Irán, otro escenario donde se disputan las tensiones globales.

Pablo Kornblum para Ambito Financiero – 28 de Julio de 2019

https://www.ambito.com/iran-otro-escenario-donde-se-disputan-las-tensiones-globales-n5045043

Podemos afirmar que la detención del petrolero de bandera británica Stena Impero por parte de las Fuerzas Armadas Iraníes, es una mera anécdota. Como suele ocurrir en la historia de las relaciones inter-estatales, un hecho puntual, una pequeña llama disparadora, puede desatar una implosión sistémica. El ‘dilema de las jurisdicciones marítimas’ que hemos observado el último mes es simplemente una foto dentro de la dinámica de hostilidad (así lo considera el régimen persa), que lleva adelante Occidente contra sus intereses, su tradición, su forma de vida.

La importancia del hecho radica en el involucramiento de los principales actores estatales. En cuanto al Reino Unido, aunque el mismo se haya posicionado contrariamente a la decisión unilateral de Washington de retirarse del acuerdo nuclear con Irán e imponer sanciones al régimen, intenta preservar a toda costa su ‘histórica relación especial’ con los Estados Unidos. El gobierno británico es hoy un boxeador golpeado que se encuentra a la defensiva en el último round, esperando que suene la chicharra para obtener un decoroso empate técnico que lo mantenga con la cabeza en alto para las próximas luchas post-Brexit. Ello se observa claramente en las vacilaciones y errores elocuentes: por un lado, nos encontramos con un Reino Unido que le pide un apoyo moral y ejecutivo a la OTAN; o sea, a los mismos (¿ex?) aliados europeos Alemania y Francia, con los que convive en una eterna y tensa disputa por el Brexit. Y para continuar embarrando la cancha – sin algún sentido para la lógica iraní – los servicios de inteligencia británicos han acusado a Moscú de ayudar a Teherán a falsificar la señal GPS para apresar su buque, a lo que agregaron que “el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y la inteligencia rusa han colaborado de forma muy estrecha en Siria, protegiendo y promoviendo sus intereses”. No solo no han descubierto nada, sino que tampoco han generado un aporte que provea algún tipo de solución al conflicto.

Evidentemente cualquier Estado – incluido una histórica potencia económica, política y militar como el Reino Unido -, que se encuentra viviendo un enorme desorden interno que concluirá, indefectiblemente, en diversos cambios estructurales que afectarán a la mayor parte de su ciudadanía, no puede atravesar nunca un complejo escenario diplomático y salir indemne. Cohesión doméstica para enfrentar el mundo, se diría. Así lo demuestra el apuro en la reciente confirmación de Boris Johnson como Primer Ministro para desarrollar, al menos, ‘cierto orden’ institucional que le permita al gobierno británico enfrentarse a los actuales dilemas regionales y globales.

En tanto a su partenaire, como suele ocurrir (casi) siempre, el ‘bombardeo’ económico es el que más le duele. Las sanciones estadounidenses, esgrimiendo el tan mentado poder nuclear iraní, han hecho mella en un histórico enemigo miembro de su denominado ‘eje del mal’. Sin embargo, y más allá de lo justificado o no de la finalidad de Donald Trump, su lectura sobre el potencial escenario de conflicto podría encontrar ciertos limitantes si se entiende la historia, cultura y religión del Estado persa.

En este sentido, cabe destacar que desde la revolución del año 1979, el Estado iraní ha adoptado la forma de República Islámica; donde el Líder Supremo de índole religioso, el ayatolá Alí Jamenei desde el año 1989, no solo es responsable de la delineación y la supervisión de las políticas generales del Estado (por lo que se encuentra por encima del presidente, Hasán Rohaní), sino que además es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y controla las operaciones de inteligencia y la seguridad del estado.

