Estamos en una brecha entre una minoría cada vez más rica y una mayoría cada vez más pobre

Por Pablo Kornblum publicado en el Diario Ámbito Financiero el 24 de Septiembre de 2018

http://www.ambito.com/934598-kornblum-estamos-en-una-brecha-entre-una-minoria-cada-vez-mas-rica-y-una-mayoria-cada-vez-mas-pobre

El economista y doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum, dialogó con ámbito.com acerca de su último libro, La sociedad anestesiada, en el que realiza un crudo diagnóstico del sistema capitalista y de los efectos de la globalización.

¿Entendemos los procesos que gobiernan el mundo en que vivimos? Este es el eje disparador del libro La sociedad anestesiada, del economista y doctor en Relaciones Internacionales, Pablo Kornblum. Un ensayo político y económico que pretende clarificar, mientras nos mantenemos anclados a una coyuntura compleja y difusa, el sistema-global en el cual estamos inmersos.

Kornblum, profesor de las materias Estructura Económica Mundial y Argentina y Política Internacional en la Universidad de Buenos Aires (UBA), da cuenta en su último libro cómo funciona el sistema económico global y denuncia a lo largo del texto que una gran mayoría de la población todavía sobrevive sin la salubridad, educación e infraestructura acorde a una realidad sin carencias.

En ese contexto, sostiene en diálogo con ámbito.com que “urge la necesidad de crear las bases de la dignidad socioeconómica para poder cubrir las necesidades materiales básicas, bienes y servicios esenciales para poder disfrutar de la vida como individuos y en comunidad”.

El economista y profesor universitario destaca que el sistema internacional en el que estamos inmersos ha conllevado a un escenario donde el desinterés por la pobreza y la miseria ajena son moneda corriente. “Estamos en medio de una brecha entre una minoría cada vez más rica y unas mayorías cada vez más pobres y excluidas”, sostiene.

Según Kornblum, el capitalismo y su modernidad han sido destructivos para el ser humano. Se trata de un modelo de socialización espiral descendente que tiende a reducir a los seres humanos a la condición de gente sin otra identidad que la de consumidores en el plano económico.

Para el autor de “La sociedad anestesiada”, el actual objetivo que lo abarca todo es la lógica de la acumulación. “Producir y consumir se intercalan cíclicamente sin dejar una bocanada de aire para que el hombre piense y se desarrolle”, afirma.

A lo largo de los capítulos del libro se observa una aguda crítica hacia el poder tanto político como económico. En ese aspecto, señala que los procesos se desarrollan de antemano en las mentes de las elites mientras que las clases subyugadas se adaptan. Y remarca que “las elites políticas y económicas desean conservar de cualquier manera el statu quo”.

La tendencia del capital a subordinar cada aspecto de la vida con creciente intensidad es la esencia del sistema actual, dice Kornblum. Y agrega que el ajuste sobre millones de pobres y excluidos vuelve a poner en discusión bajo qué tipo de organización social desean vivir los hombres y mujeres del mundo.

“El proceso globalizador le ha posibilitado a los grandes grupos económicos y a sus respectivos flujos de capital las herramientas necesarias para mantener o incrementar sus tasas de utilidad. Por otra parte, el sistema financiero actual agudiza el punto más alto de los dos males tradicionales del capitalismo: la inestabilidad y la desigualdad. La falta de un modelo ético ha reproducido un sistema financiero inmoral que se ha llevado puesto una lógica de desarrollo productivo y social sustentable”, analiza.

Por eso, en el mediano plazo, las sociedades se encontrarán, indefectiblemente, con mayores niveles de desempleo, recesión y retracción de un consumo necesario para motorizar el sistema macroeconómico, afirma.

Con una pluma destacada y una prosa didáctica y esclarecedora, Kornblum propone hacia el final del libro lograr el viraje hacia un sistema político económico más justo, en el que se requeriría entonces “una lógica moral y ética diferente, donde la equidad colectiva prime”.

“El escenario superador, aquel que verdaderamente podrá cambiar estructuralmente el futuro de las mayorías, dependerá de las capacidades y posibilidades que brindan la conjugación y simultaneidad de una infinidad de variables en cada especificidad geográfica y temporal”, sostiene.

