Consecuencias para Sudamérica de la situación venezolana

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/las-consecuencias-sudamerica-la-situacion-venezolana-n5018930

Más allá de las declamaciones, lo que hoy se encuentra en la picota del escenario venezolano es la factibilidad (o no) de la intervención militar estadounidense. En este sentido, Trump acusa a Maduro de sostener una dictadura comunista que hambrea a su población. Una discursiva sencilla e históricamente efectiva; más aún en una época de liderazgos duros, donde la oposición doméstica – sobre todo en cuestiones internacionales, donde el nacionalismo es aún más profundo y abarcativo en la mayoría de las capas sociales – es meramente declamativa.

Sin embargo, cuando se intenta ahondar un poco más en la temática en cuestión, se debe entender que a la actual administración estadounidense poco le importan si existen diferencias o matices: sea un marxismo centralista y programado a la cubana; un capitalismo de amigos bajo una lógica chavista o sandinista, o el progresismo populista de Evo Morales. Ideología, planificación o diversidad en la avidez al consumo, no son relevantes. El real enemigo es cualquier Estado al sur del Rio Bravo – cual poseedor de vastos recursos naturales -, que tiene una alianza estratégica con China o Rusia. El ser ‘de izquierda’ es una variable más en el juego global, una excusa simplista para seleccionar el objetivo.
El ataque ha comenzado. El ‘Poder Blando’ de la presión mediática es quien ya se encuentra operando desde un primer momento; simplemente para mellar sobre el prestigio, que bien se sabe se termina cuando hablan las armas. El próximo – y porqué no el último – eslabón que podría actuar como obstáculo de un conflicto bélico es, como ha ocurrido en el transcurso del último siglo, el hacer ‘desangrar’ económicamente al enemigo: obstaculizar las cuentas bancarias, dificultar la producción y logística de la industria hidrocarburífera, y quebrantar las alianzas comerciales/financieras al máximo para golpear el corazón del gobierno chavista. Mejor dicho el bolsillo, aquel que le ha permitido sostener la lealtad inquebrantable de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y las milicias bolivarianas.
Difícilmente exista otra manera de generar el desmembramiento interno, ese punto de quiebre que cambie la balance endógeno de todo el aparato de poder. Más allá del adoctrinamiento y el estatus ganado en las últimas dos décadas, el poder económico y político del aparato de coerción (manejo de la importación y distribución de alimentos, el sistema cambiario, PDVSA, el Arco Minero) no permite una fácil ruptura del statu-quo. Podrían ser los oficiales de rangos medios o bajos de las FANB quienes fracturen lealtades, al ser ellos los que sufren en cercanía las penurias del venezolano común, además de que se ponga en juego la variable aspiracional para con el escalar profesionalmente bajo otro gobierno que ‘limpie’ a la actual comandancia. Pero ello dependerá que alcancen una masividad suficiente para evitar sus propias ‘desapariciones forzadas’ por parte de los Servicios de Inteligencia y los Comandos contrainsurgentes adiestrados por el régimen.
Por lo tanto, nos encontramos ante un peligroso contexto que podría alcanzar un desenlace inédito para nuestra región. En este sentido, desde los procesos independentistas nunca ha habido una injerencia militar interna directa de los Estados Unidos en Sudamérica. Aunque la cooptación de intereses civiles y militares en su ‘patio trasero’ durante buena parte de la segunda mitad del siglo pasado haya dejado una impronta potente en nuestra región (aunque con versiones diversas según quien la evalué), la situación actual es diferente: no solo la globalización, la tecnología y la cultura moderna conllevaron a que todo se encuentre más vivo, a flor de piel, visualizado, discutido – lo que hace que el apoyo externo tuviera que ser más marginal y suavizado, como ha sido el caso de los derrocamientos de Lugo en Paraguay o Zelaya en Honduras -, sino que además los intereses de China y Rusia ahora son claros y concisos.