Es por ello que a sabiendas del diferencial de poder estadounidense (el gasto en defensa iraní – unos 18.000 millones de dólares anuales – es 40 veces inferior al de Estados Unidos), Irán, una potencia media en términos militares, no ha temido ni rehusado nunca a una lucha que excede los objetivos de poder y riqueza. Irak, Israel, Arabia Saudita han sido testigo de ello. En este sentido, la Guardia Islámica Revolucionaria (Pasdaram), la milicia religiosa (Basij), los aviones de combate o las rápidas embarcaciones de la armada persa, no dudan en lanzarse con fervor a todo tipo de acciones asimétricas, incluso kamikazes. Más aún, una potencial reacción agresiva de occidente no quedaría relegada a su propio territorio: el gobierno iraní ya intenta extender el conflicto a otros países en los que cuenta con el apoyo de amplias poblaciones chiíes: los hutíes en Yemen, los hazaras en Afganistán, el 60% de la población iraquí, los alauíes en Siria, el propio Hezbolá en El Líbano, la amplia mayoría chií en el estratégico Bahréin, además de la diáspora iraní en el mundo. E incluso se podría movilizar a la minoría chií (alrededor del 5% de la población) que vive en Arabia Saudita, sin olvidar el soporte que puede aportar Hamas, organización que, a pesar de ser suní, podría sentirse obligada a devolver el favor de haber estado alimentada de recursos económicos y militares iraníes durante años.

Cuando días atrás la Guardia Revolucionaria Islámica derribó el avión estadounidense no tripulado a principios de mes, envió un mensaje claro para los Estados Unidos: “las fronteras de Irán son ‘la línea roja’”, emitió en un comunicado la Cancillería persa. A pesar de este hecho puntual, y al que se le adiciona el conflicto nuclear, el gobierno estadounidense continúa con su retórica agresiva pero vacía en términos de una real ejecución. Luego de las amenazas inconclusas a Corea del Norte y Venezuela, el derribo del dron conllevó a una nueva amenaza bélica de Trump vía Twitter – como lo suele hacer -; sin embargo, el mismo mandatario suspendió los ataques aéreos de represalia apenas minutos antes de que debiera comenzar la acción.

Como contraparte, continúa insistiendo con las sanciones económicas – una política exterior más que recurrente en la historia estadounidense -, a través del fin del otorgamiento de exenciones a los compradores de petróleo o del obstaculizar las exportaciones a proveedores del Estado persa, entre otros; ello ha mellado en el valor del rial, su moneda, la caída de las inversiones, y en la escases para con el abastecimiento de productos básicos para su población. En definitiva, el objetivo último de la Casa Blanca pareciera ser que Irán colapse económicamente en poco tiempo y se genere algún tipo de subversión interna que deponga al Gobierno actual. Sin embargo, la reciente condena a muerte de la mayoría de los 17 agentes que supuestamente trabajaban para la CIA en áreas e industrias estratégicas, todos ciudadanos iraníes, nos muestra cuán lejano estamos de ello.

Como contraparte, Irán cuenta con el apoyo explícito de Rusia e implícito de China, en esta lógica actual de bipolarización geopolítica desde la asunción del actual mandatario estadounidense. En cuanto al primero, Moscú ya mostró su poderío e influencia en un espacio geográfico adyacente, como lo es Siria, e hizo frente a las ambiciones de Washington. Y lo hará en cada zona de influencia donde se encuentre geopolíticamente inmerso en un escenario que involucre a la OTAN y su estrategia misilística, en contraposición a la visión de Europa Occidental que sostiene que debe dar respuesta a lo que denominan un ‘agresivo’ avance del gobierno de Vladimir Putin en las áreas de influencia de la ex Unión Soviética.

China, por su parte, no solo es el principal importador del petróleo iraní, sino que el interés de Xi Jimping se enmarca en un contexto más amplio que implica el acceso al mediterráneo – y consecuentemente al mercado europeo -, bajo una serie de acuerdos y proyectos que se están concretando a través de la ‘nueva ruta de la seda’: ya sea tanto ferroviarios como portuarios, viales o fluviales – con sus diversas ramificaciones en diversas áreas económicas -, Beijing reconoce a Teherán como un aliado clave en su lógica multiplicadora.

