Los fríos (e insuficientes) números de la economía

Pablo Kornblum para Ambito Financiero el 3 de Noviembre de 2019

https://www.ambito.com/los-frios-e-insuficientes-numeros-la-economia-n5063284

Sudamérica – y América Latina en general -, ha crujido. La desigualdad y la pobreza, atemperados por la coerción y el control comunicacional que denota la historia de nuestra región, suelen encontrar su punto de eclosión cuando se conjugan con otras variables menos economicistas, menos palpables para la macro, pero potentes en términos cualitativos. La pasión, las ganas de vivir mejor, la necesidad de cambiar un presente de carencias. Las últimas semanas han sido una clara muestra de ello.

El falso “milagro económico chileno” desnudo para al resto de la sociedad lo que los economistas sabemos desde el primer día que ingresamos a la Universidad. Crecimiento no es igual a desarrollo, y el efecto derrame no solo no es una relación estrictamente proporcional entre acumulación de capital y propagación pro-positiva del mercado interno, sino que además es claramente insuficiente para terminar con las desigualdades. Los números hablan por sí solos. Mientras el 1% más adinerado del país acumuló el año pasado el 26,5% de la riqueza, el 50% de los hogares de menores ingresos accedió solo al 2,1%; a ello se le adiciona que el 50% de la población activa percibe un salario de US$550 al mes (el sueldo mínimo actual de subsistencia es de US$414), bajo un escenario donde los medicamentos no genéricos y la educación privada, solo para citar algunos ejemplos, son los más caros de la región.

Sin embargo, este contexto no es suficiente para explicar el millón de personas que se unieron para reclamar frente al Palacio de la Moneda; para ello, se deben comprender los arraigados factores culturales que mellan en la estructura social chilena. La capacidad de desarrollo de la ciudadanía se encuentra limitada por el apellido que se tiene, por el lugar donde se vive, por el colegio que se puede pagar para sus hijos. Por ende, el hartazgo no es puntual de un aumento del boleto del metro. Es acumulativo y suele tener un detonante. En este caso, ha sido la burla de altos funcionarios del gobierno de Sebastián Piñera que le pedían, a la enorme mayoría de jóvenes y trabajadores que apenas llegan a fin de mes, que se levanten más temprano pero evitar tener que realizar ‘ese esfuerzo económico’. Aquel que las elites, de las cuales ellos son parte, no realizan. Ni siquiera lo perciben.

Lo mismo ocurrió en Ecuador. Con enorme liviandad, el gobierno de Lenin Moreno le pedía a la ciudadanía hidalguía para soportar el incremento exponencial del precio del combustible, tras la quita de subsidios que permitirían ahorrar 1.000 millones de dólares. Mientras que, al mismo tiempo, los medios de comunicación no ocultaban, con total desparpajo, exenciones impositivas por 4.600 millones de dólares para los grupos económicos concentrados amigos del poder político. Como consecuencia, una gran parte de la ciudadanía salió a las calles. Sobre todo los indígenas, con sus mujeres al frente, quienes han sido hasta el día de hoy las más vulnerables: por su género, por ser indígenas, por ser pobres. El estricto cumplimiento financiero bajo las directrices del FMI provocaron el despertar de aquellas violentadas en su ser. Evidentemente, el honor no entiende de medidas obsecuentes para con la estabilidad macroeconómica.

Las elecciones en Bolivia y Uruguay han dado otra muestra de desgaste gubernamental; por más efectivos que hayan sido en defender sus valores progresistas, ambos gobiernos han percibido el descontento existente en un núcleo blando del electorado que busca alternativas superadoras. En este sentido, el ser humano quiere vivir mejor, tener una mejor calidad de representación institucional, poder satisfacer con felicidad sus propios deseos. Pero también los gobiernos han perdido su eficacia y se han enlodado en la ineficiencia y la corrupción, desarrollando un frecuente estatus-quo de poder que se balancea entre la oligarquía, la plutocracia y el nepotismo; lo que potencia, bajo un discurso de mayor eficiencia y democracia, aún más el drenaje de un electorado pragmáticamente desleal.

No es ilógico entonces que más allá del sostenido crecimiento económico boliviano durante casi todo el gobierno de Evo Morales, los actuales bloqueos abrevan en las medidas de fuerza que realizaban en los ’70, ’80 y ’90, los mineros, indígenas y cocaleros, en una Bolivia hundida en la miseria y el saqueo. Otros actores, medios similares, el mismo objetivo de cambio. Tampoco para con la estabilidad macroeconómica que ha conseguido el Frente Amplio, que con 14 años de crecimiento ininterrumpido y un PBI per cápita que se ha incrementado en un 73% desde que asumió Tabaré Vázquez  por primera vez (17.278 dólares anuales en 2018), encuentra difícil remontar el escenario adverso de ballotage. El electorado de centro le reclama el incumplimiento para frenar las altas tasas de homicidios, o la falla en la trasformación productiva hacia energías renovables, entre otros. Simplemente exigen salir – aunque sea parcialmente – de los datos duros de la macroeconomía, y acercarse a los requerimientos tangibles y cotidianos del pueblo.

Por su parte, la continuidad del periodo chavista inaugurado hace 20 años, conlleva una clara impronta geopolítica – por no decir militar – de apoyo Chino-Ruso-Cubano, que le permite a Nicolás Maduro mantenerse en el poder, a pesar de padecer una inflación anual que supera los 4 dígitos. Un ejemplo es la elección de Venezuela para ocupar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a pesar de las incontables denuncias sobre una clara estrategia gubernamental para neutralizar, reprimir y criminalizar a la oposición política. Igualmente, Maduro no solo no se hace problemas, sino que relativiza cualquier argumento que le puedan adjudicar. Más aún si en el Consejo también se encuentran Filipinas y Arabia Saudita, entre otros países enormemente cuestionados por su praxis coercitiva.

