poder y recursos.
Más allá de las crisis internas que conllevaría una devaluación intercalada de nuevas monedas, los acreedores en Euros, con gran poder político y económica, no permitirían que se licue su rentabilidad.
Relaciones Intra-europeas:

Las diferencias intra-regionales (competitividad, visión del Euro) parecen profundizarse y no diluirse (Alemania/Holanda vs España/Gracia). Incremento de las tensiones interestatales.
Culpabilidades cruzadas y nacionalismos crecientes.
Dilución de la responsabilidad inter-generacional, la productividad y el pago de las deudas. Fuertes dilemas socio-políticos y culturales intra-nacionales.
Homogeneización del sistema, sin evaluar las necesidades específicas de cada país.
La relación para con el mundo

Pérdida de poder económico y geopolítico de la Unión Europea ante un escenario global de multipolaridad creciente.
Mayor proteccionismo económico en un contexto global de creciente competencia política y geo-económica (Asia por su capacidad industrial, América Latina y África por sus recursos naturales).
Aunque se intente llevar un mayor control de los flujos financieros internacionales, los mismos poseen un gran poder de Lobby para evitar pagar los costos de las problemáticas macro y socio-económicas.
Los dilemas intra-nacionales

Desocupación estructural más cercana al 10% que al 5%. Mayor demanda de Gasto público, que debe ser cubierto con mayor producción doméstica (bajas tasas de natalidad y dilema migratorio).
Más recesión y pobreza, en un contexto de mayor concentración del ingreso. Incremento en las tensiones sociales y la delincuencia derivado de la crisis económica. Crecimiento de partidos fundamentalistas.
Paralelamente al gran endeudamiento de las familias y los Estados, la rentabilidad de la banca y el sector financiero continua incrementándose.
Conclusiones

El ajuste propuesto no hace foco en los
responsables de la crisis ni en el desarrollo
económico de los pueblos; solo en lograr una
estabilidad macroeconómica que permita
reactivar las expectativas empresariales para
retornar a la senda del crecimiento.
En este sentido, difícilmente se desee realizar
un cambio en las actuales estructuras
nacionales y globales sistémicas, generando
un debate socio económico en términos tanto
de la distribución de los recursos, en un primer
lugar, como de los ingresos posteriormente.
“Hace tiempo que nuestros
políticos son incapaces de aspirar a
algo más que a ser reelegidos. No
tienen en absoluto fundamento
político ni ninguna convicción.”
Jürgen Habermas, Filósofo Alemán
A)

El futuro del TLC entre la Unión Europea y el MERCOSUR

Publicado en Stratfor, el 4 de Mayo de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/other_voices/20110504-future-fta-between-european-union-and-mercosur

Entre el 2 y 6 de mayo próximo, Paraguay será sede del encuentro entre la Unión Europea y el MERCOSUR. Ambos bloques volverán a la mesa de dialogo para tratar de reflotar, una vez más, el Tratado de Libre Comercio (TLC). Por parte del MERCOSUR, el punto más importante a discutir es la desgravación arancelaria de la mayoría de los productos agrícolas que exporta la región, ya que existe un complejo y generoso sistema de subsidios, créditos blandos y medidas para-arancelarias que atentan contra el ingreso de los productos agropecuarios al mercado europeo. Por el lado de la Unión Europea, los principales requerimientos se centran en incrementar y favorecer la accesibilidad y el ingreso de bienes manufacturados europeos en Latinoamérica; aunque también existen requerimientos para con los bienes industriales y servicios, las compras gubernamentales, y los derechos de propiedad intelectual.

La historia de ambos bloques ha respetado la división internacional del trabajo y la dinámica Centro-Periferia: una América Latina proveedora de materias primas/alimentos, y una Europa Occidental industrialista y diversificada. En este contexto, los países latinoamericanos pasaron del colonialismo Europeo a la Doctrina Monroe, alternando modelos nacionalistas, proteccionistas y desregulacionistas. Bajo la atenta mirada de los Estados Unidos y con los ojos siempre puestos en los principales mercados, a mediados de la década de 1980’ se constituye el Mercosur, con la idea de acercar a los países de la región y lograr un mayor entendimiento en cuanto a las políticas económicas y comerciales intra-regionales. Sin embargo, la caída del comunismo y la apertura globalizadora de los años 1990’ marcaron una década enfundada en neoliberalismos nacionalistas altamente competitivos entre si y de claro sesgo anti-exportador (revaluación cambiaria, transformación productiva hacia los servicios y los flujos financieros, mercado-internismo creciente), estancando cualquier atisbo de fortalecimiento en las relaciones intra e interregionales. Hubo entonces que esperar hasta el Siglo XXI para que las relaciones entre los países del MERCOSUR y para con la Unión Europea tomen un verdadero impulso. Enmarcados en un giro ideológico progresista, el foco de discusión comenzó a centrarse en como lograr un crecimiento económico regional que pueda derivar en mayores ingresos estatales para ampliar los objetivos redistributivos tan necesarios en la geografía más desigual del planeta.