Más aún, podemos decir que Irán es un aliado que, dada sus posición geográfica y sus capacidades hidrocarburíferas, cumple un rol de relevancia como articulador en una lógica tripartita. En este sentido, la histórica firma del acuerdo de suministro de gas ruso a China del año 2015 que involucró inversiones por 400.000 millones de dólares – luego de las sanciones Occidentales a Rusia por Crimea -, contó con la presencia de Rohani; cuyo gobierno, a partir de ese momento, también entró en conversaciones, convenios y contratos con empresas del gigante asiático para trabajar juntos; no sólo en la venta de gas y petróleo, sino también en el financiamiento de proyectos de explotación y exploración de hidrocarburos, junto con la construcción de puertos y ferrocarriles que le den soporte al gasoducto.

Finalmente, y dado el escenario descripto, lo que podemos afirmar es que Irán se ha negado a negociar mientras se encuentre bajo las actuales sanciones impuestas; más aún, redobló la apuesta y amenazó con elevar la pureza del enriquecimiento de uranio más allá del límite de 3,67%, acordado en el firma del año 2015, y cuyo fin era evitar que el Estado persa produzca material con fines militares. En el medio de los cruces, contrapuntos y ambigüedades, lo único que podemos afirmar al día de hoy es que, mientras algunos se preguntan hasta donde puede escalar este conflicto con ribetes que involucran peligrosamente a alta política global, Abbas Mousavi, portavoz del ministerio de Exteriores de Irán, dejó en claro la posición presente y futura de su país. ¿Hay realmente alguna sanción que Estados Unidos no haya impuesto ya contra nuestro país y nuestro pueblo en los últimos 40 años?, sostuvo en una reciente conferencia de prensa; para luego, repreguntarse con serenidad, “Y, ¿qué han conseguido?”.

Para tentar a los rusos, Argentina tiene que ir con propuestas concretas

Entrevista a Pablo Kornblum del portal El Intransigente, el 23 de Enero de 2018

https://www.elintransigente.com/politica/2018/1/22/para-tentar-los-rusos-argentina-tiene-ir-con-propuestas-concretas-476108.html

Según un experto consultado por El Intransigente, los moscovitas necesitan previsibilidad y ciertos privilegios para poner capital en el país

Atraer inversiones y mostrarse ante el mundo. Esa es la consigna que repite una y otra vez el presidente Mauricio Macri y su gabinete cada vez que se presenta la oportunidad de una gira internacional. El desembarco en Rusia no será la excepción pero ¿Puede nuestro país sacar realmente provecho del encuentro o todo se quedará en promesas? Según el doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum, hay posibilidades de inversión y de mercado pero para ello la Argentina debe mostrar seriedad, propuestas concretas e incluso prioridad de estos capitales.

Según Kornblum, Argentina no representa para Rusia un aliado en materia de política exterior, “no le ayuda a jugar políticamente”, sin embargo “el comercio se puede ir incrementando y lo que se buscará es que se invierta en el país. Pero hay que ser serios, los rusos son muy poco vuelteros y hacen lo que dicen“, explicó el experto en diálogo con El Intransigente.

“El cambio de gobierno en Argentina en Diciembre de 2015, generó un cambio en la política exterior del país. Durante el mandato de Cristina Fernández se había generado una relación bilateral que tenía en cuenta elementos de tinte más estratégico (acuerdos de cooperación científica, tecnológica, capacitación de personal, etc.) que económico-comerciales; mientras que el actual gobierno  busca negociar principalmente un mayor acceso a mercados en Rusia para los productos argentinos“, señaló Kornblum. En esa línea, Rusia también apuesta a un proceso de diversificación fuera de sus mercados más cercanos que puede beneficiarnos. Sin embargo, una complicación que puede surgir es la disputa o competencia para tener prioridad o privilegios sobre otros mercados como el chino, que en nuestro país es esencial.

El modelo de negocios ruso de inversión es similar al chino:  ”Es ‘all inclusive’ de capital financiero, físico (equipamiento) y humano que permite eliminar competidores y generar compartimentos estancos de poca interrelación inter-estatal ‘winner takes all’ (el ganador se queda con todo”. Un caso práctico se encuentra en en la represa hidroeléctrica Chihuido I en la provincia de Neuquén, con financiamiento ruso, que ahora está en stand by.

