La ruleta rusa Argentina

Pablo Kornblum para Ambito Financiero, Agosto de 2019

https://www.ambito.com/la-ruleta-rusa-argentina-n5050177

Mientras en Argentina las autoridades tratan de hacer lo imposible para llegar de la mejor manera posible al próximo mandato, no podemos dejar de evaluar lo que puede ocurrir a nivel internacional en el corto y mediano plazo. Nuestras necesidades de inversiones para la producción, un acceso razonable al mercado de capitales, y un balance de cuenta corriente superavitario, no cesan el 10 de Diciembre. Más bien se van a incrementar.

Comencemos con la economía real, aquella que realmente genera riqueza acumulable a través de la producción y el intercambio de bienes y servicios. La misma se encuentra en un escenario global adverso (crecimiento con tendencia a la baja, en torno al 3% a nivel mundial), sobre todo en términos de manufacturas, que hoy tiene todavía un peso mucho mayor que los servicios – los cuales todavía se encuentran en expansión -. Además de las preocupaciones que generan la política fiscal/monetaria y la tasa de rendimiento de los bonos estadounidenses, la guerra comercial entre las dos principales potencias del mundo, Estados Unidos y China, ha afectado indefectiblemente a todos los intercambios globales. Mismo Alemania, motor de Europa con un fuerte basamento económico en sus ventas al resto del viejo continente y al mundo, también se ha visto afectada en su crecimiento (-0,1% en el segundo trimestre de este año). Ello implica un mal augurio para nuestro país: una política de Estado que se centre a futuro en la búsqueda de nuevos nichos de mercado, encuentra más facilidades en un mundo abierto a los nuevos productos, ideas y procesos que podría proveer la Argentina. No parecería ser el caso en el corto plazo.

Otro escenario que debemos tener en cuenta es el de la incertidumbre y las tensiones geopolíticas. El Brexit, el dilema geopolítico de Hong Kong, el fallido Tratado nuclear con Irán y la dinámica venezolana, entre otros, no son precisamente escenarios auspiciosos para las relaciones económicas internacionales. Paz y estabilidad son un ‘must’ para con la fluidez de las transacciones y la logística global, que al día de hoy se encuentran en la ‘picota’ dado los inciertos contextos trasnacionales que estamos vivenciando. Es claro que el concepto unipolar post-guerra fría no regresará, por lo menos no en el corto y mediano plazo, y la tripolaridad – Estados Unidos, China y Rusia – tal como se encuentra presentada en la actualidad, no es afín a las relaciones amigables. Otro obstáculo para con el planeamiento de la política exterior nacional.

Nuestra región tampoco nos provee buenos bríos. Si lo que nos caracteriza es la inestabilidad interna, más difícil seguramente será ubicarnos equilibradamente entre los polos que representan Venezuela y Brasil, dos de las principales economías sudamericanas. Más aún si hay un cambio de color político en nuestro gobierno. Un escenario que requerirá morigerar relaciones, sin que Maduro se apodere de una ‘alianza del relato’, ni que las bravuconadas de claro tinte electoralista pro Macri de Bolsonaro – que seguramente luego se limitará a una relación cordial si se confirma la victoria del Frente de Todos en pos del sostenimiento de una sociedad comercial clave para ambos Estados -, desestabilicen un frecuentemente pendular escenario latinoamericano. Eso sí, en un horizonte más lejano quedará el potencial acuerdo MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA, con difusos ganadores luego de los cambios de racionalidad e ideología que podrían producirse en Europa y Sudamérica en lo que queda de este año y el venidero. Evidentemente, la relación regional también pide estabilidad y cohesión doméstica primero para enfrentar las complejidades que se avecinan.

El sistema financiero, por su parte, dará un vuelco de 180 grados: de receptores seriales de divisas, a obligados pagadores en el próximo bienio. En el mientras tanto, dependerá de la transición política argentina como actuarán nuestros tenedores de bonos e inversores, ya sea en el Merval como en Wall Street. Por su parte, al tiempo que la fuga y la venta a precio vil se encuentran latentes en la actual coyuntura, la Inversión Extranjera Directa queda en el debe (con un stock en la última década que nos ubica en el 6to lugar latinoamericano, muy por detrás de Brasil, México, Chile o Colombia). Mientras no haya un atisbo de estabilidad política, o sea como mínimo en los primeros meses del año venidero, cualquier proceso de inversión en la economía real quedará en stand by. Como ya sabemos, estamos en Argentina.