Recursos Naturales, ampliación logística, posicionamiento geoestratégico. Los mares y ríos, el litio, la minería, el petróleo, el Amazonas y la Antártida. Además de la provisión de cazabombarderos, sistemas de misiles, armamento liviano, tanques, buques de guerra, redes de ciberdefensa. Todo demasiado interesante para las potencias desafiantes. No cabe duda que los tentáculos chinos y rusos, ya bien adentrados en toda nuestra región, indefectiblemente provocan que los gobiernos sudamericanos deban balancearse como quirúrgicos equilibristas ante los intereses cruzados de Oriente y Occidente.
Es por ello que el alineamiento cuasi total con los Estados Unidos a través del Grupo Lima pareciera ser más una mera imposición desde el norte, que un real deseo de destronar a Maduro. Ni los cientos de miles de migrantes venezolanos desparramados por toda la región habían logrado más que algunas escasas y tibias declaraciones diplomáticas. Menos aún el pensar en intervenciones militares, aunque sean de sus más acérrimos enemigos en la actualidad, como lo son Brasil y Colombia: soldados de estos países ingresando con armas en territorio venezolano es un punto de no retorno en la relación a futuro. Los gobiernos pueden cambiar, las dinámicas políticas son impredecibles. Hasta las relaciones comerciales y financieras se podrán volver a solidificar. Pero los lazos ciudadanos, la mancomunidad, y los vínculos ligados a lo cultural y lo afectivo, serán embebidos por un daño irreparable y seguramente no deseado, ni por un ferviente extremista como lo es el presidente Bolsonaro.
Aunque como lo hemos visto hasta hora Trump ha sido más un perro que, estratégicamente, ladra pero no muerde, no se puede descartar una real decisión estadounidense de recurrir a la opción belicista: ese camino que abriría una puerta peligrosa para nuestra Sudamérica. A futuro, cualquier otro gobierno calificado de ‘tinte populista’ por los halcones de Washington, podría ser motivo de una invasión militar para restaurar el orden. Aquel que, contrariamente a lo declamado, seguramente generará una inestabilidad que provendrá de los intereses contrapuestos de China y Rusia. Ambas potencias no querrán perder sus asentados privilegios: el obtener materias primas, cobrar sus préstamos, expandir su poder e injerencia. En fin, un conflicto de potencias, pero en casa. Siria, Ucrania o Nigeria dan claros ejemplos de ello.
Pero hay algo más. Por un lado, el desastre institucional, político, humanitario y económico que provocaría una intervención extranjera estadounidense, donde casi nunca han solucionado nada a través de la injerencia militar directa. Recordemos que mismo el – prácticamente en exclusividad – exitoso Plan Marshall, se ha dado a través de un ingente financiamiento, pero manteniendo en el poder socio-institucional al enemigo vencido, como ha sido por ejemplo el caso del emperador del Japón. El resto ha sido fracaso tras fracaso.
Pero sobre todo está el futuro. Los recursos estratégicos de nuestros hijos y nietos. Ya no solo sería el control a través de sus ‘Gran Hermanos’ a nivel virtual, donde las potencias ya poseen el control de nuestra información a través de los satélites, las comunicaciones, internet. Ahora sería además el directo dominio de los bienes más preciados, la economía real, la vida misma. En este sentido, los alimentos, el agua dulce, los recursos ictícolas o la biodiversidad desde Maracaibo a la Antártida, con su correspondiente formación de capital humano e infraestructura necesaria, no se utilizarán en pos de una mejor calidad de vida de los niños sudamericanos; sino más bien de los objetivos foráneos. Porque como lo mencione previamente, cuando el de afuera decide, la historia ha demostrado que poco le interesa el de adentro.