Mientras la mala gestión de la política económica doméstica ha sido la norma durante años, el poner el foco en el contexto global le brindó un respiro al gobierno bolivariano: el real (y agresivo) bloqueo económico estadounidense, se contrapone con el apoyo de las potencias orientales que ya se encuentran insertas y quieren incrementar su influencia en la región: tanto en términos diplomáticos, como para con la realización de ingentes inversiones, o la obtención de recursos naturales. En este sentido, el caos económico y la hiperinflación poco le importan a Rusia, China y otros Estados europeos, mientras obtengan sus objetivos estratégicos (petróleo, Zinc, etc.). La que si sufre, más allá de su nivel de ideologización, es la mayoría de la población venezolana. Que, para citar un ejemplo, busca desesperadamente obtener ingresos en dólares (alrededor del 40% ya percibe la divisa estadounidense, sobre todo vía remesas) para poder adquirir bienes y servicios básicos (medicamentos, alimentos, etc.). La brusca aceleración de la dolarización en Venezuela tiene como objetivo el defenderse de la hiperinflación, proteger el patrimonio y simplificar las ya tumultuosas operaciones económicas. Medidas económicas necesarias, pero que no cierran la ‘brecha política’ ni mitigan la violencia social.

En un escenario más benévolo pero igualmente preocupante, nuestro país también vive una migración al dólar. El desprecio hacia nuestra moneda y la creciente dinámica inflacionaria afectan enormemente a una sociedad con un nivel de pobreza que supera largamente las 16 millones de personas – cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los servicios básicos -, y a 5 millones de conciudadanos que se encuentran desocupados o sub-ocupados. Sin embargo, lo que más se ha resaltado luego de las elecciones del último domingo ha sido la nueva ‘brecha socio-productiva’: entre los que ‘producen y trabajan’ y los que ‘viven del Estado’ – en todas sus modalidades -. Lo que queda para racionalizar entonces sería por qué la inmoralidad de los números, le ceden el lugar de análisis primario al ‘bienestar relativo’. Todos estamos mal, pero otros se encuentran mejor o peor. Es claro que uno siempre quiere estar en el grupo ganador. O mejor dicho, ¿no deberíamos estar todos mejor, y dejar de lado la lucha del pobre contra el pobre? ¿O será que el miedo a descender en la pirámide social prevalece sobre la lógica de un mínimo contrato social?

En este sentido, es interesante destacar que durante el último debate presidencial argentino, un candidato propuso, con enorme liviandad, equilibrar el déficit fiscal despidiendo un millón de empleados públicos, además de exponer con cierta lógica racional el ‘vivir con lo nuestro’ a través de la eliminación de cuajo de la coparticipación federal. Lo preocupante es que no solo no se ha referido, bajo una estricta lógica economicista, a lo que ocurriría en el corto plazo con un hundido mercado interno por la falta de consumo; sino que ni siquiera ha mencionado como podría lidiar con un contexto socio-económico insostenible. Una angustia familiar que no se podría describir con palabras, pero que, evidentemente, no entraba dentro de su espectro de análisis. Un desapego que es la norma en una no depreciable cantidad de políticos de nuestro país, que parece que olvidan que su objetivo central cuando asumen es el bien común; pero sobre todo el mejorar la calidad de vida de los que menos tienen.

Lo expuesto denota varios puntos interesantes: por un lado, la alternancia de ciclos progresistas y conservadores, donde los diferentes gobiernos no pueden desarrollar una lectura pragmática y oportuna del mix que representan los cambios en el escenario internacional – siempre dinámico -, el descreimiento generalizado de su propia casta política, y especialmente la falta de políticas  abarcativas y superadoras que ellos mismos no pueden o quieren proveer. Por otro lado, el continuo pensamiento que las soluciones economicistas homogéneas son validas para cualquier lugar y momento histórico, es un error que suele acarrear enormes consecuencias socio-económicas negativas. Una Latinoamérica repleta de inequidades requiere políticas redistributivas y sociales que promueven sociedades más justas; y la única forma de proveerlas es comprender la especificidad de cada historia, cada cultura, cada forma de vivir.

En este sentido, la puja de intereses intra-nacional es una permanente en todas las naciones, pero no es una cuestión exclusiva de la disputa por la riqueza. Hoy en día se ponen a consideración otras variables que se conjugan y complementan entre sí, lo que dificulta la acción simplista de la vieja política focalizada en ideales concentrados. Temáticas como el aborto, la protección del medio ambiente, o la inserción social de grupos minoritarios se entremezclan en la agenda económica de todos los partidos y requieren un trabajo quirúrgico para delinear un programa de Estado. Solo con una enorme claridad conceptual, altruismo moral y capacidad técnica, se podrá suavizar la virulencia (política, social y económica) en el intercalar de gobiernos de izquierda y derecha (en contraposición a lo ocurrido en estos tiempos en nuestra región, donde se han observado traspasos de mando con altos niveles de turbulencias).

En definitiva, propongo para concluir el observar los países del mundo con mejores indicadores en su calidad de vida: Suecia, Noruega, Finlandia, Australia o Canadá, por ejemplo. Altos PBI per cápita en sociedades fuertemente igualitarias, han generado una ciudadanía más educada, respetuosa, e igualitaria en tanto la comprensión, tolerancia y aceptación de los derechos de los individuos, que redundan a su vez en un círculo virtuoso en términos de mejoras económicas individuales y colectivas y que, posteriormente, repotencian nuevamente el desarrollo social previamente descripto. Quizás allí se encuentre la clave para nuestra Latinoamérica: que los fríos números de la economía dejen de ser el objetivo per se, y se tornen una herramienta que primariamente genere altos niveles de educación y formación; ya que de este modo se podrá comenzar resolviendo enormes dilemas morales que luego, como un bumerán positivo, redundarán en la construcción de sociedades más justas y equitativas en términos económicos.