Podemos preguntarnos entonces, ¿Cómo enfrentaremos al mundo de aquí en más? Al presidente  Trump, el salvataje a la Argentina le salió el tiro por la culata: parece que Macri no terminará ganando las elecciones como Bolsonaro; veremos entonces si la política económica de Fernández se parecerá a la de los gobiernos de Lula. Probablemente lo que si se pueda asimilar es un pragmatismo de centro con conciencia social. Por ahora, lo único que parece sensato es que a partir del 10 de Diciembre el próximo gobierno se siente a renegociar una deuda impagable, en torno a los 300.000 millones de dólares. Y rezarle a los mercados, que ya se encuentran bastante alterados y en posición para huir en caso de que el escenario político no les provea señales ‘positivas’ para con ellos. Como sabemos, en Argentina los ‘cisnes negros’ son la norma, no la excepción.

Seguramente el año que viene seguiremos intentando ser el otrora granero del mundo. Aunque se busque generar una economía más balanceada, por lo menos más lejos de los servicios financieros y más cerca de la producción de bienes y servicios con mayor valor agregado, llevará un tiempo poner las ideas en práctica. Un cambio de gobierno también determinará el fin de las relaciones carnales con Estados Unidos y el FMI, lo que como contraparte derivará en un automático acercamiento al binomio China/Rusia, ávidos ambos de avanzar aún más en nuestra región – y más aún con las potencialidades de recursos que presenta nuestro país -. En este sentido, nunca olvidemos que la demanda de recursos estratégicos se incrementará siempre en el largo plazo; puede mermar en algún momento, pero nunca retroceder. No debe ser nuestro único activo, pero si nuestro as de espadas para enfrentar inteligentemente el complejo mundo que se avizora en el próximo quinquenio.

Los cambios estructurales que necesitamos implican una verdadera revolución institucional. Ya sea para vender bienes y servicios, atraer inversiones sostenidas en el tiempo, o simplemente requerir financiamiento para equilibrar los balances macroeconómicos. La corrupción, el no cumplir con los compromisos, la ineficiencia y la ineficacia, nos mantienen siempre en el juego de la ruleta rusa. Donde los que quieren realmente pensar en un proyecto productivo con una rentabilidad lógica sostenida en el tiempo se alejan, los que desean alianzas verdaderas de largo plazo recalculan tantas veces el futuro que las mismas se terminan desvaneciendo, y los que buscan la tranquilidad de números claros deambulan en la duda que demuestra, sin vacilaciones, nuestra historia.

Los que si se acercan, como aquellos amigos indeseados que nuestros padres aborrecían en la adolescencia, son quienes, a sabiendas de nuestras históricas debilidades estructurales y nuestras políticas nocivas autodestructivas, avizoran escandalosas tasas de retorno. Dinero rápido, altas tasas de intereses, bonos regalados con una promesa de pago que vaya uno a saber que gobierno lo afrontará (por empezar son casi 50.000 millones de dólares solo para pagar en el año 2020), facilidades para huir a la velocidad de la luz. Esos Fondos de Inversión que se encuentran siempre listos para entrar en acción. Ese Fondo Monetario que, a sabiendas que el modelo no tiene un ápice de sustentabilidad, continua financiando la fuga de divisas y protegiendo los activos de los bancos. No hay que culparlos. Ellos hacen su juego. La culpa es nuestra que no los entendemos. Mejor dicho, nunca se sabe si es por acción u omisión. Complicidad o incapacidad.

En el medio se encuentran las mayorías, que poco entienden por qué casi siempre estamos con una balanza de cuenta corriente deficitaria, vivimos endeudados, y nunca llegan los brotes verdes. Son aquellas clases medias y bajas que representan más del 80% de la población de nuestro país quienes sufren realmente la falta de dólares y los ajustes que derivan en frecuentes dinámicas inflacionarias y recesiones, mellando de manera profunda su ya dañada calidad de vida. Esperemos que más temprano que tarde, encontremos la sensatez que nos permita bajarnos de la ruleta rusa y ser pragmáticos, éticos, serios e inteligentes, para enfrentar el aún más complejo mundo que se avizora.

Los efectos económicos del narcotráfico

Por Pablo Kornblum para la Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/58523498/revista-mundo-plural-nro-9

La economía del narcotráfico es más que compleja. Los cárteles producen cientos de miles de empleos, la mayor parte de ellos dedicados a cultivar, cosechar y procesar los distintos tipos de estupefacientes (según los últimos cálculos, ya representa el 1,5% del PBI mundial). Además, el narcotráfico ha generado una importante fuerza de trabajo criminal en las ciudades (protección de las células de mando, operaciones, vigilancia, inteligencia), con sus derivaciones indirectas sobre el financiamiento de la industria (sobre todo mediante secuestros y robos). En este sentido, cabe destacar que el narcotráfico no es un fenómeno que tienda a darse aisladamente, sino que su mayor peligrosidad reside en la simultaneidad con otros delitos: la inmigración ilegal, el contrabando y la corrupción institucional, entre otros.