Venezuela, solo un espejo de las miserias del mundo

Por Pablo Kornblum para el Blog del equipo Bulat.

http://www.elpuntodeequilibrio.com/Articulo/Vista/Venezuela+solo+un+espejo+de+las+miserias+del+mundo

Tenemos un presidente electo y uno provisorio. Una cuasi guerra civil entre una población polarizada. Un aparato de control coercitivo como objeto deseado por los políticos oficialistas y opositores. Una situación macro y microeconómica crítica para la mayor parte de la ciudadanía. Violencia, pobreza, resquebrajamiento social. Eso es Venezuela hoy.
Pero Maduro y Guaidó son solo peones del tablero geoeconómico y geopolítico global. La principal reserva petrolera del mundo es su activo vital, la cual se la disputan Estados Unidos, el enemigo actual, y China y Rusia, los aliados circunstanciales. Ello puede mutar. Como ya lo hecho en el traspaso del siglo XX al XXI, cuando Hugo Chávez llegó al poder.
La lógica economicista con eje en la obtención de los recursos estratégicos, principalmente el ‘oro negro’ que permite dinamizar las enormes economías domésticas, tiene como objetivo principal generar riqueza para sostenerse en el poder. En Estados Unidos, Rusia o China, como en Venezuela, también hay una elite que quiere perpetuar el statu-quo. La diferencia con el país sudamericano es que las grandes potencias poseen un poderío económico que les permite brindar unas mínimas condiciones de dignidad para una gran parte de sus poblaciones, lo cual evita que se potencien tensiones sociales con la consecuente necesidad de tener que utilizar el poder de coerción. En este sentido, la represión no está muy bien vista – con excepción de que al reprimido se lo acuse, como ocurre comúnmente, de terrorista – en esta época de democracias que, aunque imperfectas, deslegitimadas, e incompetentes para con el bien común, han sido profundamente instaladas como el deber ser político bajo la dialéctica globalizadora.
La venta de armamento es el otro eje de la disputa. Junto con sus recursos naturales, es la principal industria para los rusos. Los chinos, por su parte, son veloces aprendices: con el segundo presupuesto militar del mundo desde hace años, son claramente un poder a temer. Y por supuesto, ambos conllevan ambiciones geopolíticas. El histórico patio trasero de los Estados Unidos no es solo la región bendecida con los mayores recursos naturales del planeta: posicionamiento marítimo, ocupación territorial, cercanía amazónica, viabilidad logística y proyección Antártica. Demasiado tentador para dos estadistas, como Putin y Xi, que visualizan el expansionismo como ‘el deber ser del volver a ser’. Los imperios nunca se han ido, sostienen. Solo han estado adormecidos por algunas décadas. Con una impronta más belicista los euroasiáticos, y más paciente los orientales, ambos tienen el mismo objetivo globalista maximizador. Donde también ya llegara el momento que se cruzarán entre ellos.
Bajo este contexto global, el rol de las elites económicas y políticas venezolanas fue funcional a las demandas norteamericanas durante todo el siglo XX. Cuando hay crisis y malestar, las culpabilidades (y o complicidades), son tanto exógenas como endógenas. Un país literalmente dependiente de las exportaciones de petróleo que generaba una ingente riqueza, pero concentrada en pocas manos. Aquello no era sustentable: las personas quieren vivir mejor, y las demandas a los gobiernos han sido crecientes a lo largo de la historia. Si las elites no dan respuestas, corren el riesgo que aparezca un verdugo con ideas revolucionarias. Más aún si cuenta con el poder que otorga el aparato militar para generar un cambio estructural. Y un día el comandante se convirtió en presidente.
Chávez fue un gran estadista. Tuvo el beneplácito de comenzar a gobernar en un contexto de incremento exponencial de los precios de las materias primas. También generó una política redistributiva que mejoró, a través de un mercado internismo creciente, la calidad de vida de las mayorías postergadas. Pero el consumo no es inversión. Y mientras el gasto público se incrementaba exponencialmente, la productividad sufría permanentemente los coletazos de la ineficiencia. Al tiempo que la deuda externa se acumulaba, su muerte encontró inconcluso el proceso sustitutivo de importaciones. La crisis financiera global y la retracción de la demanda de materias primas, con su consecuente caída en los precios, fue un golpe letal para el gobierno naciente.
Maduro no es Chávez. Además de que la mayoría de los gobiernos, después de un periodo de tiempo considerable, se ven desgastados en sus capacidades institucionales y en su cohesión política interna. La elite opositora, guarnecida pero expectante a que los vientos vuelvan a serles favorables, dio cuenta de ello y aprovecho para dificultarle financiera y operativamente el quehacer diario. Siempre se puede estar mejor, sostienen. Y la mejor forma de volver más rápidamente al poder es operar mediáticamente para propiciar un caos mayor, sobre todo a partir del poder económico que todavía conservan después de una centuria de ingente acumulación. El resto fue esperar que los continuos errores de política económica del actual gobierno de Maduro potenciaran el espiral inflacionario y el desabastecimiento de productos e insumos, con el consecuente deterioro generalizado de la situación socio-económica. Al actual presidente solo le queda resguardarse detrás de su aparato coercitivo. Violencia verbal y física en la picota. Es a todo o nada.
En definitiva, la búsqueda de poder y la acumulación de riqueza continúan siendo los pilares por los cuales se rige el mundo en que vivimos. Las inequidades inter y intra-nacionales son solo la consecuencia de la permanente puja de intereses bajo la actual lógica sistémica. En este sentido, lo que ocurre en Venezuela se replica en toda la geografía global, en sus diversas formas y matices según el momento histórico. Solo falta visualizarlo acertadamente para que comprendamos y reflexionemos sobre quienes realmente dominan; y quiénes son los dominados. En el mientras tanto, millones de venezolanos, como las mayorías desahuciadas y desoídas del planeta, lejos se encuentran de obtener una solución superadora para sus vidas.