Y concluye: “Comprender es el mayor desafío para combatir las injusticias y alcanzar el objetivo de un mundo inclusivo con una calidad de vida digna para todos. Esta obra pretende ser un despertador que aporte un granito de arena para con esta causa mayúscula”.

Un despertador para la humanidad

Pablo Kornblum para Revista Mundo Plural, Julio de 2018

https://www.yumpu.com/xx/document/view/61563935/revista-mundo-plural-julio

Levantarse a la mañana. Ir a trabajar o buscar trabajo. Pocos son los privilegiados que no salen de su casa bien temprano y regresan antes que anochezca. Menos aún quienes se acuestan sabiendo que tendrán una vida con eximia educación, excelente salubridad, y una infraestructura hogareña apropiada para disfrutar amplios momentos de ocio. Una utopía que, a esta altura del Siglo XXI, no debería ser tal.
No solo se vive mal, con carencias de bienes y servicios asequibles, sino que además nos enmarcamos en un camino de inseguridad y segregación. Hay un halo de tensión permanente, de conflictos de intereses que se alejan lentamente de la mancomunidad y la cooperación en cada rincón de la esfera global. Evidentemente, la insaciable búsqueda de poder y riqueza no se ha aplacado.
Probablemente sea una combinación de dos factores: por un lado, una sociedad falta de educación e información objetiva. Ello conlleva a que los de abajo, los más necesitados y los excluidos, no puedan comprender, analizar, y digerir el contexto en el cual se encuentran inmersos, lo que obstaculiza la generación de políticas de acción colectiva que permitan revertir su situación. Del otro lado, la propia condición humana, su biología para con la necesidad de autosatisfacción, y por sobre todo la vorágine por el reconocimiento y la acumulación, conllevan a que las elites, quienes detentan el poder y miran al resto desde arriba, quieran mantener, a como sea, el statu-quo.
Solo esta descripción de la lógica colectiva permitiría aceptar el actual escenario inmoral. Sino sería inaceptable que, por ejemplo, el recientemente elegido Ministro del Interior Italiano sostenga que no permitirá de ningún modo que ingresen más inmigrantes norafricanos a sus costas, aunque sea escapando de la miseria y la violencia social. O que el recientemente destituido presidente español no realice ningún mea-culpa luego de que se haya probado la conveniencia entre los empresarios, beneficiados con licitaciones espurias, y los funcionarios del PP, quienes han recibido dadivas para su beneficio propio y las campañas políticas de su partido.
El vector central para con la racionalidad elusiva son las corrientes culpabilidades cruzadas. Las guerras comerciales son mala voluntad, las tercerizaciones son necesarias para competir, los flujos financieros requieren libertad para generar las tan preciadas inversiones y sus consecuentes fuentes de trabajo. Que los esfuerzos deben ser de los individuos para salir adelante, pero las cargas deben ser colectivas para soportar las cada vez más frecuentes crisis macroeconómicas. Ni que hablar de la castigada microeconomía del ciudadano de a pie: aquel que, anestesiado por una confusión desgastante, deambula por una vida de esfuerzo sin un claro horizonte de, aunque sea, alguna mejora marginal esperanzadora.
La fatalidad llega cuando la exclusión toca la puerta. El avance de la tecnologización y robotización de los procesos productivos emerge a una velocidad muy superior a cualquier escenario de desarrollo de capital humano totalizador. Y en un proceso de achicamiento de las funciones del Estado, garante de los derechos colectivos – sobre todo de las mayorías empobrecidas -, los círculos viciosos de la violencia y la marginalidad se potencian peligrosamente.
Quedan la utilización de los medios de comunicación, la justicia, y el poder de coerción para mitigar los males que nos aquejan. Este colectivo siente el apoyo de las clases de soporte (el 15%/20% de la clase media-alta que trabaja para el 1% que representan las elites), las cuales se han visto embebidas en una encarnizada lucha de ‘pobres contra pobres’, aunque siempre con el inconsciente temor de caer en el 80% que representa el ‘planeta miseria’; aquellos sin acceso al conocimiento y al capital financiero, destinados a depender toda su vida de la histéricamente inestable voluntad de terceros. Igualmente, el común denominador del 99% es encontrarse lejos de las elites dominantes que, como titiriteros, ejercen todo su poder. En definitiva, la mayoría son pobres de riqueza; algunos, simplemente pobres de alma.
Para terminar con la subversión de los pocos que intentan realizar un verdadero cambio estructural, el control social termina siendo el medio y el fin. Por ello, el liberarse de este escenario realmente antidemocrático, no es otro que una profunda educación y formación plural. Que imperativamente debe estar complementada con recursos para alcanzar una base alimentaria adecuada y una salubridad enraizada apropiadamente desde la concepción. Y sobre todo, un amor altruista que permita cortar las cadenas del individualismo que, aunque provengan de mandatos egoístamente difusos, conllevan una clara intencionalidad socio-política. Solo así podremos comprender donde nos encontramos parados. Pero sobre todo, nos llevará a tomar las mejores decisiones en pos de un mundo inclusivo con una calidad de vida digna para todos.