¿Cómo ser parte del juego global? La Argentina y un mundo en transición

Comentario de Pablo Kornblum para el diario La Nación – Enero 2019

https://www.lanacion.com.ar/2211884-como-ser-parte-del-juego-global-la-argentina-y-un-mundo-en-transiciondilemas-de-la-geopoliticaargentina-en-el-mundo-post-cumbre-del-g20

Pablo Kornblum, magíster en Economía de la Universidad de Sidney y doctor en Relaciones Internacionales, evaluó positivamente el G-20 y la actitud del país de “hablar con todos”. Sin embargo, asegura que para materializar lo acordado durante la cumbre -la promesa, al cabo del encuentro, de un total de inversiones por 8000 millones de dólares- hace falta un seguimiento de lo pactado y trabajar para mantener las condiciones internas mínimamente estables.

“Los grandes inversionistas, los que invierten en el país, son los que piensan a largo plazo, y buscan estabilidad. No podemos disociar la política exterior de la doméstica: si cambia el Gobierno y se decide no cumplir con lo que se prometió antes, es un gran problema para la Argentina”, señala Kornblum.

Para el experto, un tema que debería resolver mejor la Argentina es cómo se inserta internacionalmente, si bien el papel que puede cumplir un país no está solamente definido por las intenciones del Estado, sino también por sus capacidades materiales y por una estructura internacional determinada. “Creo que hay una definición latente de que la Argentina quiere continuar siendo el granero del mundo, lo que deja con una falencia todo lo relacionado con la industria. Ha habido una liberalización comercial en las importaciones y eso afectó la industria nacional. Hoy las pymes industriales pequeñas no pueden competir con el extranjero”, explica.

“Argentina vive del campo y por lo tanto tiene que profundizar lo que tiene -agrega Kornblum-. Mostrarse como un país dispuesto a satisfacer las necesidades del mundo. Por ejemplo, demostrar que los productores locales van a poder brindar a China lo que necesita, con las medidas fitosanitarias correspondientes, con un envasado adecuado. Esto se complementa con un país estable y una buena diplomacia”.

Un despertador para nuestra sociedad

Por Pablo Kornblum

https://www.pagina12.com.ar/159238-un-despertador

Levantarse a la mañana. Ir a trabajar o buscar trabajo. Pocos son los privilegiados que no salen de su casa bien temprano y regresan antes que anochezca. Menos aún quienes se acuestan sabiendo que tendrán una vida con eximia educación, excelente salubridad, y una infraestructura hogareña apropiada para disfrutar amplios momentos de ocio. Una utopía que, a esta altura del Siglo XXI, no debería ser tal.
No solo se vive mal, con carencias de bienes y servicios asequibles, sino que además nos enmarcamos en un camino de inseguridad y segregación. Hay un halo de tensión permanente, de conflictos de intereses que se alejan lentamente de la mancomunidad y la cooperación en cada rincón de la esfera global. Evidentemente, la insaciable búsqueda de poder y riqueza no se ha aplacado.
Probablemente sea una combinación de dos factores: por un lado, una sociedad falta de educación e información objetiva. Ello conlleva a que los de abajo, los más necesitados y los excluidos, no puedan comprender, analizar, y digerir el contexto en el cual se encuentran inmersos, lo que obstaculiza la generación de políticas de acción colectiva que permitan revertir su situación. Del otro lado, la propia condición humana, su biología para con la necesidad de autosatisfacción, y por sobre todo la vorágine por el reconocimiento y la acumulación, conllevan a que las elites, quienes detentan el poder y miran al resto desde arriba, quieran mantener, a como sea, el statu-quo.
Solo esta descripción de la lógica colectiva permitiría aceptar el actual escenario inmoral. Sino sería inaceptable que, por ejemplo, el Ministro del Interior Italiano sostenga que no permitirá de ningún modo que ingresen más inmigrantes norafricanos a sus costas, aunque sea escapando de la miseria y la violencia social. O que el destituido presidente español Rajoy no realice ningún mea-culpa luego de que se haya probado la conveniencia entre los empresarios, beneficiados con licitaciones espurias, y los funcionarios del PP, quienes han recibido dadivas para su beneficio propio y las campañas políticas de su partido.
El vector central para con la racionalidad elusiva son las corrientes culpabilidades cruzadas. Las guerras comerciales son mala voluntad, las tercerizaciones son necesarias para competir, los flujos financieros requieren libertad para generar las tan preciadas inversiones y sus consecuentes fuentes de trabajo. Que los esfuerzos deben ser de los individuos para salir adelante, pero las cargas deben ser colectivas para soportar las cada vez más frecuentes crisis macroeconómicas. Ni que hablar de la castigada microeconomía del ciudadano de a pie: aquel que, anestesiado por una confusión desgastante, deambula por una vida de esfuerzo sin un claro horizonte de, aunque sea, alguna mejora marginal esperanzadora.
La fatalidad llega cuando la exclusión toca la puerta. El avance de la tecnologización y robotización de los procesos productivos emerge a una velocidad muy superior a cualquier escenario de desarrollo de capital humano totalizador. Y en un proceso de achicamiento de las funciones del Estado, garante de los derechos colectivos – sobre todo de las mayorías empobrecidas -, los círculos viciosos de la violencia y la marginalidad se potencian peligrosamente.
Quedan la utilización de los medios de comunicación, la justicia, y el poder de coerción para mitigar los males que nos aquejan. Este colectivo siente el apoyo de las clases de soporte (el 15%/20% de la clase media-alta que trabaja para el 1% que representan las elites), las cuales se han visto embebidas en una encarnizada lucha de ‘pobres contra pobres’, aunque siempre con el inconsciente temor de caer en el 80% que representa el ‘planeta miseria’; aquellos sin acceso al conocimiento y al capital financiero, destinados a depender toda su vida de la histéricamente inestable voluntad de terceros. Igualmente, el común denominador del 99% es encontrarse lejos de las elites dominantes que, como titiriteros, ejercen todo su poder. En definitiva, la mayoría son pobres de riqueza; algunos, simplemente pobres de alma.
Para terminar con la subversión de los pocos que intentan realizar un verdadero cambio estructural, el control social termina siendo el medio y el fin.
Con lógicas capciosas, como puede ser el coaccionar violentamente contra aquellos que ‘siembran el terror’ cuando reclaman por una mejor calidad de vida en las calles, o contra todos los inmigrantes que viene a ‘robar’ y causan los permanentes hechos de inseguridad. Pero también a través del sometimiento discursivo en torno a los ‘beneficios invariablemente necesarios’ de obedecer los dictámenes de los Organismos Internacionales de Crédito, o una política macroeconómica ‘seria’ en pos de una distribución profundamente regresiva de los recursos en el corto plazo, para ver la ‘luz al final del túnel’ más adelante.
En pos de liberarse de este escenario realmente antidemocrático embebido en la mentira y el engaño, no hay otra salida que una profunda educación y formación plural. Que imperativamente debe encontrarse complementada con los recursos suficientes para alcanzar una base alimentaria adecuada y una salubridad enraizada apropiadamente desde la concepción. Y sobre todo, un amor altruista que permita cortar las cadenas del individualismo que, aunque provengan de mandatos egoístamente difusos, conllevan una clara intencionalidad socio-política. Solo así podremos comprender donde nos encontramos parados. Pero sobre todo, nos llevará a tomar las mejores decisiones en pos de un mundo realmente inclusivo que genere una calidad de vida digna para todos.