En un proceso de constante adaptabilidad y buscando incrementar permanentemente el margen de maniobra, la visión actual del MERCOSUR es la de fomentar y aprovechar el irreversible contexto de incrementos en los precios/demanda de las materias primas y los alimentos, derivado esencialmente del crecimiento demográfico global y la inclusión de los nuevos mercados emergentes. Las mejoras tecnológicas y de procesos, aunque lentificadas por las históricas carencias institucionales (falta de subsidios, permanentes ciclos macroeconómicos adversos, insuficiente ayuda y promoción gubernamental para con la búsqueda de nuevos mercados), han permitido aprovechar este nuevo contexto estructural internacional, acentuando y potenciando el posicionamiento regional como el principal proveedor mundial de la producción agrícola-ganadera.

La situación de la Unión Europea, en cambio, refleja una diversidad que confluye en un presente repleto de complejidades. Previo a la globalización neoliberal de la década de 1990’, Europa se encontraba tácitamente dividida entre países con vigorosos “Estados de Bienestar” (Alemania, Francia, Suecia), otros en pleno procesos de transformación económica y política (España, Portugal, Italia), y el resto bajo el ala de la antigua Unión Soviética (Polonia, Checoslovaquia, Hungría). Con el triunfo norteamericano y la vía libre hacia una totalitaria globalización económica y financiera, los victoriosos países capitalistas desarrollados europeos arrastraron al resto de sus vecinos regionales. Los avances hacia la homogeneización no fueron menores; sin embargo, los últimos años mostraron que las marcadas diferencias institucionales, culturales y socio-económicas que atentan contra los objetivos comunes, continúan inexpugnablemente vigentes.

La realidad del Siglo XXI potenció las tensiones nacionalistas, las diferencias sectoriales intra-nacionales y la puesta a prueba permanente de la estabilidad macroeconómica. La crisis global se ha ido transformando de coyuntural a estructural, donde la delicada sensibilidad social es puesta a prueba con cada decisión política. Los gobiernos, cautelosos, observan con recelo a los mercados financieros internacionales, mientras intentan satisfacer las demandas domésticas en un contexto de permanentes exigencias para con la protección de los bienes histórico-culturales, una diversidad productiva que pueda derivar en una verdadera sustentabilidad medio-ambiental, y una adecuada política de seguridad alimentaria que fortalezca la paz social. Los miedos a la apertura no son pocos: solo para citar un ejemplo, la liberalización comercial podría verse potenciada por una profundización de la teoría clásica liberal y el fomento por parte del MERCOSUR de la libre movilización de todos los factores productivos, incluyendo al factor trabajo. En este sentido, aunque la lógica teórica lo avale, sería utópico permitir la libre circulación y migración desde America hacia el viejo continente, ya que provocaría un suicidio político y una crisis social sin precedentes en el actual escenario Europeo.

En definitiva, es importante recalcar que más allá de los intereses particulares encontrados entre ambas regiones, un verdadero acuerdo cooperativo en pos de un desarrollo económico sustentable y complementario seria fructífero y contaría con el  aval de la más diversa pluralidad de las teorías clásicas del comercio internacional. En un mundo que defiende el status-quo y continúa avanzando hacia un proceso neoliberal (por lo menos de hecho), la apertura y desregulación son objetivos a nivel global. Todo avance en este sentido (reducción de aranceles, liberalización de mercados) difícilmente pueda volverse atrás, ya que además y por sobre todo, sería visualizado como un “retroceso proteccionista” para las elites económicas y financieras internacionales.

Sin embargo, la verdadera problemática para poder avanzar concretamente se encuentra en una fase previa. Mientras los dilemas intrínsecos continúen mellando fuertemente sobre las realidades nacionales e intrarregionales, no se podrán encontrar soluciones exógenas duraderas. Sin los factores institucionales resueltos, salarios dignos atados a la productividad y no las necesidades de competencia de mercado, y una verdadera democracia política y económica que provea una profunda equidad social, los dilemas internacionales quedaran supeditados a las problemáticas domésticas o a un segundo plano político. Los últimos años han sido testigos de ello: solo promesas y ningún avance entre dos posturas que continúan debatiendo bajo el paraguas de una pluralidad de intereses encontrados.