Lo que Argentina puede aportar al mercado, y es una rol que viene desde hace décadas, es materia prima (el “granero del mundo”). Aunque es necesario sumar valor agregado ya que la competencia en todo el Mercosur es notable. Sin ir más lejos, Brasil representa el 50% de las importaciones rusas de carne, dato que aporta Kornblum. Sin embargo, la relación actual no es del todo despreciable (“aunque no de envergadura”), conforme a lo que explicó el experto: durante el primer semestre de 2017, le exportamos a Rusia principalmente frutas y semillas (30% del total) por un valor de 102,1 millones de dólares y luego carnes (20%) que significaron 66,3 millones de dólares.

Las relaciones económicas entre Argentina y Rusia

De Pablo Kornblum para el portal de noticias “Russia Beyond the headlines”

https://es.rbth.com/internacional/america_latina/2017/05/03/rusia-y-argentina-una-relacion-pragmatica-sin-preferencias-ni-privilegios_755524

https://www.yumpu.com/es/document/view/58967542/revista-mundo-plural-n10

El cambio de gobierno en Argentina en Diciembre de 2015, generaron un cambio en la política exterior del país. Durante el mandato de Cristina Fernández se había generado una relación bilateral que tenía en cuenta elementos de tinte más estratégico (acuerdos de cooperación científica, tecnológica, capacitación de personal, etc.) que económico-comerciales, mientras que el actual gobierno argentino busca negociar principalmente un mayor acceso a mercados en Rusia para productos argentinos (carnes procesadas, vinos y derivados de fruta) e importar tecnología de Rusia en actividades como los hidrocarburos, la minería o la defensa, en conjunto con un incremento de las inversiones rusas en Argentina (por ejemplo la gigante estatal Rosatom invirtiendo en el desarrollo nuclear de la planta Atucha III).

Este contexto es una profundización de la histórica lógica de la Argentina como ‘granero del mundo’ (que genera las divisas tan preciadas para el país), donde Rusia cumpliría el rol de un ‘Centro’ (en un escenario de potencias multipolares buscando alta rentabilidad y recursos estratégicos), a pesar de que es un exportador neto de commodities. La realidad es que en términos relativos, la industria tecnológica rusa, aunque no sea de primer nivel en todas las ramas, supera ampliamente las capacidades argentinas. Para citar un ejemplo, Argentina se ha encontrado interesada en la adquisición de algunos equipos militares (aunque el análisis de mercado y el ajuste en la cartera estarían, al menos, dilatando las adquisiciones), especialmente embarcaciones de clase polar, barcos multipropósito, aviones de combate, y cazas de entrenamiento -todos ellos con la transferencia tecnológica y el know how correspondiente -.

Desde la posición de Rusia, una asociación estratégica duradera con la Argentina como proveedor confiable de alimentos, se torna más necesaria luego de las sanciones Occidentales post-Crimea. Por otro lado, el modelo de provisión ‘all inclusive’ de capital financiero, físico (equipamiento) y humano (también muy utilizado por China, competidor de Rusia para con el aprovisionamiento de los mercados mundiales), permite eliminar competidores y generar compartimentos estancos de poca interrelación inter-estatal ‘winner takes all’. Un caso donde este sistema se ve claramente reflejado es en la represa hidroeléctrica Chihuido I en la provincia de Neuquén, en el cual iban a participar las compañías rusas Inter Rao y Power Machines – contratistas proveedoras de equipamiento -, e iba a ser financiada mayoritariamente por el Banco de Desarrollo y Comercio Exterior de Rusia (Vnesheconombank).

Sin embargo, el proyecto se encuentra en stand-by dado el pedido del Gobierno Argentino para bajar la tasa de interés (se aceptó una disminución del 6,5% al 5,5%, pero Argentina luego continuó insistiendo con una rebaja al 4,5%, hecho que fue negado rotundamente por el Gobierno Ruso). Cabe destacar que el gobierno ruso valora la precisión en cuanto a la propuesta de negocios que se brinde, buscando datos y hechos fácticos que muestren con claridad los beneficios de un acuerdo, y donde la forma de pago siempre es un punto destacado del mismo.