Estamos en una brecha entre una minoría cada vez más rica y una mayoría cada vez más pobre

Por Pablo Kornblum publicado en el Diario Ámbito Financiero el 24 de Septiembre de 2018

http://www.ambito.com/934598-kornblum-estamos-en-una-brecha-entre-una-minoria-cada-vez-mas-rica-y-una-mayoria-cada-vez-mas-pobre

El economista y doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum, dialogó con ámbito.com acerca de su último libro, La sociedad anestesiada, en el que realiza un crudo diagnóstico del sistema capitalista y de los efectos de la globalización.

¿Entendemos los procesos que gobiernan el mundo en que vivimos? Este es el eje disparador del libro La sociedad anestesiada, del economista y doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum. Un ensayo político y económico que pretende clarificar, mientras nos mantenemos anclados a una coyuntura compleja y difusa, el sistema-global en el cual estamos inmersos.

Kornblum, profesor de las materias Estructura Económica Mundial y Argentina y Política Internacional en la Universidad de Buenos Aires (UBA), da cuenta en su último libro cómo funciona el sistema económico global y denuncia a lo largo del texto que una gran mayoría de la población todavía sobrevive sin la salubridad, educación e infraestructura acorde a una realidad sin carencias.

En ese contexto, sostiene en diálogo con ámbito.com que “urge la necesidad de crear las bases de la dignidad socioeconómica para poder cubrir las necesidades materiales básicas, bienes y servicios esenciales para poder disfrutar de la vida como individuos y en comunidad”.

El economista y profesor universitario destaca que el sistema internacional en el que estamos inmersos ha conllevado a un escenario donde el desinterés por la pobreza y la miseria ajena son moneda corriente. “Estamos en medio de una brecha entre una minoría cada vez más rica y unas mayorías cada vez más pobres y excluidas”, sostiene.

Según Kornblum, el capitalismo y su modernidad han sido destructivos para el ser humano. Se trata de un modelo de socialización espiral descendente que tiende a reducir a los seres humanos a la condición de gente sin otra identidad que la de consumidores en el plano económico.

Para el autor de “La sociedad anestesiada”, el actual objetivo que lo abarca todo es la lógica de la acumulación. “Producir y consumir se intercalan cíclicamente sin dejar una bocanada de aire para que el hombre piense y se desarrolle”, afirma.

A lo largo de los capítulos del libro se observa una aguda crítica hacia el poder tanto político como económico. En ese aspecto, señala que los procesos se desarrollan de antemano en las mentes de las elites mientras que las clases subyugadas se adaptan. Y remarca que “las elites políticas y económicas desean conservar de cualquier manera el statu quo”.

La tendencia del capital a subordinar cada aspecto de la vida con creciente intensidad es la esencia del sistema actual, dice Kornblum. Y agrega que el ajuste sobre millones de pobres y excluidos vuelve a poner en discusión bajo qué tipo de organización social desean vivir los hombres y mujeres del mundo.

“El proceso globalizador le ha posibilitado a los grandes grupos económicos y a sus respectivos flujos de capital las herramientas necesarias para mantener o incrementar sus tasas de utilidad. Por otra parte, el sistema financiero actual agudiza el punto más alto de los dos males tradicionales del capitalismo: la inestabilidad y la desigualdad. La falta de un modelo ético ha reproducido un sistema financiero inmoral que se ha llevado puesto una lógica de desarrollo productivo y social sustentable”, analiza.

Por eso, en el mediano plazo, las sociedades se encontrarán, indefectiblemente, con mayores niveles de desempleo, recesión y retracción de un consumo necesario para motorizar el sistema macroeconómico, afirma.

Con una pluma destacada y una prosa didáctica y esclarecedora, Kornblum propone hacia el final del libro lograr el viraje hacia un sistema político económico más justo, en el que se requeriría entonces “una lógica moral y ética diferente, donde la equidad colectiva prime”.

“El escenario superador, aquel que verdaderamente podrá cambiar estructuralmente el futuro de las mayorías, dependerá de las capacidades y posibilidades que brindan la conjugación y simultaneidad de una infinidad de variables en cada especificidad geográfica y temporal”, sostiene.