La lógica economicista detrás de la industria armamentística

De Pablo Kornblum – Publicado por la Revista Mundo Plural – Junio 2018

https://www.yumpu.com/es/document/view/60943094/revista-junio-2018

Luego de la matanza en la escuela de Miami el pasado mes de Febrero, el presidente Trump sentenció la necesidad de defenderse de los ‘malos’. Sin embargo, la tenencia de armas como elemento desencadenante fue obviada. Como también en sus declaraciones para con el vecino México, a pesar de que de las 19 mil armas que cometieron asesinatos en el país azteca durante el año 2017, el 70% provinieron de los Estados Unidos. En este caso, la justificación de ambos gobiernos es la denominada ‘guerra contra las drogas’. O mejor dicho, el negocio que ello implica.
Más aún, entremezclar las cuestiones domésticas e internacionales es una oportunidad para que Lobbies armamentísticos presionen al gobierno de los Estados Unidos y les ofrezcan equipos de vigilancia fronteriza, radares y sensores. Escuchando el clamor de la lógica de mercado, en adición a los de una ciudadanía crecientemente temerosa, los representantes del pueblo desatan su ethos político promoviendo la necesidad de protegerse de los inmigrantes; quienes no solo son ‘potenciales delincuentes’, sino también usurpadores de los tan preciados empleos.

Como hemos observado en el caso precedente, detrás de la discursiva del cuidado ciudadano en todas sus formas se esconde sigilosamente la rentablemente fructífera industria armamentística. La misma ha generado 1,67 billones de dólares a nivel global durante el año 2017, el monto más elevado desde el fin de la Guerra Fría. Solo la empresa estadounidense Lockheed Martin, el mayor fabricante mundial de armamento, tuvo ingresos el año pasado por 40.000 millones de dólares, cifra superior al PBI de 97 países. O lo que es más preocupante: cinco veces el presupuesto de las Naciones Unidas para Misiones de Paz.
El caso alemán es emblemático en este aspecto: antes de que Grecia recibiera el primer rescate en el año 2010 luego de su crisis de deuda terminal, el gobierno de Merkel activó una línea de crédito especial para que las autoridades helenas pudieran pagar sus requerimientos previos de armamento. El objetivo era sostener la producción bélica más importante de Europa, la cual emplea a unas 80.000 personas, y tiene importantes socios financistas, como son el Deutsche Bank o la empresa aseguradora Allianz. En un escenario de poder interestatal claramente asimétrico, los intereses económicos germanos de la industria militar eran evidentemente más relevantes que los ajustes a la seguridad social sufridos por la mayoría de la pauperizada población griega.

Podemos afirmar entonces que bajo la totalizadora lógica económica armamentística, la ética ha sido raudamente excluida. España representa un caso típico de la inmoralidad extrema, ya que año a año autoriza la venta de material bélico a Arabia Saudita; país que, bajo un régimen legal cuestionado internacionalmente, ostenta el récord de presos condenados a la horca. En este caso, la excusa para pisotear derechos humanos elementales es la necesidad de ‘proteger’ regiones frágiles y carentes de seguridad. Y por supuesto, indirectamente generar divisas para el Estado ibérico.

