Reunion entre Macri y Tabaré Vazquez

Pablo Kornblum, Economista y doctor en Relaciones Internacionales hablo sobre la visita de Maduro al Papa y las declaraciones de Macri y Tabare sobre Venezuela

http://fmdelta903.com/blogs/wakeup/item/kornblum-hay-un-consenso-amplio-y-plural-para-expulsar-al-gobierno-de-maduro.html

Uruguay and its battle against inflation

Publicado en Stratfor, el 6 de Julio de 2011.

Autor: Pablo Kornblum

http://www.stratfor.com/memberships/198614/other_voices/20110706-uruguay-and-its-battle-against-inflation

Uruguay y su combate contra la inflación

La palabra temor parece ser la más apropiada para describir la sensación que en estos últimos días circula en el Poder Ejecutivo Uruguayo. Es un temor que proviene directamente del status-quo del paradigma neoliberal, en el cual la inflación es lisa y llanamente uno de los peores males que cualquier economía se ve obligada a enfrentar.

La tendencia creciente de precios en Uruguay es evidente. En enero, en términos anuales la inflación fue de un 7,27%. En febrero aumentó a 7,67%; en marzo trepó a 8,17%, y en abril a 8,34%. La situación regional tampoco difiere mucho, lo que ha potenciado las tensiones inflacionarias. El último pronóstico de inflación de Brasil para este año ya se modificó de 5% a 5,7%, por lo que el mes pasado la Presidenta Dilma Rousseff expresó sobre su “inmensa preocupación” por la inflación, “la cual debe ser tratada inmediatamente”. Por otro lado, la Argentina no se queda atrás: con una inflación esperada superior al 30% anual, el fuerte incremento de precios es un tema central en la agenda electoral de cara al segundo semestre del año. 

Las causas del sobrecalentamiento de la economía parecen ser más benignas que adversas: una robusta demanda interna, un importante crecimiento del PBI (mientras la primera proyección de crecimiento para este año había sido del 4,5%, el primer trimestre ya arrojó una tasa del 6,8% respecto de un año atrás), un incremento de los precios de los commodities internacionales – de los cuales Uruguay tiene cierta relevancia como productor regional y global-, y una participación activa del Estado, sobre todo a través de un Gasto Público creciente.

Sin embargo, el incremento de precios actual involucra problemáticas de raíz, históricamente cíclicas en toda la región. Por un lado, la habitual concentración y capacidad de formar precios derivado de mercados monopólicos, conllevan permanentemente a un reacomodamiento de precios que maximizan una ya elevada rentabilidad, sobre todo cuando se convive en un contexto internacional de precios crecientes de los commodities. Por otro lado, la variable “expectativas” también genera permanentemente un condimento extra dentro de la cultura regional. Si a los primeros indicios de incrementos colectivos de salarios se le adicionan los aumentos de precios en los bienes y servicios de las PYMES que no quieren perder rentabilidad dentro la cadena de valor, el espiral inflacionario comienza inevitablemente su camino ascendente sino se toman las medidas contracíclicas necesarias.

La gran preocupación de las más altas esferas gubernamentales se relaciona con la pérdida de competitividad que daña la posibilidad de continuar con la senda de crecimiento sostenido; pero que además incluye una balanza comercial deficitaria y una fuga del tejido productivo hacia otros horizontes. La respuesta para frenar el alza en los precios ha ido en consonancia al mismo paradigma que propaga los miedos; la búsqueda primaria ha sido satisfacer el modelo neoliberal, con una política económica de tinte conservadora. Por lo tanto, la política monetaria contractiva ha sido la receta promulgada y a su vez esperada para saciar las expectativas de los mercados internacionales y los grupos concentrados locales.

En este sentido, las autoridades económicas del Uruguay anunciaron una nueva suba de la tasa de política monetaria (TPM), esta vez de 50 puntos básicos, para llevarla al 8% anual. Es la segunda suba del año, luego de que en marzo la incrementara en 100 puntos básicos, del 6,5 al 7,5 por ciento. Las primeras consecuencias serán, por un lado, el aumento del costo del crédito, lo que repercutirá en una baja en la demanda de crédito al consumo, y el consecuente enfriamiento de la economía. Por otro lado, al aumentar la tasa, crecen los rendimientos de diversos instrumentos financieros de deuda en la moneda local, por lo que la venta de dólares por la compra de los mismos provocará una baja en el tipo de cambio, lo que funciona comúnmente como un ancla para que la inflación se modere.