Y concluye: “Comprender es el mayor desafío para combatir las injusticias y alcanzar el objetivo de un mundo inclusivo con una calidad de vida digna para todos. Esta obra pretende ser un despertador que aporte un granito de arena para con esta causa mayúscula”.

Un despertador para la humanidad

Pablo Kornblum para Revista Mundo Plural, Julio de 2018

https://www.yumpu.com/xx/document/view/61563935/revista-mundo-plural-julio

Levantarse a la mañana. Ir a trabajar o buscar trabajo. Pocos son los privilegiados que no salen de su casa bien temprano y regresan antes que anochezca. Menos aún quienes se acuestan sabiendo que tendrán una vida con eximia educación, excelente salubridad, y una infraestructura hogareña apropiada para disfrutar amplios momentos de ocio. Una utopía que, a esta altura del Siglo XXI, no debería ser tal.
No solo se vive mal, con carencias de bienes y servicios asequibles, sino que además nos enmarcamos en un camino de inseguridad y segregación. Hay un halo de tensión permanente, de conflictos de intereses que se alejan lentamente de la mancomunidad y la cooperación en cada rincón de la esfera global. Evidentemente, la insaciable búsqueda de poder y riqueza no se ha aplacado.
Probablemente sea una combinación de dos factores: por un lado, una sociedad falta de educación e información objetiva. Ello conlleva a que los de abajo, los más necesitados y los excluidos, no puedan comprender, analizar, y digerir el contexto en el cual se encuentran inmersos, lo que obstaculiza la generación de políticas de acción colectiva que permitan revertir su situación. Del otro lado, la propia condición humana, su biología para con la necesidad de autosatisfacción, y por sobre todo la vorágine por el reconocimiento y la acumulación, conllevan a que las elites, quienes detentan el poder y miran al resto desde arriba, quieran mantener, a como sea, el statu-quo.
Solo esta descripción de la lógica colectiva permitiría aceptar el actual escenario inmoral. Sino sería inaceptable que, por ejemplo, el recientemente elegido Ministro del Interior Italiano sostenga que no permitirá de ningún modo que ingresen más inmigrantes norafricanos a sus costas, aunque sea escapando de la miseria y la violencia social. O que el recientemente destituido presidente español no realice ningún mea-culpa luego de que se haya probado la conveniencia entre los empresarios, beneficiados con licitaciones espurias, y los funcionarios del PP, quienes han recibido dadivas para su beneficio propio y las campañas políticas de su partido.
El vector central para con la racionalidad elusiva son las corrientes culpabilidades cruzadas. Las guerras comerciales son mala voluntad, las tercerizaciones son necesarias para competir, los flujos financieros requieren libertad para generar las tan preciadas inversiones y sus consecuentes fuentes de trabajo. Que los esfuerzos deben ser de los individuos para salir adelante, pero las cargas deben ser colectivas para soportar las cada vez más frecuentes crisis macroeconómicas. Ni que hablar de la castigada microeconomía del ciudadano de a pie: aquel que, anestesiado por una confusión desgastante, deambula por una vida de esfuerzo sin un claro horizonte de, aunque sea, alguna mejora marginal esperanzadora.
La fatalidad llega cuando la exclusión toca la puerta. El avance de la tecnologización y robotización de los procesos productivos emerge a una velocidad muy superior a cualquier escenario de desarrollo de capital humano totalizador. Y en un proceso de achicamiento de las funciones del Estado, garante de los derechos colectivos – sobre todo de las mayorías empobrecidas -, los círculos viciosos de la violencia y la marginalidad se potencian peligrosamente.
Quedan la utilización de los medios de comunicación, la justicia, y el poder de coerción para mitigar los males que nos aquejan. Este colectivo siente el apoyo de las clases de soporte (el 15%/20% de la clase media-alta que trabaja para el 1% que representan las elites), las cuales se han visto embebidas en una encarnizada lucha de ‘pobres contra pobres’, aunque siempre con el inconsciente temor de caer en el 80% que representa el ‘planeta miseria’; aquellos sin acceso al conocimiento y al capital financiero, destinados a depender toda su vida de la histéricamente inestable voluntad de terceros. Igualmente, el común denominador del 99% es encontrarse lejos de las elites dominantes que, como titiriteros, ejercen todo su poder. En definitiva, la mayoría son pobres de riqueza; algunos, simplemente pobres de alma.
Para terminar con la subversión de los pocos que intentan realizar un verdadero cambio estructural, el control social termina siendo el medio y el fin. Por ello, el liberarse de este escenario realmente antidemocrático, no es otro que una profunda educación y formación plural. Que imperativamente debe estar complementada con recursos para alcanzar una base alimentaria adecuada y una salubridad enraizada apropiadamente desde la concepción. Y sobre todo, un amor altruista que permita cortar las cadenas del individualismo que, aunque provengan de mandatos egoístamente difusos, conllevan una clara intencionalidad socio-política. Solo así podremos comprender donde nos encontramos parados. Pero sobre todo, nos llevará a tomar las mejores decisiones en pos de un mundo inclusivo con una calidad de vida digna para todos.