Finalmente, se puede reforzar lo expuesto en términos del reciente ataque bélico sobre Siria, el cual tiene todos los condimentos precedentes. Un presidente que festeja un ataque militar “perfectamente ejecutado” y la utilización de nuevo armamento de última tecnología; una compañía como Raytheon, proveedora de misiles – entre otros – para el gobierno estadounidense, que vio sus acciones incrementarse 1,21% el día después del ataque y un 64% acumulado desde que asumió TRUMP; y un país arrasado bajo un escenario complejo y ambivalente, donde se disputa una nueva guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, con el soporte del potente Lobby de la industria armamentística en sus respectivos países.

En definitiva, en un mundo cada vez más conflictivo, y donde los extremos triunfan por sobre la lógica de centro-izquierda/centro-derecha promovida luego del fin de la segunda guerra mundial, los conflictos relacionados con las crecientes inequidades económicas y las crisis sociales recurrentes derivadas de la lógica de la acumulación y la falta de valores, solo potencian una de las pocas industrias que tienen asegurada su rentabilidad y sostenibilidad de largo plazo.

El libro “La Sociedad Anestesiada” en el diario Página 12

Difusión del libro “La sociedad anestesiada. El sistema económico global bajo la óptica ciudadana” en el diario Página 12.

https://www.pagina12.com.ar/115879-el-libro

LA SOCIEDAD ANESTESIADA

Pablo Kornblun

Editorial Almaluz

La tendencia del capital a subordinar cada aspecto de la vida con creciente intensidad es la esencia del sistema actual. Cuando existe una gran crisis política, económica o social, la misma se maneja a través de la acentuación y el reordenamiento de la insubordinación. Ello se realiza primariamente a través de la separación del sujeto y el objeto (o sea, generando la deshumanización del individuo), lo que no solo permite el crecimiento permanente de la extensión del mercado a todas las áreas, instituciones o actividades de la vida cotidiana, sino que además crea seres humanos que responden al dominio directo del capital. Por ende, según destaca y analiza el autor, la mercantilización de la tierra, la salud o la educación, no solo conllevan una reducción en la provisión de asistencia social, el incremento del estrés y otras variables que se potencian en detrimento de la calidad de vida; sino que en realidad forma parte de una nueva cosmovisión desde donde se estructura la sociedad actual.

El sistema económico global y la justificación del (casi) todo

Pablo Kornlum en Infobae, Mundo Plural y el Congreso Judio Latinoamericano – Abril de 2018

https://www.infobae.com/opinion/2018/04/26/el-sistema-economico-global-y-la-justificacion-del-casi-todo/