¿Se mantendrá Maduro en el poder?

Pablo Kornblum para el diario Ámbito Financiero

https://www.ambito.com/se-mantendra-maduro-el-poder-n5012404

Esa es la gran pregunta. Se sabe de la penosa situación económica – que como siempre ocurre, implica culpabilidades tanto endógenas como exógenas -, sumado a un contexto institucional con ribetes dignos de una montaña rusa. Pero además, Maduro no posee plan B. El mejor escenario en caso de su destitución sería el asilo, con potencial extradición, o la prisión perpetua. Para él, sus seguidores y su familia. Ya lo dijo. Va a combatir hasta el final.

Sin embargo, el presidente de Venezuela posee dos variables claves – sino las más importantes – a su favor. Por un lado, el apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas. A la mejora sustancial en términos económicos y para con su status social, se le adiciona una política de fuerte adoctrinamiento ya proveniente de la época del ya fallecido presidente Chávez. Una combinación letal que se torna fundamental para mantener de pie al gobierno.

El otro punto es el apoyo internacional explicito de dos de las principales potencias del mundo, tanto en términos económicos como militares: China y Rusia. Con una lógica expansionista en pos de asentarse fuertemente en una zona del mundo históricamente ajena, pero con un enorme potencial; ya sea tanto por sus objetivos geopolíticos, como geoeconómicos. En este sentido, la doctrina Monroe que obligaba a los países al sur del Rio Bravo a seguir fielmente las demandas de Washington ha sido perforada: en la actualidad, la cambiante dinámica global es potenciada por la complejidad que entremezcla un pragmatismo inteligente con una ideologización traccionada por los partidos de extremas; nutridos estos por votos mayoritariamente provenientes de gobiernos centristas incapaces (por acción u omisión) de proveer respuestas para con las necesidades de las mayorías.
En cuanto a Rusia, Putin es un presidente que no le rehúye al conflicto bélico; más aún, no vería con desagrado una ‘península Coreana’ en la frontera brasileña-venezolana, cuyo marginal costo político de los acallados opositores domésticos, se diluiría por la lejanía que implican los diez mil kilómetros de distancia de Moscú.
Por el contrario, no solo le brindaría un protagonismo más que interesante – porque no con reminiscencias de la gloriosa etapa soviética en Bahía de Cochinos -, sino que también potenciaría sus objetivos económicos vinculados a las materias primas (en Venezuela sus inversiones en el sector hidrocarburífero han rondado los 6000 millones dólares en 2018, mientras las exportaciones de trigo alcanzaron las 600.000 toneladas), pero sobre todo para con la industria militar rusa (la compra de los rifles de asalto Kalashnikov y la adquisición del sistema satelital Glonass por parte de Venezuela han sido parte de los acuerdos de cooperación firmados el año pasado), uno de los bastiones de su macroeconomía. Ya lo ha hecho en Siria: la mantención de Bashar al Assad en el poder es claramente un éxito ruso de provisión armamentística, sosteniendo a un aliado en una zona geográfica de gran relevancia en términos logísticos y de recursos para con los vínculos asiáticos, europeos y norafricanos. Además de ser una región por la cual también quiere transitar China bajo su nueva ruta de la seda.
Pero el gigante asiático también tiene entre sus objetivos el realizar una ruta similar en Latinoamérica en el corto plazo. Unir Nicaragua a través de la construcción del canal, llegando hasta la Venezuela y el Ecuador de los recursos hidrocarburíferos, hasta posarse sobre las materias primas – como la soja o la carne de res – provistas en cuantía desde Brasil y Argentina. Y porque no más allá mirando hacia la Antártida.
Por ende Venezuela no se encuentra excluida de esta lógica economicista de provisión de recursos estratégicos y objetivos de largo plazo: los 28 acuerdos de cooperación en áreas vitales firmados el año pasado entre ambos Estados (en diversos sectores como el petróleo, la minería, la tecnología, la educación o la cultura) dan cuenta de ello. Como suelen hacer en todo el mundo, sin inmiscuirse en la política doméstica venezolana. Salvo que interfieran en sus negocios.