La lógica economicista detrás de la industria armamentística

De Pablo Kornblum – Publicado por la Revista Mundo Plural – Junio 2018

https://www.yumpu.com/es/document/view/60943094/revista-junio-2018

Luego de la matanza en la escuela de Miami el pasado mes de Febrero, el presidente Trump sentenció la necesidad de defenderse de los ‘malos’. Sin embargo, la tenencia de armas como elemento desencadenante fue obviada. Como también en sus declaraciones para con el vecino México, a pesar de que de las 19 mil armas que cometieron asesinatos en el país azteca durante el año 2017, el 70% provinieron de los Estados Unidos. En este caso, la justificación de ambos gobiernos es la denominada ‘guerra contra las drogas’. O mejor dicho, el negocio que ello implica.
Más aún, entremezclar las cuestiones domésticas e internacionales es una oportunidad para que Lobbies armamentísticos presionen al gobierno de los Estados Unidos y les ofrezcan equipos de vigilancia fronteriza, radares y sensores. Escuchando el clamor de la lógica de mercado, en adición a los de una ciudadanía crecientemente temerosa, los representantes del pueblo desatan su ethos político promoviendo la necesidad de protegerse de los inmigrantes; quienes no solo son ‘potenciales delincuentes’, sino también usurpadores de los tan preciados empleos.

Como hemos observado en el caso precedente, detrás de la discursiva del cuidado ciudadano en todas sus formas se esconde sigilosamente la rentablemente fructífera industria armamentística. La misma ha generado 1,67 billones de dólares a nivel global durante el año 2017, el monto más elevado desde el fin de la Guerra Fría. Solo la empresa estadounidense Lockheed Martin, el mayor fabricante mundial de armamento, tuvo ingresos el año pasado por 40.000 millones de dólares, cifra superior al PBI de 97 países. O lo que es más preocupante: cinco veces el presupuesto de las Naciones Unidas para Misiones de Paz.
El caso alemán es emblemático en este aspecto: antes de que Grecia recibiera el primer rescate en el año 2010 luego de su crisis de deuda terminal, el gobierno de Merkel activó una línea de crédito especial para que las autoridades helenas pudieran pagar sus requerimientos previos de armamento. El objetivo era sostener la producción bélica más importante de Europa, la cual emplea a unas 80.000 personas, y tiene importantes socios financistas, como son el Deutsche Bank o la empresa aseguradora Allianz. En un escenario de poder interestatal claramente asimétrico, los intereses económicos germanos de la industria militar eran evidentemente más relevantes que los ajustes a la seguridad social sufridos por la mayoría de la pauperizada población griega.

Podemos afirmar entonces que bajo la totalizadora lógica económica armamentística, la ética ha sido raudamente excluida. España representa un caso típico de la inmoralidad extrema, ya que año a año autoriza la venta de material bélico a Arabia Saudita; país que, bajo un régimen legal cuestionado internacionalmente, ostenta el récord de presos condenados a la horca. En este caso, la excusa para pisotear derechos humanos elementales es la necesidad de ‘proteger’ regiones frágiles y carentes de seguridad. Y por supuesto, indirectamente generar divisas para el Estado ibérico.

Finalmente, se puede reforzar lo expuesto en términos del reciente ataque bélico sobre Siria, el cual tiene todos los condimentos precedentes. Un presidente que festeja un ataque militar “perfectamente ejecutado” y la utilización de nuevo armamento de última tecnología; una compañía como Raytheon, proveedora de misiles – entre otros – para el gobierno estadounidense, que vio sus acciones incrementarse 1,21% el día después del ataque y un 64% acumulado desde que asumió TRUMP; y un país arrasado bajo un escenario complejo y ambivalente, donde se disputa una nueva guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, con el soporte del potente Lobby de la industria armamentística en sus respectivos países.

En definitiva, en un mundo cada vez más conflictivo, y donde los extremos triunfan por sobre la lógica de centro-izquierda/centro-derecha promovida luego del fin de la segunda guerra mundial, los conflictos relacionados con las crecientes inequidades económicas y las crisis sociales recurrentes derivadas de la lógica de la acumulación y la falta de valores, solo potencian una de las pocas industrias que tienen asegurada su rentabilidad y sostenibilidad de largo plazo.

El libro “La Sociedad Anestesiada” en el diario Página 12

Difusión del libro “La sociedad anestesiada. El sistema económico global bajo la óptica ciudadana” en el diario Página 12.

https://www.pagina12.com.ar/115879-el-libro

LA SOCIEDAD ANESTESIADA

Pablo Kornblun

Editorial Almaluz

La tendencia del capital a subordinar cada aspecto de la vida con creciente intensidad es la esencia del sistema actual. Cuando existe una gran crisis política, económica o social, la misma se maneja a través de la acentuación y el reordenamiento de la insubordinación. Ello se realiza primariamente a través de la separación del sujeto y el objeto (o sea, generando la deshumanización del individuo), lo que no solo permite el crecimiento permanente de la extensión del mercado a todas las áreas, instituciones o actividades de la vida cotidiana, sino que además crea seres humanos que responden al dominio directo del capital. Por ende, según destaca y analiza el autor, la mercantilización de la tierra, la salud o la educación, no solo conllevan una reducción en la provisión de asistencia social, el incremento del estrés y otras variables que se potencian en detrimento de la calidad de vida; sino que en realidad forma parte de una nueva cosmovisión desde donde se estructura la sociedad actual.

El sistema económico global y la justificación del (casi) todo

Pablo Kornlum en Infobae, Mundo Plural y el Congreso Judio Latinoamericano – Abril de 2018

https://www.infobae.com/opinion/2018/04/26/el-sistema-economico-global-y-la-justificacion-del-casi-todo/