http://congresojudio.org/coloquio_nota.php?id=309

El reciente informe de la Organización Global Oxfam y los acontecimientos acaecidos en los últimos meses han demostrado una vez más la facilidad con la cual las veleidades políticas nos permiten justificar racionalmente cada hecho bajo la actual dinámica sistémica global.
Conmociona enterarse que el 82% de la riqueza generada durante el último año fue a parar a manos del 1% más rico de la población global, mientras que la riqueza del 50% más pobre no aumentó en lo más mínimo. Más aún si a ello le adicionamos que las 61 personas más adineradas del planeta poseen tanta riqueza como la mitad más pobre.
Esta desigualdad, de tendencia creciente a nivel global, se suele justificar con un probabilístico e inestable efecto derrame que, junto con las ‘necesarias’ elevadas propensiones marginales al consumo de los más humildes, permitirían dinamizar a las pauperizadas economías con escaso ahorro e inversión.
Por otro lado, el 1% más rico del mundo evade o elude impuestos por valor de 200.000 millones de dólares. Ello se condice con la capacidad de contar con las herramientas para desarrollar diversos mecanismos que les permiten evadir entre el 25% y 30% de sus responsabilidades impositivas (contra el 3% de quienes poseen un ingreso promedio). La mayoría de este dinero se destina a los denominados ‘paraísos fiscales’.
La inseguridad jurídica/financiera en sus propios países es el justificativo para con el remitir de utilidades; aunque ello no conlleve algún tipo de contraparte que los posicione dentro de la legalidad, ni tampoco tengan reparo en la consecuente licuación de las crecientemente demandadas arcas estatales. Por supuesto, cuentan con la complicidad de estos pequeños Estados que, con hermosos paisajes y una lógica todavía pseudo-colonial, se defienden bajo el lema de la autosustentabilidad.
Por su parte, ya no asombran las tradicionales matanzas en las escuelas de los Estados Unidos. Hay que defenderse de los ‘malos’ – diría el presidente Trump – en todas sus acepciones: desde aquellos que siembran el terror en nombre de la religión, pasando por los líderes caratulados como inescrupulosos por los demócratas occidentales, hasta los desesperanzados que encuentran en el delito un medio de vida.
Sin embargo, detrás de esta discursiva se esconde sigilosamente la rentablemente fructífera industria armamentística global, generadora de una ingente cantidad de empleos tan necesarios en un mundo donde el modelo productivo global se ha tornado estructuralmente expulsivo de mano de obra. En este sentido, solo para el aparato militar global se han destinado 1,67 billones de dólares durante el año 2017, el monto más elevado desde el fin de la Guerra Fría.
Finalmente, vivimos en un mundo donde 250 millones de personas han buscado un futuro más próspero fuera de su país de origen. Es por ello que las elites sostienen, como indica la teoría macroeconómica del statu-quo, que la libre circulación de los factores productivos es principalmente beneficiosa en términos de eficiencia y productividad. Pero además su trabajo es fundamental para dinamizar el consumo interno, contribuir al pago de las cargas sociales para sostener a los adultos mayores y, por sobre todo, realizar los empleos desechados que los nativos.
Poco se menciona cuando las recurrentes crisis económicas ponen sobre el tapete un escenario de competencia y nacionalismo que, con una inusitada virulencia mediática, busca imponer restricciones a los ‘inmigrantes indeseados’. Un claro ejemplo es la gratuidad para con la utilización de los sistemas de salud provistos por Estados desguazados; en donde los inmigrantes, quienes poseen vasta experiencia en términos de corrupción, ineficiencia y desidia gubernamental en sus países de origen, tienen una responsabilidad marginal.
Evidentemente, nos encontramos con una enorme capacidad de los grupos concentrados para justificar todo. O casi todo. Porque difícilmente puedan explicarle a esas miles de millones de personas en el mundo que sobreviven con menos de cinco dólares diarios el porqué de su cruda realidad. O peor aún, porque las elites políticas y económicas globales, quienes si cuentan con las herramientas de formación y capacidad de acción para encontrar siempre la respuesta adecuada, nada hacen por ellos.
En definitiva, los valores y la ética deberían estar por encima de cualquier justificación. La pregunta es cuándo llegará la hora en la cual los responsables de los gobiernos, elegidos para mejorar la calidad de vida de sus representados, lo reflejen en políticas asertivas en pos de las mayorías. Las cuales no tienen por qué ser ni menos razonables, ni por supuesto menos efectivas. Solo deberían tener la fuerza suficiente para invertir las asimetrías crecientes y hacer honor a la tan necesaria justicia distributiva.

El rol del lavado de dinero en la economía

Por Pablo Kornblum

https://www.yumpu.com/es/document/view/59209957/revista-julio-n11

El lavado de dinero, que ya representa alrededor del 7% del PBI global, tiene consecuencias, tanto positivas como negativas, para el balance de cualquier economía. En tanto a las primeras, más allá del origen del dinero, productores y consumidores que se encuentran con liquidez extra tendrán mayor capacidad de pago para acceder a otros bienes y servicios a los que antes no accedían. Industrias como las de servicios, entretenimiento, turismo, construcción, también se ven beneficiadas por ingentes sumas de inversión provenientes del lavado de dinero.

Por otro lado, al mezclar fondos ilícitos con lícitos, se genera un incremento artificial del PBI, que en virtud del tipo de actividad legal tendería a incrementar la recaudación fiscal. Además, el ingreso de divisas también puede ser, si se canaliza a través de reservas generalmente escasas, como un estabilizador del tipo de cambio. A ello se le puede adicionar una reducción de costos (y de precios para el consumidor), solo posibles de fondear con dinero ilegal, fuera del interés medio que pagan por el dinero el resto de los actores de la economía.