Aunque la respuesta parece haber sido adecuada, sin duda es insuficiente. Simplemente porque los objetivos e intereses finales deben tener un foco más amplio, sobre todo para el beneficio de las clases más humildes de la sociedad uruguaya. En este aspecto, la batería de políticas deberían incluir la profundización de las políticas redistributivas, el continuo apoyo a los proyectos de PYMES y Cooperativas, como así también el aumentar la participación activa del Estado en términos de subsidios y fomento de empréstitos para aprovechar los nichos de mercado regionales y globales, favorables en la actualidad a los productos agrícolas y los servicios financieros y tecnológicos – para los cuales Uruguay se encuentra en una posición privilegiada -. Si a ello le agregamos un necesario aumento exponencial de la producción de bienes y servicios – con implicancias directas sobre los beneficios colectivos de los más necesitados -, la estabilidad macroeconómica se complementaría con una mejora en la calidad de vida basada en un desarrollo sustentable. De esta manera, mientras la economía se torna más saludable para la mayoría del pueblo Uruguayo, solo quedaría resolver el manejo de los miedos como el gran desafío político del futuro.

Más democracia y racionalidad en las elecciones Uruguayas

Publicado en el diario BAE, 11 de Mayo de 2010.

Autor: Pablo Kornblum

En la primera elección tras el ascenso de Mujica al poder, se inauguró el domingo pasado un nuevo sistema electoral que creó 89 alcaldías en localidades de más de 5.000 habitantes de todo el país. La Ley de Descentralización, impulsada por el ex presidente Tabaré Vázquez (2004-2010), creó este tercer nivel de administración, más local, y que se encuentra por debajo del intendente (jefe del gobierno municipal). Por lo tanto, unos 2,5 millones de uruguayos estuvieron habilitados para escoger a 19 intendentes, 89 alcaldes, 589 ediles y 356 concejales en todo el territorio uruguayo.

Lo interesante de esta elección han sido los cuestionamientos – especialmente desde el arco opositor – sobre las formas y los objetivos de la misma, en lugar de discutir las plataformas políticas en si. En este sentido y como punto más saliente, se cuestionó extrañamente el porqué de este proceso de mayor descentralización política. Sin embargo, esta claro que aunque los regímenes unitarios y centralizados se jactan de diseñar proyectos macroestructuralmente sólidos y sustentables en el tiempo, dejan de lado las especificidades micro y la flexibilidad necesaria para atender las problemáticas coyunturales del pueblo.

El segundo punto en cuestión se focalizó en la enorme cantidad de cargos electivos que supuestamente “marean” y confunden a la mayor parte del electorado. Lo que no reparan es que en contraposición, la elección directa representativa evita lidiar con las “listas sábana” y la evasión de las responsabilidades políticas. Una sociedad madura requiere de compromisos: en este sentido, las estructuras partidarias verticalistas serán más responsables al verse afectadas directamente y de manera más visible por las políticas ejecutadas a todo nivel.

El último tema se relacionaba con la asiduidad y el cansancio que provocó a la ciudadanía tener que concurrir a las urnas en cinco ocasiones en menos de un año (elecciones legislativas, ejecutivas nacionales e internas partidarias). No parece muy afortunado plantear que los pueblos se encuentren “desgastados” para ejercer su derecho democrático; más aún, en un país donde los requerimientos populares fueron acallados en largos periodos de la historia, la posibilidad de expresar los deseos políticos deberían ser momentos de esperanza, reflexión y zozobra para todos los uruguayos.

Finalmente, un párrafo aparte merece el resultado de la elección. El oficialismo, reciente triunfador en las elecciones presidenciales, retuvo los departamentos más importantes  (Montevideo, Canelones, Florida, Maldonado, Rocha, Treinta y Tres, Salto y Paysandú; los cuales representan 73% de la población y 81% del PIB), reforzando la idea de continuidad y apoyo a las políticas realizadas por el Frente Amplio desde su llegada al poder en los albores de este siglo XXI.

Lo interesante y paradójico es el contexto internacional en la que estuvo inmersa esta contienda electoral. Mientras la Unión Europea, abarcativa, populosa y económicamente poderosa, reclama un ajuste salvaje para con los más necesitados – sin ningún tipo de reflexión ni miramientos sobre los verdaderos culpables de la crisis – y continua utilizando las viejas recetas de resultados macroeconómicos inciertos pero socialmente destructivos; del otro lado del Océano Atlántico los uruguayos eligieron otro camino. Un pueblo atento y racional que proclamó una vez más la necesidad de un mayor y mejor Estado que promueva el bienestar y la justicia social.

Será que cada pueblo tiene su momento histórico para reflexionar sobre su pasado y entender su presente. Uruguay ha demostrado el domingo pasado haber encontrado su norte. Como lo expresa la electa jefa comunal de Montevideo, Ana Olivera, la primera mujer comunista a cargo de la intendencia: “Pensar que el mundo es transformable y que todos tenemos derecho a vivir bien”. Es hora entonces de aprender del ejemplo uruguayo, volver a repasar la historia, y continuar por el verdadero camino que definitivamente cambie y mejore los destinos de la inmensa cantidad de pobres que sobreviven día a día en todas las latitudes.