http://congresojudio.org/coloquio_nota.php?id=309

El reciente informe de la Organización Global Oxfam y los acontecimientos acaecidos en los últimos meses han demostrado una vez más la facilidad con la cual las veleidades políticas nos permiten justificar racionalmente cada hecho bajo la actual dinámica sistémica global.
Conmociona enterarse que el 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico de la población global, mientras que la riqueza del 50% más pobre no aumentó en lo más mínimo. Más aún si a ello le adicionamos que las 61 personas más adineradas del planeta poseen tanta riqueza como la mitad más pobre.
Esta desigualdad, de tendencia creciente a nivel global, se suele justificar con un probabilístico e inestable efecto derrame que, junto con las ‘necesarias’ elevadas propensiones marginales al consumo de los más humildes, permitirían dinamizar a las pauperizadas economías con escaso ahorro e inversión.
Por otro lado, el 1% más rico del mundo evade o elude impuestos por valor de 200.000 millones de dólares. Ello se condice con la capacidad de contar con las herramientas para desarrollar diversos mecanismos que les permiten evadir entre el 25% y 30% de sus responsabilidades impositivas (contra el 3% de quienes poseen un ingreso promedio). La mayoría de este dinero se destina a los denominados ‘paraísos fiscales’.
La inseguridad jurídica/financiera en sus propios países es el justificativo para con el remitir de utilidades; aunque ello no conlleve algún tipo de contraparte que los posicione dentro de la legalidad, ni tampoco tengan reparo en la consecuente licuación de las crecientemente demandadas arcas estatales. Por supuesto, cuentan con la complicidad de estos pequeños Estados que, con hermosos paisajes y una lógica todavía pseudo-colonial, se defienden bajo el lema de la autosustentabilidad.
Por su parte, ya no asombran las tradicionales matanzas en las escuelas de los Estados Unidos. Hay que defenderse de los ‘malos’ – diría el presidente Trump – en todas sus acepciones: desde aquellos que siembran el terror en nombre de la religión, pasando por los líderes caratulados como inescrupulosos por los demócratas occidentales, hasta los desesperanzados que encuentran en el delito un medio de vida.
Sin embargo, detrás de esta discursiva se esconde sigilosamente la rentablemente fructífera industria armamentística global, generadora de una ingente cantidad de empleos tan necesarios en un mundo donde el modelo productivo global se ha tornado estructuralmente expulsivo de mano de obra. En este sentido, solo para el aparato militar global se han destinado 1,67 billones de dólares durante el año 2017, el monto más elevado desde el fin de la Guerra Fría.
Finalmente, vivimos en un mundo donde 250 millones de personas han buscado un futuro más próspero fuera de su país de origen. Es por ello que las elites sostienen, como indica la teoría macroeconómica del statu-quo, que la libre circulación de los factores productivos es principalmente beneficiosa en términos de eficiencia y productividad. Pero además su trabajo es fundamental para dinamizar el consumo interno, contribuir al pago de las cargas sociales para sostener a los adultos mayores y, por sobre todo, realizar los empleos desechados que los nativos.
Poco se menciona cuando las recurrentes crisis económicas ponen sobre el tapete un escenario de competencia y nacionalismo que, con una inusitada virulencia mediática, busca imponer restricciones a los ‘inmigrantes indeseados’. Un claro ejemplo es la gratuidad para con la utilización de los sistemas de salud provistos por Estados desguazados; en donde los inmigrantes, quienes poseen vasta experiencia en términos de corrupción, ineficiencia y desidia gubernamental en sus países de origen, tienen una responsabilidad marginal.
Evidentemente, nos encontramos con una enorme capacidad de los grupos concentrados para justificar todo. O casi todo. Porque difícilmente puedan explicarle a esas miles de millones de personas en el mundo que sobreviven con menos de cinco dólares diarios el porqué de su cruda realidad. O peor aún, porque las elites políticas y económicas globales, quienes si cuentan con las herramientas de formación y capacidad de acción para encontrar siempre la respuesta adecuada, nada hacen por ellos.
En definitiva, los valores y la ética deberían estar por encima de cualquier justificación. La pregunta es cuándo llegará la hora en la cual los responsables de los gobiernos, elegidos para mejorar la calidad de vida de sus representados, lo reflejen en políticas asertivas en pos de las mayorías. Las cuales no tienen por qué ser ni menos razonables, ni por supuesto menos efectivas. Solo deberían tener la fuerza suficiente para invertir las asimetrías crecientes y hacer honor a la tan necesaria justicia distributiva.

El rol del lavado de dinero en la economía

Por Pablo Kornblum

https://www.yumpu.com/es/document/view/59209957/revista-julio-n11

El lavado de dinero, que ya representa alrededor del 7% del PBI global, tiene consecuencias, tanto positivas como negativas, para el balance de cualquier economía. En tanto a las primeras, más allá del origen del dinero, productores y consumidores que se encuentran con liquidez extra tendrán mayor capacidad de pago para acceder a otros bienes y servicios a los que antes no accedían. Industrias como las de servicios, entretenimiento, turismo, construcción, también se ven beneficiadas por ingentes sumas de inversión provenientes del lavado de dinero.

Por otro lado, al mezclar fondos ilícitos con lícitos, se genera un incremento artificial del PBI, que en virtud del tipo de actividad legal tendería a incrementar la recaudación fiscal. Además, el ingreso de divisas también puede ser, si se canaliza a través de reservas generalmente escasas, como un estabilizador del tipo de cambio. A ello se le puede adicionar una reducción de costos (y de precios para el consumidor), solo posibles de fondear con dinero ilegal, fuera del interés medio que pagan por el dinero el resto de los actores de la economía.

Por el contrario, el lavado de activos también genera costos y distorsiones. Uno de los ejemplos macroeconómicos más significativos es el efecto de la apreciación de la moneda cuando en el mercado de divisas la oferta aumenta más que proporcionalmente frente a los movimientos de otras variables económicas, afectando tanto a las exportaciones como al mercado interno. Más aún, el lavado de dinero también puede erosionar la economía por el cambio en la demanda de dinero efectivo (con efectos sobre la inflación) y el incremento en el monto de la tasa de interés, afectando los niveles de producción.

Por otro lado, en las empresas legales cuyo capital en realidad proviene de recursos ilícitos, no será generalmente el eje principal la rentabilidad financiera o el crecimiento corporativo, sino el mero blanqueo de capital; ello afectará a la macroeconomía como un todo en términos de eficiencia y sustentabilidad, al incurrir en cargas adicionales en relación a los precios corrientes del mercado. Ello a su vez genera un tributo adicional que deben pagar las empresas legales para competir, como así también a incrementos de precios generalizados que afectan al resto de los consumidores.