Por el contrario, el lavado de activos también genera costos y distorsiones. Uno de los ejemplos macroeconómicos más significativos es el efecto de la apreciación de la moneda cuando en el mercado de divisas la oferta aumenta más que proporcionalmente frente a los movimientos de otras variables económicas, afectando tanto a las exportaciones como al mercado interno. Más aún, el lavado de dinero también puede erosionar la economía por el cambio en la demanda de dinero efectivo (con efectos sobre la inflación) y el incremento en el monto de la tasa de interés, afectando los niveles de producción.

Por otro lado, en las empresas legales cuyo capital en realidad proviene de recursos ilícitos, no será generalmente el eje principal la rentabilidad financiera o el crecimiento corporativo, sino el mero blanqueo de capital; ello afectará a la macroeconomía como un todo en términos de eficiencia y sustentabilidad, al incurrir en cargas adicionales en relación a los precios corrientes del mercado. Ello a su vez genera un tributo adicional que deben pagar las empresas legales para competir, como así también a incrementos de precios generalizados que afectan al resto de los consumidores.

Los gobiernos tienen mucho que hacer. En países en los cuales gran parte de la población no se encuentra bancarizada, gran parte de la liquidez que puede conseguir el ciudadano medio es proveniente del lavado de dinero y a tasas usureras. Por otro lado, si no se toman medidas, se retrae la confianza del público en el sistema financiero, incrementando el riesgo y la inestabilidad del mismo. En este sentido, muchos inversores extranjeros tienden a evitar invertir en mercados asociados con este flagelo (si un aspecto del sistema legal es incumplido, otros actos ilegales probablemente se cometerán). Adicionalmente, si los gobiernos no realizan políticas para controlar y castigar la ilegalidad, el dinero proveniente del blanqueo puede ser convertido en moneda extranjera y fugado de la economía, disminuyendo las reservas internacionales al tiempo que se generarían presiones para con la depreciación de la moneda y al déficit de la Balanza de Pagos.

Para concluir, la clave para combatir el lavado de dinero se encuentra en lograr una articulación entre todos los sectores de la economía, así como también una mayor cooperación internacional para enfrentar la problemática desde una óptica global. La justicia también debe ser implacable. En muchos Estados, dado que los criminales han ido creando mecanismos y esquemas cada vez más complejos y desarrollados, se buscan alternativas ante las insuficientes capacidades logísticas, humanas y financieras. Por ejemplo, sino puede detener a los grupos que delinquen por el delito de lavado de dinero, se los juzga por evasión de impuestos. Para todo ello, se requiere una decisión política firme que permita el accionar coordinado y efectivo de todos los Organismos del Estado.

La economía del Crimen Organizado

Por  Pablo Kornblum, Publicado en Mundo Plural, Abril 2017.