Ello sostiene una lógica de red que debe ser comprendida en su totalidad. Por ejemplo, las redes de narcotraficantes pueden valerse de las redes de inmigración ilegal para introducir mano de obra de bajo costo, utilizando a su vez las nuevas tecnologías para producir la distribución minorista. Ello sumado además a todos los sectores legales de la economía que, a través del lavado de dinero del narcotráfico en entidades bancarias y financieras (o en otros sectores como las telecomunicaciones, la construcción y el esparcimiento), contribuyen a desarrollar efectos multiplicadores en la economía legal.

El punto crucial de la lucha contra los cárteles no radica sólo en el combate fuerza a fuerza, sino en el desmantelamiento de las formas de acumulación de riqueza de los narcotraficantes. Esto implicaría pensar en varios frentes: uno, el más inmediato, es el desarrollo social y económico en las zonas de pobreza urbana y rural donde el narcotráfico alimenta sus filas. Otro que es más lento, por el tiempo que toma documentar una operación de lavado de dinero, es cerrar las puertas de las industrias al dinero de origen ilícito. El tercer frente, mucho más complejo, es reducir el mercado mediante políticas públicas superadoras en términos de salud, trabajo y educación.

En cuanto a este último punto, el consumismo empieza a jugar un rol de alta influencia socio-cultural, en tanto la necesidad de los seres humanos de ser aceptados. La noción del “tener” posee una significancia muy fuerte y todas las características que la información real llega a los consumidores y estos la procesan para la toma de decisiones de compra, tomando en cuenta sus diferencias de origen cultural, nivel educativo, y social, son también materia de estudio y análisis. Porque de no ser así, la falta de políticas conlleva a que para los países consumidores, el impacto socio-económico negativo sea trascendente en términos de los costos de la sanidad pública, el ausentismo laboral y la pérdida de productividad, además de agravar en los jóvenes el desafecto escolar y provocar crisis en las estructuras familiares.

Si a lo expuesto le adicionamos que el aumento en los homicidios relacionados con el narcotráfico afecta significativamente el precio de las propiedades (sobre todo en las zonas de menores ingresos), o la internalización del costo económico de obtener mayor seguridad y protección, el eje económico requiere una decisión política que implica el trabajo coordinado de diversas agencias gubernamentales. Un escalamiento de la violencia produce un impacto en las decisiones de los agentes económicos, en términos de localización, inversiones y oferta laboral, lo que se traduce en un eje macro y microeconómico fundamental de la mayoría para la toma de decisiones políticas en los Estados productores.

Por ahora, gran parte del narcotráfico sigue gozando de los vacíos de la política gubernamental. La convivencia negociada entre las elites políticas y judiciales con los cárteles, los productores y los comercializadores, genera una “gobernanza” informal, basada en el consentimiento y el beneficio privado de ciertos grupos de interés concentrado. Y aunque para ciertos ejes de la dinámica macroeconómica también el narcotráfico puede ser beneficioso, los perjuicios socio-económicos de largo plazo suelen ser irreversibles.

 

Democracia: ¿Para quien?

Autor: Pablo Kornblum

La caída del muro de Berlín fue la oportunidad histórica para expandir un sistema capitalista neoliberal a nivel global que reasegure la contratendencia a la caída de la tasa de ganancia de forma ilimitada (al menos en términos geográficos) y la acumulación de capital en manos de las grandes corporaciones transnacionales. Para ello, se tornó necesario generar un sistema institucional que provea la suficiente solidez para el aseguramiento de sostenibles altas tasas de rentabilidad. El ‘capitalismo democrático’, mostrado al mundo a través de las nacientes cadenas de comunicación global como el sistema triunfante, moderno y eficaz, fue la propuesta aceptada mayoritariamente desde las más diversas aristas del globo.
Sin embargo, raudamente el proceso neoliberal arremetió contra cualquier tipo de Estado de Bienestar existente y enterró el progreso y los avances hacia un marco de dignidad y desarrollo personal y profesional en términos de lo que una ‘verdadera democracia’ representa como utopía lingüística. Pero lo más grave no es el avasallamiento de los ‘derechos democráticos económicos’ de los más necesitados: sino más bien, la coercitiva respuesta (verbal y física) para con los reclamos por parte de las mayorías desfavorecidas que desean fervientemente la regeneración o el restablecimiento de una digna calidad de vida conforme con los avances socio-económicos que se deberían disfrutar en el Siglo XXI.
En definitiva, nos encontramos con un modelo global cuyo objetivo es la estabilización sistémica que asegure el estatus-quo: libertad económica y financiera con seguridad jurídica para reproducir y potenciar la acumulación de capital. La ‘democracia’ y los ‘derechos sociales’ de una sociedad global cada día más inequitativa, han sido relegados a tibias mejoras marginales que permitan minimizar las tensiones sociales.