Seguramente no querrán perder los 23.000 millones de dólares que le han otorgado a Venezuela para refinanciar sus deudas y reforzar el maltrecho aparato productivo petrolero. Tampoco los 70.000 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa que han destinado a la economía real de su socio sudamericano. Menos aún que se desactive la acordada empresa mixta Petrozumano, constituida entre Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y la China National Petroleum Corporation (CNPC). No podemos dejar de mencionar que de cada tres nuevos barriles de petróleo que se demandan en el mundo, dos son de China. Es entonces totalmente racional que uno de los principales países con reservas petroleras, como lo es Venezuela, tenga relaciones estratégicas con el principal consumidor del mundo.

En definitiva, aún con el paso de los siglos, la obtención y construcción de poder, junto con una ingente y sustentable acumulación de riqueza, continúan siendo los pilares de cualquier gobierno que desea mantener el statu-quo. La Venezuela actual no es la excepción. Para Maduro, un blindaje interno y externo era necesario para sostenerse en el Palacio de Miraflores. La entrega de ambos objetivos a estos actores mayúsculos, le permiten al oficialismo tomar aire y diseñar, por lo menos en el corto plazo, los próximos pasos a seguir para continuar enfrentando los embates de una oposición eminentemente obsesionada por terminar las casi dos décadas de chavismo en Venezuela.

Situación económica de Venezuela

Por Pablo Kornblum en Revista Mundo Plural

https://www.yumpu.com/es/document/view/56388091/n-5-noviembre-2016

• La inflación (en torno al 500% anual) y escasez (principalmente de alimentos y medicinas básicas), continúan con su tendencia creciente. La emisión monetaria sin respaldo no se ha frenado, por lo que la demanda desesperada de los pocos bienes – mayoritariamente de primera necesidad – que se pueden adquirir, retroalimenta el círculo vicioso.

• El Gasto Público/Social (pasó de ser el 25% del PBI a principios de los años 2000 a ser casi la mitad del PBI en 2014), incluido frecuentes incrementos salariales, se han convertido en parches recurrentes de corto plazo que potencian el proceso inflacionario. También el déficit fiscal, acompañado por una caída del PBI de alrededor de 8%, continuaría su brecha creciente.

• Las expectativas no eran tan negativas como la situación en sí. A continuación se observan los pronósticos del FMI, un Organismo alejado ideológicamente de las políticas venezolanas, tenía a principios de año expectativas ‘menos negativas’ de lo que efectivamente luego ocurrió (como una inflación que largamente excedió el 200% anual).

• La expropiación de empresas no ha logrado revertir las capacidades productivas. Mismo PdVSA ha incrementado sus costos operativos, reduciendo una rentabilidad necesaria para pagar una creciente cantidad de programas sociales. En el gráfico a continuación se observa claramente la pendiente negativa en términos de exportaciones de crudo venezolano.

• El control y las nacionalizaciones han sido contraproducentes al crear un ambiente de inversiones negativo para aquellos que no se encuentren aliados al gobierno; sin ir más lejos, en el año 2015 el gobierno, mediante una reforma a la Ley de Precios Justos, estableció explícitamente un margen máximo de ganancias de 30% para los productores y 20% para los importadores. En el mimo sentido, en términos de infraestructura, la falta de inversiones ha causado una crisis de abastecimiento de los servicios públicos esenciales (sobre todo la carencia de agua y electricidad).