https://www.yumpu.com/es/document/view/58182357/mundo-plural-numero-8

La reestructuración de la economía, el comercio y las finanzas en un mundo dominado por el neoliberalismo ha desarrollado con fuerza la globalización del crimen organizado en las últimas décadas. Mientras los sistemas estatales de control y regulación se desmoronan bajo el peso de crisis financieras recurrentes y demandas crecientes de la economía real, el crimen organizado comienza a jugar un papel dominante en la vida de los Estados: las estimaciones más conservadoras de la OCDE y el FMI reconocen que los recursos económicos del crimen organizado superan el 5% del PBI mundial. No caben dudas que el crimen organizado se ha transformado en parte integrante del sistema económico internacional, con trascendentales consecuencias sociales, económicas y geopolíticas.
Las ganancias y la influencia del crimen organizado son inmensas, en todos los países del mundo sin excepción. Las mismas son procedentes del tráfico de drogas, armas y materiales nucleares; así como también de servicios controlados por la mafia (prostitución, juego, cambios de moneda). Pero además tiene varias aristas para analizar. Por un lado, el crimen organizado es un perjuicio para el resto de la economía: ya sea por negocios legales que se dejan realizar por la falta de recursos genuinos, o los gastos que los Estados se ven obligados a realizar para luchar contra las mafias (policía, la Administración de justicia), que podrían ser redistribuidos a programas sociales, entre otros. Indirectamente, la violencia del crimen también implica un gasto extra en salud para las víctimas de un delito y sus familias. Ello sin tener en cuento además los nocivos efectos físicos y psíquicos que afectan la productividad y como consecuencia una importante pérdida económica para el Estado como un todo.
Sin embargo, más determinante aún son las magnitudes de las inversiones realizadas rutinariamente por organizaciones criminales en empresas comerciales legítimas; así como su control de los medios de producción en muchas áreas de la economía legal que conllevan a que sus capitales tengan un rol importante en términos macro y microeconómico. Su dinero suele depositarse en bancos comerciales que lo utilizan para ampliar sus préstamos a empresas (legales e ilegales), y también se canaliza hacia inversiones de consumo primario, insumos, bienes de capital, acciones y bonos gubernamentales. Por lo tanto, en lugar de solo proteger su campo tradicional, las organizaciones criminales en diferentes partes del mundo poseen fuerzas combinadas dirigidas hacia la ‘apertura de nuevos mercados’, tanto en la economía legal (inmuebles de lujo, espectáculos, editoriales, medios de prensa, y servicios financieros, entre otros) como en la ilegal (cooperando a su vez con grupos criminales de otros países).
Finalmente, para prosperar, al igual que las empresas legales, el crimen organizado requiere socios entre las elites políticas. Toda organización criminal busca neutralizar la represión estatal (policía y justicia) y captar los recursos económicos, tanto civiles como de los poderes públicos. Esto se traduce en que la relación entre mafia y Estado suele oscilar desde la cohabitación a la simbiosis: en muy raras ocasiones la relación entre el crimen organizado y la política se plantea en forma de confrontación. Para citar un ejemplo, las leyes que promueven la huida de capitales a paraísos fiscales offshore ayudan no sólo a personas y corporaciones a sacar recursos bien habidos, sino también permiten las mafias a movilizar más fácilmente sus activos líquidos. La privacidad, tecnología y falta de regulación que atraen a los criminales son las mismas que facilitan el flujo de dinero legal entre una empresa matriz y una subsidiaria que actúa como fachada.
Para concluir, para combatir el crimen organizado es necesario incrementar la cooperación entre los países en materia de transferencia de procedimientos e investigaciones, con leyes y políticas económicas y tributarias firmes. Este escenario obliga indefectiblemente a las naciones a mejorar sus capacidades técnicas y estructurales para enfrentar esta difícil y compleja lucha, donde los daños económicos causan tanto perjuicio como los políticos, físicos y sociales.

Democracia, Para quien?

Publicado en el Diario www.dbiz.com.ar el Miercoles 13 de Agosto de 2014

La caída del muro de Berlín fue la oportunidad histórica para expandir un sistema capitalista neoliberal a nivel global que reasegure la contratendencia a la caída de la tasa de ganancia de forma ilimitada (al menos en términos geográficos) y la acumulación de capital en manos de las grandes corporaciones transnacionales. Para ello, se tornó necesario generar un sistema institucional que provea la suficiente solidez para el aseguramiento de sostenibles altas tasas de rentabilidad. El ‘capitalismo democrático’, mostrado al mundo a través de las nacientes cadenas de comunicación global como el sistema triunfante, moderno y eficaz, fue la propuesta aceptada mayoritariamente desde las más diversas aristas del globo.

Sin embargo, raudamente el proceso neoliberal arremetió contra cualquier tipo de Estado de Bienestar existente y enterró el progreso y los avances hacia un marco de dignidad y desarrollo personal y profesional en términos de lo que una ‘verdadera democracia’ representa como utopía lingüística. Pero lo más grave no es el avasallamiento de los ‘derechos democráticos económicos’ de los más necesitados: sino más bien, la coercitiva respuesta (verbal y física) para con los reclamos por parte de las mayorías desfavorecidas que desean fervientemente la regeneración o el restablecimiento de una digna calidad de vida conforme con los avances socio-económicos que se deberían disfrutar en el Siglo XXI.

En definitiva, nos encontramos con un modelo global cuyo objetivo es la estabilización sistémica que asegure el estatus-quo: libertad económica y financiera con seguridad jurídica para reproducir y potenciar la acumulación de capital. La ‘democracia’ y los ‘derechos sociales’ de una sociedad global cada día más inequitativa, han sido relegados a tibias mejoras marginales que permitan minimizar las tensiones sociales.