Más allá de las formas, Argentina encuentra la posibilidad (dada su política aperturista y de endeudamiento global) de jugar con la Oferta y la Demanda, por ejemplo reemplazando los capitales rusos por chinos, con los cuales cual se va a intentar negociar un “préstamo preferencial de Estado a Estado”. El problema es que estos roces en la negociación generan ruidos en un gobierno ruso que, aunque flexible y pragmático, es firme en sus análisis y objetivos de mediano y largo plazo.

Cabe además destacar que, a pesar de que Argentina es un gran proveedor de materias primas a nivel global, también tiene una gran competencia en la zona: Brasil (actualmente representa el 50% de las importaciones rusas de carne), Uruguay y Paraguay son países donde también Rusia también ha puesto los ojos y ya ha comenzado a negociar condiciones para la adquisición de diversos productos primarios. Es la nueva versión del mundo globalizado: sin enemigos ideológicos irreconciliables, pero sí con fuertes competidores políticos y económicos; evitando hasta donde sea posible los conflictos con los Organismos Económicos Internacionales, pero generando iniciativas propias en los diversos estamentos institucionales globales y buscando relaciones exteriores diversificadas (regresando especialmente al “realismo periférico”).

En términos comerciales, en el Siglo XXI el intercambio siempre ha ido in-crescendo año a año (desde 150 millones de dólares en el 2000 hasta los 2.300 millones de dólares en el 2013), con una consecuente disminución luego del escenario económico adverso de Rusia y las políticas proteccionistas argentinas. Por otro lado, la mayor demanda de bienes tecnológicos rusos por parte de Argentina y la caída en los precios de las materias primas en la presente década, han derivado en el cambio de signo en la balanza comercial (superávit Argentino hasta 2010 y luego deficitario para el país sudamericano).

En este sentido, el crónico déficit comercial argentino desde 2011 se explica por la magnitud de las exportaciones rusas – 70% de la balanza comercial -, constituidas en su gran mayoría por fertilizantes minerales y combustible diesel (en menor medida materias primas para la industria pesada, como el acero de aleación, hierro y aluminio), y por las pocas y concentradas ventas argentinas – frutas, carnes, lácteos, legumbres y bebidas – (cabe destacar que las normas fitosanitarias rusas son exigentes).

En el año 2015 el intercambio bilateral se redujo en un poco menos u$s 1.000 millones con respecto a 2014, al pasar de u$s 2.066 millones a u$s 1.150 millones, lo que ha generado una alarma por el peor retroceso de la relación económica bilateral del Siglo XXI. En el año 2016, el déficit comercial de la Argentina con Rusia fue mínimo, pero los intercambios comerciales no repuntan y se mantuvieron prácticamente en los mismos niveles que en el 2015. Solo para citar un ejemplo, la pérdida de poder adquisitivo de Rusia por la caída del precio internacional del petróleo y la devaluación del rublo, generaron serios inconvenientes a los productores de frutas, como peras y manzanas, del Alto Valle del Río Negro y Neuquén que perdieron un mercado para exportar.

Para concluir con este punto, cabe destacar que la Argentina no es para Rusia un socio comercial de envergadura. Por otro lado, el modelo ‘neoliberal’ del actual Gobierno Argentina – a diferencia del anterior -, se podría encontrar más cómodo ideológicamente con Europa Occidental y los EE.UU. Por el lado Ruso, el Gobierno de Putin – con un mayor margen de maniobra por su posición como potencia global – mantiene vínculos comerciales tanto con gobiernos más bien pro-estadounidenses (como México y Perú), como también con los adversarios de Washington en la región, como lo son Venezuela y Bolivia.

En tanto a las inversiones, aunque las promesas diplomáticas han mencionado montos cuantiosos (por 100 mil millones de dólares en infraestructura y recursos estratégicos), la realidad menciona que todavía no han sido significativos, sobre todo dada la falta de firmeza en el cumplimiento de los acuerdos.

Uno de los pocos avances son los 180 millones de dólares que el banco ruso mayoritariamente estatal Gazprombank aportará (se quedará con el 51% de la participación accionaria), para la construcción de un puerto multipropósito que permita disminuir los costos logísticos del comercio entre Argentina y Rusia, en la localidad bonaerense de Ramallo. Cabe destacar que la construcción se llevará a cabo con el grupo argentino PTP y la compañía binacional Zaraimpex, donde se espera un movimiento económico anual de hasta u$s 40 millones y 500 nuevos puestos de trabajo.