El sinceramiento como único camino hacia un mundo inclusivo

Publicado en el diario BAE, 08 de Febrero de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

El XI Foro Social Mundial (FSM) ha comenzado en Dakar, Senegal, con el objetivo de debatir alternativas a un contexto global marcado por una profunda crisis del sistema neoliberal. El mismo se lleva a cabo solo unas semanas después de concluido el Foro Económico Mundial de Davos, donde los grupos empresarios más significativos a nivel internacional se dieron cita para discutir, según su óptica, las problemáticas mundiales en materia económica.  

Para delinear un punto de dialogo justo entre estos dos Foros antagónicos, es interesante poder encontrar algunos temas de interés común. Para comenzar, la destrucción de nuestra naturaleza no reconoce fronteras ni clases sociales. El mundo es uno solo y los fenómenos climáticos golpean tanto a ricos como a pobres. Despojarse de cualquier tipo de responsabilidad individual escudado en las todavía difusas cargas colectivas, ya no es excusa para aquellos grandes contaminantes del medio ambiente global. 

Por otro lado, el Foro de Davos promueve la democratización del sistema, reforzando la libre y justa competencia promulgada por los padres de la teoría liberal económica. Sin embargo, la concentración de la riqueza derivada especialmente de los monopolios fomentados por los Lobbys y los grupos de interés – entremezclando muchas veces la falta de eficiencia con prácticas corruptas -, contradicen las bases teóricas sobre las que se asientan muchos reconocidos gurúes del ámbito internacional. 

En el mismo sentido, la teoría de la libre movilidad de los factores productivos parece haber quedado en los anales de los libros de historia. La globalización es solo para el capital físico y financiero; mientras las presiones de los excluidos, parias de un sistema que no los contiene social ni econonómicamente bajo ningún ámbito nacional, continúan incrementándose día a día. Como lo indicó el presidente Morales en su discurso durante la inauguración del FSM, “”hay políticas para expulsar a los pobres, pero no políticas para expulsar a los ricos”. En consecuencia, las tensiones sociales resultantes enrarecen el clima social e impactan directamente sobre la inseguridad y la violencia, afectando a todos los grupos sociales sin discriminación alguna.

En otro punto de análisis, la actual situación estructural conllevará, más temprano que tarde, a un mundo donde reinará la escasez de aquellos bienes imprescindibles como los alimentos y el agua – un importante tema a debatir en el FSM será la soberanía alimentaria-. Los primeros afectados serán los más pobres; sin embargo, las consecuencias posteriores serán una fuerza de trabajo que mermará en su productividad y afectará los intereses de empresarios que requieren de un capital humano preparado – recordemos que en la actualidad todavía existen 759 millones de personas mayores analfabetas en el mundo – para enfrentar un mundo cada vez más competitivo.  

La exclusión y la recesión también afectan a los grupos de interés. El crecimiento de las nuevas potencias económicas emergentes ha salvaguardado los peores efectos de la crisis del desarrollo, desviando la atención y los intereses de producción y venta hacia los nuevos mercados emergentes. Sin embargo, en un mundo de desigualdades crecientes en todas las regiones, los efectos sobre el consumo terminarán impactando negativamente en toda la cadena de producción corporativa global. Como lo indica la integrante del Consejo del Foro Social Europeo, la italiana Rafaella Bolini, “Tenemos que tener otro modelo de producción y de consumo para recrear un sistema sustentable”.

Finalmente, los líderes mundiales fomentan, al menos en su discursiva, la autodeterminación de los pueblos y la necesidad de fomentar políticas endógenas específicas de acuerdo a los requerimientos de cada Estado-Nación. En este sentido, el mismo representante del Foro del Tercer Mundo, Bernard Founou-Tchigoua, ha destacado la celebración del FSM en Dakar como vía “para que se hable de que los africanos pueden pensar por sí mismos y hacerse su propio destino”. Sin embargo, cuando los intereses concentrados corren peligro o los mercados se encuentran cerca del derrumbe – como pasa actualmente en la crisis de los PIGS-, los líderes mundiales, los Organismos Internacionales (el más claro ejemplo es el FMI), y las calificadoras de riesgo globales son los primeros en “aconsejar” y dictaminar cuales son las políticas más convenientes para el futuro de los pueblos del mundo.  

En definitiva, la profundización del sistema ha reavivado la lucha de clases; principalmente debido a los enormes intereses particulares cortoplacistas que ciegan cualquier atisbo de construcción colectiva de largo plazo. Solo un sinceramiento de todos los actores, sobre todos los más poderosos y responsables, será el único camino que podrá llevar a un equilibrio donde reine la justicia económica y una digna calidad de vida para todos.