• El tipo de cambo es otro aspecto que estimula la especulación y el incremento de precios. Sobre todo porque cada vez son menos la cantidad de bienes importados a dólar protegido (Dipro, que incluye a la bienes esenciales como medicamentos, alimentos, insumos básicos), con la discursiva de la necesidad imperiosa de administrar y asignar las divisas a un tipo de cambio fijado por el gobierno (entre 10 y 15 Bolívares por Dólar). Otros bienes y sobre todo servicios se importan a dólar Dicom (pago de tarjetas de crédito, viajes al exterior, insumos y bienes de capital para empresas), a un valor aproximado a los 600 Bolívares por Dólar. Todo ello en medio de un férreo control de precios. El dólar paralelo, por su parte, se sitúa por encima de 1.000 Bolívares.

• Las distorsiones generadas por la descripta gran diferencia entre los diferentes tipos de precio del dólar, conllevan a la quiebra de buena parte del aparato productivo a través de la falta de insumos (las importaciones han caído un 40% el último año), la escasez de financiamiento lógico, y la incertidumbre en la cadena de valor (las empresas venezolanas se encuentran operando en alrededor del 35% de su capacidad), entre otros.

• Cabe destacar que PdVSA se encuentra obligada a vender sus ingresos externos al Banco Central de manera exclusiva (unos 115 mil millones de dólares durante el período 2005-2013). El inconveniente que surge es que los precios del petróleo no se han recuperado de su pico en torno a los 120 dólares el barril del año 2008, con expectativas de mantenerse en torno a los 50 dólares en el corto plazo (sobre todo ante la desaceleración china, el estancamiento europeo, y los replanteos financieros/comerciales a nivel internacional).

• No se han observado señales que demuestren la voluntad de un cambio productivo real; más bien se busca afianzar el proceso de acumulación basado en la redistribución de la renta petrolera y otros recursos naturales (como los mineros). Sin embargo, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Jesús Farías, subrayó el mes pasado que ante la baja de los precios del petróleo, Venezuela está obligada a ir hacia un nuevo modelo económico productivo para la diversificación del ingreso en divisas.

• Los acreedores, chinos y otros aliados ideológicos/técnico-pragmáticos demandan a Venezuela una política económica que, corrigiendo distorsiones como las del tipo de cambio, permitan principalmente mantener la capacidad de crédito del país y se garantice, sobre todo, la tasa de retorno de los préstamos otorgados (para el sector de hidrocarburos y otros) y por otorgar. Con otros socios económicos pragmáticos clave, principalmente los Estados Unidos, la caída del intercambio es drástica: mientras que en el año 2012 Venezuela le exportaba a los Estados Unidos un monto cercano a los 38 mil millones de dólares, en el año 2015 ese número descendió a 23 mil millones de dólares.

• Petrocaribe, el bastión de la diplomacia que ofrecía petróleo venezolano subsidiado y crédito a bajo costo para las naciones de la región (de gran relevancia económica y sobre todo financiera para Estados pequeños y con bajos niveles de desarrollo), se encuentra en franco declive. Varios países centroamericanos dependientes (como Republica Dominicana, Nicaragua, mismo Cuba, etc.), ya están buscando alternativas en otros países productores de hidrocarburos.

• Con la salida de los anteriores gobiernos aliados de Argentina y Brasil, sumado a la inestabilidad política venezolana, se caen una diversidad de acuerdos financieros, comerciales y productivos entre Venezuela y el resto de sus socios del Mercosur. Ello se ha visto reflejado en los desentendimientos diplomáticos de la Unión Aduanera que se han generado en los últimos meses, lo que ha generado aún más incertidumbre en el mediano plazo.

• Las restricciones crediticias que afronta el Gobierno de Venezuela se intensificaron incluso después de los desesperados canjes de deuda realizados por la petrolera estatal PdVSA y el gobierno venezolano, lo que implica restricciones financieras externas significativas y crecientes. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha insistido en que su Gobierno cumplirá con todos los pagos de deuda.
• Hasta el momento, Venezuela ha pagado todos los vencimientos de deuda externa, pero sus reservas se encuentran cercanas a un piso histórico de 10.000 millones de dólares, a la vez que se acercan los vencimientos de capital e intereses de corto plazo. Aunque Venezuela evitaría un default el corriente año 2016, no tendría margen de maniobra en el mediano plazo (con inconvenientes crecientes hacia finales de 2017 o principios de 2018, donde se tienen vencimientos combinados de capital e intereses por US$15.000 millones).