En este proyecto también se incluye el pedido de una baja de los aranceles para con la importación de fertilizantes fosforados (hoy con un arancel del 6% que el resto de los países limítrofes no cobra), que es un punto clave para la mejora de las relaciones bilaterales y no debería ser un inconveniente dada la lógica aperturista. Sin embargo, cabe destacar que la relación estratégica del gobierno con el campo argentino y alguno de sus actores más importantes, podría generar ciertos obstáculos.

Dentro de la misma racionalidad para con el aprovechamiento del recurso natural argentino, el Hesc Group busca llegar a un acuerdo con la provincia de Santa Cruz, la cual posee un enorme potencial mareomotriz para la generación de energía eléctrica de origen renovable a escala comercial. La idea inicial del grupo inversor ruso, especializado en el diseño de tecnología para usufructuar el poder de las olas y garantizar la protección de las líneas de costas, es instalar un prototipo con el objetivo de cuantificar la viabilidad del proyecto.

Finalmente, Gazprom (38% estatal rusa) tiene interés en el gas convencional argentino. Junto a su par argentino, YPF, acordaron iniciar la extracción conjunta de gas en la Patagonia. Con una inversión de 500 millones de dólares, se trata de la explotación de ‘tight gas’ en el área Estación Fernández Oro (EFO) de la localidad de Allen, en la provincia de Río Negro. La concreción de esta inversión de Gazprom en Argentina es el resultado de una Política de Estado iniciada en Septiembre de 2015, cuando ambas empresas petroleras firmaron un acuerdo para desarrollar proyectos de exploración, producción y transporte de hidrocarburos en el país sudamericano. Esto es, proyectos de largo plazo que requieren alianzas (o por lo menos buenas relaciones) duraderas.

En este aspecto, la gran preeminencia del Estado Ruso en las Inversiones Extranjeras Directas en Argentina, conlleva a que las decisiones tengan un tinte estratégico y un cuidado que va más allá de la lógica economicista. Por ello y para generar un escenario técnico acorde y sin fisuras a la hora de la implementación de los proyectos, los inversores rusos se encuentran interesados en trabajar de manera conjunta con organismos del Estado Argentino dedicados a la Investigación y Desarrollo. Un ejemplo es el acuerdo con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), donde se va a cooperar en desarrollos agroindustriales con alta tecnología, como ser en los sectores de veterinaria, farmacología y biotecnología.

Para concluir, la pragmática internacionalización de Rusia (por necesidad o deseo) de relacionarse económicamente con países fuera de su ámbito geográfico euroasiático inmediato, encuentra en Argentina un histórico proveedor de necesarias materias primas en el corto plazo, sobre todo en el rubro de agro-alimentos. Este escenario probablemente continúe reproduciéndose en los próximos años, dada la posición argentina de acentuar el modelo agro-exportador. En el mediano y largo plazo, y basado en objetivos superadores, el eje son las inversiones en los recursos estratégicos que posee el país sudamericano; lo que le permitiría a Rusia no solo incrementar sus ambiciones de crecimiento económico endógeno, sino también sus capacidades estratégicas en términos geopolíticos (inclusive y desde un punto de vista geográfico y logístico para con su proyección Antártica).

Como contraparte, el encontrarse en un escalón inferior en las cadenas de valor de capital físico y tecnológico, la Argentina reproduce una lógica de Centro-Periferia absorbiendo bienes y servicios que desnudan la falencia industrializadora del país en las últimas décadas. Esta demanda de importaciones, continuará seguramente en el mediano y largo plazo. Por otro lado, la necesidad de inversiones con diversidad de financiamiento sin discriminación alguna (ya sea a nivel estatal, corporativo, organismos internacionales según convenga en términos de temporalidad y de tasas de interés), encuentra en Rusia un potencial socio. Sin preferencias ni privilegios, solo una opción más. En el futuro próximo, su relevancia estratégica dependerá del acercamiento diplomático que se propongan – a pesar de que no poseen la mayor afinidad en términos de formas e ideología – en un momento geopolítico complejo a nivel global.