Los gobiernos tienen mucho que hacer. En países en los cuales gran parte de la población no se encuentra bancarizada, gran parte de la liquidez que puede conseguir el ciudadano medio es proveniente del lavado de dinero y a tasas usureras. Por otro lado, si no se toman medidas, se retrae la confianza del público en el sistema financiero, incrementando el riesgo y la inestabilidad del mismo. En este sentido, muchos inversores extranjeros tienden a evitar invertir en mercados asociados con este flagelo (si un aspecto del sistema legal es incumplido, otros actos ilegales probablemente se cometerán). Adicionalmente, si los gobiernos no realizan políticas para controlar y castigar la ilegalidad, el dinero proveniente del blanqueo puede ser convertido en moneda extranjera y fugado de la economía, disminuyendo las reservas internacionales al tiempo que se generarían presiones para con la depreciación de la moneda y al déficit de la Balanza de Pagos.

Para concluir, la clave para combatir el lavado de dinero se encuentra en lograr una articulación entre todos los sectores de la economía, así como también una mayor cooperación internacional para enfrentar la problemática desde una óptica global. La justicia también debe ser implacable. En muchos Estados, dado que los criminales han ido creando mecanismos y esquemas cada vez más complejos y desarrollados, se buscan alternativas ante las insuficientes capacidades logísticas, humanas y financieras. Por ejemplo, sino puede detener a los grupos que delinquen por el delito de lavado de dinero, se los juzga por evasión de impuestos. Para todo ello, se requiere una decisión política firme que permita el accionar coordinado y efectivo de todos los Organismos del Estado.

La economía del Crimen Organizado

Por  Pablo Kornblum, Publicado en Mundo Plural, Abril 2017.

https://www.yumpu.com/es/document/view/58182357/mundo-plural-numero-8

La reestructuración de la economía, el comercio y las finanzas en un mundo dominado por el neoliberalismo ha desarrollado con fuerza la globalización del crimen organizado en las últimas décadas. Mientras los sistemas estatales de control y regulación se desmoronan bajo el peso de crisis financieras recurrentes y demandas crecientes de la economía real, el crimen organizado comienza a jugar un papel dominante en la vida de los Estados: las estimaciones más conservadoras de la OCDE y el FMI reconocen que los recursos económicos del crimen organizado superan el 5% del PBI mundial. No caben dudas que el crimen organizado se ha transformado en parte integrante del sistema económico internacional, con trascendentales consecuencias sociales, económicas y geopolíticas.
Las ganancias y la influencia del crimen organizado son inmensas, en todos los países del mundo sin excepción. Las mismas son procedentes del tráfico de drogas, armas y materiales nucleares; así como también de servicios controlados por la mafia (prostitución, juego, cambios de moneda). Pero además tiene varias aristas para analizar. Por un lado, el crimen organizado es un perjuicio para el resto de la economía: ya sea por negocios legales que se dejan realizar por la falta de recursos genuinos, o los gastos que los Estados se ven obligados a realizar para luchar contra las mafias (policía, la Administración de justicia), que podrían ser redistribuidos a programas sociales, entre otros. Indirectamente, la violencia del crimen también implica un gasto extra en salud para las víctimas de un delito y sus familias. Ello sin tener en cuento además los nocivos efectos físicos y psíquicos que afectan la productividad y como consecuencia una importante pérdida económica para el Estado como un todo.
Sin embargo, más determinante aún son las magnitudes de las inversiones realizadas rutinariamente por organizaciones criminales en empresas comerciales legítimas; así como su control de los medios de producción en muchas áreas de la economía legal que conllevan a que sus capitales tengan un rol importante en términos macro y microeconómico. Su dinero suele depositarse en bancos comerciales que lo utilizan para ampliar sus préstamos a empresas (legales e ilegales), y también se canaliza hacia inversiones de consumo primario, insumos, bienes de capital, acciones y bonos gubernamentales. Por lo tanto, en lugar de solo proteger su campo tradicional, las organizaciones criminales en diferentes partes del mundo poseen fuerzas combinadas dirigidas hacia la ‘apertura de nuevos mercados’, tanto en la economía legal (inmuebles de lujo, espectáculos, editoriales, medios de prensa, y servicios financieros, entre otros) como en la ilegal (cooperando a su vez con grupos criminales de otros países).
Finalmente, para prosperar, al igual que las empresas legales, el crimen organizado requiere socios entre las elites políticas. Toda organización criminal busca neutralizar la represión estatal (policía y justicia) y captar los recursos económicos, tanto civiles como de los poderes públicos. Esto se traduce en que la relación entre mafia y Estado suele oscilar desde la cohabitación a la simbiosis: en muy raras ocasiones la relación entre el crimen organizado y la política se plantea en forma de confrontación. Para citar un ejemplo, las leyes que promueven la huida de capitales a paraísos fiscales offshore ayudan no sólo a personas y corporaciones a sacar recursos bien habidos, sino también permiten las mafias a movilizar más fácilmente sus activos líquidos. La privacidad, tecnología y falta de regulación que atraen a los criminales son las mismas que facilitan el flujo de dinero legal entre una empresa matriz y una subsidiaria que actúa como fachada.
Para concluir, para combatir el crimen organizado es necesario incrementar la cooperación entre los países en materia de transferencia de procedimientos e investigaciones, con leyes y políticas económicas y tributarias firmes. Este escenario obliga indefectiblemente a las naciones a mejorar sus capacidades técnicas y estructurales para enfrentar esta difícil y compleja lucha, donde los daños económicos causan tanto perjuicio como los políticos, físicos y sociales.