• El crecimiento de la pobreza (se calcula que con la inflación actual el 65% de los venezolanos se encuentra en esta situación) no solo genera mayores tensiones sociales, sino que además tiene un profundo impacto en términos de gasto social creciente y baja productividad ciudadana en el mediano y largo plazo. El presidente Maduro anunció que el 70% del presupuesto nacional para el año 2017 estará dirigido a la inversión social, sobre todo en términos de proyectos socio-económicos (educación, vivienda y salud principalmente). Pero dado el escenario macro y microeconómico expuesto, sería solo un paliativo insuficiente.

Apreciaciones:
• Dada la coyuntura actual, ya es tarde para cualquier cambio productivo necesario de mediano y largo plazo, tanto para generar mayores eficiencias/eficacias en PdVSA, como para el desarrollo de las industrias sustitutivas de importaciones, sobre todo de bienes de primera necesidad.
• Se necesita un cambio de expectativas que revitalice el aparato productivo y sobre todo el flujo de liquidez que estabilice la macroeconomía para que el gobierno se sostenga política y socialmente. La problemática se centra en que un cambio estructural del aparto productivo se suele llevar a cabo en escenarios de bonanza para tener capacidad de accionar; contexto alejado de la realidad actual.
• Según la retórica gubernamental, la “Guerra Económica” librada por empresarios y comerciantes, está detrás de las prácticas especulativas y la formación de precios que derivan en altos niveles de escasez e inflación. Sin embargo, la retorica ideológica se encuentra enmarcada en los límites sistémicos del capitalismo; que el gobierno claramente solo está dispuesto a jugar a través de un ‘capitalismo de amigos’ que tampoco dará las respuestas apropiadas.
• El escenario negativo se potencia con el endeudamiento externo creciente para pagar deuda, gasto corriente e insumos básicos. Los canjes de deuda solo dilatan más los tiempos económicos, que contradictoriamente son tiempos que el nivel político no tiene. Los acreedores saben que Venezuela continuará pagando hasta que no tenga más dinero. Pero el escenario no es sostenible más allá del corto plazo.
• La Argentina, a pesar de su lógica aperturista actual, debería esperar un escenario político más estable para avanzar en cualquier tipo de nuevos acuerdos económicos beneficiosos. La globalización permite avanzar en todos los mercados; sin embargo, los permanentes reacomodamientos económicos y financieros a nivel global deben comprenderse cabalmente para evitar inmiscuirse en escenarios problemáticos que generen fuertes perjuicios de corto plazo.

Reunion entre Macri y Tabaré Vazquez

Pablo Kornblum, Economista y doctor en Relaciones Internacionales hablo sobre la visita de Maduro al Papa y las declaraciones de Macri y Tabare sobre Venezuela

http://fmdelta903.com/blogs/wakeup/item/kornblum-hay-un-consenso-amplio-y-plural-para-expulsar-al-gobierno-de-maduro.html

El retiro de Venezuela del comité de arbitraje del Banco Mundial

Radio Nederland América Latina
El retiro de Venezuela del comité de arbitraje del Banco Mundial y el anuncio realizado por el mandatario Hugo Chávez de su pronto retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pone a estos organismos internacionales bajo la lupa. Sin embargo, especialistas consideran que no es momento en la región para la fragmentación, sino para una reunificación de propósitos.
Según Pablo Kornblum, economista argentino y especialista en organizaciones internacionales, la historia ha demostrado que la injerencia de estos organizamos internacionales no ha sido positiva, y que “en eso el presidente Chávez tiene mucha razón. Han sido políticas focalizadas en cuestiones macroeconómicas, pero siempre con el objetivo de favorecer a los intereses de donde las organizaciones vienen. Vale la pena recordar que estos organizamos internacionales son manejados por los países desarrollados. Vivimos en un mundo en el cual el juego de intereses es muy importante, y estos organismos no se han focalizado en cuestiones específicas que en realidad necesitaban los pueblos de América Latina”.
“Se está viendo que la política de mantener una idea sin fijarse en los aspectos específicos de cada país, de cada región, no funciona, porque cada país o región es diferente, con su propia problemática”, afirma, por su parte, el argentino Pablo Kornblum. “Yo creo que si no se toman en cuenta las características de cada región, si no se entiende los factores culturales, los factores políticos, institucionales, etc, la situación no va a mejorar”.